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viernes, 7 de enero de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO C – (9-1-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,15-16. 21-22

“En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. Él tomó la palabra y dijo a todos:

- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:

- Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.


LA NUEVA VIDA

“Aquí está vuestro Dios, aquí está el Señor; viene con poder y brazo dominador; viene con él su salario, le precede la paga”. Estas palabras se encuentran en el poema del libro de Isaías que se lee en esta fiesta del Bautismo de Señor (Is 40, 1-5. 9-11). Al pueblo que retorna del cautiverio en Babilonia una voz le invita a acoger al Señor.

Junto a la imagen de la fuerza y el poder, el pregonero ofrece otra imagen de amor y de ternura: “Apacienta como un pastor a su rebaño y amorosamente lo reúne; lleva en brazos los corderos y conduce con delicadeza a las recién paridas”. El pueblo redimido de la servidumbre puede recordar su pastoril.

Todo indica que comienza un nuevo tiempo después del exilio. Un tiempo marcado por los signos del encuentro y la fraternidad, de la seguridad y la esperanza. Una nueva vida.


LA CORREA DE LAS SANDALIAS

El evangelio que hoy se proclama se divide en dos partes, paralelas y complementarias. En la primera parte se recuerda el bautismo con el que Juan anunciaba la llegada de otro más fuerte que él. Aquel profeta no osaba siquiera compararse con los esclavos que ataban y desataban la correa de las sandalias de sus amos. (Lc 3,15-16).

Como Juan Bautista, la Iglesia sabe que ella no puede salvar. Ha sido llamada a prestar un humilde servicio a su Señor. Y ha sido enviada a preparar los caminos de los que esperan de Él la salvación. Nadie nos puede salvar sino el Señor de la vida y de la libertad.

Juan bautizaba a sus oyentes con agua. El rito significaba la purificación necesaria para preparar los caminos del Señor. No podía haber conversión sin la purificación del pecado. Sería bueno repetirlo en presente. Tampoco ahora habrá conversión sin aceptar la purificación.


LA ORACIÓN Y EL AMOR

En la segunda parte del evangelio de hoy se nos invita a asistir a la escena del bautismo de Jesús (Lc 3, 21-22). En pocas palabras el texto sugiere muchas cosas:

• “Mientras Jesús oraba se abrió el cielo”. Los cristianos nos dirigimos a Jesús en nuestra oración. Pero no podemos dejar de ver en él al gran orante. En su oración se abrían los cielos. Es decir, para él y para nosotros, la oración es el acceso a Dios.

• “El Espíritu bajó sobre él como una paloma”. Tras el diluvio, la paloma buscó una tierra donde posarse. Ahora comprendemos que Jesús es la nueva tierra, la promesa y la realidad de una nueva creación: de una nueva vida.

• Una voz que venía del cielo lo reconoce como el Hijo amado. Jesús es el Hijo predilecto del Padre. En él se revela el amor del Padre. Y en él, nuestro hermano y Señor, también nosotros nos reconocemos como hijos de Dios.

- Señor Jesús, Hijo de Dios y Señor nuestro. En tu bautismo reconocemos el misterio y la belleza de nuestro propio bautismo. Que el agua y el Espíritu nos ayuden a vivir la nueva vida de los verdaderos hijos del Padre. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

sábado, 9 de enero de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO B – (10-1-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 7-11

“En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.

Yo os bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo». Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizará el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».


EL MISTERIO DEL AGUA

“¡Todos los sedientos, id por agua, y los que no tenéis plata, venid, comprad y comed, sin plata y sin pagar, vino y leche!” Con esta invitación tan sugestiva se abre la primera lectura que se proclama en este domingo, en que celebramos la fiesta del Bautismo de Jesús (Is 55,1-11).

Después de haber meditado durante los días de Navidad el misterio de la Palabra que se ha hecho carne, se nos invita hoy a alimentarnos de ella. Solo la palabra de Dios puede calmar nuestra sed. Y saciar nuestra hambre. Con palabras del libro de Isaías, repetimos en el salmo responsorial: “Sacaréis aguas con gozo de las fuentes de la salvación”

El agua aparece también en la segunda lectura, tomada de la primera carta de Juan (1 Jn 5,1-9). Pero Jesucristo ha venido a nosotros “no solamente con el agua, sino con el agua y con la sangre”. El Espíritu, el agua y la sangre dan testimonio de él.


EL SEÑOR Y EL ESCLAVO

En el texto del evangelio de san Marcos que hoy se proclama (Mc 1,7-11), volvemos a escuchar la palabra de Juan el Bautista. Él anuncia al que ha de venir y confiesa su propia incapacidad de ofrecer la salvación que esperan obtener los que llegan a escucharle.

• “Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco ni agacharme para desatarle las sandalias”. Es evidente que el que viene ha de ser grande y poderoso. Llegará con la autoridad que Dios le ha conferido. Juan ni siquiera se considera a sí mismo digno de ofrecerle el servicio de un esclavo.

• “Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo”. Juan contrapone dos fuerzas de la naturaleza: el agua y el viento. Las dos son benéficas, pero pueden llegar a ser tremendas. Juan bautiza con agua e invita a las gentes a la conversión. No es poco. Pero el que viene detrás de él moverá a las gentes con el vendaval de Dios.


EL HIJO AMADO

El que había de venir es Jesús, que llega desde Nazaret para ser bautizado por Juan en el Jordán. No hay en su boca palabra alguna. Pero ve que los cielos se rasgan, mientras el Espíritu baja sobre él como la paloma que descubrió la tierra después del diluvio. Es la hora de la revelación. De pronto se oye una voz celestial:

“Tú eres mi hijo amado, mi predilecto”. Ese oráculo divino identifica a Jesús con el misterioso Siervo de Dios, al que se refieren los famosos cantos que se hallan en el libro de Isaías (Is 42,1). Jesús es el elegido. Es el enviado por Dios. Es el que ha de redimir a su pueblo con su entrega.

• “Tú eres mi hijo amado, mi predilecto”. Esas palabras se dirigían ya al pueblo de Israel, en tiempos del exilio que lo llevó a Babilonia. Pero se dirigen hoy al nuevo pueblo de Dios, excluido y perseguido en muchos lugares de la tierra. También él está llamado a vivir confiando en la misericordia de Dios.

- Señor Jesús, bautizado en las aguas del Jordán, tú eres la luz que ilumina nuestro camino. Nuestra fe te acoge y confiesa como el Salvador y Mesías enviado por Dios. El que se ha revelado como tu Padre, nos recibe a nosotros como hijos, rescatados por ti del sepulcro del mal y del pecado. Bendito seas por siempre. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 11 de enero de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO A – (12-1-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17


“En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole:

-«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»

Jesús le contestó:

-«Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere. »

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía-

-«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»”



EL HIJO AMADO

“Mirad a mi siervo, a quien sostengo; mi elegido, en quien me complazco”. Así comienza el primero de los cuatro cánticos del Siervo del Señor (Is 42, 1). No sabemos si se refiere a un personaje concreto o bien a toda la comunidad de los fieles de Israel.

De todas formas, el poema refleja la elección de alguien que recibe el Espíritu de Dios y es enviado para una misión estupenda: la de proclamar la alianza de Dios y la luz que él derrama sobre todos los pueblos. Una misión liberadora para todos los cautivos de las mil cadenas que pueden amarrar a los humanos.

El texto de los Hechos de los Apóstoles que hoy se proclama recoge unas palabras que Pedro pronuncia en la casa del centurión Cornelio. Jesús, ungido en su bautismo con la fuerza del Espíritu Santo, pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hech 10,38).


EL DIÁLOGO

Al meditar el misterio del Bautismo de Jesús, muchos nos preguntamos por qué quiso ser bautizado el que era la suma limpieza. Según los Padres de la Iglesia, Jesús bajó al Jordán, como Josué lo cruzó para conducir a su pueblo a la tierra de la libertad. El evangelio de Mateo introduce un diálogo intrigante para muchos creyentes:

• “Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?” El Catecismo de la Iglesia Católica interpreta estas palabras, como el reflejo de una duda de Juan el Bautista (CCE 535). El evangelista pretende dejar clara la superioridad de Jesús con relación al Precursor. Y disipar los recelos de los discípulos de ambos.

• “Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere”. La respuesta de Jesús refleja su decisión de cumplir “la justicia plena”, aceptando el proyecto de Dios. Es decir, proclamando con los signos que Dios ofrece la salvación gratuita a todos los pecadores, a los que se acerca Jesús en este rito bautismal.


EL ORÁCULO

Una vez bautizado, Jesús salió del agua y vio que el Espíritu se posaba sobre él en forma de paloma. Un dato que evoca el final del diluvio. Jesús es la tierra firme que emerge de las aguas de la muerte. Él es el anuncio de la paz que Dios ofrece a la humanidad y a todo el mundo creado. Pero a lo que se “ve” acompaña la voz de lo alto que se “oye”:

• “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Este oráculo es una adaptación de las palabras con las que Dios se refiere a su Siervo, elegido para salvar a su pueblo por medio de su palabra y también por sus dolores.

• “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Si en su bautismo Jesús se asocia a la suerte de los pecadores que bajan al Jordán, su misión de Hijo amado de Dios lo llevará a sufrir por ellos, es decir por todos nosotros.

• “Este es mi Hijo amado, en quien me complazco”. Al mostrarnos a su Hijo amado, Dios se nos revela como Padre universal. Su amor y su misericordia lo acompañan y definen. De esos dones todos nosotros hemos sido declarados herederos.

- Padre de los cielos, que nos has revelado en Jesús a tu Hijo amado, te damos gracias por la misión salvadora que le has confiado y te rogamos que tu Espíritu nos ayude a cumplir siempre tu voluntad. Amén”.

José-Román Flecha Andrés.
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viernes, 11 de enero de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO C – (13-1-2019)

LUCAS 3, 15-16.21-22.

“En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego». En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto».”


La celebración del Bautismo de Jesús en el Jordán, cuya fiesta celebramos hoy, cierra el tiempo de Navidad. Es verdad que el Bautismo de Jesús no tiene el mismo significado que el nuestro, por eso uno de los evangelistas, Mateo, que escribía para judíos, y por lo tanto podía no entender bien el gesto de Jesús, pone un dialogo entre Juan y Jesús en el que el primero se niega a bautizarlo, diciéndole que es Él el que lo tiene que bautizar, pero Jesús le pide ser bautizado, y le pide ser bautizado para darnos una nueva lección de humildad y de saber hacer, el evangelista aprovecha el rito del bautismo para presentar a Jesús como el Salvador esperado, como el Mesías.

Juan bautiza a Jesús al comienzo de su vida pública, es como la puesta en marcha de la misma. De los treinta años de vida oculta de Jesús con sus padres en Nazaret los evangelios no nos dicen nada, hay un silencio respetuoso sobre ella. Aunque nos gustaría saber cómo fue la vida durante esos treinta años en Nazaret, la verdad es que lo que verdaderamente nos interesa es lo que Jesús dijo e hizo en su vida pública y ésa es la que comienza después de su bautismo. Por lo tanto si queremos conocer y profundizar en el mensaje de Jesús tenemos que estar atentos a la palabra de Dios en los domingos que van a venir a partir de ahora hasta el tiempo de Cuaresma. En ellos iremos recorriendo el camino que Jesús realiza hasta Jerusalén, escuchando su mensaje, viendo cómo trata a las personas, contemplando sus gestos y aprendiendo de todo lo que dice y hace.

Juan nos presenta a Jesús como el enviado de Dios, el esperado por el pueblo, el anunciado por los profetas del Antiguo Testamento, es nuestro Salvador, nuestro Dios. Nos lo señala con el dedo, para que no tengamos ninguna duda y nos dice que es Él. Que dispongamos nuestro corazón para seguirle y nuestros oídos para escucharle. Efectivamente, Jesús es la referencia principal del cristiano, Él es el modelo fundamental. Las actitudes de Jesús deben ser las nuestras, la manera de comportarse de Jesús debe reflejarse en nuestro comportamiento, su talante, su modo de situarse ante las cosas, su manera de tratar a las personas, deberían ser imitados por nosotros. Pero, difícilmente puedo seguir y actuar como alguien que no conozco, o peor, que sólo conozco de oídas o porque otros me lo han dicho. No, debo ser yo quien descubra a ese Jesús, debo ser yo quien me preocupe por conocer lo que hizo, debo ser yo el que personalmente interiorice y haga mío, todo lo que ese Jesús me enseñó, sólo de esta manera Jesús podrá ser alguien significativo para mí.

El reflexionar hoy sobre el bautismo de Jesús, puede ser también un buen momento para reflexionar sobre el nuestro. Todos sabemos que el bautismo es el sacramento fundamental del cristiano, desde que me bauticé puedo decir que pertenezco a la Iglesia, de aquí la importancia que tiene el saber lo que se hace cuando se pide este sacramento, y que el mismo no tiene que responder a la sola presión social, sino más bien a la exigencia de ser transmisores de lo que creemos. Como perteneciente a la Iglesia, tengo la obligación de intentar vivir como esa pertenecía me exige, y mi conducta tendría que ser manifestación de sus exigencias, por eso hoy podríamos preguntarnos, ¿qué fidelidad tengo yo a lo que mis padres hicieron por mí el día de mi bautismo?, ¿he hecho mío aquel gesto? ¿he aceptado las consecuencias que lleva consigo estar bautizado?

Tendremos que reconocer que como casi siempre no encontramos en nosotros la fidelidad suficiente a lo que nuestra fe nos exige.

Le pedimos con sinceridad al Señor, que nos de la fuerza necesaria para ser sus testigos fieles en este mundo nuestro, que nos haga valorar los sacramentos en los que su presencia se hace más real y más evidente.

Y lo hacemos al tiempo que seguimos pidiendo los unos por los otros, especialmente por los que menos tienen, para que el Señor los ayude, los que sufren, los enfermos, para que ya que son los preferidos del Señor, también lo sean los nuestros.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.

sábado, 6 de enero de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO B – (7-1-2018)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 7-11


“En aquel tiempo, proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que puede más que yo, y yo no merezco agacharme para desatarle las sandalias.

Yo os bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo». Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizará el Jordán. Apenas salió del agua, vio rasgarse el cielo y al Espíritu bajar hacia él como una paloma. Se oyó una voz del cielo: «Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto».”




ESCUCHAR LO QUE DICE EL ESPÍRITU


Él os bautizará con Espíritu Santo.

Los primeros cristianos vivían convencidos de que para seguir a Jesús es insuficiente un bautismo de agua o un rito parecido. Es necesario vivir empapados de su Espíritu Santo. Por eso en los evangelios se recogen de diversas maneras estas palabras del Bautista: «Yo os he bautizado con agua, pero él (Jesús) os bautizará con Espíritu Santo».

No es extraño que en los momentos de crisis recordaran de manera especial la necesidad de vivir guiados, sostenidos y fortalecidos por su Espíritu. El Apocalipsis, escrito en los momentos críticos que vive la Iglesia bajo el emperador Domiciano, repite una y otra vez a los cristianos: «El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias».

La mutación cultural sin precedentes que estamos viviendo, nos está pidiendo hoy a los cristianos una fidelidad sin precedentes al Espíritu de Jesús. Antes de pensar en estrategias y recetas automáticas ante la crisis, hemos de preguntarnos cómo estamos acogiendo hoy nosotros el Espíritu de Jesús.

En vez de lamentarnos una y otra vez de la secularización creciente, hemos de preguntarnos qué caminos nuevos anda buscando hoy Dios para encontrarse con los hombres y mujeres de nuestro tiempo; cómo hemos de renovar nuestra manera de pensar, de decir y de vivir la fe para que su Palabra pueda llegar hasta los interrogantes, las dudas y los miedos que brotan en su corazón.

Antes de elaborar proyectos pensados hasta sus últimos detalles, necesitamos transformar nuestra mirada, nuestra actitud y nuestra relación con el mundo de hoy. Necesitamos parecernos más a Jesús. Dejarnos trabajar por su Espíritu. Sólo Jesús puede darle a la Iglesia un rostro nuevo.

El Espíritu de Jesús sigue vivo y operante también hoy en el corazón de las personas, aunque nosotros ni nos preguntemos cómo se relaciona con quienes se han alejado definitivamente de la Iglesia. Ha llegado el momento de aprender a ser la «Iglesia de Jesús» para todos, y esto sólo él nos lo puede enseñar.

No hemos de hablar sólo en términos de crisis. Se están creando unas condiciones en las que lo esencial del evangelio puede resonar de manera nueva. Una Iglesia más frágil, débil y humilde puede hacer que el Espíritu de Jesús sea entendido y acogido con más verdad.

José Antonio Pagola

sábado, 7 de enero de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO A – (8-1-2017)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 3, 13-17


“En aquel tiempo, fue Jesús de Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara.

Pero Juan intentaba disuadirlo, diciéndole:

-«Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí?»

Jesús le contestó:

-«Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere. »

Entonces Juan se lo permitió. Apenas se bautizó Jesús, salió del agua; se abrió el cielo y vio que el Espíritu de Dios bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Y vino una voz del cielo que decía-

-«Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.»”



UNA NUEVA ETAPA


Antes de narrar su actividad profética, los evangelistas nos hablan de una experiencia que va a transformar radicalmente la vida de Jesús. Después de ser bautizado por Juan, Jesús se siente el Hijo querido de Dios, habitado plenamente por su Espíritu. Alentado por ese Espíritu, Jesús se pone en marcha para anunciar a todos, con su vida y su mensaje, la Buena Noticia de un Dios amigo y salvador del ser humano.

No es extraño que, al invitarnos a vivir en los próximos años “una nueva etapa evangelizadora”, el Papa nos recuerde que la Iglesia necesita más que nunca “evangelizadores con Espíritu”. Sabe muy bien que solo el Espíritu de Jesús nos puede infundir fuerza para poner en marcha la conversión radical que necesita la Iglesia. ¿Por qué caminos?

Esta renovación de la Iglesia solo puede nacer de la novedad del Evangelio. El Papa quiere que la gente de hoy escuche el mismo mensaje que Jesús proclamaba por los caminos de Galilea, no otro diferente. Hemos de “volver a la fuente y recuperar la frescura original del Evangelio”. Solo de esta manera, “podremos romper esquemas aburridos en los que pretendemos encerrar a Jesucristo”.

El Papa está pensando en una renovación radical, “que no puede dejar las cosas como están; ya no sirve una simple administración”. Por eso, nos pide “abandonar el cómodo criterio pastoral del siempre se ha hecho así” e insiste una y otra vez: “Invito a todos a ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores de las propias comunidades”.

Francisco busca una Iglesia en la que solo nos preocupe comunicar la Buena Noticia de Jesús al mundo actual. “Más que el temor a no equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos en las estructuras que nos dan una falsa contención, en las normas que nos vuelven jueces implacables, en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: Dadles vosotros de comer”.

El Papa quiere que construyamos “una Iglesia con las puertas abiertas”, pues la alegría del Evangelio es para todos y no se debe excluir a nadie. ¡Qué alegría poder escuchar de sus labios una visión de Iglesia que recupera el Espíritu más genuino de Jesús rompiendo actitudes muy arraigadas durante siglos! “A menudo nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa del Padre donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas”.

José Antonio Pagola

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viernes, 8 de enero de 2016

EVANGELIO DEL DOMINGO : FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR – CICLO C - (10-1-2016)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,15-16. 21-22

“En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías. Él tomó la palabra y dijo a todos:

- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego.

En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo:

- Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.



INICIAR LA REACCIÓN

El Bautista no permite que la gente lo confunda con el Mesías. Conoce sus límites y los reconoce. Hay alguien más fuerte y decisivo que él. El único al que el pueblo ha de acoger. La razón es clara. El Bautista les ofrece un bautismo de agua. Solo Jesús, el Mesías, los "bautizará con el Espíritu Santo y con fuego".

A juicio de no pocos observadores, el mayor problema de la Iglesia es hoy "la mediocridad espiritual". La Iglesia no posee el vigor espiritual que necesita para enfrentarse a los retos del momento actual. Cada vez es más patente. Necesitamos ser bautizados por Jesús con su fuego y su Espíritu.

Estos últimos años ha ido creciendo la desconfianza en la fuerza del Espíritu, y el miedo a todo lo que pueda llevarnos a una renovación. Se insiste mucho en la continuidad para conservar el pasado, pero no nos preocupamos de escuchar las llamadas del Espíritu para preparar el futuro. Poco a poco nos estamos quedando ciegos para leer los "signos de los tiempos".

Se da primacía a certezas y creencias para robustecer la fe y lograr una mayor cohesión eclesial frente a la sociedad moderna, pero con frecuencia no se cultiva la adhesión viva a Jesús. ¿Se nos ha olvidado que él es más fuerte que todos nosotros? La doctrina religiosa, expuesta casi siempre con categoría premodernas, no toca los corazones ni convierte nuestras vidas.

Abandonado el aliento renovador del Concilio, se ha ido apagando la alegría en sectores importantes del pueblo cristiano, para dar paso a la resignación. De manera callada pero palpable va creciendo el desafecto y la separación entre la institución eclesial y no pocos creyentes.

Es urgente crear cuanto antes un clima más amable y cordial. Cualquiera no podrá despertar en el pueblo sencillo la ilusión perdida. Necesitamos volver a las raíces de nuestra fe. Ponernos en contacto con el Evangelio. Alimentarnos de las palabras de Jesús que son "espíritu y vida".

Dentro de unos años, nuestras comunidades cristianas serán muy pequeñas. En muchas parroquias no habrá ya presbíteros de forma permanente. Qué importante es cuidar desde ahora un núcleo de creyentes en torno al Evangelio. Ellos mantendrán vivo el Espíritu de Jesús entre nosotros. Todo será más humilde, pero también más evangélico.

A nosotros se nos pide iniciar ya la reacción. Lo mejor que podemos dejar en herencia a las futuras generaciones es un amor nuevo a Jesús y una fe más centrada en su persona y su proyecto. Lo demás es más secundario. Si viven desde el Espíritu de Jesús, encontrarán caminos nuevos.

José Antonio Pagola 
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viernes, 9 de enero de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (11-1-2015)

El texto evangélico es de Mc 1,7-11 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, proclamaba Juan: Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. En cuanto salió del agua, vio el cielo abierto y al Espíritu bajando sobre él como una paloma. Se escuchó una voz del cielo que dijo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.”



* Jesús inicia su vida pública bautizándose. Jesús asume su misión y se mezcla con el pueblo, sin privilegios, sin distinción; con toda humildad se pone en la fila de los pecadores para bautizarse (sin necesitarlo), cumple con lo que Dios quiere, se hace solidario con los pecadores, les muestra y abre el camino de la voluntad de Dios, se bautiza en señal de consagración a Dios.

Señor, tú eres el único justo y yo el pecador. Que sepa escucharte y convertirme. Que tu Palabra no me entre por un oído y me salga por otro, sino que entre en mi vida y me transforme.


* Jesús, como uno más, se somete a las disposiciones que eran válidas para los judíos en esa etapa de la historia de la salvación. Y lo hace para mostrarnos que esa etapa que Él comienza, está en continuidad con la anterior. Juan Bautista es la figura que hace de nexo entre la Antigua y la Nueva Alianza.

Señor, que sepa obedecer y someterme a las disposiciones concretas que me tú me das y que me da mi Madre, la Iglesia.


* Dios se manifiesta designando a Jesús como “Hijo amado”, hijo de la divinidad, hombre y Dios; es investido para comenzar su misión por el Padre y el Espíritu Santo.

Nosotros somos hijos de Dios por adopción. Vivir el bautismo significa querer comportarnos cada día más como hijos de Dios, amar a Dios como padre.

En nuestro bautismo también recibimos este mensaje de Dios. Dios nos ama porque así lo quiere Él. No por lo que hagamos, sino simplemente por el hecho de existir, de ser como somos, a pesar de nuestras limitaciones. Esto nos permite vivir con seguridad, esperanza, ternura, compromiso; y esto ha de movernos a la acogida y aceptación de los demás, nunca a su rechazo; y a hacer el bien.

¡Gracias, Padre! No sé por qué, pero también yo soy tu hijo amado.


* Al abrirse el cielo vemos cómo Jesús, que está en relación continua con el Padre y el Espíritu Santo, quiere introducirnos a nosotros en la vida eterna a través de los sacramentos. Por medio de ellos Jesús se acerca a nosotros y nos transforma.

Los sacramentos son signos del amor de Dios y, si como un saludo, una caricia o un abrazo nos cambian de alguna manera porque nos hacen sentirnos acogidos y queridos, por los sacramentos Jesús nos transforma radicalmente; como dice el Papa Francisco "modifica así todas nuestras relaciones y nuestra forma de estar en el mundo".


* Por el sacramento del bautismo el Señor no sólo nos liberó de la esclavitud del pecado, sino que también nos llamó a una nueva relación con Dios. Por el sacramento del bautismo se nos comunica la vida divina, lo que llamamos la gracia. Esa gracia es lo que sana y perfecciona nuestra humanidad, es la que nos capacita para hacer el bien en nuestra vida. Pero esta gracia pide una respuesta personal.

Señor, en mi bautismo, obra de Dios, me limpiaste del pecado y me llenaste de gracia haciéndome tu hijo. ¿Soy consciente de lo que ese día hizo Dios en mí?

Este es un buen momento para renovar las promesas bautismales: ¿Creo en Jesús, le sigo, cumplo su voluntad?


* María, enséñame a escuchar la Palabra de tu Hijo como tú lo hiciste, con atención, obediencia y respeto, para que así cale mejor en mi corazón.




Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


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jueves, 9 de enero de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (12-1-2014)

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 El texto del evangelio es de Mt 3, 13-17 y dice lo siguiente:


“Entonces fue Jesús desde Galilea al Jordán y se presentó a Juan para que lo bautizara. Juan intentaba disuadirlo, diciéndole: -Soy yo quien necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Jesús le respondió: -Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere. Entonces Juan se lo permitió. Después de ser bautizado, Jesús salió del agua y en ese momento se abrió el cielo y vio al Espíritu de Dios que bajaba como una paloma y se posaba sobre él. Se escuchó una voz del cielo que decía: -Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto.”


* Jesús inicia su vida pública bautizándose. Jesús asume su misión y se mezcla con el pueblo, sin privilegios, sin distinción; con toda humildad se pone en la fila de los pecadores para bautizarse (sin necesitarlo), cumple con lo que Dios quiere, se hace solidario con los pecadores, les muestra y abre el camino de la voluntad de Dios, se bautiza en señal de consagración a Dios.

Señor, tú eres el único justo y yo el pecador. Que sepa escucharte y convertirme. Que tu Palabra no me entre por un oído y me salga por otro, sino que entre en mi vida y me transforme.


* Jesús, como uno más, se somete a las disposiciones que eran válidas para los judíos en esa etapa de la historia de la salvación. Y lo hace para mostrarnos que esa etapa que Él comienza, está en continuidad con la anterior. Juan Bautista es la figura que hace de nexo entre la Antigua y la Nueva Alianza.

Señor, que sepa obedecer y someterme a las disposiciones concretas que me tú me das y que me da mi Madre, la Iglesia.


* Dios se manifiesta designando a Jesús como “Hijo amado”, hijo de la divinidad, hombre y Dios; es investido para comenzar su misión por el Padre y el Espíritu Santo.

Nosotros somos hijos de Dios por adopción. Vivir el bautismo significa querer comportarnos cada día más como hijos de Dios, amar a Dios como padre.

En nuestro bautismo también recibimos este mensaje de Dios. Dios nos ama porque así lo quiere Él. No por lo que hagamos, sino simplemente por el hecho de existir, de ser como somos, a pesar de nuestras limitaciones. Esto nos permite vivir con seguridad, esperanza, ternura, compromiso; y esto ha de movernos a la acogida y aceptación de los demás, nunca a su rechazo; y a hacer el bien.

¡Gracias, Padre! No sé por qué, pero también yo soy tu hijo amado.


* Al abrirse el cielo vemos cómo Jesús, que está en relación continua con el Padre y el Espíritu Santo, quiere introducirnos a nosotros en la vida eterna a través de los sacramentos. Por medio de ellos Jesús se acerca a nosotros y nos transforma.

Los sacramentos son signos del amor de Dios y, sí como un saludo, una caricia o un abrazo nos cambian de alguna manera porque nos hacen sentirnos acogidos y queridos, por los sacramentos Jesús nos transforma radicalmente; como dice el Papa Francisco "modifica así todas nuestras relaciones y nuestra forma de estar en el mundo".


* Por el sacramento del bautismo se nos comunica la vida divina, lo que llamamos la gracia. Esa gracia es lo que sana y perfecciona nuestra humanidad, es la que nos capacita para hacer el bien en nuestra vida. Pero esta gracia pide una respuesta personal.

Señor, en mi bautismo, obra de Dios, me limpiaste del pecado y me llenaste de gracia haciéndome tu hijo. ¿Soy consciente de lo que ese día hizo Dios en mí?

Este es un buen momento para renovar las promesas bautismales: ¿Creo en Jesús, le sigo, cumplo su voluntad?


* María, enséñame a escuchar la Palabra de tu Hijo como tú lo hiciste, con atención, obediencia y respeto, para que así cale mejor en mi corazón.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.


Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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viernes, 11 de enero de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (13-1-2013)

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El texto del evangelio es de Lc 3, 15-16.21-22 y dice lo siguiente:


"En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.

* Jesús inicia su vida pública bautizándose. Jesús asume su misión y se mezcla con el pueblo, sin privilegios, sin distinción; con toda humildad se pone en la fila de los pecadores para bautizarse (sin necesitarlo), cumple con lo que Dios quiere, se hace solidario con los pecadores, les muestra y abre el camino de la voluntad de Dios, se bautiza en señal de consagración a Dios.
Señor, tú eres el único justo y yo el pecador. Que sepa escucharte y convertirme. Que tu Palabra no me entre por un oído y me salga por otro, sino que entre en mi vida y me transforme

* Jesús, como uno más, se somete a las disposiciones que eran válidas para los judíos en esa etapa de la historia de la salvación. Y lo hace para mostrarnos que esa etapa que Él comienza, está en continuidad con la anterior. Juan Bautista es la figura que hace de nexo entre la Antigua y la Nueva Alianza.
Señor, que sepa obedecer y someterme a las disposiciones concretas que me tú me das y que me da mi Madre, la Iglesia.

* Dios se manifiesta designando a Jesús como “Hijo amado”, hijo de la divinidad, hombre y Dios; es investido para comenzar su misión por el Padre y el Espíritu Santo.
Nosotros somos hijos de Dios por adopción. Vivir el bautismo significa querer comportarnos cada día más como hijos de Dios, amar a Dios como padre.
¡Gracias, Padre! No sé por qué, pero también yo soy tu hijo amado.

* Por el sacramento del bautismo se nos comunica la vida divina, lo que llamamos la gracia. Esa gracia es lo que sana y perfecciona nuestra humanidad, es la que nos capacita para hacer el bien en nuestra vida. Pero esta gracia pide una respuesta personal.
Señor, en mi bautismo, obra de Dios, me limpiaste del pecado y me llenaste de gracia haciéndome tu hijo. ¿Soy consciente de lo que ese día hizo Dios en mí?
Este es un buen momento para renovar las promesas bautismales: ¿Creo en Jesús, le sigo, cumplo su voluntad?.

* María, enséñame a escuchar la Palabra de tu Hijo como tú lo hiciste, con atención, obediencia y respeto, para que así cale mejor en mi corazón.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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jueves, 5 de enero de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (8-1-2012)

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El texto evangélico es de Mc 1,7-11 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, proclamaba Juan: Detrás de mí viene uno con más autoridad que yo, y yo no tengo derecho a agacharme para soltarle la correa de sus sandalias. Yo os bautizo con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo. Por entonces llegó Jesús desde Nazaret de Galilea a que Juan lo bautizara en el Jordán. En cuanto salió del agua, vio el cielo abierto y al Espíritu bajando sobre él como una paloma. Se escuchó una voz del cielo que dijo: Tú eres mi Hijo querido, mi predilecto.”


* Jesús inicia su vida pública bautizándose. Jesús asume su misión y se mezcla con el pueblo, sin privilegios, sin distinción; con toda humildad se pone en la fila de los pecadores para bautizarse (sin necesitarlo), cumple con lo que Dios quiere, se hace solidario con los pecadores, les muestra y abre el camino de la voluntad de Dios, se bautiza en señal de consagración a Dios.
Señor, tú eres el único justo y yo el pecador. Que sepa escucharte y convertirme. Que tu Palabra no me entre por un oído y me salga por otro, sino que entre en mi vida y me transforme

* Jesús, como uno más, se somete a las disposiciones que eran válidas para los judíos en esa etapa de la historia de la salvación. Y lo hace para mostrarnos que esa etapa que Él comienza, está en continuidad con la anterior. Juan Bautista es la figura que hace de nexo entre la Antigua y la Nueva Alianza.
Señor, que sepa obedecer y someterme a las disposiciones concretas que me tú me das y que me da mi Madre, la Iglesia.

* Dios se manifiesta designando a Jesús como “Hijo amado”, hijo de la divinidad, hombre y Dios; es investido para comenzar su misión por el Padre y el Espíritu Santo.

* Señor, en mi bautismo, obra de Dios, me limpiaste del pecado y me llenaste de gracia haciéndome tu hijo. ¿Soy consciente de lo que ese día hizo Dios en mí?
Este es un buen momento para renovar las promesas bautismales: ¿Creo en Jesús, le sigo, cumplo su voluntad?.

* María, enséñame a escuchar la Palabra de tu Hijo como tú lo hiciste, con atención, obediencia y respeto, para que así cale mejor en mi corazón.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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