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martes, 16 de febrero de 2021

HOY ES MIÉRCOLES DE CENIZA – CICLO A – (17-2-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."

Como pueblo de Dios hoy comenzamos el camino de la Cuaresma, un tiempo en el que tratamos de unirnos más estrechamente al Señor Jesucristo, para compartir el misterio de su pasión y resurrección.

La liturgia del miércoles de Ceniza nos propone ante todo el pasaje del profeta Joel, enviado por Dios para llamar a la gente al arrepentimiento y a la conversión, a causa de una calamidad (una invasión de langostas) que devasta Judea. Sólo el Señor puede salvar del flagelo y por lo tanto es necesario suplicarle con oraciones y ayunos, confesando el propio pecado.

El profeta insiste en la conversión interior: «Volved a mí de todo corazón». Regresar al Señor “con todo el corazón” significa emprender el camino de una conversión no superficial y transitoria, sino un itinerario espiritual que tiene que ver con el lugar más íntimo de nuestra persona. El corazón, de hecho, es el centro de nuestros sentimientos, el centro en el que maduran nuestras decisiones, nuestras actitudes.

Aquel “volved a mí de todo corazón” no implica sólo el individuo, sino que se extiende a la entera comunidad, es una convocatoria dirigida a todos: «¡reunid al pueblo, convocad a la asamblea, congregad a los ancianos, reunid a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!».

El profeta se detiene en particular en las oraciones de los sacerdotes, haciendo observar que debe estar acompañada de lágrimas. Nos hará bien pedir, al comienzo de esta Cuaresma, el don de las lágrimas, para hacer así nuestra oración y nuestro camino de conversión siempre más auténticos y sin hipocresía.

Justamente éste es el mensaje del Evangelio de hoy. En el pasaje de Mateo, Jesús vuelve a leer las tres obras de piedad previstas por la ley mosaica: la limosna, la oración y el ayuno. Con el tiempo, estas disposiciones se habían corroído por la herrumbre del formalismo exterior, o incluso habían mutado en un signo de superioridad social. Jesús pone en evidencia una tentación común en estas tres obras, que se pueden resumir en la hipocresía (la cita tres veces): «Tened cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos… cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas… Cuando ores, no lo hagas como los hipócritas… a ellos les gusta orar de pie… para ser vistos… Cuando ayunes, no pongas cara triste, como hacen los hipócritas».

Cuando se cumple algo bueno, casi instintivamente nace en nosotros el deseo de ser estimados y admirados por esta buena acción, para obtener una satisfacción. Jesús nos invita a cumplir estas obras sin ostentación alguna, y a confiar sólo en la recompensa del Padre «que ve en lo secreto».

Queridos hermanos y hermanas, el Señor no se cansa jamás de tener misericordia de nosotros, y quiere ofrecernos una vez más su perdón, invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, para tomar parte de su gozo. ¿Cómo acoger esta invitación? Nos lo sugiere San Pablo en la segunda lectura de hoy: «les suplicamos en nombre de Cristo: dejaos reconciliar con Dios». Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. La reconciliación entre nosotros y Dios es posible gracias a la misericordia del Padre que, por amor a nosotros, no dudó en sacrificar a su Hijo unigénito. De hecho, el Cristo, que era justo y sin pecado, fue hecho pecado por nosotros cuando sobre la cruz cargó con nuestros pecados, y así nos rescató y redimió ante Dios. «En Él», nosotros podemos volvernos justos, en Él podemos cambiar, si acogemos la gracia de Dios y no dejamos pasar en vano el «momento favorable».

Con esta conciencia, iniciamos confiados y gozosos el itinerario cuaresmal. Que María Inmaculada sostenga nuestra lucha espiritual contra el pecado, nos acompañe en este momento favorable, para que podamos llegar a cantar juntos la alegría de la victoria en la Pascua de Resurrección.

martes, 25 de febrero de 2020

MIÉRCOLES DE CENIZA – CICLO A – (26-2-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."



Como pueblo de Dios hoy comenzamos el camino de la Cuaresma, un tiempo en el que tratamos de unirnos más estrechamente al Señor Jesucristo, para compartir el misterio de su pasión y resurrección.

La liturgia del miércoles de Ceniza nos propone ante todo el pasaje del profeta Joel, enviado por Dios para llamar a la gente al arrepentimiento y a la conversión, a causa de una calamidad (una invasión de langostas) que devasta Judea. Sólo el Señor puede salvar del flagelo y por lo tanto es necesario suplicarle con oraciones y ayunos, confesando el propio pecado.

El profeta insiste en la conversión interior: «Volved a mí de todo corazón». Regresar al Señor “con todo el corazón” significa emprender el camino de una conversión no superficial y transitoria, sino un itinerario espiritual que tiene que ver con el lugar más íntimo de nuestra persona. El corazón, de hecho, es el centro de nuestros sentimientos, el centro en el que maduran nuestras decisiones, nuestras actitudes.

Aquel “volved a mí de todo corazón” no implica sólo el individuo, sino que se extiende a la entera comunidad, es una convocatoria dirigida a todos: «¡reunid al pueblo, convocad a la asamblea, congregad a los ancianos, reunid a los pequeños y a los niños de pecho! ¡Que el recién casado salga de su alcoba y la recién casada de su lecho nupcial!».

El profeta se detiene en particular en las oraciones de los sacerdotes, haciendo observar que debe estar acompañada de lágrimas. Nos hará bien pedir, al comienzo de esta Cuaresma, el don de las lágrimas, para hacer así nuestra oración y nuestro camino de conversión siempre más auténticos y sin hipocresía.

Justamente éste es el mensaje del Evangelio de hoy. En el pasaje de Mateo, Jesús vuelve a leer las tres obras de piedad previstas por la ley mosaica: la limosna, la oración y el ayuno. Con el tiempo, estas disposiciones se habían corroído por la herrumbre del formalismo exterior, o incluso habían mutado en un signo de superioridad social. Jesús pone en evidencia una tentación común en estas tres obras, que se pueden resumir en la hipocresía (la cita tres veces): «Tened cuidado de no practicar su justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos… cuando des limosna, no lo vayas pregonando delante de ti, como hacen los hipócritas… Cuando ores, no lo hagas como los hipócritas… a ellos les gusta orar de pie… para ser vistos… Cuando ayunes, no pongas cara triste, como hacen los hipócritas».

Cuando se cumple algo bueno, casi instintivamente nace en nosotros el deseo de ser estimados y admirados por esta buena acción, para obtener una satisfacción. Jesús nos invita a cumplir estas obras sin ostentación alguna, y a confiar sólo en la recompensa del Padre «que ve en lo secreto».

Queridos hermanos y hermanas, el Señor no se cansa jamás de tener misericordia de nosotros, y quiere ofrecernos una vez más su perdón, invitándonos a volver a Él con un corazón nuevo, purificado del mal, para tomar parte de su gozo. ¿Cómo acoger esta invitación? Nos lo sugiere San Pablo en la segunda lectura de hoy: «les suplicamos en nombre de Cristo: dejaos reconciliar con Dios». Este esfuerzo de conversión no es sólo una obra humana. La reconciliación entre nosotros y Dios es posible gracias a la misericordia del Padre que, por amor a nosotros, no dudó en sacrificar a su Hijo unigénito. De hecho, el Cristo, que era justo y sin pecado, fue hecho pecado por nosotros cuando sobre la cruz cargó con nuestros pecados, y así nos rescató y redimió ante Dios. «En Él», nosotros podemos volvernos justos, en Él podemos cambiar, si acogemos la gracia de Dios y no dejamos pasar en vano el «momento favorable».

Con esta conciencia, iniciamos confiados y gozosos el itinerario cuaresmal. Que María Inmaculada sostenga nuestra lucha espiritual contra el pecado, nos acompañe en este momento favorable, para que podamos llegar a cantar juntos la alegría de la victoria en la Pascua de Resurrección.

José-Román Flecha Andrés.
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miércoles, 6 de marzo de 2019

SOBRE EL MIÉRCOLES DE CENIZA

1.- ¿Qué es el Miércoles de Ceniza?
Es el primer día de la Cuaresma, es decir, de los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.

El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. En este se explica que en la Misa, se bendice e impone en la frente de los fieles la ceniza hecha de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior.


2.- ¿Cómo nace la tradición de imponer las cenizas?

La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.

La Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos casi 400 años D.C. y a partir del siglo XI, la Iglesia en Roma impone las cenizas al inicio de este tiempo.


3.- ¿Por qué se impone la ceniza?

La ceniza es un símbolo. Su función está descrita en un importante documento de la Iglesia, más precisamente en el artículo 125 del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia:

“El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual”.


4. ¿Qué simbolizan y qué recuerdan las cenizas?

La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.

La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).


5.- ¿Dónde se puede conseguir la ceniza?

Para la ceremonia se deben quemar los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas son rociadas con agua bendita y luego aromatizadas con incienso.


6.- ¿Cómo se impone la ceniza?
Este acto tiene lugar en la Misa al término de la homilía y está permitido que los laicos ayuden al sacerdote. Las cenizas son impuestas en la frente, haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras bíblicas: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».


7.- ¿Qué hacer cuando no hay sacerdote?

Cuando no hay sacerdote la imposición de cenizas puede realizarse sin Misa, de forma extraordinaria. Sin embargo, es recomendable que al acto se preceda con una liturgia de la palabra.

Es importante recordar que la bendición de las cenizas, como todo sacramental, solo puede realizarla un sacerdote o diácono.


8.- ¿A quién se puede imponer la ceniza?

Puede recibir este sacramental cualquier persona, inclusive no católica. Como especifica el Catecismo (1670 y siguientes) los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo como sí lo hacen los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia estos «preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella».


9.- ¿Es obligatoria la imposición de las cenizas?

El Miércoles de Ceniza no es día de precepto y por lo tanto la imposición de ceniza no es obligatoria. No obstante, ese día concurre una gran cantidad de personas a la Santa Misa, algo que siempre es recomendable.


10.- ¿Cuánto tiempo hay que tener la ceniza en la frente?

Cuanto uno desee. No existe un tiempo determinado.


11.- ¿Es obligatorio el ayuno y la abstinencia?

El Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y la abstinencia, como en el Viernes Santo, para los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de esos límites es opcional. Ese día los fieles pueden tener una comida “fuerte” una sola vez al día.

La abstinencia de comer carne es obligatoria desde los 14 años. Todos los viernes de Cuaresma también son de abstinencia obligatoria. Los demás viernes del año también, aunque según el país puede sustituirse por otro tipo de mortificación u ofrecimiento como el rezo del rosario.



MIÉRCOLES DE CENIZA – CICLO C – (6-3-2019)

MATEO 6, 1.3-4.6.16-18.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara».”


Un año más comenzamos la Cuaresma, tiempo de preparación para los acontecimientos del Triduo Pascual: pasión, muerte y resurrección de Jesús, no olvidemos desde el principio que la cuaresma termina el Jueves Santo, pero su cima y su razón de ser está en la Vigilia Pascual del sábado de Gloria, hacia ella nos encaminamos desde ahora. Por tanto la celebración más importante de todo este tiempo es la Vigilia Pascual.

Deberían ser cuarenta días de reflexión sincera sobre nuestra realidad de cristianos, y caminar hacia la celebración de los que son los hechos centrales de nuestra fe, son unos acontecimientos tan trascendentales para los que creemos, que desde el principio de la historia de la Iglesia los cuarenta días anteriores a la resurrección fueron de una importancia fundamental, como lo deben ser también ahora.

La Cuaresma, como es por otra parte toda la vida del cristiano, es sobre todo un tiempo de renovación interior, un tiempo de cambio, un tiempo de análisis de nuestra vivencia cristiana, descubrir nuestros fallos, descubrir nuestros grandes y pequeños defectos, asumirlos como tales, y proponernos el cambio necesario para mejorar. Cada uno se conoce muy bien y sabe donde están sus carencias en relación a lo que Dios nos pide, una vez conocidas hay que intentar cambiarlas, y aquí está lo difícil porque la mayoría de las veces no nos atrevemos a dar ese paso que nos falta para lograr la verdadera conversión. Siempre nos suele quedar un trozo de nuestro corazón que no nos atrevemos a entregar a Dios. Por eso esta no es una cuaresma más sino que es la cuaresma, porque es en la que voy a tratar de convertirme de verdad. Cuando nos impongan la ceniza, nos van a decir, “conviértete y cree en el evangelio”, es decir “eso que hay de malo en ti cámbialo, decídete de una vez, no tengas la cara de decirle al Señor que no tienes ningún pecado porque ni robas ni matas”, la cuaresma es el tiempo adecuado para hacerlo.

La cuaresma llega para recordarnos en nuestro mundo vertiginoso, ahogado por las prisas y la inmediatez, que es necesario el freno, reducir la marcha y reflexionar. Vuelve el ayuno, la oración y la limosna en todas sus formas de ejercicios que nos ofrece la realidad. Benedicto XVI nos dejó un mensaje hermoso para este tiempo: mirar al que tenemos al lado para ejercer con él la caridad. Es decir, retirar la mirada egoísta hacia nosotros mismos, retirarnos de la preferencia en todas nuestras decisiones para poner al prójimo en primer lugar.

Y esto lo tenemos que hacer con toda la sencillez y la humildad del mundo, como las lecturas nos han recomendado, lo tenemos que hacer casi sin que se note, sin pedir reconocimientos ni felicitaciones por parte de nadie, sólo lo tiene que saber Dios y yo. Los pequeños gestos que podemos hacer a lo largo de estos cuarenta días, como es el hecho de abstenerse de comer carne los viernes, o el ayuno de los días señalados, quedan como los signos de ese otro gran ayuno interior que es la conversión del corazón. Esos gestos que son solo testimoniales, alcanzan todo su significado cuando son signos de esa gran conversión pendiente representada en nuestros esfuerzos por mejorar las cosas que no hacemos bien, y en superar nuestros fallos.

La Cuaresma del 2019 es por lo tanto, un nuevo tiempo de gracia que nos ofrece el Señor para seguir descubriéndolo en nuestra historia y en nuestros acontecimientos.

Otra de las características del tiempo de cuaresma es que es un tiempo de oración, o sea de reconocimiento del Señor cerca de nosotros, y es que no podremos conseguir lo que nos propongamos sin su ayuda y eso se lo tenemos que pedir en la oración sincera y sencilla, por eso la mejor manera comenzar la cuaresma es pedir los unos por los otros, redoblar nuestros momentos de oración, los que nos ofrece la parroquia y los que cada uno pueda organizarse. Pedimos los unos por los otros, especialmente por los más necesitados de nosotros.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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martes, 13 de febrero de 2018

MAÑANA ES MIÉRCOLES DE CENIZA : – CICLO B – (14-2-2018)

Cuaresma, un camino de conversión. La Cuaresma es un tiempo de preparación a la celebración pascual. Los católicos estamos convocados, personalmente y comunitariamente, a renovarnos. Nos ponemos en camino hacia la Pascua. El camino pasa por la conversión, la renuncia y la humildad. El signo austero de la ceniza nos recuerda que el Evangelio es nuestra creencia. La ceniza expresa la fragilidad, lo perecedero, la debilidad radical del ser humano, nuestro pecado y maldad. Las lecturas nos invitan a la conversión a recorrer día a día el camino que lleva a la Pascua.


Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."


CUARESMA Y CENIZA.


La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencia y privaciones, cuando de lo que se trata fundamentalmente y además de lo anterior, es de conversión y de vuelta a las fuentes evangélicas. Durante este periodo que precede a la Pascua los cristianos y la Iglesia están particularmente llamados a liberarse de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, el corazón y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, no objetivos que tengan un valor intrínseco. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, por último, los guarda de todo tipo de repliegue sobre sí mismo y de formalismo.

La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo ha de valorarse con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma.

En la Cuaresma, Cristo nos precede y acompaña. Él ha vencido a Satanás superando sus tentaciones (primer domingo de los tres ciclos) y muestra su gloria para animar a sus discípulos en el arduo camino de la fe (segundo domingo de los tres ciclos). El es la fuente de agua viva, la luz que devuelve la vista a los ciegos y la vida a los muertos (ciclo A). Mesías crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, ofrece la salvación a los que acuden a él, y, desde la cruz, atrae a todos los

hombres hacia él (ciclo B). Revela la paciencia y la infinita misericordia del Padre, que, con los brazos abiertos, acoge a sus hijos pródigos, e invita a la fiesta del regreso a los hijos que se han quedado en casa (ciclo C).

La Cuaresma tiende también a presentarse como un largo retiro espiritual. Mayor fidelidad y fervor en el cumplimiento de los compromisos religiosos, participación en especiales «prácticas espirituales», moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional. Pero todo eso no hace de la Cuaresma un paréntesis piadoso en la vida ordinaria de los cristianos y de la Iglesia. Su finalidad es mover a la experiencia de lo que la existencia cristiana personal y eclesial debería ser siempre. De hecho, durante los cuarenta días de la Cuaresma no se propone realmente nada extraordinario con respecto a las exigencias fundamentales del Evangelio. Más bien se nos recuerdan con insistencia para que, personal y comunitariamente, nos esforcemos por integrarlas o reintegrarlas mejor en la vida cotidiana, al precio, si es necesario, de cuestionamientos y reajustes. Porque la predicación del Señor, de los apóstoles y de la Iglesia urge a los fieles y a las comunidades a progresar sin cesar durante todo el año; no hay vida cristiana sin conversión continua. La primera lectura de cada domingo de Cuaresma evoca alguna de las grandes etapas de la historia de la salvación. Para comprender la novedad del Evangelio hay que tener presente lo que lo ha preparado misteriosamente. Esta rememoración dirige la mirada, no hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro, hacia el cumplimiento del designio de Dios hoy y la esperada vuelta del Señor.

Finalmente, la Cuaresma nos hace recorrer cada año, junto con los catecúmenos, las diversas etapas de la iniciación cristiana. «Convertíos en lo que sois!», repite sin cesar y de múltiples maneras la liturgia cuaresmal.

«Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo».

(SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la cuaresma)

El Miércoles de Ceniza, con el que se inicia la Cuaresma, los cristianos son invitados a vivir un tiempo de recogimiento y de reflexión antes de emprender juntos el largo ascenso hacia la Pascua del Señor. Dios, por voz del profeta Joel , de san Pablo y del mismo Jesús, les recuerda la meta que han de alcanzar, los medios que utilizar y el espíritu con que deben caminar.

Este día comienza para la Iglesia y para los cristianos un itinerario de conversión a Dios, de quien el pecado los ha apartado: «Perdona. Señor, a tu pueblo» (primera lectura: Jl 2,12-18). «Ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación»; «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios» (segunda lectura: 2Co 5,20—6,2). El ayuno, la oración y la limosna, las tres «prácticas» tradicionales de la Cuaresma, deben llevarse a cabo sin caer en la ostentación: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»; tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,1-6.16-18). Jesús no niega el valor de la limosna ni de la oración ni del ayuno. Lo que hace es poner en guardia frente a las prácticas hechas por ostentación. Estas pueden engañar a los hombres, pero no a Dios, que ve las intenciones del corazón. Una advertencia siempre actual, porque el fariseísmo sigue acechando, hoy como ayer a las mejores prácticas.

Viene luego el rito propio de este día. La ceniza evoca en la Biblia todo lo caduco, lo que no tiene valor. Echarse ceniza en la cabeza era signo de duelo y arrepentimiento. Los cristianos adoptaron con toda naturalidad esta costumbre antigua, en particular cuando eran admitidos en el grupo de los penitentes (siglos III-V). No obstante, la imposición de la ceniza no se convirtió en un rito litúrgico de comienzo de la Cuaresma hasta el siglo X, en los países renanos, para pasar luego a Italia y finalmente a Roma (siglos XII-XIII).

Recibir la ceniza, en el marco de la celebración comunitaria, es confesar la pertenencia al pueblo de pecadores que se vuelve hacia Dios con confianza para resucitar con el Cristo de la Pascua, vencedor del pecado y de la muerte: «Convertíos y creed el Evangelio».

José Antonio Pagola.

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sábado, 10 de febrero de 2018

MIÉRCOLES DE CENIZA (14-02-18)

1.- ¿Qué es el Miércoles de Ceniza?
Es el primer día de la Cuaresma, es decir, de los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.

El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. En este se explica que en la Misa, se bendice e impone en la frente de los fieles la ceniza hecha de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior.


2.- ¿Cómo nace la tradición de imponer las cenizas?


La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.

La Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos casi 400 años D.C. y a partir del siglo XI, la Iglesia en Roma impone las cenizas al inicio de este tiempo.


3.- ¿Por qué se impone la ceniza?

La ceniza es un símbolo. Su función está descrita en un importante documento de la Iglesia, más precisamente en el artículo 125 del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia:

“El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual”.


4. ¿Qué simbolizan y qué recuerdan las cenizas?

La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.

La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).


5.- ¿Dónde se puede conseguir la ceniza?


Para la ceremonia se deben quemar los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas son rociadas con agua bendita y luego aromatizadas con incienso.


6.- ¿Cómo se impone la ceniza?
Este acto tiene lugar en la Misa al término de la homilía y está permitido que los laicos ayuden al sacerdote. Las cenizas son impuestas en la frente, haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras bíblicas: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».


7.- ¿Qué hacer cuando no hay sacerdote?

Cuando no hay sacerdote la imposición de cenizas puede realizarse sin Misa, de forma extraordinaria. Sin embargo, es recomendable que al acto se preceda con una liturgia de la palabra.

Es importante recordar que la bendición de las cenizas, como todo sacramental, solo puede realizarla un sacerdote o diácono.


8.- ¿A quién se puede imponer la ceniza?


Puede recibir este sacramental cualquier persona, inclusive no católica. Como especifica el Catecismo (1670 y siguientes) los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo como sí lo hacen los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia estos «preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella».


9.- ¿Es obligatoria la imposición de las cenizas?

El Miércoles de Ceniza no es día de precepto y por lo tanto la imposición de ceniza no es obligatoria. No obstante, ese día concurre una gran cantidad de personas a la Santa Misa, algo que siempre es recomendable.


10.- ¿Cuánto tiempo hay que tener la ceniza en la frente?


Cuanto uno desee. No existe un tiempo determinado.


11.- ¿Es obligatorio el ayuno y la abstinencia?


El Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y la abstinencia, como en el Viernes Santo, para los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de esos límites es opcional. Ese día los fieles pueden tener una comida “fuerte” una sola vez al día.

La abstinencia de comer carne es obligatoria desde los 14 años. Todos los viernes de Cuaresma también son de abstinencia obligatoria. Los demás viernes del año también, aunque según el país puede sustituirse por otro tipo de mortificación u ofrecimiento como el rezo del rosario.


lunes, 27 de febrero de 2017

SOBRE EL MIÉRCOLES DE CENIZA

1.- ¿Qué es el Miércoles de Ceniza?
Es el primer día de la Cuaresma, es decir, de los 40 días en los que la Iglesia llama a los fieles a la conversión y a prepararse verdaderamente para vivir los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en la Semana Santa.

El Miércoles de Ceniza es una celebración contenida en el Misal Romano. En este se explica que en la Misa, se bendice e impone en la frente de los fieles la ceniza hecha de las palmas bendecidas en el Domingo de Ramos del año anterior.


2.- ¿Cómo nace la tradición de imponer las cenizas?


La tradición de imponer la ceniza se remonta a la Iglesia primitiva. Por aquel entonces las personas se colocaban la ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad con un “hábito penitencial” para recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo.

La Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos casi 400 años D.C. y a partir del siglo XI, la Iglesia en Roma impone las cenizas al inicio de este tiempo.


3.- ¿Por qué se impone la ceniza?

La ceniza es un símbolo. Su función está descrita en un importante documento de la Iglesia, más precisamente en el artículo 125 del Directorio sobre la piedad popular y la liturgia:

“El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo de las cenizas, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal. Se debe ayudar a los fieles, que acuden en gran número a recibir la Ceniza, a que capten el significado interior que tiene este gesto, que abre a la conversión y al esfuerzo de la renovación pascual”.


4. ¿Qué simbolizan y qué recuerdan las cenizas?

La palabra ceniza, que proviene del latín "cinis", representa el producto de la combustión de algo por el fuego. Esta adoptó tempranamente un sentido simbólico de muerte, caducidad, pero también de humildad y penitencia.

La ceniza, como signo de humildad, le recuerda al cristiano su origen y su fin: "Dios formó al hombre con polvo de la tierra" (Gn 2,7); "hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho" (Gn 3,19).


5.- ¿Dónde se puede conseguir la ceniza?


Para la ceremonia se deben quemar los restos de las palmas bendecidas el Domingo de Ramos del año anterior. Estas son rociadas con agua bendita y luego aromatizadas con incienso.


6.- ¿Cómo se impone la ceniza?
Este acto tiene lugar en la Misa al término de la homilía y está permitido que los laicos ayuden al sacerdote. Las cenizas son impuestas en la frente, haciendo la señal de la cruz con ellas mientras el ministro dice las palabras bíblicas: «Acuérdate que eres polvo y en polvo te convertirás», o «Conviértete y cree en el Evangelio».


7.- ¿Qué hacer cuando no hay sacerdote?

Cuando no hay sacerdote la imposición de cenizas puede realizarse sin Misa, de forma extraordinaria. Sin embargo, es recomendable que al acto se preceda con una liturgia de la palabra.

Es importante recordar que la bendición de las cenizas, como todo sacramental, solo puede realizarla un sacerdote o diácono.


8.- ¿A quién se puede imponer la ceniza?


Puede recibir este sacramental cualquier persona, inclusive no católica. Como especifica el Catecismo (1670 y siguientes) los sacramentales no confieren la gracia del Espíritu Santo como sí lo hacen los sacramentos, pero por la oración de la Iglesia estos «preparan a recibirla y disponen a cooperar con ella».


9.- ¿Es obligatoria la imposición de las cenizas?

El Miércoles de Ceniza no es día de precepto y por lo tanto la imposición de ceniza no es obligatoria. No obstante, ese día concurre una gran cantidad de personas a la Santa Misa, algo que siempre es recomendable.


10.- ¿Cuánto tiempo hay que tener la ceniza en la frente?


Cuanto uno desee. No existe un tiempo determinado.


11.- ¿Es obligatorio el ayuno y la abstinencia?


El Miércoles de Ceniza es obligatorio el ayuno y la abstinencia, como en el Viernes Santo, para los mayores de 18 años y menores de 60. Fuera de esos límites es opcional. Ese día los fieles pueden tener una comida “fuerte” una sola vez al día.

La abstinencia de comer carne es obligatoria desde los 14 años. Todos los viernes de Cuaresma también son de abstinencia obligatoria. Los demás viernes del año también, aunque según el país puede sustituirse por otro tipo de mortificación u ofrecimiento como el rezo del rosario.



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MIÉRCOLES DE CENIZA – CICLO A – (1-3-2017)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."



CUARESMA Y CENIZA.


La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencia y privaciones, cuando de lo que se trata fundamentalmente y además de lo anterior, es de conversión y de vuelta a las fuentes evangélicas. Durante este periodo que precede a la Pascua los cristianos y la Iglesia están particularmente llamados a liberarse de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, el corazón y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, no objetivos que tengan un valor intrínseco. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, por último, los guarda de todo tipo de repliegue sobre sí mismo y de formalismo.

La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo ha de valorarse con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma.

En la Cuaresma, Cristo nos precede y acompaña. Él ha vencido a Satanás superando sus tentaciones (primer domingo de los tres ciclos) y muestra su gloria para animar a sus discípulos en el arduo camino de la fe (segundo domingo de los tres ciclos). El es la fuente de agua viva, la luz que devuelve la vista a los ciegos y la vida a los muertos (ciclo A). Mesías crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, ofrece la salvación a los que acuden a él, y, desde la cruz, atrae a todos los hombres hacia él (ciclo B). Revela la paciencia y la infinita misericordia del Padre, que, con los brazos abiertos, acoge a sus hijos pródigos, e invita a la fiesta del regreso a los hijos que se han quedado en casa (ciclo C).

La Cuaresma tiende también a presentarse como un largo retiro espiritual. Mayor fidelidad y fervor en el cumplimiento de los compromisos religiosos, participación en especiales «prácticas espirituales», moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional. Pero todo eso no hace de la Cuaresma un paréntesis piadoso en la vida ordinaria de los cristianos y de la Iglesia. Su finalidad es mover a la experiencia de lo que la existencia cristiana personal y eclesial debería ser siempre. De hecho, durante los cuarenta días de la Cuaresma no se propone realmente nada extraordinario con respecto a las exigencias fundamentales del Evangelio. Más bien se nos recuerdan con insistencia para que, personal y comunitariamente, nos esforcemos por integrarlas o reintegrarlas mejor en la vida cotidiana, al precio, si es necesario, de cuestionamientos y reajustes. Porque la predicación del Señor, de los apóstoles y de la Iglesia urge a los fieles y a las comunidades a progresar sin cesar durante todo el año; no hay vida cristiana sin conversión continua. La primera lectura de cada domingo de Cuaresma evoca alguna de las grandes etapas de la historia de la salvación. Para comprender la novedad del Evangelio hay que tener presente lo que lo ha preparado misteriosamente. Esta rememoración dirige la mirada, no hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro, hacia el cumplimiento del designio de Dios hoy y la esperada vuelta del Señor.

Finalmente, la Cuaresma nos hace recorrer cada año, junto con los catecúmenos, las diversas etapas de la iniciación cristiana. «Convertíos en lo que sois! », repite sin cesar y de múltiples maneras la liturgia cuaresmal.

«Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo».


(SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la cuaresma)


El Miércoles de Ceniza, con el que se inicia la Cuaresma, los cristianos son invitados a vivir un tiempo de recogimiento y de reflexión antes de emprender juntos el largo ascenso hacia la Pascua del Señor. Dios, por voz del profeta Joel , de san Pablo y del mismo Jesús, les recuerda la meta que han de alcanzar, los medios que utilizar y el espíritu con que deben caminar.

Este día comienza para la Iglesia y para los cristianos un itinerario de conversión a Dios, de quien el pecado los ha apartado: «Perdona. Señor, a tu pueblo» ( primera lectura: Jl 2,12-18). «Ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación»; «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios» (segunda lectura: 2Co 5,20—6,2). El ayuno, la oración y la limosna, las tres «prácticas» tradicionales de la Cuaresma, deben llevarse a cabo sin caer en la ostentación: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»; tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,1-6.16-18). Jesús no niega el valor de la limosna ni de la oración ni del ayuno. Lo que hace es poner en guardia frente a las prácticas hechas por ostentación. Estas pueden engañar a los hombres, pero no a Dios, que ve las intenciones del corazón. Una advertencia siempre actual, porque el fariseísmo sigue acechando, hoy como ayer a las mejores prácticas.

Viene luego el rito propio de este día. La ceniza evoca en la Biblia todo lo caduco, lo que no tiene valor. Echarse ceniza en la cabeza era signo de duelo y arrepentimiento. Los cristianos adoptaron con toda naturalidad esta costumbre antigua, en particular cuando eran admitidos en el grupo de los penitentes (siglos III-V). No obstante, la imposición de la ceniza no se convirtió en un rito litúrgico de comienzo de la Cuaresma hasta el siglo X, en los países renanos, para pasar luego a Italia y finalmente a Roma (siglos XII-XIII).

Recibir la ceniza, en el marco de la celebración comunitaria, es confesar la pertenencia al pueblo de pecadores que se vuelve hacia Dios con confianza para resucitar con el Cristo de la Pascua, vencedor del pecado y de la muerte: «Convertíos y creed el Evangelio».

José Antonio Pagola.

martes, 9 de febrero de 2016

MIÉRCOLES DE CENIZA – CICLO C – (10-2-2016)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 6,1-6.16-18


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: "Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará."


CUARESMA Y CENIZA.

La Cuaresma es a menudo sinónimo de penitencia y privaciones, cuando de lo que se trata fundamentalmente y además de lo anterior, es de conversión y de vuelta a las fuentes evangélicas. Durante este periodo que precede a la Pascua los cristianos y la Iglesia están particularmente llamados a liberarse de las ataduras del pecado y de todo lo que conduce a él, a apartar los obstáculos que estorban el camino hacia Dios y el encuentro fraterno con los otros. Esto no se consigue sin renuncias. Pero estas renuncias son medios para liberar el cuerpo, el corazón y el espíritu de todo lo que dificulta la marcha, no objetivos que tengan un valor intrínseco. Aunque cuesten, no tienen nada de frustrante; todo lo contrario. Inspiradas por la fe en la misericordia y el amor de Dios, no producen absolutamente ninguna forma de tristeza debilitadora. La palabra de Dios traza los caminos de la verdad y de la vida. La oración mantiene su orientación sobrenatural y su apertura a la gracia. La caridad, por último, los guarda de todo tipo de repliegue sobre sí mismo y de formalismo.

La Cuaresma nos invita a tomar en serio las llamadas y advertencias de Dios, las enseñanzas y el ejemplo de Cristo, la fe y la esperanza en el Reino futuro. Todo ha de valorarse con criterios seguros: el mundo y cuanto contiene, los bienes de este mundo y la vida misma.

En la Cuaresma, Cristo nos precede y acompaña. Él ha vencido a Satanás superando sus tentaciones (primer domingo de los tres ciclos) y muestra su gloria para animar a sus discípulos en el arduo camino de la fe (segundo domingo de los tres ciclos). El es la fuente de agua viva, la luz que devuelve la vista a los ciegos y la vida a los muertos (ciclo A). Mesías crucificado, fuerza y sabiduría de Dios, ofrece la salvación a los que acuden a él, y, desde la cruz, atrae a todos los hombres hacia él (ciclo B). Revela la paciencia y la infinita misericordia del Padre, que, con los brazos abiertos, acoge a sus hijos pródigos, e invita a la fiesta del regreso a los hijos que se han quedado en casa (ciclo C).

La Cuaresma tiende también a presentarse como un largo retiro espiritual. Mayor fidelidad y fervor en el cumplimiento de los compromisos religiosos, participación en especiales «prácticas espirituales», moderación en la bebida, la comida y las diversiones, actos de caridad y gestos de solidaridad hacia los más pobres, son, en esta perspectiva, otros tantos temas de la predicación cuaresmal tradicional. Pero todo eso no hace de la Cuaresma un paréntesis piadoso en la vida ordinaria de los cristianos y de la Iglesia. Su finalidad es mover a la experiencia de lo que la existencia cristiana personal y eclesial debería ser siempre. De hecho, durante los cuarenta días de la Cuaresma no se propone realmente nada extraordinario con respecto a las exigencias fundamentales del Evangelio. Más bien se nos recuerdan con insistencia para que, personal y comunitariamente, nos esforcemos por integrarlas o reintegrarlas mejor en la vida cotidiana, al precio, si es necesario, de cuestionamientos y reajustes. Porque la predicación del Señor, de los apóstoles y de la Iglesia urge a los fieles y a las comunidades a progresar sin cesar durante todo el año; no hay vida cristiana sin conversión continua. La primera lectura de cada domingo de Cuaresma evoca alguna de las grandes etapas de la historia de la salvación. Para comprender la novedad del Evangelio hay que tener presente lo que lo ha preparado misteriosamente. Esta rememoración dirige la mirada, no hacia el pasado, sino hacia el presente y el futuro, hacia el cumplimiento del designio de Dios hoy y la esperada vuelta del Señor.

Finalmente, la Cuaresma nos hace recorrer cada año, junto con los catecúmenos, las diversas etapas de la iniciación cristiana. «Convertíos en lo que sois! », repite sin cesar y de múltiples maneras la liturgia cuaresmal.

«Pues si bien los hombres renacen a la vida nueva principalmente por el bautismo, como a todos nos es necesario renovarnos cada día de las manchas de nuestra condición pecadora, y no hay nadie que no tenga que ser cada vez mejor en la escala de la perfección, debemos esforzarnos para que nadie se encuentre bajo el efecto de los viejos vicios el día de la redención. Por ello, en estos días, hay que poner especial solicitud y devoción en cumplir aquellas cosas que los cristianos deben realizar en todo tiempo». (SAN LEÓN MAGNO, Sermón 6 sobre la cuaresma)

El Miércoles de Ceniza, con el que se inicia la Cuaresma, los cristianos son invitados a vivir un tiempo de recogimiento y de reflexión antes de emprender juntos el largo ascenso hacia la Pascua del Señor. Dios, por voz del profeta Joel , de san Pablo y del mismo Jesús, les recuerda la meta que han de alcanzar, los medios que utilizar y el espíritu con que deben caminar.

Este día comienza para la Iglesia y para los cristianos un itinerario de conversión a Dios, de quien el pecado los ha apartado: «Perdona. Señor, a tu pueblo» ( primera lectura: Jl 2,12-18). «Ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación»; «En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios» (segunda lectura: 2Co 5,20—6,2). El ayuno, la oración y la limosna, las tres «prácticas» tradicionales de la Cuaresma, deben llevarse a cabo sin caer en la ostentación: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos»; tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará» (Mt 6,1-6.16-18). Jesús no niega el valor de la limosna ni de la oración ni del ayuno. Lo que hace es poner en guardia frente a las prácticas hechas por ostentación. Estas pueden engañar a los hombres, pero no a Dios, que ve las intenciones del corazón. Una advertencia siempre actual, porque el fariseísmo sigue acechando, hoy como ayer a las mejores prácticas.

Viene luego el rito propio de este día. La ceniza evoca en la Biblia todo lo caduco, lo que no tiene valor. Echarse ceniza en la cabeza era signo de duelo y arrepentimiento. Los cristianos adoptaron con toda naturalidad esta costumbre antigua, en particular cuando eran admitidos en el grupo de los penitentes (siglos III-V). No obstante, la imposición de la ceniza no se convirtió en un rito litúrgico de comienzo de la Cuaresma hasta el siglo X, en los países renanos, para pasar luego a Italia y finalmente a Roma (siglos XII-XIII).

Recibir la ceniza, en el marco de la celebración comunitaria, es confesar la pertenencia al pueblo de pecadores que se vuelve hacia Dios con confianza para resucitar con el Cristo de la Pascua, vencedor del pecado y de la muerte: «Convertíos y creed el Evangelio».

José Antonio Pagola. 
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lunes, 8 de febrero de 2016

EL SANTO ECCE HOMO NO ESTARÁ DE BESAMANOS ESTE PRÓXIMO MIÉRCOLES DE CENIZA

Tras 21 años seguidos,la sagrada talla del Santo Ecce Homo de San Pedro no se expondrá a la pública veneración de sus fieles y devotos este próximo miércoles de ceniza.

Recordemos que este acto era organizado por el ente Parroquial y en cual nuestra corporación,como miembros activos de la misma,colaboraba año tras año en su montaje,diseño,etc.

Con este comunicado queremos contestar a varias consultas llegadas hasta nuestra redacción donde se nos preguntaba por el horario de apertura y por otros datos de interés de dicho acto parroquial.



lunes, 16 de febrero de 2015

ESTE MIERCOLES,BESAMANOS AL SANTO ECCE-HOMO

Siguiendo la tradición ,este próximo miércoles,Miércoles de Ceniza, estará a la pública veneración de los fieles en devoto Besamanos la sagrada Imagen del Ecce Homo de la Parroquia.Precisamente en este 2015 se cumplen los 21 años de ese primer solemne acto, que como idea surgida de los hermanos Jesús Tamayo,Lorenzo Calderón y Jose M. Prados,con el beneplácito del recordado Rvdo. D. Fernando Rueda, se pudo llevar a cabo.

Fué la primera Imagen que en este señalado día se expuso de esta manera,después se sumarían otras tales como el Santo Crucifijo de la Salud,Señor de la Vía Crucis,etcra.

Tenemos por tanto una visita obligada cuyo horario de mañana y tarde nos ayudará a poder así hacerlo.Tendremos igualmente en la Parroquia misa de imposición de la ceniza a las siete de la tarde,clausurando el Besamanos más tarde.

MIÉRCOLES DE CENIZA (18-2-2015)

El texto evangélico es de Mt 6, 1-6. 16-18 y dice lo siguiente:


"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará”.



* Comienza el tiempo de Cuaresma, nuestro itinerario hacia la Pascua. La Cuaresma no es meta, es camino que nos lleva a la resurrección. La Cuaresma es tiempo de salvación que conlleva una transformación; tiempo de silencio interior, de examen de conciencia, para detectar nuestras sombras e iluminarlas con el perdón, con la misericordia, con la confesión, con la conversión a Dios.

La Cuaresma nos invita a mirar lo que está mal dentro de nosotros mismos y a pedir con humildad que Dios nos ayude a renovarnos. Y esta es la receta para conseguirlo, las tres actitudes básicas a seguir durante este tiempo y que deben ir unidas: limosna, oración y ayuno.

Limosna que me ayuda a no ambicionar riquezas, a solidarizarme, a poner al servicio de los demás no sólo mi dinero, sino mi tiempo, mi cultura, mi compañía, mis cualidades, mi vida..., a reconocer que yo también soy mendigo de la misericordia. La auténtica caridad no se limita a "dar" limosna, sino que nos exige "darnos" a nosotros mismos.

Oración que me ayuda a poner en Dios mi vida y mi esperanza, a reforzar mi relación con Dios mi Padre, a pedirle su gracia que me es necesaria para poder cambiar pues sólo no puedo.

Ayuno que me hace ser consciente de que no hay nada en este mundo que pueda saciarme plenamente; sólo Dios puede llenar mi corazón. Ayuno, austeridad, que me ayuda a compartir, a mirarme a mí mismo, a revisar mi salud espiritual, a eliminar los obstáculos que me impiden ser mejor, a descubrir que muchas cosas que me parecen necesarias son superfluas, a saber elegir lo importante antes que lo urgente, a aprender a usar mejor los bienes sin abusar de ellos, a demostrar que no sólo de pan vive el hombre sino que para vivir también necesita de la Palabra que cada día me ofrece Jesús en el evangelio.


* La Cuaresma es tiempo de volver a empezar, de arrepentimiento, de cambiar algo en nosotros para ser mejores, para quitar de nuestra vida algún aspecto que afea nuestra relación con Jesús.

Pero hacer por hacer, hacer para que me vean, incluso hacer para sentirme bien no vale a los ojos de Dios; lo escondido, lo que no se ve y busca agradar sólo a Dios es lo que de verdad cuenta, es la expresión de una fe adulta.


* Bajo la ceniza que trata de recordarme mi fragilidad y necesidad de reconciliación, acudo a ti, Dios Padre, para que me guíes y me transformes. Que esta Cuaresma sea un caminar con Jesús hasta la Pascua, que esté siempre a mi lado para que no flaqueen mis fuerzas. Que en esta Cuaresma deje que Dios actúe en mí.


* El Papa Francisco, en su exhortación sobre la alegría del evangelio, nos deja esta bella oración como una buena forma de iniciar la Cuaresma: "Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo. Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores".


* La Cuaresma me pide conversión. Debo entrar en mi interior, proponerme un pequeño y concreto objetivo para mejorar, no grandes ni vagas pretensiones, y pedirle ayuda a María para lograr su consecución. Esa será mi transformación que presentaré al Señor en la noche de Pascua.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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EL MIÉRCOLES DE CENIZA

El Miércoles de Ceniza es un día privilegiado litúrgicamente hablando, ya que en la tabla de los días litúrgicos según la precedencia aparece en el segundo grupo, al mismo nivel que los domingos de Adviento o la octava de Pascua por ejemplo. En ese día comienza uno de los llamados “tiempos fuertes”: la Cuaresma. Es día de ayuno y abstinencia (como el Viernes Santo) y la Liturgia nos presenta presenta el rito, característico, de la imposición de la ceniza.

En la Misa de ese día se bendice y se impone la ceniza, hecha de los ramos de olivo o de otros árboles, bendecidos el año precedente. Se omite el acto penitencial, que se sustituye por la imposición de la ceniza, después de la homilía. Tras una oración impone en la cabeza o la frente la ceniza a los presentes con cualquiera de las dos fórmulas que propone el Misal: “Convertios y creed en el Evangelio” o bien “Acuérdate de que polvo eres y al polvo volverás”. Es conveniente que el sacerdote presidente también se la imponga o le sea impuesta por algún fiel. Debe ser el primero en dar ejemplo de que se suma también a ese camino de conversión.
Después sigue la Oración de los fieles y comienza normalmente la Liturgia eucarística. No se dice el Credo.

También existe la posibilidad de imponer la ceniza fuera de la misa. En este caso debe ir acompañado el rito con una Liturgia de la Palabra.

Los días posteriores a este miércoles, hasta el primer domingo de Cuaresma, se llaman jueves, viernes y sábado después de Ceniza. El color morado de las vestiduras sagradas es el propio de este tiempo.Haciendo un poco de historia de este rito al principio se limitaba a los penitentes públicos, o sea, al grupo de pecadores que recibirían la reconciliación el Jueves santo. Desde el siglo XI comenzó a aplicarse este rito a todos los cristianos. Toda la comunidad se reconocía pecadora y se convirtió en un gesto de conversión cuaresmal.

La ceniza nos recuerda nuestra condición débil y caduca. Además, somos pecadores.

En el Antiguo Testamento hay numerosos ejemplos del uso de la ceniza como elemento penitencial y de arrepentimiento, Baste esta cita: “Josué desgarró sus vestidos, se postró rostro en tierra y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas y oraban a Yahve” (Jos7,6).


Jesús Luengo Mena


martes, 4 de marzo de 2014

RECUERDA,MAÑANA BESAMANOS AL SANTO ECCE HOMO

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Siguiendo la tradición ,mañana Miércoles de Ceniza, estará a la pública veneración de los fieles en devoto Besamanos la sagrada Imagen del Ecce Homo de la Parroquia.Precisamente en este 2014 se cumplen los 20 años de ese primer solemne acto, que como idea surgida de los hermanos Jesús Tamayo,Lorenzo Calderón y Jose M. Prados,con el beneplácito del recordado Rvdo. D. Fernando Rueda, se pudo llevar a cabo.

Fué la primera Imagen que en este señalado día se expuso de esta manera,después se sumarían otras tales como el Santo Crucifijo de la Salud,Señor de la Vía Crucis,etcra.

Tenemos por tanto una visita obligada cuyo horario de mañana y tarde nos ayudará a poder así hacerlo.Tendremos igualmente en la Parroquia misa de imposición de la ceniza a las siete de la tarde,clausurando el Besamanos más tarde.


sábado, 1 de marzo de 2014

EL MIÉRCOLES DE CENIZA

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El Miércoles de Ceniza es un día privilegiado litúrgicamente hablando, ya que en la tabla de los días litúrgicos según la precedencia aparece en el segundo grupo, al mismo nivel que los domingos de Adviento o la octava de Pascua por ejemplo. En ese día comienza uno de los llamados “tiempos fuertes”: la Cuaresma. Es día de ayuno y abstinencia (como el Viernes Santo) y la Liturgia nos presenta presenta el rito, característico, de la imposición de la ceniza.

En la Misa de ese día se bendice y se impone la ceniza, hecha de los ramos de olivo o de otros árboles, bendecidos el año precedente. Se omite el acto penitencial, que se sustituye por la imposición de la ceniza, después de la homilía. Tras una oración impone en la cabeza o la frente la ceniza a los presentes con cualquiera de las dos fórmulas que propone el Misal: “Convertios y creed en el Evangelio” o bien “Acuérdate de que polvo eres y al polvo volverás”. Es conveniente que el sacerdote presidente también se la imponga o le sea impuesta por algún fiel. Debe ser el primero en dar ejemplo de que se suma también a ese camino de conversión.

Después sigue la Oración de los fieles y comienza normalmente la Liturgia eucarística. No se dice el Credo.

También existe la posibilidad de imponer la ceniza fuera de la misa. En este caso debe ir acompañado el rito con una Liturgia de la Palabra.

Los días posteriores a este miércoles, hasta el primer domingo de Cuaresma, se llaman jueves, viernes y sábado después de Ceniza. El color morado de las vestiduras sagradas es el propio de este tiempo.Haciendo un poco de historia de este rito al principio se limitaba a los penitentes públicos, o sea, al grupo de pecadores que recibirían la reconciliación el Jueves santo. Desde el siglo XI comenzó a aplicarse este rito a todos los cristianos. Toda la comunidad se reconocía pecadora y se convirtió en un gesto de conversión cuaresmal.

La ceniza nos recuerda nuestra condición débil y caduca. Además, somos pecadores.

En el Antiguo Testamento hay numerosos ejemplos del uso de la ceniza como elemento penitencial y de arrepentimiento, Baste esta cita: “Josué desgarró sus vestidos, se postró rostro en tierra y todos esparcieron polvo sobre sus cabezas y oraban a Yahve” (Jos7,6).


Jesús Luengo Mena
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jueves, 27 de febrero de 2014

ESTE VIERNES NO CELEBRAREMOS NUESTROS CULTOS SEMANALES

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Este próximo viernes,festivo al celebrarse el día de Andalucía,nuestros cultos semanales serán suspendidos por tal motivo.

Recordemos igualmente que este próximo miércoles se llevará a cabo la bendición e imposición de la ceniza,dando así comienzo a la Santa Cuaresma.

Como ya es tradicional, la devota talla del Ecce Homo de la Parroquia se expondrá en solemne ceremonia de besamanos,teniendo así a los fieles y devotos la posibilidad de rendir pleitesía a tan milagrosa imagen de Nuestro Señor Jesucristo.

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jueves, 14 de febrero de 2013

LA CUARESMA SE INICIA CON LA CENIZA DE LA CONVERSIÓN Y TERMINA CON LA LUZ PASCUAL RENOVADORA

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Miércoles de Ceniza

Empezamos la Cuaresma a través de la imposición de las cenizas, un símbolo que es muy conocido para todos. La ceniza no es sino un símbolo de muerte que indica que ya no hay vida ni posibilidad de que la haya. Nosotros la vamos a imponer sobre nuestras cabezas pero no con un sentido negativo u oscuro de la vida, pues el cristiano debe ver su vida positivamente. La ceniza se convierte para nosotros al mismo tiempo en un motivo de esperanza y superación. La Cuaresma es un camino, y las cenizas sobre nuestras cabezas son el inicio de ese camino. El momento en el cual cada uno de nosotros empieza a entrar en su corazón y comienza a caminar hacia la Pascua, el encuentro pleno con Cristo.

Jesucristo nos habla en el Evangelio de algunas actitudes que podemos tener ante la vida y ante las cosas que hacemos. Cristo nos habla de cómo, cuándo oramos, hacemos limosna, hacemos el bien o ayudamos a los demás, podríamos estar buscándonos a nosotros mismos, cuando lo que tendríamos que hacer es no buscarnos a nosotros mismos ni buscar lo que los hombres digan, sino entrar en nuestro interior: “Y allá tu Padre que ve en lo secreto te recompensará.”

Es Dios en nuestro corazón quien nos va a recompensar; no son los hombres, ni sus juicios, ni sus opiniones, ni lo que puedan o dejen de pensar respecto a nosotros; es Nuestro Padre que ve en lo secreto quien nos va a recompensar. Qué difícil es esto para nosotros que vivimos en una sociedad en la cual la apariencia es lo que cuenta y la fama es lo que vale.
Cristo, cuando nosotros nos imponemos la ceniza en la cabeza nos dice: “Tengan cuidado de no practicar sus obras de piedad delante de los hombres; de lo contrario no tendrán recompensa con su Padre Celestial”. ¿Qué recompensa busco yo en la vida?

La Cuaresma es una pregunta que entra en nuestro corazón para cuestionarnos precisamente esto: ¿Estoy buscando a Dios, buscando la gloria humana, estoy buscando la comprensión de los demás? ¿A quién estoy buscando?

La señal de penitencia que es la ceniza en la cabeza, se convierte para nosotros en una pregunta: ¿A quién estamos buscando? Una pregunta que tenemos que atrevernos a hacer en este camino que son los días de preparación para la Pascua; la ceniza cae sobre nuestras cabezas, pero ¿cae sobre nuestro corazón?

Esta pregunta se convierte en un impulso, en un dinamismo, en un empuje para que nuestra vida se atreva a encontrarse a sí misma y empiece a dar valor a lo que vale, dar peso a lo que tiene.

Este es el tiempo, el momento de la salvación, nos decía San Pablo. Hoy empieza un período que termina en la Pascua: La Cuaresma, el día de salvación, el día en el cual nosotros vamos a buscar dentro de nuestro corazón y a preguntarnos ¿a quién estamos buscando? Y la ceniza nos dice: quita todo y quédate con lo que vale, con lo fundamental; quédate con lo único que llena la vida de sentido. Tu Padre que ve en lo secreto, sólo Él te va a recompensar.

La Cuaresma es un camino que todo hombre y toda mujer tenemos que recorrer, no lo podemos eludir y de una forma u otra lo tenemos que caminar. Tenemos que aprender a entrar en nuestro corazón, purificarlo y cuestionarnos sobre a quién estamos buscando.

Este es el sentido de la ceniza en la cabeza; no es un rito mágico, una costumbre o una tradición. ¿De qué nos serviría manchar nuestra frente de negro si nuestro corazón no se preguntara si realmente a quien estamos buscando es a Dios? Si busco a Dios, esta Cuaresma es el momento para caminar, para buscarlo, para encontrarlo y purificar nuestro corazón.

El camino de Cuaresma va a ser purificar el corazón, quitar de él todo lo que nos aparta de Dios, todo aquello que nos hace más incomprensivos con los demás, quitar todos nuestros miedos y todas las raíces que nos impiden apegarnos a Dios y que nos hacen apegarnos a nosotros mismos. ¿Estamos dispuestos a purificar y cuestionar nuestro corazón? ¿Estamos dispuestos a encontrarnos con Nuestro Padre en nuestro interior?

Este es el significado del rito que vamos hacer dentro de unos momentos: purificar el corazón, dar valor a lo que vale y entrar dentro de nosotros mismos. Si así lo hacemos, entonces la Cuaresma que empezaremos hoy de una forma solemne, tan solemne como es el hecho de que hoy de una forma solemne, tan solemne como es el hecho de que hoy guardamos ayuno y abstinencia (para que el hambre física nos recuerde la importancia del hambre de Dios), se convertirá verdaderamente en un camino hacia Dios.

Este ha de ser el dinamismo que nos haga caminar durante la Cuaresma: hacer de las mortificaciones propias de la Cuaresma como son lo ayunos, las vigilias y demás sacrificios que podamos hacer, un recuerdo de lo que tiene que tener la persona humana, no es simplemente un hambre física sino el hambre de Dios en nuestros corazones, la sed de la vida de Dios que tiene que haber en nuestra alma, la búsqueda de Dios que tiene haber en cada instante de nuestra alma.

Que éste sea el fin de nuestro camino: tener hambre de Dios, buscarlo en lo profundo de nosotros mismos con gran sencillez. Y que al mismo tiempo, esa búsqueda y esa interiorización, se conviertan en una purificación de nuestra vida, de nuestro criterio y de nuestros comportamientos así como en un sano cuestionamiento de nuestra existencia. Permitamos que la Cuaresma entre en nuestra vida, que la ceniza llegue a nuestro corazón y que la penitencia transforme nuestras almas en almas auténticamente dispuestas a encontrarse con el Señor.


La imposición de las cenizas nos recuerda que nuestra vida en la tierra es pasajera y que nuestra vida definitiva se encuentra en el Cielo.

La Cuaresma comienza con el Miércoles de Ceniza y es un tiempo de oración, penitencia y ayuno. Cuarenta días que la Iglesia marca para la conversión del corazón.

Las palabras que se usan para la imposición de cenizas, son:

- “Concédenos, Señor, el perdón y haznos pasar del pecado a la gracia y de la muerte a la vida”

- “Recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás"

- “Arrepiéntete y cree en el Evangelio”.


Origen de la costumbre

Antiguamente los judíos acostumbraban cubrirse de ceniza cuando hacían algún sacrificio y los ninivitas también usaban la ceniza como signo de su deseo de conversión de su mala vida a una vida con Dios.

En los primeros siglos de la Iglesia, las personas que querían recibir el Sacramento de la Reconciliación el Jueves Santo, se ponían ceniza en la cabeza y se presentaban ante la comunidad vestidos con un "hábito penitencial". Esto representaba su voluntad de convertirse.

En el año 384 d.C., la Cuaresma adquirió un sentido penitencial para todos los cristianos y desde el siglo XI, la Iglesia de Roma acostumbra poner las cenizas al iniciar los 40 días de penitencia y conversión.

Las cenizas que se utilizan se obtienen quemando las palmas usadas el Domingo de Ramos de año anterior. Esto nos recuerda que lo que fue signo de gloria pronto se reduce a nada.

También, fue usado el período de Cuaresma para preparar a los que iban a recibir el Bautismo la noche de Pascua, imitando a Cristo con sus 40 días de ayuno.

La imposición de ceniza es una costumbre que nos recuerda que algún día vamos a morir y que nuestro cuerpo se va a convertir en polvo.Nos enseña que todo lo material que tengamos aquí se acaba. En cambio, todo el bien que tengamos en nuestra alma nos lo vamos a llevar a la eternidad. Al final de nuestra vida, sólo nos llevaremos aquello que hayamos hecho por Dios y por nuestros hermanos los hombres.

Cuando el sacerdote nos pone la ceniza, debemos tener una actitud de querer mejorar, de querer tener amistad con Dios. La ceniza se le impone a los niños y a los adultos.

Significado del carnaval al inicio de la Cuaresma

La palabra carnaval significa adiós a la carne y su origen se remonta a los tiempos antiguos en los que por falta de métodos de refrigeración adecuados, los cristianos tenían la necesidad de acabar, antes de que empezara la Cuaresma, con todos los productos que no se podían consumir durante ese período (no sólo carne, sino también leche, huevo, etc.)

Con este pretexto, en muchas localidades se organizaban el martes anterior al miércoles de ceniza, fiestas populares llamadas carnavales en los que se consumían todos los productos que se podrían echar a perder durante la cuaresma.

Muy pronto empezó a degenerar el sentido del carnaval, convirtiéndose en un pretexto para organizar grandes comilonas y para realizar también todos los actos de los cuales se "arrepentirían" durante la cuaresma, enmarcados por una serie de festejos y desfiles en los que se exaltan los placeres de la carne de forma exagerada, tal como sigue sucediendo en la actualidad en los carnavales de algunas ciudades, como en Río de Janeiro o Nuevo Orleans.

El ayuno y la abstinencia

El miércoles de ceniza y el viernes santo son días de ayuno y abstinencia. La abstinencia obliga a partir de los 14 años y el ayuno de los 18 hasta los 59 años. El ayuno consiste hacer una sola comida fuerte al día y la abstinencia es no comer carne. Este es un modo de pedirle perdón a Dios por haberlo ofendido y decirle que queremos cambiar de vida para agradarlo siempre.

La oración

La oración en este tiempo es importante, ya que nos ayuda a estar más cerca de Dios para poder cambiar lo que necesitemos cambiar de nuestro interior. Necesitamos convertirnos, abandonando el pecado que nos aleja de Dios. Cambiar nuestra forma de vivir para que sea Dios el centro de nuestra vida. Sólo en la oración encontraremos el amor de Dios y la dulce y amorosa exigencia de su voluntad.

Para que nuestra oración tenga frutos, debemos evitar lo siguiente:

La hipocresía: Jesús no quiere que oremos para que los demás nos vean llamando la atención con nuestra actitud exterior. Lo que importa es nuestra actitud interior.
La disipación: Esto quiere decir que hay que evitar las distracciones lo más posible. Preparar nuestra oración, el tiempo y el lugar donde se va a llevar a cabo para podernos poner en presencia de Dios.
La multitud de palabras: Esto quiere decir que no se trata de hablar mucho o repetir oraciones de memoria sino de escuchar a Dios. La oración es conformarnos con Él; nuestros deseos, nuestras intenciones y nuestras necesidades. Por eso no necesitamos decirle muchas cosas. La sinceridad que usemos debe salir de lo profundo de nuestro corazón porque a Dios no se le puede engañar.

El sacrificio

Al hacer sacrificios (cuyo significado es "hacer sagradas las cosas"), debemos hacerlos con alegría, ya que es por amor a Dios. Si no lo hacemos así, causaremos lástima y compasión y perderemos la recompensa de la felicidad eterna. Dios es el que ve nuestro sacrificio desde el cielo y es el que nos va a recompensar. “Cuando ayunéis no aparezcáis tristes, como los hipócritas que desfiguran su rostro para que los hombres vean que ayunan; en verdad os digo, ya recibieron su recompensa. Tú cuando ayunes, úngete la cabeza y lava tu cara para que no vean los hombres que ayunas, sino Tu Padre, que está en lo secreto: y tu padre que ve en lo secreto, te recompensará. “ (Mt 6,6)”

Conclusión

Como vemos, la ceniza no es un rito mágico, no nos quita nuestros pecados, para ello tenemos el Sacramento de la Reconciliación. Es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma, para acompañar a Jesús desde su desierto hasta el día de su triunfo que es el Domingo de Resurrección.

Debe ser un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar como es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.

En estos momentos al reflexionar sobre nuestra vida, debemos convertirla de ahora en adelante en un seguimiento a Jesús, profundizando en su mensaje de amor y acercándonos en esta Cuaresma al Sacramento de la Reconciliación (también llamado confesión), que como su nombre mismo nos dice, representa reconciliarnos con Dios y sin reconciliarnos con Dios y convertirnos internamente, no podremos seguirle adecuadamente.

Está Reconciliación con Dios está integrada por el Arrepentimiento, la Confesión de nuestros pecados, la Penitencia y finalmente la Conversión.

El arrepentimiento debe ser sincero, reconocer que las faltas que hemos cometido (como decimos en el Yo Pecador: en pensamiento, palabra, obra y omisión), no las debimos realizar y que tenemos el firme propósito de no volverlas a cometer.

La confesión de nuestros pecados.- el arrepentimiento de nuestras faltas, por sí mismo no las borra, sino que necesitamos para ello la gracia de Dios, la cual llega a nosotros por la absolución de nuestros pecados expresada por el sacerdote en la confesión.

La penitencia que debemos cumplir empieza desde luego por la que nos imponga el sacerdote en el Sacramento de la Reconciliación, pero debemos continuar con la oración, que es la comunicación íntima con Dios, con el ayuno, que además del que manda la Iglesia en determinados días, es la renuncia voluntaria a diferentes satisfactores con la intención de agradar a Dios y con la caridad hacia el prójimo.

Y finalmente la Conversión que como hemos dicho es ir hacia delante, es el seguimiento a Jesús.

Es un tiempo de pedir perdón a Dios y a nuestro prójimo, pero es también un tiempo de perdonar a todos los que de alguna forma nos han ofendido o nos han hecho algún daño. Pero debemos perdonar antes y sin necesidad de que nadie nos pida perdón, recordemos como decimos en el Padre Nuestro, muchas veces repitiéndolo sin meditar en su significado, que debemos pedir perdón a nuestro Padre, pero antes tenemos que haber perdonado sinceramente a los demás.

Y terminemos recorriendo al revés nuestra frase inicial, diciendo que debemos escuchar y leer el Evangelio, meditarlo y Creer en él y con ello Convertir nuestra vida, siguiendo las palabras del Evangelio y evangelizando, es decir transmitiendo su mensaje con nuestras acciones y nuestras palabras.

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