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jueves, 9 de diciembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO C – (12-12-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,10-18

“En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:

- ¿Entonces, qué hacemos?

Él contestó:

- El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:

- Maestro, ¿qué hacemos nosotros?

Él les contestó:

- No exijáis más de lo establecido.

Unos militares le preguntaron:

- ¿Qué hacemos nosotros?

Él les contestó:

- No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:

- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.”


ALÉGRATE

“Alégrate, hija de Sión, grita de gozo, Israel, Regocíjate y disfruta con todo tu ser, hija de Jerusalén”. El tercer domingo del Adviento está marcado por el signo de la alegría. Así lo refleja esta exhortación del profeta Sofonías, que se proclama en este día (Sof 3,14).

Es verdad que, con demasiada frecuencia, en este mundo nuestro se confunde la alegría con la satisfacción. Ponemos nuestra alegría en las cosas que poseemos o adquirimos. O en el triunfo de nuestro partido político o de nuestro equipo favorito.

Es legítimo alegrarse por estas cosas y por otras muchas que nos gustan y nos ofrecen un descanso. Pero el profeta Sofonías anota la causa última de la alegría de su pueblo: “El rey de Israel, el Señor, está en medio de ti, no temas mal alguno” (Sof 3,15).

Mientras se acerca la celebración del nacimiento de Jesús, podemos examinar nuestra conciencia para ver qué es lo que nos produce alegría. Y por qué muchas personas dicen que estos días de fiesta sólo les producen tristeza.


PREGUNTAS Y RESPUESTAS

El evangelio de Lucas que leemos en este tercer domingo de Adviento (Lc 3, 10-16) nos recuerda las preguntas que suscita en las gentes la predicación de Juan, hijo de Zacarías. En realidad, es siempre la misma pregunta: “Entonces, ¿qué hacemos?”

• En primer lugar, Juan exhorta a todos a compartir sus vestidos y su comida con los que padecen necesidad. Con ello, evoca algunas de las obras que constituyen el verdadero ayuno, como ya decían los antiguos profetas (Is 58,7).

• A los publicanos o cobradores de tributos, Juan les exhorta a no exigir a las gentes más de lo establecido. Esa era, en efecto, la crítica más habitual a los que contrataban ese servicio y trataban de beneficiarse a costa de los contribuyentes.

• A los soldados les responde pidiéndoles que no hagan extorsión a nadie, que se contenten con su paga y que no utilicen su puesto para aprovecharse de las gentes por medio de falsas denuncias.


EL NUEVO BAUTISMO

Como se ve, Juan no se andaba por las ramas. Sus indicaciones eran atinadas. Y verdaderas, puesto que revelaban su propia vida. Por eso todos se preguntaban si Juan no sería el Mesías. Pero él sólo pretendía anunciar al que venía detrás de él:

• El que viene es más fuerte que Juan. Pero su fortaleza no se manifestará en la violencia, sino en el servicio humilde a los demás.

• El que viene bautiza con Espíritu Santo y fuego. El Espíritu es el aliento que da vida y el fuego el elemento que calienta y purifica de la escoria.

• El que viene trae en su mano el bieldo. Ese instrumento de labranza es la horca para aventar la parva y separar el trigo de la paja. Ante el Mesías se estima lo que vale y alimenta y se desecha todo lo que ha de ser arrojado al fuego

- Señor Jesús, nos alegra de verdad la próxima celebración de tu nacimiento. Que esa alegría nos ayude a cambiar de vida, a rechazar nuestras idolatrías y a aceptar ese nuevo bautismo con el que tú sometes a discernimiento nuestros deseos y nuestras obras. Ven Señor Jesús. Amén.

José-Román Flecha Andrés

sábado, 12 de diciembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO B – (13-12-2020)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

“Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué? ¿Eres tú Elías?» Él dijo: «No lo soy.». «Eres tú el Profeta?». Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: - «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”


ALLANAR EL CAMINO

“Desbordo de gozo con el Señor, y me alegro con mi Dios”. Esas palabras, tomadas de la tercera parte del libro de Isaías (Is 61,10), resumen el ambiente de alegría que caracteriza a este domingo tercero del Adviento. Nos alegramos, anticipando ya la celebración del nacimiento de Jesús.

En el salmo responsorial se retoma el canto de María, que resuena todas las tarden en la oración oficial de la Iglesia católica: “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”. La alegría humana es un eco y una celebración de la intervención divina en la historia.

Y el tema de la alegría retorna en la segunda lectura de la misa de este domingo. En ella se evoca el primer escrito apostólico, para recoger una preciosa exhortación de san Pablo a los cristianos de Tesalónica: “Estad siempre alegres. Sed constantes en orar” (1Tes 5,16). Se ve que la oración y la alegría se exigen mutuamente.


LOS SENDEROS

El evangelio de este domingo tercero del Adviento recuerda de nuevo la figura y el mensaje de Juan el Bautista. Hay dos imágenes que lo definen:

• “No era él la luz, sino testigo de la luz”. Ninguno de los profetas era la luz. En todo caso, anunciaban su aparición futura. Juan ya está un paso más cerca del único que es la luz del mundo. Desde él, todos los creyentes en Cristo tenemos esa gozosa y arriesgada misión de ser en nuestro mundo testigos creyentes y creíbles de la Luz.

• “Yo soy la voz que grita en el desierto”. En la segunda parte del libro de Isaías se daba cuenta de una voz celestial que exhortaba a preparar a través del desierto un camino para Dios, que se identificaba con su pueblo. Ahora Juan se presenta como una voz terrena que se alza en el desierto. Los creyentes de hoy no podemos ignorar esa voz.

Es más, ya vemos que entre nosotros han surgido hombres y mujeres que han alzado su voz en el desierto. Nos han recordado la misericordia de Dios. Nos han exhortado a ver a Dios en los más pobres y humillados de la tierra. Y han dado la vida por su coherencia. Este tiempo es la hora de los testigos y de los portavoces.


EL ENCUENTRO

Siempre nos llama la atención el extraño personaje del Bautista, vestido con piel de camello y con una dieta de saltamontes y miel silvestre. Pero casi siempre olvidamos su humildad y su mensaje.

• “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Esa voz de Juan se dirige hoy a cada uno de nosotros. El Señor se ha acercado cientos de veces a nosotros y otras tantas veces hemos decidido ignorar su presencia.

• “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Esa voz del Bautista se dirige también a toda la Iglesia. El Señor está en la comunidad que él ha convocado. Pero todos podemos caer en la tentación de la mundanidad, denunciada por el papa Francisco.

• “En medio de vosotros hay uno que no conocéis”. Esa voz del profeta del desierto ha de dirigirse también hoy a toda la humanidad. ¿Cuántas crisis y cuántas guerras harán falta para que preste atención al paso de Dios por la historia?

- Señor Jesús, Ayúdanos a caminar en tu luz y a escuchar la voz de los profetas de hoy que nos recuerdan tu presencia entre nosotros.

José-Román Flecha Andrés.

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viernes, 13 de diciembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO A – (15-12-2019)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11


“En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:

- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús les respondió:

- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».

Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.”

CIEGOS Y SORDOS

“Se despegarán los ojos del ciego, los oídos del sordo se abrirán, saltará como un ciervo el cojo, la lengua del mudo cantará, y volverán los rescatados del Señor” (Is 35,5-6). ¡Palabras, solo palabras! Así responderá el que considere esta profecía de Isaías como un utópico e increíble poema de promesas imposibles.

Sin embargo, el pueblo de Israel creyó que aquellas imágenes poéticas podían anunciar una realidad posible. Y así fue. El imperio opresor cayó como todos los imperios. Un rey venido de fuera concedió la libertad a los pueblos oprimidos. Y los hebreos vieron en la salvación que se les ofrecía “la gloria de Dios y la belleza de su Dios”.

El salmo responsorial nos une a aquella esperanza renacida al evocar aquellos mismos portentos que significan y anuncian una salvación integral (Sal 145). Nos ayudan, además, las palabras de la carta de Santiago: “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor... Manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca” (Sant 5, 7-10).


LAS DUDAS

Juan Bautista había sido elegido como profeta y se esforzaba en transmitir la llamada a la conversión. Pero, recluido por Herodes en una mazmorra, debió de sufrir el asalto de las dudas (Mt 11, 1-11). ¿Sería Jesús el Mesías que él había anunciado o habría que esperar a otro? A los mensajeros que le envío, Jesús respondió con hechos cumplidos.

• “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo”. Junto al Jordán se habían encontrado el Precursor y el Anunciado. Ahora ambos recurren a discípulos que pasen la pregunta y la respuesta. “Id a anunciar”. ¿Nos hemos preguntado alguna vez si estos mensajeros no reflejarán la humilde misión que nos ha sido confiada?

• “Los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. Esos son los hechos que dan fe de la autenticidad del Mesías. En él se cumple la antigua profecía de Isaías. ¿No reflejarán esos hechos ese servicio a las personas que se espera de nuestra misión?


Y LA DICHA

De todas formas, el texto nos sugiere que Jesús ha captado las dudas que asaltan a Juan el Bautista. Y no quiere ignorarlas. Al contrario, en su pregunta adivina la incertidumbre de los que, a lo largo de los tiempos, se preguntarán por las señas del Mesías y de su misión.

• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, muchos esperaban un Mesías guerrero que se levantara contra Roma, como Judas Macabeo se había sublevado contra la tiranía de Antíoco. Pero Jesús se presentaba como humilde y manso de corazón.

• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En aquel tiempo, algunos esperaban que el Mesías les concediera puestos de honor para brillar en medio de su pueblo. Algo de eso pretendían los discípulos Santiago y Juan. Pero Jesús les invitaba a beber su propio cáliz.

• “Dichoso el que no se sienta defraudado por mí”. En estos tiempos, como en aquellos, no faltan los que piensan que el Mesías ha de revelarles todos los misterios de la naturaleza y de la historia. Pero Jesús nos propone solamente la sabiduría de la cruz.

- Señor Jesús, enséñanos a reconocerte como eres en realidad y ayúdanos a acogerte como nuestro Salvador. Abre tú nuestros sentidos y danos generosidad para anunciar a los pobres de forma creíble la Buena Noticia de tu Reino. ¡Ven, Señor Jesús!

José-Román Flecha Andrés

viernes, 14 de diciembre de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO - CICLO C – (16-12-2018)

LUCAS 3, 10-18.

“En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: «¿Entonces, qué hacemos?» Él contestó: «El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo». Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: «Maestro, ¿qué hacemos nosotros?» Él les contestó: «No exijáis más de lo establecido». Unos militares le preguntaron: «¿Qué hacemos nosotros?» Él les contestó: «No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga». El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: «Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga». Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.”

El tercer domingo de Adviento es conocido en la liturgia cristiana, como el domingo “gaudete”, que es lo mismo que el domingo de la alegría. La razón es sencilla, al llegar el tercer domingo, es evidente que la noticia del nacimiento de Dios se barrunta ya próxima y ante tal acontecimiento la alegría es el sentimiento más normal.

Las lecturas de hoy han sido un reflejo perfecto de todo esto: el profeta Sofonías nos ha dicho “grita de júbilo Jerusalén, alégrate y gózate de todo corazón Jerusalén”. San Pablo en la carta a los Filipenses nos dice “estad siempre alegres en el Señor, os lo repito, estad alegres. El Señor está cerca, que vuestra mesura la conozca toda el mundo”. Son llamadas constantes a la manifestación de la alegría y de la satisfacción por la gran noticia que se acerca. Pero, qué importante es la mesura (como hemos escuchado en San Pablo) en los momentos de euforia, muy importante; porque la alegría debe ir siempre acompañada de ese punto de equilibrio que la realidad nos ofrece, si no lo hacemos así la desilusión, puede aparecer fácilmente.

Esa mesura nos la ofrece la lectura evangélica, lectura que puede ser considerada como un ejemplo perfecto, de cómo se debe recorrer el tiempo de Adviento, porque lo mismo que los contemporáneos de Juan le preguntaban: Ante eso que anuncias ¿qué es lo que tenemos que hacer?…… y Juan a cada uno, según su clase, condición u ocupación, les iba diciendo la exigencias del nuevo mensaje. La alegría por el nacimiento de Jesús también nos debe hacer exclamar y preguntar a nosotros al qué va a nacer de nuevo ¿Qué es lo que tenemos que hacer? Y el Señor nos lo irá diciendo a cada uno de nosotros en el interior de nuestro corazón, si con sinceridad nos atrevemos a preguntárselo.

El Señor, como nos conoce, acertará en lo que nos pida a cada uno: a los que seamos un poco vanidosos, nos dirá que seamos un poco menos, que nos bajemos de nuestros pedestal y aprendamos de Él. A los que somos egoístas, nos dirá que compartamos nuestras cosas con los demás. A los que somos envidiosos, nos dirá que nos guste ser más como somos, y trabajemos con lo que tenemos. A los que tenemos apartado al Señor de nuestra vida, nos dirá que le hagamos un lugar un poco más grande en nuestro corazón. Y así a cada uno nos dirá algo, la única condición, como dijimos antes, es que yo me atreva a preguntarle. Una muy buena pregunta para este tiempo de Adviento es ésta: ¿Señor que tengo que hacer?

Juan aprovecha también la ocasión, para darnos una lección de humildad y de saber estar, el importante no es Él sino el que viene detrás y al que no puede ni desatarle las sandalias, Juan sabe que el protagonista está por venir y los anima a mantener la esperanza en su venida. En esta situación nos encontramos nosotros, expectantes ante la llegada de Jesús, nos seguimos preparando para recibirlo como se merece, aunque preparemos un año más el Belén en todas nuestras casas, preparamos sobre todo nuestro corazón, que lo dispongamos convenientemente para recibirlo con un espíritu y un corazón nuevo.

Siempre que va a llegar la Navidad decimos que tenemos que demostrar con algún gesto nuestro desprendimiento a favor de los más necesitados, es necesario hacer gestos concretos no nos podemos quedar únicamente con las buenas intenciones, en la hoja que repartimos se nos recuerda la obra misioneras con la que está hermanada la parroquia, y apelará a nuestro corazón para despertar nuestra sensibilidad a la hora de ayudar a los que no tienen nada. Que nos se nos escape otra Navidad sin tener un gesto que nos acerque al niño pobre del portal de Belén, gesto que para ser auténtico debe ser expresión de nuestra conversión interior, conversión que nos llevará a ser más austeros.

En este domingo de la alegría, que la vivamos atreviéndonos a preguntar al Señor, lo que Él quiere de cada uno de nosotros, y sobre todo que estemos dispuestos a cumplir lo que nos pida. Lo hacemos al tiempo que recordamos a todos los miembros de nuestra comunidad parroquial que menos tienen, o que están solos, a los que les va a faltar lo imprescindible en estos días, que es el sentirse querido por alguien.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.

sábado, 16 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO B – (17-12-2017)

Lectura del santo evangelio según san Juan 1, 6-8.19-28

“Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venia como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

Y éste fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a Juan, a que le preguntaran: «¿Tú quién eres?». El confesó sin reservas: «Yo no soy el Mesías.» Le preguntaron: «¿Entonces, qué ? ¿Eres tú Elías?» El dijo: «No lo soy.». «Eres tú el Profeta ?». Respondió: «No.» Y le dijeron: «¿Quién eres? Para que podamos dar una respuesta a los que nos han enviado, ¿qué dices de ti mismo?». Él contestó: «Yo soy la voz que grita en el desierto: "Allanad el camino del Señor", como dijo el profeta Isaías.»

Entre los enviados había fariseos y le preguntaron: - «Entonces, ¿por qué bautizas, si tú no eres el Mesías, ni Elías, ni el Profeta?» Juan les respondió: «Yo bautizo con agua; en medio de vosotros hay uno que no conocéis, el que viene detrás de mí, y al que no soy digno de desatar la correa de la sandalia».

Esto pasaba en Betania, en la otra orilla del Jordán, donde estaba Juan bautizando.”



ALLANAR EL CAMINO HACIA JESÚS


Allanad los caminos del Señor.

«Entre vosotros hay uno que no conocéis». Estas palabras las pronuncia el Bautista refiriéndose a Jesús, que se mueve ya entre quienes se acercan al Jordán a bautizarse, aunque todavía no se ha manifestado. Precisamente toda su preocupación es «allanar el camino» para que aquella gente pueda creer en él. Así presentaban las primeras generaciones cristianas la figura del Bautista.

Pero las palabras del Bautista están redactadas de tal forma que, leídas hoy por los que nos decimos cristianos, no dejan de provocar en nosotros preguntas inquietantes. Jesús está en medio de nosotros, pero ¿lo conocemos de verdad?, ¿comulgamos con él?, ¿le seguimos de cerca?

Es cierto que en la Iglesia estamos siempre hablando de Jesús. En teoría nada hay más importante para nosotros. Pero luego se nos ve girar tanto sobre nuestras ideas, proyectos y actividades que, no pocas veces, Jesús queda en un segundo plano. Somos nosotros mismos quienes, sin darnos cuenta, lo «ocultamos» con nuestro protagonismo.

Tal vez, la mayor desgracia del cristianismo es que haya tantos hombres y mujeres que se dicen «cristianos», en cuyo corazón Jesús está ausente. No lo conocen. No vibran con él. No los atrae ni seduce. Jesús es una figura inerte y apagada.

Está mudo. No les dice nada especial que aliente sus vidas. Su existencia no está marcada por Jesús.

Esta Iglesia necesita urgentemente «testigos» de Jesús, creyentes que se parezcan más a él, cristianos que, con su manera de ser y de vivir, faciliten el camino para creer en Cristo. Necesitamos testigos que hablen de Dios como hablaba él, que comuniquen su mensaje de compasión como lo hacía él, que contagien confianza en el Padre como él.

¿De qué sirven nuestras catequesis y predicaciones si no conducen a conocer, amar y seguir con más fe y más gozo a Jesucristo? ¿En qué quedan nuestras eucaristías si no ayudan a comulgar de manera más viva con Jesús, con su proyecto y con su entrega crucificada a todos?. En la Iglesia nadie es «la Luz», pero todos podemos irradiarla con nuestra vida. Nadie es «la Palabra de Dios», pero todos podemos ser una voz que invita y alienta a centrar el cristianismo en Jesucristo.

José Antonio Pagola.

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viernes, 9 de diciembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO – CICLO A – (11-12-2016)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,2-11


“En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:

- ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Jesús les respondió:

- Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se sienta defraudado por mí!

Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:

- ¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? O qué fuisteis a ver, ¿un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta?

Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti».

Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.”


CURAR HERIDAS


La actuación de Jesús dejó desconcertado al Bautista. Él esperaba un Mesías que extirparía del mundo el pecado imponiendo el juicio riguroso de Dios, no un Mesías dedicado a curar heridas y aliviar sufrimientos. Desde la prisión de Maqueronte envía un mensaje a Jesús: “¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?”.

Jesús le responde con su vida de profeta curador: “Decidle a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia”. Este es el verdadero Mesías: el que viene a aliviar el sufrimiento, curar la vida y abrir un horizonte de esperanza a los pobres.

Jesús se siente enviado por un Padre misericordioso que quiere para todos un mundo más digno y dichoso. Por eso, se entrega a curar heridas, sanar dolencias y liberar la vida. Y por eso pide a todos: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”.

Jesús no se siente enviado por un Juez riguroso para juzgar a los pecadores y condenar al mundo. Por eso, no atemoriza a nadie con gestos justicieros, sino que ofrece a pecadores y prostitutas su amistad y su perdón. Y por eso pide a todos: “No juzguéis y no seréis juzgados”.

Jesús no cura nunca de manera arbitraria o por puro sensacionalismo. Cura movido por la compasión, buscando restaurar la vida de esas gentes enfermas, abatidas y rotas. Son las primeras que han de experimentar que Dios es amigo de una vida digna y sana.

Jesús no insistió nunca en el carácter prodigioso de sus curaciones ni pensó en ellas como receta fácil para suprimir el sufrimiento en el mundo. Presentó su actividad curadora como signo para mostrar a sus seguidores en qué dirección hemos de actuar para abrir caminos a ese proyecto humanizador del Padre que él llamaba “reino de Dios”.

El Papa Francisco afirma que “curar heridas” es una tarea urgente: “Veo con claridad que lo que la Iglesia necesita hoy es una capacidad de curar heridas y dar calor, cercanía y proximidad a los corazones... Esto es lo primero: curar heridas, curar heridas”. Habla luego de “hacernos cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela”. Habla también de “caminar con las personas en la noche, saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perderse”.

Al confiar su misión a los discípulos, Jesús no los imagina como doctores, jerarcas, liturgistas o teólogos, sino como curadores. Su tarea será doble: anunciar que el reino Dios está cerca y curar enfermos.

José Antonio Pagola

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sábado, 12 de diciembre de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO (13-12-2015)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 3,10-18


“En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan:

- ¿Entonces, qué hacemos?

Él contestó:

- El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.

Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron:

- Maestro, ¿qué hacemos nosotros?

Él les contestó:

- No exijáis más de lo establecido.

Unos militares le preguntaron:

- ¿Qué hacemos nosotros?

Él les contestó:

- No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga.

El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos:

- Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga.

Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.”



¿QUÉ PODEMOS HACER?

La predicación del Bautista sacudió la conciencia de muchos. Aquel profeta del desierto les estaba diciendo en voz alta lo que ellos sentían en su corazón: era necesario cambiar, volver a Dios, prepararse para acoger al Mesías. Algunos se acercaron a él con esta pregunta: ¿Qué podemos hacer?

El Bautista tiene las ideas muy claras. No les propone añadir a su vida nuevas prácticas religiosas. No les pide que se queden en el desierto haciendo penitencia. No les habla de nuevos preceptos. Al Mesías hay que acogerlo mirando atentamente a los necesitados.

No se pierde en teorías sublimes ni en motivaciones profundas. De manera directa, en el más puro estilo profético, lo resume todo en una fórmula genial: "El que tenga dos túnicas, que las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, que haga lo mismo". Y nosotros, ¿qué podemos hacer para acoger a Cristo en medio de esta sociedad en crisis?

Antes que nada, esforzarnos mucho más en conocer lo que está pasando: la falta de información es la primera causa de nuestra pasividad. Por otra parte, no tolerar la mentira o el encubrimiento de la verdad. Tenemos que conocer, en toda su crudeza, el sufrimiento que se está generando de manera injusta entre nosotros.

No basta vivir a golpes de generosidad. Podemos dar pasos hacia una vida más sobria. Atrevernos a hacer la experiencia de "empobrecernos" poco a poco, recortando nuestro actual nivel de bienestar, para compartir con los más necesitados tantas cosas que tenemos y no necesitamos para vivir.

Podemos estar especialmente atentos a quienes han caído en situaciones graves de exclusión social: desahuciados, privados de la debida atención sanitaria, sin ingresos ni recurso social alguno... Hemos de salir instintivamente en defensa de los que se están hundiendo en la impotencia y la falta de motivación para enfrentarse a su futuro.

Desde las comunidades cristianas podemos desarrollar iniciativas diversas para estar cerca de los casos más sangrantes de desamparo social: conocimiento concreto de situaciones,

movilización de personas para no dejar solo a nadie, aportación de recursos materiales, gestión de posibles ayudas...

La crisis va a ser larga. En los próximos años se nos va a ofrecer la oportunidad de humanizar nuestro consumismo alocado, hacernos más sensibles al sufrimiento de las víctimas, crecer en solidaridad práctica, contribuir a denunciar la falta de compasión en la gestión de la crisis... Será nuestra manera de acoger con más verdad a Cristo en nuestras vidas.

José Antonio Pagola

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sábado, 13 de diciembre de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE ADVIENTO (14-12-2014)

El texto evangélico es de Jn 1, 6-8.19-28 y dice lo siguiente:


“Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino un testigo de la luz. Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. Él confesó y no negó; confesó que no era el Mesías. Le preguntaron: Entonces, ¿eres Elías? Respondió: No lo soy. ¿Eres el profeta? Respondió: No. Le dijeron: ¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes nos enviaron; ¿qué dices de ti? Respondió: Yo soy la voz del que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor, según dice el profeta Isaías. Algunos de los enviados que eran fariseos le dijeron: Si no eres el Mesías ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas? Juan les respondió: Yo bautizo con agua. Entre vosotros está uno que no conocéis, que viene detrás de mí; y yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia. Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba.”



* Este tercer domingo de Adviento se conoce como domingo "Gaudete" (que significa alegría), y es que en la antífona de entrada se dice "Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca". La causa de nuestra alegría es la cercanía del Señor. Dios nunca está lejos de nosotros, y por ello la tristeza no debe anidar en nuestro corazón.

Hace un año el papa Francisco publicó un texto en el que nos invitaba a reavivar la alegría que nace del encuentro de Jesús. En él señalaba algo muy oportuno para este tiempo de Adviento: "Invito a cada cristiano, en cualquier situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor". Y Pablo VI también señalaba: "Sólo en la amistad con Jesús se encuentra la verdadera alegría".


* Busca la luz. No te quedes con una pequeña lámpara o una linternita. Juan Bautista no es la luz. La gente que nos encandila no es la luz. Nuestros pequeños o grandes ídolos no son la luz. El Mesías es la Luz. La única luz que ilumina la oscuridad, que vence a la muerte, que elimina los odios, que nos concede la paz. Adviento es tiempo de pasar de las tinieblas a la luz.


* En este evangelio vemos cómo las autoridades religiosas quieren saber quién es Juan, sobre todo para descalificarlo. Si no es el Mesías, ni Elías ni un profeta ¿con qué autoridad habla y en nombre de quién? Pero Juan no se apropia de nada. Se reconoce como “la voz”, porque todas las palabras que dice se refieren a Otro: desea que su vida sirva sólo al Señor y no quiere que nadie le confunda. Por eso bautiza con agua, prefigurando el bautismo del Espíritu Santo que se nos dará con Cristo. Cuanto más cerca está uno de Dios, más consciente es de la propia insignificancia. De ahí que Juan, en su grandeza, reconozca que no es digno de desatar la sandalia de Jesús. Juan era consciente que su protagonismo era pasajero y tuvo la sensatez y la humildad de comprender que él era tan sólo un instrumento a favor de una causa mayor.


* Juan es el precursor y Jesús el Mesías prometido. La misión de Juan es preparar la venida del Mesías. Juan nos llama a la conversión, a un cambio de vida. Pero, ¿en qué consiste esa conversión?, ¿qué debemos hacer? Preparar nuestro ánimo, nuestro corazón para que la gracia de Dios irradie en nuestra vida entera. Conversión no es sólo confesar los pecados, sino también cambiar de actitud, cambiar nuestros criterios y adecuar nuestra mente a las exigencias del evangelio.

Esto es lo que se nos pide en este tiempo de adviento, tiempo en que nos despertamos para Dios abriéndole el corazón, tiempo de oración para que venga el reino de Dios.


* Jesús, qué triste es escuchar de labios de Juan que estás entre nosotros y no te conocemos. Jamás conoceré toda tu grandeza en esta vida. Pero me basta saber que me amas tal como soy; que tu amor cambiará mi vida; que me invitas a allanar el camino y abrir las puertas de par en par, para que entres y tomes posesión de todo mi ser.


* Juan y María, símbolos de la humildad. Ambos nos llevan a Jesús, sin protagonismos, quedando en segundo término. No hay en este mundo misión más grande que la de ayudar a otros a encontrarse con Jesús. Pongamos nuestras vidas, al igual que Juan y María, al servicio de la evangelización.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 12 de diciembre de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE DE ADVIENTO (15-12-2013)

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El texto evangélico es de Mt 11, 2-11 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, Juan oyó hablar en la cárcel de la actividad del Mesías y le envió este mensaje por medio de sus discípulos: -¿Eres tú el que había de venir o tenemos que esperar a otro? Jesús respondió: -Id a informar a Juan de lo que oís y veis: los ciegos recobran la vista, los cojos caminan, los leprosos quedan limpios, los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mi! Cuando se marcharon, se puso Jesús a hablar de Juan a la multitud: -¿Qué salisteis a contemplar en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? ¿Qué salisteis a ver? ¿Un hombre elegantemente vestido? Mirad, los que visten elegantemente habitan en los palacios reales. Entonces, ¿qué salisteis a ver? ¿Un profeta? Os digo que sí, y más que profeta. A éste se refiere lo que está escrito: Mira, yo envío por delante a mi mensajero para que te prepare el camino. Os aseguro, de los nacidos de mujer no ha surgido aún alguien mayor que Juan el Bautista. Y sin embargo, el último en el reino de Dios es mayor que él.”

* En este texto vemos como Juan manda a sus seguidores a que formulen una pregunta a Jesús y, como nos dice San Agustín, no porque Juan dudara, sino para que ellos creyeran.

Ante la pregunta de si “eres tú el que ha de venir..”, Jesús manda a informar a Juan de los signos de vida que realiza entre los más desfavorecidos, “de lo que oís y veis”: ése es el testimonio de Jesús. Este debe ser también nuestro testimonio, no sólo de palabras sino sobre todo de obras.

* Entre las maravillas que hace Jesús y que los discípulos le cuentan a Juan, parece que hay una incoherencia: los ciegos ven, los cojos andan, los sordos oyen..., pero los pobres no se vuelven ricos sino son los que reciben la Buena Noticia. Jesús no quiere para los pobres cualquier riqueza, sino la mayor: ser evangelizados. Hay que ser pobre de espíritu para recibir la buena nueva, hay que ser pobre de espíritu para ser bienaventurado, hay que ser pobre de espíritu para alcanzar el reino de los cielos. ¿Por qué no busco primero y sobre todo el Reino de Dios, pues lo demás vendrá por añadidura?

*Si miramos con fe, descubrimos como hoy Jesús, con el alimento de su Palabra y su cercanía en los sacramentos, continúa obrando maravillas en nuestro alrededor y en nosotros.

* Analizando hoy un poco la figura de Juan el Bautista, vemos cómo hacía nacer la alegría en el corazón de quienes lo escuchaban, porque ellos iban buscando a alguien que les hablara verdaderamente en nombre de Dios, y porque Juan anunciaba una liberación definitiva: el Mesías estaba cerca y había que prepararle un camino.

Juan es el primer evangelizador, tanto que quienes le escuchaban pensaban que quizá fuese él el esperado. Juan tenía claro que una nueva era comenzaba y que había que prepararse de corazón, no sólo con un bautismo de agua, sino con un cambio de actitud ante la vida con respecto a los demás. Pero también Juan era consciente que su protagonismo era pasajero y tuvo la sensatez y la humildad de comprender que él era tan sólo un instrumento a favor de una causa mayor.

* María, ayúdame a vencer mi natural tendencia a la vanidad. Que mi ego no sea más fuerte que mi capacidad de amar. Que mi vida sea también como la de Juan, una “buena noticia” para todos los que me rodean.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 13 de diciembre de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:3º DE ADVIENTO (16-12-2012)

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El texto del evangelio de este domingo es de Lc 3, 10-18 y dice lo siguiente:


En aquel tiempo, la gente preguntaba a Juan: “¿Entonces, qué hacemos?”. Él contestó: “El que tenga dos túnicas, que se las reparta con el que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo”. Vinieron también a bautizarse unos publicanos y le preguntaron: “Maestro, ¿qué hacemos nosotros?”. Él le contestó: “No exijáis más de lo establecido”. Unos militares le preguntaron: “¿Qué hacemos nosotros?”. Él les contestó: “No hagáis extorsión ni os aprovechéis de nadie, sino contentaos con la paga”. El pueblo estaba en expectación, y todos se preguntaban si no sería Juan el Mesías; él tomó la palabra y dijo a todos: “Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo, y no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego; tiene en la mano el bieldo para aventar su parva y reunir su trigo en el granero y quemar la paja en una hoguera que no se apaga”. Añadiendo otras muchas cosas, exhortaba al pueblo y le anunciaba el Evangelio.


* Este tercer domingo de Adviento es llamado “Domingo Gaudete” o “Domingo del Gozo” , porque las oraciones de este día nos invitan a la alegría y porque el evangelio nos indica cómo el gozo auténtico brota de Dios. El gozo no es una mercancía que podemos comprar ni pertenece a la esfera de la diversión o distracción superficial. Nace en el interior de la persona y tiene varias manifestaciones: el gozo de dar, la generosidad; el gozo del arrepentimiento, mejorando la conducta; el gozo del perdón, logrado al reconocer los propios pecados; el gozo de la escucha, acogiendo la Buena Noticia; el gozo de la promesa aceptada con sinceridad..., en resumen, el gozo del Hijo de Dios que está llegando.


* Juan es el precursor y Jesús el Mesías prometido. La misión de Juan es preparar la venida del Mesías. Juan nos llama a la conversión, a un cambio de vida. Pero, ¿en qué consiste esa conversión?, ¿qué debemos hacer?
El evangelio de hoy es bien claro y muy actual. Juan señala dos cosas a quienes le preguntan. A unos les pide que repartan lo que tienen con los demás. A otros les pide que no abusen de sus cargos, que no busquen una alegría mundana aprovechándose de otros, sino que sean honestos en sus ocupaciones. Esto es lo que da la verdadera alegría y esto es lo contrario de lo que nos quiere arrastrar la sociedad de consumo.
Conversión no es sólo confesar los pecados, sino también cambiar de actitud, cambiar nuestros criterios y adecuar nuestra mente a las exigencias del evangelio. Preparar nuestro ánimo, nuestro corazón para que la gracia de Dios irradie en nuestra vida entera.


* Gracias, Jesús, por estas palabras que nos dan luz. Gracias, Jesús, por infundirnos valentía para no esclavizarnos a las cosas. Gracias, Jesús, porque nos dices cada día cómo puedo vivir tu vida. Gracias, Jesús, por estar siempre pendiente de nosotros.
Jesús, danos fuerzas para seguir ese camino, para hacer siempre tu voluntad, para limpiar nuestro corazón de todas las ataduras y llenarlo de la verdadera felicidad.


* Juan y María, símbolos de la humildad. Ambos nos llevan a Jesús, sin protagonismos, quedando en segundo término. No hay en este mundo misión más grande que la de ayudar a otros a encontrarse con Jesús. Pongamos nuestras vidas, al igual que Juan y María, al servicio de la evangelización.


* María, ayúdame a vencer mi natural tendencia a la vanidad. Que mi ego no sea más fuerte que mi capacidad de amar. Que mi vida sea también como la de Juan, una “buena noticia” para todos los que me rodean.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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domingo, 11 de diciembre de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:3º DE ADVIENTO (11-12-2011)

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El texto evangélico es de Jn 1, 6-8.19-28 y dice lo siguiente:

“Hubo un hombre enviado por Dios, llamado Juan, que vino como testigo, para dar testimonio de la luz, de modo que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino un testigo de la luz. Éste es el testimonio de Juan, cuando los judíos le enviaron desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle quién era. Él confesó y no negó; confesó que no era el Mesías. Le preguntaron: Entonces, ¿eres Elías? Respondió: No lo soy. ¿Eres el profeta? Respondió: No. Le dijeron: ¿Quién eres? Tenemos que llevar una respuesta a quienes nos enviaron; ¿qué dices de ti? Respondió: Yo soy la voz del que grita en el desierto: Allanad el camino del Señor, según dice el profeta Isaías. Algunos de los enviados que eran fariseos le dijeron: Si no eres el Mesías ni Elías ni el profeta, ¿por qué bautizas? Juan les respondió: Yo bautizo con agua. Entre vosotros está uno que no conocéis, que viene detrás de mí; y yo no soy digno de soltarle la correa de su sandalia. Esto sucedía en Betania, junto al Jordán, donde Juan bautizaba.”


* En este evangelio vemos cómo las autoridades religiosas quieren saber quién es Juan, sobre todo para descalificarlo. Si no es el Mesías, ni Elías ni un profeta ¿con qué autoridad habla y en nombre de quién? Pero Juan no se apropia de nada. Se reconoce como “la voz”, porque todas las palabras que dice se refieren a Otro: desea que su vida sirva sólo al Señor y no quiere que nadie le confunda. Por eso bautiza con agua, prefigurando el bautismo del Espíritu Santo que se nos dará con Cristo. Cuanto más cerca está uno de Dios, más consciente es de la propia insignificancia. De ahí que Juan, en su grandeza, reconozca que no es digno de desatar la sandalia de Jesús. Juan era consciente que su protagonismo era pasajero y tuvo la sensatez y la humildad de comprender que él era tan sólo un instrumento a favor de una causa mayor.

* Juan es el precursor y Jesús el Mesías prometido. La misión de Juan es preparar la venida del Mesías. Juan nos llama a la conversión, a un cambio de vida. Pero, ¿en qué consiste esa conversión?, ¿qué debemos hacer? Preparar nuestro ánimo, nuestro corazón para que la gracia de Dios irradie en nuestra vida entera. Conversión no es sólo confesar los pecados, sino también cambiar de actitud, cambiar nuestros criterios y adecuar nuestra mente a las exigencias del evangelio.
Esto es lo que se nos pide en este tiempo de adviento, tiempo en que nos despertamos para Dios abriéndole el corazón, tiempo de oración para que venga el reino de Dios.

* Jesús, qué triste es escuchar de labios de Juan que estás entre nosotros y no te conocemos. Jamás conoceré toda tu grandeza en esta vida. Pero me basta saber que me amas tal como soy; que tu amor cambiará mi vida; que me invitas a allanar el camino y abrir las puertas de par en par, para que entres y tomes posesión de todo mi ser.

* Juan y María, símbolos de la humildad. Ambos nos llevan a Jesús, sin protagonismos, quedando en segundo término. No hay en este mundo misión más grande que la de ayudar a otros a encontrarse con Jesús. Pongamos nuestras vidas, al igual que Juan y María, al servicio de la evangelización.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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