jueves, 16 de septiembre de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 25º DEL TIEMPO ORDINARIO (19-9-2010)

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El texto evangélico es de Lc 16, 1-13 y dice lo siguiente:

“En aquel tiempo Jesús decía a los discípulos: ---Un hombre rico tenía un administrador. Le llegaron quejas de que estaba derrochando sus bienes.  Lo llamó y le dijo: ---¿Qué es eso que me cuentan de ti? Dame cuentas de tu administración, pues no podrás seguir en el puesto. El administrador pensó: ¿Qué voy a hacer ahora que el amo me quita mi puesto? Para cavar no tengo fuerzas, pedir limosna me da vergüenza. Ya sé lo que voy a hacer para que, cuando me despidan, alguno me reciba en su casa. Fue llamando uno por uno a los deudores de su amo y dijo al primero: ---¿Cuánto debes a mi amo? Contestó: ---Cien barriles de aceite. Le dijo: ---Toma el recibo, siéntate enseguida y escribe cincuenta. Al segundo le dijo: ---Y tú, ¿cuánto debes? Contestó: ---Cien fanegas de trigo. Le dice: ---Toma tu recibo y escribe ochenta. El amo alabó al administrador deshonesto por la astucia con que había actuado. Pues los ciudadanos de este mundo son más astutos con sus colegas que los ciudadanos de la luz. Y yo os digo que con el dinero sucio os ganéis amigos, de modo que, cuando se acabe, os reciban en la morada eterna. El que es de fiar en lo poco, es de fiar en lo mucho; el que es deshonesto en lo poco, es deshonesto en lo mucho. Pues si con el dinero sucio no habéis sido de fiar, ¿quién os confiará el legítimo? Si en lo ajeno no habéis sido de fiar, ¿quién os encomendará lo vuestro? Un empleado no puede estar al servicio de dos señores: pues odiará a uno y amará al otro o apreciará a uno y despreciará al otro. No podéis estar al servicio de Dios y del dinero.”

* Dios y dinero no casan bien, entre otras cosas porque la tendencia actual es la de idolatrar al falso dios del dinero y olvidarnos del auténtico Dios. Pero para un cristiano, Dios debe estar por encima de cualquier tipo de bienes, sobre todo de los materiales.

* En esta parábola se ensalza la astucia del administrador que trata de ganarse amigos para luego no pasar apuros en época de carestía. Esta misma actitud, bien enfocada, puede ser la de una persona de fe: aprovechar los bienes de la Tierra para forjarnos la paz en el alma, promover la justa redistribución de la riqueza para que a nadie falte lo necesario para vivir conforme a la dignidad humana.

* María, que yo aprenda de ti a moderar mi apego a las riquezas, y pueda comprender que la verdadera riqueza es la de la persona en paz consigo mismo y con tu Hijo.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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