jueves, 4 de febrero de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

. El texto del evangelio es de Lc 5,1-11 y dice lo siguiente: En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que le apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: “Rema mar adentro, y echad las redes para pescar”. Simón contestó: “Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes”. Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador”. Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: “No temas; desde ahora serás pescador de hombres”. Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron. * “La gente se agolpaba para oír a Jesús” ¿Tengo yo también ese ansia e inquietud para llenarme de tu Palabra?. “Por tu palabra echaré las redes” ¿Confío en ti, en tu Palabra, como Pedro? Señor, yo también soy pecador como Pedro; también tengo miedo ante lo desconcertante, ante lo que se me va de entre las manos, como Pedro; pero como él, quiero dejar todo lo que me impide seguirte y entregarme generosamente a la tarea a la que me llamas. * Es la Iglesia misma, cada uno de nosotros, la que ha de hacerse a la mar fiándose de su Señor para “pescar” hombres, para ofrecerles la salvación. Pero ser pescador no es sólo decir que Jesús vino a salvarnos y nos espera en el cielo, es hacerlo presente en la vida amando al hermano; es dar testimonio de Él buscando el bien en mi realidad, en mi vida, en mi familia, con mis vecinos, con mis compañeros de trabajo, en el autobús, en el supermercado.... * Tú, Señor, sabes que prefiero las seguridades de las cosas antes que lanzarme a la aventura de tu Espíritu. Pero puesto que Tú lo dices, en tu nombre, echaré las redes, desplegaré las velas en el mar abierto de la vida. Madre, ayúdame a seguir tu ejemplo, a fiarme de Dios sin desanimarme en los momentos duros y difíciles. Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra. Muchas gracias a todos por vuestra participación. .

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