miércoles, 20 de octubre de 2010

MENSAJE DE NUESTRO OBISPO ANTE EL DOMUND

A los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y a todos los fieles de la Diócesis de Asidonia-Jerez.

El próximo domingo 24 de octubre celebraremos la Jornada Mundial de la Misiones (DOMUND), es el día en que la Iglesia recuerda y celebra la universalidad de su misión.

Por eso debemos fijarnos atentamente en el lema de este año: «Queremos ver a Jesús (Jn 12,20).» Son las palabras de unos peregrinos griegos que desean encontrarse con el Salvador, han venido hasta Jerusalén para participar en la Pascua Judía y estar con Dios. Y se lo piden al Apóstol Felipe que sirve como intermediario, como misionero.

Ellos necesitan de alguien que los acerque a Dios, y esa es la misión del cristiano. «Evangelizar constituye la dicha y la vocación propia de la Iglesia, su identidad más profunda (Evangelii Nuntiandi n. 14).» Contemplando la experiencia de san Pablo, comprendemos que esa vocación evangelizadora de la Iglesia es respuesta al amor con el que Dios nos ama y como él podemos decir ¡Ay de mí si no anunciare el Evangelio! (Cf. 1 Co 9, 16).

Es esa vocación de la Iglesia el objetivo de las jornadas del DOMUND en la que se intenta promover en nuestras comunidades cristianas el encargo de la misión. Encargo que brota de la necesidad de que todos los hombres puedan recibir la Buena Nueva de Jesucristo y, al mismo tiempo, de la responsabilidad que todos los bautizados tenemos de abrir los ojos a los demás para que vean a Jesús.

En definitiva, la misión es cuestión de amor y todos somos necesarios para hacer visible el rostro de Cristo mediante el anuncio del Evangelio. Por ello os invito en esta campaña del DOMUND a vivir un signo de comunión con vuestra ayuda económica, y os animo a orar insistentemente por aquellos misioneros que siguen las palabras de Cristo, de un modo especial por los misioneros de nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez.

Amadísimos hermanos, abramos nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo para que suscite en nosotros la generosidad para continuar la misión encomendada por Jesucristo a sus discípulos.

Un abrazo afectuoso en María Nuestra Madre

Monseñor José Mazuelos Pérez
Obispo de Jerez
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