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jueves, 21 de noviembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE CRISTO REY – CICLO C – (24-11-2019)

LUCAS 23, 35-43.

“En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».”


Con la celebración de hoy terminamos el Año litúrgico, año en el que el evangelio de San Lucas nos ha acompañado todos los domingos, hemos ido desgranando la historia y la vida de Jesús y hemos tenido la ocasión de caminar con Él. Cuando el próximo domingo comencemos el nuevo año litúrgico lo haremos ya escuchando el evangelio de San Mateo.

En el recorrido de la obra de Lucas hemos visto, a lo largo del año, a aquél que se anunciaba a los pastores como el Mesías. Lo hemos contemplado manifestado en el Bautismo, en la transfiguración, tentado en el desierto, curando enfermos, llamando a sus discípulos. Le hemos oído hablar del ayuno, del sábado o del Templo. Hemos contemplado admirados sus enseñanzas sobre la misericordia y su llamada permanente a la conversión. Le hemos visto entrando en Jerusalén y predicando en el Templo, hemos escuchado sus enseñanzas sobre el final de los tiempos. Hemos asistido con Él a la cena de Pascua, a su pasión, muerte y resurrección. Nos hemos empapado de sus enseñanzas queriendo hacerlas nuestras e intentando llevarlas a la práctica en nuestro quehacer diario.

Y hoy como último domingo del evangelio de Lucas, miramos al Salvador en el momento de la Cruz. Ahí aparece el rey, burlado, azotado, soportando el dolor, entregando su vida; qué rey tan contradictorio y misterioso, ese rey que dice que no es más importante el que se sienta a la mesa, sino el que sirve la mesa, y que dice que Él está como el que sirve.

En el trance de la cruz Jesús se sigue comportando como transparencia de la misericordia divina, ejerciendo su oficio de salvador, rescatando a quien puede para el paraíso. Siempre perdonando y siempre acogiendo. La salvación de Jesús se nos muestra por lo tanto, no como algo restringido, reducido, sino abierto y universal, aunque en un principio haya sido rechazado, esa decisión no es considerada definitiva, sino que se puede rectificar y aceptar la salvación de Jesús, en cualquier momento. Es lo que ha sido la constante de este evangelio, la misericordia del Señor llevada hasta el extremo.

Las palabras del Jesús al buen ladrón que hemos leído y escuchado tienen una calidad única, porque forman parte del testamento del crucificado. Con su gesto de perdón confirma todo lo que intentó decir y hacer a lo largo de su vida, este Jesús que siempre comunicó amor por donde pasaba, este perdón de Jesús rey crucificado, nos encamina a todos por los senderos del perdón y la misericordia, desarrollando en nuestras conductas actitudes de acogida, de esperanza salvadora, de comprensión y de amor.

Acogiendo estas palabras y gestos de Jesús en nuestro interior, nos gustaría hacerlos nuestros, porque sabemos que Jesús con su ejemplo nos está marcando el camino por donde quiere que caminemos nosotros sus amigos de hoy. Pero reconocemos la dificultad de realización del mismo, porque cuando nosotros nos encontramos en situaciones parecidas no solemos actuar como Él. Cuando se nos pide un perdón, cuantas veces encontramos razones para no darlo, cuando se nos piden gestos de paz, de acogida o de servicio desinteresado, cuantas veces hacemos acepción de personas, diciendo a este no y al otro menos, es decir restringimos los gestos que Jesús nos pide que multipliquemos. No quiere esta reflexión llevarnos a una ingenuidad de nuestros actos, pero sí a que nuestro realismo no nos haga insensibles ante la necesidad ajena. Es algo que tenemos que saber conjugar.

Le pedimos al Señor que nos dé la fuerza necesaria para ser mejores imitadores de lo que Él nos pide, que no nos echemos para atrás, sino que intentemos vivir más en consonancia con lo que fue su testamento de amor. Se lo pedimos al tiempo que recordamos a todos los que sufren, a los que están solos o enfermos.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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viernes, 23 de noviembre de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO – CICLO B – (25-11-2018)

Lectura del santo evangelio según san Juan 18, 33b-37


“En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: « ¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús le contestó: « ¿Dices eso por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí?». Pilato replicó: « ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí; ¿qué has hecho?».

Jesús le contestó: «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi reino no es de aquí». Pilato le dijo: «Conque, ¿tú eres rey?». Jesús le contestó: «Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».”



EXAMEN ANTE EL TESTIGO DE LA VERDAD


Dentro del proceso en el que se va a decidir la ejecución de Jesús, el evangelio de Juan ofrece un sorprendente diálogo privado entre Pilato, representante del imperio más poderoso de la Tierra y Jesús, un reo maniatado que se presenta como testigo de la verdad.

Precisamente Pilato quiere, al parecer, saber la verdad que se encierra en aquel extraño personaje que tiene ante su trono: «¿Eres tú el rey de los judíos?». Jesús va a responder exponiendo su verdad en dos afirmaciones fundamentales, muy queridas al evangelista Juan.

«Mi reino no es de este mundo». Jesús no es rey al estilo que Pilato puede imaginar. No pretende ocupar el trono de Israel ni disputar a Tiberio su poder imperial. Jesús no pertenece a ese sistema en el que se mueve el prefecto de Roma, sostenido por la injusticia y la mentira. No se apoya en la fuerza de las armas. Tiene un fundamento completamente diferente. Su realeza proviene del amor de Dios al mundo.

Pero añade a continuación algo muy importante: «Soy rey… y he venido al mundo para ser testigo de la verdad». Es en este mundo donde quiere ejercer su realeza, pero de una forma sorprendente. No viene a gobernar como Tiberio sino a ser «testigo de la verdad» introduciendo el amor y la justicia de Dios en la historia humana.

Esta verdad que Jesús trae consigo no es una doctrina teórica. Es una llamada que puede transformar la vida de las personas. Lo había dicho Jesús: «Si os mantenéis fieles a mi Palabra… conoceréis la verdad y la verdad os hará libres». Ser fieles al Evangelio de Jesús es una experiencia única pues lleva a conocer una verdad liberadora, capaz de hacer nuestra vida más humana.

Jesucristo es la única verdad de la que nos está permitido vivir a los cristianos.

•¿No necesitamos en la Iglesia de Jesús hacer un examen de conciencia colectivo ante el «Testigo de la Verdad»?

•¿Atrevernos a discernir con humildad qué hay de verdad y qué hay de mentira en nuestro seguimiento a Jesús?

•¿Dónde hay verdad liberadora y dónde mentira que nos esclaviza?

•¿No necesitamos dar pasos hacia mayores niveles de verdad humana y evangélica en nuestras vidas, nuestras comunidades y nuestras instituciones?

José Antonio Pagola.

viernes, 24 de noviembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 34º DEL TIEMPO ORDINARIO - CICLO A – (26-11-2017) SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 31-46


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre, y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria, y serán reunidas ante él todas las naciones.

Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras.

Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda.

Entonces dirá el rey a los de su derecha:

"Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo.

Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme."

Entonces los justos le contestarán:

"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?»

Y el rey les dirá: Os aseguro que cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis."

Y entonces dirá a los de su izquierda:

"Apartaos de mi, malditos, id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis."

Entonces también éstos contestarán:

"Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, o forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel, y no te asistimos?"

Y él replicará:

"Os aseguro que cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo."

Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».”


UN JUICIO EXTRAÑO


Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino...

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

José Antonio Pagola
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viernes, 18 de noviembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO – CICLO C – (20-11-2016)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 23,35-43


“En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús diciendo:

- A otros ha salvado, que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.

Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:

- Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

- ¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.

Pero el otro le increpaba:

- ¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.

Y decía:

- Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.

Jesús le respondió:

- Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el Paraíso.”



ACUERDATE DE MÍ


Según el relato de Lucas, Jesús ha agonizado en medio de las burlas y desprecios de quienes lo rodean. Nadie parece haber entendido su vida. Nadie parece haber captado su entrega a los que sufren ni su perdón a los culpables. Nadie ha visto en su rostro la mirada compasiva de Dios. Nadie parece ahora intuir en aquella muerte misterio alguno.

Las autoridades religiosas se burlan de él con gestos despectivos: ha pretendido salvar a otros; que se salve ahora a sí mismo. Si es el Mesías de Dios, el “Elegido” por él, ya vendrá Dios en su defensa.

También los soldados se suman a las burlas. Ellos no creen en ningún Enviado de Dios. Se ríen del letrero que Pilatos ha mandado colocar en la cruz: “Este es el rey de los judíos”. Es absurdo que alguien pueda reinar sin poder. Que demuestre su fuerza salvándose a sí mismo.

Jesús permanece callado, pero no desciende de la cruz. ¿Qué haríamos nosotros si el Enviado de Dios buscara su propia salvación escapando de esa cruz que lo une para siempre a todos los crucificados de la historia? ¿Cómo podríamos creer en un Dios que nos abandonara para siempre a nuestra suerte?

De pronto, en medio de tantas burlas y desprecios, una sorprendente invocación: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. No es un discípulo ni un seguidor de Jesús. Es un de los dos delincuentes crucificados junto a él. Lucas lo propone como un ejemplo admirable de fe en el Crucificado.

Este hombre, a punto de morir ajusticiado, sabe que Jesús es un hombre inocente, que no ha hecho más que bien a todos. Intuye en su vida un misterio que a él se le escapa, pero está convencido de que Jesús no va a ser derrotado por la muerte. De su corazón nace una súplica. Solo pide a Jesús que no lo olvide: algo podrá hacer por él.

Jesús le responde de inmediato: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Ahora están los dos unidos en la angustia y la impotencia, pero Jesús lo acoge como compañero inseparable. Morirán crucificados, pero entrarán juntos en el misterio de Dios.

En medio de la sociedad descreída de nuestros días, no pocos viven desconcertados. No saben si creen o no creen. Casi sin saberlo, llevan en su corazón una fe pequeña y frágil. A veces, sin saber por qué ni cómo, agobiados por el peso de la vida, invocan a Jesús a su manera. “Jesús, acuérdate de mí” y Jesús los escucha: “Tú estarás siempre conmigo”. Dios tiene sus caminos para encontrarse con cada persona y no siempre pasan por donde le indican los teólogos. Lo decisivo es tener un corazón que escucha la propia conciencia.

José Antonio Pagola

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viernes, 20 de noviembre de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO (22-11-2015)

El texto evangélico es de Jn 18, 33b-37 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: -¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió: -¿Lo dices por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato respondió: -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí, ¿qué has hecho? Jesús le contestó: -Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí. Pilato le dijo: -Entonces, ¿tú eres rey? Jesús contestó: -Tú lo dices; soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”


* La solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, pone fin al año litúrgico.

Para nuestra mentalidad, este es un titulo difícil de entender. El evangelio de hoy muestra esa dificultad. Jesús se proclama rey ante Pilato. Sin embargo, su presencia es la de un hombre condenado que no hace nada por liberarse del maltrato a que lo someten. La mansedumbre del Señor, a los ojos del mundo, oculta su realeza.

Pero Jesús no es rey como los de este mundo. Su corona es de espinas, su cetro es una caña, su trono es la cruz. No se pone del lado de los poderosos, de los violentos, de los que sólo piensan en sus intereses. Se pone al lado de los desheredados, de los pecadores, de los marginados. Esa es su realeza. Cristo es un Rey que se da a los suyos y como respuesta quiere de nosotros nuestra entrega y el compromiso de nuestra palabra y nuestro corazón.

Cristo es un rey muy especial. Un rey que muestra su corazón misericordioso. Un rey que se hace muy próximo a las personas. Un rey que quiere para todos la felicidad. Un rey cuyo rostro lo podemos encontrar en los que viven la limitación, la exclusión, la enfermedad, la soledad, la privación de libertad, la necesidad. Un rey así no lo encontramos en ningún cuento de reinos lejanos, por muy fantásticos que sean.


* También hoy, cuando en tantos frentes asistimos a la victoria del mal, puede parecer imposible que Cristo reine.

El reino de Jesús no es de este mundo, pero está en este mundo. El reino de Jesús no se sustenta en la fuerza, ni en la violencia, ni en poder alguno que someta al hombre.

El reino de Jesús es un reino de verdad, amor, justicia, libertad y paz. De verdad, que nos hace libres; de amor que nos hace sentirnos y ser hijos de Dios, y hermanos de todos; de justicia que nos hace solidarios; de libertad que nos hace responsables; y de paz que nos hace sonreír de esperanza.

Jesús nos gobierna haciéndonos libres y engrandeciéndonos con su amor. Para reinar con Él es preciso servir como Él nos ha enseñado. Jesús nos gobierna mediante su misericordia. Servirle no es más que responder agradecidos a todo lo que él nos da.

Es posible otro mundo. Un mundo en el que brille la honradez, el respeto, la igualdad de derechos y garantías de todos los humanos, la bondad por encima de todo y la ayuda a todo el que sufre. Ese mundo, ese reino, es el reino de Jesús. En nuestras manos está el implantarlo.

Y esto abarcando todas las dimensiones de la existencia humana, también las realidades sociales y políticas. Impulsados por Jesús, las relaciones con el prójimo pueden ser mejores, al igual que la distribución de las riquezas y el modo de ejercer la autoridad.


* Cristo no quiere imponer su realeza por la fuerza. Nos dice Benedicto XVI: “Él es amor y verdad, y tanto el amor como la verdad no se imponen jamás: llaman a la puerta del corazón y de la mente y, donde pueden entrar, infunden paz y alegría. Éste es el modo de reinar de Dios; éste es u proyecto de salvación, un “misterio” en el sentido bíblico del término, es decir, un designio que se revela poco a poco en la historia”.


* La Iglesia hoy da gratitud a Cristo por su amor derramado en todo el año litúrgico, y alabanza al proclamarle Rey del universo, de todo lo creado y de nosotros.


* ¿Es de verdad Cristo mi único rey, es Cristo quien reina en mi vida?

Jesucristo Rey, tú eres el verdadero y único Rey del Universo: quiero que seas mi único Rey, quiero que reines en mi corazón, y a través de mí en todo el mundo, quiero hacer lo que tú quieres, quiero hacer lo que tú harías.


* María, que venga a nosotros el reino de tu Hijo, y reina tú también en nuestras vidas para que así nos sea más fácil extender su reino en nuestro mundo.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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viernes, 22 de noviembre de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO (24-11-2013)

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El texto evangélico es de Lc 23, 35-43 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús diciendo: -Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el predilecto de Dios. También los soldados se burlaban de él. Se acercaban a ofrecerle vinagre y le decían: -Si eres el rey de los judíos, sálvate. Encima de él había una inscripción que decía: Éste es el rey de los judíos. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: -¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros. Pero el otro lo reprendió diciendo: -¿No tienes temor de Dios, tú, que sufres la misma pena? Lo nuestro es justo, recibimos la paga de nuestros delitos; éste, en cambio, no ha cometido ningún crimen. Y añadió: -Jesús, cuando llegues a tu reino acuérdate de mí. Jesús le contestó: -Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.”


* La solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, pone fin al año litúrgico. La Iglesia hoy da gratitud a Cristo por su amor derramado en todo el año litúrgico, y alabanza al proclamarle Rey del universo, de todo lo creado y de nosotros.


* Para nuestra mentalidad, este es un titulo difícil de entender. El evangelio de hoy muestra esa dificultad presentándonos la realeza de Jesús desde el Calvario, donde sólo un malhechor que comparte suplicio junto al Salvador lo reconoce como rey.

Pero Jesús no es rey como los de este mundo. Su corona es de espinas, su cetro es una caña, su trono es la cruz. No se pone del lado de los poderosos, de los violentos, de los que sólo piensan en sus intereses. Se pone al lado de los desheredados, de los pecadores, de los marginados. Responde al mal con abundancia de bien. Ésa es su realeza misteriosa. Manifiesta su poder en su misericordia. A quienes le injurian en el Calvario, les responde con un hecho maravilloso: entrega su vida por ellos. En la cruz conocemos su amor.

Cristo es un Rey que se da a los suyos y como respuesta quiere de nosotros nuestra entrega y el compromiso de nuestra palabra y nuestro corazón.

También hoy, cuando en tantos frentes asistimos a la victoria del mal, puede parecer imposible que Cristo reine. El reino de Jesús no es de este mundo, pero está en este mundo.

El reino de Jesús es un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia y de paz, de amor y de servicio. Jesús nos gobierna haciéndonos libres y engrandeciéndonos con su amor. Para reinar con Él es preciso servir como Él nos ha enseñado.

Jesucristo es el verdadero rey de las almas, de los corazones, de las esperanzas, es el rey del amor al prójimo. Por Él se nos abren las puertas del paraíso, en el que reina por los siglos de los siglos, porque en Él triunfó el amor sobre todos los poderes de este mundo.


* ¿Es de verdad Cristo mi único rey, es Cristo quien reina en mi vida?

Jesucristo rey, tú eres el verdadero y único rey del Universo: quiero que seas mi único rey. Eres mi rey aunque te vea coronado de espinas. Eres mi rey aunque estés clavado en una cruz. Así, en la cruz, desde ese trono de gloria, venciste a la muerte y al pecado, y nos hiciste partícipe de tu victoria.


* Señor, hago mía la plegaria del ladrón arrepentido. “acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Mientras tanto, trataré de ir haciendo posible este reino en mi vida y en la vida de mis hermanos.

Y aquí también tengo la certeza de la resurrección cuando morimos y no al final de los tiempos: “te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso”.


* María, que venga a nosotros el reino de tu Hijo, y reina tú también en nuestras vidas para que así nos sea más fácil extender su reino en nuestro mundo.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra. 

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


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jueves, 22 de noviembre de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO (25-11-2012)

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El texto evangélico es de Jn 18, 33b-37 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, dijo Pilato a Jesús: -¿Eres tú el rey de los judíos? Jesús respondió: -¿Lo dices por tu cuenta o te lo han dicho otros de mí? Pilato respondió: -¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los sumos sacerdotes te han entregado a mí, ¿qué has hecho? Jesús le contestó: -Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habría luchado para que no cayera en manos de los judíos. Pero mi Reino no es de aquí. Pilato le dijo: -Entonces, ¿tú eres rey? Jesús contestó: -Tú lo dices; soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz.”



* La solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, pone fin al año litúrgico.
Para nuestra mentalidad, este es un titulo difícil de entender. El evangelio de hoy muestra esa dificultad. Jesús se proclama rey ante Pilato. Sin embargo, su presencia es la de un hombre condenado que no hace nada por liberarse del maltrato a que lo someten. La mansedumbre del Señor, a los ojos del mundo, oculta su realeza.
Pero Jesús no es rey como los de este mundo. Su corona es de espinas, su cetro es una caña, su trono es la cruz. No se pone del lado de los poderosos, de los violentos, de los que sólo piensan en sus intereses. Se pone al lado de los desheredados, de los pecadores, de los marginados. Esa es su realeza. Cristo es un Rey que se da a los suyos y como respuesta quiere de nosotros nuestra entrega y el compromiso de nuestra palabra y nuestro corazón.
También hoy, cuando en tantos frentes asistimos a la victoria del mal, puede parecer imposible que Cristo reine. El reino de Jesús no es de este mundo, pero está en este mundo.
El reino de Jesús es un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia y de paz, de amor y de servicio. Jesús nos gobierna haciéndonos libres y engrandeciéndonos con su amor. Para reinar con Él es preciso servir como Él nos ha enseñado.


* La Iglesia hoy da gratitud a Cristo por su amor derramado en todo el año litúrgico, y alabanza al proclamarle Rey del universo, de todo lo creado y de nosotros.


* ¿Es de verdad Cristo mi único rey, es Cristo quien reina en mi vida?
Jesucristo Rey, tú eres el verdadero y único Rey del Universo: quiero que seas mi único Rey, quiero que reines en mi corazón, y a través de mi en todo el mundo.


* María, que venga a nosotros el reino de tu Hijo, y reina tú también en nuestras vidas para que así nos sea más fácil extender su reino en nuestro mundo.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.


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jueves, 18 de noviembre de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO (21-11-1010)

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El texto evangélico es de Lc 23, 35-43 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús l diciendo: ---Ha salvado a otros, que se salve a sí mismo, si es el Mesías, el predilecto de Dios. También los soldados se burlaban de él. Se acercaban a ofrecerle vinagre y le decían: ---Si eres el rey de los judíos, sálvate. Encima de él había una inscripción que decía: Éste es el rey de los judíos. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo: ---¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti y a nosotros. Pero el otro lo reprendió diciendo: ---¿No tienes temor de Dios, tú, que sufres la misma pena? Lo nuestro es justo, recibimos la paga de nuestros delitos; éste, en cambio, no ha cometido ningún crimen. Y añadió: ---Jesús, cuando llegues a tu reino acuérdate de mí. Jesús le contestó: ---Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso.”

* Jesucristo es el verdadero rey de las almas, de los corazones, de las esperanzas, es el rey del amor al prójimo. Su trono, algo contradictorio: la cruz. Su reino, no es de este mundo, porque lo que tiene que ver con este mundo es pasajero. Por Él se nos abren las puertas del paraíso, en el que reina por los siglos de los siglos, porque en Él triunfó el amor sobre todos los poderes de este mundo.

* ¿Es de verdad Cristo mi único rey, es Cristo quien reina en mi vida?
Jesucristo rey, tú eres el verdadero y único rey del Universo: quiero que seas mi único rey. Eres mi rey aunque te vea coronado de espinas. Eres mi rey aunque estés clavado en una cruz. Así, en la cruz, desde ese trono de gloria, venciste a la muerte y al pecado, y nos hiciste partícipe de tu victoria.

* Señor, hago mía la plegaria del ladrón arrepentido. “acuérdate de mí cuando llegues a tu reino”. Mientras tanto, trataré de ir haciendo posible este reino en mi vida y en la vida de mis hermanos.
Y aquí también tengo la certeza de la resurrección cuando morimos y no al final de los tiempos: “te lo aseguro, hoy estarás conmigo en el paraíso”.

* María, reina tú también en nuestras vidas para que así nos sea más fácil seguir a tu Hijo.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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