viernes, 4 de julio de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 14º DEL TIEMPO ORDINARIO (6-7-2014)


El texto evangélico es de Mt 11, 25-30 y dice lo siguiente:


“En aquella ocasión Jesús tomó la palabra y dijo: -¡Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las ha revelado a la gente sencilla! Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquél a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.”


* En el evangelio de hoy Jesús habla con su Padre y después con nosotros. Es una enseñanza para nuestra vida: no nos puede faltar esta relación y contacto con el Padre. Y la oración de Jesús con el Padre comienza con el agradecimiento, agradece, desde su humanidad, con su corazón de carne, la misericordia de Dios que se derrama sobre los humildes: así debe empezar nuestro diálogo con Dios, dándole gracias, pues tenemos muchos motivos para ello.

A continuación Jesús nos presenta uno de los mensajes más consoladores de todo el Evangelio: a Dios se llega por nuestra propia humanidad, la religión cristiana no está hecha para los sabios o eruditos, sino para todo hombre de buena voluntad que quiere encontrar a Dios a través de la experiencia de su propia vida; para los sencillos, para los que no quieren tener la última palabra ni imponer su discurso; para los que demuestran mayor capacidad de comprensión y saben que el evangelio no puede vivirse sin renuncias y sacrificios, pero que al vivirlo el amor nos libera y el encuentro con Cristo nos reconforta.

Este mensaje es un motivo de alegría y esperanza para nosotros, porque los hombres podemos encontrarnos con Dios.


* Jesús, con su amor, se dirige a mí porque me ve cansado y agobiado. Nos siempre soy consciente de ello, pero es verdad que experimento la angustia de la existencia: por el futuro incierto, por la preocupación por conservar el bienestar, por la búsqueda de comodidad, por el deseo de ser reconocido, por mis propias contradicciones... Jesús me invita a unirme a él, íntimamente. Su compasión se detiene ante mi persona y no me recrimina mis faltas, sino que me llama con afecto.


* El Corazón de Jesús es lugar para nuestro reposo, sosiego en nuestros agobios y consuelo en los momentos más duros. Ese descanso no es del que huye de responsabilidades y trabajos. Es descanso para centrar la vida y sentir en manos de quién estamos.

La situación más grave que podemos atravesar es la de renunciar a amar por cansancio. Cansados de que nos hieran, de críticas amargas, de diferencias irreconciliables podemos pensar que el yugo es una carga demasiado pesada para nosotros.

Nuestra misión es amar sin descanso y debemos de cargar ese yugo con humildad, para acoger a los compañeros de camino como amigos, sin creernos sabios ni maestros, confiando en que el Espíritu está presente antes de que nosotros lleguemos.


* Señor, manso y humilde de corazón, haz mi corazón como el tuyo. Yo soy uno de tantos cansados y agobiados a quienes tú invitas a encontrar en ti el descanso y el alivio. Quiero ir a ti, encontrarme contigo y escuchar de tus labios las bondades del Padre que tanto amó al mundo.


* María, hoy quiero agradecer al Padre el darse a conocer a los sencillos, y quiero aprender de ti esa sencillez de la que tú fuiste ejemplar modelo.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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