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viernes, 1 de noviembre de 2019

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS – CICLO C – (2-11-2019)

JUAN 14, 1-6.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».”


La conmemoración del día de los difuntos, es el día en el que de una forma especial los tenemos como más cerca, como para manifestar que la muerte no es el final definitivo, sino que todavía permanecen entre nosotros, que su recuerdo los hace estar a nuestro lado, y sobre todo porque ellos nos animan y nos estimulan en la vida que a nosotros nos queda por vivir.

La fe en la resurrección no logra que la pérdida de alguien, de una persona, con la que compartes los lazos de la sangre, de un padre, de una madre, de un esposo o esposa, de un hermano o una hermana, en definitiva de un ser querido, de una persona con la que has compartido cosas, proyectos tiempo, alegrías, penas, con la que has pasado buenos y malos momentos, una persona con la que te unían los lazos del afecto o de la amistad, no duela. Cuando tienes que separarte de esa persona, el corazón humano sufre, y las lágrimas afloran a nuestros ojos, no tengamos miedo de expresar con lágrimas nuestro sentimiento más íntimo por la pérdida física de alguien a quien queríamos, esto no es manifestación ni mucho menos de nuestra falta de fe, al contrario diría yo. Me gustaría convencerlos a todos de que nuestro Dios, ese Dios Padre en el que creemos, sufre con cada uno de nosotros cuando perdemos a un ser querido, que Él está a nuestro lado cuando sentimos profundamente la pérdida de nuestros seres queridos, como sufrió y estuvo al lado de su Hijo en la cruz. Que diferente es esta actitud a la de creer que Dios nos ha abandonado o que no ha hecho nada por nosotros cuando perdemos de una forma traumática a alguien. Sé que vivir esto es difícil pero la profundidad de la fe de una persona se mide en estos momentos.

La fe en la resurrección es sobre todo un canto a la vida, es la manifestación de que la muerte no es lo último que nos pasa, es la manifestación de que ante la muerte también cabe la esperanza, es la demostración de que la muerte no es el final del camino. Ya conocemos aquel dicho que una persona muere definitivamente sólo cuando no hay nadie que se acuerde de él. Por eso nosotros estamos aquí porque queremos manifestar públicamente nuestra fe en la resurrección que es lo mismo que decir que nuestros difuntos no han muerto del todo, sino que permanecen junto a nosotros.

Nuestra fe en la resurrección debe hacer que seamos gente que amemos la vida, y desterremos de nosotros, desterremos de nuestra conducta todo aquello que signifique o que lleve a la muerte, y que hagamos lo necesario para que la vida pueda ser vivida con eficacia, pero sobre todo con dignidad por las personas; la fe en la resurrección debe de hacer que yo ame la vida que a mí me queda por vivir, y trabaje para que cada día hacer la vida un poco más feliz a las personas con las que vivo a diario, mi familia, mis vecinos etc., no puedo ser una persona que crea en la resurrección y no sea capaz de transmitir vida a mi alrededor.

A esto, también tiene que ayudarnos el recuerdo de los difuntos, la mejor manera de honrar su memoria, es la que su recuerdo nos ayude a nosotros a afrontar con más fuerza la vida que nos queda por vivir. Esta es la mejor manera de honrarlos, esa es la mejor manera de que su memoria sea algo gratificante para nosotros. ¡De cuantas cosas buenas son ellos modelos para nosotros!,¡de cuantas cosas buenas pueden ellos darnos lecciones, aunque ya no estén aquí!, seguramente que de muchas.

Por eso hoy, al tiempo que recordamos a los difuntos que nos tocan más de cerca, padres, hijos, abuelos, familiares, vecinos o conocidos, y que hace más o menos tiempo, nos separamos de ellos, al tiempo que los recordamos y pedimos a Dios por todos ellos, redoblamos nuestra confianza en que Dios ya los ha acogido en su seno, y ellos desde allí interceden por todos nosotros; para que cada día seamos un poco mejores y perdamos esa mala costumbre de hablar bien de la gente, pero cuando ya no están, a las personas hay que quererlas, cuidarlas y hablar bien de ellas cuando están vivas.

En un momento de silencio cada uno reza una oración especialmente por sus difuntos, y por todos en general, esa oración en la que tiene más fe, esa oración en la que más confía.


D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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jueves, 26 de octubre de 2017

NUESTRA MADRE VESTIDA DE LUTO

Fotos tomadas este pasado martes relativas al último cambio de vestimenta de Nuestra Madre con motivo de estar próximo el mes de noviembre,mes de los difuntos.






sábado, 1 de noviembre de 2014

NUESTRA MADRE DE LUTO EN EL MES DE LOS DIFUNTOS

Como es tradicional cada mes de noviembre, mes dedicado a los fieles difuntos, la Santísima Virgen aparece vestida de negro en su altar en señal de luto.

Fotos tomadas este viernes tras los cultos semanales








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viernes, 31 de octubre de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 31 DEL TIEMPO ORDINARIO (2-11-2014)

CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS

El texto evangélico es de Jn 14, 1-6 y dice lo siguiente:


"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: - Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino. Tomás le dice: - Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? Jesús le responde: - Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí".

* Si ayer nos fijábamos en lo santos, hoy nuestra mirada se detiene en nuestros hermanos difuntos que aún no han alcanzado la plenitud del cielo. Al recordar a nuestros seres queridos que ya no están con nosotros, puede sobrevenirnos cierta tristeza, pero al mismo tiempo nos ilumina la esperanza de que un día podremos reencontrarnos con ellos y de que hoy podemos seguir unidos a ellos en Cristo. Precisamente nuestra fe en Cristo nos da la certeza de que, aunque hemos de experimentar la muerte, estamos llamados a la resurrección.


* Hoy pedimos por todos estos hermanos nuestros que caminan hacia el encuentro definitivo con Dios. Ellos necesitan de nuestra oración, que les aporta consuelo. Nuestro recuerdo y nuestra petición es signo del amor que le tenemos, pues deseamos para ellos lo mejor, que es gozar de la presencia de Dios para siempre. También es una confesión de que confiamos en la misericordia de Dios y de que sabemos que la muerte no tiene la última palabra sobre nosotros.


* Señor, nacemos para morir, y morimos para vivir y estar contigo por toda la eternidad. La muerte nos llegará a todos: pero para quienes te confesamos como Camino, Verdad y Vida, la tristeza de la muerte se transforma en esperanza de ir a una de las muchas estancias de la casa del Padre. Hoy te pido por mis difuntos y por quienes no tienen quien pida por ellos: concédeles el descanso eterno. Amén.


* María, madre de la esperanza. Hoy nos unimos a tu Hijo para elevar nuestra oración por los que ya nos han dejado. Que ellos y nosotros algún día podamos gozar eternamente de Él y de tu amorosa compañía.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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