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viernes, 17 de diciembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO – CICLO C – (19-12-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-45

“En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito.

- ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”


EL GRITO DE ISABEL

“Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel” Así comienza la primera lectura que se lee en la misa de este cuarto domingo de Adviento (Mi 5,2). Seguramente el profeta Miqueas recuerda la elección de David por parte del profeta Samuel. En aquella pequeña aldea había ungido a aquel joven como futuro rey de Israel.

La pequeñez del lugar de origen marcaba un fuerte contraste con la grandeza del reino que se vislumbraba en el futuro. Así que la observación de la pequeñez de Belén resonaba en la memoria como una parábola y una profecía. Evidentemente, Dios tiene su predilección por lo que parece insignificante a los ojos de los hombres.

También hoy, son los gestos de los más humildes y de los más pequeños los que nos ayudan a abrir los ojos para descubrir las señales de Dios. Las palabras de los más pequeños y marginados nos llevan con frecuencia a descubrir la verdad y la actualidad del Evangelio.


EL SALUDO Y LA ALEGRÍA

En el evangelio de Lucas que se proclama en este cuarto domingo de Adviento (Lc 1, 39-45) aparecen dos mujeres. Las dos están esperando un hijo, cuyo nacimiento parecía totalmente imposible. Dios nos sorprende al elegir la pequeñez de Belén. Pero más nos sorprende por el modo como viene el Mesías a nuestro mundo.

En el relato se repiten por tres veces las palabras que se refieren al saludo entre María e Isabel. El saludo es siempre signo de un encuentro humano. Es una señal de cortesía. Pero es también manifestación de la buena voluntad. Implica la mutua acogida. Y el intercambio de buenos deseos. De una buena noticia.

Por otra parte, el saludo de María a Isabel suscita la alegría del niño, que salta de gozo en el vientre de su pariente Isabel. María es modelo de evangelización. Lleva consigo una buena noticia. En realidad, su sola presencia es ya portadora de un buen mensaje. Y de un buen Mensajero.


BENDICIÓN Y DICHA

Isabel acoge y saluda a María con un grito de alegría. Y le dirige dos palabras típicas de la fe que ha heredado de su pueblo y que se está convirtiendo en vida en su propia vida.

• “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” María y su hijo son depositarios de las bendiciones del Altísimo. Pero esa bendición no es un privilegio para ser guardado con celo. Tanto el Hijo como la Madre habrán de ser fuente de bendición para generaciones enteras de creyentes.

• “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. A María se dirige la primera bienaventuranza del Evangelio. Efectivamente, ella es feliz no sólo por su maternidad,

sino por su fe. Como dice san Agustín, “la Palabra de Dios se hizo vida en su vientre porque antes se había hecho verdad en su mente”.

- Padre celestial, en el encuentro de María e Isabel se hace visible tu misericordia compasiva y tu encuentro con nuestra humanidad. Que nuestra fe acoja tu presencia en este mundo y nos dé fuerza para reconocerla y anunciarla con alegría. Amén.

José-Román Flecha Andrés .

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jueves, 9 de diciembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO C – (12-12-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,10-18

“En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:

- ¿Entonces, qué hacemos?

Él contestó:

- El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:

- Maestro, ¿qué hacemos nosotros?

Él les contestó:

- No exijáis más de lo establecido.

Unos militares le preguntaron:

- ¿Qué hacemos nosotros?

Él les contestó:

- No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:

- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.”


ALÉGRATE

“Alégrate, hija de Sión, grita de gozo, Israel, Regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén”. El tercer domingo del Adviento está marcado por el signo de la alegría. Así lo refleja esta exhortación del profeta Sofonías, que se proclama en este día (Sof 3,14).

Es verdad que, con demasiada frecuencia, en este mundo nuestro se confunde la alegría con la satisfacción. Ponemos nuestra alegría en las cosas que poseemos o adquirimos. O en el triunfo de nuestro partido político o de nuestro equipo favorito.

Es legítimo alegrarse por estas cosas y por otras muchas que nos gustan y nos ofrecen un descanso. Pero el profeta Sofonías anota la causa última de la alegría de su pueblo: “El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno” (Sof 3,15).

Mientras se acerca la celebración del nacimiento de Jesús, podemos examinar nuestra conciencia para ver qué es lo que nos produce alegría. Y por qué muchas personas dicen que estos días de fiesta sólo les producen tristeza.


PREGUNTAS Y RESPUESTAS

El evangelio de Lucas que leemos en este tercer domingo de Adviento (Lc 3, 10-16) nos recuerda las preguntas que suscita en las gentes la predicación de Juan, hijo de Zacarías. En realidad, es siempre la misma pregunta: “Entonces, ¿qué hacemos?”

• En primer lugar, Juan exhorta a todos a compartir sus vestidos y su comida con los que padecen necesidad. Con ello, evoca algunas de las obras que constituyen el verdadero ayuno, como ya decían los antiguos profetas (Is 58,7).

• A los publicanos o cobradores de tributos, Juan les exhorta a no exigir a las gentes más de lo establecido. Esa era, en efecto, la crítica más habitual a los que contrataban ese servicio y trataban de beneficiarse a costa de los contribuyentes.

• A los soldados les responde pidiéndoles que no hagan extorsión a nadie, que se contenten con su paga y que no utilicen su puesto para aprovecharse de las gentes por medio de falsas denuncias.


EL NUEVO BAUTISMO

Como se ve, Juan no se andaba por las ramas. Sus indicaciones eran atinadas. Y verdaderas, puesto que revelaban su propia vida. Por eso todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías. Pero él sólo pretendía anunciar al que venía detrás de él:

• El que viene es más fuerte que Juan. Pero su fortaleza no se manifestará en la violencia, sino en el servicio humilde a los demás.

• El que viene bautiza con Espíritu Santo y fuego. El Espíritu es el aliento que da vida y el fuego el elemento que calienta y purifica de la escoria.

• El que viene trae en su mano el bieldo. Ese instrumento de labranza es la horca para aventar la parva y separar el trigo de la paja. Ante el Mesías se estima lo que vale y alimenta y se desecha todo lo que ha de ser arrojado al fuego

- Señor Jesús, nos alegra de verdad la próxima celebración de tu nacimiento. Que esa alegría nos ayude a cambiar de vida, a rechazar nuestras idolatrías y a aceptar ese nuevo bautismo con el que tú sometes a discernimiento nuestros deseos y nuestras obras. Ven Señor Jesús. Amén.

José-Román Flecha Andrés

viernes, 3 de diciembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO – CICLO C – (5-12-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,1-6

“En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

- Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.”


MONTES Y VALLES

“En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen”.

Esas imágenes pueden encontrarse ya en la segunda parte del libro de Isaías (40, 3-4). Una voz invita a abrir en el desierto una calzada para el Señor. Se anuncian las maravillas de un nuevo éxodo. Dios ha de conducir a su pueblo de la esclavitud a la libertad.

En este segundo domingo de adviento, se proclama un texto del profeta Baruc en el que se encuentran las mismas imágenes (Bar 5, 1-9). Ya no se trata de una exhortación. Es la noticia de la iniciativa de Dios. Él manda abajarse a los montes y rellenar los barrancos. Él ordena a los árboles que ofrezcan sombra a su pueblo mientras camina por el desierto.

La promesa de Dios alegra los corazones de sus hijos. Y estos gozan anticipando la liberación que Dios promete. El gozo de la esperanza se desborda sobre la creación entera.


CONVERSIÓN Y PERDÓN

Los antiguos poemas de los profetas reaparecen siglos más tarde en la boca de Juan, hijo de Zacarías. El evangelio de Lucas pone buen cuidado en anotar los datos precisos para situar en la historia el eco de una nueva profecía (Lc 3, 1-6). Las palabras son idénticas, pero el sentido es diferente.

• Tanto el profeta que sigue a Isaías como Baruc evocaban una voz que en el desierto invitaba a las gentes a la alegría y al consuelo. Juan es la voz que resuena en el desierto, exhortando a las gentes a la conversión para obtener el perdón de sus pecados.

• En otro tiempo se anunciaba que era Dios mandaba allanaba los caminos para que su pueblo pudiera caminar hacia la libertad. Ahora se pide a las personas cambien su conducta y allanen los caminos para que todos puedan ver la salvación de Dios.

• Los antiguos profetas ofrecían un consuelo al pueblo de Dios, sometido a esclavitud en Babilonia. El nuevo profeta exhorta a la conversión a sus oyentes para que se conviertan en el nuevo pueblo de Dios y se vean libres de la esclavitud de su egoísmo.


LO TORCIDO Y LO ESCABROSO

“Que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”. Al leer aquellos versos (Is 40,5), los hijos de Israel agradecían a Dios las maravillas con que los devolvía a sus tierras para reedificar la Ciudad Santa. Aquel poema se hace promesa en la boca del bautista:

• “Lo torcido será enderezado”. En los textos bíblicos el pecado era presentado con frecuencia como un comportamiento “torcido”. La rectitud significa que ese comportamiento ha de ajustarse a la voluntad de Dios.

• “Lo escabroso será camino llano”. Lo escabroso dificulta el paso del caminante. El pecado no es una fácil conquista del hombre. Es un obstáculo que le hace tropezar y convierte en penoso el sendero que lleva a su propia realización.

• “Todos verán la salvación de Dios”. No es el hombre el que se salva a sí mismo. Es Dios quien ofrece al hombre la salvación. Hay que tener los ojos abiertos para ver la salvación. Hay que abrir los ojos para ver al Salvador que se acerca a nosotros.

- Señor Jesús, queremos escuchar la voz de los profetas que nos invitan cada día a preparar los caminos, para que puedas hacerte visible en nuestra vida y en nuestra historia. Ven Señor Jesús. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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viernes, 26 de noviembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 1º DE ADVIENTO – CICLO C – (28-11-2021)

 Este domingo, primer domingo de Adviento, comienza un nuevo año litúrgico. El Adviento es un tiempo fuerte para la Iglesia en el que nos preparamos para la venida del Mesías; tiempo en el que tenemos que abrir nuestros corazones, escuchar la Palabra de Dios y disponernos para que Él actúe y transforme nuestras vidas.

San Bernardo nos recuerda que, a lo largo de la Historia, se dan tres venidas a este mundo del Hijo de Dios: "La primera venida, en carne, que ya aconteció; la tercera venida o parusía, que esperamos al final de los tiempos; y una segunda intermedia a la que hemos de prestar especial atención. Acontece cada vez que se predica el Evangelio. En él viene y se te manifiesta, se te da a conocer si te encuentra hambriento de vida".

¡Señor, que no pase de largo este Adviento en nuestras vidas!

Este año entramos en el llamado por la Iglesia “Ciclo C”, en el que se nos presenta para nuestra reflexión el evangelio de San Lucas.


Lectura del santo evangelio según san Lucas 21,25-28.34-36

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo, ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo temblarán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria.

Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación. Tened cuidado: no se os embote la mente con el vicio, la bebida y la preocupación del dinero, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra.

Estad siempre despiertos, pidiendo fuerza para escapar de todo lo que está por venir, y manteneos en pie ante el Hijo del hombre”


EL QUE ESTÁ POR VENIR

“En aquellos días y en aquella hora suscitaré a David un vástago legítimo, que hará justicia y derecho en la tierra”. Este oráculo de Dios que se encuentra en el libro de Jeremías (Jer 33, 14-16) nos introduce hoy en el tiempo del Adviento. Este es el tiempo de la espera y de la esperanza

• De la espera de un futuro que nos desvela un horizonte en el que se puede vislumbrar el derecho y la justicia. No la justicia de los que se apoyan en el poder del dinero y de las armas para arrogarse el derecho de “ajusticiar” a todos los que consideran como enemigos de sus ideales o de sus intereses.

• Y de esperanza, porque el mismo oráculo nos anuncia que ese horizonte no es fruto de las estrategias humanas. Es un puro don de Dios. Por eso el texto concluye con unas palabras que nos invitan a elevar los ojos a lo alto: “En aquellos días se salvará Judá y en Jerusalén vivirán tranquilos, y la llamarán así: “Señor –nuestra- justicia”.


EXHORTACIONES

En el evangelio que se proclama en este primer domingo de Adviento, Jesús anuncia que habrá signos en los astros, angustia entre las gentes, estruendo del mar y hombres que quedan sin aliento, agarrotados por el miedo ante lo que se le viene encima al mundo (Lc 21, 25-36). Pero esta profecía incluye tres exhortaciones que conviene leer en sentido inverso:

• “Estad despiertos”. Si nos mantenemos en vela podremos llegar a discernir los signos de los tiempos y aprender el profundo significado que encierran para nosotros.

• “Tened cuidado”. Si perdemos la esperanza en el futuro, nos dejaremos emborrachar por el vicio y el dinero, que nos ofrecen en el presente una seguridad ilusoria.

• “Alzad la cabeza” Si levantamos la vista solo para lamentarnos no habremos conseguido mucho. Levantamos los ojos para descubrir la liberación y al Liberador.

De hecho, el texto evangélico de hoy no promete algo sino la llegada de Alguien: “Manteneos en pie ante el Hijo del hombre”.


ACTITUDES

En la segunda lectura de la misa de hoy leemos un trozo del primer escrito cristiano: la primera carta de Pablo a los fieles de la ciudad de Tesalónica. En este mensaje, el Apóstol subraya tres actitudes que acompañan a la esperanza:

• Rebosar de amor mutuo. Esta es la verdadera actitud del cristiano ante los demás. No se puede esperar al Señor viviendo en la indiferencia, y menos aún en el rencor.

• Pedir la fortaleza. Esta actitud nos sitúa ante nosotros mismos. Nuestra debilidad nace de nuestro acomodo y nuestra poltronería. Sólo la austeridad nos hará fuertes para esperar.

• Mantenerse irreprensibles ante Dios. Esta tercera actitud nos lleva a examinar nuestra conciencia ante Dios. El conoce nuestro corazón y nuestra verdad más oculta.

- Señor Jesús, conocemos las instrucciones que en tu nombre nos han entregado tus apóstoles y ha conservado para nosotros una larga tradición. Concédenos la fuerza para llevarlas a cabo, de forma que esperemos ardientemente tu venida y la preparemos con nuestro compromiso diario. Ven Señor Jesús. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 19 de diciembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DEL ADVIENTO – CICLO B – (20-12-2020)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

“En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:

- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel:

- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó:

- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó:

- «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.”


EL HIJO DE DIOS

“Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será hijo para mí”. Esa es una parte muy importante de la promesa de Dios, que el profeta Natán transmite a David (2Sam 7, 12.14).

Dios promete estar con el rey, plantar a su pueblo en el territorio y asegurar la paz al reino. No era poco. Pero además, el profeta se refería a los tiempos que habían de seguir tras la muerte del rey. Dios prometía la estabilidad de la dinastía davídica. Y se comprometía a reconocer como hijo al futuro descendiente del rey.

Esa promesa es recogida por el salmo responsorial que hoy se canta en la misa (Sal 88). Es grande la misericordia de Dios, que se muestra fiel a su alianza.

Ante tal muestra de su providencia solo es posible dar gloria a Dios por Cristo Jesús, revelación del misterio mismo de Dios (Rom 16,25-27).


EL ANUNCIO

El evangelio de este domingo cuarto del Adviento recuerda una vez más el relato de la anunciación del ángel Gabriel a una doncella de Nazaret (Lc 1,26-38). Junto a la profecía de Isaías y el mensaje de Juan el Bautista, ella aparece como la figura más importante del Adviento. En ella se hace realidad la antigua profecía de Natán:

• “Darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”. Su nombre es ya un grito profético. Significa “Dios es Salvador”. Por él viene la salvación.

• “Se llamará Hijo del Altísimo”. El hijo de María será hijo del Dios Altísimo. En él se encuentran lo humano y lo divino, el pecado y el perdón, la necesidad y la dádiva.

• “El Señor Dios le dará el trono de David su padre”. El niño que va a nacer pertenece a la dinastía real. En él se cumple la alianza de Dios. Pero su reino supera al reino de David.

Al recordar el cumplimiento de las antiguas profecías, nos disponemos a celebrar con alegría el nacimiento de Jesús.


EL HIJO DE DIOS

En la historia de Israel son numerosos los relatos sobre algunas mujeres que se decían estériles y, sin embargo, dieron al mundo patriarcas, héroes o jueces de su pueblo. Las palabras del ángel a María evocan esas memorias.

• “El santo que va a nacer se llamará hijo de Dios”. El niño que va a nacer es más que todos los antiguos héroes. Él será el Santo por excelencia. Él será la fuente y el modelo de toda santidad.

• “El santo que va a nacer se llamará hijo de Dios”. Ese niño “va a nacer” en un lugar y en un tiempo concreto. No era conocido previamente. No había sido soñado ni programado. Él es la gran noticia y la gran novedad para el mundo.

• “El santo que va a nacer se llamará hijo de Dios”. El niño que anuncia el ángel Gabriel es hijo de María. Pero con toda razón Dios lo llamará hijo suyo. Él revelará al mundo el nombre y el amor de su Padre.

- Señor y Dios nuestro, te damos gracias por habernos enviado a tu hijo como nuestro Salvador. Él nos ha mostrado tu amor y tu misericordia. Al aceptarlo por la fe, hemos recobrado la esperanza de poder vivir en el amor. Bendito seas, Señor.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 12 de diciembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO B – (13-12-2020)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

“Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.». «Eres tú el Profeta?». Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: - «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”


ALLANAR EL CAMINO

“Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios”. Esas palabras, tomadas de la tercera parte del libro de Isaías (Is 61,10), resumen el ambiente de alegría que caracteriza a este domingo tercero del Adviento. Nos alegramos, anticipando ya la celebración del nacimiento de Jesús.

En el salmo responsorial se retoma el canto de María, que resuena todas las tarden en la oración oficial de la Iglesia católica: “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”. La alegría humana es un eco y una celebración de la intervención divina en la historia.

Y el tema de la alegría retorna en la segunda lectura de la misa de este domingo. En ella se evoca el primer escrito apostólico, para recoger una preciosa exhortación de san Pablo a los cristianos de Tesalónica: “Estad siempre alegres. Sed constantes en orar” (1Tes 5,16). Se ve que la oración y la alegría se exigen mutuamente.


LOS SENDEROS

El evangelio de este domingo tercero del Adviento recuerda de nuevo la figura y el mensaje de Juan el Bautista. Hay dos imágenes que lo definen:

• “No era él la luz, sino testigo de la luz”. Ninguno de los profetas era la luz. En todo caso, anunciaban su aparición futura. Juan ya está un paso más cerca del único que es la luz del mundo. Desde él, todos los creyentes en Cristo tenemos esa gozosa y arriesgada misión de ser en nuestro mundo testigos creyentes y creíbles de la Luz.

• “Yo soy la voz que grita en el desierto”. En la segunda parte del libro de Isaías se daba cuenta de una voz celestial que exhortaba a preparar a través del desierto un camino para Dios, que se identificaba con su pueblo. Ahora Juan se presenta como una voz terrena que se alza en el desierto. Los creyentes de hoy no podemos ignorar esa voz.

Es más, ya vemos que entre nosotros han surgido hombres y mujeres que han alzado su voz en el desierto. Nos han recordado la misericordia de Dios. Nos han exhortado a ver a Dios en los más pobres y humillados de la tierra. Y han dado la vida por su coherencia. Este tiempo es la hora de los testigos y de los portavoces.


EL ENCUENTRO

Siempre nos llama la atención el extraño personaje del Bautista, vestido con piel de camello y con una dieta de saltamontes y miel silvestre. Pero casi siempre olvidamos su humildad y su mensaje.

• “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Esa voz de Juan se dirige hoy a cada uno de nosotros. El Señor se ha acercado cientos de veces a nosotros y otras tantas veces hemos decidido ignorar su presencia.

• “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Esa voz del Bautista se dirige también a toda la Iglesia. El Señor está en la comunidad que él ha convocado. Pero todos podemos caer en la tentación de la mundanidad, denunciada por el papa Francisco.

• “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Esa voz del profeta del desierto ha de dirigirse también hoy a toda la humanidad. ¿Cuántas crisis y cuántas guerras harán falta para que preste atención al paso de Dios por la historia?

- Señor Jesús, Ayúdanos a caminar en tu luz y a escuchar la voz de los profetas de hoy que nos recuerdan tu presencia entre nosotros.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 5 de diciembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO – CICLO B – (6-12-2020

 Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8


“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Está escrito en el profeta Isaías:

- Yo envío mi mensajero delante de ti

para que te prepare el camino.

Una voz grita en el desierto:

«Preparad el camino del Señor,

allanad sus senderos».

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

- Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.

Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”


PREPARAR EL CAMINO

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”. Estas palabras justifican el título de “Libro de la Consolación”, que suele darse a esta segunda parte del libro de Isaías”. El pueblo de Israel ha padecido la deportación y el exilio en Babilonia. Pero suena ya la hora del retorno a su tierra. Así que el consuelo no es una palabra vacía de contenido.

“Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios” (Is 40,3). ¿Hay que preparar un camino al Señor o al pueblo que ha sido humillado? ¿No será una confusión del profeta? ¿O será que Dios se identifica con aquellos que han sido deportados y maltratados en tierra extraña?

Es hora de olvidar los sufrimientos del pasado. “La salvación está ya cerca de sus fieles… La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos”. No puede ser vana esa promesa que canta el salmo responsorial (Sal 84).

Pero si Dios no se olvida de nuestra miseria, algo hemos de hacer nosotros. Al menos, hemos de mirar hacia delante. Eso es. “Esperar y apresurar la venida del Señor” (2 Pe,3,12).


LOS SENDEROS

El evangelio de este segundo domingo del Adviento modifica levemente el mensaje del profeta: “Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos” (Mc 1,3). El desierto era antes la vía de retorno de los desterrados. El desierto es ahora el lugar donde resuena la voz de Juan Bautista. Pero la exhortación es la misma.

• “Preparar el camino al Señor”. Dios es discreto, pero no es indiferente. Es el Señor de este mundo y ama a todos sus hijos. Es cierto que muchos parecen vivir alejados de él. Pero no podemos quedar paralizados por el “pesimismo estéril” que denuncia el papa Francisco. Hay que tender puentes para que Dios pueda encontrarse con sus hijos.

• “Allanad sus senderos”. Muchos encuentran dificultades para andar por el camino del Señor. Unos gritan su rechazo con blasfemias y otros lo demuestran con su indiferencia. Hay rocas institucionales que habrá que dinamitar. Pero ahí están también todos los escandalosos altibajos que presentamos los que decimos creer en Dios.

Es cierto que vivimos en un desierto. Pero es cierto que en el desierto resuena una voz que grita para despertarnos. Es urgente allanar senderos para facilitar el encuentro.


EL ENCUENTRO

Nos llama la atención tanto el extraño vestido del Bautista como su dieta de saltamontes y miel silvestre. Pero olvidamos su humildad y su mensaje.

• “Detrás de mí viene el que puede más que yo”. Anunciar al que viene. Porque el Señor está viniendo. He ahí el resumen de la tarea que nos ha sido confiada. Esa es la forma de superar las tentaciones de la desesperanza y de la orgullosa presunción.

• “Él os bautizará con Espíritu Santo”. Hemos sido bautizados con agua. Y no es poco, si ese bautismo significa el don de la fe y el compromiso de vivirla cada día. Pero el baño del Espíritu nos hará abandonar nuestros miedos y vivir con la osadía de su fuerza.

- Señor Jesús, sabemos que estás viniendo a nuestro mundo. A nuestro mundo, que es el tuyo. Necesitamos recuperar la fe y el coraje para preparar los caminos que hagan posible tu encuentro con tus hermanos. Tus hermanos, que son los nuestros. No podemos olvidarlo. Ven, Señor Jesús.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 28 de noviembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 1º DE ADVIENTO – CICLO B – (29-11-2020)

Este domingo, primer domingo de Adviento, comienza un nuevo año litúrgico. El Adviento es un tiempo fuerte para la Iglesia en el que nos preparamos para la venida del Mesías; tiempo en el que tenemos que abrir nuestros corazones, escuchar la Palabra de Dios y disponernos para que Él actúe y transforme nuestras vidas.

San Bernardo nos recuerda que, a lo largo de la Historia, se dan tres venidas a este mundo del Hijo de Dios: "La primera venida, en carne, que ya aconteció; la tercera venida o parusía, que esperamos al final de los tiempos; y una segunda intermedia a la que hemos de prestar especial atención. Acontece cada vez que se predica el Evangelio. En él viene y se te manifiesta, se te da a conocer si te encuentra hambriento de vida".

¡Señor, que no pase de largo este Adviento en nuestras vidas!

Este año entramos en el llamado por la Iglesia “Ciclo B”, en el que se nos presenta para nuestra reflexión el evangelio de San Marcos.


Lectura del santo evangelio según san Marcos 13,33-37

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.

Es igual que un hombre que se fue de viaje, y dejó su casa y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.

Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer: no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.

Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡velad!”


ESPERAR EN VELA

“¡Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia!” (Is 63,19). El pueblo de Israel se siente atribulado a causa de sus enemigos. Pero siente también su parte de responsabilidad. Sabe que ha perdido el camino. Ve que se ha endurecido su propio corazón y que ha olvidado el temor o respeto al Señor.

Como se ha dicho en los versículos precedentes, es preciso que Dios se muestre una vez más. Que muestre su poder y su ternura, su fuerza y su compasión. Que muestre que es el Padre de su pueblo. En ese contexto, el orante manifiesta un deseo que se convierte en súplica apasionada y ferviente. ¡Que Dios rasgue los cielos y baje!

El salmo responsorial se hace eco de ese anhelo irrefrenable: “Señor, Dios nuestro, que brille tu rostro y nos salve” (Sal 79). Estas súplicas, tan apropiadas al Adviento que hoy comienza, encuentran apoyo en las palabras de San Pablo. A los que aguardan la manifestación de Jesucristo les asegura que el Señor los mantendrá firmes hasta el final (1Cor 1,7-8). Es la promesa más oportuna para los que tratamos de mantener viva la esperanza.


ATENCIÓN Y VIGILANCIA

A lo largo del año litúrgico que hoy comienza se nos ofrecerá la lectura del evangelio según san Marcos. En este primer domingo del Adviento escuchamos una invitación de Jesús a mantener una esperanza despierta y vigilante (Mc 13,33-37).

• “Estad atentos y vigilad”. Es este un aviso importante para creyentes y no creyentes. Hoy todo nos invita a vivir apresuradamente. La frivolidad se ha convertido en nuestro estilo habitual. Las noticias y los acontecimientos pasan con toda velocidad. Prestar atención a lo que sucede es una buena medida de prudencia.

• “No sabéis cuándo es el momento”. Por numerosos que sean los adivinos y los agoreros, no somos capaces de adivinar el futuro. Creyentes y no creyentes vamos caminando en la oscuridad. No podemos vivir en la indiferencia. Es pecado distraernos. Vigilar el curso de la historia es una obligación moral.

Estas actitudes de la atención y la vigilancia se reflejan en la parábola de los criados que aguardan el regreso de su amo. Como el portero de la casa, hemos de permanecer en vela.


LA IMAGEN DEL PORTERO

Es importante recordar el deber del portero. El texto evangélico se hace eco de la última palabra de esa parábola. Con ello indica que ese era el punto central del mensaje.

• Velad, pues no sabéis cuándo vendrá el Señor de la casa. Nuestros cálculos no son de fiar. Nuestros programas pastorales no pueden certificar el momento en que las personas y las estructuras podrán reflejar la presencia del Señor.

• Que no venga inesperadamente. El Señor viene a este escenario del mundo. Está viniendo siempre. Pero con demasiada frecuencia nosotros vivimos distraídos, prestando atención a mil bagatelas. Es un dolor que él llegue y no estemos esperándolo.

• Que no os encuentre dormidos. El papa Francisco ha dicho que una de las tentaciones del evangelizador es la desidia. Nos hemos acomodado en la poltrona y nos hemos quedado dormidos. Es hora de despertar de nuestra modorra.

- Señor Jesús, perdona nuestra desesperanza y nuestra presunción. No saber el tiempo de tu llegada nos invita a velar y trabajar. Queremos vivir en esperanza.

José-Román Flecha Andrés.

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viernes, 20 de diciembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO – CICLO A – (22-12-2019)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,18-24

“El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:

- Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.”



EL HIJO DE UNA VIRGEN

“Mirad: la virgen está encinta y da a luz a un hijo, y le pone por nombre Emmanuel (que significa, Dios con nosotros”) (Is 7,14). El rey Acaz teme que los pueblos que se habían coaligado contra él llegaran a invadir la ciudad de Jerusalén. Por eso está revisando las conducciones de agua. Buena previsión ante un posible asedio a la ciudad.

El profeta Isaías se acerca para anunciarle que no habrá guerra. El rey no cree al profeta. Este le sugiere que pida una señal, pero el rey se muestra cínicamente piadoso. No quiere tentar al Señor. Pues bien, el Señor le da una señal. La señal de la vida, representada en un niño que nace y en el nombre que se le impone. ¡Dios con nosotros!

Con toda razón el salmo responsorial nos invita a hacer nuestra la certeza de esa presencia en medio de nosotros: “Va a entrar el Señor. Él es el Rey de la gloria” (Sal 23). Y San Pablo, por su parte, nos exhorta a ver cómo el Evangelio se refiere al descendiente de David, que es también Hijo de Dios (Rom 1,1-7).


EL SALVADOR

Estamos acostumbrados a meditar la anunciación del ángel a María. Pero el evangelio de este tercer domingo de Adviento nos presenta la anunciación del ángel a José, su esposo (Mt 1,18-24). En un caso y en el otro, Dios revela a sus elegidos su plan de salvación. Es decir, les anuncia el nacimiento del Salvador.

Ese es el núcleo del mensaje. Con frecuencia pensamos que lo importante de este pasaje es disipar las dudas de José. Y con razón, porque el ser humano se siente perdido ante la presencia de lo desacostumbrado Y mucho más perdido cuando los acontecimientos parecen deshacer sus propios planes de vida.

Pero hay algo más. Ante las dudas de José, vemos que el ángel del Señor le abre un resquicio para que pueda aceptar el don de la vida y el misterio que viene a rozar su rutina. Además, el ángel del Señor le confiere el honor y la responsabilidad de poner nombre al niño que llega: “Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”.


EMMANUEL

Por su parte, el evangelista Mateo recuerda la profecía de Isaías al rey Acaz. La certeza de que no habría guerra. La promesa de la paz. La garantía a un rey tan preocupado como cínico. Todo es visto desde otra clave.

• “La virgen concebirá y dará a luz un hijo”. La doncella anunciada por el profeta Isaías es ahora presentada como una virgen. Eso significa que el hijo que de ella va a nacer no es fruto del esfuerzo y de los planes humanos. Es un don gratuito de Dios a la pobreza y a la humildad humana.

• “Le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios había estado siempre al lado de su pueblo. Ahora, en el hijo de María, Dios habrá de hacerse cercano a todos los seres humanos, sean del origen que sean. Se hará tan cercano que adoptará su naturaleza y sus sueños, su fatiga y sus esperanzas.

- Padre de los cielos, concédenos la limpieza de María y la silenciosa docilidad de José, para que tu hijo Jesús, nuestro Hermano y Salvador, se haga presente entre nosotros. Te lo pedimos con fe y esperanza, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

José-Román Flecha Andrés.
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viernes, 13 de diciembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO A – (15-12-2019)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11


“En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:

- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús les respondió:

- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».

Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.”

CIEGOS Y SORDOS

“Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del Señor” (Is 35,5-6). ¡Palabras, solo palabras! Así responderá el que considere esta profecía de Isaías como un utópico e increíble poema de promesas imposibles.

Sin embargo, el pueblo de Israel creyó que aquellas imágenes poéticas podían anunciar una realidad posible. Y así fue. El imperio opresor cayó como todos los imperios. Un rey venido de fuera concedió la libertad a los pueblos oprimidos. Y los hebreos vieron en la salvación que se les ofrecía “la gloria de Dios y la belleza de su Dios”.

El salmo responsorial nos une a aquella esperanza renacida al evocar aquellos mismos portentos que significan y anuncian una salvación integral (Sal 145). Nos ayudan, además, las palabras de la carta de Santiago: “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor... Manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca” (Sant 5, 7-10).


LAS DUDAS

Juan Bautista había sido elegido como profeta y se esforzaba en transmitir la llamada a la conversión. Pero, recluido por Herodes en una mazmorra, debió de sufrir el asalto de las dudas (Mt 11, 1-11). ¿Sería Jesús el Mesías que él había anunciado o habría que esperar a otro? A los mensajeros que le envío, Jesús respondió con hechos cumplidos.

• “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo”. Junto al Jordán se habían encontrado el Precursor y el Anunciado. Ahora ambos recurren a discípulos que pasen la pregunta y la respuesta. “Id a anunciar”. ¿Nos hemos preguntado alguna vez si estos mensajeros no reflejarán la humilde misión que nos ha sido confiada?

• “Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. Esos son los hechos que dan fe de la autenticidad del Mesías. En él se cumple la antigua profecía de Isaías. ¿No reflejarán esos hechos ese servicio a las personas que se espera de nuestra misión?


Y LA DICHA

De todas formas, el texto nos sugiere que Jesús ha captado las dudas que asaltan a Juan el Bautista. Y no quiere ignorarlas. Al contrario, en su pregunta adivina la incertidumbre de los que, a lo largo de los tiempos, se preguntarán por las señas del Mesías y de su misión.

• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, muchos esperaban un Mesías guerrero que se levantara contra Roma, como Judas Macabeo se había sublevado contra la tiranía de Antíoco. Pero Jesús se presentaba como humilde y manso de corazón.

• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, algunos esperaban que el Mesías les concediera puestos de honor para brillar en medio de su pueblo. Algo de eso pretendían los discípulos Santiago y Juan. Pero Jesús les invitaba a beber su propio cáliz.

• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En estos tiempos, como en aquellos, no faltan los que piensan que el Mesías ha de revelarles todos los misterios de la naturaleza y de la historia. Pero Jesús nos propone solamente la sabiduría de la cruz.

- Señor Jesús, enséñanos a reconocerte como eres en realidad y ayúdanos a acogerte como nuestro Salvador. Abre tú nuestros sentidos y danos generosidad para anunciar a los pobres de forma creíble la Buena Noticia de tu Reino. ¡Ven, Señor Jesús!

José-Román Flecha Andrés

viernes, 6 de diciembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN – CICLO A – (8-12-2019)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38


“En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

- Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:

- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?

El ángel le contestó:

- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Y la dejó el ángel.”



DONDE LA GRACIA ESTÁ

“Reina y Madre, Virgen pura, que sol y cielo pisáis, a vos sola no alcanzó la triste herencia de Adán. ¿Cómo en vos, Reina de todos, si llena de gracia estáis, pudo caber igual parte de la culpa original? De toda mancha estáis libre: ¿y quién pudo imaginar que vino a faltar la gracia en donde la gracia está?” Es hermoso este romance de Francisco de Borja (1577-1658) que recitamos en la fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen.

En el tiempo del Adviento, la fiesta de la Concepción Inmaculada de María nos alienta en el camino de la esperanza. Somos conscientes de nuestros errores y pecados. A pesar de ellos, Dios ha querido ofrecer a la humanidad un horizonte de perdón y de misericordia, de gracia y de belleza.

Esta fiesta de María nos lleva a celebrar esta nueva creación. Nuestra oración de hoy brota de una íntima alegría. La de saber que lo que perdió EVA, “la madre de todos los que viven”, ha sido felizmente recuperado gracias al AVE que el ángel Gabriel dirige a María, Madre de todos los redimidos.


LLENA DE GRACIA

Hoy se proclama el relato evangélico de la Anunciación a María. En él escuchamos las palabras que le dirige el ángel del Señor: “María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios”. Ese saludo convierte a María en imagen de todo el género humano. Con él se inicia el gran Adviento de la historia humana. Con él renace la esperanza.

Desde lo más hondo de su existencia, María refleja fielmente la misericordia de Dios y sabe traducirla en fidelidad. Dios nos crea y nos sostiene. María gozó durante toda su vida de la plenitud de la gracia y de la salvación. Fue una persona fiel en todo al proyecto de Dios. También a nosotros, Dios se nos da gratis, pero espera nuestra respuesta.

La sintonía de María con la salvación ofrecida por Dios a la humanidad es un don gratuito, pero encontró en ella una respuesta libre y generosa. Muy pobre es nuestra fe si superar el temor no nos ayuda a aceptar el don de la gracia que Dios nos ofrece cada día.

La humanidad no tiene nada que temer a Dios. Dios no es un enemigo de la causa y de la libertad humana. Dios nos ofrece su amable cercanía. Como dijo Benedicto XVI, “el hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo”.


ABOGADA DE GRACIA

Hoy nuestro corazón se esponja en la contemplación de la decisión de Dios de ofrecer a la humanidad un rayo de esperanza. Con el prefacio de la misa de esta solemnidad nos gozamos en la limpieza de María:

• “Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente”. Esta mirada al pasado de nuestra historia nos invita a dar gracias por el don de la salvación. A la vista del mal y de la corrupción de este mundo, con frecuencia nos dejamos vencer por el pesimismo.

• “Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad”. Esta mirada a nuestro presente nos hace recobrar la esperanza. Y descubrir los signos de esperanza en nosotros mismos, en los demás y en toda la sociedad.

- “Oh Dios, por la concepción inmaculada de la Virgen María preparaste a tu hijo una digna morada. En previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado. A nosotros concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Amén”.


José-Román Flecha Andrés

viernes, 21 de diciembre de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 4º DE ADVIENTO – CICLO C – (23-12-2018)

LUCAS 1, 39-45.

“En aquel tiempo, María se puso de camino y fue a prisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».”

Paso a paso, día a día, hemos ido desgranando el tiempo de adviento, y nos encontramos ya a las puertas de la celebración de una nueva Navidad. El Señor ya está aquí, está a la puerta y llama, nos llama por nuestro nombre para demostrarnos que nos conoce, o por si por nuestra desconfianza no nos atrevemos a abrir, no podemos dejar que pase de largo. Sólo lo podré recibir bien, si he hecho convenientemente el camino del Adviento, convirtiendo mi corazón y cambiando aquello que hay en mí que no encaja con lo que Jesús me pide. Ya tengo encendidas las cuatro lámparas, sólo me queda esperar la auténtica luz que es Jesús y que ella ilumine mi corazón y toda mi persona.

Las lecturas nos lo han presentado a las puertas. Nos hablan ya de Belén, el pueblo pequeño, desconocido y escondido de Israel donde nacerá el Salvador, y nos hablan de María, su madre, que va a visitar a su prima Isabel, porque sabe que la necesita. E Isabel, cuando la ve llegar, no puede hacer otra cosa que llamarla bendita, porque ha tenido la valentía de creer en las promesas del Señor, porque ha tenido la valentía de aceptar los planes del Señor sobre ella: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

Cuando tenemos tan cerca la celebración del nacimiento de Jesús, en estos días en los que la comunidad cristiana espera con gozo la venida del Salvador, cuando los creyentes nos disponemos a celebrar la auténtica Navidad, contemplemos con fe y adoración todo lo que me sugiere este glorioso acontecimiento, meditemos, pensemos un poco en el significado de esta gran noticia.

El parto de María tan humano y tan divino a la vez, nos revela el verdadero rostro de Dios, no caigamos en la tentación de buscarlo en otro sitio, en verdadero rostro de Jesús está en la gruta de Belén. Rostro de Dios que se nos acerca como nunca hubiéramos podido imaginar. Aunque quede siempre en el misterio el hecho de que siendo Dios, se haga hombre como nosotros; si conseguimos hacer nuestra la fe en este acontecimiento, toda la realidad y toda nuestra historia adquiere una luz y un sentido nuevo, positivo y trascendente: “Dios está con nosotros, nos quiere tanto que se ha hecho uno de nosotros”. El nacimiento es la demostración más evidente del amor de Dios “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo a nacer entre nosotros”.

El evangelio nos presenta a María como la primera que creyó en este proyecto de Dios, fue la primera que tuvo la fe suficiente como para creer en Él. Una vez más la fe se nos muestra como el único acceso posible hacia Dios, sólo desde la fe podré aceptar, primero este mensaje, y segundo las consecuencias que ese nacimiento de Dios debe tener para mi vida. Sólo desde la fe podré aceptar y vivir que si Dios es un Dios cercano, yo tengo que ser cercano a los demás que viven junto a mí. Si Dios es un Dios sencillo y humilde, yo debo ser sencillo y humilde. Si Dios es un Dios misericordioso, como he tenido ocasión de vivirlo en el adviento, yo también debo ser misericordioso con los que me rodean. Esto sólo lo podré vivir y aceptar desde la fe, por lo tanto como los discípulos del Señor tengo que saber pedirle “Señor auméntanos la fe”. El hombre religioso debe estar siempre cultivando y profundizando su fe, ya que esta es la única garantía de sus certezas y de sus creencias.

Como todos los años la parroquia nos propone en estas fiestas tener un gesto de amor y desprendimiento con los que son pobres de verdad, lo podemos hacer de muchas maneras, pero hay que hacerlo. Lo puedes hacer ayudando a la hermana Encarna en su trabajo con los pobres de Bolivia, o aportando algo para las instituciones de las ciudad que trabajan por los que no tienen Hijas de la Caridad, Proyecto Hombre, o para las familias atendidas por los grupos de caridad de la parroquia: Voluntarias de la Caridad o Cáritas. Hay mucha necesidad y hay que hacer algo para aliviarla.

Al tiempo que hacemos esto, nos acordamos como siempre de los que se encuentran en peor situación que nosotros, los que están solos y no van tener ni en Nochebuena ni en Navidad ninguna muestra de cariño por parte de nadie que les haga comprender que el Dios que nace es sobre todo un Dios amoroso y cercano.


D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.

viernes, 14 de diciembre de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO - CICLO C – (16-12-2018)

LUCAS 3, 10-18.

“En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?» Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?» Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?» Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga». El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga». Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.”

El tercer domingo de Adviento es conocido en la liturgia cristiana, como el domingo “gaudete”, que es lo mismo que el domingo de la alegría. La razón es sencilla, al llegar el tercer domingo, es evidente que la noticia del nacimiento de Dios se barrunta ya próxima y ante tal acontecimiento la alegría es el sentimiento más normal.

Las lecturas de hoy han sido un reflejo perfecto de todo esto: el profeta Sofonías nos ha dicho “grita de júbilo Jerusalén, alégrate y gózate de todo corazón Jerusalén”. San Pablo en la carta a los Filipenses nos dice “estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca, que vuestra mesura la conozca toda el mundo”. Son llamadas constantes a la manifestación de la alegría y de la satisfacción por la gran noticia que se acerca. Pero, qué importante es la mesura (como hemos escuchado en San Pablo) en los momentos de euforia, muy importante; porque la alegría debe ir siempre acompañada de ese punto de equilibrio que la realidad nos ofrece, si no lo hacemos así la desilusión, puede aparecer fácilmente.

Esa mesura nos la ofrece la lectura evangélica, lectura que puede ser considerada como un ejemplo perfecto, de cómo se debe recorrer el tiempo de Adviento, porque lo mismo que los contemporáneos de Juan le preguntaban: Ante eso que anuncias ¿qué es lo que tenemos que hacer?…… y Juan a cada uno, según su clase, condición u ocupación, les iba diciendo la exigencias del nuevo mensaje. La alegría por el nacimiento de Jesús también nos debe hacer exclamar y preguntar a nosotros al qué va a nacer de nuevo ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Y el Señor nos lo irá diciendo a cada uno de nosotros en el interior de nuestro corazón, si con sinceridad nos atrevemos a preguntárselo.

El Señor, como nos conoce, acertará en lo que nos pida a cada uno: a los que seamos un poco vanidosos, nos dirá que seamos un poco menos, que nos bajemos de nuestros pedestal y aprendamos de Él. A los que somos egoístas, nos dirá que compartamos nuestras cosas con los demás. A los que somos envidiosos, nos dirá que nos guste ser más como somos, y trabajemos con lo que tenemos. A los que tenemos apartado al Señor de nuestra vida, nos dirá que le hagamos un lugar un poco más grande en nuestro corazón. Y así a cada uno nos dirá algo, la única condición, como dijimos antes, es que yo me atreva a preguntarle. Una muy buena pregunta para este tiempo de Adviento es ésta: ¿Señor que tengo que hacer?

Juan aprovecha también la ocasión, para darnos una lección de humildad y de saber estar, el importante no es Él sino el que viene detrás y al que no puede ni desatarle las sandalias, Juan sabe que el protagonista está por venir y los anima a mantener la esperanza en su venida. En esta situación nos encontramos nosotros, expectantes ante la llegada de Jesús, nos seguimos preparando para recibirlo como se merece, aunque preparemos un año más el Belén en todas nuestras casas, preparamos sobre todo nuestro corazón, que lo dispongamos convenientemente para recibirlo con un espíritu y un corazón nuevo.

Siempre que va a llegar la Navidad decimos que tenemos que demostrar con algún gesto nuestro desprendimiento a favor de los más necesitados, es necesario hacer gestos concretos no nos podemos quedar únicamente con las buenas intenciones, en la hoja que repartimos se nos recuerda la obra misioneras con la que está hermanada la parroquia, y apelará a nuestro corazón para despertar nuestra sensibilidad a la hora de ayudar a los que no tienen nada. Que nos se nos escape otra Navidad sin tener un gesto que nos acerque al niño pobre del portal de Belén, gesto que para ser auténtico debe ser expresión de nuestra conversión interior, conversión que nos llevará a ser más austeros.

En este domingo de la alegría, que la vivamos atreviéndonos a preguntar al Señor, lo que Él quiere de cada uno de nosotros, y sobre todo que estemos dispuestos a cumplir lo que nos pida. Lo hacemos al tiempo que recordamos a todos los miembros de nuestra comunidad parroquial que menos tienen, o que están solos, a los que les va a faltar lo imprescindible en estos días, que es el sentirse querido por alguien.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.

viernes, 22 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO – CICLO B – (24-12-2017)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38


“En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:

- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel:

- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó:

- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó:

- «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.”



UN ANUNCIO SORPRENDENTE


El ángel le dijo: Alégrate.

Lucas narra el anuncio del nacimiento de Jesús en estrecho paralelismo con el del Bautista. El contraste entre ambas escenas es tan sorprendente que nos permite entrever con luces nuevas el Misterio del Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista sucede en «Jerusalén», la grandiosa capital de Israel, centro político y religioso del pueblo judío. El nacimiento de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea. Una aldea sin relieve alguno, llamada «Nazaret», de donde nadie espera que pueda salir nada bueno. Años más tarde, estos pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesús anunciando la bondad de Dios. Jerusalén por el contrario lo rechazará. Casi siempre, son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden y acogen al Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista tiene lugar en el espacio sagrado del «templo». El de Jesús en una casa pobre de una «aldea». Jesús se hará presente allí donde las gentes viven, trabajan, gozan y sufren. Vive entre ellos aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre. Dios se ha hecho carne, no para permanecer en los templos, sino para «poner su morada entre los hombres» y compartir nuestra vida.

El anuncio del nacimiento del Bautista lo escucha un «varón» venerable, el sacerdote Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El de Jesús se le hace a María, una «joven» de unos doce años. No se indica donde está ni qué está haciendo. ¿A quién puede interesar el trabajo de una mujer? Sin embargo, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente, defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.

Por último, del Bautista se anuncia que nacerá de Zacarías e Isabel, una pareja estéril, bendecida por Dios. De Jesús se dice algo absolutamente nuevo. El Mesías nacerá de María, una joven virgen. El Espíritu de Dios estará en el origen de su aparición en el mundo. Por eso, «será llamado Hijo de Dios». El Salvador del mundo no nace como fruto del amor de unos esposos que se quieren mutuamente. Nace como fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús no es un regalo que nos hacen María y José. Es un regalo que nos hace Dios.

José Antonio Pagola

sábado, 16 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO B – (17-12-2017)

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

“Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué ? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.». «Eres tú el Profeta ?». Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: - «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”



ALLANAR EL CAMINO HACIA JESÚS


Allanad los caminos del Señor.

«Entre vosotros hay uno que no conocéis». Estas palabras las pronuncia el Bautista refiriéndose a Jesús, que se mueve ya entre quienes se acercan al Jordán a bautizarse, aunque todavía no se ha manifestado. Precisamente toda su preocupación es «allanar el camino» para que aquella gente pueda creer en él. Así presentaban las primeras generaciones cristianas la figura del Bautista.

Pero las palabras del Bautista están redactadas de tal forma que, leídas hoy por los que nos decimos cristianos, no dejan de provocar en nosotros preguntas inquietantes. Jesús está en medio de nosotros, pero ¿lo conocemos de verdad?, ¿comulgamos con él?, ¿le seguimos de cerca?

Es cierto que en la Iglesia estamos siempre hablando de Jesús. En teoría nada hay más importante para nosotros. Pero luego se nos ve girar tanto sobre nuestras ideas, proyectos y actividades que, no pocas veces, Jesús queda en un segundo plano. Somos nosotros mismos quienes, sin darnos cuenta, lo «ocultamos» con nuestro protagonismo.

Tal vez, la mayor desgracia del cristianismo es que haya tantos hombres y mujeres que se dicen «cristianos», en cuyo corazón Jesús está ausente. No lo conocen. No vibran con él. No los atrae ni seduce. Jesús es una figura inerte y apagada.

Está mudo. No les dice nada especial que aliente sus vidas. Su existencia no está marcada por Jesús.

Esta Iglesia necesita urgentemente «testigos» de Jesús, creyentes que se parezcan más a él, cristianos que, con su manera de ser y de vivir, faciliten el camino para creer en Cristo. Necesitamos testigos que hablen de Dios como hablaba él, que comuniquen su mensaje de compasión como lo hacía él, que contagien confianza en el Padre como él.

¿De qué sirven nuestras catequesis y predicaciones si no conducen a conocer, amar y seguir con más fe y más gozo a Jesucristo? ¿En qué quedan nuestras eucaristías si no ayudan a comulgar de manera más viva con Jesús, con su proyecto y con su entrega crucificada a todos?. En la Iglesia nadie es «la Luz», pero todos podemos irradiarla con nuestra vida. Nadie es «la Palabra de Dios», pero todos podemos ser una voz que invita y alienta a centrar el cristianismo en Jesucristo.

José Antonio Pagola.

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viernes, 8 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DEL ADVIENTO – CICLO B – (10-12-2017)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8


“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Está escrito en el profeta Isaías:

- Yo envío mi mensajero delante de ti

para que te prepare el camino.

Una voz grita en el desierto:

«Preparad el camino del Señor,

allanad sus senderos».

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

- Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.

Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”



CONFESAR NUESTROS PECADOS


Preparadle el camino al Señor.

«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Éste es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Éste es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige sólo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.

La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.

Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».

La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

Ésta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.

La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?

José Antonio Pagola

viernes, 16 de diciembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO - CICLO A – (18-12-2016)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,18-24


“El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:

- Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.”



EXPERIENCIA INTERIOR


El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también “Emmanuel”. Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa “Dios con nosotros”? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.

Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos “Dios” no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea?

De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso, muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del Universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.

El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno.

¿Es posible? El secreto consiste, sobre todo, en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar “acogiendo” la paz, la vida, el amor, el perdón... que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.

Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.

Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo veinte, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, “esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre”. El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros:

dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad.

José Antonio Pagola

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viernes, 9 de diciembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO A – (11-12-2016)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11


“En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:

- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús les respondió:

- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».

Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.”


CURAR HERIDAS


La actuación de Jesús dejó desconcertado al Bautista. Él esperaba un Mesías que extirparía del mundo el pecado imponiendo el juicio riguroso de Dios, no un Mesías dedicado a curar heridas y aliviar sufrimientos. Desde la prisión de Maqueronte envía un mensaje a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.

Jesús le responde con su vida de profeta curador: “Decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.

Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso, se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.

Jesús no se siente enviado por un Juez riguroso para juzgar a los pecadores y condenar al mundo. Por eso, no atemoriza a nadie con gestos justicieros, sino que ofrece a pecadores y prostitutas su amistad y su perdón. Y por eso pide a todos: “No juzguéis y no seréis juzgados”.

Jesús no cura nunca de manera arbitraria o por puro sensacionalismo. Cura movido por la compasión, buscando restaurar la vida de esas gentes enfermas, abatidas y rotas. Son las primeras que han de experimentar que Dios es amigo de una vida digna y sana.

Jesús no insistió nunca en el carácter prodigioso de sus curaciones ni pensó en ellas como receta fácil para suprimir el sufrimiento en el mundo. Presentó su actividad curadora como signo para mostrar a sus seguidores en qué dirección hemos de actuar para abrir caminos a ese proyecto humanizador del Padre que él llamaba “reino de Dios”.

El Papa Francisco afirma que “curar heridas” es una tarea urgente: “Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor, cercanía y proximidad a los corazones... Esto es lo primero: curar heridas, curar heridas”. Habla luego de “hacernos cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela”. Habla también de “caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perderse”.

Al confiar su misión a los discípulos, Jesús no los imagina como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores. Su tarea será doble: anunciar que el reino Dios está cerca y curar enfermos.

José Antonio Pagola

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viernes, 2 de diciembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO – CICLO A – (4-12-2016)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3,1-12


“Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:

- Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos».

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

- Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente?

Dad el fruto que pide la conversión, y no os hagáis ilusiones pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.

Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias.

Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego.

Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.”




RECORRER CAMINOS NUEVOS


Por los años 27 o 28 apareció en el desierto del Jordán un profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.

Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Después de veinte siglos, el Papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: Abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.

Su propósito es claro: “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”. No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El Papa no se sorprende: “La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida”. Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: “¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido capacidad de respuesta?“.

Algunos sectores de la Iglesia piden al Papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: “Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes”.

Me parece admirable la clarividencia evangélica del Papa Francisco. Lo primero no es firmar decretos reformistas. Antes, es necesario poner a las comunidades cristianas en estado de conversión y recuperar en el interior de la Iglesia las actitudes evangélicas más básicas. Solo en ese clima será posible acometer de manera eficaz y con espíritu evangélico las reformas que necesita urgentemente la Iglesia.

El mismo Francisco nos está indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia. Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: “una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta”. No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: “una Iglesia que se encierra en el pasado, traiciona su propia identidad”. Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar “un

cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no haya nada”. “Buscar una Iglesia pobre y de los pobres”. Anclar nuestra vida en la esperanza, no “en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos”.

José Antonio Pagola

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domingo, 27 de noviembre de 2016

ADVIENTO,TIEMPO DE ESPERA

Las cuatro semanas anteriores a la solemnidad de Navidad forman el tiempo de Adviento que es la preparación para la llegada del Salvador, dando con el primer domingo de Adviento comienzo un nuevo año litúrgico, que terminó el domingo anterior con la festividad de Cristo Rey (en el rito oriental-bizantino el año litúrgico comienza con la fiesta de la Natividad de la Virgen, el 8 de septiembre).

Las normas litúrgicas universales dicen que el Adviento "comienza con las primeras Vísperas del primer domingo de Adviento (el 30 de noviembre o domingo más cercano) y acaba antes de las primeras Vísperas de Navidad". Contiene siempre cuatro domingos que se estructuran en dos partes bien definidas: hasta el 16 de diciembre y del 17 al 24 de diciembre. Fue el papa san Gregorio Magno quien la estructura en cuatro semanas.

El tiempo de Adviento no se conoce en Roma hasta el S. VI, recogiendo la palabra adventus, aplicada anteriormente a la llegada de algún personaje importante (Emperador). Es el tiempo del Marana-tha (ven Señor), de la espera gozosa del Salvador. El Adviento es también el tiempo mariano por excelencia, donde la presencia de María en la liturgia es más patente.Teológicamente es tiempo de espera gozosa de la venida de Cristo, es tiempo asimismo del Espíritu Santo, tiempo del cumplimiento de las profecías, tiempo de conversión y tiempo mariano por excelencia como hemos dicho (diciembre el mes más particularmente apto para el culto a la Virgen sin que deba ser considerado como mes de María) con la Inmaculada, la Expectación al Parto, y ya en tiempo de Navidad con la solemnidad de María Madre de Dios (teotocos) el 1 de enero.

En los aspectos litúrgicos el Adviento es tiempo de relativa austeridad en los signos externos (el que espera es porque algo le falta). Así, es aconsejable pastoralmente hacer alguna celebración comunitaria de la penitencia. Se omite el Gloria los domingos por el carácter relativamente penitencial del tiempo para que resuene con más alegría el Gloria de la misa del Gallo. Las vestiduras son moradas (como en Cuaresma) y el altar debe estar escueto y sin adornos muy festivos. En el domingo III de Adviento, llamado de Gaudete por la antífona de entrada -Gaudéte in Domino semper: íterum dico, gaudéte- se puede usar el color rosa (como ocurrirá en el IV domingo de Cuaresma llamado de Laetare). La música instrumental se debe omitir para que contraste más la alegría del Nacimiento.

También se recomienda poner en lugar preferente una imagen de María y se está recuperado la tradición, procedente sobre todo de Centroeuropa y Norteamérica, de poner la llamada corona de Adviento (cuatro velas de diferentes colores sobre una corona de ramos verdes que se van encendiendo progresivamente en cada domingo, marcando el tiempo de la llegada del Señor).

La semana que precede a la Navidad tiene un sentido propio y distinto al resto del Adviento pues la llegada del Señor es inminente. Aquí las memorias de los santos son siempre libres, se puede cantar diariamente el Aleluya, poner más luces en el altar, usar vestiduras más lujosas, dar la bendición con la fórmula solemne de bendición de Adviento. Se debe notar que el tiempo es más alegre.

Las lecturas de Adviento se nuclean en las ferias en torno al profeta Isaías y las evangélicas en los pasajes que narran al Precursor y los preparativos del Nacimiento. Los domingos se leen las epístolas de Pablo, Santiago y Hebreos.Resumiendo pues diremos que el Adviento es un tiempo de relativa austeridad, ya que a quien espera siempre le falta algo. Por eso se emplean algunos signos de austeridad como las vestiduras moradas o la omisión del Gloria.


Jesús Luengo Mena, Lector instituido.

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