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martes, 4 de enero de 2022

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – CICLO C – (6-1-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12

“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.

Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

- «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

- «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

- «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino”.


LUZ

“¡Levántate, brilla Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!” Nos resulta familiar este grito que se encuentra en el libro de Isaías (Is 60 1). Con él se abre la primera lectura de la misa en esta Solemnidad de la Epifanía del Señor. Jerusalén resplandece no por su propia luz, sino por la gloria del Señor que brilla sobre ella.

Jerusalén representa la tradición judía, la riqueza de la cultura hebrea, su historia leída a la luz de la fe, el tesoro de las escrituras santas. Todo eso ha sido dispuesto por Dios para iluminar a los pueblos. La elección de Israel es un privilegio, pero lleva consigo una misión universal. Los pueblos están llamados a caminar a su luz.

Ahora bien, el texto reconoce que también esos pueblos tienen sus riquezas. Si ellos reciben de Jerusalén la luz para el camino, también pueden darle un gran tesoro de experiencia y de sabiduría. Los camellos y dromedarios, el oro y el incienso representan todo lo que las otras culturas y tradiciones pueden aportar al diálogo de la salvación universal.


EL CAMINO DE LA FE

Ese texto profético sirve de enlace al relato evangélico de la llegada de los Magos que hoy se proclama (Mt 2, 1-12).

Los Magos, en primer lugar “representan el camino de las religiones hacia Cristo, así como la autosuperación de la ciencia con vistas a él”, como ha escrito Benedicto XVI en su libro “La infancia de Jesús” (p. 101).

Por otra parte, el episodio de los Magos nos recuerda que la presencia de Jesús en el mundo desencadena sentimientos encontrados. El nacimiento de Jesús suscita la búsqueda y el reconocimiento, la adoración y el don en el ánimo de los Magos. Pero suscita también en el corazón de Herodes la turbación y los celos, el rechazo y la voluntad de muerte.

En tercer lugar, el relato de los Magos nos presenta las mediaciones de la salvación. La aparición de la estrella nos recuerda que Dios se ha manifestado y se manifiesta a través de su creación. La referencia de los escribas a un profeta nos indica la importancia de escrutar las Escrituras para hallar el camino que lleva al Rey y Pastor de nuestra historia y nuestra vida.


LA BÚSQUEDA DE LOS MAGOS

“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. He ahí las únicas palabras que se ponen en boca de los Magos. Con ellas revela el evangelista la intención de todo el relato.

• “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?” Esa pregunta es ya un preámbulo de la fe. En su carta “La Puerta de la fe”, Benedicto XVI afirma que “muchas personas, aun no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda… lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios” (PF 10).

• “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. En esa frase se subrayan tres de los pasos del camino de la fe. El primero –la aparición de la estrella- no depende de nosotros. Pero es bueno saber que los signos de la salvación están ahí. El segundo paso nos lleva a mirar y relacionar los signos con su significado. Todo es huella de Dios. Y todo nos lleva a Cristo. El tercer paso es la adoración, que reconoce en Jesús al único Salvador.

- “Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo Unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe, poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por Cristo nuestro Señor. Amén”.

José-Román Flecha Andrés

miércoles, 6 de enero de 2021

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – CICLO B – (6-1-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12


“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.

Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

- «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

- «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

- «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”


NACIDO PARA TODOS

En el libro de Isaías se incluye una vibrante profecía, en la que se exhorta a Jerusalén a levantarse y vestirse de luz. El mundo está sumergido en la oscuridad, pero la gloria del Señor amanece sobre la ciudad. A ella se encamina la peregrinación de los pueblos de la tierra. Un día llegarán desde lejos hasta su templo, “trayendo incienso y oro, y proclamando las alabanzas del Señor” (Is 60, 1-6).

Entonces se postrarán ante el Señor todos los reyes de la tierra y todos los pueblos le servirán, según se proclama en el salmo responsorial (Sal 71). Se anuncia, por tanto, una fiesta universal que encontrará su motivo final en la salvación esperada por toda la humanidad.

Con razón se dice en la carta a los Efesios que también los no judíos son coherederos de esa gracia. Todos los habitantes de la tierra son miembros del mismo cuerpo y partícipes de la promesa que se ha realizado en Jesucristo, por el Evangelio (Ef 3,2-3a.5-6).


EL CAMINO DE LA ESTRELLA

Así pues, el texto evangélico nos invita a pensar en la universalidad de la salvación, a agradecerla y a convertirla en motivo de nuestro compromiso (Mt 2,1-12). Los pastores que adoraron a Jesús representaban al pueblo de Israel. Los Magos que llegan de oriente, siguiendo la luz de una estrella, evocan la vocación de los demás pueblos.

En los gestos de los Magos descubrimos las actitudes que van llevando al hombre a descubrir la luz y a caminar a su resplandor. La atención a la naturaleza, el ponerse en camino y postrarse en adoración son la parábola del seguimiento cristiano.

• Nacido en Belén de Judá, Jesús se muestra al mundo por medio de una estrella. Tampoco ahora faltan los signos de la presencia de Dios en la historia humana. Pero hace falta salir de nuestros propios intereses para prestar atención a esas señales de salvación.

• Los Magos buscan la manifestación de Dios y la encuentran en Jesús. Es decir, en la fuerza de Dios que se manifiesta en la pequeñez, en la sencillez y en la debilidad de la vida. Eso les llena de una inmensa alegría.

• Los Magos siguen un camino difícil que tiene por meta al Mesías Jesús. La búsqueda sincera del Señor no quedará defraudada. Pero necesitamos superar el temor y la comodidad, las críticas y las frustraciones que encontraremos a lo largo del camino.


LOS PASOS DEL CAMINO

Recordando a los Magos, comenta San Juan de Ávila: “Los hombres que por miedo, por vergüenza, dejan de servir a Dios y se vuelven atrás de lo comenzado no son buenos para el cielo”. Así que también nosotros nos preguntamos qué pasos del camino nos llevarán hasta Jesús.

• Para llegar hasta el Señor, como los Magos, hay que estar dispuestos a abandonar la comodidad y la rutina de cada día para ponerse en camino.

• Hay que escudriñar las señales de los tiempos y consultar las Escrituras, hay que decidirse a adorar solo al Señor y ofrecerle lo mejor de nosotros mismos.

• Y hay que decidir volver a nuestros quehaceres y compromisos por un itinerario diferente y con un espíritu renovado por el encuentro con el Señor.

Como dijo el papa Benedicto XVI, “los Magos que vienen de Oriente son solo los primeros de una larga lista de hombres y mujeres que en su vida han buscado constantemente con los ojos la estrella de Dios, que han buscado al Dios que está cerca de nosotros, seres humanos, y que nos indica el camino”.

- Señor Jesús, Tú eres la meta de nuestros caminos. Como los Magos, también nosotros queremos dejar nuestra comodidad y mantenernos en peregrinación y en búsqueda. Que tu luz nos guíe para que, abiertos a la verdad, podamos adorarte y ofrecerte lo mejor de nuestros dones. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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domingo, 5 de enero de 2020

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – CICLO A – (6-1-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12



“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.

Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

-« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

-«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

-«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”



“Levántate, brilla Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti!” Nos resulta familiar este grito que se encuentra en el libro de Isaías (Is 60 1). Con él se abre la primera lectura de la misa en esta Solemnidad de la Epifanía del Señor. Jerusalén resplandece no por su propia luz, sino por la gloria del Señor que brilla sobre ella.

Jerusalén representa la tradición judía, la riqueza de la cultura hebrea, su historia leída a la luz de la fe, el tesoro de las escrituras santas. Todo eso ha sido dispuesto por Dios para iluminar a los pueblos. La elección de Israel es un privilegio, pero lleva consigo una misión universal. Los pueblos están llamados a caminar a su luz.

Ahora bien, el texto reconoce que también esos pueblos tienen sus riquezas. Si ellos reciben de Jerusalén la luz para el camino, también pueden darle un gran tesoro de experiencia y de sabiduría. Los camellos y dromedarios, el oro y el incienso representan todo lo que las otras culturas y tradiciones pueden aportar al diálogo de la salvación universal.


EL CAMINO DE LA FE

Ese texto profético sirve de cañamazo al relato evangélico de la llegada de los Magos que hoy se proclama (Mt 2, 1-12). Los Magos, en primer lugar “representan el camino de las religiones hacia Cristo, así como la autosuperación de la ciencia con vistas a él”, como ha escrito Benedicto XVI en su libro “La infancia de Jesús”.

Por otra parte, el episodio de los Magos nos recuerda que la presencia de Jesús en el mundo desencadena sentimientos encontrados. El nacimiento de Jesús suscita la búsqueda y el reconocimiento, la adoración y el don en el ánimo de los Magos. Pero suscita también en el corazón de Herodes la turbación y los celos, el rechazo y la voluntad de muerte.

En tercer lugar, el relato de los Magos nos presenta las mediaciones de la salvación. La aparición de la estrella nos recuerda que Dios se ha manifestado y se manifiesta a través de su creación.

La referencia de los escribas a un profeta nos indica la importancia de escrutar las Escrituras para hallar el camino que lleva al Rey y Pastor de nuestra historia y nuestra vida.


LA BÚSQUEDA DE LOS MAGOS


“¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. He ahí las únicas palabras que se ponen en boca de los Magos. Con ellas revela el evangelista la intención de todo el relato.

• “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?” Esa pregunta es ya un preámbulo de la fe. En su carta “La Puerta de la fe”, Benedicto XVI afirma que “muchas personas, aun no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda… lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios” .

• “Hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. En esa frase se subrayan tres de los pasos del camino de la fe. El primero –la aparición de la estrella- no depende de nosotros. Pero es bueno saber que los signos de la salvación están ahí. El segundo paso nos lleva a mirar y relacionar los signos con su significado. Todo es huella de Dios. Y todo nos lleva a Cristo. El tercer paso es la adoración, que reconoce en Jesús al único Salvador.

– “Señor, tú que en este día revelaste a tu Hijo Unigénito a los pueblos gentiles, por medio de una estrella, concede a los que ya te conocemos por la fe, poder contemplar un día, cara a cara, la hermosura infinita de tu gloria. Por Cristo nuestro Señor. Amén”.

José-Román Flecha Andrés

viernes, 4 de enero de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – CICLO C – (6-1-2019)

LUCAS 1-5.7-15.

“En aquel tiempo, Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.» Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: «En Belén de Judea». Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: «Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.» Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”


Estamos en el día de Reyes, celebración que cierra el ciclo de las fiestas navideñas. Una de las cosas que tiene la Navidad es que nos hace regresar a la infancia en muchos momentos. Y el día que más nos hace regresar a aquellos años no cabe duda que es el día de los Reyes. Es entrañable ver la cara de sorpresa de muchos niños en las cabalgatas de los pueblos y ciudades, la ilusión con la que han pedido o esperan los regalos la noche pasada. Y todavía siguen poniendo los zapatos, o les dejan algo de comida para los cansados camellos en esta noche mágica, en esta noche en la que todo es posible. Es muy bueno conservar en sus justos términos dentro de nosotros un sano sentido de lo mágico y de la fantasía, ya que esto nos hará estar más abiertos a la comprensión profunda de los acontecimientos y de las cosas que nos pasan, y llenar nuestro entorno de ese halo de ilusión y trascendencia que son imprescindibles.

La fiesta de la Epifanía del Señor, es la fiesta de la manifestación al mundo de la presencia de Dios, con la llegada de los magos las fronteras ya no serán obstáculo a la hora de reconocer al Niño de Belén como el Dios de todos. Sonaba a escándalo en el pueblo de Israel, el pueblo elegido, que los otros pueblos tuviesen la misma dignidad ante Dios, por eso San Pablo en la carta a los Efesios dice que los gentiles (o sea los que no son judíos) son también destinatarios de la salvación de Jesús. Después de esta fiesta nadie, ni pueblo ni personas, pueden atribuirse que Jesús venga sólo para ellos. La salvación de Dios no sabe ni de lenguas, ni de fronteras, ni de sexo, ni de color, ni de forma de ser, todos somos llamados a formar parte de este nuevo Pueblo de Dios que comienza a construir el Niño de Belén, que comienza a formarse en la Navidad. Los Reyes Magos universalizan la salvación del Señor que no puede ser encasillada por nada, ni por nadie. Que no es exclusiva de nada ni de nadie.

La luz de esta Epifanía, nos invita a que lleguemos hasta este Belén en el que nos hemos reunido, que es nuestra comunidad parroquial de San Blas: aquí, hoy, Dios quiere que le reconozcamos, que le encontremos en este templo, en esta casa, en esta comunidad, quiere que le reconozcamos en cosas pequeñas: en la sonrisa del que tenemos al lado, en el gesto de cariño del conocido, en el respeto, en el silencio, en la invitación a llevarnos mejor los unos con los otros, quiere que su signo distintivo sea la ternura, y que sintamos cómo se nos contagia, quiere que nos despojemos de esquemas antiguos y le podamos ver en la fragilidad, en la necesidad, quiere que le descubramos como nuestro Padre. Quiere que abramos nuestras conciencias y nuestros corazones para dejarle entrar y nacer dentro de ellos. Y quiere, por último, que aprendamos a ser nosotros estrellas para los demás, (y esto sí que es difícil) que sepamos guiarles para que en nosotros lo descubran también a Él, y así puedan llegar hasta el Dios de lo sencillo que ha nacido para salvamos,

En este día de los Reyes Magos, en el que todos (no sólo los niños) han pedido regalos, no estaría de más que nosotros les pidiéramos un poco más de paz para el mundo y para las relaciones entre nosotros, un poco más de amor para las familias rotas por la violencia y el desamor, un poco mas de justicia y caridad entre los hombres que haga que se superen las desigualdades y las pobrezas, un poco más de ternura en nuestras relaciones interpersonales, un poco más de esperanza y de ilusión en nuestros trabajos.

Pedimos al Señor en esta fiesta que la ilusión y la esperanza que son un signos de la misma, estén siempre presentes entre nosotros, que no desaparezcan de nuestro repertorio de conductas aunque ya no seamos tan niños. Se lo pedimos de verdad al Señor.

Y como siempre nos acordamos de los que menos tienen, de los que están solos, de los que han pasado las navidades sin una muestra de cariño especial por parte de alguien, de los enfermos, de los que sufren, de los que necesitan de nosotros y les damos de lado, nos acordamos de ellos y pedimos especialmente por ellos.


D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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sábado, 6 de enero de 2018

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – CICLO B – (6-1-2018)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12


“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.

Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

-« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

-«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

-«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”




¿A QUIÉN ADORAMOS?


Cayendo de rodillas, lo adoraron.

Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».

Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Esta es su pregunta.

Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿Dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.

Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Solo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.

Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño y, «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.

En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿Ante quién nos arrodillamos nosotros? ¿Cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén? ¿Ponemos a sus pies

nuestras riquezas y nuestro bienestar?¿Estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia?

En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.

José Antonio Pagola
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jueves, 5 de enero de 2017

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR – CICLO A – (6-1-2017)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12


“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.

Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

-« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

-«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

-«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”


¿A QUIÉN ADORAMOS?


Cayendo de rodillas, lo adoraron.

Los magos vienen del «Oriente», un lugar que evoca en los judíos la patria de la astrología y de otras ciencias extrañas. Son paganos. No conocen las Escrituras Sagradas de Israel, pero sí el lenguaje de las estrellas. Buscan la verdad y se ponen en marcha para descubrirla. Se dejan guiar por el misterio, sienten necesidad de «adorar».

Su presencia provoca un sobresalto en todo Jerusalén. Los magos han visto brillar una estrella nueva que les hace pensar que ya ha nacido «el rey de los judíos» y vienen a «adorarlo». Este rey no es Augusto. Tampoco Herodes. ¿Dónde está? Ésta es su pregunta.

Herodes se «sobresalta». La noticia no le produce alegría alguna. Él es quien ha sido designado por Roma «rey de los judíos». Hay que acabar con el recién nacido: ¿dónde está ese rival extraño? Los «sumos sacerdotes y letrados» conocen las Escrituras y saben que ha de nacer en Belén, pero no se interesan por el niño ni se ponen en marcha para adorarlo.

Esto es lo que encontrará Jesús a lo largo de su vida: hostilidad y rechazo en los representantes del poder político; indiferencia y resistencia en los dirigentes religiosos. Sólo quienes buscan el reino de Dios y su justicia lo acogerán.

Los magos prosiguen su larga búsqueda. A veces, la estrella que los guía desaparece dejándolos en la incertidumbre. Otras veces, brilla de nuevo llenándolos de «inmensa alegría». Por fin se encuentran con el Niño, y «cayendo de rodillas, lo adoran». Después, ponen a su servicio las riquezas que tienen y los tesoros más valiosos que poseen. Este Niño puede contar con ellos pues lo reconocen como su Rey y Señor.

En su aparente ingenuidad, este relato nos plantea preguntas decisivas: ¿ante quién nos arrodillamos nosotros?, ¿cómo se llama el «dios» que adoramos en el fondo de nuestro ser? Nos decimos cristianos, pero ¿vivimos adorando al Niño de Belén?, ¿ponemos a sus pies nuestras riquezas y nuestro bienestar?, ¿estamos dispuestos a escuchar su llamada a entrar en el reino de Dios y su justicia? En nuestras vidas siempre hay alguna estrella que nos guía hacia Belén.

José Antonio Pagola

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martes, 5 de enero de 2016

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANIA DEL SEÑOR – CICLO C - (6-1-2016)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12


“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.

Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:

-« ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.»

Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.

Ellos le contestaron:

-«En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:

"Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel."»

Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:

-«Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»

Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.

Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.

Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino”.


RELATO DESCONCERTANTE

Ante Jesús se pueden adoptar actitudes muy diferentes. El relato de los magos nos habla de la reacción de tres grupos de personas. Unos paganos que lo buscan, guiados por la pequeña luz de una estrella. Los representantes de la religión del Templo, que permanecen indiferentes. El poderoso rey Herodes que solo ve en él un peligro.

Los magos no pertenecen al pueblo elegido. No conocen al Dios vivo de Israel. Nada sabemos de su religión ni de su pueblo de origen. Solo que viven atentos al misterio que se encierra en el cosmos. Su corazón busca verdad.

En algún momento creen ver una pequeña luz que apunta hacia un Salvador. Necesitan saber quién es y dónde está. Rápidamente se ponen en camino. No conocen el itinerario preciso que han de seguir, pero en su interior arde la esperanza de encontrar una Luz para el mundo.

Su llegada a la ciudad santa de Jerusalén provoca el sobresalto general. Convocado por Herodes, se reúne el gran Consejo de "los sumos sacerdotes y los escribas del pueblo". Su actuación es decepcionante. Son los guardianes de la verdadera religión, pero no buscan la verdad. Representan al Dios del Templo, pero viven sordos a su llamada.

Su seguridad religiosa los ciega. Conocen dónde ha de nacer el Mesías, pero ninguno de ellos se acercará a Belén. Se dedican a dar culto a Dios, pero no sospechan que su misterio es más grande que todas las religiones, y tiene sus caminos para encontrarse con todos sus hijos e hijas. Nunca reconocerán a Jesús.

El rey Herodes, poderoso y brutal, solo ve en Jesús una amenaza para su poder y su crueldad. Hará todo lo posible para eliminarlo. Desde el poder opresor solo se puede "crucificar" a quien trae liberación.

Mientras tanto, los magos prosiguen su búsqueda. No caen de rodillas ante Herodes: no encuentran en él nada digno de adoración. No entran en el Templo grandioso de Jerusalén:

tienen prohibido el acceso: La pequeña luz de la estrella los atrae hacia el pequeño pueblo de Belén, lejos de todo centro de poder.

Al llegar, lo único que ven es al "niño con María, su madre". Nada más. Un niño sin esplendor ni poder alguno. Una vida frágil que necesita el cuidado de una madre. Es suficiente para despertar en los magos la adoración.

El relato es desconcertante. A este Dios, escondido en la fragilidad humana, no lo encuentran los que viven instalados en el poder o encerrados en la seguridad religiosa. Se les revela a quienes, guiados por pequeñas luces, buscan incansablemente una esperanza para el ser humano en la ternura y la pobreza de la vida.

José Antonio Pagola 

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lunes, 5 de enero de 2015

SOLEMNNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR (6-1-2015)

JORNADA DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE MISIONES Y DEL CATEQUISTA NATIVO


El texto evangélico es de Mt 2, 1-12 y dice lo siguiente:


“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”


* En el día de hoy se nos recuerda que Jesús ha nacido para salvar a todos los hombres. Los Magos que llegan de Oriente simbolizan a todos los pueblos. Jesús nace en el pueblo de Israel, dando cumplimiento a las profecías que conocían los judíos, pero el alcance de su misión es universal. Todos los hombres están llamados a ser iluminados por la luz que es Jesucristo.


* Epifanía significa manifestación, que Dios se muestra a los hombres.

La 1ª Pascua o manifestación fue el nacimiento de Jesús.

La 2ª Pascua o manifestación es ésta: Jesús se manifiesta a todos los pueblos, en la figura de los Magos. Así se certifica que la Buena Noticia lo es para toda la humanidad sin exclusión.


* Los Magos siguieron una estrella para llegar a Jesús. Son imagen de la búsqueda de Dios.

Señor, que yo sea capaz de dejarme guiar por la estrella que me lleva a tu encuentro, en la humildad y la pobreza.


* Los Magos al ver la estrella se llenaron de alegría.

Hazme ver, Señor, la luz de tu estrella en el firmamento de mi noche interior. No me dejes de tu mano. Que a pesar de tantos momentos bajos por mi debilidad y mi infidelidad, tu estrella permanezca en mi cielo y tú sigas vivo en mi vida.


* Los Magos, puestos de rodillas, adoraron al Niño.

El camino de los Magos culmina con el encuentro con Cristo, al que adoran y ofrecen sus presentes: oro (que revela la realeza de Cristo), incienso (que revela su divinidad) y mirra (que revela su humanidad que sufrirá la pasión y muerte).

Todos debemos adorar a Dios. La adoración es la respuesta amorosa ante un Dios que se ha hecho hombre para salvarnos. Adorar es responder con todo nuestro ser, con todas nuestra fuerzas, al amor que Dios nos tiene. Adorar es vaciarnos de todos nuestros apegos que nos impiden percibir la claridad que procede de Cristo, para dejarnos iluminar por Él.


* El Papa Benedicto XVI dedicó a los Magos de Oriente el último capítulo de su obra La infancia de Jesús, diciendo: "Los hombres de los que nos habla Mateo, no eran únicamente astrónomos. Eran sabios. Los sabios de Oriente son un inicio, representan a la Humanidad cuando emprende el camino hacia Cristo, inaugurando una procesión que recorre toda la Historia". Bellísimo mensaje para hoy: los Magos, buscadores de la verdad; vencedores de obstáculos; modelos de fe; los Magos, "generosos", se postran ante Jesús, mientras los fariseos no descubren al Mesías. Jesús acoge a todos los hombres de buena voluntad sean de donde sean.


* En la figura de los sabios que llegan desde Oriente siguiendo una estrella, se nos muestra que en Jesús está la respuesta a todo lo que el hombre busca. Los Magos nos enseñan que en la verdad de la ciencia, del arte, de la vida..., brilla una luz, la cual, si fuéramos capaces de seguirla hasta el final, nos conduciría hacia Jesús.


* Señor, que yo crea en ti como los Magos, que yo tenga la inquietud de los Magos para buscarte, que yo tenga la alegría de los Magos al encontrarte.

Señor, al igual que los Magos te ofrecieron lo mejor que tenían, yo quiero ofrecerte cada día el oro de mi adoración, el incienso de mis buenas obras y la mirra de mi amor.

Señor, que yo me deje iluminar por tu luz para poder iluminar a los demás.


* La eucaristía también es una epifanía, la manifestación del Señor bajo los signos del pan y el vino.

Con el “podéis ir en paz”, como los Magos, cada cristiano vuelve a su lugar de origen para llevar la buena noticia, para transmitir lo que ha visto y oído, para que Jesús llegue a quienes no le conocen. Esta es la verdadera prolongación de la epifanía, o mejor dicho, la verdadera epifanía.


* María, ayúdame a que mi vida sea una manifestación de Dios a los hombres.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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viernes, 4 de enero de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR (6-1-2013)

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JORNADA DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE MISIONES Y DEL CATEQUISTA NATIVO

El texto evangélico es de Mt 2, 1-12 y dice lo siguiente:



“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”


* En el día de hoy se nos recuerda que Jesús ha nacido para salvar a todos los hombres. Los Magos que llegan de Oriente simbolizan a todos los pueblos. Jesús nace en el pueblo de Israel, dando cumplimiento a las profecías que conocían los judíos, pero el alcance de su misión es universal.


* Epifanía significa manifestación, que Dios se muestra.
La 1ª Pascua o manifestación fue el nacimiento de Jesús.
La 2ª Pascua o manifestación es ésta: Jesús se manifiesta a todos los pueblos, en la figura de los magos. Así se certifica que la Buena Noticia lo es para toda la humanidad sin exclusión.


* Los Magos, puestos de odillas, adoraron al Niño. Todos debemos adorar a Dios. La adoración es la respuesta amorosa ante un Dios que se ha hecho hombre para salvarnos. Adorar es responder con todo nuestro ser, con todas nuestra fuerzas, al amor que Dios nos tiene.


* Señor, que yo crea en ti como los magos, que yo tenga la inquietud de los magos para buscarte, que yo tenga la alegría de los magos al encontrarte.
Señor, quiero ofrecerte cada día el oro de mi adoración, el incienso de mis buenas obras y la mirra de mi amor.


* Hazme ver, Señor, la luz de tu estrella en el firmamento de mi noche interior. No me dejes de tu mano. Que a pesar de tantos momentos bajos por mi debilidad y mi infidelidad, tu estrella permanezca en mi cielo y tú sigas vivo en mi vida.


* La eucaristía también es una epifanía, la manifestación del Señor bajo los signos del pan y el vino.
Con el “podéis ir en paz”, como los magos, cada cristiano vuelve a su lugar de origen para llevar la buena noticia, para transmitir lo que ha visto y oído. Esta es la verdadera prolongación de la epifanía, o mejor dicho, la verdadera epifanía.


* María, ayúdame a que mi vida sea una manifestación de Dios a los hombres.




Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.



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jueves, 5 de enero de 2012

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR (6-1-2012)

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JORNADA DEL INSTITUTO ESPAÑOL DE MISIONES Y DEL CATEQUISTA NATIVO


El texto evangélico es de Mt 2, 1-12 y dice lo siguiente:


“Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”


* En el día de hoy se nos recuerda que Jesús ha nacido para salvar a todos los hombres. Los Magos que llegan de Oriente simbolizan a todos los pueblos. Jesús nace en el pueblo de Israel, dando cumplimiento a las profecías que conocían los judíos, pero el alcance de su misión es universal.

* Epifanía significa manifestación, que Dios se muestra.
La 1ª Pascua o manifestación fue el nacimiento de Jesús.
La 2ª Pascua o manifestación es ésta: Jesús se manifiesta a todos los pueblos, en la figura de los magos. Así se certifica que la Buena Noticia lo es para toda la humanidad sin exclusión.

* Señor, que yo crea en ti como los magos, que yo tenga la inquietud de los magos para buscarte, que yo tenga la alegría de los magos al encontrarte.
Señor, quiero ofrecerte cada día el oro de mi adoración, el incienso de mis buenas obras y la mirra de mi amor.

* Hazme ver, Señor, la luz de tu estrella en el firmamento de mi noche interior. No me dejes de tu mano. Que a pesar de tantos momentos bajos por mi debilidad y mi infidelidad, tu estrella permanezca en mi cielo y tú sigas vivo en mi vida.

* La eucaristía también es una epifanía, la manifestación del Señor bajo los signos del pan y el vino.
Con el “podéis ir en paz”, como los magos, cada cristiano vuelve a su lugar de origen para llevar la buena noticia, para transmitir lo que ha visto y oído. Esta es la verdadera prolongación de la epifanía, o mejor dicho, la verdadera epifanía.

* María, ayúdame a que mi vida sea una manifestación de Dios a los hombres.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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martes, 4 de enero de 2011

SOLEMNIDAD DE LA EPIFANÍA DEL SEÑOR (6-1-2011)

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El texto del evangelio es de Mt 2, 1-12 y dice lo siguiente:

    “Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel”. Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.”

* Epifanía = manifestación.
La 1ª Pascua o manifestación fue el nacimiento de Jesús.
La 2ª Pascua o manifestación es ésta: Jesús se manifiesta a todos los pueblos, en la figura de los magos. Así se certifica que la Buena Noticia lo es para toda la humanidad sin exclusión.

* Señor, que yo crea en ti como los magos, que yo tenga la inquietud de los magos  para buscarte, que yo tenga la alegría de los magos al encontrarte.
Señor, quiero ofrecerte cada día el oro de mi adoración, el incienso de mis buenas obras y la mirra de mi amistad.

* Hazme ver, Señor, la luz de tu estrella en el firmamento de mi noche interior. No me dejes de tu mano. Que a pesar de tantos momentos bajos por mi debilidad y mi infidelidad, tu estrella permanezca en mi cielo y tú sigas vivo en mi vida.

* La eucaristía también es una epifanía, la manifestación del Señor bajo los signos del pan y el vino.
Con el “podéis ir en paz”, como los magos, cada cristiano vuelve a su lugar de origen para llevar la buena noticia, para transmitir lo que ha visto y oído. Esta es la verdadera prolongación de la epifanía, o mejor dicho, la verdadera epifanía.

* María, ayúdame a que mi vida sea una manifestación de Dios a los hombres.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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