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viernes, 18 de marzo de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE CUARESMA – CICLO C – (20-3-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9

“En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:

- ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

Y les dijo esta parábola:

Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador:

- Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?

Pero el viñador contestó:

- Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.”


CUANDO DIOS HABLA

“Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza” (Ex 3,3). No son palabras tan solo. Moisés se acerca a la zarza que arde sin consumirse. Este texto que hoy se proclama encierra tres referencias personales.

• Dios, que no es indiferente a la suerte de los hombres. Su misericordia tiene en cuenta la miseria de los que se afanan y de los que sufren. Prestar atención a esos signos que Dios envía puede convertirnos en portavoces de su palabra y en agentes de la liberación.

• Moisés, que se ha habituado a la rutina de cada día. Pero está preparado para escuchar la voz de Dios que, de pronto, le habla en el escenario del pastoreo. Es preciso ver lo admirable y asombroso de la intervención de Dios en la peripecia de lo acostumbrado.

• El pueblo de Israel, que ya se ha habituado a la esclavitud. Pero Dios “ha visto” la opresión que sufre su pueblo. Él toma la iniciativa. La fe en Dios nos rescata de la esclavitud. También a nosotros Dios nos ofrece la libertad y nos restituye la dignidad perdida.


LA TORRE

En el tercer domingo de cuaresma se nos recuerdan dos hechos que debieron de llegar a los oídos de Jesús: una horrible matanza de peregrinos decidida por Pilato y el derrumbe de la torre de Siloé que aplastó a algunos obreros (Lc 13, 1-9). ¿Qué pensar de ello?

• A Moisés Dios le habló en la rutina de las tareas diarias del pastoreo. El evangelio nos dice que Dios nos habla también a través de los acontecimientos que a veces nos sobresaltan y que siempre nos plantean las grandes cuestiones sobre el bien y el mal.

• A la vista de aquellas desgracias, muchos se preguntaban qué mal habían cometido las víctimas. Según Jesús, la desgracia no siempre responde al pecado. Si así fuera, también merecerían la muerte algunos de sus oyentes, que sin duda eran pecadores.

• Así pues, más que hacerse preguntas teóricas sobre la naturaleza y las causas del mal, hay que adoptar una decisión práctica. Es urgente aprovechar el momento presente para abrir el corazón a la conversión.


LA HIGUERA

Pero en el relato evangélico que hoy se proclama se incluye, además, una breve parábola: la de la higuera que ha dejado de dar frutos. ¿Qué hacer ante ello? El texto incluye un breve diálogo entre el dueño de la viña y el viñador encargado de cultivarla.

• “Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?”. Esa parece ser la decisión del dueño de la viña en la que está plantada la higuera. Es una severa advertencia a esa esterilidad nuestra que ya se ha vuelto crónica. No podemos resignarnos. El papa Francisco ha dicho hace poco que la misericordia de Dios es muy grande, pero su justicia es perfecta.

• “Señor, déjala todavía este año”. Junto a la tentación de la desgana podemos caer también en la del pesimismo. La sugerencia del viñador nos exhorta a redoblar el esfuerzo y el trabajo. A mantener la esperanza y la paciencia. A interceder cada día por nuestros hermanos. Y, por último, a dejar el juicio y la última decisión al Señor, que es el único dueño de la viña.

- Señor Jesús, queremos escuchar tu palabra, que nos habla a través de los acontecimientos. Que esa escucha nos mueva a la conversión del corazón. Y que la conversión se manifieste en los frutos de vida que tú esperas de cada uno de nosotros. Amén.

José-Román Flecha Andrés

sábado, 14 de marzo de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE CUARESMA – CICLO A – (15-3-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-42


“En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:

-«Dame de beber.»

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice:

-«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? »

Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Jesús le contestó:

-«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»

La mujer le dice:

-«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó:

-«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»

La mujer le dice:

-«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.»

Él le dice:

-«Anda, llama a tu marido y vuelve.»

La mujer le contesta:

-«No tengo marido.»

Jesús le dice:

-«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»

La mujer le dice:

-«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice:

-«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice:

-«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo. »

Jesús le dice:

-«Soy yo, el que habla contigo.»

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?»

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

-«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?»

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían:

-«Maestro, come.»

Él les dijo:

-«Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.»

Los discípulos comentaban entre ellos:

-«¿Le habrá traído alguien de comer?»

Jesús les dice:

-«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.»

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

-«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».”


EL AGUA DE LA VIDA

“Golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo”. Con ese mandato dirigido a Moisés, Dios responde a las murmuraciones de su pueblo, torturado por la sed en el desierto (Éx 17,3-7). Una y otra vez, en el camino de la esperanza surge la tentación de la nostalgia. En lugar de seguir al Dios del futuro, el pueblo añora a los dioses del pasado.

Tras haber recordado a Adán y a Abraham, la liturgia cuaresmal nos presenta en este tercer domingo la figura de Moisés. Entre el pueblo y su Dios, Moisés se nos muestra como el mediador. Es verdad que no es él quien envía el agua, pero su obediencia contribuye a calmar la sed de los peregrinos. Y a que llueva el perdón divino sobre la blasfemia humana.

Con razón el salmo responsorial nos repite un oráculo de salvación: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón” (Sal 94).

Y con razón san Pablo nos recuerda que “la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,4). El amor de Dios es el agua que nos da vida y Jesucristo es el nuevo Moisés que nos abre ese manantial de gracia y de esperanza.


EL SÉPTIMO HOMBRE

El agua del antiguo pozo de Jacob es lo que buscaba aquella mujer de Samaría. Ella mira al pasado de su pueblo, pero Jesús la invita a imaginar un futuro insospechado: “Si conocieras el don de Dios, y quien es el que te dice ‘dame de beber’, le pedirías tú, y él te daría agua viva” (Jn 4,10). Ahora es la mujer la que pide esa agua que da vida.

Por el camino de esta mujer han pasado ya seis hombres. Ninguno de ellos le ha traído la paz y la felicidad. Jesús es el séptimo hombre que llega a su vida. El séptimo hombre es el enviado por Dios. Ya no es solo un judío. Se revela como un profeta. Es el Mesías y el Salvador. En este relato, la escalada de sus títulos resume toda una catequesis.

En el evangelio de este tercer domingo de cuaresma el agua preanuncia el bautismo de los catecúmenos en la fiesta de la Pascua. Al igual que Elías pidió de comer a una mujer pagana, Jesús pide de beber a una mujer que podría ser considerada como pecadora. El verdadero profeta llega siempre como un indigente.


EL CÁNTARO

En el centro de este diálogo estupendo, sobresale la revelación del Profeta sospechado y del Mesías largamente esperado: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna”.

• “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed”. Así es. Muchas veces nos hemos acercado a pozos engañosos que no han calmado nuestra sed de felicidad.

• “El agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor”. Muchas veces hemos buscado satisfacción en el exterior, olvidando que el manantial está en nuestro interior.

• “Un agua que salta hasta la vida eterna”. Muchas veces limitamos nuestros deseos a lo efímero y caduco, cuando el Señor nos abre a un horizonte de eternidad.

No es extraño que los griegos atribuyan a la samaritana el nombre de Santa Fotina, es decir, la Iluminada. El cántaro que ella dejó junto al pozo está a disposición de los que han de llevar a sus hermanos el agua de la fe y de la esperanza.

- Señor Jesús, tú comienzas tu vida pública pidiendo de beber y la culminas en la cruz revelándonos tu sed. Danos tu agua y envíanos a pasarla generosamente a todos los que cruzan los desiertos de la vida. Amén.

José-Román Flecha Andrés

lunes, 5 de marzo de 2018

VISITAS CORPORATIVAS DE NUESTRA HERMANDAD EN ESTE 3er DOMINGO DE CUARESMA

Inmersos ya en el ecuador de la Cuaresma,estos han sido en el día de ayer nuestras visitas a otras corporaciones cofrades en forma de representación:


Nuestro Hermano Mayor,D. Vivente Lozano, asistiendo a la solemne Función Principal de la Cofradía jerezana de la Sagrada Lanzada.


Miembros de Junta y grupo de hermanos asistiendo al besapiés de la talla de Jesús Cautivo de la Agrupación Parroquial de la Barriada del Portal.


Aquí esos mismos hermanos asistiendo corporativamente al besapiés de la talla de la Trinitaria Hermandad del Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia de nuestra ciudad.
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viernes, 17 de marzo de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 3º DE CUARESMA – CICLO A – (19-3-2017)

Lectura del santo evangelio según san Juan 4, 5-42


“En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob.

Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.

Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice:

-«Dame de beber.»

Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice:

-«¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? »

Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

Jesús le contestó:

-«Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»

La mujer le dice:

-«Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas el agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó:

-«El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»

La mujer le dice:

-«Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla.»

Él le dice:

-«Anda, llama a tu marido y vuelve.»

La mujer le contesta:

-«No tengo marido.»

Jesús le dice:

-«Tienes razón, que no tienes marido: has tenido ya cinco, y el de ahora no es tu marido. En eso has dicho la verdad.»

La mujer le dice:

-«Señor, veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice:

-«Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos.

Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice:

-«Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo. »

Jesús le dice:

-«Soy yo, el que habla contigo.»

En esto llegaron sus discípulos y se extrañaban de que estuviera hablando con una mujer, aunque ninguno le dijo: «¿Qué le preguntas o de qué le hablas?»

La mujer entonces dejó su cántaro, se fue al pueblo y dijo a la gente:

-«Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho; ¿será éste el Mesías?»

Salieron del pueblo y se pusieron en camino adonde estaba él.

Mientras tanto sus discípulos le insistían:

-«Maestro, come.»

Él les dijo:

-«Yo tengo por comida un alimento que vosotros no conocéis.»

Los discípulos comentaban entre ellos:

-«¿Le habrá traído alguien de comer?»

Jesús les dice:

-«Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a término su obra.

¿No decís vosotros que faltan todavía cuatro meses para la cosecha? Yo os digo esto: Levantad los ojos y contemplad los campos, que están ya dorados para la siega; el segador ya está recibiendo salario y almacenando fruto para la vida eterna: y así, se alegran lo mismo sembrador y segador. Con todo, tiene razón el proverbio: Uno siembra y otro siega. Yo os envié a segar lo que no habéis sudado. Otros sudaron, y vosotros recogéis el fruto de sus sudores.»

En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron en él por el testimonio que había dado la mujer: «Me ha dicho todo lo que he hecho.»

Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer:

-«Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo».”



A GUSTO CON DIOS


La escena es cautivadora. Cansado del camino, Jesús se sienta junto al manantial de Jacob. Pronto llega una mujer a sacar agua. Pertenece a un pueblo semipagano, despreciado por los judíos. Con toda espontaneidad, Jesús inicia el diálogo. No sabe mirar a nadie con desprecio, sino con ternura grande. “Mujer, dame de beber”.

La mujer queda sorprendida. ¿Cómo se atreve a entrar en contacto con una samaritana? ¿cómo se rebaja a hablar con una mujer desconocida?. Las palabras de Jesús la sorprenderán todavía más: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría del agua de la vida”.

Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios, sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un “ser extraño”. Todo lo que está relacionado con él, les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil, cada vez más lejano.

Los entiendo. Sé lo que pueden sentir. También yo me he ido alejando poco a poco de aquel “Dios de mi infancia” que despertaba dentro de mí tantos miedos desazón y malestar. Probablemente, sin Jesús nunca me hubiera encontrado con un Dios que hoy es para mí un Misterio de bondad: una presencia amistosa y acogedora en quien puedo confiar siempre.

Nunca me ha atraído la tarea de verificar mi fe con pruebas científicas: creo que es un error tratar el misterio de Dios como si fuera un objeto de laboratorio. Tampoco los dogmas religiosos me han ayudado a encontrarme con Dios. Sencillamente me he dejado conducir por una confianza en Jesús que ha ido creciendo con los años.

No sabría decir exactamente cómo se sostiene hoy mi fe en medio de una crisis religiosa que me sacude también a mí como a todos. Solo diría que Jesús me ha traído a vivir la fe en Dios de manera sencilla desde el fondo de mi ser. Si yo escucho, Dios no se calla. Si yo me abro, él no se encierra. Si yo me confío, él me acoge. Si yo me entrego, él me sostiene. Si yo me hundo, él me levanta.

Creo que la experiencia primera y más importante es encontrarnos a gusto con Dios porque lo percibimos como una “presencia salvadora”. Cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios porque, a pesar de nuestra mediocridad, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas están hoy abandonando a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían.

José Antonio Pagola.

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jueves, 8 de marzo de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:3º DE CUARESMA (11-3-2012)

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El texto evangélico es de Jn 2, 13-25 y dice lo siguiente:


“Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendía palomas les dijo: Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora. Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: ¿Qué signos nos muestras para obrar así?. Jesús contestó: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?. Pero Él hablaba del templo de su cuerpo, Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús. Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque Él sabía lo que hay dentro de cada hombre”.



* El templo era el lugar de culto de la religión judía. En esta escena Jesús se proclama como el nuevo y definitivo templo.
Jesús, expulsando a los vendedores del templo, no quiere abolir el culto a Dios, quiere purificarlo; denuncia la inutilidad y la mentira del falso culto, del culto corrompido que allí tenía lugar. A su vez, anuncia el nuevo culto que inaugurará Él mismo con su muerte y resurrección. Sólo en Jesús se da el verdadero culto a Dios.


* ¿Cómo es nuestro culto, es falso, vacío de contenido, rutinario...?
Debemos preguntarnos continuamente si nuestra manera de rezar, de asistir a la liturgia, nuestras prácticas de piedad..., nos ayudan a vivir en una mayor presencia de Dios, a conocer mejor a Jesús y a unirme más a Él.
Y ahora es buen momento para ello, en este tiempo de Cuaresma.


* Señor, cuánto te molesta que convierta mi cuerpo y mi vida, templo de tu espíritu, en instrumento de pecado. Ayúdame a tener siempre limpia mi alma para que tú hagas morada en ella.


* María, ayúdame a que mi culto sea de unión a tu Hijo y a mis hermanos.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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jueves, 24 de marzo de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE CUARESMA (27-3-2011)

El texto evangélico es de Jn 4, 5-15. 19b-26. 39a. 40-42 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo Jesús llegó a una aldea de Samaría llamado Sicar, cerca del terreno que Jacob dio a su hijo José --allí se encuentra el pozo de Jacob--. Jesús, cansado del camino, se sentó tranquilamente junto al pozo. Era mediodía. Una mujer de Samaría llegó a sacar agua. Jesús le dice: ---Dame de beber--los discípulos habían ido al pueblo a comprar comida. Le responde la samaritana: ---Tú, que eres judío, ¿cómo pides de beber a una samaritana? --los judíos no se tratan con los samaritanos--. Jesús le contestó: ---Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva. Le dice la mujer: ---Señor, no tienes cubo y el pozo es profundo, ¿de dónde sacas agua viva? ¿Eres, acaso, más poderoso que nuestro padre Jacob, que nos legó este pozo, del que bebían él, sus hijos y sus rebaños? Le contestó Jesús: ---El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; quien beba del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, pues el agua que le daré se convertirá dentro de él en manantial que brota dando vida eterna. Le dice la mujer: ---Señor, dame de esa agua, para que no tenga sed y no tenga que venir acá a sacarla. Señor, veo que eres profeta. Nuestros padres daban culto en este monte; vosotros en cambio decís que es en Jerusalén donde hay que dar culto. Le dice Jesús: ---Créeme, mujer, llega la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén se dará culto al Padre. Vosotros dais culto a lo que desconocéis, nosotros damos culto a lo que conocemos; pues la salvación procede de los judíos. Pero llega la hora, ya ha llegado, en que los que dan culto auténtico darán culto al Padre en espíritu y de verdad. Tal es el culto que busca el Padre. Dios es Espíritu y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y de verdad. Le dice la mujer: ---Sé que vendrá el Mesías --es decir, Cristo--. Cuando él venga, nos lo explicará todo. Jesús le dice: ---Yo soy, el que habla contigo. En aquella aldea muchos creyeron en él por lo que había contado la mujer. Los samaritanos acudieron a él y le rogaban que se quedara con ellos. Se quedó allí dos días, y muchos más creyeron en él, a causa de su palabra; y decían a la mujer: ---Ya no creemos por lo que nos has contado, pues nosotros mismos hemos escuchado y sabemos que éste es realmente el salvador del mundo.”

* Jesús se presenta ante la samaritana como una persona fatigada, sedienta de tanto caminar. Se presenta como hombre. Podría haberse presentado de otra forma por ejemplo diciéndole que era el Hijo de Dios o haciendo manar gran cantidad de agua del pozo, para que supiese enseguida quién era. Sin embargo, la pedagogía de Jesús es una pedagogía de amor, de espera, de comprensión, de respeto a la propia libertad.
Jesús estaba cansado. El cansancio es humano, es lógico, pero incluso así, Jesús no deja de vivir para su misión.
Cuando yo estoy cansado, ¿me encierro en mí mismo? ¿me olvido de los demás? ...
Nuestra misión de cristiano no es de una época o momento determinado; debe ser constante y para ello tenemos la fuerza de Jesús que nos acompaña a nuestro lado.

* En este encuentro de Jesús con la samaritana llama la atención que el diálogo sea con una mujer. El papel de la mujer estaba en el ámbito de lo privado, en la casa; se permitía sólo su salida al mercado y al pozo a por agua. No estaba bien visto hablar con una mujer en la calle.
Esto manifiesta el talante abierto de Jesús y el respeto y estima que tiene por la mujer. Jesús libera y humaniza.

* Jesús se ofrece a la samaritana como el agua que puede calmar la sed. Jesús quiere darle agua, pero es preciso que ella reconozca su verdadera sed.
También Jesús quiere ofrecerse a nosotros, pero debemos hablarle como la samaritana, pedirle que nos dé esa agua necesaria para calmar nuestra sed, y Él lo hará.

* Jesús salva a la samaritana del sinsentido de su vida. Jesús también quiere llenar de sentido nuestra vida. Sólo necesitamos una cosa: ir a Jesús, creer en Él, aceptar el amor que nos ofrece y responderle con un amor confiado.
El encuentro con Él en esta Cuaresma hará que Jesús viva en nosotros y transforme nuestro interior.

* María, que yo no ponga obstáculos a la salvación que tu Hijo me ofrece, pues esa es mi única felicidad. Ayúdame a conocer y experimentar ese don y a comunicarlo a los demás.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.



miércoles, 3 de marzo de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE CUARESMA

En una ocasión, se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por las torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”. Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?. Pero el viñador contestó: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, la cortas”.


* No sólo son las desgracias para los “malos”, para los culpables. Hay que aceptar las calamidades y seguir fieles a Dios en ellas, si no, nos alejaremos de Dios, pereceremos.
A través de esta parábola se nos invita a la conversión, a no ser creídos, ya que podemos autoengañarnos teniéndonos por “buenos” o justos, o juzgando a los demás.

* Dos aspectos relevantes en esta parábola de la higuera estéril:
- una nueva oportunidad: eso debe ser la cuaresma para nosotros, tener la opción de estar cada día un pasito más cerca de Dios;
- perseverancia en su cuidado para que dé fruto: a través de la oración, la Palabra, los sacramentos...
Dios siempre ejercita suma paciencia para permitir que el tiempo haga que brote el fruto oportuno.

* Dios es el viñador que cuida de nosotros, es quien quiere nuestra salvación, nuestra felicidad (el fruto de la higuera). Nosotros, después de haber recibido de él tantos beneficios no le somos fieles.
María, ayúdame en mi conversión, no quiero vivir lejos de mi Señor.


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Muchas gracias a todos por vuestra participación.