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viernes, 10 de junio de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO C – (12-6-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 16,12-15.


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.”


MISERICORDIA Y SABIDURÍA

“El Señor me estableció al principio de sus tareas, al comienzo de sus obras antiquísimas” (Prov 8,22). Esas palabras del libro bíblico de los Proverbios se refieren a la Sabiduría de Dios. Personificada, ella canta sus orígenes y proclama su papel en la creación de los mundos.

En este himno estupendo, la Sabiduría va evocando las obras admirables que salen de las manos de Dios. Todo ha sido creado con una sabiduría que, en realidad, se identifica con el amor, la providencia y la misericordia de Dios.

En este poema hay una idea que nos llama especialmente la atención. No es la Sabiduría la que dirige a Dios. Ella ha sido también formada por Dios. Es más, ella asiste al comienzo de los mundos no como una maestra. Estaba junto a Dios “como aprendiz”. Y, al mismo tiempo, “gozaba con los hijos de los hombres”. La Sabiduría es puente que nos une a Dios.


ENTREGA Y DONACIÓN

La carta de San Pablo a los Romanos nos lleva a pensar que ese puente es Jesucristo. Por él estamos unidos a Dios. Y por medio de él hemos recibido la fe y la esperanza, Pero aún hay algo más, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado” (Rom 5,5).

He ahí que, de pronto, se abre ante nuestros ojos el misterio de la Trinidad de Dios. El Padre es Dios. El Hijo es Dios. El Espíritu Santo es Dios. No son tres dioses. Es la maravilla de la comunidad de Dios. El Dios de la paz, nos hace justos por medio de Jesucristo y derrama sobre nosotros el amor por medio del Espíritu. La Trinidad es dinamismo, actividad y entrega.

El evangelio que se proclama en esta fiesta de la Santísima Trinidad (Jn 16,12-15) nos lleva una vez más al contexto de la última cena. El mensaje de Jesús nos remite a su origen: “Todo lo que tiene el Padre es mío”. El Espíritu tomará de lo que pertenece a ambos y se lo comunicará a los discípulos. La Trinidad se hace donación y enseñanza, verdad y vida.


LA ÚLTIMA LECCIÓN

Como buen Maestro, Jesús dice a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora. Cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, os guiará hasta la verdad plena”. ¿Qué nos dicen estas palabras?

• En primer lugar, nos enseñan que aceptar el mensaje de Jesús requiere una preparación por parte del oyente. El Señor ha previsto una pedagogía especial para que pueda ser escuchado, aceptado y vivido.

• En segundo lugar, se nos presenta el Espíritu de la Verdad. Con eso aprendemos que nuestras verdades no siempre son fáciles de creer, de proclamar y de vivir. La fe es un don, pero ese don supone una preparación y exige una respuesta.

• En tercer lugar, se nos anuncia la posibilidad y la alegría de llegar a la verdad plena. Así descubrimos que nuestra vida ha de estar marcada por la esperanza. Vamos haciendo camino, guiados por la luz del Espíritu que nos descubre la sabiduría y la misericordia de Dios.

- Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y por la eternidad de gloria que nos ha sido prometida. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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domingo, 30 de mayo de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO B – (30-5 2021)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20


“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».”



TRINIDAD Y COMUNIÓN

“Reconoce hoy y medita en tu corazón que el Señor es el único Dios allá arriba en el cielo y aquí abajo, en la tierra, no hay otro” Estas palabras que hoy se proclaman en la primera lectura (Dt 4,39) tienen validez para todo tiempo y lugar.

Esa es la cuestión fundamental: preguntarnos quién es nuestro Dios y a quién dedicamos nuestra atención y nuestra adoración. A veces alguien dice que ha pedido a Dios tal o cual favor, pero, como no lo ha conseguido, ha dejado de creer en Dios.

En efecto, son muchos los que se dirigen a Dios pidiendo: “Te ruego que me des tal cosa.”. Pero son pocos los que se dirigen a Dios diciendo: “Te adoro y te amo porque eres Dios y me amas”.

Sin embargo, san Pablo nos recuerda: “Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios esos son hijos de Dios” (Rom 8,14). En ese contexto resume él nuestra fe en la Trinidad. El Espíritu atestigua que somos hijos de Dios y coherederos con Cristo.


TRES PALABRAS

El texto del evangelio que se proclama en esta fiesta (Mt 28,16-20) nos lleva de nuevo hasta el monte en que Jesús ha dado cita a sus discípulos. Es la hora de la despedida, que se concreta en tres palabras que orientan y sostienen nuestra misión: una revelación, un encargo y una promesa.

• En primer lugar, Jesús se presenta ante los suyos como quien ha recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Evidentemente Jesús desmiente las palabras del diablo, que pretendía haber recibido el poder y la gloria de los reinos de este mundo (Lc 4,6).

• Además, Jesús considera ya preparados a sus discípulos y los envía en su nombre con una misión de alcance universal.

• Finalmente, Jesús les promete su asistencia constante. El que había sido anunciado como el Emmanuel, o “Dios con nosotros” (Mt 1,23) está dispuesto a mantener aquella identidad al decir: “Yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos”.


LA CONTRASEÑA

En la misión encomendado a los discípulos, Jesús les pide que bauticen a las gentes “en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. Esa referencia a la Trinidad es la contraseña exclusiva de la vida cristiana.

• San Agustín escribió: “Ves la Trinidad si ves el amor”. Efectivamente, el amor de las tres personas divinas es su auténtica revelación. Y es la invitación para todos los creyentes.

• San Juan de Ávila predicaba que produce admiración y espanto “ver el cuidado que toda la Santísima Trinidad tiene y el amor tan grande con que anda tras el hombre”.

• El papa Francisco nos ha dicho que “la Trinidad es comunión de personas divinas, las cuales son una con la otra, una para la otra y una en la otra: esta comunión es la vida de Dios, el misterio de amor del Dios vivo… No estamos llamados a vivir los unos sin los otros, por encima o contra los demás, sino los unos con los otros, por los otros y en los otros”.

- Señor y Dios nuestro, fuente del amor y de la vida en comunidad, que la misión que nos ha sido encomendada haga presente en el mundo ese amor del que venimos y al que aspiramos a lo largo de toda nuestra existencia. Amén.

José-Román Flecha Andrés.
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sábado, 6 de junio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO A – (7-6-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18


“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.”



LOS DONES DE DIOS

“El Señor, el Señor: un Dios clemente y misericordioso, paciente, lleno de amor y fiel” (Ex 34,7). Así se presenta y se califica el mismo Dios en un momento especialmente dramático.

Adorando a un becerro de oro, el pueblo de Israel había quebrantado la alianza que Dios le había dispensado. Al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, Moisés lanzó contra las rocas las dos tablas de piedra en que estaban escritos los mandamientos.

Ahora Moisés vuelve a subir al monte Sinaí con las nuevas tablas de piedra, que sustituyen a las antiguas. El Señor se muestra benigno, compasivo y dispuesto a renovar la alianza. A Moisés solo le queda pedir al Señor que acompañe a su pueblo, aunque sea un pueblo obcecado.

Al final de la primera carta a los Corintios, san Pablo desea que el Dios Trinidad derrame sobre los fieles tres dones sagrados: la gracia de Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo (2Cor 13,11-13).


LA CONDENA

El evangelio que se proclama en esta fiesta de la Santísima Trinidad recoge una parte de los comentarios que el evangelista añade a las palabras que Jesús dirige a Nicodemo (Jn 3,16-18). En este breve texto llaman la atención las alusiones a la condenación.

• “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo”. Es bueno comenzar con esa afirmación. La misión de Jesús no tiene por objeto la condenación de este mundo. Bastaría saber que Jesús pasó por el mundo haciendo el bien.

• “El que cree en él no será condenado”. La fe en Jesucristo no se reduce a la afirmación de algunas verdades abstractas. Tampoco se limita a regular algunos ritos o ceremonias. Creer en Jesús es aceptarlo como Salvador. ¿Cómo va a ser condenado quien se identifica con él?

• “El que no cree en él ya está condenado”. Nadie será condenado por no haber creído en Jesucristo. El mismo rechazo del Salvador ya es en sí mismo una lamentable condenación. Lo penoso de rechazar su Luz es haber elegido vivir en la tiniebla.


Y LA SALVACIÓN

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). La primera parte del texto evangélico de hoy es un maravilloso ventanal que nos abre al horizonte de los grandes dones de Dios:

• El amor de Dios al mundo.” ¿Es que Dios puede dejar de amar al mundo que ha creado para derramar sobre él su bondad? El amor de Dios sostiene el mundo material y, más aún, el mundo social en el que nos insertamos.

• La entrega de Jesús y la fe. Si el amor de Dios se muestra en la creación y en la providencia, se revela sobre todo en el envío de su Hijo. Creer es aceptarlo como Señor y Salvador de nuestra existencia.

• La vida eterna. La vida es el primero de los dones de Dios. La vida humana ha de ser acogida con gratitud y responsabilidad. Pero saber que nuestra vida puede ser eterna en Dios es el mayor premio a esa fe, que también nos ha sido dada.

- “Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”.

José-Román Flecha Andrés.
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sábado, 15 de junio de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO C – (16-6-2019)

JUAN 16, 12-15.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir. Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que toma de lo mío y os lo anunciará».”


El creyente, la persona religiosa es aquella que yendo un poco más allá de lo que se ve, es capaz de descubrir a Dios, es capaz de vivir convencido de que nuestro mundo, nuestra realidad, no la mueve sólo el azar, si no que hay alguien más allá que ha puesto y pone en marcha todo esto. Las distintas religiones son una muestra de ello. Pero los cristianos, estando dentro de esta tendencia general, confesamos que en nuestra fe hay algo distinto. Ya no es que nosotros intentemos conocer a Dios como buenamente podamos, sino que Dios mismo ha tomado la iniciativa y se nos ha dado a conocer, habida cuenta de nuestra radical incapacidad para llegar hasta Él. Y lo ha hecho por medio de Jesús, de sus palabras, de sus enseñanzas, de su trato con la gente, de su dedicación al Reino, de su muerte y de su resurrección. Gracias a Jesús hemos conocido de cerca a ese Dios, y podemos establecer con Él un trato personal, algo no sólo impensable, sino escandaloso para otras religiones.

La Iglesia nos presenta en este domingo la fiesta de la Trinidad, ese profundo misterio asumido solamente desde la fe, no hay otro camino: tres personas distintas y un solo Dios. Cada vez que nos reunimos el Día del Señor para celebrar la Eucaristía, celebramos el acontecimiento pascual, que no es otro que la muerte y resurrección de Cristo que nos ha salvado. Celebramos también el amor de Dios que nos quiere y da su vida por nosotros; un amor que hoy miramos desde una perspectiva distinta, la trinitaria. Jesús nos revela el misterio de Dios, el rostro de Dios, nos acerca a él, y nos dice:

- Que Dios es, antes que nada y por encima de todo, Padre; o mejor dicho, que esa es la actitud que Dios tiene con toda la humanidad: la de ser Padre amoroso. El Dios juez, castigador, lejano… ha desaparecido. Ahora, en lugar de eso hay un Padre, algo que nosotros ni nos imaginábamos. Un Dios que dice de sí mismo “aunque tu padre y tu madre te abandonaran, yo no te abandonaré jamás”. Ésta es la primera perspectiva desde la que hoy podemos mirar al Dios que nos ama. A lo largo del año litúrgico, en las lecturas dominicales, hemos tenido muchas ocasiones de comprobarlo.

- Pero ese Dios amor, no es un Dios que ha decidido quedarse en el cielo, nos ama tanto que ha decidido hacerse cercano y dejarnos pronunciar su nombre JESÚS, nos ha dejado ver su rostro, el de Jesús de Nazaret. Es el Dios hecho hijo que da su vida por todos y cada uno de nosotros. Es el Dios que ha acortado tanto la distancia con nosotros que se ha hecho uno de los nuestros, es un Hijo hecho hombre que nos indica el camino para llegar a la verdad, a la libertad y a la vida.

- Y ese Dios que sigue amándonos decide entregarnos su propio espíritu, su propio aliento para que viviera en nuestros corazones. Porque los hombres somos pequeños, pobres y débiles, y necesitamos una buena ayuda para ponernos a trabajar y dar la talla de lo que Dios espera de nosotros; y esa ayuda nos la da el mismo Dios siendo para nosotros el Espíritu Santo que nos anima, nos guía y nos ayuda a descubrir la voluntad de Dios y a vivir de acuerdo con ella.

Podríamos discutir largo tiempo sobre lo poco o lo mucho que sabemos de la Trinidad. Más bien poco. Lo importante es que Dios se preocupa de nosotros y de todo lo nuestro, que el Padre se va revelando a los hombres, interesado y preocupado por nuestros problemas, que el Hijo se hizo hombre y predicó el Reino de Dios, y que el Espíritu deja sentir su fuerza en el corazón de quienes se abren a Dios con confianza.

La Trinidad no es una teoría compleja, sino la revelación del misterio de Dios, para que nos sepamos amados, acompañados y guiados… para que nos sepamos llamados a la vida… y para que nos sepamos hijos y hermanos de todos.

En este Domingo de la Santísima Trinidad, en el que nos sentimos queridos por este Dios Trino, revisamos de nuevo cómo nos queremos entre nosotros, cómo hacemos realidad ese amor que Dios nos tiene. Pedimos de nuevo por los que estamos aquí reunidos en la celebración dominical, y recordamos especialmente a todos los enfermos, a los que sufren o están solos.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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viernes, 25 de mayo de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO B – (27-5-2018)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20


“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».”



LO ESENCIAL DEL CREDO


… en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

A lo largo de los siglos, los teólogos cristianos han elaborado profundos estudios sobre la Trinidad. Sin embargo, bastantes cristianos de nuestros días no logran captar qué tienen que ver con su vida esas admirables doctrinas.

Al parecer, hoy necesitamos oír hablar de Dios con palabras humildes y sencillas, que toquen nuestro pobre corazón, confuso y desalentado, y reconforten nuestra fe vacilante. Necesitamos, tal vez, recuperar lo esencial de nuestro credo para aprender a vivirlo con alegría nueva.

«Creo en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra». No estamos solos ante nuestros problemas y conflictos. No vivimos olvidados Dios es nuestro «Padre» querido. Así lo llamaba Jesús y así lo llamamos nosotros. Él es el origen y la meta de nuestra vida. Nos ha creado a todos sólo por amor, y nos espera a todos con corazón de Padre al final de nuestra peregrinación por este mundo.

Su nombre es hoy olvidado y negado por muchos. Nuestros hijos se van alejando de él, y los creyentes no sabemos contagiarles nuestra fe, pero Dios nos sigue mirando a todos con amor. Aunque vivamos llenos de dudas, no hemos de perder la fe en un Dios Creador y Padre pues habríamos perdido nuestra última esperanza.

«Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor». Es el gran regalo que Dios ha hecho al mundo. Él nos ha contado cómo es el Padre. Para nosotros, Jesús nunca será un hombre más. Mirándolo a él, vemos al Padre: en sus gestos captamos su ternura y comprensión. En él podemos sentir a Dios humano, cercano, amigo.

Este Jesús, el Hijo amado de Dios, nos ha animado a construir una vida más fraterna y dichosa para todos. Es lo que más quiere el Padre. Nos ha indicado, además, el camino a seguir: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo». Si olvidamos a Jesús, ¿quién ocupará su vacío?, ¿quién nos podrá ofrecer su luz y su esperanza?

«Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida». Este misterio de Dios no es algo lejano. Está presente en el fondo de cada uno de nosotros. Lo podemos captar como Espíritu que alienta nuestras vidas, como Amor que nos lleva hacia los que sufren. Este Espíritu es lo mejor que hay dentro de nosotros.

José Antonio Pagola
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viernes, 9 de junio de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO A – (11-6-2017)

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18


“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.”



CONFIAR EN DIOS


El esfuerzo realizado por los teólogos a lo largo de los siglos para exponer con conceptos humanos el misterio de la Trinidad apenas ayuda hoy a los cristianos a reavivar su confianza en Dios Padre, a reafirmar su adhesión a Jesús, el Hijo encarnado de Dios, y a acoger con fe viva la presencia del Espíritu de Dios en nosotros.

Por eso puede ser bueno hacer un esfuerzo por acercarnos al misterio de Dios con palabras sencillas y corazón humilde siguiendo de cerca el mensaje, los gestos y la vida entera de Jesús: misterio del Hijo de Dios encarnado.

El misterio del Padre es amor entrañable y perdón continuo. Nadie está excluido de su amor, a nadie le niega su perdón. El Padre nos ama y nos busca a cada uno de sus hijos e hijas por caminos que sólo él conoce. Mira a todo ser humano con ternura infinita y profunda compasión. Por eso, Jesús lo invoca siempre con una palabra: “Padre”.

Nuestra primera actitud ante ese Padre ha de ser la confianza. El misterio último de la realidad, que los creyentes llamamos “Dios”, no nos ha de causar nunca miedo o angustia: Dios solo puede amarnos. Él entiende nuestra fe pequeña y vacilante. No hemos de sentirnos tristes por nuestra vida, casi siempre tan mediocre, ni desalentarnos al descubrir que hemos vivido durante años alejados de ese Padre. Podemos abandonarnos a él con sencillez. Nuestra poca fe basta.

También Jesús nos invita a la confianza. Estas son sus palabras: “No viváis con el corazón turbado. Creéis en Dios. Creed también en mí”. Jesús es el vivo retrato del Padre. En sus palabras estamos escuchando lo que nos dice el Padre. En sus gestos y su modo de actuar, entregado totalmente a hacer la vida más humana, se nos descubre cómo nos quiere Dios.

Por eso, en Jesús podemos encontrarnos en cualquier situación con un Dios concreto, amigo y cercano. Él pone paz en nuestra vida. Nos hace pasar del miedo a la confianza, del recelo a la fe sencilla en el misterio último de la vida que es solo Amor.

Acoger el Espíritu que alienta al Padre y a su Hijo Jesús, es acoger dentro de nosotros la presencia invisible, callada, pero real del misterio de Dios. Cuando nos hacemos conscientes de esta presencia continua, comienza a despertarse en nosotros una confianza nueva en Dios.

Nuestra vida es frágil, llena de contradicciones e incertidumbre: creyentes y no creyentes, vivimos rodeados de misterio. Pero la presencia, también misteriosa del Espíritu en nosotros, aunque débil, es suficiente para sostener nuestra confianza en el Misterio último de la vida que es solo Amor.

José Antonio Pagola

viernes, 20 de mayo de 2016

EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO C – (22-5-2016)

Lectura del santo evangelio según san Juan 16,12-15


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues lo que hable no será suyo: hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir.

Él me glorificará, porque recibirá de mí lo que os irá comunicando.

Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso os he dicho que tomará de lo mío y os lo anunciará.”



MISTERIO DE BONDAD

A lo largo de los siglos, los teólogos se han esforzado por investigar el misterio de Dios ahondando conceptualmente en su naturaleza y exponiendo sus conclusiones con diferentes lenguajes. Pero, con frecuencia, nuestras palabras esconden su misterio más que revelarlo. Jesús no habla mucho de Dios. Nos ofrece sencillamente su experiencia.

A Dios Jesús lo llama “Padre” y lo experimenta como un misterio de bondad. Lo vive como una Presencia buena que bendice la vida y atrae a sus hijos e hijas a luchar contra lo que hace daño al ser humano. Para él, ese misterio último de la realidad que los creyentes llamamos “Dios” es una Presencia cercana y amistosa que está abriéndose camino en el mundo para construir, con nosotros y junto a nosotros, una vida más humana.

Jesús no separa nunca a ese Padre de su proyecto de transformar el mundo. No puede pensar en él como alguien encerrado en su misterio insondable, de espaldas al sufrimiento de sus hijos e hijas. Por eso, pide a sus seguidores abrirse al misterio de ese Dios, creer en la Buena Noticia de su proyecto, unirnos a él para trabajar por un mundo más justo y dichoso para todos, y buscar siempre que su justicia, su verdad y su paz reinen cada vez más en entre nosotros.

Por otra parte, Jesús se experimenta a sí mismo como “Hijo” de ese Dios, nacido para impulsar en la tierra el proyecto humanizador del Padre y para llevarlo a su plenitud definitiva por encima incluso de la muerte. Por eso, busca en todo momento lo que quiere el Padre. Su fidelidad a él lo conduce a buscar siempre el bien de sus hijos e hijas. Su pasión por Dios se traduce en compasión por todos los que sufren.

Por eso, la existencia entera de Jesús, el Hijo de Dios, consiste en curar la vida y aliviar el sufrimiento, defender a las víctimas y reclamar para ellas justicia, sembrar gestos de bondad, y ofrecer a todos la misericordia y el perdón gratuito de Dios: la salvación que viene del Padre.

Por último, Jesús actúa siempre impulsado por el “Espíritu” de Dios. Es el amor del Padre el que lo envía a anunciar a los pobres la Buena Noticia de su proyecto salvador. Es el aliento de Dios el que lo mueve a curar la vida. Es su fuerza salvadora la que se manifiesta en toda su trayectoria profética.

Este Espíritu no se apagará en el mundo cuando Jesús se ausente. Él mismo lo promete así a sus discípulos. La fuerza del Espíritu los hará testigos de Jesús, Hijo de Dios, y colaboradores del proyecto salvador del Padre. Así vivimos los cristianos prácticamente el misterio de la Trinidad.

José Antonio Pagola
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sábado, 30 de mayo de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO :SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (31-5-2015)

DIA PRO ORANTIBUS (CONTEMPLATIVOS)

El texto evangélico es de Mt 28, 16-20 y dice lo siguiente:



“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesus les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesus les dijo: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”

* La vida cristiana empieza en el nombre de la Trinidad, en el momento de ser bautizados. También así, invocando a la Trinidad, comienza y termina la eucaristía, cuando el sacerdote despide a los asistentes. En el nombre de la Trinidad nos santiguamos, oramos, confesamos nuestra fe con el credo, bendecimos, celebramos y recibimos el perdón.

La Trinidad es un misterio, y para comprender este misterio necesitamos la fe; por eso debemos pedir al Señor que aumente nuestra fe para acercarnos a éste y a otros misterios del cristianismo.

Hoy celebramos el misterio de la Trinidad que es un misterio de comunión y de amor. La Trinidad es Dios en nosotros (Espíritu), Dios con nosotros (Hijo) y Dios por encima de nosotros (Padre).

El Espíritu es Dios en nosotros: actúa en nuestros corazones para aceptar la palabra de Dios, nos reúne en torno al Hijo y anima las oraciones que dirigimos al Padre. Él ha sido derramado en nuestros corazones y es más íntimo a nosotros que nosotros mismos.

La Trinidad es el misterio de la unidad en la pluralidad. Hay un solo Dios pero son tres Personas distintas; cada una de ellas es plenamente Dios y tienen la misma naturaleza; no pueden confundirse ni tampoco separarse.

El Dios-amor, además de Padre se hace Hijo y Espíritu Santo. Nuestro Dios es Padre, con rasgos maternos, que se derrama sobre todas sus criaturas. Nuestro Dios es Hijo, que es palabra, promesa hecha concreta realidad que nos redime y salva. Nuestro Dios es Espíritu de vida que se hace para nosotros aliento y acogida en medio de las dificultades y los obstáculos. Su Trinidad se resume en la expresión Dios-amor.


* El amor transmite la Trinidad. Este es el mensaje que Jesus manda a los apóstoles proclamar a los cuatro vientos. De la Trinidad brota la fuerza del apostolado como fuerza del amor que debemos comunicar a todos. Amor misericordioso del Padre, amor entregado del Hijo, amor que se derrama y transmite en el Espíritu Santo. Amor en plenitud, amor insondable y a la vez cercano a nosotros, que se complace en que el hombre viva y pueda participar de la verdadera felicidad. Amor que, como Jesús, debemos manifestar en nuestras acciones a los demás; amor generoso y constante que debe alimentarse del mismo amor de Dios que él nos da.


* Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: quiero vivir siempre consciente de que los tres habéis venido a mí y habéis hecho morada en mi vida. ¡Que jamás os pierda por el pecado! ¡Qué viva cada día pendiente de vuestra presencia! ¡Que toda mi vida sea una alabanza de vuestra gloria!


* María, que trate de imitar la vida de la Santísima Trinidad, amándonos entre nosotros como se aman entre sí Padre, Hijo y Espíritu Santo; y sintiendo que he sido creado como un don para quien está a mi lado, y el que está a mi lado ha sido creado por Dios como un don para mí.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 12 de junio de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (15-6-2014)

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DIA PRO ORANTIBUS (CONTEMPLATIVOS)



El texto evangélico es de Jn 3, 16-18 y dice lo siguiente:


“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios.”



* La vida cristiana empieza en el nombre de la Trinidad, en el momento de ser bautizados. También así, invocando a la Trinidad, comienza y termina la eucaristía, cuando el sacerdote despide a los asistentes. En el nombre de la Trinidad nos santiguamos, oramos, confesamos nuestra fe con el credo, bendecimos, celebramos y recibimos el perdón.

La Trinidad es un misterio, y para comprender este misterio necesitamos la fe; por eso debemos pedir al Señor que aumente nuestra fe para acercarnos a éste y a otros misterios del cristianismo.

Hoy celebramos el misterio de la Trinidad que es un misterio de comunión y de amor. La Trinidad es Dios en nosotros (Espíritu), Dios con nosotros (Hijo) y Dios por encima de nosotros (Padre).

El Espíritu es Dios en nosotros: actúa en nuestros corazones para aceptar la palabra de Dios, nos reúne en torno al Hijo y anima las oraciones que dirigimos al Padre. Él ha sido derramado en nuestros corazones y es más íntimo a nosotros que nosotros mismos.

La Trinidad es el misterio de la unidad en la pluralidad. El Dios-amor, además de Padre se hace Hijo y Espíritu Santo. Nuestro Dios es Padre, con rasgos maternos, que se derrama sobre todas sus criaturas. Nuestro Dios es Hijo, que es palabra, promesa hecha concreta realidad que nos redime y salva. Nuestro Dios es Espíritu de vida que se hace para nosotros aliento y acogida en medio de las dificultades y los obstáculos. Su Trinidad se resume en la expresión Dios-amor.


* El amor transmite la Trinidad. Este es el mensaje que Jesús manda a los apóstoles proclamar a los cuatro vientos. De la Trinidad brota la fuerza del apostolado como fuerza del amor que debemos comunicar a todos. Amor misericordioso del Padre, amor entregado del Hijo, amor que se derrama y transmite en el Espíritu Santo. Amor en plenitud, amor insondable y a la vez cercano a nosotros, que se complace en que el hombre viva y pueda participar de la verdadera felicidad. Amor que, como Jesús, debemos manifestar en nuestras acciones a los demás; amor generoso y constante que debe alimentarse del mismo amor de Dios que él nos da.


* Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: quiero vivir siempre consciente de que los tres habéis venido a mí y habéis hecho morada en mi vida. ¡Que jamás os pierda por el pecado! ¡Qué viva cada día pendiente de vuestra presencia! ¡Que toda mi vida sea una alabanza de vuestra gloria!


* María, que trate de imitar la vida de la Santísima Trinidad, amándonos entre nosotros como se aman entre sí Padre, Hijo y Espíritu Santo; y sintiendo que he sido creado como un don para quien está a mi lado, y el que está a mi lado ha sido creado por Dios como un don para mí.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


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jueves, 23 de mayo de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (26-5-2013)

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DIA PRO ORANTIBUS (CONTEMPLATIVOS)

El texto evangélico es de Mt 28, 16-20 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis con ellas por ahora. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena; pues no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que oye y os anunciará el futuro. Él me dará gloria porque recibirá de lo mío y os lo explicará. Todo lo que tiene el Padre es mío, por eso os dije que recibirá de lo mío y os lo explicará.”



* La vida cristiana empieza en el nombre de la Trinidad, en el momento de ser bautizados. También así, invocando a la Trinidad, comienza y termina la eucaristía, cuando el sacerdote despide a los asistentes. En el nombre de la Trinidad nos santiguamos, oramos, confesamos nuestra fe con el credo, bendecimos, celebramos y recibimos el perdón.

La Trinidad es un misterio, y para comprender este misterio necesitamos la fe; por eso debemos pedir al Señor que aumente nuestra fe para acercarnos a éste y a otros misterios del cristianismo.

Hoy celebramos el misterio de la Trinidad que es un misterio de comunión y de amor. La Trinidad es Dios en nosotros (Espíritu), Dios con nosotros (Hijo) y Dios por encima de nosotros (Padre).

El Espíritu es Dios en nosotros: actúa en nuestros corazones para aceptar la palabra de Dios, nos reúne en torno al Hijo y anima las oraciones que dirigimos al Padre. Él ha sido derramado en nuestros corazones y es más íntimo a nosotros que nosotros mismos.

La Trinidad es el misterio de la unidad en la pluralidad. El Dios-amor, además de Padre se hace Hijo y Espíritu Santo. Nuestro Dios es Padre, con rasgos maternos, que se derrama sobre todas sus criaturas. Nuestro Dios es Hijo, que es palabra, promesa hecha concreta realidad que nos redime y salva. Nuestro Dios es Espíritu de vida que se hace para nosotros aliento y acogida en medio de las dificultades y los obstáculos. Su Trinidad se resume en la expresión Dios-amor.


* El amor transmite la Trinidad. Este es el mensaje que Jesus manda a los apóstoles proclamar a los cuatro vientos. De la Trinidad brota la fuerza del apostolado como fuerza del amor que debemos comunicar a todos. Amor misericordioso del Padre, amor entregado del Hijo, amor que se derrama y transmite en el Espíritu Santo. Amor en plenitud, amor insondable y a la vez cercano a nosotros, que se complace en que el hombre viva y pueda participar de la verdadera felicidad.


* Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: quiero vivir siempre consciente de que los tres habéis venido a mí y habéis hecho morada en mi vida. ¡Que jamás os pierda por el pecado! ¡Qué viva cada día pendiente de vuestra presencia! ¡Que toda mi vida sea una alabanza de vuestra gloria!


* María, que trate de imitar la vida de la Santísima Trinidad, amándonos entre nosotros como se aman entre sí Padre, Hijo y Espíritu Santo; y sintiendo que he sido creado como un don para quien está a mi lado, y el que está a mi lado ha sido creado por Dios como un don para mí.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación


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jueves, 31 de mayo de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (3-6-2012)


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DIA PRO ORANTIBUS (CONTEMPLATIVOS)


El texto evangélico es de Mt 28, 16-20 y dice lo siguiente:


 “En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesus les había indicado. Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban. Acercándose a ellos, Jesus les dijo: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo.”



* La vida cristiana empieza en el nombre de la Trinidad, en el momento de ser bautizados. También así, invocando a la Trinidad, comienza y termina la eucaristía, cuando el sacerdote despide a los asistentes. En el nombre de la Trinidad nos santiguamos, oramos, confesamos nuestra fe con el credo, bendecimos, celebramos y recibimos el perdón.
La Trinidad es un misterio, y para comprender este misterio necesitamos la fe; por eso debemos pedir al Señor que aumente nuestra fe para acercarnos a éste y a otros misterios del cristianismo.
Hoy celebramos el misterio de la Trinidad que es un misterio de comunión y de amor. La Trinidad es Dios en nosotros (Espíritu), Dios con nosotros (Hijo) y Dios por encima de nosotros (Padre).
El Espíritu es Dios en nosotros: actúa en nuestros corazones para aceptar la palabra de Dios, nos reúne en torno al Hijo y anima las oraciones que dirigimos al Padre. Él ha sido derramado en nuestros corazones y es más íntimo a nosotros que nosotros mismos.


* El amor transmite la Trinidad. Este es el mensaje que Jesus manda a los apóstoles proclamar a los cuatro vientos. De la Trinidad brota la fuerza del apostolado como fuerza del amor que debemos comunicar a todos. Amor misericordioso del Padre, amor entregado del Hijo, amor que se derrama y transmite en el Espíritu Santo. Amor en plenitud, amor insondable y a la vez cercano a nosotros, que se complace en que el hombre viva y pueda participar de la verdadera felicidad.


* Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: quiero vivir siempre consciente de que los tres habéis venido a mí y habéis hecho morada en mi vida. ¡Que jamás os pierda por el pecado! ¡Qué viva cada día pendiente de vuestra presencia! ¡Que toda mi vida sea una alabanza de vuestra gloria!


* María, que trate de imitar la vida de la Santísima Trinidad, amándonos entre nosotros como se aman entre sí Padre, Hijo y Espíritu Santo; y sintiendo que he sido creado como un don para quien está a mi lado, y el que está a mi lado ha sido creado por Dios como un don para mí.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación


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jueves, 16 de junio de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (19-6-2011)

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El texto evangélico es de Jn 3, 16-18 y dice lo siguiente:

“Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo único, para que quien crea en él no perezca, sino tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él. El que cree en él no es juzgado; el que no cree ya está juzgado, por no creer en el Hijo único de Dios.”

* La vida cristiana empieza en el nombre de la Trinidad, en el momento de ser bautizados. También así, invocando a la Trinidad, comienza y termina la eucaristía, cuando el sacerdote despide a los asistentes. En el nombre de la Trinidad nos santiguamos, oramos, confesamos nuestra fe con el credo, bendecimos, celebramos y recibimos el perdón.

La Trinidad es un misterio, y para comprender este misterio necesitamos la fe; por eso debemos pedir al Señor que aumente nuestra fe para acercarnos a éste y a otros misterios del cristianismo.
Hoy celebramos el misterio de la Trinidad que es un misterio de comunión y de amor. La Trinidad es Dios en nosotros (Espíritu), Dios con nosotros (Hijo) y Dios por encima de nosotros (Padre).

El Espíritu es Dios en nosotros: actúa en nuestros corazones para aceptar la palabra de Dios, nos reúne en torno al Hijo y anima las oraciones que dirigimos al Padre. Él ha sido derramado en nuestros corazones y es más íntimo a nosotros que nosotros mismos.

* Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: quiero vivir siempre consciente de que los tres habéis venido a mí y habéis hecho morada en mi vida. ¡Que jamás os pierda por el pecado! ¡Qué viva cada día pendiente de vuestra presencia! ¡Que toda mi vida sea una alabanza de vuestra gloria!

* María, que trate de imitar la vida de la Santísima Trinidad, amándonos entre nosotros como se aman entre sí Padre, Hijo y Espíritu Santo; y sintiendo que he sido creado como un don para quien está a mi lado, y el que está a mi lado ha sido creado por Dios como un don para mí.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación
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jueves, 27 de mayo de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD (30-5-2010)

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El texto evangélico es de Jn 16, 12-15 y dice lo siguiente:

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis con ellas por ahora. Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena; pues no hablará por su cuenta, sino que dirá lo que oye y os anunciará el futuro. Él me dará gloria porque recibirá de lo mío y os lo explicará. Todo lo que tiene el Padre es mío, por eso os dije que recibirá de lo mío y os lo explicará.

* El mensaje de esta fiesta solemne de la Santísima Trinidad es el de la unidad en la pluralidad. El Dios-amor, además de Padre se hace Hijo y Espíritu Santo.
Nuestro Dios es Padre, con rasgos maternos, que se derrama sobre todas sus criaturas.
Nuestro Dios es Hijo, que es palabra, promesa hecha concreta realidad que nos redime y salva.
Nuestro Dios es Espíritu de vida que se hace para nosotros aliento y acogida en medio de las dificultades y los obstáculos.
Su Trinidad se resume en la expresión Dios-amor.

* Gracias María por tu “fiat” , por haber estado dispuesta a hacer la voluntad de Dios y acoger su don más grande, el de la maternidad divina.

* Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo: te adoro profundamente. Quiero vivir siempre consciente de que los tres habéis venido a mí y habéis hecho morada en mi vida. ¡Que jamás os pierda por el pecado! ¡Que viva cada día consciente, atento y pendiente de vuestra presencia! ¡Que toda mi vida sea una alabanza de vuestra gloria! ¡Que me enseñéis en esta vida a ser tolerante sin perder de vista la verdad, a tender siempre puentes de encuentro entre los hombres y vosotros!


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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