viernes, 11 de enero de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: FIESTA DEL BAUTISMO DEL SEÑOR (13-1-2013)

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El texto del evangelio es de Lc 3, 15-16.21-22 y dice lo siguiente:


"En aquel tiempo, el pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego”. En un bautismo general, Jesús también se bautizó. Y, mientras oraba, se abrió el cielo, bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.

* Jesús inicia su vida pública bautizándose. Jesús asume su misión y se mezcla con el pueblo, sin privilegios, sin distinción; con toda humildad se pone en la fila de los pecadores para bautizarse (sin necesitarlo), cumple con lo que Dios quiere, se hace solidario con los pecadores, les muestra y abre el camino de la voluntad de Dios, se bautiza en señal de consagración a Dios.
Señor, tú eres el único justo y yo el pecador. Que sepa escucharte y convertirme. Que tu Palabra no me entre por un oído y me salga por otro, sino que entre en mi vida y me transforme

* Jesús, como uno más, se somete a las disposiciones que eran válidas para los judíos en esa etapa de la historia de la salvación. Y lo hace para mostrarnos que esa etapa que Él comienza, está en continuidad con la anterior. Juan Bautista es la figura que hace de nexo entre la Antigua y la Nueva Alianza.
Señor, que sepa obedecer y someterme a las disposiciones concretas que me tú me das y que me da mi Madre, la Iglesia.

* Dios se manifiesta designando a Jesús como “Hijo amado”, hijo de la divinidad, hombre y Dios; es investido para comenzar su misión por el Padre y el Espíritu Santo.
Nosotros somos hijos de Dios por adopción. Vivir el bautismo significa querer comportarnos cada día más como hijos de Dios, amar a Dios como padre.
¡Gracias, Padre! No sé por qué, pero también yo soy tu hijo amado.

* Por el sacramento del bautismo se nos comunica la vida divina, lo que llamamos la gracia. Esa gracia es lo que sana y perfecciona nuestra humanidad, es la que nos capacita para hacer el bien en nuestra vida. Pero esta gracia pide una respuesta personal.
Señor, en mi bautismo, obra de Dios, me limpiaste del pecado y me llenaste de gracia haciéndome tu hijo. ¿Soy consciente de lo que ese día hizo Dios en mí?
Este es un buen momento para renovar las promesas bautismales: ¿Creo en Jesús, le sigo, cumplo su voluntad?.

* María, enséñame a escuchar la Palabra de tu Hijo como tú lo hiciste, con atención, obediencia y respeto, para que así cale mejor en mi corazón.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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