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viernes, 1 de abril de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA – CICLO C – (3-4-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 8,1-11


“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron:

- Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

- El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:

- Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?

Ella contestó:

- Ninguno, Señor.

Jesús dijo:

- Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.”


LIBERACIÓN Y PERDÓN

“No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” Ese oráculo divino se encuentra en el texto del libo de Isaías que se proclama en este quinto domingo de Cuaresma (Is 43,16-21).

Lo antiguo era la esclavitud en Egipto y la asombrosa liberación que Dios había ofrecido a su Pueblo. Lo nuevo es el exilio que padece en Babilonia y la nueva liberación que Dios le promete. Si un día abrió a su pueblo un camino por el mar, ahora le abrirá un camino por el desierto.

La gratitud por el pasado ha de suscitar la esperanza de un futuro inmediato. La misericordia de Dios atraviesa los tiempos y da sentido a la historia. Con razón, el salmo da cuenta de la alegría de los liberados: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 125).


UN DOBLE DESAFÍO

En el evangelio de este quinto domingo de Cuaresma se nos presenta el episodio de la mujer adúltera (Jn 8,1-11). Los escribas y fariseos traen ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. No les importa la dignidad de la mujer. Sólo pretenden dirigir a Jesús un desafío. Ésta es la pregunta: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?” (Jn 8,6).

Si el Maestro dice que hay que apedrear a la mujer podrá ser acusado de despiadado y se hundirá para siempre su fama de profeta misericordioso. Si no la condena, no merece el nombre de profeta y será denunciado por contradecir la Ley de Moisés, que imponía la lapidación como pena por el adulterio (Lev 20,10; Dt 22, 22-24).

Como ajeno a la pregunta, Jesús se inclina y escribe en el suelo. De hecho, trata de hacer conscientes de su pecado a los hombres que la acusan de pecado para poder lapidarla: “Aquel

de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (Jn 8,7). En el contexto evangélico, estas palabras son una interpelación a los que presumen de limpios e inocentes y se arrogan el derecho de acusar a los demás. Ese es el desafío de Jesús.


EL MAL Y EL PERDÓN

En la respuesta de Jesús a la “mujer sorprendida en adulterio” hay dos partes igualmente importantes para nuestro tiempo y para nuestra conciencia personal:

• “Tampoco yo te condeno”. Jesús establece una distinción definitiva entre el mal moral y la responsabilidad. El primero no siempre implica la segunda. A ese binomio dramático, Jesús añade su propio veredicto: el del perdón. Jesús ha venido al mundo no a condenarlo, sino a salvarlo de su mal. Del mayor mal, que es el pecado. Jesús es el mensajero y el testigo de la misericordia de Dios.

• “Anda y en adelante no peques más”. Jesús no ignora la realidad hosca del pecado. Aceptar a la persona no significa negar su libertad, ni equiparar el valor moral de todas sus decisiones, ni cerrar los ojos ante el dramatismo de sus tropiezos. Jesús no trivializa el pecado. Nunca ha presentado el mal como un bien. Pero invita a los pecadores a la conversión, a la confianza, al cambio de vida, a emprender un nuevo comienzo.

- Señor Jesús, demasiadas veces nos fijamos en el pasado. En el nuestro y el de nuestros hermanos. Sólo tú nos exhortas a mirar confiadamente hacia delante. En lugar de reprocharnos nuestro pasado, tú nos invitas a recobrar la esperanza en el futuro. Bendito seas, Señor. Amén.


José-Román Flecha Andrés.

viernes, 11 de marzo de 2022

CARTEL LORETO 2022

Este es el cartel anunciador de la Semana Santa 2022 que realiza nuestra hermandad, siendo obra del fotógrafo Gonzalo Marqués.

A partir de mañana, en el reparto de papeletas de sitio, en nuestro local de calle Clavel, se podrán retirar físicamente.


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sábado, 20 de marzo de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA – CICLO B – (21-3-2021)

Lectura del santo evangelio según san Juan 12,20-33


“En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la Fiesta, había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

- Señor, quisiéramos ver a Jesús.

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

- Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.

Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre.

Entonces vino una voz del cielo:

- Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.

La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo:

- Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir”.


EL GRANO DE TRIGO

“Ya llegan días –oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva”. Así comienza el texto de Jeremías que hoy se lee en la misa (Jer 31,31-34). En los domingos anteriores la liturgia cuaresmal nos ha presentado las sucesivas alianzas de Dios con Noé, Abrahán, Moisés y el pueblo deportado a Babilonia.

Hoy se proclama la alianza que Dios promete tanto al reino del Norte como al reino del sur, separados a la muerte de Salomón y llevados ambos al destierro. Dios escribirá su ley en el corazón de las gentes. Será su Dios y será reconocido como tal por ese pueblo. Todos lo conocerán, desde el pequeño hasta el mayor.

Haciéndose eco de esta promesa, el famoso salmo “Miserere” nos invita a suplicar: “Oh Dios, crea en mi un corazón puro” (Sal 50). En el corazón de la cuaresma, la carta a los Hebreos nos recuerda que Cristo aprendió sufriendo a obedecer (Heb 5, 7-9).


LA HORA

En el evangelio se evoca un momento importante, en vísperas de la pasión y muerte de Jesús. El Maestro ha entrado ya en Jerusalén, acompañado por los que lo aclaman como “el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel” (Jn 12,13).

Entre los que llegaban a Jerusalén había siempre algunos paganos “temerosos de Dios”. Hablaban griego, como tantos otros ciudadanos del imperio romano. Algunos de ellos, llegados para la celebración de la Pascua, se acercaron a Felipe para decirle: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Felipe consultó con Andrés y ambos se lo dijeron a Jesús

Para el evangelio de Juan esos peregrinos representan a toda la humanidad que busca al Mesías. Cuando Jesús supo de aquel interés pareció entrar en éxtasis. Era como si hubiera llegado para él la señal de su hora: la hora de la glorificación.

Es en ese momento cuando pronunció la alegoría del grano de trigo. Es preciso que muera en el surco para producir fruto abundante (Jn 12,20-33). Jesús conoce y acepta el destino que le espera. Su muerte será fuente de vida para los que crean en él.


VER A JESÚS

La frase de los paganos que pidieron la ayuda de Felipe no debería quedar en el olvido. De hecho, refleja nuestro mejor anhelo:

• “Queremos ver a Jesús”. Esa aspiración es la de los cristianos más comprometidos con su fe. Con ella indican a veces su displicencia ante las cosas del mundo. O, mejor, su deseo de participar en la gloria definitiva del Hijo de Dios.

• “Queremos ver a Jesús”. Esa expresión se encuentra también en labios de los no creyentes. Ruegan a la Iglesia que les facilite el acceso a Aquél en quien ella dice creer. Le reprochan que no viva de verdad su fe y oculte a su Señor a los ojos del mundo.

• “Queremos ver a Jesús”. Debería ser ésta la confesión sincera y humilde de una comunidad que se sabe llamada al encuentro con su Señor y, sin embargo, se encuentra torpe y enredada en mil asuntos que dificultan su camino de fe.

- Señor Jesús, la llegada de aquellos peregrinos que te buscaban te llevó a aceptar la llegada de la hora de tu entrega y a dirigirte al Padre celestial con una súplica decidida y confiada: “Padre, glorifica tu nombre”. Cómo tú, también nosotros queremos aceptar su voluntad. Bendito seas por siempre, Señor.

José-Román Flecha Andrés.
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sábado, 28 de marzo de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 5º DE CUARESMA – CICLO A – (29-3-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 1-45


“En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:

-«Señor, tu amigo está enfermo.»

Jesús, al oírlo, dijo:

-«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:

-«Vamos otra vez a Judea.»

Los discípulos le replican:

-«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí? » Jesús contestó:

-«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.» Dicho esto, añadió:

-«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.»

Entonces le dijeron sus discípulos:

-«Señor, si duerme, se salvará.»

Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente:

-«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

-«Vamos también nosotros y muramos con él.»

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo:

-«Tu hermano resucitará.»

Marta respondió:

-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice:

-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó:

-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: -«El Maestro está ahí y te llama.»

Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.» Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: -« ¿Dónde lo habéis enterrado?»

Le contestaron:

-«Señor, ven a verlo.»

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

-«¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron:

-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.

Dice Jesús:

-«Quitad la losa.»

Marta, la hermana del muerto, le dice:

-«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»

Jesús le dice:

-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente:

-«Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: -«Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él”.


RESURRECCIÓN Y VIDA

“Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel”. Este mensaje de Ezequiel (Ez 37,12) iba dirigido al pueblo que había sido deportado a Babilonia. El profeta le anunciaba de parte de Dios la promesa de rescatarlo de la esclavitud y devolverlo a su tierra.

Aunque todavía no se había llegado a asumir y profesar la fe en la resurrección de los muertos, el lenguaje estaba preparado para admitir como una resurrección la intervención de Dios a favor de los oprimidos. Muchos creían ya que Dios es el Señor de la vida. Por eso puede infundir en ellos su espíritu para que vivan de verdad y para siempre.

El salmo responsorial del domingo 5º de Cuaresma evoca este poder de Dios sobre la historia y la peripecia humana: “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”.

En la segunda lectura que hoy se proclama, san Pablo subraya el papel de Jesucristo en nuestra resurrección: “Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros” (Rom 8,11).


EL DIÁLOGO

Aunque este año se proclama el evangelio según san Mateo, durante tres domingos de cuaresma leemos unos relatos de Juan que recogen las imágenes del agua, la luz y la vida. Toda una catequesis prebautismal que nos invita a meditar sobre el don de una existencia iluminada por el misterio pascual de Jesucristo.

Al llegar a la casa de su amigo Lázaro, muerto recientemente, Jesús mantiene con Marta un diálogo tan profundo como esperanzado. Marta sabe que Dios concederá a Jesús lo que le pida. Jesús le asegura que su hermano resucitará. Y ella confiesa una fe que se iba abriendo camino en el pueblo: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día.

Ahí se inserta la gran revelación de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está muerto y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees

esto?” Esa es la pregunta definitiva, la que marca toda diferencia en el campo de las creencias. Pues bien, Marta cree que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el esperado.


EL SEPULCRO

Pero el diálogo sobre la vida no ha llevado a Jesús a olvidar que la muerte ha llegado a la casa de sus amigos. Su pregunta por la sepultura de Lázaro no indica una simple curiosidad. Sus lágrimas revelan la sinceridad de su amor ante todos los presentes.

• “Lázaro, sal afuera”. Esa es la orden que el Señor de la vida grita con voz potente ante la entrada del lugar donde se ha helado la esperanza.

• “Lázaro, sal afuera”. Esa es la invitación que el Señor de la Iglesia le dirige para que ella abandone su cansancio y somnolencia y dé testimonio de la vida.

• “Lázaro, sal afuera”. Ese es el imperativo que Jesús nos dirige a todos los que vamos arrastrando una existencia mortecina que no puede suscitar el entusiasmo.

- Señor Jesús, tú nos has dicho que nadie tiene amor tan grande como el que da la vida por los amigos. Sabemos que el dar la vida al amigo determinó que tus enemigos adelantaran la hora de tu muerte. También hoy, tú que eres el camino, la verdad y la vida, nos rescatas del sepulcro. Bendito seas, Señor. Amén.

José-Román Flecha Andrés.
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viernes, 5 de abril de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA – CICLO C – (7-4-2019)

JUAN 8, 1-11.

“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?» Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra». E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: «Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?». Ella contestó: «Ninguno, Señor». Jesús dijo: «Tampoco yo te condeno. Anda y en adelante no peques más».”


Este domingo anterior al Domingo de Ramos se denomina domingo de Pasión, y a la semana que vamos a comenzar “semana de Pasión”. Es el recordatorio de que se está ya en la antesala de la Semana Santa y las iglesias y los templos se preparaban para lo que iba a pasar cubriendo (si recuerdan, porque ya no se hace) las cruces y las imágenes de donde iban a celebrarse los cultos, y se volverían a descubrir en la Vigilia Pascual.

El profeta Isaías en la primera lectura anuncia tiempos nuevos con unos términos que aluden al pasado. El pasado, la historia la debemos contemplar siempre como el recuerdo que nos ayuda a entender lo que pasa hoy y a conseguir con esfuerzo un futuro mejor, es bueno, es necesario tener memoria del pasado para no caer en los mismos errores que se cometieron. No debe entenderse el pasado, sin embargo, con nostalgia como una evasión del presente cuando éste duele, o nos molesta. En la historia de nuestra salvación, las sorpresas de Dios son tantas que deberíamos estar abiertos a cualquier posibilidad. Dios es nuevo siempre, y cuanto más nos acercamos a Él más crece nuestro desconcierto ante su bondad, su belleza y su amor. El creyente, nosotros, cuando contemplamos la obra de Dios, escuchamos en nuestro interior las palabras del profeta “Algo nuevo está ya brotando ¿no lo notáis?”, es la novedad eterna de Dios, cuando la rutina se haga presente en nuestro vivir religioso, esa es la mejor demostración de la poca profundidad de nuestra fe.

La escena de la mujer adúltera, es otra más de las acciones sorprendentes de Jesús, en las que se pone de manifiesto su talante y su estilo, estilo que tanto desconcertó y que le acarreó tantos problemas y es otro de los sucesos por el que los de su tiempo aferrados a las normas y a las costumbres tan típicas del pueblo judío, no aceptaron su mensaje y desconfiaban de él considerándolo un transgresor y alguien que no cumplía la ley.

Vemos dos maneras enfrentadas de entender la moral. Los representantes del judaísmo tienen la Ley por el valor absoluto, Jesús, en cambio pone la salvación de la persona como el principio y referente fundamental. Los letrados y los fariseos, se sienten los responsables de la moralidad pública, para nada piensan en la mujer, sólo les interesa mantener su prestigio y poner una trampa a Jesús. Pero Jesús no entra al trapo, con un buen dominio de sí mismo y de la situación, se declara al margen de su planteamiento que en el fondo encerraba una gran hipocresía y una gran incoherencia, como pudo verse al final. Y les lanza la única afirmación que podía desmontar todos sus argumentos contra la mujer: “Quién de vosotros esté libre de pecado, que lance la primera piedra?”. Después al hablar con ella, cambia de postura, la perdona y le exige, que en adelante no peque más, de nuevo la conversión como signo del encuentro con Jesús.

La mujer recibe de Jesús el mayor regalo: un gran respeto a su dignidad y un fuerte estímulo para preservar en el camino del bien. Todo ello envuelto en un gran amor y una misericordia tan entrañable como discreta. Este ejemplo de Jesús tiene que servirnos para dos cosas: primero y lo más importante seguir descubriendo su amor misericordioso en la línea de los evangelios de los últimos domingos (la higuera, el hijo pródigo). Y segundo que nos estimule a nosotros a imitarle cuando nos encontremos en situaciones parecidas; ¿qué hubiéramos hecho nosotros si hubiéramos estado allí? Respondamos con sinceridad. Quizá como cumplidores de la ley, hubiéramos apoyado a los escribas y a los fariseos. O mejor pensamos en situaciones concretas de nuestra vida cuando nos encontramos en situaciones parecidas, ¿somos de los que condenamos como primera opción?, ¿somos de los que no nos gusta conceder nuevas oportunidades?, ojalá que no caigamos en el orgullo de los contemporáneos de Jesús condenando a los demás, cuando todos estamos necesitados del perdón de Dios.

Le pedimos al Señor que aumente en nosotros ese espíritu de perdón tan propio de la Cuaresma; al tiempo recordamos a todos los que sufren, a los que están solos o enfermos.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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viernes, 16 de marzo de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA – CICLO B – (18-3-18)

Lectura del santo evangelio según san Juan 12,20-33


“En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la Fiesta, había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

- Señor, quisiéramos ver a Jesús.

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

- Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.

Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre.

Entonces vino una voz del cielo:

- Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.

La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo:

- Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir”.

ATRAÍDOS POR EL CRUCIFICADO


Un grupo de «griegos», probablemente paganos, se acercan a los discípulos con una petición admirable: «Queremos ver a Jesús». Cuando se lo comunican, Jesús responde con un discurso vibrante en el que resume el sentido profundo de su vida. Ha llegado la hora. Todos, judíos y griegos, podrán captar muy pronto el misterio que se encierra en su vida y en su muerte: «Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí».

Cuando Jesús sea alzado a una cruz y aparezca crucificado sobre el Gólgota, todos podrán conocer el amor insondable de Dios, se darán cuenta de que Dios es amor y sólo amor para todo ser humano. Se sentirán atraídos por el Crucificado. En él descubrirán la manifestación suprema del Misterio de Dios.

Para ello se necesita, desde luego, algo más que haber oído hablar de la doctrina de la redención. Algo más que asistir a algún acto religioso de la semana santa. Hemos de centrar nuestra mirada interior en Jesús y dejarnos conmover, al descubrir en esa crucifixión el gesto final de una vida entregada día a día por un mundo más humano para todos. Un mundo que encuentre su salvación en Dios.

Pero, probablemente a Jesús empezamos a conocerlo de verdad cuando, atraídos por su entrega total al Padre y su pasión por una vida más feliz para todos sus hijos, escuchamos

aunque sea débilmente su llamada: «El que quiera servirme que me siga, y dónde esté yo, allí estará también mi servidor».

Todo arranca de un deseo de «servir» a Jesús, de colaborar en su tarea, de vivir sólo para su proyecto, de seguir sus pasos para manifestar, de múltiples maneras y con gestos casi siempre pobres, cómo nos ama Dios a todos. Entonces empezamos a convertirnos en sus seguidores.

Esto significa compartir su vida y su destino: «donde esté yo, allí estará mi servidor». Esto es ser cristiano: estar donde estaba Jesús, ocuparnos de lo que se ocupaba él, tener las metas que él tenía, estar en la cruz como estuvo él, estar un día a la derecha del Padre donde está él.

¿Cómo sería una Iglesia «atraída» por el Crucificado, impulsada por el deseo de «servirle» sólo a él y ocupada en las cosas en que se ocupaba él? ¿Cómo sería una Iglesia que atrajera a la gente hacia Jesús?

José Antonio Pagola

viernes, 31 de marzo de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA – CICLO A – (2-4-2017)

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 1-45


“En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:

-«Señor, tu amigo está enfermo.»

Jesús, al oírlo, dijo:

-«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:

-«Vamos otra vez a Judea.»

Los discípulos le replican:

-«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí? » Jesús contestó:

-«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.» Dicho esto, añadió:

-«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.»

Entonces le dijeron sus discípulos:

-«Señor, si duerme, se salvará.»

Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente:

-«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

-«Vamos también nosotros y muramos con él.»

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo:

-«Tu hermano resucitará.»

Marta respondió:

-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice:

-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó:

-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: -«El Maestro está ahí y te llama.»

Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.» Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: -« ¿Dónde lo habéis enterrado?»

Le contestaron:

-«Señor, ven a verlo.»

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

-«¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron:

-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.

Dice Jesús:

-«Quitad la losa.»

Marta, la hermana del muerto, le dice:

-«Señor, ya huele mal, porqu
e lleva cuatro días.»

Jesús le dice:

-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente:

-«Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: -«Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él”.



UN PROFETA QUE LLORA


Jesús nunca oculta su cariño hacia tres hermanos que viven en Betania. Seguramente son los que lo acogen en su casa siempre que sube a Jerusalén. Un día Jesús recibe un recado: nuestro hermano Lázaro, “tu amigo”, está enfermo. Al poco tiempo, Jesús se encamina hacia la pequeña aldea.

Cuando se presenta, Lázaro ha muerto ya. Al verlo llegar, María, la hermana más joven, se echa a llorar. Nadie la puede consolar. Al ver llorar a su amiga y también a los judíos que la acompañan, Jesús no puede contenerse. También él “se echa a llorar” junto a ellos. La gente comenta: “¡Cómo lo quería!“.

Jesús no llora solo por la muerte de un amigo muy querido. Se le rompe el alma al sentir la impotencia de todos ante la muerte. Todos llevamos en lo más íntimo de nuestro ser un deseo insaciable de vivir. ¿Por qué hemos de morir? ¿Por qué la vida no es más dichosa, más larga, más segura, más vida?

El hombre de hoy, como el de todas las épocas, lleva clavada en su corazón la pregunta más inquietante y más difícil de responder: ¿Qué va a ser de todos y cada uno de nosotros? Es inútil tratar de engañarnos. ¿Qué podemos hacer? ¿Rebelarnos? ¿Deprimirnos?

Sin duda, la reacción más generalizada es olvidarnos y “seguir tirando”. Pero, ¿no está el ser humano llamado a vivir su vida y a vivirse a sí mismo con lucidez y responsabilidad? ¿Solo a nuestro final hemos de acercarnos de forma inconsciente e irresponsable, sin tomar postura alguna?

Ante el misterio último de nuestro destino no es posible apelar a dogmas científicos ni religiosos. No nos pueden guiar más allá de esta vida. Más honrada parece la postura del escultor Eduardo Chillida al que, en cierta ocasión, le escuché decir: “De la muerte, la razón me dice que es definitiva. De la razón, la razón me dice que es limitada”.

Los cristianos no sabemos de la otra vida más que los demás. También nosotros nos hemos de acercar con humildad al hecho oscuro de nuestra muerte. Pero lo hacemos con una confianza

radical en la Bondad del Misterio de Dios que vislumbramos en Jesús. Ese Jesús al que, sin haberlo visto, amamos y, sin verlo aún, le damos nuestra confianza.

Esta confianza no puede ser entendida desde fuera. Sólo puede ser vivida por quien ha respondido, con fe sencilla, a las palabras de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida. ¿Crees tú esto?”. Recientemente, Hans Küng, el teólogo católico más crítico del siglo veinte, cercano ya a su final, ha dicho que para él morirse es “descansar en el misterio de la misericordia de Dios”.

José Antonio Pagola

sábado, 12 de marzo de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA – CICLO C – (13-3-2016)

Lectura del santo evangelio según san Juan 8,1-11


“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.
Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron:
- Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?
Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.
Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.
Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:
- El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.
E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.
Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.
Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.
Jesús se incorporó y le preguntó:
- Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?
Ella contestó:
- Ninguno, Señor.
Jesús dijo:
- Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.”


TODOS NECESITAMOS PERDÓN

Según su costumbre, Jesús ha pasado la noche a solas con su Padre querido en el Monte de los Olivos. Comienza el nuevo día, lleno del Espíritu de Dios que lo envía a "proclamar la liberación de los cautivos...y dar libertad a los oprimidos. Pronto se verá rodeado por un gentío que acude a la explanada del templo para escucharlo.
De pronto, un grupo de escribas y fariseos irrumpe trayendo a "una mujer sorprendida en adulterio". No les preocupa el destino terrible de la mujer. Nadie le interroga de nada. Está ya condenada. Los acusadores lo dejan muy claro: "La Ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras. Tú, ¿qué dices?
La situación es dramática: los fariseos están tensos, la mujer angustiada, la gente expectante. Jesús guarda un silencio sorprendente. Tiene ante sí a aquella mujer humillada, condenada por todos. Pronto será ejecutada. ¿Es esta la última palabra de Dios sobre esta hija suya?
Jesús, que está sentado, se inclina hacia el suelo y comienza a escribir algunos trazos en tierra. Seguramente busca luz. Los acusadores le piden una respuesta en nombre de la Ley. Él les responderá desde su experiencia de la misericordia de Dios: aquella mujer y sus acusadores, todos ellos, están necesitados del perdón de Dios.
Los acusadores sólo están pensando en el pecado de la mujer y en la condena de la Ley. Jesús cambiará la perspectiva. Pondrá a los acusadores ante su propio pecado. Ante Dios, todos han de reconocerse pecadores. Todos necesitan su perdón.
Como le siguen insistiendo cada vez más, Jesús se incorpora y les dice: "El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra". ¿Quiénes sois vosotros para condenar a muerte a esa mujer, olvidando vuestros propio pecados y vuestra necesidad del perdón y de la misericordia de Dios?
Los acusadores "se van retirando uno tras otro". Jesús apunta hacia una convivencia donde la pena de muerte no puede ser la última palabra sobre un ser humano. Más adelante, Jesús dirá solemnemente: "Yo no he venido para juzgar al mundo sino para salvarlo".
El diálogo de Jesús con la mujer arroja nueva luz sobre su actuación. Los acusadores se han retirado, pero la mujer no se ha movido. Parece que necesita escuchar una última palabra de Jesús. No se siente todavía liberada. Jesús le dice "Tampoco yo te condeno. Vete y, en adelante no peques más".
Le ofrece su perdón, y, al mismo tiempo, le invita a no pecar más. El perdón de Dios no anula la responsabilidad, sino que exige conversión. Jesús sabe que "Dios no quiere la muerte del pecador sino que se convierta y viva".

José Antonio Pagola

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viernes, 20 de marzo de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA (22-3-2015)

El texto evangélico es de Jn 2, 20-33 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no caer en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo. La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir”.



* Jesús plantea su pasión y muerte como una glorificación. Es el grano de trigo que ha de ser enterrado para dar fruto abundante.

La hora de Jesús es la hora de su pasión, y su pasión es su glorificación; glorificación que paradójicamente culminará en la cruz.

La hora de Jesús se cumple en su entrega total. Jesús no vivió para Él, y luego, al final se entrega a los demás. Toda su vida es una entrega a los hombres y una obediencia filial al amor de Dios. Éste es también el camino del discípulo.

Pero a veces, la tentación de que ya hemos hecho suficiente, o de compararnos con lo que hacen los otros, o el miedo al sacrificio, pueden impedirnos seguir a Jesús hasta el final.

Desde el reconocimiento de nuestra debilidad, hemos de pedirle que nos ayude a rebasar los obstáculos que nos impiden abrirle totalmente nuestro corazón.


* Señor, hazme comprender que mi hora también debe ser como la tuya, la de la entrega sin cálculos, la del amor hasta el extremo, la de la ternura a manos llenas, la del perdón sin condiciones.

Señor, al ser elevado en la cruz me atraes poderosamente hacia ti, a pesar de mis debilidades y mis traiciones. Quiero aborrecer mis pecados, quiero servirte y seguirte hasta la cruz.


*Jesús presiente la cercanía de su muerte y nos ofrece su verdadero sentido: "el grano de trigo tiene que morir porque sólo así puede dar fruto". Dios no quiere la muerte sino el fruto, es decir, la vida. Dios no quiere que sus hijos sufran, pero en este mundo, todo el que se pone de parte de la vid tendrá que pasar por situaciones difíciles que, en muchas ocasiones, le acarrearán la muerte. Esa muerte, todas las muertes de la tierra, no tendrán la última palabra. La última palabra la tiene Dios y es una palabra de amor, de perdón, de misericordia, de salvación. Jesús nos enseña a superar la angustia, confiando en la gracia y en la fuerza que envía el Padre celestial.


* Al final de la Cuaresma debo preguntarme qué frutos he conseguido: ¿me he desprendido del amor a mí mismo para complacerme en el amor a Dios y al prójimo? , ¿he cumplido mis compromisos cuaresmales?

A las puertas de la Semana Santa, la liturgia de hoy nos invita a purificar nuestro amor. No basta con un encuentro superficial, como parece que pretendían aquellos extranjeros, sino que hay que entrar en el corazón de Jesús, huyendo de todo sentimentalismo, para experimentar el amor que Dios nos tiene.


* María, pongo a tus pies el deseo de conocer mejor a tu Hijo, de seguir sus pasos en todos los momentos de mi vida, de vivir en comunión con Él, de hacerme semejante a Él.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 3 de abril de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA (6-4-2014)

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El texto evangélico es de Jn 11, 3-7. 17. 20-27. 34-45 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo las hermanas de Lázaro le enviaron recado a Jesús diciendo: -Señor, tu amigo está enfermo. Al oírlo, Jesús comentó: -Esta enfermedad no ha de acabar en la muerte; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús era amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro. Sin embargo cuando oyó que estaba enfermo, prolongó su estancia dos días en el lugar. Después dice a los discípulos: -Vamos a volver a Judea. Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta oyó que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Marta dijo a Jesús: -Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que lo que pidas, Dios te lo concederá. Le dice Jesús: -Tu hermano resucitará. Le dice Marta: -Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le contestó: -Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees? Le contestó: -Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo. Jesús se estremeció por dentro y dijo muy conmovido: -¿Dónde lo habéis puesto? Le dicen: -Ven, Señor, y lo verás. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: -¡Cómo lo quería! Pero algunos decían: -El que abrió los ojos al ciego, ¿no pudo impedir que éste muriera? Jesús, estremeciéndose de nuevo, se dirigió al sepulcro. Era una caverna con una piedra delante. Jesús dice: -Retirad la piedra. Le dice Marta, la hermana del difunto: -Señor, ya huele, pues lleva cuatro días muerto. Le contesta Jesús: -¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? Retiraron la piedra. Jesús alzó la vista al cielo y dijo: -Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me enviaste. Dicho esto, gritó con fuerte voz: -Lázaro, sal afuera. Salió el muerto con los pies y las manos sujetos con vendas y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: -Desatadlo y dejadlo ir. Muchos judíos que habían ido a visitar a María y vieron lo que hizo creyeron en él.”


* Acercándonos ya al final de la Cuaresma, vemos que el evangelio de hoy contiene una llamada a la esperanza. El horizonte del hombre no se acaba con la muerte, sino que estamos llamados a vivir para siempre. La Pascua de Cristo tiene el poder para devolver la vida a todo hombre que está unido a él. Lázaro ya lleva cuatro días enterrado y Jesús lo resucita. Es una imagen de la resurrección gloriosa que Dios reserva a sus elegidos; pero también de otra resurrección: de ser verdaderamente liberados ya en esta vida del peso de nuestros pecados, de que podemos recuperar la vida de la gracia, aunque hayamos pecado, de que podemos experimentar el influjo de Jesús y vivir de otra manera. Y es que Jesús vence la muerte, pero también el pecado: un día resucitaremos en la carne, pero ya ahora podemos vivir en gracia.

Cada uno de nosotros, como Lázaro es un amigo del Señor, objeto de su amor y causa de dolor en su corazón cuando le ofendemos con nuestra culpas. Y como amigo del Señor, tengo que aprender a tratarlo con la confianza con que se tratan los amigos.


* Jesús retrasa su viaje a Betania, aunque quería mucho a Lázaro. ¿Por qué no fue enseguida entonces? El mismo Jesús dice que "para que creáis". En la vida nos encontramos en situaciones personales y sociales en las que el silencio de Dios nos desconcierta. Pero eso no ha de llevarnos a dudar de su amor, sino a pedirle que aumente nuestra fe.


* No podemos evitar el dolor ni las lágrimas, como les sucede a María y Marta. Jesús llora con ellas. Su corazón de carne es sensible a todo sufrimiento humano. Nos acompaña en todos los momentos de la vida, y nos sostiene en os más difíciles si nos apoyamos en él. Quiere que, como él, sepamos que el Padre siempre nos escucha; nunca nos deja solos.


* Por la fuerza de la Palabra de Jesús, Lázaro ha salido de la oscuridad y de la muerte y ha comenzado una vida de luz plena. Jesús sigue gritándonos con fuerza e invitándonos a la vida plena, llena de sentido, a una vida de entrega.

Nosotros creemos, como Marta, en la resurrección, en que Jesús “es el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Esta fe en Cristo debe transformarnos, manifestarse en un amor generoso hacia los demás, y alimentar nuestra esperanza de alcanzar la resurrección cuando acabe nuestro peregrinar por el mundo.


* Jesús, qué magnífica tu reacción ante la noticia de la muerte de tu amigo Lázaro: como Dios tenías poder para resucitarlo, como hombre llorabas por la muerte del amigo.

Te entristece mi pecado, pero sigues amándome y ese amor redentor es el que me saca de la muerte espiritual. Gracias, Jesús, por tus lágrimas. Y gracias por la Vida que eres y que das.


* María, que la llamada de tu Hijo resuene en mis oídos. Y yo no los cierre nunca a su enseñanza y a sus consejos.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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viernes, 15 de marzo de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA (17-3-2013)

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El texto es de Jn 8,1-11 y dice lo siguiente:


En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?”. Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha acusado?”. Ella contestó: “Ninguno, Señor”. Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.

* El evangelio de hoy nos enseña que Jesús viene a salvar al pecador y no a condenarlo. Sólo esto ya nos llena de consuelo y debería movernos a un deseo más profundo de conversión.
La mujer adúltera se acercó con miedo a Jesús, arrastrada por los escribas y fariseos que querían lapidarla, y se alejó de su lado totalmente renovada. El cambio lo produjo el encuentro con Jesús, el encuentro entre la “miseria y la misericordia”.
La actitud de Jesús contrasta con la de aquellos que se decían defensores de la ley divina y de las buenas costumbres. Jesús humaniza toda relación desde la misericordia y el perdón.

* En la mujer adúltera podemos vernos reflejados nosotros, mujeres y hombres impuros, que nos movemos por intereses egoístas. O también podemos sentirnos revestidos de la hipocresía de quien juzga y condena al prójimo.
Lo verdaderamente cristiano es el amor misericordioso, y el perdón que invita a la conversión, a una nueva vida en espíritu y verdad.


* La mujer pecadora conoció verdaderamente a Jesús porque experimentó su misericordia. Quien no conoce el amor de Jesús no sabe verdaderamente quién es. Debemos aprovechar este tiempo de Cuaresma para acercarnos a Jesús, a través del sacramento de la penitencia, y reconocer nuestros pecados. En el sacramento no sólo se nos perdonarán los pecados sino conoceremos a Jesús con mayor profundidad. Y una vez que nos hayamos renovado interiormente podemos tener misericordia con los demás.


* Jesús compasivo y misericordioso, que defiende a los débiles y salva a los pecadores. Me siento abatido por el peso de mi pecado, de mis tibiezas, de mi falta de caridad fraterna. Aleja de mi corazón todo juicio y condenación. Sé que no soy digno de acercarme a Ti, pero mi alma te necesita. Déjame estar en Ti.
María, ábreme el oído a las palabras de tu Hijo: Anda, y en adelante no peques más.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.



Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 22 de marzo de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA (25-3-2012)

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El texto evangélico es de Jn 2, 20-33 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: Señor, quisiéramos ver a Jesús. Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. Jesús les contestó: Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no caer en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Lo he glorificado y volveré a glorificarlo. La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel. Jesús tomó la palabra y dijo: esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí. Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir”.



* Jesús plantea su pasión y muerte como una glorificación. Es el grano de trigo que ha de ser enterrado para dar fruto abundante.
La hora de Jesús es la hora de su pasión, y su pasión es su glorificación; glorificación que paradójicamente culminará en la cruz.
La hora de Jesús se cumple en su entrega total. Jesús no vivió para Él, y luego, al final se entrega a los demás. Toda su vida es una entrega a los hombres y una obediencia filial al amor de Dios. Éste es también el camino del discípulo.


* Señor, hazme comprender que mi hora también debe ser como la tuya, la de la entrega sin cálculos, la del amor hasta el extremo, la de la ternura a manos llenas, la del perdón sin condiciones.
Señor, al ser elevado en la cruz me atraes poderosamente hacia ti, a pesar de mis debilidades y mis traiciones. Quiero aborrecer mis pecados, quiero servirte y seguirte hasta la cruz.

* Al final de la Cuaresma debo preguntarme qué frutos he conseguido: ¿me he desprendido del amor a mí mismo para complacerme en el amor a Dios y al prójimo? , ¿he cumplido mis compromisos cuaresmales?
A las puertas de la Semana Santa, la liturgia de hoy nos invita a purificar nuestro amor. No basta con un encuentro superficial, como parece que pretendían aquellos extranjeros, sino que hay que entrar en el corazón de Jesús, huyendo de todo sentimentalismo, para experimentar el amor que Dios nos tiene.

* María, pongo a tus pies el deseo de conocer mejor a tu Hijo, de seguir sus pasos en todos los momentos de mi vida, de vivir en comunión con Él, de hacerme semejante a Él.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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miércoles, 6 de abril de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA (10-4-2011)


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El texto evangélico es de Jn 11, 3-7. 17. 20-27. 34-45 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo las hermanas de Lázaro le enviaron recado a Jesús diciendo: ---Señor, tu amigo está enfermo. Al oírlo, Jesús comentó: ---Esta enfermedad no ha de acabar en la muerte; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Jesús era amigo de Marta, de su hermana y de Lázaro. Sin embargo cuando oyó que estaba enfermo, prolongó su estancia dos días en el lugar. Después dice a los discípulos: ---Vamos a volver a Judea. Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Cuando Marta oyó que Jesús llegaba, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Marta dijo a Jesús: ---Si hubieras estado aquí, Señor, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que lo que pidas, Dios te lo concederá. Le dice Jesús: ---Tu hermano resucitará. Le dice Marta: ---Sé que resucitará en la resurrección del último día. Jesús le contestó: ---Yo soy la resurrección y la vida. Quien cree en mí, aunque muera, vivirá; y quien vive y cree en mí no morirá para siempre. ¿Lo crees? Le contestó: ---Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que había de venir al mundo. Jesús se estremeció por dentro y dijo muy conmovido: ---¿Dónde lo habéis puesto? Le dicen: ---Ven, Señor, y lo verás. Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban: ---¡Cómo lo quería! Pero algunos decían: ---El que abrió los ojos al ciego, ¿no pudo impedir que éste muriera? Jesús, estremeciéndose de nuevo, se dirigió al sepulcro. Era una caverna con una piedra delante. Jesús dice: ---Retirad la piedra. Le dice Marta, la hermana del difunto: ---Señor, ya huele, pues lleva cuatro días muerto. Le contesta Jesús: ---¿No te dije que si crees, verás la gloria de Dios? Retiraron la piedra. Jesús alzó la vista al cielo y dijo: ---Te doy gracias, Padre, porque me has escuchado. Yo sé que siempre me escuchas, pero lo he dicho por la gente que me rodea, para que crean que tú me enviaste. Dicho esto, gritó con fuerte voz: ---Lázaro, sal afuera. Salió el muerto con los pies y las manos sujetos con vendas y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: ---Desatadlo y dejadlo ir. Muchos judíos que habían ido a visitar a María y vieron lo que hizo creyeron en él.”


* Acercándonos ya al final de la Cuaresma, vemos que el evangelio de hoy contiene una llamada a la esperanza. La Pascua de Cristo tiene el poder para devolver la vida a todo hombre. Lázaro ya lleva cuatro días enterrado y Jesús lo resucita. Es una imagen de la resurrección gloriosa que Dios reserva a sus elegidos, pero también de que verdaderamente somos liberados ya en esta vida del peso de nuestros pecados, de que podemos recuperar la vida de la gracia, aunque hayamos pecado.

* Porque cada uno de nosotros, como Lázaro es un amigo del Señor, objeto de su amor y causa de dolor en su corazón cuando le ofendemos con nuestra culpas. Y como amigo del Señor, tengo que aprender a tratarlo con la confianza con que se tratan los amigos.

* Por la fuerza de la Palabra de Jesús, Lázaro ha salido de la oscuridad y de la muerte y ha comenzado una vida de luz plena. Jesús sigue gritándonos con fuerza e invitándonos a la vida plena, llena de sentido, a una vida de entrega.

* Nosotros creemos, como Marta, en la resurrección, en que Jesús “es el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo”. Esta fe en Cristo debe transformarnos, manifestarse en un amor generoso hacia los demás, y alimentar nuestra esperanza de alcanzar la resurrección cuando acabe nuestro peregrinar por el mundo.

* Jesús, qué magnífica tu reacción ante la noticia de la muerte de tu amigo Lázaro: como Dios tenías poder para resucitarlo, como hombre llorabas por la muerte del amigo.

* Te entristece mi pecado, pero sigues amándome y ese amor redentor es el que me saca de la muerte espiritual. Gracias, Jesús, por tus lágrimas. Y gracias por la Vida que eres y que das.

* María, que la llamada de tu Hijo resuene en mis oídos. Y yo no los cierre nunca a su enseñanza y a sus consejos.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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jueves, 18 de marzo de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA


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En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba. Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio, y, colocándola en medio, le dijeron: “Maestro, esta  mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos  manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?”. Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo. Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo. Como insistían en preguntarle, se incorporó y loes dijo: “El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra”. E inclinándose otra vez, siguió escribiendo. Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo  uno a uno, empezando por los más viejos. Y quedó solo Jesús, con la mujer, en medio, que seguía allí delante. Jesús se incorporó y le preguntó: “Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha acusado?”. Ella contestó: “Ninguno, Señor”. Jesús dijo: “Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más”.

* La actitud de Jesús contrasta con la de aquellos que se decían defensores de la ley divina y de las buenas costumbres. Jesús humaniza toda relación desde la misericordia y el perdón. El texto es de Jn 8,1-11 y dice lo siguiente:
Jesús no viene a condenar sino a salvar incluso lo insalvable.

* En la mujer adúltera podemos vernos reflejados nosotros, mujeres y hombres impuros, que nos movemos por intereses egoístas. O también podemos sentirnos revestidos de la hipocresía de quien juzga y condena al prójimo.
Lo verdaderamente cristiano es el amor misericordioso, y el perdón que invita a la conversión, a una nueva vida en espíritu y verdad.

* Jesús compasivo y misericordioso, que defiende a los débiles y salva a los pecadores. Me siento abatido por el peso de mi pecado, de mis tibiezas, de mi falta de caridad fraterna. Aleja de mi corazón todo juicio y condenación. Sé que no soy digno de acercarme a Ti, pero mi alma te necesita. Déjame estar en Ti.
María, ábreme el oído a las palabras de tu Hijo: Anda, y en adelante no peques más.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.