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viernes, 17 de septiembre de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO B – (19-9-2021)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,30-37


“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».”



EL RECHAZO AL JUSTO

“Acechemos al justo, que nos resulta incómodo”. Así se confabulan los impíos para denunciar a quien, con su sola presencia, les echa en cara su impiedad. Esa actitud está recogida por el libro de la Sabiduría (Sab. 2,17-20).

Quien trata de vivir con honradez y coherencia, recibe acusaciones, calumnias y marginación, por parte de otros o de sus propios compañeros. El texto bíblico menciona tres acusaciones que se lanzan contra quien vive con rectitud: “Se opone a nuestras acciones, nos echa en cara nuestros pecados, nos reprende nuestra educación errada”.

El salmo responsorial recoge la oración del perseguido: “Oh Dios, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder … porque unos insolentes se alzan contra mí” (Sal 53).

En la misma línea se colocan las advertencias que se nos transmiten en la carta de Santiago. Frente a las envidias y rivalidades del entorno, “los que procuran la paz, están sembrando la paz y su fruto es la justicia” (Sant 3,18).


LA MUERTE Y EL PRESTIGIO

Las acusaciones contra el justo, que recoge el libro de la Sabiduría encuentran un eco en las palabras con las que Jesús anuncia su propia muerte a los discípulos: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán, y después de muerto, a los tres días resucitará” (Mc 9, 31). El relato parece jugar con las contraposiciones:

• Jesús es muy consciente de que habrá de afrontar la muerte en Jerusalén y que después resucitará. Sin embargo, los discípulos que le siguen por los caminos no entienden de qué les está hablando. Es más, les da miedo pedirle una explicación.

• En realidad, el evangelio sugiere que los discípulos no han llegado a aprender la principal lección de su Maestro. Jesús habla de su próxima muerte, mientras que ellos se entretienen en discutir quién de ellos es el más importante.

• El que es la Palabra, también a nosotros nos pregunta qué es lo que nos preocupa mientras vamos “de camino”. Lamentablemente, a su palabra solo podemos responder con un silencio avergonzado, porque solo nos importa nuestro prestigio personal.

EL SIGNO DE LA ACOGIDA


El evangelio anota que Jesús se sentó, como hizo al iniciar el Sermón de la Montaña. También ahora quiere enseñar una lección importante: “El que acoge a un niño como éste en mi nombre, me acoge a mí; y el que me acoge a mí, no me acoge a mí, sino al que me ha enviado”. Evidentemente la actitud de “acoger” reflejaba su espíritu y dejaba en evidencia la altivez de sus discípulos: los de antes y los de ahora.

• Acoger a un niño era y es el signo más claro de la gratuidad. El niño todavía no realiza un trabajo ni recibe un salario. No es “productivo”, pero tiene toda la dignidad de la persona. Acoger a un niño significa reconocer la importancia del débil. Es decir, del “in-útil”

• Acoger a Jesús era y es el signo más elocuente de la hospitalidad. El que no tenía donde reclinar la cabeza sigue hoy llamando a nuestra puerta. Nosotros decimos que mañana le abriremos… “para lo mismo responder mañana”, como escribió Lope de Vega.

• Acoger al que ha enviado a Jesús era y es el signo más evidente de nuestra fe en el Padre. Es reconocerlo como el enviado para nuestra salvación. Es aceptar su palabra y su estilo de vida. Quien cree en el enviado cree también en quien lo envió.

- Señor Jesús, tú eras y eres el Justo enviado por Dios. Con tu sola presencia eras y eres un signo que denuncia nuestras hipocresías, nuestras ansias de grandeza, nuestro desprecio de los pequeños y los humildes. Perdona nuestro orgullo. Y ayúdanos a descubrirte y acogerte en los más pequeños y despreciados por nuestra sociedad. Amén.

José-Román Flecha Andrés

 

sábado, 19 de septiembre de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (20-9-2020)

 Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

- «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a *contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido."

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo-. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"

Le respondieron:

"Nadie nos ha contratado."

Él les dijo:

"Id también vosotros a mi viña."

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:

"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros."

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:

"Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno."

Él replicó a uno de ellos:

"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».”


EL JORNAL

Como el cielo es más alto que la tierra, mis caminos son más altos que los vuestros, mis planes, que vuestros planes” (Is 55,9). Este oráculo divino, recogido en el libro de Isaías, repite un mensaje que debería constituir una de nuestras primeras afirmaciones de fe.

Dios no es indiferente a la peripecia humana. Él nos conoce y nos ama. Está cerca de nosotros. Pero no podemos imaginarlo según nuestros esquemas de pensamiento y de conducta. Sus planes no coinciden con los nuestros. Y nuestros planes muy pocas veces coinciden con los planes de Dios.

El salmo responsorial confiesa esa cercanía de Dios: “El Señor es justo en todos sus caminos, es bondadoso en todas sus acciones; cerca está el Señor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente” (Sal 144,17-18). La fe nos ayudará a repetir con san Pablo: “Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir” (Flp 1,21).


LA LLAMADA DE DIOS

En la parábola que hoy se proclama, Jesús presenta a un propietario que sale varias veces al día a contratar jornaleros para que vayan a trabajar a su viña (Mt 20,1-16). Se ajusta con todos en un denario. Pero al final de la tarde paga a todos por igual. Esto suscita las protestas de los que han trabajado durante más horas.

• En primer lugar se nos recuerda que Dios es el dueño y nosotros somos unos jornaleros. Él es el Señor. Hemos de estar agradecidos porque ha querido contar con nosotros. Trabajar en su viña es un honor.

• El Señor nos paga con lo que nos ha prometido. Si paga a los últimos como a los primeros es tan solo un signo de su bondad. La misericordia de Dios es sorprendente. Su misericordia no es injusta, pero va más allá de la justicia.

• Es cierto que en esta tierra y en nuestra sociedad tenemos el deber de defender nuestros derechos. Pero nadie puede presumir de haber adquirido unos derechos ante Dios. Todo es gracia.


LA LIBERTAD DE DIOS

La parábola de los jornaleros se cierra con dos preguntas y una reflexión sapiencial que es todo un desafío:

• “¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos?” Con demasiada frecuencia nos atrevemos a juzgar a Dios. Como si él necesitara nuestros consejos. Como si nosotros tuviéramos la sabiduría que a él le falta.

• “¿Vas a tener tu envidia porque yo soy bueno?” Los criterios que utilizamos para evaluar los acontecimientos están dictados muchas veces por nuestros intereses. Nuestro egoísmo nos impide aceptar que los caminos de Dios no son nuestros caminos.

• “Los últimos serán los primeros y los primeros los últimos”. En contra de lo que se piensa en nuestro mundo, lo que nos hace valiosos ante Dios no son nuestros esfuerzos, sino su amor gratuito y universal.

- Padre nuestro, clemente y misericordioso, agradecemos de corazón que nos hayas elegido para trabajar en la viña de tu reino. Sabemos que no tenemos derecho a imponerte nuestros criterios y nuestras normas. Así que danos humildad para aceptar tu voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

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domingo, 22 de septiembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (22-9-2019)

LUCAS 16, 1-13.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes. Entonces lo llamó y le dijo: ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido. El administrador se puso a echar sus cálculos: ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa. Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ¿Cuánto debes a mi amo? Éste respondió: Cien barriles de aceite. Él le dijo: Aquí está tu recibo; aprisa, siéntate y escribe “cincuenta”. Luego dijo a otro: Y tú, ¿cuánto debes? Él respondió: Cien fanegas de trigo. Le dijo: Aquí está tu recibo, escribe “ochenta”. Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz». Y yo os digo: «Ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas. El que es de fiar en lo menudo también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo tampoco en lo importante es honrado. Si no fuisteis de fiar en el injusto dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, ¿lo vuestro, quién os lo dará? Ningún siervo puede servir a dos amos, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero».”


En este evangelio, Jesús nos vuelve a poner otra de esas exigencias que cuando la escuchamos hace que algo chirríe en nuestro interior: no podéis servir a Dios y al dinero (recordemos que esto, está dicho hace XXI siglos). Si hace dos domingos nos decía que el afecto hacía Él debería estar por encima del de nuestra propia familia, hoy nos lanza este nuevo reto.

Jesús no condena el dinero, que es algo imprescindible para vivir, lo necesitamos incluso para cumplir con la misión de anunciar el Reino de Dios en nuestro mundo. Pero nos pide que apliquemos algunos elementos correctores que sí son importantes, por ejemplo, que el dinero no sea el centro de nuestra vida, o sea que nuestra vida no se mueva únicamente por el deseo de tener cuanto más mejor, sino que haya otros valores que influyan más decisivamente en mi modo de vivir, que haya otras cosas que me preocupen más que el ese deseo desproporcionado y enfermizo de poseer cuanto más poder económico mejor.

Dejando, por lo tanto, por sentado que no vamos a seguir al pie de la letra lo que Jesús nos pide, miremos a nuestro alrededor y veamos donde podemos demostrar nuestra solidaridad con los que tienen menos que nosotros, la parroquia nos puede ayudar en este sentido, colaborando con ella en sus ayudas organizadas a los pobres de la misma: su distribución de alimentos, su ayuda a particulares realmente necesitados. Es decir, ojalá estas palabras de Jesús despierten en mi esa necesidad de ayudar un poco más a los demás, también desde el punto de vista material. Si lo pienso un poco descubriré que puedo hacer más de lo que hago, y que muchas veces en lo que dice relación a mi colaboración económica con la parroquia o con campañas concretas no suele ser muy generosa.

Hoy la palabra de Dios me pide que revise este aspecto de mi vida de compromiso cristiano ¿hasta dónde me voy a comprometer a llegar? Le pedimos al Señor que nos de fuerza para dar pasos también en este sentido, que aumente en nosotros la generosidad, que nos haga ser un poco más sensibles a las necesidades de los demás.

Ante la proximidad del inicio de un nuevo curso estamos intentando sensibilizarnos de que no podemos seguir como siempre en lo que dice relación con nuestra vida de fe, no puedo seguir con lo mínimo, tengo que exigirme más, pero para eso tengo que querer hacerlo, por eso no dejes de seguir reflexionado sobre qué es lo que vas a hacer de nuevo en este curso. Se lo pedimos al Señor los unos para los otros, y seguimos recordando a todos los que sufren, están solos o enfermos.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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viernes, 21 de septiembre de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DOMINGO TIEMPO ORDINARIO – CICLO B – (23-9-2018)

Lectura del santo evangelio según san Marcos 9,30-37


“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: «El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará». Pero no entendían aquello, y les daba miedo preguntarle.

Llegaron a Cafarnaún, y, una vez en casa, les preguntó: «¿De qué discutíais por el camino?». Ellos no contestaron, pues por el camino habían discutido quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce y les dijo: «Quien quiera ser primero, que sea el último de todos y el servidor de todos». Y, acercando a un niño, lo puso en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: «El que acoge a un niño como este en mi nombre me acoge a mí; y el que me acoge a mí no me acoge a mí, sino al que me ha enviado».”



DOS ACTITUDES MUY DE JESÚS


Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos.

El grupo de Jesús atraviesa Galilea, camino de Jerusalén. Lo hacen de manera reservada, sin que nadie se entere. Jesús quiere dedicarse enteramente a instruir a sus discípulos. Es muy importante lo que quiere grabar en sus corazones: su camino no es un camino de gloria, éxito y poder. Es lo contrario: conduce a la crucifixión y al rechazo, aunque terminará en resurrección.

A los discípulos no les entra en la cabeza lo que les dice Jesús. Les da miedo hasta preguntarle. No quieren pensar en la crucifixión. No entra en sus planes ni expectativas. Mientras Jesús les habla de entrega y de cruz, ellos hablan de sus ambiciones: ¿Quién será el más importante en el grupo? ¿Quién ocupará el puesto más elevado? ¿Quién recibirá más honores?

Jesús «se sienta». Quiere enseñarles algo que nunca han de olvidar. Llama a los Doce, los que están más estrechamente asociados a su misión y los invita a que se acerquen, pues los ve muy distanciados de él. Para seguir sus pasos y parecerse a él han de aprender dos actitudes fundamentales.

• Primera actitud: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y servidor de todos». El discípulo de Jesús ha de renunciar a ambiciones, rangos, honores y vanidades. En su grupo nadie ha de pretender estar sobre los demás. Al contrario, ha de ocupar el último lugar, ponerse al nivel de quienes no tienen poder ni ostentan rango alguno. Y, desde ahí, ser como Jesús: «servidor de todos».

• La segunda actitud es tan importante que Jesús la ilustra con un gesto simbólico entrañable. Pone a un niño en medio de los Doce, en el centro del grupo, para que aquellos hombres ambiciosos se olviden de honores y grandezas, y pongan sus ojos en los pequeños, los débiles, los más necesitados de defensa y cuidado. Luego, lo abraza y les dice: «El que acoge a un niño como este en mi nombre, me acoge a mí». Quien acoge a un «pequeño» está acogiendo al más «grande», a Jesús. Y quien acoge a Jesús está acogiendo al Padre que lo ha enviado.

Una Iglesia que acoge a los pequeños e indefensos está enseñando a acoger a Dios. Una Iglesia que mira hacia los grandes y se asocia con los poderosos de la tierra está pervirtiendo la Buena Noticia de Dios anunciada por Jesús.

José Antonio Pagola

viernes, 22 de septiembre de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (24-9-2017)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 20, 1-16


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola:

-«El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a *contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.

Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo, y les dijo:

"Id también vosotros a mi viña, y os pagaré lo debido."

Ellos fueron.

Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde e hizo lo mismo-. Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo:

¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?"

Le respondieron:

"Nadie nos ha contratado."

Él les dijo:

"Id también vosotros a mi viña."

Cuando oscureció, el dueño de la viña dijo al capataz:

"Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros."

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.

Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Entonces se pusieron a protestar contra el amo:

"Estos últimos han trabajado sólo una hora, y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno."

Él replicó a uno de ellos:

"Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?"

Así, los últimos serán los primeros y los primeros los últimos».”



NO DESVIRTUAR LA BONDAD DE DIOS


A lo largo de su trayectoria profética, Jesús insistió una y otra vez en comunicar su experiencia de Dios como “un misterio de bondad insondable” que rompe todos nuestros cálculos. Su mensaje es tan revolucionario que, después de veinte siglos, hay todavía cristianos que no se atreven a tomarlo en serio.

Para contagiar a todos su experiencia de ese Dios Bueno, Jesús compara su actuación a la conducta sorprendente del señor de una viña. Hasta cinco veces sale él mismo en persona a contratar jornaleros para su viña. No parece preocuparle mucho su rendimiento en el trabajo. Lo que quiere es que ningún jornalero se quede un día más sin trabajo.

Por eso mismo, al final de la jornada, no les paga ajustándose al trabajo realizado por cada grupo. Aunque su trabajo ha sido muy desigual, a todos les da “un denario”: sencillamente, lo que necesitaba cada día una familia campesina de Galilea para poder vivir.

Cuando el portavoz del primer grupo protesta porque ha tratado a los últimos igual que a ellos, que han trabajado más que nadie, el señor de la viña le responde con estas palabras admirables: “¿Vas a tener envidia porque yo soy bueno?”. ¿Me vas a impedir con tus cálculos mezquinos ser bueno con quienes necesitan su pan para cenar?

¿Qué está sugiriendo Jesús? ¿Es que Dios no actúa con los criterios de justicia e igualdad que nosotros manejamos? ¿Será verdad que Dios, más que estar midiendo los méritos de las

personas como lo haríamos nosotros, busca siempre responder desde su Bondad insondable a nuestra necesidad radical de salvación?

Confieso que siento una pena inmensa cuando me encuentro con personas buenas que se imaginan a Dios dedicado a anotar cuidadosamente los pecados y los méritos de los humanos, para retribuir un día exactamente a cada uno según su merecido. ¿Es posible imaginar un ser más inhumano que alguien entregado a esto desde toda la eternidad?

Creer en un Dios, Amigo incondicional, puede ser la experiencia más liberadora que se pueda imaginar, la fuerza más vigorosa para vivir y para morir. Por el contrario, vivir ante un Dios justiciero y amenazador puede convertirse en la neurosis más peligrosa y destructora de la persona.

Hemos de aprender a no confundir a Dios con nuestros esquemas estrechos y mezquinos. No hemos de desvirtuar su Bondad insondable mezclando los rasgos auténticos que provienen de Jesús con trazos de un Dios justiciero tomados del Antiguo Testamento. Ante el Dios Bueno revelado en Jesús, lo único que cabe es la confianza.

José Antonio Pagola

viernes, 16 de septiembre de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (18-9-2016)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 16,1-13


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

Un hombre rico tenía un administrador y le llegó la denuncia de que derrochaba sus bienes.

Entonces lo llamó y le dijo:

- ¿Qué es eso que me cuentan de ti? Entrégame el balance de tu gestión, porque quedas despedido.

El administrador se puso a echar sus cálculos:

- ¿Qué voy a hacer ahora que mi amo me quita el empleo? Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me echen de la administración, encuentre quien me reciba en su casa.

Fue llamando uno a uno a los deudores de su amo, y dijo al primero:

- ¿Cuánto debes a mi amo?

Éste respondió:

- Cien barriles de aceite.

Él le dijo:

- Aquí está tu recibo: aprisa, siéntate y escribe «cincuenta».

Luego dijo a otro:

- Y tú, ¿cuánto debes?

Él contestó:

- Cien fanegas de trigo.

Le dijo:

- Aquí está tu recibo: escribe «ochenta».

Y el amo felicitó al administrador injusto, por la astucia con que había procedido. Ciertamente, los hijos de este mundo son más astutos con su gente que los hijos de la luz.

Y yo os digo: ganaos amigos con el dinero injusto, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas.

El que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar; el que no es honrado en lo menudo, tampoco en lo importante es honrado.

Si no fuisteis de fiar en el vil dinero, ¿quién os confiará lo que vale de veras? Si no fuisteis de fiar en lo ajeno, lo vuestro ¿quién os lo dará?

Ningún siervo puede servir a dos amos: porque o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero.”



NO SOLO CRISIS ECONÓMICA

“No podéis servir a Dios y al Dinero”. Estas palabras de Jesús no pueden ser olvidadas en estos momentos por quienes nos sentimos sus seguidores, pues encierran la advertencia más grave que ha dejado Jesús a la Humanidad. El Dinero, convertido en ídolo absoluto, es el gran enemigo para construir ese mundo más justo y fraterno, querido por Dios.

Desgraciadamente, la Riqueza se ha convertido en nuestro mundo globalizado en un ídolo de inmenso poder que, para subsistir, exige cada vez más víctimas y deshumaniza y empobrece cada vez más la historia humana. En estos momentos nos encontramos atrapados por una crisis generada en gran parte por el ansia de acumular.

Prácticamente, todo se organiza, se mueve y dinamiza desde esa lógica: buscar más productividad, más consumo, más bienestar, más energía, más poder sobre los demás... Esta lógica es imperialista. Si no la detenemos, puede poner en peligro al ser humano y al mismo Planeta.

Tal vez, lo primero es tomar conciencia de lo que está pasando. Esta no es solo una crisis económica. Es una crisis social y humana. En estos momentos tenemos ya datos suficientes en nuestro entorno y en el horizonte del mundo para percibir el drama humano en el que vivimos inmersos.

Cada vez es más patente ver que un sistema que conduce a una minoría de ricos a acumular cada vez más poder, abandonando en el hambre y la miseria a millones de seres humanos, es una insensatez insoportable. Inútil mirar a otra parte.

Ya ni las sociedades más progresistas son capaces de asegurar un trabajo digno a millones de ciudadanos. ¿Qué progreso es este que, lanzándonos a todos hacia el bienestar, deja a tantas familias sin recursos para vivir con dignidad?

La crisis está arruinando el sistema democrático. Presionados por las exigencias del Dinero, los gobernantes no pueden atender a las verdaderas necesidades de sus pueblos. ¿Qué es la política si ya no está al servicio del bien común?

La disminución de los gastos sociales en los diversos campos y la privatización interesada e indigna de servicios públicos como la sanidad seguirán golpeando a los más indefensos generando cada vez más exclusión, desigualdad vergonzosa y fractura social. Los seguidores de Jesús no podemos vivir encerrados en una religión aislada de este drama humano. Las comunidades cristianas pueden ser en estos momentos un espacio de concienciación, discernimiento y compromiso. Nos hemos de ayudar a vivir con lucidez y responsabilidad. La crisis nos puede hacer más humanos y más cristianos.

José Antonio Pagola
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viernes, 18 de septiembre de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (20-9-2015)

El texto evangélico es de Mc 9, 30-37 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: -El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de hombres que le darán muerte; después de morir, al cabo de tres días, resucitará. Ellos, aunque no entendían el asunto, no se atrevían a preguntarle. Llegaron a Cafarnaún y, ya en casa, les preguntó: -¿De qué hablabais por el camino? Se quedaron callados, pues por el camino iban discutiendo quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: -El que quiera ser el primero, que se haga el último de todos y el servidor de todos. Después llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: -Quien acoja a uno de estos niños en mi nombre, a mí me acoge. Quien me acoge a mí, no es a mí a quién acoge, sino al que me ha enviado”.


* Hoy Jesús anuncia, por segunda vez, que “el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán”. La semana pasada veíamos como Pedro no era capaz de entender ese anuncio. La insistencia de Jesús, al hacerlo de nuevo, nos indica la dificultad que tenemos para asumir el misterio de la cruz; nos cuesta dejar que la cruz esté presente en nuestra vida, nos da miedo las renuncias que pueda suponer esta realidad, nos duele el esfuerzo de seguir a Jesús.


* Por otra parte, vemos cómo los discípulos no sólo desatienden el anuncio de la pasión de Jesús, sino que se ponen a pensar en un sentido totalmente contrario, discutiendo sobre quién era el más importante. Este es un peligro de todos los cristianos: llevar una conversación paralela a la que mantenemos con Jesús.

Los discípulos de Jesús son como nosotros: ignorantes, cobardes, llenos de miedo, obstinados, que tardan mucho en captar las enseñanzas del evangelio...Por una parte generosos, por la otra esconden sus intereses. Por un lado idealistas, por el otro materialistas. Con los labios dicen a Jesús que sólo Él llena sus idas, pero en realidad van buscando el poder.

El evangelio desenmascara a los discípulos y a nosotros. Jesús habla con claridad: el que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos. Jesús proclama la renuncia al fasto, a la fama, al poder..., y el servicio a los últimos. La primacía no está en la comparación con los demás, por los cargos, sino en la cercanía a Jesús, que se manifiesta en el servicio. Eso es entender la vida desde Dios, eso es seguir a Jesús, eso es aceptar y cargar con la cruz.

A veces sentimos miedo de las ofertas de Dios y nos aferramos con fuerza a las ofertas de los hombres. Pensamos más en la escala de los honores y de las importancias humanas, que en nuestra generosa entrega a la voluntad de Dios.


* También Jesús exhorta en este texto a acoger a los niños. En el mundo antiguo eran considerados insignificantes. Al invitarnos a poner la atención en lo pequeño, a abrazarlo, como hace Jesús, se nos indica que allí está el querer de Dios. El que es pequeño vale porque Jesús ha dado su vida por él y es su defensor. Acoger al indefenso, al que vale poco a los ojos del mundo, nos da la oportunidad de descubrir la misericordia de Dios, que nos ama en nuestra inconsistencia. Es su amor el que nos da firmeza. Es también en el servicio a los demás donde nuestra mirada se va clarificando para comprender mejor cómo nos ha amado Jesús.


* Señor, qué incomprensible la actitud de tus discípulos, discutiendo quien era el más importante, mientras tú les hablabas de que ibas camino del calvario. Qué incomprensible mi actitud similar a veces.

Yo quiero ser tu discípulo, el último de todos, sin grandes ambiciones, como uno de los niños a quienes acoges y abrazas.


* María, Madre de Jesús y Madre mía, llévame de tu mano como a un niño pequeño y condúceme hacia la senda del servicio a los demás, a seguir las huellas de tu Hijo Jesús.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 18 de septiembre de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (21-9-2014)

El texto evangélico es de Mt 20, 1-16 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos se parece a un hacendado que salió de mañana a contratar braceros para su viña. Se apalabró con ellos en un denario al día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana, vio en la plaza a otros que no tenían trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos se fueron. Volvió a salir a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Al caer de la tarde salió, encontró otros que no tenían trabajo y les dijo: ¿Qué hacéis aquí parados todo el día sin trabajar? Le contestan: Nadie nos ha contratado. Y él les dice: Id también vosotros a mi viña. Al anochecer, el dueño de la viña dijo al capataz: Reúne a los braceros y págales su jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Pasaron los del atardecer y recibieron un denario. Cuando llegaron los primeros, esperaban recibir más; pero también ellos recibieron un denario. Al recibirlo, protestaron al hacendado: Estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día. Él contestó a uno de ellos: Amigo, no te hago injusticia; ¿no nos apalabramos en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Que yo quiero dar al último lo mismo que a ti. ¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso? Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.”


* La parábola que leemos en el evangelio de hoy nos habla sobre todo de la misericordia de Dios y de la gratuidad de su amor; pero es una parábola que nos puede resultar desconcertante porque, de entrada, nos parece injusto que se pague lo mismo a personas que han trabajado de manera desigual: los del inicio de la jornada y los que se han incorporado a última hora. Sobresale en esta parábola el aspecto de la misericordia de Dios, pero también podemos descubrir el de la justicia: en la justicia final de Dios cada uno será juzgado y premiado no sólo por su trabajo, sino por su respuesta generosa a la llamada cuando la ha recibido (unos la reciben en la infancia, otros en la adolescencia, otros más tarde; pero ante esto no hay privilegiados para Dios).

A cada uno de nosotros, el Señor nos va a pedir que respondamos con arreglo a aquello que nos ha pedido. Cada uno tenemos en el mundo y en la Iglesia nuestra propia responsabilidad. Y no podemos molestarnos por ello, ni pedir a otros las responsabilidades que nosotros no somos capaces de cumplir. Ser responsable es responder cada uno ante el Señor de aquello para lo que hemos sido llamados: padre de familia, sacerdote, consagrado....Y debemos estar alegres y agradecidos de sabernos llamados por el Señor a ser colaboradores suyos, en la tarea que sea.


* ¿Se puede cuantificar el Amor de Dios? ¿Podemos exigirle a Dios una paga? ¿Somos conscientes de lo que recibimos de Él? Dios no usa nuestras calculadas medidas. Su medida es amar sin medida. ¿Eso puede molestar a alguien?


* Esta parábola también nos habla de la necesidad que tiene toda persona de encontrar su misión en el mundo. No estamos en la tierra sólo para pasar la vida, sino para realizar una tarea y sentirnos útiles. El drama actual del paro que afecta a tantas personas en nuestros días, nos ayuda a comprender mejor el bien que significa poder trabajar.

El propietario representa a Dios, con una mirada cargada de compasión sobre los últimos contratados: le duele más la inactividad de aquellas personas que la productividad de su viña. Bajo la imagen del trabajo aparece la llamada del amor. Somos amados para que podamos amar a los demás y así realizar nuestra vida.

La viña representa a la Iglesia, el lugar en el que experimentamos el amor a Dios y en el que debemos participar de su misión evangelizadora. Todos estamos llamados a construir la Iglesia: con nuestra oración, nuestro sacrificio, nuestro apostolado, las obras de misericordia... Conforme vamos descubriendo nuestro lugar en la Iglesia, experimentamos mayor alegría y encontramos el sentido de nuestra vida.


* Señor, en las justicias humanas no caben los criterios de tu generosidad, tanto trabajas, tanto cobras. Sin faltar a tu palabra, tú das a todos por igual porque miras las necesidades, no las horas de trabajo. ¿O es que yo merezco por mi trabajo tantos mimos, tantos beneficios como recibo de tu mano?


* María, Madre de bondad, intercede ante tu Hijo para que nos dé conciencia clara de nuestra propia responsabilidad en el mundo y en la Iglesia, y fuerzas para desarrollarla.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


viernes, 20 de septiembre de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (22-9-2013)

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El texto evangélico es de Lc 16, 1-13 y dice lo siguiente:


“En aquel tiempo Jesús decía a los discípulos: ---Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes. Lo llamó y le dijo: ---¿Qué es eso que me cuentan de ti? Dame cuentas de tu administración, pues no podrás seguir en el puesto. El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el amo me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa. Fue llamando uno por uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ---¿Cuánto debes a mi amo? Contestó: ---Cien barriles de aceite. Le dijo: ---Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta. Al segundo le dijo: ---Y tú, ¿cuánto debes? Contestó: ---Cien fanegas de trigo. Le dice: ---Toma tu recibo y escribe ochenta. El amo alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado. Pues los ciudadanos de este mundo son más astutos con sus colegas que los ciudadanos de la luz. Y yo os digo que con el dinero sucio os ganéis amigos, de modo que, cuando se acabe, os reciban en la morada eterna. El que es de fiar en lo poco, es de fiar en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho. Pues si con el dinero sucio no habéis sido de fiar, ¿quién os confiará el legítimo? Si en lo ajeno no habéis sido de fiar, ¿quién os encomendará lo vuestro? Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No podéis estar al servicio de Dios y del dinero.”

* En las parábolas del domingo anterior se nos mostraba cómo Dios siempre está dispuesto a perdonarnos. La lectura de hoy da un paso más: los que hemos sido perdonados por Dios y hemos experimentado las riquezas de su misericordia tenemos que querer servirle ayudando a nuestro prójimo en sus necesidades.


* Jesús quiere enseñarnos que debemos tomar una decisión fundamental en nuestra vida: optar por elegir a Dios o por el contrario, dejarse atraer por el peligro de las riquezas; que no es que sean malas, sino que podemos centrarnos sólo en ellas y entonces olvidarnos de Dios. Para un cristiano, Dios debe estar por encima de cualquier tipo de bienes, sobre todo de los materiales.


* Dios nos ha constituido a todos en administradores de sus bienes con los dones que nos ha dado a cada uno, y que van más allá de los bienes materiales. Su deseo es que los empleemos en bien de los demás, siendo ése también nuestro bien. Se trata de pasar del egoísmo al amor. El amor a Dios nos abre al amor a los hermanos, y a su vez el amor a los demás alimenta nuestro amor a Dios. La alegría de Dios es que sus bienes se difundan, y eso es lo que hacemos compartiendo lo que tenemos con los demá.


* En esta parábola se ensalza la astucia del administrador que trata de ganarse amigos para luego no pasar apuros en época de carestía. ¿Los amigos de Dios le damos a Él la misma importancia que le daba este administrador al dinero? Esta misma actitud astuta del administrador, bien enfocada, puede ser la de una persona de fe: aprovechar los bienes de la Tierra para forjarnos la paz en el alma, promover la justa redistribución de la riqueza para que a nadie falte lo necesario para vivir conforme a la dignidad humana.


* María, que yo aprenda de ti a moderar mi apego a las riquezas, y pueda comprender que la verdadera riqueza es la de la persona en paz consigo mismo y con tu Hijo.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra. 

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


jueves, 20 de septiembre de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (23-9-2012)

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El texto evangélico es de Mc 9, 30-37 y dice lo siguiente:



“En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se marcharon de la montaña y atravesaron Galilea; no quería que nadie se enterase, porque iba instruyendo a sus discípulos. Les decía: -El Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de hombres que le darán muerte; después de morir, al cabo de tres días, resucitará. Ellos, aunque no entendían el asunto, no se atrevían a preguntarle. Llegaron a Cafarnaún y, ya en casa, les preguntó: -¿De qué hablabais por el camino? Se quedaron callados, pues por el camino iban discutiendo quién era el más importante. Jesús se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: -El que quiera ser el primero, que se haga el último de todos y el servidor de todos. Después llamó a un niño, lo colocó en medio de ellos, lo abrazó y les dijo: -Quien acoja a uno de estos niños en mi nombre, a mí me acoge. Quien me acoge a mí, no es a mí a quién acoge, sino al que me ha enviado”.


* Hoy Jesús anuncia, por segunda vez, que “el Hijo del Hombre va a ser entregado en manos de los hombres y lo matarán”. La semana pasada veíamos como Pedro no era capaz de entender ese anuncio. La insistencia de Jesús, al hacerlo de nuevo, nos indica la dificultad que tenemos para asumir el misterio de la cruz; nos cuesta dejar que la cruz esté presente en nuestra vida, nos da miedo las renuncias que pueda suponer esta realidad, nos duele el esfuerzo de seguir a Jesús.


* Por otra parte, vemos cómo los discípulos no sólo desatienden el anuncio de la pasión de Jesús, sino que se ponen a pensar en un sentido totalmente contrario, discutiendo sobre quién era el más importante. Este es un peligro de todos los cristianos: llevar una conversación paralela a la que mantenemos con Jesús.
Los discípulos de Jesús son como nosotros. Por una parte generosos, por la otra esconden sus intereses. Por un lado idealistas, por el otro materialistas. Con los labios dicen a Jesús que sólo Él llena sus idas, pero en realidad van buscando el poder.
El evangelio desenmascara a los discípulos y a nosotros. Jesús habla con claridad: el que quiera ser el primero, que sea el servidor de todos. Jesús proclama la renuncia al fasto, a la fama, al poder..., y el servicio a los últimos. La primacía no está en la comparación con los demás, por los cargos, sino en la cercanía a Jesús, que se manifiesta en el servicio. Eso es entender la vida desde Dios.


* Señor, qué incomprensible la actitud de tus discípulos, discutiendo quien era el más importante, mientras tú les hablabas de que ibas camino del calvario. Qué incomprensible mi actitud similar a veces.
Yo quiero ser tu discípulo, el último de todos, sin grandes ambiciones, como uno de los niños a quienes acoges y abrazas.


* María, Madre de Jesús y Madre mía, llévame de tu mano como a un niño pequeño y condúceme hacia la senda del servicio a los demás, a seguir las huellas de tu Hijo Jesús.



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Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 15 de septiembre de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (18-9-2011)

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El texto evangélico es de Mt 20, 1-16 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: El reino de los cielos se parece a un hacendado que salió de mañana a contratar braceros para su viña. Se apalabró con ellos en un denario al día y los envió a su viña. Volvió a salir a media mañana, vio en la plaza a otros que no tenían trabajo y les dijo: Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido. Ellos se fueron. Volvió a salir a mediodía y a media tarde e hizo lo mismo. Al caer de la tarde salió, encontró otros que no tenían trabajo y les dijo: ¿Qué hacéis aquí parados todo el día sin trabajar? Le contestan: Nadie nos ha contratado. Y él les dice: Id también vosotros a mi viña. Al anochecer, el dueño de la viña dijo al capataz: Reúne a los braceros y págales su jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros. Pasaron los del atardecer y recibieron un denario. Cuando llegaron los primeros, esperaban recibir más; pero también ellos recibieron un denario. Al recibirlo, protestaron al hacendado: Estos últimos han trabajado una hora y les has pagado igual que a nosotros, que hemos soportado la fatiga y el calor del día. Él contestó a uno de ellos: Amigo, no te hago injusticia; ¿no nos apalabramos en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Que yo quiero dar al último lo mismo que a ti. ¿O no puedo yo disponer de mis bienes como me parezca? ¿Por qué tomas a mal que yo sea generoso? Así los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.”


* La parábola que leemos en el evangelio de hoy resulta desconcertante porque, de entrada, nos parece injusto que se pague lo mismo a personas que han trabajado de manera desigual: los del inicio de la jornada y los que se han incorporado a última hora. Sobresale en esta parábola el aspecto de la misericordia de Dios, pero también podemos descubrir el de la justicia: en la justicia final de Dios cada uno será juzgado y premiado no sólo por su trabajo, sino por su respuesta generosa a la llamada cuando la ha recibido (unos la reciben en la infancia, otros en la adolescencia, otros más tarde; pero ante esto no hay privilegiados para Dios).
A cada uno de nosotros, el Señor nos va a pedir que respondamos con arreglo a aquello que nos ha pedido. Cada uno tenemos en el mundo y en la Iglesia nuestra propia responsabilidad. Y no podemos molestarnos por ello, ni pedir a otros las responsabilidades que nosotros no somos capaces de cumplir. Ser responsable es responder cada uno ante el Señor de aquello para lo que hemos sido llamados: padre de familia, sacerdote, consagrado....Y debemos estar alegres y agradecidos de sabernos llamados por el Señor a ser colaboradores suyos, en la tarea que sea.

* Señor, en las justicias humanas no caben los criterios de tu generosidad, tanto trabajas, tanto cobras. Sin faltar a tu palabra, tú das a todos por igual porque miras las necesidades, no las horas de trabajo. ¿O es que yo merezco por mi trabajo tantos mimos, tantos beneficios como recibo de tu mano?

* María, Madre de bondad, intercede ante tu Hijo para que nos dé conciencia clara de nuestra propia responsabilidad en el mundo y en la Iglesia, y fuerzas para desarrollarla.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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jueves, 16 de septiembre de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (19-9-2010)

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El texto evangélico es de Lc 16, 1-13 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo Jesús decía a los discípulos: ---Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes.  Lo llamó y le dijo: ---¿Qué es eso que me cuentan de ti? Dame cuentas de tu administración, pues no podrás seguir en el puesto. El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el amo me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa. Fue llamando uno por uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ---¿Cuánto debes a mi amo? Contestó: ---Cien barriles de aceite. Le dijo: ---Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta. Al segundo le dijo: ---Y tú, ¿cuánto debes? Contestó: ---Cien fanegas de trigo. Le dice: ---Toma tu recibo y escribe ochenta. El amo alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado. Pues los ciudadanos de este mundo son más astutos con sus colegas que los ciudadanos de la luz. Y yo os digo que con el dinero sucio os ganéis amigos, de modo que, cuando se acabe, os reciban en la morada eterna. El que es de fiar en lo poco, es de fiar en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho. Pues si con el dinero sucio no habéis sido de fiar, ¿quién os confiará el legítimo? Si en lo ajeno no habéis sido de fiar, ¿quién os encomendará lo vuestro? Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No podéis estar al servicio de Dios y del dinero.”

* Dios y dinero no casan bien, entre otras cosas porque la tendencia actual es la de idolatrar al falso dios del dinero y olvidarnos del auténtico Dios. Pero para un cristiano, Dios debe estar por encima de cualquier tipo de bienes, sobre todo de los materiales.

* En esta parábola se ensalza la astucia del administrador que trata de ganarse amigos para luego no pasar apuros en época de carestía. Esta misma actitud, bien enfocada, puede ser la de una persona de fe: aprovechar los bienes de la Tierra para forjarnos la paz en el alma, promover la justa redistribución de la riqueza para que a nadie falte lo necesario para vivir conforme a la dignidad humana.

* María, que yo aprenda de ti a moderar mi apego a las riquezas, y pueda comprender que la verdadera riqueza es la de la persona en paz consigo mismo y con tu Hijo.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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