Mostrando entradas con la etiqueta 4º Domingo de Adviento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 4º Domingo de Adviento. Mostrar todas las entradas

viernes, 17 de diciembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO – CICLO C – (19-12-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-45

“En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito.

- ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”


EL GRITO DE ISABEL

“Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel” Así comienza la primera lectura que se lee en la misa de este cuarto domingo de Adviento (Mi 5,2). Seguramente el profeta Miqueas recuerda la elección de David por parte del profeta Samuel. En aquella pequeña aldea había ungido a aquel joven como futuro rey de Israel.

La pequeñez del lugar de origen marcaba un fuerte contraste con la grandeza del reino que se vislumbraba en el futuro. Así que la observación de la pequeñez de Belén resonaba en la memoria como una parábola y una profecía. Evidentemente, Dios tiene su predilección por lo que parece insignificante a los ojos de los hombres.

También hoy, son los gestos de los más humildes y de los más pequeños los que nos ayudan a abrir los ojos para descubrir las señales de Dios. Las palabras de los más pequeños y marginados nos llevan con frecuencia a descubrir la verdad y la actualidad del Evangelio.


EL SALUDO Y LA ALEGRÍA

En el evangelio de Lucas que se proclama en este cuarto domingo de Adviento (Lc 1, 39-45) aparecen dos mujeres. Las dos están esperando un hijo, cuyo nacimiento parecía totalmente imposible. Dios nos sorprende al elegir la pequeñez de Belén. Pero más nos sorprende por el modo como viene el Mesías a nuestro mundo.

En el relato se repiten por tres veces las palabras que se refieren al saludo entre María e Isabel. El saludo es siempre signo de un encuentro humano. Es una señal de cortesía. Pero es también manifestación de la buena voluntad. Implica la mutua acogida. Y el intercambio de buenos deseos. De una buena noticia.

Por otra parte, el saludo de María a Isabel suscita la alegría del niño, que salta de gozo en el vientre de su pariente Isabel. María es modelo de evangelización. Lleva consigo una buena noticia. En realidad, su sola presencia es ya portadora de un buen mensaje. Y de un buen Mensajero.


BENDICIÓN Y DICHA

Isabel acoge y saluda a María con un grito de alegría. Y le dirige dos palabras típicas de la fe que ha heredado de su pueblo y que se está convirtiendo en vida en su propia vida.

• “¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!” María y su hijo son depositarios de las bendiciones del Altísimo. Pero esa bendición no es un privilegio para ser guardado con celo. Tanto el Hijo como la Madre habrán de ser fuente de bendición para generaciones enteras de creyentes.

• “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. A María se dirige la primera bienaventuranza del Evangelio. Efectivamente, ella es feliz no sólo por su maternidad,

sino por su fe. Como dice san Agustín, “la Palabra de Dios se hizo vida en su vientre porque antes se había hecho verdad en su mente”.

- Padre celestial, en el encuentro de María e Isabel se hace visible tu misericordia compasiva y tu encuentro con nuestra humanidad. Que nuestra fe acoja tu presencia en este mundo y nos dé fuerza para reconocerla y anunciarla con alegría. Amén.

José-Román Flecha Andrés .

.

sábado, 19 de diciembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DEL ADVIENTO – CICLO B – (20-12-2020)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38

“En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:

- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel:

- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó:

- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó:

- «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.”


EL HIJO DE DIOS

“Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas y consolidaré el trono de su realeza. Yo seré para él padre, y él será hijo para mí”. Esa es una parte muy importante de la promesa de Dios, que el profeta Natán transmite a David (2Sam 7, 12.14).

Dios promete estar con el rey, plantar a su pueblo en el territorio y asegurar la paz al reino. No era poco. Pero además, el profeta se refería a los tiempos que habían de seguir tras la muerte del rey. Dios prometía la estabilidad de la dinastía davídica. Y se comprometía a reconocer como hijo al futuro descendiente del rey.

Esa promesa es recogida por el salmo responsorial que hoy se canta en la misa (Sal 88). Es grande la misericordia de Dios, que se muestra fiel a su alianza.

Ante tal muestra de su providencia solo es posible dar gloria a Dios por Cristo Jesús, revelación del misterio mismo de Dios (Rom 16,25-27).


EL ANUNCIO

El evangelio de este domingo cuarto del Adviento recuerda una vez más el relato de la anunciación del ángel Gabriel a una doncella de Nazaret (Lc 1,26-38). Junto a la profecía de Isaías y el mensaje de Juan el Bautista, ella aparece como la figura más importante del Adviento. En ella se hace realidad la antigua profecía de Natán:

• “Darás a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús”. Su nombre es ya un grito profético. Significa “Dios es Salvador”. Por él viene la salvación.

• “Se llamará Hijo del Altísimo”. El hijo de María será hijo del Dios Altísimo. En él se encuentran lo humano y lo divino, el pecado y el perdón, la necesidad y la dádiva.

• “El Señor Dios le dará el trono de David su padre”. El niño que va a nacer pertenece a la dinastía real. En él se cumple la alianza de Dios. Pero su reino supera al reino de David.

Al recordar el cumplimiento de las antiguas profecías, nos disponemos a celebrar con alegría el nacimiento de Jesús.


EL HIJO DE DIOS

En la historia de Israel son numerosos los relatos sobre algunas mujeres que se decían estériles y, sin embargo, dieron al mundo patriarcas, héroes o jueces de su pueblo. Las palabras del ángel a María evocan esas memorias.

• “El santo que va a nacer se llamará hijo de Dios”. El niño que va a nacer es más que todos los antiguos héroes. Él será el Santo por excelencia. Él será la fuente y el modelo de toda santidad.

• “El santo que va a nacer se llamará hijo de Dios”. Ese niño “va a nacer” en un lugar y en un tiempo concreto. No era conocido previamente. No había sido soñado ni programado. Él es la gran noticia y la gran novedad para el mundo.

• “El santo que va a nacer se llamará hijo de Dios”. El niño que anuncia el ángel Gabriel es hijo de María. Pero con toda razón Dios lo llamará hijo suyo. Él revelará al mundo el nombre y el amor de su Padre.

- Señor y Dios nuestro, te damos gracias por habernos enviado a tu hijo como nuestro Salvador. Él nos ha mostrado tu amor y tu misericordia. Al aceptarlo por la fe, hemos recobrado la esperanza de poder vivir en el amor. Bendito seas, Señor.

José-Román Flecha Andrés.

.

viernes, 20 de diciembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO – CICLO A – (22-12-2019)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,18-24

“El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:

- Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.”



EL HIJO DE UNA VIRGEN

“Mirad: la virgen está encinta y da a luz a un hijo, y le pone por nombre Emmanuel (que significa, Dios con nosotros”) (Is 7,14). El rey Acaz teme que los pueblos que se habían coaligado contra él llegaran a invadir la ciudad de Jerusalén. Por eso está revisando las conducciones de agua. Buena previsión ante un posible asedio a la ciudad.

El profeta Isaías se acerca para anunciarle que no habrá guerra. El rey no cree al profeta. Este le sugiere que pida una señal, pero el rey se muestra cínicamente piadoso. No quiere tentar al Señor. Pues bien, el Señor le da una señal. La señal de la vida, representada en un niño que nace y en el nombre que se le impone. ¡Dios con nosotros!

Con toda razón el salmo responsorial nos invita a hacer nuestra la certeza de esa presencia en medio de nosotros: “Va a entrar el Señor. Él es el Rey de la gloria” (Sal 23). Y San Pablo, por su parte, nos exhorta a ver cómo el Evangelio se refiere al descendiente de David, que es también Hijo de Dios (Rom 1,1-7).


EL SALVADOR

Estamos acostumbrados a meditar la anunciación del ángel a María. Pero el evangelio de este tercer domingo de Adviento nos presenta la anunciación del ángel a José, su esposo (Mt 1,18-24). En un caso y en el otro, Dios revela a sus elegidos su plan de salvación. Es decir, les anuncia el nacimiento del Salvador.

Ese es el núcleo del mensaje. Con frecuencia pensamos que lo importante de este pasaje es disipar las dudas de José. Y con razón, porque el ser humano se siente perdido ante la presencia de lo desacostumbrado Y mucho más perdido cuando los acontecimientos parecen deshacer sus propios planes de vida.

Pero hay algo más. Ante las dudas de José, vemos que el ángel del Señor le abre un resquicio para que pueda aceptar el don de la vida y el misterio que viene a rozar su rutina. Además, el ángel del Señor le confiere el honor y la responsabilidad de poner nombre al niño que llega: “Tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados”.


EMMANUEL

Por su parte, el evangelista Mateo recuerda la profecía de Isaías al rey Acaz. La certeza de que no habría guerra. La promesa de la paz. La garantía a un rey tan preocupado como cínico. Todo es visto desde otra clave.

• “La virgen concebirá y dará a luz un hijo”. La doncella anunciada por el profeta Isaías es ahora presentada como una virgen. Eso significa que el hijo que de ella va a nacer no es fruto del esfuerzo y de los planes humanos. Es un don gratuito de Dios a la pobreza y a la humildad humana.

• “Le pondrá por nombre Emmanuel”. Dios había estado siempre al lado de su pueblo. Ahora, en el hijo de María, Dios habrá de hacerse cercano a todos los seres humanos, sean del origen que sean. Se hará tan cercano que adoptará su naturaleza y sus sueños, su fatiga y sus esperanzas.

- Padre de los cielos, concédenos la limpieza de María y la silenciosa docilidad de José, para que tu hijo Jesús, nuestro Hermano y Salvador, se haga presente entre nosotros. Te lo pedimos con fe y esperanza, por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

José-Román Flecha Andrés.
.

viernes, 21 de diciembre de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 4º DE ADVIENTO – CICLO C – (23-12-2018)

LUCAS 1, 39-45.

“En aquel tiempo, María se puso de camino y fue a prisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá».”

Paso a paso, día a día, hemos ido desgranando el tiempo de adviento, y nos encontramos ya a las puertas de la celebración de una nueva Navidad. El Señor ya está aquí, está a la puerta y llama, nos llama por nuestro nombre para demostrarnos que nos conoce, o por si por nuestra desconfianza no nos atrevemos a abrir, no podemos dejar que pase de largo. Sólo lo podré recibir bien, si he hecho convenientemente el camino del Adviento, convirtiendo mi corazón y cambiando aquello que hay en mí que no encaja con lo que Jesús me pide. Ya tengo encendidas las cuatro lámparas, sólo me queda esperar la auténtica luz que es Jesús y que ella ilumine mi corazón y toda mi persona.

Las lecturas nos lo han presentado a las puertas. Nos hablan ya de Belén, el pueblo pequeño, desconocido y escondido de Israel donde nacerá el Salvador, y nos hablan de María, su madre, que va a visitar a su prima Isabel, porque sabe que la necesita. E Isabel, cuando la ve llegar, no puede hacer otra cosa que llamarla bendita, porque ha tenido la valentía de creer en las promesas del Señor, porque ha tenido la valentía de aceptar los planes del Señor sobre ella: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

Cuando tenemos tan cerca la celebración del nacimiento de Jesús, en estos días en los que la comunidad cristiana espera con gozo la venida del Salvador, cuando los creyentes nos disponemos a celebrar la auténtica Navidad, contemplemos con fe y adoración todo lo que me sugiere este glorioso acontecimiento, meditemos, pensemos un poco en el significado de esta gran noticia.

El parto de María tan humano y tan divino a la vez, nos revela el verdadero rostro de Dios, no caigamos en la tentación de buscarlo en otro sitio, en verdadero rostro de Jesús está en la gruta de Belén. Rostro de Dios que se nos acerca como nunca hubiéramos podido imaginar. Aunque quede siempre en el misterio el hecho de que siendo Dios, se haga hombre como nosotros; si conseguimos hacer nuestra la fe en este acontecimiento, toda la realidad y toda nuestra historia adquiere una luz y un sentido nuevo, positivo y trascendente: “Dios está con nosotros, nos quiere tanto que se ha hecho uno de nosotros”. El nacimiento es la demostración más evidente del amor de Dios “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo a nacer entre nosotros”.

El evangelio nos presenta a María como la primera que creyó en este proyecto de Dios, fue la primera que tuvo la fe suficiente como para creer en Él. Una vez más la fe se nos muestra como el único acceso posible hacia Dios, sólo desde la fe podré aceptar, primero este mensaje, y segundo las consecuencias que ese nacimiento de Dios debe tener para mi vida. Sólo desde la fe podré aceptar y vivir que si Dios es un Dios cercano, yo tengo que ser cercano a los demás que viven junto a mí. Si Dios es un Dios sencillo y humilde, yo debo ser sencillo y humilde. Si Dios es un Dios misericordioso, como he tenido ocasión de vivirlo en el adviento, yo también debo ser misericordioso con los que me rodean. Esto sólo lo podré vivir y aceptar desde la fe, por lo tanto como los discípulos del Señor tengo que saber pedirle “Señor auméntanos la fe”. El hombre religioso debe estar siempre cultivando y profundizando su fe, ya que esta es la única garantía de sus certezas y de sus creencias.

Como todos los años la parroquia nos propone en estas fiestas tener un gesto de amor y desprendimiento con los que son pobres de verdad, lo podemos hacer de muchas maneras, pero hay que hacerlo. Lo puedes hacer ayudando a la hermana Encarna en su trabajo con los pobres de Bolivia, o aportando algo para las instituciones de las ciudad que trabajan por los que no tienen Hijas de la Caridad, Proyecto Hombre, o para las familias atendidas por los grupos de caridad de la parroquia: Voluntarias de la Caridad o Cáritas. Hay mucha necesidad y hay que hacer algo para aliviarla.

Al tiempo que hacemos esto, nos acordamos como siempre de los que se encuentran en peor situación que nosotros, los que están solos y no van tener ni en Nochebuena ni en Navidad ninguna muestra de cariño por parte de nadie que les haga comprender que el Dios que nace es sobre todo un Dios amoroso y cercano.


D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.

viernes, 22 de diciembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO – CICLO B – (24-12-2017)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,26-38


“En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María.

El ángel, entrando en su presencia, dijo:

- «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo; bendita tú eres entre las mujeres.»

Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél.

El ángel le dijo:

- «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.»

Y María dijo al ángel:

- «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?»

El ángel le contestó:

- «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios.

Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.»

María contestó:

- «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.»

Y la dejó el ángel.”



UN ANUNCIO SORPRENDENTE


El ángel le dijo: Alégrate.

Lucas narra el anuncio del nacimiento de Jesús en estrecho paralelismo con el del Bautista. El contraste entre ambas escenas es tan sorprendente que nos permite entrever con luces nuevas el Misterio del Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista sucede en «Jerusalén», la grandiosa capital de Israel, centro político y religioso del pueblo judío. El nacimiento de Jesús se anuncia en un pueblo desconocido de las montañas de Galilea. Una aldea sin relieve alguno, llamada «Nazaret», de donde nadie espera que pueda salir nada bueno. Años más tarde, estos pueblos humildes acogerán el mensaje de Jesús anunciando la bondad de Dios. Jerusalén por el contrario lo rechazará. Casi siempre, son los pequeños e insignificantes los que mejor entienden y acogen al Dios encarnado en Jesús.

El anuncio del nacimiento del Bautista tiene lugar en el espacio sagrado del «templo». El de Jesús en una casa pobre de una «aldea». Jesús se hará presente allí donde las gentes viven, trabajan, gozan y sufren. Vive entre ellos aliviando el sufrimiento y ofreciendo el perdón del Padre. Dios se ha hecho carne, no para permanecer en los templos, sino para «poner su morada entre los hombres» y compartir nuestra vida.

El anuncio del nacimiento del Bautista lo escucha un «varón» venerable, el sacerdote Zacarías, durante una solemne celebración ritual. El de Jesús se le hace a María, una «joven» de unos doce años. No se indica donde está ni qué está haciendo. ¿A quién puede interesar el trabajo de una mujer? Sin embargo, Jesús, el Hijo de Dios encarnado, mirará a las mujeres de manera diferente, defenderá su dignidad y las acogerá entre sus discípulos.

Por último, del Bautista se anuncia que nacerá de Zacarías e Isabel, una pareja estéril, bendecida por Dios. De Jesús se dice algo absolutamente nuevo. El Mesías nacerá de María, una joven virgen. El Espíritu de Dios estará en el origen de su aparición en el mundo. Por eso, «será llamado Hijo de Dios». El Salvador del mundo no nace como fruto del amor de unos esposos que se quieren mutuamente. Nace como fruto del Amor de Dios a toda la humanidad. Jesús no es un regalo que nos hacen María y José. Es un regalo que nos hace Dios.

José Antonio Pagola

viernes, 16 de diciembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO - CICLO A – (18-12-2016)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 1,18-24


“El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:

María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo.

José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:

- José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta:

- Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Enmanuel, que significa «Dios-con-nosotros».

Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.”



EXPERIENCIA INTERIOR


El evangelista Mateo tiene un interés especial en decir a sus lectores que Jesús ha de ser llamado también “Emmanuel”. Sabe muy bien que puede resultar chocante y extraño. ¿A quién se le puede llamar con un nombre que significa “Dios con nosotros”? Sin embargo, este nombre encierra el núcleo de la fe cristiana y es el centro de la celebración de la Navidad.

Ese misterio último que nos rodea por todas partes y que los creyentes llamamos “Dios” no es algo lejano y distante. Está con todos y cada uno de nosotros. ¿Cómo lo puedo saber? ¿Es posible creer de manera razonable que Dios está conmigo, si yo no tengo alguna experiencia personal por pequeña que sea?

De ordinario, a los cristianos no se nos ha enseñado a percibir la presencia del misterio de Dios en nuestro interior. Por eso, muchos lo imaginan en algún lugar indefinido y abstracto del Universo. Otros lo buscan adorando a Cristo presente en la eucaristía. Bastantes tratan de escucharlo en la Biblia. Para otros, el mejor camino es Jesús.

El misterio de Dios tiene, sin duda, sus caminos para hacerse presente en cada vida. Pero se puede decir que, en la cultura actual, si no lo experimentamos de alguna manera dentro de nosotros, difícilmente lo hallaremos fuera. Por el contrario, si percibimos su presencia en nuestro interior, nos será más fácil rastrear su misterio en nuestro entorno.

¿Es posible? El secreto consiste, sobre todo, en saber estar con los ojos cerrados y en silencio apacible, acogiendo con un corazón sencillo esa presencia misteriosa que nos está alentando y sosteniendo. No se trata de pensar en eso, sino de estar “acogiendo” la paz, la vida, el amor, el perdón... que nos llega desde lo más íntimo de nuestro ser.

Es normal que, al adentrarnos en nuestro propio misterio, nos encontremos con nuestros miedos y preocupaciones, nuestras heridas y tristezas, nuestra mediocridad y nuestro pecado. No hemos de inquietarnos, sino permanecer en el silencio. La presencia amistosa que está en el fondo más íntimo de nosotros nos irá apaciguando, liberando y sanando.

Karl Rahner, uno de los teólogos más importantes del siglo veinte, afirma que, en medio de la sociedad secular de nuestros días, “esta experiencia del corazón es la única con la que se puede comprender el mensaje de fe de la Navidad: Dios se ha hecho hombre”. El misterio último de la vida es un misterio de bondad, de perdón y salvación, que está con nosotros:

dentro de todos y cada uno de nosotros. Si lo acogemos en silencio, conoceremos la alegría de la Navidad.

José Antonio Pagola

.

viernes, 18 de diciembre de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO (20-12-2015)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 1,39-45


“En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.

En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito.

- ¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!

¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá.”

MUJERES CREYENTES

Después de recibir la llamada de Dios, anunciándole que será madre del Mesías, María se pone en camino sola. Empieza para ella una vida nueva, al servicio de su Hijo Jesús. Marcha "aprisa", con decisión. Siente necesidad de compartir su alegría con su prima Isabel y de ponerse cuanto antes a su servicio en los últimos meses de embarazo.

El encuentro de las dos madres es una escena insólita. No están presentes los varones. Solo dos mujeres sencillas, sin ningún título ni relevancia en la religión judía. María, que lleva consigo a todas partes a Jesús, e Isabel que, llena del espíritu profético, se atreve a bendecir a su prima sin ser sacerdote.

María entra en casa de Zacarías, pero no se dirige a él. Va directamente a saludar a Isabel. Nada sabemos del contenido de su saludo. Solo que aquel saludo llena la casa de una alegría desbordante. Es la alegría que vive María desde que escuchó el saludo del Ángel: "Alégrate, llena de gracia".

Isabel no puede contener su sorpresa y su alegría. En cuanto oye el saludo de María, siente los movimientos de la criatura que lleva en su seno y los interpreta maternalmente como "saltos de alegría". Enseguida, bendice a María "a voz en grito" diciendo: "Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre".

En ningún momento llama a María por su nombre. La contempla totalmente identificada con su misión: es la madre de su Señor. La ve como una mujer creyente en la que se irán cumpliendo los designios de Dios: "Dichosa porque has creído".

Lo que más le sorprende es la actuación de María. No ha venido a mostrar su dignidad de madre del Mesías. No está allí para ser servida sino para servir. Isabel no sale de su asombro. "¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?".

Son bastantes las mujeres que no viven con paz en el interior de la Iglesia. En algunas crece el desafecto y el malestar. Sufren al ver que, a pesar de ser las primeras colaboradoras en muchos campos, apenas se cuenta con ellas para pensar, decidir e impulsar la marcha de la Iglesia. Esta situación nos esta haciendo daño a todos.

El peso de una historia multisecular, controlada y dominada por el varón, nos impide tomar conciencia del empobrecimiento que significa para la Iglesia prescindir de una presencia más eficaz de la mujer. Nosotros no las escuchamos, pero Dios puede suscitar mujeres creyentes, llenas de espíritu profético, que nos contagien alegría y den a la Iglesia un rostro más humano. Serán una bendición. Nos enseñarán a seguir a Jesús con más pasión y fidelidad.

José Antonio Pagola

.

viernes, 19 de diciembre de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO (21-12-2014)

El texto evangélico es de Lc 1,26-38 y dice lo siguiente:


“El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret ,a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oírlo, ella se turbó y discurría qué clase de saludo era aquél. El ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reinado no tendrá fin. María respondió al ángel: ¿Cómo sucederá eso si no conozco a varón? El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te hará sombra; por eso, el Santo que va a nacer llevará el título de Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios. Respondió María: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel”.


* En esta última semana del Adviento se nos llama a intensificar el diálogo con Dios. Él viene a nuestro encuentro, asumiendo nuestra carne y poniéndose a nuestro alcance. Nosotros, para reconocerlo, también hemos de emprender el camino de la pequeñez. Dios quiere vivir la próxima Navidad con nosotros y nos pide que le abramos el corazón para recibirlo.


* En el evangelio de hoy nos encontramos con María. Ella ha sido elegida desde toda la eternidad para ser la Madre de Dios, para que el Hijo de Dios se haga carne mortal. Ella es la llena de gracia y su único interés es cumplir la voluntad de Dios. De ahí su absoluta disponibilidad: aquí está la esclava del Señor.

Dios no quería salvar al hombre sin contar con él y por eso busca la cooperación de María a través de su “si”. Dispuesta totalmente para Dios, lo acoge en su seno; a través de ella Dios se acerca a todos nosotros, es la puerta a través de la cual Dios entra en el mundo.

María nos enseña a comprender que las promesas de Dios siempre se cumplen, aunque sea por caminos inesperados.

María es la mujer de la fe, de la humildad, de la obediencia, de la entrega total a Dios con la que abraza también a todos los hombres.

María conoce la misión y el sentido de su vida. Por eso, a través de ella, podemos pedir al Señor que nos dé a conocer lo que espera de nosotros. Al responderle no sólo le diremos sí a él, sino que también toda nuestra vida adquirirá un sentido más profundo y nos permitirá amar mejor a quienes nos rodean.


* María, fiel a Dios, se ofreció como instrumento de su amor, como cauce, canal, comunicación de Dios con el hombre. Los cristianos debemos ser instrumentos de esperanza, y mirando a María debemos plantearnos si de verdad somos agentes de esperanza en medio del mundo, o si por el contrario somos agoreros de tragedias y de desilusión. En el mundo, en la Iglesia y en la sociedad hoy, hay un déficit de esperanza. Cuando los tiempos son duros, la esperanza no puede venirse abajo. Ha de mantenerse en alto. Esperanza en ideales más altos que los meramente materiales. En tiempos de crisis nuestra esperanza tiene que salir vigorizada.


* Dios se hace hombre porque quiere quedarse con nosotros. Será nuestro Rey, nuestro Salvador, el que viene a quitar el pecado del mundo.

¿Te estoy esperando Señor? Ven a salvarnos, Dios nuestro, tú eres la Vida y yo la necesito cada día.


* María, que yo sepa, igual que tú, confiar en Jesús; para que mi fe nunca me falte en la aventura de la vida, tan sujeta a las inclemencias del tiempo, a las vicisitudes y circunstancias.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


.

jueves, 19 de diciembre de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DEL ADVIENTO (22-12-2013)

.
El texto evangélico es de Mt 1, 18-24 y dice lo siguiente:


“El nacimiento de Jesucristo sucedió así: su madre, María, estaba prometida a José, y antes del matrimonio, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, decidió repudiarla en secreto. Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: -José, hijo de David, no tengas reparo en acoger a María como esposa tuya, pues lo que ha concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: Mira, la virgen está encinta, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel, que significa: Dios con nosotros. Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y acogió a María como esposa.”


* Poco antes de la Navidad nos encontramos con la figura de San José.

José, hombre sencillo y silencioso que cumple una misión en la vida de Jesús. Acepta inmediatamente cuanto le dice el ángel y acepta el mandato de hacer de padre de Jesús. José no pregunta nada, sólo obedece. La fe de José nos recuerda la de su esposa, María. José muestra un respeto absoluto al designio de Dos y no antepone nada a él. José permanece silencioso y es en ese silencio, signo de paz, donde se revelan los designios de Dios. José nos llama a potenciar la vida interior para dejarnos llenar por Dios, para recibir el amor de Dios en nuestro corazón.


* José acogió a María, fiándose él también de los designios divinos. Cuando Dios se hace presente en la realidad humana lo hace contando con nuestra libertad, sin forzar nuestra conciencia, casi como quien propone humildemente.

El temor de José estaba justificado. Había una ley que cumplir y todo un cúmulo de gente que iba a murmurar. Humanamente lo que hace José es tremendo. José decide asumir el reto y se aventura a acompañar a María en este momento crucial de su vida, signo también de gran amor hacia ella.

Dios es imprevisible, pero la confianza hace posible la calma después de la tempestad.


* Dios se hace hombre porque quiere quedarse con nosotros. Será nuestro Rey, nuestro Salvador, el que viene a quitar el pecado del mundo.

¿Te estoy esperando Señor? Ven a salvarnos, Dios nuestro, tú eres la Vida y yo la necesito cada día.


* María, que yo sepa, igual que tú e igual que José, confiar en Dios; para que mi fe nunca me falte en la aventura de la vida, tan sujeta a las inclemencias del tiempo, a las vicisitudes y circunstancias.

María, que yo sepa, igual que José, acogerte con ese amor que él te demostró.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

.

jueves, 20 de diciembre de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DOMINGO ADVIENTO (23-12-2012)

.
El texto del evangelio de este domingo es de Lc 1, 39-45 y dice lo siguiente:


"En aquellos días, María se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: “¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú, que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

* María, la mujer que confió en Dios, movida por su fe y por el amor, fue aprisa a la montaña a ayudar y servir a su prima, ya mayor que estaba embarazada. María descubre la necesidad y actúa en consecuencia. El amor le dio fuerza y alas a María para afrontar los riesgos y dificultades del camino. El amor puede hacer fácil lo que, sin amor, es difícil o imposible. Muchas veces, nuestra ineficacia y nuestro conformismo se deben a nuestra falta de amor.
Esta actitud de María es un ejemplo para todos los cristianos, aunque parece incompatible con el egoísmo de nuestra época. Hace falta cerrar los ojos y los oídos para no descubrir que hay alguien que nos llama con voces de angustia en medio de la crisis. Y es a este mundo de nuestro siglo a quien nosotros hemos de llevar a Cristo, al amor, como transmitió María.


* ¿Quién necesita, ante estas jornadas santas de la Navidad, una palabra de nuestros labios; un gesto fraterno de nuestras manos o una sonrisa sincera de nuestro rostro? ¿Somos conscientes que, sin caridad, no es auténtica nuestra Navidad? ¿Caemos en la cuenta que, una Navidad sin apertura hacia los más débiles o tristes, corre el peligro de quedarse en simple vanidad?
Que como María, aprendamos hoy que la fe en Dios tiene como consecuencia la atención caritativa a los más necesitados. Que como María respondamos a la necesidad con la actitud de servicio.
Que como en esta escena de la visitación de María a su prima, queramos nosotros también recibir a María para que, a través de ella, venga a nosotros Jesús.


* El tema del aborto está de plena actualidad. En este texto, Lucas nos narra cómo María acude a visitar a su prima llevando al Redentor en sus entrañas, y cómo desde el seno de Isabel, el niño salta de gozo. Bella escena para ilustrar las campañas a favor de la vida, y que hace imposible que un cristiano pueda aceptar el aborto. Muy gráfica y muy emocionante, que nos recuerda la importancia y la vida real que se desarrolla en el útero de cualquier embarazada.
Que seamos capaces de defender con valentía, el derecho a la vida en todos sus aspectos.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


.

jueves, 15 de diciembre de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE ADVIENTO (18-12-2011)

.
El texto evangélico es de Lc 1,26-38 y dice lo siguiente:


“El sexto mes envió Dios al ángel Gabriel a una ciudad de Galilea llamada Nazaret ,a una virgen prometida a un hombre llamado José, de la familia de David; la virgen se llamaba María. Entró el ángel a donde estaba ella y le dijo: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo. Al oírlo, ella se turbó y discurría qué clase de saludo era aquél. El ángel le dijo: No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás y darás a luz un hijo, a quien llamarás Jesús. Será grande, llevará el título de Hijo del Altísimo; el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, para que reine sobre la Casa de Jacob por siempre y su reinado no tendrá fin. María respondió al ángel: ¿Cómo sucederá eso si no conozco a varón? El ángel le respondió: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te hará sombra; por eso, el Santo que va a nacer llevará el título de Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, ha concebido en su vejez, y la que se consideraba estéril está ya de seis meses. Pues nada es imposible para Dios. Respondió María: Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. Y la dejó el ángel”.


* En el evangelio de hoy nos encontramos con María. Ella ha sido elegida desde toda la eternidad para ser la Madre de Dios, para que el Hijo de Dios se haga carne mortal. Ella es la llena de gracia y su único interés es cumplir la voluntad de Dios. De ahí su absoluta disponibilidad: aquí está la esclava del Señor.
Dios no quería salvar al hombre sin contar con él y por eso busca la cooperación de María a través de su “si”. Dispuesta totalmente para Dios, lo acoge en su seno; a través de ella Dios se acerca a todos nosotros.
María es la mujer de la fe, de la humildad, de la obediencia, de la entrega total a Dios con la que abraza también a todos los hombres.
María conoce la misión y el sentido de su vida. Por eso, a través de ella, podemos pedir al Señor que nos dé a conocer lo que espera de nosotros. Al responderle no sólo le diremos sí a él, sino que también toda nuestra vida adquirirá un sentido más profundo y nos permitirá amar mejor a quienes nos rodean.

* María, fiel a Dios, se ofreció como instrumento de su amor, como cauce, canal, comunicación de Dios con el hombre. Los cristianos debemos ser instrumentos de esperanza, y mirando a María debemos plantearnos si de verdad somos agentes de esperanza en medio del mundo, o si por el contrario somos agoreros de tragedias y de desilusión. En el mundo, en la Iglesia y en la sociedad hoy, hay un déficit de esperanza. Cuando los tiempos son duros, la esperanza no puede venirse abajo. Ha de mantenerse en alto. Esperanza en ideales más altos que los meramente materiales. En tiempos de crisis nuestra esperanza tiene que salir vigorizada.

* Dios se hace hombre porque quiere quedarse con nosotros. Será nuestro Rey, nuestro Salvador, el que viene a quitar el pecado del mundo.
¿Te estoy esperando Señor? Ven a salvarnos, Dios nuestro, tú eres la Vida y yo la necesito cada día.

* María, que yo sepa, igual que tú, confiar en Jesús; para que mi fe nunca me falte en la aventura de la vida, tan sujeta a las inclemencias del tiempo, a las vicisitudes y circunstancias.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
.

jueves, 16 de diciembre de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DOMINGO ADVIENTO (19-12-2010)

El texto evangélico es de Mt 1, 18-24 y dice lo siguiente:

“El nacimiento de Jesucristo sucedió así: su madre, María, estaba prometida a José, y antes del matrimonio, resultó que estaba encinta por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era un hombre justo y no quería denunciarla públicamente, decidió repudiarla en secreto. Ya lo tenía decidido, cuando un ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: ---José, hijo de David, no tengas reparo en acoger a María como esposa tuya, pues lo que ha concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, a quien llamarás Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por medio del profeta: Mira, la virgen está encinta, dará a luz a un hijo que se llamará Emanuel, que significa: Dios con nosotros. Cuando José se despertó del sueño, hizo lo que el ángel del Señor le había ordenado y acogió a María como esposa.”

* José acogió a María, fiándose él también de los designios divinos. Cuando Dios se hace presente en la realidad humana lo hace contando con nuestra libertad, sin forzar nuestra conciencia, casi como quien propone humildemente.
El temor de José estaba justificado. Había una ley que cumplir y todo un cúmulo de gente que iba a murmurar. Con todo, decide asumir el reto y se aventura a acompañar a María en este momento crucial de su vida, signo también de gran amor hacia ella.
Dios es imprevisible, pero la confianza hace posible la calma después de la tempestad.

* Dios se hace hombre porque quiere quedarse con nosotros. Será nuestro Rey, nuestro Salvador, el que viene a quitar el pecado del mundo.
¿Te estoy esperando Señor? Ven a salvarnos, Dios nuestro, tú eres la Vida y yo la necesito cada día.

* María, que yo sepa, igual que tú e igual que José, confiar en Jesús; para que mi fe nunca me falte en la aventura de la vida, tan sujeta a las inclemencias del tiempo, a las vicisitudes y circunstancias.
María, que yo sepa, igual que José, acogerte con ese amor que él te demostró.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
.