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viernes, 3 de diciembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO – CICLO C – (5-12-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,1-6

“En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

- Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.”


MONTES Y VALLES

“En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios; que los valles se levanten, que montes y colinas se abajen”.

Esas imágenes pueden encontrarse ya en la segunda parte del libro de Isaías (40, 3-4). Una voz invita a abrir en el desierto una calzada para el Señor. Se anuncian las maravillas de un nuevo éxodo. Dios ha de conducir a su pueblo de la esclavitud a la libertad.

En este segundo domingo de adviento, se proclama un texto del profeta Baruc en el que se encuentran las mismas imágenes (Bar 5, 1-9). Ya no se trata de una exhortación. Es la noticia de la iniciativa de Dios. Él manda abajarse a los montes y rellenar los barrancos. Él ordena a los árboles que ofrezcan sombra a su pueblo mientras camina por el desierto.

La promesa de Dios alegra los corazones de sus hijos. Y estos gozan anticipando la liberación que Dios promete. El gozo de la esperanza se desborda sobre la creación entera.


CONVERSIÓN Y PERDÓN

Los antiguos poemas de los profetas reaparecen siglos más tarde en la boca de Juan, hijo de Zacarías. El evangelio de Lucas pone buen cuidado en anotar los datos precisos para situar en la historia el eco de una nueva profecía (Lc 3, 1-6). Las palabras son idénticas, pero el sentido es diferente.

• Tanto el profeta que sigue a Isaías como Baruc evocaban una voz que en el desierto invitaba a las gentes a la alegría y al consuelo. Juan es la voz que resuena en el desierto, exhortando a las gentes a la conversión para obtener el perdón de sus pecados.

• En otro tiempo se anunciaba que era Dios mandaba allanaba los caminos para que su pueblo pudiera caminar hacia la libertad. Ahora se pide a las personas cambien su conducta y allanen los caminos para que todos puedan ver la salvación de Dios.

• Los antiguos profetas ofrecían un consuelo al pueblo de Dios, sometido a esclavitud en Babilonia. El nuevo profeta exhorta a la conversión a sus oyentes para que se conviertan en el nuevo pueblo de Dios y se vean libres de la esclavitud de su egoísmo.


LO TORCIDO Y LO ESCABROSO

“Que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale”. Al leer aquellos versos (Is 40,5), los hijos de Israel agradecían a Dios las maravillas con que los devolvía a sus tierras para reedificar la Ciudad Santa. Aquel poema se hace promesa en la boca del bautista:

• “Lo torcido será enderezado”. En los textos bíblicos el pecado era presentado con frecuencia como un comportamiento “torcido”. La rectitud significa que ese comportamiento ha de ajustarse a la voluntad de Dios.

• “Lo escabroso será camino llano”. Lo escabroso dificulta el paso del caminante. El pecado no es una fácil conquista del hombre. Es un obstáculo que le hace tropezar y convierte en penoso el sendero que lleva a su propia realización.

• “Todos verán la salvación de Dios”. No es el hombre el que se salva a sí mismo. Es Dios quien ofrece al hombre la salvación. Hay que tener los ojos abiertos para ver la salvación. Hay que abrir los ojos para ver al Salvador que se acerca a nosotros.

- Señor Jesús, queremos escuchar la voz de los profetas que nos invitan cada día a preparar los caminos, para que puedas hacerte visible en nuestra vida y en nuestra historia. Ven Señor Jesús. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 5 de diciembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO – CICLO B – (6-12-2020

 Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8


“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Está escrito en el profeta Isaías:

- Yo envío mi mensajero delante de ti

para que te prepare el camino.

Una voz grita en el desierto:

«Preparad el camino del Señor,

allanad sus senderos».

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

- Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.

Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”


PREPARAR EL CAMINO

“Consolad, consolad a mi pueblo, dice vuestro Dios”. Estas palabras justifican el título de “Libro de la Consolación”, que suele darse a esta segunda parte del libro de Isaías”. El pueblo de Israel ha padecido la deportación y el exilio en Babilonia. Pero suena ya la hora del retorno a su tierra. Así que el consuelo no es una palabra vacía de contenido.

“Una voz grita: En el desierto preparadle un camino al Señor; allanad en la estepa una calzada para nuestro Dios” (Is 40,3). ¿Hay que preparar un camino al Señor o al pueblo que ha sido humillado? ¿No será una confusión del profeta? ¿O será que Dios se identifica con aquellos que han sido deportados y maltratados en tierra extraña?

Es hora de olvidar los sufrimientos del pasado. “La salvación está ya cerca de sus fieles… La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos”. No puede ser vana esa promesa que canta el salmo responsorial (Sal 84).

Pero si Dios no se olvida de nuestra miseria, algo hemos de hacer nosotros. Al menos, hemos de mirar hacia delante. Eso es. “Esperar y apresurar la venida del Señor” (2 Pe,3,12).


LOS SENDEROS

El evangelio de este segundo domingo del Adviento modifica levemente el mensaje del profeta: “Una voz grita en el desierto: Preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos” (Mc 1,3). El desierto era antes la vía de retorno de los desterrados. El desierto es ahora el lugar donde resuena la voz de Juan Bautista. Pero la exhortación es la misma.

• “Preparar el camino al Señor”. Dios es discreto, pero no es indiferente. Es el Señor de este mundo y ama a todos sus hijos. Es cierto que muchos parecen vivir alejados de él. Pero no podemos quedar paralizados por el “pesimismo estéril” que denuncia el papa Francisco. Hay que tender puentes para que Dios pueda encontrarse con sus hijos.

• “Allanad sus senderos”. Muchos encuentran dificultades para andar por el camino del Señor. Unos gritan su rechazo con blasfemias y otros lo demuestran con su indiferencia. Hay rocas institucionales que habrá que dinamitar. Pero ahí están también todos los escandalosos altibajos que presentamos los que decimos creer en Dios.

Es cierto que vivimos en un desierto. Pero es cierto que en el desierto resuena una voz que grita para despertarnos. Es urgente allanar senderos para facilitar el encuentro.


EL ENCUENTRO

Nos llama la atención tanto el extraño vestido del Bautista como su dieta de saltamontes y miel silvestre. Pero olvidamos su humildad y su mensaje.

• “Detrás de mí viene el que puede más que yo”. Anunciar al que viene. Porque el Señor está viniendo. He ahí el resumen de la tarea que nos ha sido confiada. Esa es la forma de superar las tentaciones de la desesperanza y de la orgullosa presunción.

• “Él os bautizará con Espíritu Santo”. Hemos sido bautizados con agua. Y no es poco, si ese bautismo significa el don de la fe y el compromiso de vivirla cada día. Pero el baño del Espíritu nos hará abandonar nuestros miedos y vivir con la osadía de su fuerza.

- Señor Jesús, sabemos que estás viniendo a nuestro mundo. A nuestro mundo, que es el tuyo. Necesitamos recuperar la fe y el coraje para preparar los caminos que hagan posible tu encuentro con tus hermanos. Tus hermanos, que son los nuestros. No podemos olvidarlo. Ven, Señor Jesús.

José-Román Flecha Andrés.

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viernes, 6 de diciembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN – CICLO A – (8-12-2019)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38


“En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

- Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:

- No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.

Y María dijo al ángel:

- ¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?

El ángel le contestó:

- El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.

María contestó:

- Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.

Y la dejó el ángel.”



DONDE LA GRACIA ESTÁ

“Reina y Madre, Virgen pura, que sol y cielo pisáis, a vos sola no alcanzó la triste herencia de Adán. ¿Cómo en vos, Reina de todos, si llena de gracia estáis, pudo caber igual parte de la culpa original? De toda mancha estáis libre: ¿y quién pudo imaginar que vino a faltar la gracia en donde la gracia está?” Es hermoso este romance de Francisco de Borja (1577-1658) que recitamos en la fiesta de la Inmaculada Concepción de Santa María Virgen.

En el tiempo del Adviento, la fiesta de la Concepción Inmaculada de María nos alienta en el camino de la esperanza. Somos conscientes de nuestros errores y pecados. A pesar de ellos, Dios ha querido ofrecer a la humanidad un horizonte de perdón y de misericordia, de gracia y de belleza.

Esta fiesta de María nos lleva a celebrar esta nueva creación. Nuestra oración de hoy brota de una íntima alegría. La de saber que lo que perdió EVA, “la madre de todos los que viven”, ha sido felizmente recuperado gracias al AVE que el ángel Gabriel dirige a María, Madre de todos los redimidos.


LLENA DE GRACIA

Hoy se proclama el relato evangélico de la Anunciación a María. En él escuchamos las palabras que le dirige el ángel del Señor: “María, no tengas miedo, pues tú gozas del favor de Dios”. Ese saludo convierte a María en imagen de todo el género humano. Con él se inicia el gran Adviento de la historia humana. Con él renace la esperanza.

Desde lo más hondo de su existencia, María refleja fielmente la misericordia de Dios y sabe traducirla en fidelidad. Dios nos crea y nos sostiene. María gozó durante toda su vida de la plenitud de la gracia y de la salvación. Fue una persona fiel en todo al proyecto de Dios. También a nosotros, Dios se nos da gratis, pero espera nuestra respuesta.

La sintonía de María con la salvación ofrecida por Dios a la humanidad es un don gratuito, pero encontró en ella una respuesta libre y generosa. Muy pobre es nuestra fe si superar el temor no nos ayuda a aceptar el don de la gracia que Dios nos ofrece cada día.

La humanidad no tiene nada que temer a Dios. Dios no es un enemigo de la causa y de la libertad humana. Dios nos ofrece su amable cercanía. Como dijo Benedicto XVI, “el hombre que se dirige hacia Dios no se hace más pequeño, sino más grande, porque gracias a Dios y junto con él se hace grande, se hace divino, llega a ser verdaderamente él mismo”.


ABOGADA DE GRACIA

Hoy nuestro corazón se esponja en la contemplación de la decisión de Dios de ofrecer a la humanidad un rayo de esperanza. Con el prefacio de la misa de esta solemnidad nos gozamos en la limpieza de María:

• “Purísima había de ser, Señor, la Virgen que nos diera el Cordero inocente”. Esta mirada al pasado de nuestra historia nos invita a dar gracias por el don de la salvación. A la vista del mal y de la corrupción de este mundo, con frecuencia nos dejamos vencer por el pesimismo.

• “Purísima la que, entre todos los hombres, es abogada de gracia y ejemplo de santidad”. Esta mirada a nuestro presente nos hace recobrar la esperanza. Y descubrir los signos de esperanza en nosotros mismos, en los demás y en toda la sociedad.

- “Oh Dios, por la concepción inmaculada de la Virgen María preparaste a tu hijo una digna morada. En previsión de la muerte de tu Hijo la preservaste de todo pecado. A nosotros concédenos por su intercesión llegar a ti limpios de todas nuestras culpas. Amén”.


José-Román Flecha Andrés

viernes, 8 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DEL ADVIENTO – CICLO B – (10-12-2017)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1,1-8


“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.

Está escrito en el profeta Isaías:

- Yo envío mi mensajero delante de ti

para que te prepare el camino.

Una voz grita en el desierto:

«Preparad el camino del Señor,

allanad sus senderos».

Juan bautizaba en el desierto; predicaba que se convirtieran y se bautizaran, para que se les perdonasen los pecados. Acudía la gente de Judea y de Jerusalén, confesaban sus pecados, y él los bautizaba en el Jordán.

Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:

- Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.

Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”



CONFESAR NUESTROS PECADOS


Preparadle el camino al Señor.

«Comienza la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios». Éste es el inicio solemne y gozoso del evangelio de Marcos. Pero, a continuación, de manera abrupta y sin advertencia alguna, comienza a hablar de la urgente conversión que necesita vivir todo el pueblo para acoger a su Mesías y Señor.

En el desierto aparece un profeta diferente. Viene a «preparar el camino del Señor». Éste es su gran servicio a Jesús. Su llamada no se dirige sólo a la conciencia individual de cada uno. Lo que busca Juan va más allá de la conversión moral de cada persona. Se trata de «preparar el camino del Señor», un camino concreto y bien definido, el camino que va a seguir Jesús defraudando las expectativas convencionales de muchos.

La reacción del pueblo es conmovedora. Según el evangelista, dejan Judea y Jerusalén y marchan al «desierto» para escuchar la voz que los llama. El desierto les recuerda su antigua fidelidad a Dios, su amigo y aliado, pero, sobre todo, es el mejor lugar para escuchar la llamada a la conversión.

Allí el pueblo toma conciencia de la situación en que viven; experimentan la necesidad de cambiar; reconocen sus pecados sin echarse las culpas unos a otros; sienten necesidad de salvación. Según Marcos, «confesaban sus pecados» y Juan «los bautizaba».

La conversión que necesita nuestro modo de vivir el cristianismo no se puede improvisar. Requiere un tiempo largo de recogimiento y trabajo interior. Pasarán años hasta que hagamos más verdad en la Iglesia y reconozcamos la conversión que necesitamos para acoger más fielmente a Jesucristo en el centro de nuestro cristianismo.

Ésta puede ser hoy nuestra tentación. No ir al «desierto». Eludir la necesidad de conversión. No escuchar ninguna voz que nos invite a cambiar. Distraernos con cualquier cosa, para olvidar nuestros miedos y disimular nuestra falta de coraje para acoger la verdad de Jesucristo.

La imagen del pueblo judío «confesando sus pecados» es admirable. ¿No necesitamos los cristianos de hoy hacer un examen de conciencia colectivo, a todos los niveles, para reconocer nuestros errores y pecados? Sin este reconocimiento, ¿es posible «preparar el camino del Señor»?

José Antonio Pagola

viernes, 2 de diciembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO – CICLO A – (4-12-2016)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3,1-12


“Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:

- Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos. Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: «Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos».

Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre.

Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán.

Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo:

- Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente?

Dad el fruto que pide la conversión, y no os hagáis ilusiones pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras.

Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego.

Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias.

Él os bautizará con el Espíritu Santo y fuego.

Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.”




RECORRER CAMINOS NUEVOS


Por los años 27 o 28 apareció en el desierto del Jordán un profeta original e independiente que provocó un fuerte impacto en el pueblo judío: las primeras generaciones cristianas lo vieron siempre como el hombre que preparó el camino a Jesús.

Todo su mensaje se puede concentrar en un grito: “Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Después de veinte siglos, el Papa Francisco nos está gritando el mismo mensaje a los cristianos: Abrid caminos a Dios, volved a Jesús, acoged el Evangelio.

Su propósito es claro: “Busquemos ser una Iglesia que encuentra caminos nuevos”. No será fácil. Hemos vivido estos últimos años paralizados por el miedo. El Papa no se sorprende: “La novedad nos da siempre un poco de miedo porque nos sentimos más seguros si tenemos todo bajo control, si somos nosotros los que construimos, programamos y planificamos nuestra vida”. Y nos hace una pregunta a la que hemos de responder: “¿Estamos decididos a recorrer los caminos nuevos que la novedad de Dios nos presenta o nos atrincheramos en estructuras caducas, que han perdido capacidad de respuesta?“.

Algunos sectores de la Iglesia piden al Papa que acometa cuanto antes diferentes reformas que consideran urgentes. Sin embargo, Francisco ha manifestado su postura de manera clara: “Algunos esperan y me piden reformas en la Iglesia y debe haberlas. Pero antes es necesario un cambio de actitudes”.

Me parece admirable la clarividencia evangélica del Papa Francisco. Lo primero no es firmar decretos reformistas. Antes, es necesario poner a las comunidades cristianas en estado de conversión y recuperar en el interior de la Iglesia las actitudes evangélicas más básicas. Solo en ese clima será posible acometer de manera eficaz y con espíritu evangélico las reformas que necesita urgentemente la Iglesia.

El mismo Francisco nos está indicando todos los días los cambios de actitudes que necesitamos. Señalaré algunos de gran importancia. Poner a Jesús en el centro de la Iglesia: “una Iglesia que no lleva a Jesús es una Iglesia muerta”. No vivir en una Iglesia cerrada y autorreferencial: “una Iglesia que se encierra en el pasado, traiciona su propia identidad”. Actuar siempre movidos por la misericordia de Dios hacia todos sus hijos: no cultivar “un

cristianismo restauracionista y legalista que lo quiere todo claro y seguro, y no haya nada”. “Buscar una Iglesia pobre y de los pobres”. Anclar nuestra vida en la esperanza, no “en nuestras reglas, nuestros comportamientos eclesiásticos, nuestros clericalismos”.

José Antonio Pagola

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viernes, 4 de diciembre de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO (6-12-2015)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,1-6

“En el año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, y Herodes virrey de Galilea, y su hermano Felipe virrey de Iturea y Traconítide, y Lisanio virrey de Abilene, bajo el sumo sacerdocio de Anás y Caifás, vino la palabra de Dios sobre Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.

Y recorrió toda la comarca del Jordán, predicando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías:

- Una voz grita en el desierto: preparad el camino del Señor, allanad sus senderos; elévense los valles, desciendan los montes y colinas; que lo torcido se enderece, lo escabroso se iguale. Y todos verán la salvación de Dios.” 


 
ABRIR CAMINOS NUEVOS

Los primeros cristianos vieron en la actuación del Bautista al profeta que preparó decisivamente el camino a Jesús. Por eso, a lo largo de los siglos, el Bautista se ha convertido en una llamada que nos sigue urgiendo a preparar caminos que nos permitan acoger a Jesús entre nosotros.

Lucas ha resumido su mensaje con este grito tomado del profeta Isaías: "Preparad el camino del Señor". ¿Cómo escuchar ese grito en la Iglesia de hoy? ¿Cómo abrir caminos para que los hombres y mujeres de nuestro tiempo podamos encontrarnos con él? ¿Cómo acogerlo en nuestras comunidades?

Lo primero es tomar conciencia de que necesitamos un contacto mucho más vivo con su persona. No es posible alimentarse solo de doctrina religiosa. No es posible seguir a un Jesús convertido en una sublime abstracción. Necesitamos sintonizar vitalmente con él, dejarnos atraer por su estilo de vida, contagiarnos de su pasión por Dios y por el ser humano.

En medio del "desierto espiritual" de la sociedad moderna, hemos de entender y configurar la comunidad cristiana como un lugar donde se acoge el Evangelio de Jesús. Vivir la experiencia de reunirnos creyentes, menos creyentes, poco creyentes e, incluso, no creyentes, en torno al relato evangélico de Jesús. Darle a él la oportunidad de que penetre con su fuerza humanizadora en nuestros problemas, crisis, miedos y esperanzas.

No lo hemos de olvidar. En los evangelios no aprendemos doctrina académica sobre Jesús, destinada inevitablemente a envejecer a lo largo de los siglos. Aprendemos un estilo de vivir realizable en todos los tiempos y en todas las culturas: el estilo de vivir de Jesús. La doctrina no toca el corazón, no convierte ni enamora. Jesús sí.

La experiencia directa e inmediata con el relato evangélico nos hace nacer a una fe nueva, no por vía de "adoctrinamiento" o de "aprendizaje teórico", sino por el contacto vital con Jesús. Él nos enseña a vivir la fe, no por obligación sino por atracción. Nos hace vivir la vida cristiana, no como deber sino como contagio. En contacto con el evangelio recuperamos nuestra verdadera identidad de seguidores de Jesús.

Recorriendo los evangelios experimentamos que la presencia invisible y silenciosa del Resucitado adquiere rasgos humanos y recobra voz concreta. De pronto todo cambia: podemos vivir acompañados por Alguien que pone sentido, verdad y esperanza en nuestra existencia. El secreto de la "nueva evangelización" consiste en ponernos en contacto directo e inmediato con Jesús. Sin él no es posible engendrar una fe nueva.

José Antonio Pagola 

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jueves, 4 de diciembre de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO (7-12-2014)

El texto evangélico es de Mc 1, 1-8 y dice lo siguiente:


“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Tal como está escrito en la profecía de Isaías: Mira, envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino. Una voz clama en el desierto: Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos. Así se presentó Juan en el desierto, bautizando y predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. Toda la población de Judea y de Jerusalén acudía a él, y se hacía bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan llevaba un manto hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. Y predicaba así: Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”

* Adviento: ¡el Señor llega! Que el Señor viene es la mejor noticia, porque en él está la respuesta a todos nuestros anhelos y el remedio a todos los males. Por eso el Adviento supone un revulsivo para nosotros.

El Adviento, con el recuerdo de la primera venida de Jesús y la promesa de su retorno, nos hace tomar conciencia de que ya aquí y ahora podemos acceder a la salvación que Dios nos ofrece. ¡Que renazca la esperanza en nosotros!


* Juan Bautista (personaje clave del adviento junto con el profeta Isaías), invita a la conversión, a preparar el camino, para que así renovemos la fuerza del Espíritu Santo que recibimos en el bautismo. A Juan Bautista le tocó barrer los caminos, quitar obstáculos, limpiar, arreglar la senda para que se pudiera transitar sin dificultad. Nosotros debemos copiarnos de él.

Impresiona el testimonio del Bautista, su dedicación a la misión y su capacidad para llegar al corazón de aquella gente y de atraerlos.

Pero al pueblo de Israel le chocó el tipo del precursor que anunciaba al Mesías: vestido de piel de camello, con una dieta de miel y saltamontes..., pues esperaban un Mesías poderoso con riquezas, fasto y esplendor. Pero el Mesías que anunciaba Juan es un Mesías pobre y humilde, que viene a presentarnos su opción preferente por los pobres y necesitados.


* Pero ¿qué es preparar el camino?

Preparar el camino es abrir un espacio para Dios en mi ajetreada vida.

¿Cómo puedo allanar los senderos para que Jesús pueda venir hasta mí?

Elevando los valles de mi pereza, de mi abatimiento….., descendiendo las colinas de mi orgullo, de mi soberbia…, igualando lo torcido y escabrosos de mi conducta..., enderezando los desvíos en mi relación con Dios, en el trato con los demás y en el control de mí mismo..., descubriendo en todo ser humano un hijo de Dios. Y sobre todo, confesando mis pecados, permitiéndote de este modo que vivas en mí por la gracia.


* María, Juan es un profeta y utiliza un tono amenazador y contundente, en contraposición con tu dulzura. Tú, con tu entrega y humildad, con tu ejemplo, sin necesidad de gritar, también nos invitas a hacer la voluntad de Dios. María, que yo cada día me parezca más a ti.

También hoy mi oración es para Juan: ayúdame a ser profeta en estos tiempos, más con mi actitud coherente que con mis palabras. Y que mis palabras sean expresión de mi amor a Dios, a ese Dios que a ti te sacó de quicio, llevándote al desierto para entregar tu vida.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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viernes, 2 de diciembre de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE ADVIENTO (4-12-2011)

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El texto evangélico es de Mc 1, 1-8 y dice lo siguiente:


“Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios. Tal como está escrito en la profecía de Isaías: Mira, envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino. Una voz clama en el desierto: Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos. Así se presentó Juan en el desierto, bautizando y predicando un bautismo de arrepentimiento para el perdón de los pecados. Toda la población de Judea y de Jerusalén acudía a él, y se hacía bautizar por él en el río Jordán, confesando sus pecados. Juan llevaba un manto hecho de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura, y comía saltamontes y miel silvestre. Y predicaba así: Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.”


* Juan Bautista (personaje clave del adviento junto con el profeta Isaías), invita a la conversión, a preparar el camino, para que así renovemos la fuerza del Espíritu Santo que recibimos en el bautismo.
 Al pueblo de Israel le chocó el tipo del precursor que anunciaba al Mesías: vestido de piel de camello, con una dieta de miel y saltamontes..., pues esperaban un Mesías poderoso con riquezas, fasto y esplendor. Pero el Mesías que anunciaba Juan es un Mesías pobre y humilde, que viene a presentarnos su opción preferente por los pobres y necesitados.


* Pero ¿qué es preparar el camino?
Preparar el camino es abrir un espacio para Dios en mi ajetreada vida.
 ¿Cómo puedo allanar los senderos para que Jesús pueda venir hasta mí?
 Elevando los valles de mi pereza, de mi abatimiento….., descendiendo las colinas de mi orgullo, de mi soberbia…, igualando lo torcido y escabrosos de mi conducta..., enderezando los desvíos en mi relación con Dios, en el trato con los demás y en el control de mí mismo..., descubriendo en todo ser humano un hijo de Dios. Y sobre todo, confesando mis pecados, permitiéndote de este modo que vivas en mí por la gracia.


* María, Juan es un profeta y utiliza un tono amenazador y contundente, en contraposición con tu dulzura. Tú, con tu entrega y humildad, con tu ejemplo, sin necesidad de gritar, también nos invitas a hacer la voluntad de Dios. María, que yo cada día me parezca más a ti.
También hoy mi oración es para Juan: ayúdame a ser profeta en estos tiempos, más con mi actitud coherente que con mis palabras. Y que mis palabras sean expresión de mi amor a Dios, a ese Dios que a ti te sacó de quicio, llevándote al desierto para entregar tu vida.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 2 de diciembre de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DEL ADVIENTO (5-12-2010)

El texto evangélico es de Mt 3,1-12 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo se presentó Juan el Bautista en el desierto de Judea, proclamando: Convertíos, que está cerca el reino de los cielos. Éste es a quien había anunciado el profeta Isaías, diciendo: Una voz clama en el desierto: Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos. El tal Juan llevaba un vestido de pelos de camello, con un cinturón de cuero en la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Acudían a él de Jerusalén, de toda Judea y de la comarca del Jordán, y se hacían bautizar en el río Jordán por él, confesando sus pecados. Al ver que muchos fariseos y saduceos acudían a que los bautizara les dijo: ¡Raza de víboras! ¿Quién os ha enseñado a escapar de la condena que se avecina? Dad frutos válidos de arrepentimiento y no os imaginéis que os basta decir: Nuestro padre es Abrahán; pues yo os digo que de estas piedras puede sacar Dios hijos para Abrahán. El hacha está ya aplicada a la cepa del árbol: árbol que no produzca frutos buenos será cortado y arrojado al fuego. Yo os bautizo con agua en señal de arrepentimiento; pero detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a llevarme sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Ya empuña el bieldo para aventar su era: reunirá el trigo en el granero, y quemará la paja en un fuego que no se apaga.”

* Al pueblo de Israel le chocó el tipo del precursor que anunciaba al Mesías: vestido de piel de camello, con una dieta de miel y saltamontes..., pues esperaban un Mesías poderoso con riquezas, fasto y esplendor. Pero el Mesías que anunciaba Juan es un Mesías pobre y humilde, que viene a presentarnos su opción preferente por los pobres y necesitados.
Juan también anuncia que está cerca el reino de los cielos. Pero el reino de los cielos no es una cosa que nos vine hecha o dada, el reino de los cielos tenemos que construirlo día a día con nuestras palabras y con nuestras acciones; con nuestra conversión que es abrazar una vida nueva de amor, verdad y justicia.

* Señor, ante tu inminente venida mi conversión debe ser pronta y sincera. Esto es lo que me pide Juan con su grito enérgico de “convertíos”.
Juan es esa “voz” que grita en el desierto, como hoy siguen  gritando tantos hombres y mujeres de Dios con el silencio de su vida entregada a amar al prójimo. Señor, que yo sea uno de ellos.
Juan es un profeta y utiliza un  tono amenazador y contundente, en contraposición con la dulzura  de  María, que  con  su entrega y humildad, con  su  ejemplo, sin  necesidad  de  gritar, también  nos  invita  a  hacer  la  voluntad  de  Dios.  María,  que  yo  cada  día  me parezca  más  a ti.

* Hoy también mi oración es para Juan: ayúdame a ser profeta en estos tiempos, más con mi actitud coherente que con mis palabras. Y que mis palabras sean expresión de mi amor a Dios, a ese Dios que a ti te sacó de quicio, llevándote al desierto para entregar tu vida.


    Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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