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lunes, 16 de enero de 2017

NUESTRA ROSARIO MATINAL A SANTO DOMINGO EN LA "PLUMA" DE NUESTRO HERMANO MARCO ANTONIO VELO

Una claridad antigua desflora los pespuntes del alba. La ciudad suena a motete en los acordes de la nostalgia. El acompasado airecillo de la amanecida acaricia -como la dermis de lo pretérito- la llegada de los primeros hermanos a la puerta lateral de San Pedro, léase calle Antona de Dios. Un azulejo de Virgen guapa despereza todos los somnolientos arrumacos de las oraciones aún no despiertas. La jornada es un -estrófico- conducto de ida y vuelta. Los cofrades de Loreto ya principian a abocetar trazos de azul oscuro -trajes de rigor- en el interior de una iglesia que acaba de abrir el Hermano Mayor Vicente Lozano. Relees en los renglones de la sinalefa interior el desgarrador instante -tan incruento- de la Madre sola al pie de la Cruz. Pura atribución ensangrentada…

En esta mañana de perfiles añejos -y cuasi de despedida extraoficial al año 2016- siguen cantando los pájaros de Juan Ramón Jiménez cuando los portalones del templo abren su amplitud a una calle Bizcocheros sin un alma en pena que presencie este hierático cortejo -rosario matinal- presidido por el valiosísimo simpecado del Rosario de los Montañeses. Lo porta, imperturbable, Juan Alfredo Calderón. Pronto se hacen los rezos que no precisan espectadores de acera a acera. Van dirigidos, verticalmente, a la Reina de los Cielos. La probidad de la devoción prevalece y sintetiza e incluso sostiene todas las descreencias de una sociedad en ciernes propensa a la cosificación del hombre. Cierran el cortejo dos ex Hermanos Mayores y Medallas de Oro de la institución: Miguel Puyol Vargas y Eduardo Velo García. El itinerario se traza hacia la iglesia de Santo Domingo. La suprema elocución de la memoria cobra tintes de remembranza ipso facto: cuando la Hermandad de Loreto buscó posada en 1974 con motivo del cierre temporal por obras de su sede canónica de San Pedro… fue la comunidad de padres dominicos la que hospitalariamente acogiera en su seno a la entonces cofradía sin posibles y sin morada siquiera…

La Hermandad de la Aviación -la otrora de capas blancas y túnica morada, la del regreso con olor a incienso y Manolito el del Huerto piropeando en codificable grito a su Loreto por calle Morenos a las tantas de la noche del Viernes Santo- llegaba -años setenta- a los brazos -destensados de puro abiertos- de los padres dominicos. Inocultable solidaridad ceñida a la mística de la intrahistoria jerezana. Allí, a los pies de la capilla de la Virgen del Rocío, aguardaban fray Domingo Campos -a la sazón vestidor de la Virgen- y el padre Paco, Francisco Fernández Cano, quien diestramente ejercía las labores de prior, el padre Ramón Fernández Aparicio, el padre Agustín López García y el padre Amador Mellado Moreno… Y, gabardina de caballero andante y pelo cano de cofrade experimentando, Ignacio Rodríguez Leonardo, hermano fundador de Loreto y cofrade ejemplarizante del Huerto… Ya luego, andando la perífrasis de los años, igualmente sobrevendrían priores como el padre Plaza, Agustín Turrado, el padre Porfirio Pérez Pontejo, el padre José Gabriel Rodríguez, el padre Vicente Cudeiro o el padre José Cuenca…

La mañana es una sonata de subtextos en el faldón del agradecimiento lauretano. Con motivo de la efeméride de los 800 años de la Orden de Predicadores y los 750 de este Real Convento de Santo Domingo los cofrades de San Pedro otra vez se hacen presentes. Todo acontece in icto oculi. En un pestañeo con olor a niñez. Con acento de Miguel de Mañara. Con silueta de Luis Mateos Ríos. Con porte de Juan Fiz Rubio. Con caligrafía de Francisco Larraondo Hernández. Con delicadeza de María Luisa Aoreña de Izquierdo Sánchez-Prado. Con tenacidad de Juan Pedro Bernal del Blanco. Con excelencia y pajarita al cuello de Bartolomé Lora Lara… Virgen de Loreto, la espuma blanca del mar Jerez, en este día de azules claros, como la machadiana infancia, reescribe la filosófica ley del eterno retorno.


lunes, 28 de noviembre de 2011

ARTÍCULO DE 1999 SOBRE NUESTRA HERMANDAD

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Traemos hoy un emotivo artículo de Andrés Cañadas Salguero y Víctor de Mora y Quirós donde se relata la trágica y, a su vez, ejemplar muerte de nuestro Hermano Mayor D. Jesús Ageo,fue publicado en un coleccionable sobre Semana Santa de Diario de Jerez correspondiente a la Cuaresma de 1999.Agradecer a Eduardo Velo el envío de esta información.

                   
                      -Pinchar sobre la foto para verla más grande-

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viernes, 29 de enero de 2010

¿ESTA DIOS EN HAITI?

. Publicamos hoy un interesante artículo de los miembros de la Asociación Juan XXIII y que gentilmente nos fue remitido ayer por nuestro hermano Gonzalo Aguilar.Creemos no tiene desperdicio alguno: La tragedia de Haití suscita no pocas preguntas religiosas. La ciencia da respuestas acerca de por qué y cómo suceden los fenómenos pero, como decía Wittgenstein, una vez alcanzadas las soluciones científicas, permanecen las preguntas de sentido y significado, que escapan al ámbito científico. En la tragedia de Haití concurren dos fenómenos convergentes y diferentes. Por una parte, la situación de la isla caribeña en una zona sísmica, con frecuentes terremotos y maremotos, expuesta también a huracanes y ciclones, en una de las partes más vulnerables del planeta. Por otra, la agresiva mano del ser humano, que ha desforestado Haití, sobreexplotado sus reservas naturales y construido poblaciones y ciudades carentes de los mínimos de seguridad. Las condiciones extremadamente precarias en que los colonizadores dejaron el paìs, la tradición racista y esclavista, la corrupción generalizada, la dictadura de gobiernos explotadores, como los Duvalier, y la injusta distribución de los recursos han aumentado los males de la isla. Se ha hundido todo, incluido el casco histórico y los organismos estatales, pero se ha preservado el moderno barrio rico de “Pétion Ville”, en Puerto Príncipe, como también la vecina y menos desafortunada República Dominicana. A la luz de estos datos, la pregunta religiosa “dónde está Dios” no es ni puede ser la primera. Haití ejemplariza lo que ya pasó con el tsunami de Indonesia y las hambrunas subsaharianas. Hay pueblos, naciones y Estados que viven en la miseria, sin capacidad para defenderse de las catástrofes naturales. El orden internacional está montado sobre la concentración de riqueza en el 20% de la humanidad y el desamparo de buena parte de ésta. Por sí solos no pueden salir de su miseria, agravada por multinacionales que esquilman los recursos para obtener grandes beneficios en poco tiempo, gobiernos propios corruptos y vendidos, y países ricos que protegen sus intereses y los de sus compañías en el Tercer Mundo. Sin este orden de cosas se hubiera podido evitar la repercusión de la catástrofe o habría sido muchísimo menor. Pero los habitantes de Haití son tan pobres que ni siquiera tienen capacidad para recibir y repartir la ayuda que les llega. ¿Quién tiene la culpa? El actual orden internacional que sólo puede sostenerse en base al poder económico, político y militar de los países ricos, y la persistente corrupción de las elites dirigentes del país. ¿Y Dios? Seguimos buscando al dios relojero de Newton, que ajusta la maquinaria del universo para arreglar sus disfuncionalidades. Pedimos milagros naturales, que Dios envíe las lluvias o las pare, detenga los tifones, haga prodigios. Eso era tambièn lo que pedía el pueblo a Jesús, el deseo con el que el espíritu del mal le tentaba (poder, prestigio y dinero), y el sueño de los discípulos (un mesías milagrero). Dos mil años después seguimos buscando un Dios-providencia a nuestro servicio, un super-padre protector y un ser omnipotente que nos proteja de la naturaleza. Pero Dios no intervino para evitar el Gólgota, ni tampoco en Auschwitz, ni ha evitado pestes, hambrunas y otros desastres. Creemos, con todo, que el mal es también un misterio que encaja difícilmente con la imagen de un Dios omnipotente y misericordioso, sobre todo, cuando se traduce en sufrimiento de los pobres y de los inocentes. La ciencia formula las leyes de la naturaleza y explica las causas de los desastres, facilitando el progreso y el avance en el control de ella. Dios no tiene celos del ser humano, imagen suya, sino que capacita a la persona para ser creadora y generar vida. Le ha dado a la humanidad una responsabilidad en el mundo con la condición de que todos los seres humanos y la propia naturaleza participen equitativamente de las riquezas del universo. Defiende al pobre y al oprimido, y bendice a los que trabajan por la paz y la justicia, valores del Reino de Dios. Dios no es neutral, está en Haití en las víctimas y en cuantas personas trabajan allí solidariamente, se identifica con las víctimas y hace de ellas el criterio del juicio divino (Mt 25,31-46). Nadie tiene derecho a hablar en su nombre, sólo ellas y quienes comparten sus sufrimientos. Pero todos podemos y debemos hacernos presentes en Haití, atender a las necesidades urgentes de los haitianos y colaborar en su reconstrucción. Mas eso no basta. Dentro de pocos meses Haití será un mero recuerdo, excepto para los que siguen allí. La gran tragedia del siglo XXI es la de una humanidad que tiene recursos suficientes para acabar con el hambre y mitigar las catástrofes naturales, pero prefiere emplearlos en armamento, para defenderse de los pobres; en policías, para evitar que lleguen los inmigrantes a nuestras islas de riqueza; y en los despilfarros consumistas de una minoría de países. Del mal de Haití somos todos responsables, especialmente los países más ricos, y la solidaridad no puede quedarse en un momento puntual, aunque sea necesaria, sino que exige otra forma de vida. Haití personifica hoy a los pueblos crucificados, y la única respuesta válida es comprometernos para que no haya màs Haitís asolados ni Palestinas masacradas, como tampoco ningún Auschwitz ni Hiroshima. Todos tenemos que cambiar, y la referencia al Dios de Jesús ha de ser el gran acicate de justicia y solidaridad para los que nos llamamos cristianos. Firman este documento los siguientes miembros de la Asociación Juan XXIII: Josè Luis Andavert, Xavier Alegre, Juan Barreto, Fernando Bermúdez, José Manuel Bernal, Rafael Calonge, José María Castillo (vocal), Josè Centeno, Juan Antonio Estrada, Benjamín Forcano, Máximo García Ruiz (vocal), Josè Ignacio Gonzàlez Faus, Julio Lois, Francisco Margallo, Eduardo Malvado, Albert Moliner, Federico Pastor (presidente), Jesús Pelàez, Victorino Pérez Prieto, Margarita Pintos, Josè Luis Quiròs, Alfredo Tamayo Ayestaràn (vicepresidente), Juan Josè Tamayo-Acosta (secretario general), Rufino Velasco, José Vico, Evaristo Villar, Juan Yzuel. .

miércoles, 18 de marzo de 2009

¿PORQUE VESTIMOS LA TUNICA?

. El mundo de los sentimientos es tan complejo y tan personal que es realmente difícil encontrar un único concepto o una sola palabra que, por sí sola, sepa expresar que significa para un cofrade, para cualquier persona, vestir su túnica de nazareno. ¿Para mí? Pues mil cosas y muchas indefinibles, pero si tuviera que elegir, si tuviera que quedarme con una única idea que centralizara muchos de mis sentimientos elegiría sin duda aquella que, aunque no lo parezca, recoge pasado, presente y futuro en nuestra vida: reencuentro. ¿Quién no siente al vestir la túnica que repite un rito casi iniciático que contempla siete siglos de historia? ¿Quién no recuerda la ilusión del mismo momento de hace muchos años? ¿Quién no se reencuentra de corazón con aquellos que no están a nuestro lado porque ya viven con Cristo y María? ¿Quién no se acuerda de los ausentes por cualquier causa? ¿Quién no reza un Padrenuestro o un Ave María encontrándose, quizás por única vez en el año, con quienes deben ser nuestra luz y nuestra guía? ¿Quién no hace un mínimo examen de conciencia de nuestra vida, aunque sea casi efímero, cuando se siente solo entre la multitud? ¿Quién no se plantea nuevos retos de futuro más cercanos a Dios o a los hombres? ¿Quién no se ha dicho a sí mismo que cumplirá alguna promesa olvidada? ¿Quién … Sí que merece la pena sentirse persona anónima entre tanta gente e ir sintiendo como, desde la soledad, la ilusión inicial se va trocando en cansancio y agotamiento, y como empiezas a preguntarte para qué estás allí, y como tú mismo empiezas a hacerte preguntas y darte respuestas de vida, de tu vida. Sí que merece la pena. Claro que merece la pena reencontrarse con la túnica, con nuestra túnica. Probadlo. Huid de comodidades por un pequeño rato. De corazón, merece la pena. Ellos: Nuestro Santo Crucifijo de la Salud y María Santísima de la Encarnación te quieren a su lado en la Madrugada Santa cuando recorren las calles de Jerez para derramar sus bendiciones, para convertirse en bálsamo de paz, para derrochar amor infinito. ¡NO LOS DEFRAUDES! LUIS CRUZ DE SOLA;HNO MAYOR SANTO CRUCIFIJO DE LA SALUD DE JEREZ Nota.- Incluido en el boletín informativo de la Hermandad de la Buena Muerte.