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jueves, 18 de febrero de 2016

CARTA PASTORAL ANTE LA PEREGRINACIÓN DEL 26 DE FREBRERO CON EL CRISTO DE LA MISERICORDIA

Queridos feligreses:

Reciente todavía el inicio de mi andadura con vosotros, como párroco de esta parcela de su Diócesis que el Sr. Obispo me ha encomendado, -"Iglesia de Dios que camina" en este barrio de "La Albarizuela"-, me dirijo a todos vosotros: familias, jóvenes, ancianos, niños.. Colegios, Hermandades, Instituciones. ..

Una Parroquia es una familia un poco mayor, en la que todos los cristianos tenemos un sitio en torno a la Mesa que nos reúne cada Sábado-Domingo: la Eucaristía. Aquí el Señor, el "Cristo de la Misericordia" que nos preside en el templo, nos ilumina con su Palabra -Jesús es la "Luz del mundo"- . Y nos alimenta con su Presencia.- -"Pan de vida".. durante esa "peregrinación al cielo", que es nuestra vida presente-... Un "amigo" que nos acompaña.. Y un "Padre" que nos espera y nos perdona.

El Papa ha abierto para todos un "Año de la Misericordia", un Jubileo de perdón y de gracia, que podemos ganar precisamente "peregrinando" con la imagen del Cristo - portado en andas - a la Sagrada Iglesia Catedral, entrando por su "Puerta Santa" y participando en la Misa que celebraremos, después de haber recibido el Sacramento de la Penitencia.

Habrá confesiones los días 22-23-24 de 19.30 a 20.30

Por tanto: Os convoco, junto con el Equipo de Pastoral Parroquial, para el Próximo :


VIERNES día 26 de FEBRERO a las 7 de la tarde en el templo Desde aquí partiremos hacia la Catedral... A las 8 la Misa... Regresaremos a la Parroquia pará dar gracias a la Virgen María, Ntra Sra de Loreto-


Os espero, os esperamos pidiendo al Señor de la Misericordia que os conceda fervor y alegría para acompañarlo. ..

En su Nombre os bendice: José Hachero Alvarez, Pbr0


Misas: TODOS los días —excepto Jueves- a las 7 de la tarde 

miércoles, 23 de octubre de 2013

CARTA DEL SR. OBISPO CON MOTIVO DEL DOMUND 2013

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Domingo Mundial de la fe (DOMUND) «FE + CARIDAD = MISIÓN»

                              (20 de octubre de 2013)


A los sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y a todos los fieles en general,

La próxima Jornada Mundial de las Misiones (DOMUND) –que celebraremos el domingo 20 de Octubre-, es el día en que la Iglesia recuerda y celebra la universalidad de su misión. Por eso, en este «Año de la fe», el lema propuesto para dicha campaña es: «FE+CARIDAD=MISIÓN.»

La fe no es en sí algo doctrinalmente abstracto ni solo una suma de verdades, sino que es una relación, una verdad que opera a través de la caridad y que vive a través de ella. La fe y el amor se necesitan mutuamente, y son consecuencia una de otra, de modo que ambas se permiten, una la otra, seguir su propio camino para ser efectivas y fecundas. En efecto, la fe como nos recordaba Benedicto XVI:

«…Es el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva... Y puesto que es Dios quien nos ha amado primero (cf. 1Jn 4,10), ahora el amor ya no es sólo un "mandamiento", sino la respuesta al don del amor, con el cual Dios viene a nuestro encuentro» (Deus caritas est, 1).»

Por tanto, los cristianos somos personas conquistadas por Cristo que nos ama, con un amor que perdona hasta a los enemigos, y con una humildad que le lleva incluso a inclinarse a lavarnos los pies y a entregarse a Sí mismo por nosotros en la Cruz para atraernos al amor de Dios. Movidos, pues, por este amor -«caritas Christi urget nos» (2Co 5,14)-, estamos abiertos de modo profundo y concreto a vivir y testimoniar la fe en la oración y con la fuerza que brota a través de ella, en las obras de caridad; es decir, en promover la justicia, en realizar el bien.

Esto quiere decir que todo cristiano que viva su fe auténticamente desea también que Dios llegue a los demás porque “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” (1Tim 2,4). El dinamismo de la fe, nos permite así integrar las preocupaciones de todos los hombres en nuestro camino. Las manos de la fe del cristiano se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios y como motor la esperanza en Cristo que el Espíritu Santo proyecta hacia un futuro cierto, un horizonte nuevo, “un cielo nuevo y una tierra nueva donde habite la justicia” (Cf. Ap 21, 1). Este dinamismo apostólico toma cuerpo en la Nueva Evangelización, tarea que la Iglesia prepara con empeño y dedicación, pues la mayor obra de caridad, que nace de la fe, es la evangelización, ya que “Ninguna acción es más benéfica y, por tanto, caritativa hacia el prójimo que partir el pan de la Palabra de Dios, hacerle partícipe de la Buena Nueva del Evangelio [...]: la evangelización es la promoción más alta e integral de la persona humana” (Benedicto XVI). De hecho, el anuncio del Evangelio se convierte en una intervención de ayuda al prójimo, justicia para los más pobres, posibilidad de instrucción y asistencia médica, entre otras implicaciones sociales.

Es esa construcción la que me mueve a invitaros a todos a descubrir la dimensión universal de la fe y el compromiso de la caridad con los más pobres. Os invito a todas las comunidades cristianas a participar en las actividades organizadas con motivo de la celebración del DOMUND. Y a vivir un signo de comunión con vuestra ayuda económica, y os animo a orar insistentemente por aquellos misioneros, especialmente los de nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez, que siguiendo las palabras de Cristo han abandonado todo y lo han seguido a anunciar el Evangelio por todo el mundo.

Que la Virgen María, que “con prontitud” fue a prisa a casa de su prima Isabel, impulsada también por una misión de caridad, nos aliente a todos con la fuerza de sus palabras, en relación a Cristo Jesús, su Hijo: “haced lo que Él os diga” (Jn 2, 5).

Un abrazo afectuoso en María Nuestra Madre,

+ José Mazuelos Pérez

Obispo de Asidonia-Jerez




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sábado, 25 de febrero de 2012

CARTA PASTORAL CUARESMA 2012

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A todos los fieles diocesanos:

Acabamos de comenzar un tiempo de salvación y de gracia: la Santa Cuaresma. El Concilio Vaticano II habla de ella como una preparación a la celebración del Misterio Pascual durante la cual, los fieles, se entregan más intensamente a oír la Palabra de Dios, a la oración y la práctica de la penitencia en el recuerdo de las distintas etapas del Bautismo. (Cf. SC 109)

Es éste, por tanto, un tiempo propicio para que, con la ayuda de la Palabra de Dios y de los Sacramentos, nos abramos a la fuerza y al mensaje de la Resurrección del Señor y recorramos un camino de fe, en una peregrinación hacia la fuente de donde mana toda la gracia de la que vive la Iglesia y a la que ahora yo os invito a recibir participando activamente en estos cuarenta días, en que, a imagen del camino de Israel hacia la tierra prometida, o del combate de Jesús en el desierto, nos sintamos miembros del mismo Pueblo de Dios y del mismo Cuerpo de Cristo, la Iglesia.

En el mensaje de cuaresma de este año, el Santo Padre, nos invita a reflexionar sobre el texto bíblico tomado de la Carta a los Hebreos: «Fijémonos los unos en los otros para estímulo de la caridad y las buenas obras» (10,24); en él nos exhorta a profundizar en la caridad entendida en toda su verdad: espiritual, social y moral.
Y para crecer en la caridad es necesario, en primer lugar, fijarse en Jesús, cuya Palabra se hizo carne entre nosotros (Cf. Jn 1, 14). Y mirar a Jesús conlleva convertir nuestro corazón a Dios que nos permita no sólo “ver a Jesús” (Cf Jn 12, 21), sino profundizar en las riquezas del misterio pascual de Cristo para que, renovados en la penitencia, podamos disfrutar de los frutos de la redención, porque “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” (Cf. Jn 15, 13).

En este tiempo estamos llamados a “reconciliarnos con Dios”, como nos exhorta San Pablo (Cf. 2 Cor 5, 20) mediante la penitencia y la celebración del Sacramento del perdón, manifestando así que nuestra caridad comienza en el sacrificio de Jesucristo “para el perdón de los pecados” (Cf Mt 26, 28), y es fruto del conocimiento y de nuestra identificación con Él, pues -como repetía el beato Juan Pablo II-, para el cristiano el camino de Dios pasa siempre junto a la casa del hermano.

Y es en ese caminar donde se inscribe el mensaje del Papa exhortándonos a “fijarnos los unos en los otros para estímulo de la caridad”, afirmando que:
“Hoy Dios nos sigue pidiendo que seamos «guardianes» de nuestros hermanos (cf. Gn 4,9), que entablemos relaciones caracterizadas por el cuidado reciproco, por la atención al bien del otro y a todo su bien…el hecho de ser hermanos en humanidad y, en muchos casos, también en la fe, debe llevarnos a ver en el otro a un verdadero alter ego, a quien el Señor ama infinitamente. Si cultivamos esta mirada de fraternidad, la solidaridad, la justicia, así como la misericordia y la compasión, brotarán naturalmente de nuestro corazón”.

Como podemos ver la atención al otro exige no mostrarse extraño ni indiferente a la suerte de los demás y a preocuparse de su bien, de todo su bien. Es verdad que a menudo prevalece en nosotros la indiferencia o el desinterés que nace del egoísmo. Estamos tan marcados por el relativismo y sus falsos valores, que no nos atrevemos a señalar, cuando es necesario, el camino equivocado que muchos llevan arrastrando a otros en la misma dirección. Les cuesta trabajo a los padres reprender a sus hijos, recordarles sus deberes o advertirles del peligro de los placeres irresponsables.

También nosotros mismos reaccionamos mal si alguien nos corrige o nos señala una forma de mejorar. Sin embargo, no podemos ignorar que tenemos una responsabilidad respecto a los otros y esta responsabilidad significa querer el bien del otro, de los otros, deseando que ellos también se abran al bien y a la gracia.

La solicitud por el bien de los otros nos lleva, por un lado, a ser conscientes de que en nuestra sociedad existen muchas personas a las que no se les ha anunciado de forma adecuada la Buena Nueva. Por otro a descubrir en esta Cuaresma una ocasión para renovar nuestra tensión misionera, nuestros métodos de predicación y de testimonio para que resuene intensamente el mensaje de la salvación.

Igualmente la caridad espiritual nos mueve a ejercer la corrección fraterna con aquellos hermanos que habiendo escuchado y creído el Evangelio, están alejados del Espíritu de Dios. Es éste un tiempo adecuado para llamarlos a avivar la fe, a salir de ese divorcio entre la fe profesada y la vida de espaldas a los valores evangélicos. Y para ofrecerles la oportunidad de la conversión mediante la integración activa en la vida de la comunidad cristiana, pues como dice la Escritura: “ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (2Cor 6,2).

Por último, nos invita a no olvidar las profundas necesidades materiales de pan, trabajo, casa, etc. por las que pasan tantas personas en estos momentos. Os invito, pues, en esta Cuaresma, a ser generosos para ayudar a tantos hermanos que sufren la crisis económica, a abrir el corazón para escuchar el sufrimiento del pobre, teniendo siempre presente las palabras de Jesús “porque tuve hambre y me distes de comer, estuve enfermo y me visitasteis…”. (Cf. Mt 25).

La Iglesia, como madre espiritual nos recuerda las armas del combate: el ayuno –porque “no sólo de pan vive el hombre” (Cf Lc 4,4); la penitencia –como mortificación de aquellas pasiones que nos dominan; la limosna para combatir la idolatría de la codicia (Col 3, 5); y la oración, sobre todo, en su dimensión personal de cara al Señor: “y tu Padre que ve en lo secreto, te recompensará” (Cf Mt 6,6).

Aprovechar las celebraciones litúrgicas –tan abundantes en este tiempo-, así como la preparación y participación en el “Día del Seminario” y en la “Jornada por la vida” que celebraremos en la semana del 19 al 25 de Marzo, es también una oportunidad a nuestro alcance y una forma de sentirnos peregrinos y caminantes al encuentro del Señor.

Pidamos, por último a la Santísima Virgen María que nos ayude a recorrer el itinerario cuaresmal unidos –como Ella- a su Hijo, el Señor, y a toda la Iglesia en este tiempo de gracia y salvación “hacia las fuentes de la vida eterna” (Cf Sal 23).

+ José Mazuelos Pérez
Obispo de Asidonia-Jerez
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