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viernes, 20 de mayo de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 6º DOMINGO PASCUA – CICLO C – (22-5-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 14,23-29.


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado». Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.”


LA NUEVA COMUNIDAD

“Hemos decidido el Espíritu Santo y nosotros no imponeros más cargas que las indispensables” (Hech 15, 28). Los apóstoles y los dirigentes de la comunidad de Jerusalén tienen que tomar una decisión. Hay quien pretende que se imponga la circuncisión a los nuevos discípulos del Señor, llegados del mundo pagano.

Parece una cuestión de ritos. En realidad, planteaba un problema fundamental. Significaba que para ser seguidores de Jesús era necesario acomodarse a la ley de Moisés. Había que abrazar el judaísmo. En ese caso cabía preguntarse qué aportaba el Evangelio y qué podía significar la nueva vida.

Pero tan importante como la pregunta es la respuesta. No hubiera sido posible encontrar la solución acertada sin la inspiración del Espíritu Santo, que guía a la nueva comunidad de los creyentes. Es el Espíritu quien la conduce, le descubre lo esencial de la fe y la lleva a no imponer preceptos innecesarios.


LA PALABRA

Durante los domingos del tiempo pascual hemos venido leyendo algunos pasajes del libro del Apocalipsis. En el texto que hoy se proclama aparece de nuevo por tres veces el Cordero. Es el Señor. Él es la luz que ilumina a la nueva ciudad de los discípulos (Ap 21,23).

• También por tres veces el evangelio de hoy se refiere a la “palabra” del Señor (Jn 14, 23-29). En primer lugar, se dice que quien le ama guardará su palabra. Una vez más se ofrece el criterio del amor verdadero. No es tan solo un sentimiento. Es una escucha activa y un cumplimiento de todo lo que comporta y exige la palabra del Señor.

• Junto al retrato del creyente, el evangelio ofrece en un segundo momento el retrato del no creyente. Este se caracteriza porque no ama a su Señor. Y, en consecuencia, no se preocupa por escuchar y guardar sus palabras.

• En tercer lugar, Jesús explica que la palabra que escuchan sus discípulos no es tan solo la de su Maestro. Es la misma palabra del Padre que lo ha enviado. Así que la fidelidad del discípulo a la palabra de Jesús es un eco de la fidelidad de Jesús a la palabra del Padre.


EL PADRE

Con todo, en el texto evangélico que hoy se proclama es más llamativa aún la frecuencia con la que se evoca al Padre. Su identidad y su obra podrían resumirse, al menos, en estas seis afirmaciones de Jesús:

• El Padre ama a los que guardan la palabra de Jesús y la cumplen.

• Junto con Jesús, el Padre hace morada en los fieles que aman y escuchan su palabra.

• El Padre se da a conocer por medio de la palabra que comunica a Jesús.

• En nombre de Jesús, el Padre enviará a los discípulos el Defensor, el Espíritu Santo.

• El Padre que envió a Jesús es el destino final de su vida.

• Porque el Padre es más que Jesús.

- Padre nuestro que estás en el cielo, te pedimos para nuestra comunidad el don del Espíritu Santo, para que nos ayude a escuchar y guardar las palabras de tu Hijo y nos entregue el don de la paz que él nos prometió. Bendito seas por siempre. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 8 de mayo de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA – CICLO B – (9-5 2021)

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y' permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.

De modo que lo que pidáis el Padre en mi nombre os lo dé.

Esto os mando: que os améis unos a otros».”


EL AMOR MANDADO

“Ahora comprendo con toda verdad que Dios no hace distinción de personas, sino que acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”. Nos conmueve leer la nota con la que Simón Pedro confiesa ingenuamente esa convicción que surge en él al entrar en la casa del centurión Cornelio (Hech 10,34-35).

Un judío entra en la casa de un pagano. Y Dios no desencadena una tempestad de rayos y truenos, sino que envía el Espíritu Santo sobre los que escuchan la palabra del apóstol. Los fieles de la circuncisión se sorprenden al comprobar que se repite el fenómeno de Pentecostés también sobre los paganos.

Con razón, el salmo responsorial nos invita a proclamar que “el Señor revela a las naciones su justicia” (Sal 97). Evidentemente Dios es amor. “El que ama ha nacido de Dios”. Y el milagro no es que nosotros amemos a Dios, sino que él se ha adelantado y nos ha amado cuando no lo merecíamos (1ªJn 4,7-10).


PERMANECER EN EL AMOR

El tema del amor retorna en el evangelio que se proclama este domingo sexto de Pascua (Jn 15,9-17). En él continúa la alegoría de la vid y los sarmientos, que se leía el domingo pasado (Jn 15,1-8). En ambos textos se nos remite al Padre celestial. Él es la fuente de la vida que llega hasta los sarmientos de la vid. Y él es el origen del amor.

• Como el Padre me ha amado, así os he amado yo”. Con frecuencia pensamos en el amor como un sentimiento que nos acerca a los demás o nos hace gozar de la simpatía de los otros. Pero antes de ser una relación entre nosotros, es una revelación del amor que viene de Dios. Jesús es el eslabón que nos muestra el amor del Padre y nos demuestra su propio amor.

• “Permaneced en mi amor”. Es importante “permanecer”. Esa palabra recuerda la necesaria unión de los sarmientos con la vid para poder dar fruto (Jn 15,4-7). Se afirma de la relación de Jesús con su Padre (Jn 15,10). Y refleja la exhortación de Jesús a sus discípulos (Jn 15,9-10).


EL MANDATO DEL AMOR

Hay que reconocer que a todos nos encanta ser protagonistas y tener la iniciativa para promover una iniciativa de solidaridad. Como si nuestra autonomía generase el amor, la caridad y la justicia. Pero el amor no nace de nuestra iniciativa personal o grupal.

• “Esto os mando: que os améis unos a otros”. Así dijo Jesús a sus discípulos primeros. Los que tenían que aprender a seguir fielmente a su Maestro, debían aprender la obediencia de la fe y también la obediencia del amor.

• “Esto os mando: que os améis unos a otros”. Esa palabra vale para la comunidad cristiana de todos los tiempos. Como muy bien se ha escrito, no es la Iglesia la que hace la caridad, sino que es la caridad de Dios la que funda y edifica la Iglesia.

• “Esto os mando: que os améis unos a otros”. El amor mutuo es un mandato. El amor no es un sentimiento ni una estrategia. No podemos limitarnos a amar a los que nos son simpáticos. Jesús nos ha mandado pasar el amor de Dios a todos los que Dios ama.

- Señor Jesús, tú nos has dicho que no hay mayor amor que entregar la vida por los demás. Tú nos has dado ejemplo con tu vida y con tu muerte. No permitas que olvidemos tu mandamiento. Amén.

José-Román Flecha Andrés.
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sábado, 16 de mayo de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA – CICLO A – (17-5-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-21


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él».”



UNA TRIPLE RELACIÓN

“Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hech. 8,17). Esas palabras del libro de los Hechos de los Apóstoles cierran la primera lectura que se proclama en la celebración de la misa del sexto domingo de Pascua. Es sorprendente ver que el anuncio de Cristo en Samaría, por obra de Felipe, produce efectos admirables: la liberación del mal, la curación de las enfermedades y la difusión de la alegría.

A la vista de esos prodigios, la comunidad de Jerusalén envía allá a Pedro y a Juan. Su presencia garantiza la autenticidad de aquella misión. Y finalmente la completa con la imposición de las manos sobre los bautizados, que aún no han recibido el Espíritu Santo.

El salmo responsorial (Sal 65) nos sugiere que también hoy la comunidad cristiana ha de alabar al Señor de forma que todos los pueblos reconozcan su grandeza y su santidad.

Pero la alabanza verdadera es inseparable del ejercicio del amor mutuo, que es la auténtica revelación de ese Dios que es amor y padeció por nuestros pecados para llevarnos a Dios(1 Pe 3,17).


VER Y VIVIR

Al igual que el evangelio del 5º domingo de Pascua, también el que hoy se proclama recuerda las solemnes palabras de Jesús después de la última cena. Muchas ideas se agolpan en tan pocas líneas.

• Jesús dirige a sus discípulos una gran promesa. Pedirá al Padre que envíe sobre ellos “otro” Paráclito, es decir, otro Consolador o Abogado. Jesús manifiesta que esa tarea formaba parte de su misma misión. Tarea que ha de ser completada por el Espíritu de la verdad.

• Además Jesús establece una distinción entre sus discípulos y el mundo en el que viven. El mundo no conoce ni puede reconocer al Espíritu. Pero los discípulos lo conocen porque viven en sintonía y mutua habitación con el Espíritu. Por esa señal se caracterizan.

• Aún hay más. Jesús promete también a sus discípulos que nunca los dejará huérfanos. A pesar de las dificultades, ellos podrán verlo y en esa visión consistirá precisamente la vida de la comunidad. Los creyentes vivirán ya en el que vive para siempre.


EL CÍRCULO DEL AMOR

Todavía podemos escuchar y meditar otra promesa de Jesús: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Jn 14, 21). Meditemos esas palabras del Señor.

• “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. En las relaciones humanas la sintonía en los valores y los propósitos es signo de amor. De modo semejante, la prueba del discipulado no está en repetir las palabras del Maestro, sino en aceptar y cumplir sus mandatos.

• “El que me ama será amado por mi Padre”. En las relaciones humanas hay un lazo que une a las generaciones entre sí. También Jesús nos enseña que quien le ama de verdad será amado por el Padre, que nos ha entregado a su Hijo amado.

• “Yo también lo amaré y me manifestaré a él”. En las relaciones humanas, el amor no puede concebirse en una sola dirección. Quien ama espera ser correspondido. Pues bien, Jesús promete amar a aquellos que le han manifestado su amor cumpliendo sus mandatos.

- Señor Jesús, sabemos que tus promesas no son palabras vacías. En tu despedida nos has revelado el horizonte de una triple relación: contigo, con el Padre y con el Espíritu. Una relación que se fundamenta en el amor, en la verdad y en la vida que perdura para siempre. Bendito seas, Señor.

José-Román Flecha Andrés

sábado, 25 de mayo de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA – CICLO C – (26-5-2019)

JUAN 14, 23-29.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy: no os la doy como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: Me voy y vuelvo a vuestro lado. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo».”


La lectura primera del libro de los Hechos de los Apóstoles, nos recuerda el tema del que hablábamos el domingo pasado, las dificultades de la primera Iglesia, de los primeros que siguieron a Jesús por la predicación de los apóstoles. El tema no era menor, sino todo lo contrario, era difícil, se trataba, como dijimos, de dilucidar si a los cristianos nuevos de fuera de los límites de Palestina, se les debían exigir las leyes de los judíos. El problema suscitó un verdadero enfrentamiento entre los mismos apóstoles, pues algunos estaban por la opinión de imponer las leyes judaicas, mientras que otros, entre los que destacaban Pablo y Bernabé, es decir, los que más habían logrado extender la doctrina de Jesús, veían claro lo contrario. La discusión provoca que se reúna, el que se puede conocer como el primer Concilio de la Historia de la Iglesia, el Concilio de Jerusalén. La reunión de los apóstoles resuelve a favor de las tesis de Pablo y Bernabé y es ahí donde la Iglesia romperá definitivamente con el judaísmo. La leyes de los judíos son para los judíos, el mensaje de Jesús es tan novedoso, es tan distinto a todo lo anterior, que tiene poco que ver con lo anterior, el mensaje de Jesús trae una novedad irrenunciable en cuanto a las relaciones de Dios con los hombres, en cuanto a las relaciones de los creyentes entre sí, y en cuanto a la idea de salvación.

Después de haber conocido a Jesús, Dios ha pasado a ser Padre y se relaciona con nosotros como sus hijos y desea que nosotros lo llamemos “Padre nuestro”, como así hacemos a diario, quizá sin darnos cuenta cada vez que rezamos el Padre nuestro. Jesús nos manifiesta el rostro amable de Dios, el Dios de la ternura, del perdón y de la acogida. Ante este Dios, aunque yo me ponga de rodillas para reconocer su grandeza y su dignidad, se puede permanecer de pie porque ha restablecido al ser humano su dignidad. Su mandamiento fundamental será el mandamiento del amor. Y todo esto, es verdaderamente novedoso, todo esto no aparece para nada en la doctrina del judaísmo tradicional.

El pasaje de San Juan que se nos ha propuesto en el evangelio para hoy pertenece al discurso de despedida en la última cena. El amor a Jesús produce en nosotros la comunión con Él y con el Padre, ese amor se manifestará en que guardemos su palabra. Cuando Jesús dice esto se encuentra con sus discípulos, Él está al lado de ellos, por eso les anuncia una nueva presencia para cuando se vaya, la venida del Espíritu. El mensaje de las escrituras en este sexto domingo de Pascua es muy importante, debemos estar alegres porque Jesús vuelve al sitio donde tiene que estar, al lado del Padre, una vez cumplida su misión, ese el lugar que le corresponde; pero a su vez no quiere dejarnos solos y nos promete la venida del Espíritu, el evangelio quiere motivar nuestra fe para que sigamos creyendo, y quiere mantenernos a la espera del Espíritu Santo que está por venir, el espíritu que nos trasmita esos dones tan necesarios para ser más auténticos y más comprometidos.

Ese Espíritu será el que nos lo enseñe todo, el que logre transformarnos definitivamente. Lo mismo que a los apóstoles los lanzó a anunciar sin miedos el mensaje del maestro, a nosotros deberá transformarnos interiormente para darnos la confianza y la autoestima suficiente, como para hacer realidad lo que celebramos y vivimos cada domingo. Por eso seguimos a la espera del día de Pentecostés, en el que ese Espíritu llegue sobre nosotros, como llegó sobre los apóstoles.

Pedimos por todos nosotros, por los que estamos aquí, pedimos por los más necesitados, por los que están solos, por los enfermos, especialmente por los que conocemos, por todos los que necesitan de nuestra presencia y nosotros les damos de lado.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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sábado, 5 de mayo de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA – CICLO B – (6-5-2018)

Lectura del santo evangelio según san Juan 15, 9-17


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor.

Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y' permanezco en su amor.

Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud.

Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.

Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.

Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer.

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure.

De modo que lo que pidáis el Padre en mi nombre os lo dé.

Esto os mando: que os améis unos a otros».”




NO DESVIARNOS DEL AMOR


Permaneced en mi amor.

El evangelista Juan pone en boca de Jesús un largo discurso de despedida en el que se recogen con una intensidad especial algunos rasgos fundamentales que han de recordar sus discípulos a lo largo de los tiempos, para ser fieles a su persona y a su proyecto. También en nuestros días.

«Permaneced en mi amor». Es lo primero. No se trata sólo de vivir en una religión, sino de vivir en el amor con que nos ama Jesús, el amor que recibe del Padre. Ser cristiano no es en primer lugar un asunto doctrinal, sino una cuestión de amor. A lo largo de los siglos, los discípulos conocerán incertidumbres, conflictos y dificultades de todo orden. Lo importante será siempre no desviarse del amor.

Permanecer en el amor de Jesús no es algo teórico ni vacío de contenido. Consiste en «guardar sus mandamientos», que él mismo resume enseguida en el mandato del amor fraterno: «Éste es mi mandamiento; que os améis unos a otros como yo os he amado». El cristiano encuentra en su religión muchos mandamientos. Su origen, su naturaleza y su importancia son diversos y desiguales. Con el paso del tiempo, las normas se multiplican. Sólo del mandato del amor dice Jesús: «Este mandato es el mío». En cualquier época y situación, lo decisivo para el cristianismo es no salirse del amor fraterno.

Jesús no presenta este mandato del amor como una ley que ha de regir nuestra vida haciéndola más dura y pesada, sino como una fuente de alegría: «Os hablo de esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría llegue a plenitud». Cuando entre nosotros falta verdadero amor, se crea un vacío que nada ni nadie puede llenar de alegría.

Sin amor no es posible dar pasos hacia un cristianismo más abierto, cordial, alegre, sencillo y amable donde podamos vivir como «amigos» de Jesús, según la expresión evangélica. No sabremos cómo generar alegría. Aún sin quererlo, seguiremos cultivando un cristianismo triste, lleno de quejas, resentimientos, lamentos y desazón.

A nuestro cristianismo le falta, con frecuencia, la alegría de lo que se hace y se vive con amor. A nuestro seguimiento a Jesucristo le falta el entusiasmo de la innovación, y le sobra la tristeza de lo que se repite sin la convicción de estar reproduciendo lo que Jesús quería de nosotros.

José Antonio Pagola

jueves, 18 de mayo de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA – CICLO A – (21-5-2017)

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-21


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

-«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él ».”

EL ESPÍRITU DE LA VERDAD


Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y abatidos. Pronto no lo tendrán con él. ¿Quién podrá llenar su vacío? Hasta ahora ha sido él quien ha cuidado de ellos, los ha defendido de los escribas y fariseos, ha sostenido su fe débil y vacilante, les ha ido descubriendo la verdad de Dios y los ha iniciado en su proyecto humanizador.

Jesús les habla apasionadamente del Espíritu. No los quiere dejar huérfanos. Él mismo pedirá al Padre que no los abandone, que les dé “otro defensor” para que “esté siempre con ellos”. Jesús lo llama “el Espíritu de la verdad”. ¿Qué se esconde en estas palabras de Jesús?

Este “Espíritu de la verdad” no hay que confundirlo con una doctrina. Esta verdad no hay que buscarla en los libros de los teólogos ni en los documentos de la jerarquía. Es algo mucho más profundo. Jesús dice que “vive con nosotros y está en nosotros”. Es aliento, fuerza, luz, amor... que nos llega del misterio último de Dios. Lo hemos de acoger con corazón sencillo y confiado.

Este “Espíritu de la verdad” no nos convierte en “propietarios” de la verdad. No viene para que impongamos a otros nuestra fe ni para que controlemos su ortodoxia. Viene para no dejarnos huérfanos de Jesús, y nos invita a abrirnos a su verdad, escuchando, acogiendo y viviendo su Evangelio.

Este “Espíritu de la verdad” no nos hace tampoco “guardianes” de la verdad, sino testigos. Nuestro quehacer no es disputar, combatir ni derrotar adversarios, sino vivir la verdad del Evangelio y “amar a Jesús guardando sus mandatos”.

Este “Espíritu de la verdad” está en el interior de cada uno de nosotros defendiéndonos de todo lo que nos puede apartar de Jesús. Nos invita abrirnos con sencillez al misterio de un Dios, Amigo de la vida. Quien busca a este Dios con honradez y verdad no está lejos de él. Jesús dijo en cierta ocasión: “Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. Es cierto.

Este “Espíritu de la verdad” nos invita a vivir en la verdad de Jesús en medio de una sociedad donde con frecuencia a la mentira se le llama estrategia; a la explotación, negocio; a la irresponsabilidad, tolerancia; a la injusticia, orden establecido; a la arbitrariedad, libertad; a la falta de respeto, sinceridad...

¿Qué sentido puede tener la Iglesia de Jesús si dejamos que se pierda en nuestras comunidades el “Espíritu de la verdad”? ¿Quién podrá salvarla del autoengaño, las desviaciones y la mediocridad generalizada? ¿Quién anunciará la Buena Noticia de Jesús en una sociedad tan necesitada de aliento y esperanza?

José Antonio Pagola

jueves, 28 de abril de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA – CICLO C - (1-5-2016)

Lectura del santo evangelio según san Juan 14,23-29

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.

El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.

Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.

La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: «Me voy y vuelvo a vuestro lado». Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo.”


ULTIMOS DESEOS DE JESÚS

Jesús se está despidiendo de sus discípulos. Los ve tristes y acobardados. Todos saben que están viviendo las últimas horas con su Maestro. ¿Qué sucederá cuando les falte? ¿A quién acudirán? ¿Quién los defenderá? Jesús quiere infundirles ánimo descubriéndoles sus últimos deseos.

Que no se pierda mi Mensaje. Es el primer deseo de Jesús. Que no se olvide su Buena Noticia de Dios. Que sus seguidores mantengan siempre vivo el recuerdo del proyecto humanizador del Padre: ese “reino de Dios” del que les ha hablado tanto. Si le aman, esto es lo primero que han de cuidar: “el que me ama, guardará mi palabra...el que no me ama, no la guardará”.

Después de veinte siglos, ¿qué hemos hecho del Evangelio de Jesús? ¿Lo guardamos fielmente o lo estamos manipulando desde nuestros propios intereses? ¿Lo acogemos en nuestro corazón o lo vamos olvidando? ¿Lo presentamos con autenticidad o lo ocultamos con nuestras doctrinas?

El Padre os enviará en mi nombre un Defensor. Jesús no quiere que se queden huérfanos. No sentirán su ausencia. El Padre les enviará el Espíritu Santo que los defenderá de riesgo de desviarse de él. Este Espíritu que han captado en él, enviándolo hacia los pobres, los impulsará también a ellos en la misma dirección.

El Espíritu les “enseñará” a comprender mejor todo lo que les ha enseñado. Les ayudará a profundizar cada vez más su Buena Noticia. Les “recordará” lo que le han escuchado. Los educará en su estilo de vida.

Después de veinte siglos, ¿qué espíritu reina entre los cristianos? ¿Nos dejamos guiar por el Espíritu de Jesús? ¿Sabemos actualizar su Buena Noticia? ¿Vivimos atentos a los que sufren? ¿Hacia dónde nos impulsa hoy su aliento renovador?

Os doy mi paz. Jesús quiere que vivan con la misma paz que han podido ver en él, fruto de su unión íntima con el Padre. Les regala su paz. No es como la que les puede ofrecer el mundo. Es diferente. Nacerá en su corazón si acogen el Espíritu de Jesús.

Esa es la paz que han de contagiar siempre que lleguen a un lugar. Lo primero que difundirán al anunciar el reino de Dios para abrir caminos a un mundo más sano y justo. Nunca han de perder esa paz. Jesús insiste: “Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde”.

Después de veinte siglos, ¿por qué nos paraliza el miedo al futuro? ¿Por qué tanto recelo ante la sociedad moderna? Hay mucha gente que tiene hambre de Jesús. El Papa Francisco es un regalo de Dios. Todo nos está invitando a caminar hacia una Iglesia más fiel a Jesús y a su Evangelio. No podemos quedarnos pasivos.

José Antonio Pagola 
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viernes, 8 de mayo de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA (10-5-2015)

El texto evangélico es de Jn 15, 9-17 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me amó así yo os he amado: permaneced en mi amor. Si cumplís mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que participéis de mi alegría y vuestra alegría sea colmada. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os amé. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace el amo. A vosotros os he llamado amigos porque os comuniqué cuanto escuché a mi Padre. No me elegisteis vosotros; yo os elegí y os destiné a ir y dar fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Esto es lo que os mando, que os améis unos a otros”.


* Jesús antes de despedirse de sus discípulos les ofrece las últimas recomendaciones.

Les habla del Padre que le quiere a él y que les quiere a ellos. Un Padre de ternuras y bondades que nos quiere con locura, siempre con sus brazos abiertos para la acogida, para el perdón, para la misericordia, para la comprensión.

Les dice que deben aprender bien que el cristianismo es amor, alegría y amistad.


* Jesús, en este texto, nos llama amigos. Y la amistad que nos ofrece es infinita, puede continuar durante toda la eternidad.

Jesús, como amigo nuestro, nos abre su corazón, une su corazón al nuestro. Sólo amándolo lo vamos conociendo mejor, porque sólo quien ama conoce y, si no amamos, tampoco sabemos bien lo que Él nos pide. Y lo que Él nos pide es que cumplamos su mandamiento.


* Su mandamiento, hoy nos lo vuelve a recordar, es el de amar.

Amar, el mandamiento de siempre y el mandamiento siempre nuevo. Es como una lección que ya sabemos y nos molesta volver a repasar, o como un encargo ya hecho que no tenemos que revisar. Pero, ¿estamos seguros de que se trata de una lección o un encargo ya realizado? ¿No es más bien una tarea siempre por comprender, un encargo siempre por cumplir? ¿Quién puede decir que ya ha amado lo suficiente? ¿Quién puede darse por complacido por haber concluido su encargo de amar? Siempre debemos empezar de nuevo y, con un corazón limpio y humilde, decir: sólo hacemos lo que debemos hacer; amar, y amar hoy, y amar más.


* Estar unido a Jesús, es mantenerse en su amor, y el amor que Él nos ofrece es total y nos abre el acceso al corazón del Padre. Por eso, al final del evangelio nos dice que lo que pidamos al Padre en su nombre, nos lo concederá.


* La alegría del cristiano está en saberse amado por Jesús y, al mismo tiempo, en ser capaz de amar al prójimo. No hay más misterio. Sin embargo ¡cómo necesitamos que nos lo recuerden!, porque de mil maneras omitimos el mandato de amar a nuestro prójimo.


* Jesús, eres tú quien me ha elegido como amigo. ¿Cómo lo has hecho, conociendo mi debilidad y lo inútil que soy? Respuesta: tu amor misericordioso puede fortalecer mi fragilidad para obedecer tu Palabra y dar fruto abundante.


* María, Madre y Maestra, que mirándote a ti, aprenda cada día a amar un poco más.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 22 de mayo de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA (25-5-2014)

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El texto evangélico es de Jn 14, 15-21 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si me amáis, guardad mis mandamientos; y yo pediré al Padre que os envíe otro defensor que esté siempre con vosotros: el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, puesto que no lo ve ni lo conoce. Vosotros lo conocéis, pues permanece con vosotros y está en vosotros. No os dejo huérfanos, volveré a visitaros. Dentro de poco el mundo ya no me verá; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo vivo y vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en el Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. Quien conserva y guarda mis mandamientos, ése sí que me ama. A quien me ama lo amará mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.”

* Jesús se despide y muestra la necesidad que tiene de nuestro cariño. Nos dice que la verdadera prueba de que le amamos consiste en guardar sus mandamientos, subordinar nuestra voluntad a la de Dios, perseverar en su seguimiento intentando que nuestra vida sea conforme a sus enseñanzas.

Los mandamientos no son leyes ni normas de buena conducta, es el camino recto revelado por Cristo. Avanzar por este camino significa exponerse a calumnias y sufrimientos. Hay que estar siempre dispuesto a dar testimonio humilde de nuestra fe, hay que demostrar el amor a Jesús amando al prójimo. Y esto no es fácil. En los momentos de oscuridad, personal o social, nos resulta más difícil permanecer fieles a estos mandamientos.

Por eso Jesús, nos promete la presencia del Espíritu.


* La promesa de Jesús es su Espíritu, es el signo de su presencia continua en la Historia. El mundo no estará huérfano desde que Dios nos envíe su Espíritu, su alma, su amor. Esta promesa nos devuelve el optimismo y la esperanza. No todo está perdido. Dios permanece a nuestro lado, no nos deja nunca abandonados.

Hay quienes se niegan a acogerlo, pero Dios no pierde la paciencia. A veces cerramos las puertas a su fuerza vivificadora. En muchas ocasiones nos empeñamos en seguir huérfanos, a oscuras, sin la luz del Espíritu. Pero en el momento en que dejamos que Él nos inunde, nuestra vida cambia por completo y adquiere su sentido. Es una tarea de cada día, un esfuerzo que tenemos que hacer.


* María, como tú te abriste a la acción del Espíritu en tu “sí” de la Anunciación, haz que mi vida entera se abra a la fuerza de ese mismo Espíritu; para que me ayude a aceptar y guardar los mandamientos que tu Hijo nos dejó.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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jueves, 2 de mayo de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA (5-5-2013)

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El texto evangélico es de Jn 14, 23-29 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:-Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y haremos morada en él. Quien no me ama no cumple mis palabras, y la palabra que me habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho esto mientras estoy con vosotros. El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os dije. La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. Que no tiemble vuestro corazón ni os acobardéis. Oísteis que os dije que me voy y volveré a visitaros. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, pues el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, sigáis creyendo”. 



* Cristo resucitado, una vez concluida su misión, emprende el camino de retorno a su Padre Dios, pero no nos deja huérfanos, el Espíritu Santo será quien perpetúe su recuerdo y, sobre todo, quien actualice y anime la expansión de su mensaje.

* Esta es la promesa que nos llega de los mismos labios de Jesús a su Iglesia: el Espíritu Santo nos enseñará y recordará todo lo que Él nos dijo.

Hay que escuchar al Espíritu Santo porque explica, recuerda e ilumina a los pastores, pero también a todo el pueblo de Dios, a todos los que creemos en Él.

Cuando no sabemos cómo actuar o qué decir, en las circunstancias difíciles de nuestra vida, invoquemos al Espíritu, pidamos su asistencia para que no nos equivoquemos. No como una fórmula mágica sino como el recordatorio de que continuamente debemos dejarnos conducir por Dios; para que nuestras decisiones sean lo más conforme posible con el Evangelio. Así, llevados por Jesús, aceptando que se realice siempre su voluntad, experimentaremos una gran paz, la paz verdadera que Él nos da.

* Jesús, anuncias tu partida pero prometes permanecer en mí por el amor. Yo quiero que mi amor se traduzca en obras, para que el Padre y tú, con el Espíritu, vengáis a mí y hagáis morada en mí.

Jesús, anuncias tu partida y prometes enviar tu Espíritu, el Defensor, el que me aclarará tantas cosas que, aunque las entienda con la mente, no siempre las acepto con el corazón. Yo quiero aceptar siempre tu voluntad, como te digo a diario en el Padrenuestro.

Jesús, anuncias tu partida pero me prometes la paz, la paz que sólo tú puedes dar. Yo quiero no temer ni acobardarme ante las dificultades, porque sé que nada ni nadie podrá arrebatarme esa paz del corazón, paz que brota del amor.

* María, que yo siga tu ejemplo de amor, de fe, de paz, para que tu Hijo siempre habite en mí, como en tus divinas entrañas, y nunca me aleje de Él.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 10 de mayo de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:6º DE PASCUA (13-5-2012)


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El texto evangélico es de Jn 15, 9-17 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Como el Padre me amó así yo os he amado: permaneced en mi amor. Si cumplís mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he cumplido los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he dicho esto para que participéis de mi alegría y vuestra alegría sea colmada. Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os amé. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por los amigos. Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos porque el siervo no sabe lo que hace el amo. A vosotros os he llamado amigos porque os comuniqué cuanto escuché a mi Padre. No me elegisteis vosotros; yo os elegí y os destiné a ir y dar fruto, un fruto que permanezca; así, lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo concederá. Esto es lo que os mando, que os améis unos a otros”.


* Jesús, en este texto, nos llama amigos. Y la amistad que nos ofrece es infinita, puede continuar durante toda la eternidad.
Jesús, como amigo nuestro, nos abre su corazón, une su corazón al nuestro. Sólo amándolo lo vamos conociendo mejor, porque sólo quien ama conoce y, si no amamos, tampoco sabemos bien lo que Él nos pide. Y lo que Él nos pide es que cumplamos su mandamiento.


* Su mandamiento, hoy nos lo vuelve a recordar, es el de amar.
Amar, el mandamiento de siempre y el mandamiento siempre nuevo. Es como una lección que ya sabemos y nos molesta volver a repasar. o como un encargo ya hecho que no tenemos que revisar. Pero, ¿estamos seguros de que se trata de una lección o un encargo ya realizado? ¿No es más bien una tarea siempre por comprender, un encargo siempre por cumplir? ¿Quién puede decir que ya ha amado lo suficiente? ¿Quién puede darse por complacido por haber concluido su encargo de amar? Siempre debemos empezar de nuevo y, con un corazón limpio y humilde, decir: sólo hacemos lo que debemos hacer; amar, y amar hoy, y amar más.


* Estar unido a Jesús, es mantenerse en su amor, y el amor que Él nos ofrece es total y nos abre el acceso al corazón del Padre. Por eso, al final del evangelio nos dice que lo que pidamos al Padre en su nombre, nos lo concederá.


* Jesús, eres tú quien me ha elegido como amigo. ¿Cómo lo has hecho, conociendo mi debilidad y lo inútil que soy? Respuesta: tu amor misericordioso puede fortalecer mi fragilidad para obedecer tu Palabra y dar fruto abundante.


* María, Madre y Maestra, que mirándote a ti, aprenda cada día a amar un poco más.




Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 26 de mayo de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA (29-5-2011)

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El texto evangélico es de Jn 14, 15-21 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si me amáis, guardad mis mandamientos; y yo pediré al Padre que os envíe otro defensor que esté siempre con vosotros: el Espíritu de la verdad, que el mundo no puede recibir, puesto que no lo ve ni lo conoce. Vosotros lo conocéis, pues permanece con vosotros y está en vosotros. No os dejo huérfanos, volveré a visitaros. Dentro de poco el mundo ya no me verá; vosotros, en cambio, me veréis, porque yo vivo y vosotros viviréis. Aquel día comprenderéis que yo estoy en el Padre y vosotros en mí y yo en vosotros. Quien conserva y guarda mis mandamientos, ése sí que me ama. A quien me ama lo amará mi Padre, y yo lo amaré y me manifestaré a él.”


* Jesús se despide y muestra la necesidad que tiene de nuestro cariño. Nos dice que la verdadera prueba de que le amamos consiste en guardar sus mandamientos, subordinar nuestra voluntad a la de Dios.
Los mandamientos no son leyes ni normas de buena conducta, es el camino recto revelado por Cristo. Avanzar por este camino significa exponerse a calumnias y sufrimientos. Hay que estar siempre dispuesto a dar testimonio humilde de nuestra fe, hay que demostrar el amor a Jesús amando al prójimo. Y esto no es fácil. En los momentos de oscuridad, personal o social, nos resulta más difícil permanecer fieles a estos mandamientos.
Por eso Jesús, nos promete la presencia del Espíritu.

* La promesa de Jesús es su Espíritu, es el signo de su presencia continua en la Historia. El mundo no estará huérfano desde que Dios nos envíe su Espíritu, su alma, su amor. Esta promesa nos devuelve el optimismo y la esperanza. No todo está perdido. Dios permanece a nuestro lado.
Hay quienes se niegan a acogerlo, pero Dios no pierde la paciencia. A veces cerramos las puertas a su fuerza vivificadora. En muchas ocasiones nos empeñamos en seguir huérfanos, a oscuras, sin la luz del Espíritu. Pero en el momento en que dejamos que Él nos inunde, nuestra vida cambia por completo y adquiere su sentido. Es una tarea de cada día, un esfuerzo que tenemos que hacer.

* María, como tú te abriste a la acción del Espíritu en tu “sí” de la Anunciación, haz que mi vida entera se abra a la fuerza de ese mismo Espíritu; para que me ayude a aceptar y guardar los mandamientos que tu Hijo nos dejó.

 Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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jueves, 6 de mayo de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA (9-5-2010)


El texto es de Jn 14, 23-29 y dice lo siguiente.


En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:-Si alguien me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él. Quien no me ama no cumple mis palabras, y la palabra que me habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho esto mientras estoy con vosotros. El Defensor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os dije. La paz os dejo, os doy mi paz, y no como la da el mundo. No os turbéis ni os acobardéis. Oísteis que os dije que me voy y volveré a visitaros. Si me amarais, se alegraríais de que vaya al Padre, pues el Padre es más que yo. Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda, creáis.


* Cristo resucitado, una vez concluida su misión, emprende su camino de retorno a su Padre Dios, pero no nos deja huérfanos, el Espíritu Santo será quien perpetúe su recuerdo y, sobre todo, quien actualice y anime la expansión de su mensaje.


* Jesús, anuncias tu partida pero prometes permanecer en mí por el amor. Yo quiero que mi amor se traduzca en obras, para que el Padre y tú, con el Espíritu, vengáis a mí y hagáis morada en mí.

Jesús, anuncias tu partida y prometes enviar tu Espíritu, el Defensor, el que me aclarará tantas cosas que, aunque las entienda con la mente, no siempre las acepto con el corazón. Yo quiero aceptar siempre tu voluntad, como te digo a diario en el Padrenuestro.

Jesús, anuncias tu partida pero me prometes la paz, la paz que sólo tú puedes dar. Yo quiero no temer ni acobardarme ante las dificultades, porque sé que nada ni nadie podrá arrebatarme esa paz del corazón, paz que brota del amor.


     * María, que yo siga tu ejemplo de amor, de fe, de paz, para que tu Hijo siempre habite en mí, como en tus divinas entrañas, y nunca me aleje de Él.

Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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