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sábado, 6 de noviembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B – (7-11-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44

“En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa». Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».”


LA GENEROSIDAD DE LA VIUDA

“Te juro por el Señor tu Dios que no tengo ni pan; me queda solo un puñado de harina en la olla y un poco de aceite en la alcuza. Ya ves que estaba recogiendo un poco de leña. Voy a hacer un pan para mí y para mi hijo; nos lo comeremos y luego moriremos” (1 Re 17,12). Así responde la viuda de Sarepta al profeta Elías que le pide algo de comer.

Para empezar, nos asombra descubrir que el enviado por Dios a tierra de paganos no inicia el diálogo mostrando su superioridad moral, sino pidiendo ayuda a una pobre viuda. Evidentemente, la misión profética no puede confundirse con la publicidad ni con el proselitismo. Los pobres son una mediación de salvación y de esperanza.

Por otra parte, al acoger a Elías, la viuda de Sarepta es una imagen de la fe. Vive en una región pagana, pero reconoce al profeta como un enviado del único Dios. Por su hospitalidad es un modelo de humanidad. Parece que su generosidad la llevará a la muerte, pero su obediencia al profeta le asegura la vida y la protección del Señor.


UN VERDADERO PROFETA

Tras llegar a Jerusalén, Jesús actúa como un maestro y enseña en los atrios del templo. De hecho, advierte a sus oyentes sobre los defectos de los escribas. Los estudiosos de la Ley del Señor, solo están interesados en aparentar y sobresalir. No sirven a Dios, sino que se sirven de Dios. Se distinguen por su soberbia, su avidez y su hipocresía (Mc 12,38-44).

Pero el verdadero profeta no solo denuncia el mal que descubre a su alrededor, sino que anuncia el bien, la verdad y la belleza. Jesús observa con atención la realidad. Sentado frente a las arcas de las ofrendas que se entregan al templo, escucha las declaraciones de los ricos, que depositan grandes cantidades de dinero.

Pero observa también a una pobre viuda que entrega dos monedas insignificantes. En razón de su pobreza, podría haberse quedado con una de ellas. Pero, como ha anotado el papa Francisco, la viuda “no quiere ir a la mitad con Dios: se priva de todo”.

Tanto la viuda de Sarepta como la pobre viuda de Jerusalén nos dan un valioso ejemplo de confianza en Dios.


EL VALOR DE LA ENTREGA

En la viuda del templo podemos ver el icono de la Iglesia. A ella han de aplicarse las palabras de Jesús: “Esta que pasa necesidad ha echado todo lo que tenía para vivir”.

• “Esta que pasa necesidad”. Tanto los medios de comunicación como la opinión pública comentan con frecuencia los fabulosos bienes que atribuyen a la Iglesia. Pero la pobreza forma

parte de la vocación y la misión de la Iglesia. De hecho, al tullido que pedía limosna a la puerta del templo de Jerusalén, Pedro le dijo: “No tengo plata ni oro; pero lo que tengo te doy: en nombre de Jesucristo Nazareno, ponte a andar” (Hech 3,6).

• “Ha echado todo lo que tenía para vivir”. A veces se piensa que para la evangelización se necesita mucho dinero y extraordinarios medios de difusión. Pero, como la viuda del evangelio, la Iglesia sabe que está llamada a entregar todo lo que tiene para vivir. Creemos que el humilde óbolo de la viuda es observado por el Señor. Bien sabemos que el gesto más humilde de un verdadero creyente es semilla de evangelio.

- Señor Jesús, tú sabes que con frecuencia nos dejamos seducir por el brillo del dinero y por las posibilidades que nos podrian ofrecer los bienes de la tierra. Sin embargo, sabemos que tú observas y alabas la ofrenda más pobre, como signo y camino de la confianza en la providencia divina. Te rogamos que nos concedas tu luz para descubrir el valor de la entrega de nosotros mismos.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 7 de noviembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 32º DEL TIEMPO ORDINARIO – CILO A – (8-11-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

-«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.

Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz:

¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.

Y las necias dijeron a las sensatas:

"Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas."

Pero las sensatas contestaron:

"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:

"Señor, señor, ábrenos."

Pero él respondió:

"Os lo aseguro: no os conozco.

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».”


ESPERA Y ESPERANZA

“Radiante e inmarcesible es la sabiduría… La encuentran los que la buscan… Quien temprano la busca no se fatigará, pues a su puerta la hallará sentada… Ella misma busca por todas partes a los que son dignos de ella” (Sab 6,12.14.16). En este hermoso poema sobre la sabiduría por tres veces aparece el verbo “buscar”.

Y con razón, porque la sabiduría es para la Biblia el gran tesoro. Es el mayor de los dones de Dios. Para encontrarla hay que prescindir de muchas cosas. Y decidirse a buscarla para descubrirla al amanecer, sentada a nuestra puerta. Es ella la que viene a encontrarnos. Esa es la gran tarea y la enorme alegría de la esperanza cristiana.

Es evidente que la sabiduría se identifica con el mismo Dios. Es él a quien buscamos, a veces sin saberlo. Por eso el salmo responsorial nos invita a cantar: “Oh, Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo, mi alma está sedienta de ti” (Sal 62,2).

Esa sed, que resume nuestra esperanza, no quedará defraudada. San Pablo nos asegura que quien ha creído en la resurrección de Jesucristo estará siempre con el Señor (1Tes 4,17).


ESPERA Y COMPROMISO

El capítulo 25 del evangelio de Mateo nos ofrece tres hermosos textos sobre la esperanza. El primero es la parábola de las diez doncellas invitadas a la celebración de una boda (Mt 25,1-13). ¿Qué es lo que las caracteriza?

• Tienen en común que todas ellas tienen una función importante en la celebración de la fiesta: han de salir a esperar al esposo e iluminar el cortejo con sus lámparas. Para todas se hace pesada la espera y todas se dejan vencer por el sueño.

• Pero se diferencia en algo muy importante. Cinco de ellas han tomado aceite para alimentar sus lámparas. Las otras cinco, no. Las previsoras aparecen como prudentes, mientras que las otras cinco son calificadas como necias o descuidadas.

La parábola nos recuerda que la esperanza no es solo un sentimiento. No puede identificarse con la frivolidad ni con la pasividad. La esperanza es activa y comprometida. Exige sabiduría. Esperar implica operar.


LA ORACIÓN Y LAS OBRAS

En la segunda parte de esta parábola se nos dice que la espera no es una falsa ilusión. El esposo llega a la fiesta. Como ha dicho el papa Francisco, “nuestra esperanza tiene un rostro”. El texto recoge un breve diálogo y una exhortación.

• “Señor, Señor, ábrenos”. Las jóvenes descuidadas pierden tiempo al tratar de remediar su error y llegan tarde a la fiesta. Su lamento resume la súplica de todos los que, aun si saberlo, deseamos encontrarnos con el Señor.

• “En verdad os digo que no es conozco”. Nos engañamos si pensamos que la esperanza es una virtud fácil y trivial. No se sostiene solo con palabras, sino que requiere esfuerzo y prudencia. La oración ha de ir acompañada por las obras.

• “Velad, porque no sabéis el día ni la hora”. Con esta exhortación concluye Jesús la parábola. El mismo papa Francisco nos dice que el problema no es “cuándo” se mostrará el Señor, sino el “estar preparados para el encuentro”.

- Señor Jesús, queremos mantener viva nuestra esperanza. Que nuestra espera refleje el compromiso diario con el que preparamos nuestro encuentro contigo. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 9 de noviembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (10-11-2019)

LUCAS 20, 27-38.

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y de descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella». Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob.. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos».”


Una vez pasadas la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los Difuntos, podemos decir que se acerca una vez más el final del año litúrgico, como ya sabemos el año litúrgico no tiene las mismas fechas que el año natural, mientras que el año nuevo siempre es el uno de enero, el comienzo del año litúrgico es siempre el primer domingo de Adviento, que este año será el domingo 1 de diciembre, por lo tanto estamos a punto de terminar lo que en liturgia se llama tiempo ordinario, y comenzar el tiempo fuerte de adviento, que nos prepara para el nacimiento de Jesús. Y siempre por estas fechas la liturgia nos hace plantearnos unas preguntas serias sobre el final de los tiempos, la escatología, y como telón de fondo, sobre el sentido de la vida y de la muerte. Y la verdad es que más de una vez es oportuno plantearse este tipo de preguntas.

No suele ser el pensar sobre la muerte un tema fácil, es más bien molesto y lo intentamos aparcar siempre que podemos. Todos hemos vivido acontecimientos que nos han puesto ante esta realidad y sabemos lo duro y difícil que es la vivencia de la misma. La filosofía cuando reflexiona sobre este hecho, reconoce la existencia de muchos interrogantes, de muchas preguntas que pueden quedarse sin respuestas la mayoría de las veces.

Desde nuestra fe ¿qué podemos decir? Lo primero es recordar las palabras de la Escritura: no podéis afligiros como los hombres sin esperanza… nuestro pararnos ante la idea de la muerte tiene que llevarnos a una reflexión distinta. Hay que partir de un hecho que no podemos olvidar, que nuestra vida tiene fecha de caducidad, esto es una realidad que hay que asumir y aceptar, no somos eternos. Quien sabe colocarse ante la muerte sin cerrar los ojos, descubre la otra cara de la moneda: la vida. Es decir, cuanto más reconozco mi caducidad, tengo que amar más la vida que me queda por vivir, vivir cada día como si fuera el último de nuestra vida debe llevarme a la convicción de que cada día es una nueva oportunidad de hacer el bien, de trabajar por construir un mundo mejor, donde intentemos hacernos la vida un poco más feliz los unos a los otros.

Esta reflexión, que está muy bien, y que solemos aceptar sin muchas complicaciones va siempre acompañada de que ante la muerte y el dolor siempre nos quedará el ¿por qué?, sobre todo en determinadas circunstancias, pedimos explicaciones que no solemos encontrar, el misterio vuelve a desbordarnos, y muchas personas ante esta pregunta, sienten la lejanía de Dios, y les cuesta mucho reconocer su presencia cuando esa realidad se hace más dura. Seguro que conocemos ejemplos concretos. Posiblemente no encontremos una respuesta que nos convenza, y los interrogantes quedarán ahí presentes sin una solución definitiva. En el fondo, cuando no encontramos esa respuesta acertada, es porque nuestra fe es frágil, no es lo suficientemente profunda para saber reconocer a Dios en las situaciones límite. Nuestra comprensión ante estos casos debe ser tan generosa, como para comprender la debilidad humana ante esta problemática.

Cuando los cristianos confesamos nuestra fe en la resurrección, cuando confesamos nuestra fe en ese Dios bondadoso que nos acoge después de la muerte ¿sabemos lo que decimos, y a lo que nos compromete? Jesús en el evangelio de hoy rompe los esquemas de aquellos que intentaron pillarle. Hoy también quiere romper los nuestros y nos pide que vivamos nuestra vida con tal intensidad que no nos aflijamos ante la muerte como los hombres sin esperanza. Nos pide que miremos su cruz y que no olvidemos la resurrección que Él nos quiso regalar.

Señor aumenta nuestra fe también en esos momentos en los que nos cuesta más descubrirte, en los que nos cuesta tanto reconocerte, en los que nos cuesta más sentirte a nuestro lado, en los momentos de dolor, soledad y muerte. Se lo pedimos al Señor, y lo hacemos los unos para los otros, y lo hacemos sin olvidar a los que menos tienen, a los que sufren, están enfermos, a los que están solos o los que carecen de todo, incluso de sentirse queridos por alguien.


D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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sábado, 10 de noviembre de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B – (11-11-2018)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 38-44


“En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: «¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Estos recibirán una sentencia más rigurosa». Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad; se acercó una viuda pobre y echó dos reales. Llamando a sus discípulos, les dijo: «Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».”


CONTRASTE


Os aseguro que esta pobre viuda ha echado más que nadie.

El contraste entre las dos escenas es total. En la primera, Jesús pone a la gente en guardia frente a los escribas del templo. Su religión es falsa: la utilizan para buscar su propia gloria y explotar a los más débiles. No hay que admirarlos ni seguir su ejemplo. En la segunda, Jesús observa el gesto de una pobre viuda y llama a sus discípulos. De esta mujer pueden aprender algo que nunca les enseñarán los escribas: una fe total en Dios y una generosidad sin límites.

La crítica de Jesús a los escribas es dura. En vez de orientar al pueblo hacia Dios buscando su gloria, atraen la atención de la gente hacia sí mismos buscando su propio honor. Les gusta «pasearse con amplios ropajes» buscando saludos y reverencias de la gente. En la liturgia de las sinagogas y en los banquetes buscan «los asientos de honor» y «los primeros puestos».

Pero hay algo que, sin duda, le duele a Jesús más que este comportamiento fatuo y pueril de ser contemplados, saludados y reverenciados. Mientras aparentan una piedad profunda en sus «largos rezos» en público, se aprovechan de su prestigio religioso para vivir a costa de las viudas, los seres más débiles e indefensos de Israel según la tradición bíblica.

Precisamente, una de estas viudas va a poner en evidencia la religión corrupta de estos dirigentes religiosos. Su gesto ha pasado desapercibido a todos, pero no a Jesús. La pobre mujer solo ha echado en el arca de las ofrendas dos pequeñas monedas, pero Jesús llama enseguida a sus discípulos pues difícilmente encontrarán en el ambiente del templo un corazón más religioso y más solidario con los necesitados.

Esta viuda no anda buscando honores ni prestigio alguno; actúa de manera callada y humilde. No piensa en explotar a nadie; al contrario, da todo lo que tiene porque otros lo pueden necesitar. Según Jesús, ha dado más que nadie, pues no da lo que le sobra, sino «todo lo que tiene para vivir».

No nos equivoquemos. Estas personas sencillas, pero de corazón grande y generoso, que saben amar sin reservas, son lo mejor que tenemos en la Iglesia. Ellas son las que hacen el mundo más humano, las que creen de verdad en Dios, las que mantienen vivo el Espíritu de Jesús en medio de otras actitudes religiosas falsas e interesadas. De estas personas hemos de aprender a seguir a Jesús. Son las que más se le parecen.

José Antonio Pagola.
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viernes, 10 de noviembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (12-11-2017)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 25, 1-13


"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

-«Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo.

Cinco de ellas eran necias y cinco eran sensatas.

Las necias, al tomar las lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las sensatas se llevaron alcuzas de aceite con las lámparas.

El esposo tardaba, les entró sueño a todas y se durmieron.

A medianoche se oyó una voz:

¡Que llega el esposo, salid a recibirlo!

Entonces se despertaron todas aquellas doncellas y se pusieron a preparar sus lámparas.

Y las necias dijeron a las sensatas:

"Dadnos un poco de vuestro aceite, que se nos apagan las lámparas."

Pero las sensatas contestaron:

"Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis."

Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo, y las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas, y se cerró la puerta.

Más tarde llegaron también las otras doncellas, diciendo:

"Señor, señor, ábrenos."

Pero él respondió:

"Os lo aseguro: no os conozco.

Por tanto, velad, porque no sabéis el día ni la hora».”



ENCENDER UNA FE GASTADA


La primera generación cristiana vivió convencida de que Jesús, el Señor resucitado, volvería muy pronto lleno de vida. No fue así. Poco a poco, los seguidores de Jesús se tuvieron que preparar para una larga espera.

No es difícil imaginar las preguntas que se despertaron entre ellos. ¿Cómo mantener vivo el espíritu de los comienzos? ¿Cómo vivir despiertos mientras llega el Señor? ¿Cómo alimentar la fe sin dejar que se apague? Un relato de Jesús sobre lo sucedido en una boda les ayudaba a pensar la respuesta.

Diez jóvenes, amigas de la novia, encienden sus antorchas y se preparan para recibir al esposo. Cuando, al caer el sol, llegue a tomar consigo a la esposa, los acompañarán a ambos en el cortejo que los llevará hasta la casa del esposo donde se celebrará el banquete nupcial.

Hay un detalle que el narrador quiere destacar desde el comienzo. Entre las jóvenes hay cinco «sensatas» y previsoras que toman consigo aceite para impregnar sus antorchas a medida que se vaya consumiendo la llama. Las otras cinco son unas «necias» y descuidadas que se olvidan de tomar aceite con el riesgo de que se les apaguen las antorchas.

Pronto descubrirán su error. El esposo se retrasa y no llega hasta medianoche. Cuando se oye la llamada a recibirlo, las sensatas alimentan con su aceite la llama de sus antorchas y acompañan al esposo hasta entrar con él en la fiesta. Las necias no saben sino lamentarse: «Que se nos apagan las antorchas». Ocupadas en adquirir aceite, llegan al banquete cuando la puerta está cerrada. Demasiado tarde.

Muchos comentaristas tratan de buscar un significado secreto al símbolo del «aceite». ¿Está Jesús hablando del fervor espiritual, del amor, de la gracia bautismal…? Tal vez es más sencillo

recordar su gran deseo: «Yo he venido a traer fuego a la tierra, y ¿qué he de querer sino que se encienda?». ¿Hay algo que pueda encender más nuestra fe que el contacto vivo con él?

¿No es una insensatez pretender conservar una fe gastada sin reavivarla con el fuego de Jesús? ¿No es una contradicción creernos cristianos sin conocer su proyecto ni sentirnos atraídos por su estilo de vida?

Necesitamos urgentemente una calidad nueva en nuestra relación con él. Cuidar todo lo que nos ayude a centrar nuestra vida en su persona. No gastar energías en lo que nos distrae o desvía de su Evangelio. Encender cada domingo nuestra fe rumiando sus palabras y comulgando vitalmente con él. Nadie puede transformar nuestras comunidades como Jesús.

José Antonio Pagola.
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viernes, 4 de noviembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:32º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (6-11-2016)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 20,27-38


“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección y le preguntaron:

- Maestro, Moisés nos dejó escrito: «Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer pero sin hijos, cásese con la viuda y dé descendencia a su hermano». Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella.

Jesús les contestó:

- En esta vida hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor: «Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob». No es Dios de muertos sino de vivos: porque para él todos están vivos.”



DECISIÓN DE CADA UNO


Jesús no se dedicó a hablar mucho de la vida eterna. No pretende engañar a nadie haciendo descripciones fantasiosas de la vida más allá de la muerte. Sin embargo, su vida entera despierta esperanza. Vive aliviando el sufrimiento y liberando del miedo a la gente. Contagia una confianza total en Dios. Su pasión es hacer la vida más humana y dichosa para todos, tal como la quiere el Padre de todos.

Solo cuando un grupo de saduceos se le acerca con la idea de ridiculizar la fe en la resurrección, a Jesús le brota de su corazón creyente la convicción que sostiene y alienta su vida entera: Dios “no es un Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos son vivos”.

Su fe es sencilla. Es verdad que nosotros lloramos a nuestros seres queridos porque, al morir, los hemos perdido aquí en la tierra, pero Jesús no puede ni imaginarse que a Dios se le vayan muriendo esos hijos suyos a los que tanto ama. No puede ser. Dios está compartiendo su vida con ellos porque los ha acogido en su amor insondable.

El rasgo más preocupante de nuestro tiempo es la crisis de esperanza. Hemos perdido el horizonte de un Futuro último y las pequeñas esperanzas de esta vida no terminan de consolarnos. Este vacío de esperanza está generando en bastantes la pérdida de confianza en la vida. Nada merece la pena. Es fácil entonces el nihilismo total.

Estos tiempos de desesperanza, ¿no nos están pidiendo a todos, creyentes y no creyentes, hacernos las preguntas más radicales que llevamos dentro? Ese Dios del que muchos dudan, al que bastantes han abandonado y por el que muchos siguen preguntando, ¿no será el fundamento último en el que podemos apoyar nuestra confianza radical en la vida? Al final de todos los caminos, en el fondo de todos nuestros anhelos, en el interior de nuestros interrogantes y luchas, ¿no estará Dios como Misterio último de la salvación que andamos buscando?

La fe se nos está quedando ahí, arrinconada en algún lugar de nuestro interior, como algo poco importante, que no merece la pena cuidar ya en estos tiempos. ¿Será así? Ciertamente no es fácil creer, y es difícil no creer. Mientras tanto, el misterio último de la vida nos está pidiendo una respuesta lúcida y responsable.

Esta respuesta es decisión de cada uno. ¿Quiero borrar de mi vida toda esperanza última más allá de la muerte como una falsa ilusión que no nos ayuda a vivir? ¿Quiero permanecer abierto al Misterio último de la existencia confiando que ahí encontraremos la respuesta, la acogida y la plenitud que andamos buscando ya desde ahora?

José Antonio Pagola

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viernes, 6 de noviembre de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO (8-11-2015)

El texto evangélico es de Mc 12, 38-44 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: -¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Ellos recibirán una sentencia más rigurosa. Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad. Llegó una viuda pobre y echó dos reales. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.”



* Jesús pone en guardia a la gente ante la conducta de quienes luchan por los honores y aplausos, por los que tienen deseos de prestigio y preeminencia, por los que ambicionan los primeros puestos para que les vean...., y utilizan la religión para explotar a los demás, principalmente a los débiles.

El precepto de amar a Dios hay que cumplirlo en profundidad, no con manifestaciones estériles. No vale una religiosidad externa. Hay que confiar más en Dios que en la lógica del mundo.


* En contraposición a la conducta de los escribas, de los dirigentes, nos presenta Jesús el episodio de la viuda, símbolo de la persona despreciada y empobrecida, perteneciente a una clase social abandonada y necesitada.

Una pobre viuda que cree en Dios echa su única monedita en el cepillo del templo. ¿Dónde está la fuerza de este evangelio?

En la viuda porque no se reserva nada para ella, incluso lo que podía necesitar para vivir. Sabía que su vida dependía de Dios y deseaba que siguiera estando en sus manos. Daba todo lo que tenía para que Dios pudiera seguir siendo el único garante de su existencia.

Jesús nos manifiesta aquí tres preciosas enseñanzas. Primera, saber mirar a la gente adivinando lo que hay en su corazón (“saber mirar es saber amar”). Segunda, nos enseña a saber valorar a la gente; valora el gesto de la viuda de dar todo lo que tenía. Tercera, nos indica las características de nuestras limosnas: debemos dar de lo nuestro, dar de lo necesario, dar con generosidad.

Jesús observa a la viuda con cariño, descubre lo que realmente importa, y se lo indica a sus discípulos para darles una lección de desprendimiento y auténtica devoción. Una lección de respeto, porque todas las personas son dignas y nobles a sus ojos: se fijó en una pobre viuda. Y una lección de profundidad, porque su mirada atraviesa todo, hasta lo más íntimo: descubrió el sentimiento, la oración y la generosidad de esa mujer.


* Pero nuestra ofrenda no debe convertirse en una excusa para sentirnos buenos o para pensar que ya hemos hecho suficiente, sino que debe ser una oportunidad para reconocer que todo lo recibimos de Dios.

Si uno al Señor lo que poseo y lo que hago, entonces ya no dependo de mis solas fuerzas, sino principalmente de su amor. Mi corazón puede estar unido al suyo y su amor puede transformar toda mi existencia.


* Señor, mientras los soberbios escribas ostentaban su prepotencia haciendo el ridículo, tú te fijas y alabas a la pobre viuda que daba una pequeña-enorme limosna. Qué poco ha de

importarme la opinión que la gente tenga de mí. ¡Sólo me interesa lo que tú opines de mí, aunque sé que, sea cual sea tu opinión, me quieres con locura! Te lo agradezco de corazón.

Señor, que yo aprenda de esta pobre viuda la gran lección de no solo dar, sino de darme; no de dar algo de lo mío sino de dar mi corazón; no de dar unas monedas, sino mi vida entera.

Porque como decía San Juan Crisóstomo: “Tú no miras la cantidad que se te ofrece sino el amor con que se ofrece”.


* María, intercede por nosotros para que tengamos un corazón puro y una mirada limpia que nos permita descubrir dónde está lo realmente importante.




Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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viernes, 7 de noviembre de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO (9-11-2014)


DEDICACIÓN DE LA BASÍLICA DE LETRÁN


El texto evangélico es de Jn 2, 13-22 y dice lo siguiente:


"Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: -Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: El celo de tu casa me devora. Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: -¿Qué signos nos muestras para obrar así? Jesús contestó: -Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. Los judíos replicaron: Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días? Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús".


* Hoy recordamos la dedicación de la Basílica de Letrán que es la catedral del Papa en Roma y, al hacerlo, queremos manifestar de una manera especial nuestro amor y unidad al Romano Pontífice.

Las iglesias de piedra son lugares consagrados exclusivamente al culto a Dios. Ciertamente a Dios podemos rezarle en todas partes, pero la existencia de un lugar en el que congregarnos para el culto y la oración nos ayuda a reconocer que formamos parte de un pueblo y que nos reunimos convocados por Dios. El edificio material remite a una realidad espiritual, que es la Iglesia.

La fiesta de hoy nos indica que todos los católicos dispersos por el mundo y agrupados en comunidades, parroquias, diócesis..., formamos parte de una única Iglesia. Y en ella ocupa un lugar muy importante el Papa que, como vicario de Cristo en la tierra, es el garante de la unidad de la Iglesia.


* El evangelio nos relata como Jesús purificó el templo expulsando a los mercaderes. Era fácil justificar su existencia, pues los numerosos peregrinos que acudían a Jerusalén necesitaban cambiar su dinero para hacer la ofrenda en el templo, y también adquirir animales para sacrificarlos a Dios. Pero el mercado había ocupado el espacio del templo y se anteponían otros intereses a los de Dios. Jesús quiere reconducir un culto y unas ofrendas que se habían convertido en objeto de comercio, pero no en conversión de los corazones. El templo, lugar de encuentro de Dios con el hombre no podía convertirse en lugar e intercambio y casa de ladrones.


* El nuevo templo será el Cuerpo de Jesús. Templo espiritual formado por todas las personas a las que ha llamado y elegido por el bautismo. Templo que nos permite una relación de filiación con Dios y de fraternidad con nuestros semejantes.

A través del bautismo, nos convertimos en templo y morada de Dios. Por tanto, todos formamos parte de la Iglesia y debemos de descubrir nuestra vocación en ella.


* María, hoy ponemos ante tu intercesión al Papa, que nos guía en el seguimiento de tu Hijo; y pedimos por él para que el Señor no deje de bendecirlo con su gracia.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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viernes, 8 de noviembre de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO (10-11-2013)

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El texto evangélico es de Lc 20, 27-38 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: -Maestro, Moisés nos ordenó que si un hombre casado muere sin hijos, su hermano se case con la viuda, para dar descendencia al hermano difunto. Pues bien, eran siete hermanos. El primero se casó y murió sin dejar hijos. Lo mismo el segundo y el tercero se casaron con ella; igual los siete, que murieron sin dejar hijos. Después murió la mujer. Cuando resuciten, ¿de quién será esposa la mujer? Porque los siete fueron maridos suyos. Jesús les respondió: -Los que viven en este mundo toman marido o mujer. Pero los que sean dignos de la vida futura y de la resurrección de la muerte no tomarán marido ni mujer; porque ya no pueden morir y son como ángeles; y, habiendo resucitado, son hijos de Dios. Y que los muertos resucitan lo indica también Moisés, en lo de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.”


* Los saduceos, que niegan la resurrección, plantean a Jesús una cuestión lógica, en tono de burla, para espantar la idea de la resurrección. Con la misma lógica y con su serenidad característica, Jesús declara a Dios Señor de vivos.
A pesar de esto, la evidencia de la muerte nos abruma y desconcierta a todos. Sólo la fe puede poner luz en esta oscuridad. Lo importante es que nuestra fe y esperanza se mantengan firmes, y que el amor sea la actitud básica en nuestra vida.


* Nuestra inteligencia es limitada y no alcanzamos a comprender cómo es la resurrección, cómo es el cielo, sólo podemos anhelar y desear el encuentro con Dios: cuando nos tienda la mano y nos acoja en sus brazos (aunque nuestro apego a esta vida nos lleve a decir “pero que tarde”).


* Señor, tu nos mandaste “dominar la tierra”. Y con nuestra inteligencia y nuestras manos colaboramos a tu obra creadora, perfeccionando la creación. No nos has llamado a organizar la vida del cielo, que está en tus manos, Dios de vida eterna. Tu amor nos sorprenderá aquel día grande, cuando dejemos este mundo y nos encontremos con lo que nos has preparado en la Casa del Padre.


* María, Madre de la Esperanza, ayúdame a imitar esa esperanza en la que tú viviste, para que la muerte no domine mi vida, sino que mi amor llene de esperanza todo cuanto haga.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra. 


Muchas gracias a todos por vuestra participación.



viernes, 9 de noviembre de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO (11-11-2012)

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El texto evangelico es de Mc 12, 38-44 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, entre lo que enseñaba Jesús a la gente, dijo: -¡Cuidado con los escribas! Les encanta pasearse con amplio ropaje y que les hagan reverencias en la plaza, buscan los asientos de honor en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; y devoran los bienes de las viudas, con pretexto de largos rezos. Ellos recibirán una sentencia más rigurosa. Estando Jesús sentado enfrente del arca de las ofrendas, observaba a la gente que iba echando dinero: muchos ricos echaban en cantidad. Llegó una viuda pobre y echó dos reales. Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: -Os aseguro que esa pobre viuda ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero ésta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.” 


* Jesús pone en guardia a la gente ante la conducta de quienes luchan por los honores y aplausos, por los que tienen deseos de prestigio y preeminencia, por los que ambicionan los primeros puestos para que les vean...., y utilizan la religión para explotar a los demás, principalmente a los débiles.
El precepto de amar a Dios hay que cumplirlo en profundidad, no con manifestaciones estériles . No vale una religiosidad externa. Hay que confiar más en Dios que en la lógica del mundo.


* En contraposición a la conducta de los escribas, de los dirigentes, nos presenta Jesús el episodio de la viuda, símbolo de la persona despreciada y empobrecida.
Una pobre viuda que cree en Dios echa su única monedita en el cepillo del templo. ¿Dónde está la fuerza de este evangelio?
En la viuda porque no se reserva nada para ella, incluso lo que podía necesitar para vivir. Sabía que su vida dependía de Dios y deseaba que siguiera estando en sus manos. Daba todo lo que tenía para que Dios pudiera seguir siendo el único garante de su existencia.
En Jesús que demuestra cómo la observa con cariño, cómo descubre lo que realmente importa, y se lo indica a sus discípulos para darles una lección de desprendimiento y autentica devoción. Una lección de respeto, porque todas las personas son dignas y nobles a sus ojos: se fijó en una pobre viuda. Y una lección de profundidad, porque su mirada atraviesa todo, hasta lo más íntimo: descubrió el sentimiento, la oración y la generosidad de esa mujer.


* Señor, mientras los soberbios escribas ostentaban su prepotencia haciendo el ridículo, tú te fijas y alabas a la pobre viuda que daba una pequeña-enorme limosna. Qué poco ha de importarme la opinión que la gente tenga de mí .¡Sólo me interesa lo que tú opines de mí, aunque sé que, sea cual sea tu opinión, me quieres con locura! Te lo agradezco de corazón.


* María, intercede por nosotros para que tengamos un corazón puro y una mirada limpia que nos permita descubrir dónde está lo realmente importante.



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jueves, 3 de noviembre de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO (6-11-2011)

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El texto evangélico es de Mt 25, 1-13 y dice lo siguiente:

“ En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Se parecerá el reino de los cielos a diez doncellas que tomaron sus lámparas y salieron a esperar al esposo. Cinco eran necias y cinco prudentes. Las necias, al tomar sus lámparas, se dejaron el aceite; en cambio, las prudentes llevaban alcuzas de aceite con sus lámparas. Como el esposo tardaba, les entró el sueño a todas y se durmieron. A media noche se oyó una voz: ¡Que llega el esposo, salid a recibirlo! Todas las doncellas se despertaron y se pusieron a preparar sus lámparas. Y las necias dijeron a las prudentes: Dadnos algo de vuestro aceite porque se nos apagan las lámparas. Pero las prudentes contestaron: Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, es mejor que vayáis a comprarlo a la tienda. Mientras iban a comprarlo, llegó el esposo. Las que estaban preparadas entraron con él al banquete de bodas y la puerta se cerró. Más tarde llegaron las otras doncellas diciendo: Señor, Señor, ábrenos. Él respondió: Os aseguro que no os conozco. Por tanto, velad, porque no sabéis ni el día ni la hora.”

* La parábola de hoy nos invita a estar atentos, a mantener encendida la lámpara de la vigilancia, a que seamos prudentes y responsables mientras velamos día y noche a la espera del Señor, mientras nuestra alma aguarda el encuentro con el Señor.
¿Nos reconocerá el Señor cuando venga? ¿Seremos los que Él esperaba y deseaba encontrar?


* El aceite de las lámparas ha sido interpretado muchas veces como las obras de caridad. Quien de verdad espera al Señor realiza obras de misericordia, y mientras la caridad arde en su corazón se va iluminando el camino que conduce a Cristo.
El aceite puede significar el interés y la atención para no dormirnos, para que el amor no llegue a apagarse en nuestros corazones, para que no se enfríen nuestros corazones.
El aceite puede significar el ansia de Dios que tienen nuestras almas, que incluso dormidas, mantienen la memoria de quien las ama, y que nos lleva a querer hacer lo mejor en cada momento, como expresión de ese anhelo por Dios.
El aceite es signo de la previsión. Cada día Cristo nos busca muchas veces pero ¿estamos atentos a las cosas pequeñas y detalles que hacen posible que le recibamos como él quiere ser recibido?



* María, que mi corazón, como el tuyo, esté siempre en vela para que puede ser digno de recibir dignamente a tu Hijo.


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jueves, 4 de noviembre de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO (7-11-2010)

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El texto evangélico es de Lc 20, 27-38 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron:---Maestro, Moisés nos ordenó que si un hombre casado muere sin hijos, su hermano se case con la viuda, para dar descendencia al hermano difunto. Pues bien, eran siete hermanos. El primero se casó y murió sin dejar hijos. Lo mismo el segundo y el tercero se casaron con ella; igual los siete, que murieron sin dejar hijos. Después murió la mujer. Cuando resuciten, ¿de quién será esposa la mujer? Porque los siete fueron maridos suyos. Jesús les respondió: ---Los que viven en este mundo toman marido o mujer. Pero los que sean dignos de la vida futura y de la resurrección de la muerte no tomarán marido ni mujer; porque ya no pueden morir y son como ángeles; y, habiendo resucitado, son hijos de Dios. Y que los muertos resucitan lo indica también Moisés, en lo de la zarza, cuando llama al Señor Dios de Abrahán y Dios de Isaac y Dios de Jacob. No es Dios de muertos, sino de vivos, porque para él todos viven.”


*  Los saduceos, que niegan la resurrección, plantean a Jesús una cuestión lógica para espantar la idea de la resurrección. Con la misma lógica, Jesús declara a Dios Señor de vivos.
A pesar de esto, la evidencia de la muerte nos abruma y desconcierta a todos. Sólo la fe puede poner luz en esta oscuridad. Lo importante es que nuestra fe y esperanza se mantengan firmes, y que el amor sea la actitud básica en nuestra vida.

* Nuestra inteligencia es limitada y no alcanzamos a comprender cómo es la resurrección, cómo es el cielo, sólo podemos anhelar y desear el encuentro con Dios: cuando nos tienda la mano y nos acoja en sus brazos (aunque nuestro apego a esta vida nos lleve a decir “pero que tarde”).

* Señor, tu nos mandaste “dominar la tierra”. Y con nuestra inteligencia y nuestras manos colaboramos a tu obra creadora, perfeccionando  la creación. No nos has llamado a organizar la vida del cielo, que está en tus manos, Dios de vida eterna. Tu amor nos sorprenderá aquel día grande, cuando dejemos este mundo y nos encontremos con lo que nos has preparado en la Casa del Padre.

* María, Madre de la Esperanza, ayúdame a imitar esa esperanza en la tú viviste,  para que la muerte no domine mi vida, sino que mi amor llene de esperanza todo cuanto haga.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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