Pinchando en estos audios podréis oir distintos fragmentos de la Solemne celebración de nuestra Función Principal,la cual llevamos a cabo el pasado Domingo.Estuvimos perfectamente acompañados, musicalmente hablando, por el jerezano Coro de Capilla San Pedro Nolasco,magistralmente dirigido por su director y amigo Jose Carlos Gutierrez.Pido de antemano perdón por la calidad de dichos cortes sonoros,que están hechos con más ilusión que medios técnicos:
martes, 16 de marzo de 2010
ESTE JUEVES CABILDO INFORMATIVO SOBRE LA SALIDA PROCESIONAL
Este Jueves 18 de Marzo y en nuestra sede canónica de la Parroquia del Apostol San pedro,a las 20:45 horas en primera convocatoria y a las 21:15 en segunda y última,celebraremos CABILDO GENERAL ORDINARIO INFORMATIVO SOBRE LA SALIDA PROCESIONAL.
El orden del día será el siguiente:
1)Lectura y aprobación del acta del anterior Cabildo general ordinario celebrado.
2)Informe sobre la Estación de penitencia a la S.I. Catedral a celebrar el próximo Viernes Santo.
3)Ruegos y preguntas.
Recordamos a todos los hermanos mayores de 18 años y con al menos un año de antigüedad en la Cofradía el derecho y el deber de asistir a los cabildos Generales.
El orden del día será el siguiente:
1)Lectura y aprobación del acta del anterior Cabildo general ordinario celebrado.
2)Informe sobre la Estación de penitencia a la S.I. Catedral a celebrar el próximo Viernes Santo.
3)Ruegos y preguntas.
Recordamos a todos los hermanos mayores de 18 años y con al menos un año de antigüedad en la Cofradía el derecho y el deber de asistir a los cabildos Generales.
PRIMER ENSAYO COSTALERO EN LA CALLE
Ejemplar,fructífero y positivo.Con estos tres adjetivos podríamos describir,sin dudar a equivocarnos,en como fue ayer noche el entrenamiento de nuestros costaleros.Un entrenamiento,que recordemos ha sido el primero que han podido realizar fuera del Templo debido a la persistente lluvia que en estos últimos meses nos ha estado acompañando día si,día no.Alrededor de las diez de la noche se comenzó con los rezos de rigor ,para a continuación realizar la siempre complicada salida.Resaltar que dicho ensayo contó con unos 13/14 costaleros de reserva y que algunas de las calles por donde se transitó fueron,Bizcocheros,Larga,Consistorio,Algarve, etra.Alrededor de las una de la mañana el paso quedó ubicado ya dentro de la Parroquia.Como regalo nos encontramos a la Señora recién cambiada de hebrea,algo que para muchos supo a recompensa por el trabajo bien realizado,por la seriedad,profesionalidad y sentimiento que los hermanos González Leal,su equipo y sus costaleros supieron en todo momento transmitirnos a los que desde fuera seguíamos este ensayo nocturno.
FOTOS ALMUERZO TRAS FUNCION PRINCIPAL
domingo, 14 de marzo de 2010
RECEPCION CANONICA DE LOS NUEVOS HERMANOS
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En el día de ayer Sábado,tal y como estaba previsto,en el transcurso del quinto día del Quinario,se llevó a cabo la recepción canónica de los nuevos hermanos,los cuales tras cumplir los requisitos requeridos por Estatutos en cuanto a antigüedad y edad,adquirieron de pleno sus derechos y deberes como tales.
En el día de ayer Sábado,tal y como estaba previsto,en el transcurso del quinto día del Quinario,se llevó a cabo la recepción canónica de los nuevos hermanos,los cuales tras cumplir los requisitos requeridos por Estatutos en cuanto a antigüedad y edad,adquirieron de pleno sus derechos y deberes como tales.
REFLEXIÓN DEL 5º DÍA DEL QUINARIO (13-3-2010)
La reflexión está basada en el evangelio del día cuyo texto corresponde a Lc18, 9-14 y dice lo siguiente:
En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: ”Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás, ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Cerramos el recorrido de este quinario encontrándonos en un curioso calvario que no es el Gólgota, es un calvario en el que la cruz se para a ver a su Señor y a vivir como su Señor, que es pan en el mundo; y a ver a María, persona en la que Dios hizo este pan para dárselo al mundo.
Tanto el Señor, como su madre, María, nos demuestran que cuando los hombre miran a Dios pueden hacer grandes cosas.
Hoy vamos a mirar a la Madre, a la que llamamos Loreto en su soledad. Simplemente el nombre nos pone nerviosos, porque nadie quiere sentirse solo, abandonado, sin nadie que mire por él, esperando una vida en amor y encontrando una vida dura en soledad.
Hay quien elige ser individualista pero esa no es la verdadera soledad. La verdadera soledad es amarga porque viene impuesta por el abandono de los otros.
La soledad de María es serena, de quien sabe que sólo en Dios va a encontrar respuestas absolutas.
Las expectativas hacen sufrir al ser humano: cuando las ponemos en éste o aquél, pocas veces van a tener respuesta.
La soledad de María nos dice que sólo en Dios vamos a poner nuestra esperanza, porque en Él siempre vamos a encontrar la mano tendida, la mirada que acoge.
La soledad de María es un grito al mundo, una invitación para que descubramos que de los hombres vamos a ser abandonados, pero de Dios nunca; de Él siempre va a haber una respuesta afirmativa, una respuesta de amor.
El fariseo del evangelio piensa que las expectativas las tiene que poner en sí mismo. Nuestra sociedad, construida sobre pies de barro, piensa que las expectativas las tiene que poner en la economía, la ciencia, la industria...; y todo eso es bueno, pero si se absolutiza te deja en el aire.
Los que ponen su confianza en estos pilares viven una soledad amarga, no serena, porque cuando los médicos no pueden hacer nada, cuando la economía no responde, cuando la industria va mal..., viene esa soledad amarga.
María, sin embargo, pone su confianza en Dios, y me enseña a poner la seguridad y certeza sólo en el Dios que me ama y se entrega por mí. Y esta es la soledad serena, la de quien sabe vivir en medio del mundo sin el error de poner la confianza en la obra de nuestras manos. La soledad de María es un grito en el sentido de que, cuando el hombre rechaza al otro, provoca el sufrimiento de los demás.
La soledad de María es consecuencia de la injusticia del mundo, del hombre que quita de en medio al que ha venido a traer el amor al mundo.
El grito de María al mundo es. ¿os dais cuenta de que cuando rechazáis la verdad y el bien traéis el sufrimiento, la soledad y el dolor al ser humano?
Con este mensaje no se puede tener éxito. Al fariseo no le gustaba que Dios le dijera que la confianza no había que ponerla en sí mismo; a la sociedad no le va a gustar que se le diga que la confianza hay que ponerla en Dios.
Esta es una labor para vosotros como Hermandad. No dejéis de gritar que se necesita la verdad, la luz para caminar. Y no hacer de la luz algo de un solo día al año; llevadla a todo Jerez durante todos los días del año. Sed un grito sereno y confiado de que sólo en Dios descansa la vida.
Os invito a descubrir que en medio de la soledad, de las dificultades, del sufrimiento, brilla el corazón; brilla el amor de Dios que, como en María, no deja de gritar.
El corazón de un cristiano está aquilatado con el amor de Dios y ese nadie lo puede apagar.
Que Cristo arda en vuestros corazones hecho pan, entrega, eucaristía, palabra, para que en medio de tanta soledad en este mundo, podamos ser como María; y así seamos capaces de estar junto a los que pasan dificultades, como María estuvo junto a la cruz.
“Poned vuestra confianza en Dios que todo lo hace nuevo”.
sábado, 13 de marzo de 2010
MAÑANA FUNCION PRINCIPAL DE INSTITUTO
El acto más importante del año cofrade se celebrará mañana domingo 14 de marzo a las 12:00 horas. Al ofertorio de esta solemne Eucaristía la Hermandad renovará su adhesión incondicional a la Santa Madre Iglesia mediante pública protestación de fe.Estará presidida por el Director Espiritual de la Cofradía,Arcipreste de la zona Centro y Párroco de San Pedro, Rvdo. Sr. D. Luís Delgado Serrano.Intervendrá el Coro de capilla San Pedro Nolasco.
REFLEXIÓN DEL 4º DÍA DEL QUINARIO (12-3-2010)
La reflexión está basada en el texto evangélico del Martes Santo, que corresponde a Jn 13,21-33.36-38 y dice lo siguiente:
En aquel tiempo, Jesús, profundamente conmovido, dijo: “Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, el que Jesús tanto amaba, estaba reclinado a la mesa junto a su pecho. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó: “Señor, ¿quién es?”. Le contestó Jesús: “Aquel a quien yo le dé este trozo de pan untado”. Y, untando el pan, se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás. Entonces Jesús le dijo: “Lo que tienes que hacer hazlo en seguida”. Ninguno de los comensales entendió a qué se refería. Como Judas guardaba la bolsa, algunos suponían que Jesús le encargaba comprar lo necesario para la fiesta o dar algo a los pobres. Judas, después de tomar el pan, salió inmediatamente. Era de noche. Cuando salió, dijo Jesús: “Ahora es glorificado el Hijo del hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, también Dios lo glorificará en sí mismo: pronto lo glorificará. Hijos míos, me queda poco de estar con vosotros. Me buscaréis, pero lo que dije a los judíos os lo digo ahora a vosotros: donde yo voy, vosotros no podéis ir”. Simón Pedro le dijo: “Señor, ¿adónde vas?”. Jesús le respondió: “Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde”. Pedro replicó: “Señor, ¿por qué no puedo acompañarte ahora? Daré mi vida por ti”. Jesús le contestó: “¿Con que darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces”.
Hoy es viernes y será como un anticipo al viernes en que reviviremos que la humanidad vio a Dios crucificado. Y en este texto vamos a descubrir el sentimiento profundo con el que Jesús va a la cruz.
La cruz está ahí, es una realidad, forma parte de esta hermandad y de la vida, pero sobre todo es el trono de Dios, y esto tenemos que entenderlo.
En este texto aparecen dos realidades distintas encarnadas en las figuras de Judas y Pedro.
Judas, cansado de Jesús, defraudado por el reino de misericordia que predicaba, está desencantado porque ese reino no vende, porque ese evangelio no da poder, ni triunfo, ni oro ni plata, sino un corazón grande para amar. Y Judas vende a Jesús, mientras que Jesús, el último gesto que tiene con él es de deferencia, ofrecerle pan.
Pedro, que cuando Jesús anuncia lo que le espera, intuye algo aunque no entiende. Pedro expresa la buena voluntad y los buenos deseos del hombre: iré donde tú vayas. Pero Pedro no puede ir porque no está preparado para ello. Jesús va a perdonar, a amar, al rincón del sufrimiento donde no quiere ir nadie, a llevar misericordia.
Nuestra pregunta tendría que ser: ¿qué he de hacer para poder ir donde tú vas?, ¿por qué no soy capaz de entregarme más?
Nuestro corazón se debate entre el momento en que el evangelio se hace duro y lo dejamos, como Judas; y el deseo de seguir a Jesús, como Pedro.
El secreto de Jesús es el amor que nos tiene: saber que Pedro le va a negar y hablarle con dulzura; saber que Judas le va a vender y arle un trozo de pan.
Él sabe que le vamos a abandonar, que vamos a alejarnos de Él, pero no deja de amarnos, aún sabiéndolo.
La cruz adquiere un papel importante: ¿hacía falta que Jesús muriera por los que le vamos a ser infieles?
Pero, como dice Jesús, en la cruz va a ser glorificado, porque llega el momento en que nos va a amar en plenitud. Demostrar ese amor es lo que le va a llevar a la cruz, y Él lo sabe, y para ello le va a pedir ayuda al Padre en el huerto de los olivos (Padre, si es posible aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad sino la tuya).
Jesús sabe que amar de esa manera es la voluntad del Padre, y no simplemente que muera. Dios quiere que quede claro su amor. Sólo viendo el amor de Jesús crucificado, descubrimos que ese amor es de verdad.
Por eso la muerte de Jesús en la cruz es un momento de gloria, y un momento de dolor, y un momento de amor.
En la cruz de Jesús escuchamos un lamento: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?.
Ese grito era necesario, porque representa el grito de todos los Lázaros abandonados (como vimos en la reflexión de ayer). Cristo es la respuesta de Dios a los necesitados, diciéndoles: yo estoy contigo en el dolor. Desde ese momento, todos los crucificados del mundo pueden gritar al cielo.
Por eso la muerte de Jesús en la cruz nos salva del sinsentido del dolor de tantas personas; en Dios se encuentra respuesta a tanto dolor.
La cruz de Jesús no la necesitaba el Padre, pero nosotros sí.
En una ocasión, un drogadicto que pensaba suicidarse no se suicidó, porque le llegó una carta de su padre que le decía que le quería y que volviera a casa. Eso le hizo cambiar de idea. Se salvo porque algo, la carta, le recordó el amor de su padre y le dio fuerzas para cambiar de vida.
La carta de Dios al hombre ya ha sido escrita, esta carta es la cruz y está firmada con la sangre de su Hijo.
La invitación de hoy es a que miremos dentro de nuestro corazón, que veamos cómo nos balanceamos entre el sí y el no, que descubramos el amor de Dios que nos quiere porque somos sus hijos, y que seamos carta de amor para tantos Lázaros necesitados y abandonados.
“Que Jesús consiga de nosotros un corazón nuevo, entregado como el suyo”.
viernes, 12 de marzo de 2010
NUESTRA SEÑORA DE PENAS Y LORETO DE CEUTA
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La Dolorosa Lauretana que recibe Culto en Ceuta, en un oratorio particular,recibe la advocación de “Nuestra Señora de las Penas y Loreto”, viéndose representada en una imagen de tamaño natural, en cuya realización han trabajado varios escultores-imagineros andaluces: el modelado del rostro corresponde al taller Daroal (Sevilla), las manos a González Rey (Cádiz) y la policromía a Romero Zafra (Córdoba).
Es una imagen para vestir, y con el atuendo tradicional de este tipo de imágenes de la Dolorosa, se combina la dalmática típicamente Lauretana. Esta prenda fue realizada por bordadores hindúes de Vrindavan (Uttar Pradesh), India, siguiendo un diseño que reproduce lo más fielmente posible la dálmatica que viste la Madonna de Loreto, venerada en su santuario italiano.
La imagen fue bendecida para el culto en el Sancta Sanctorum de la antigua Cartuja de la Inmaculada Concepción Cazalla de la Sierra (Sevilla) el día 18 de mayo de 2002.
Entre las piezas de su ajuar podemos destacar el relicario que reproduce una casa alada (en alusión a la traslación) que luce habitualmente sobre el pecho, y que guarda una pequeña partícula del velo negro que cubre cada Viernes Santo la imagen original Lauretana de Italia; una medalla del siglo XVIII de la Virgen de Loreto; y una avioneta de plata en alusión a su patronazgo sobre la aviación.
La advocación de "PENAS Y LORETO" no es nueva en Ceuta ya que en determinados años de la época del protectorado español en Marruecos, la Dolorosa titular de la hermandad de las Penas llevaba este doble nombre, siendo acompañada por fuerzas de aviación que se desplazaban hasta la ciudad desde la vecina Tetuán.
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La Dolorosa Lauretana que recibe Culto en Ceuta, en un oratorio particular,recibe la advocación de “Nuestra Señora de las Penas y Loreto”, viéndose representada en una imagen de tamaño natural, en cuya realización han trabajado varios escultores-imagineros andaluces: el modelado del rostro corresponde al taller Daroal (Sevilla), las manos a González Rey (Cádiz) y la policromía a Romero Zafra (Córdoba).
Es una imagen para vestir, y con el atuendo tradicional de este tipo de imágenes de la Dolorosa, se combina la dalmática típicamente Lauretana. Esta prenda fue realizada por bordadores hindúes de Vrindavan (Uttar Pradesh), India, siguiendo un diseño que reproduce lo más fielmente posible la dálmatica que viste la Madonna de Loreto, venerada en su santuario italiano.
La imagen fue bendecida para el culto en el Sancta Sanctorum de la antigua Cartuja de la Inmaculada Concepción Cazalla de la Sierra (Sevilla) el día 18 de mayo de 2002.Entre las piezas de su ajuar podemos destacar el relicario que reproduce una casa alada (en alusión a la traslación) que luce habitualmente sobre el pecho, y que guarda una pequeña partícula del velo negro que cubre cada Viernes Santo la imagen original Lauretana de Italia; una medalla del siglo XVIII de la Virgen de Loreto; y una avioneta de plata en alusión a su patronazgo sobre la aviación.
La advocación de "PENAS Y LORETO" no es nueva en Ceuta ya que en determinados años de la época del protectorado español en Marruecos, la Dolorosa titular de la hermandad de las Penas llevaba este doble nombre, siendo acompañada por fuerzas de aviación que se desplazaban hasta la ciudad desde la vecina Tetuán.
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REFLEXIÓN DEL 3º DÍA DEL QUINARIO (11-3-2010)
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La reflexión está basada en la parábola del rico Epulón y el pobre Lázaro, que encontramos en Lc 16, 19-31 y dice lo siguiente:
En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: Había un hombre rico que se vestía de púrpura y lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle las llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: “Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas”. Pero Abrahán le contestó: “Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros”. El rico insistió: “Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evite que vengan también ellos a este lugar de tormento”. Abrahán le dice: “Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen”. El rico contestó: “No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán”. Abrahán le dijo: “Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto”.
Esta escena evangélica se nos hace dura porque presenta detalles difíciles y desagradables, como por ejemplo la situación del pobre, que se describe de forma exhaustiva (cubierto de llagas)..., y nos desagrada porque en algunos aspectos del relato nos sentimos identificados.
En el primer día del quinario reflexionábamos sobre la idea de que somos “pecadores, perdonados para perdonar”.
En el segundo día descubríamos a Dios Padre deseando acogernos en nuestro regreso y que quiere que disfrutemos con Él.
Y hoy, tercer día, damos un pasito más en este caminar. Debemos aprender que el disfrute con el Padre tiene que ir unido al prójimo, tiene que incluir a los demás.
El ser hijos de Dios nos convierte en “inclusivos” no en “excluyentes”, sobre todo con los más necesitados. Por eso hoy nos fijamos en el prójimo.
Jesús, con todo su ingenio, nos cuenta una historieta que explica lo que supone alejarse o acercarse al hermano.
En el relato el rico no tiene nombre, en algunos textos se designa como el rico Epulón, pero epulón no es un nombre propio, es un calificativo, significa “banqueteador”. Y en el relato, el rico se nos presenta sin nombre porque pierde su identidad de hijo de Dios, se convierte en un ser anónimo, y pierde también su identidad de hermano de los demás.
El pobre sí aparece con nombre, Lázaro, pues a los ojos de Dios no pierde su identidad ni su lugar.
A veces, el Padre deja que nosotros corrijamos las cosas de este mundo, por eso existe la pobreza. Pero al final el Padre se encargara de darnos a cada uno lo que merecemos.
Es cuestión, por tanto, de que mientras caminamos en este mundo, aprendamos a ver, identificar y socorrer a Lázaro, a los pobres, a los necesitados.
El rico ni le conocía, ni se había fijado que estaba tirado y lleno de llagas a la puerta de su casa, y sólo le llama por su nombre cuando le interesa, cuando se está abrasando en el infierno y quiere que le moje la lengua con la punta de sus dedos.
En el Reino de Dios, que se tiene que estar dando ya entre nosotros, no pueden ser las cosas así.
El abismo inmenso que se nos narra en el relato, no lo abre Dios, lo abrimos cada uno cuando nos alejamos de Dios y del hermano.
Cuando crece en mí el egoísmo, crece el abismo entre Dios y yo, y entre mi hermano y yo.
Cuando crece en mí el amor, crecen los puentes entre Dios y yo, y entre mi hermano y yo.
No hay, por tanto, abismos queridos por Dios; hay lejanías creadas en mi corazón y en mi vida, cuando niego o escondo la mano a Dios y a mi hermano.
Jesús es muy expresivo en este relato y añade notas crueles: hasta los perros le lamían las heridas a Lázaro. El rico no compartía con él ni las migajas de su mesa. Los perros, animales sin raciocinio tienen más caridad que el dueño de la casa.
Todos estos datos son para que nos miremos a nosotros mismos, para ver cómo nos portamos con los que sufren a mi lado: con los débiles, con los arrinconados, con los que por algún motivo se han cargado su vida, con los que viven en soledad (adonde no llegan ni los perros)..., pues ésos son los preferidos de Dios, a los que Él se acerca: como se nos narra en el capítulo 5 del evangelio de Juan, en el relato de la piscina de Betesda, a la que se acercaban los enfermos durante la agitación del agua para ser curados; allí acudía desde hacía 38 años un paralítico y como no tenía a nadie que le ayudara a acercarse al agua, seguía arrinconado sin haberse curado, y precisamente a ése se le acerca Jesús, llevándole la curación.
De todo esto debemos aprender hoy que nuestra misión, la misión de la Iglesia, siguiendo al Maestro, es la de ser puentes para que no crezcan abismos.
Mientras haya una mesa con migajas y unos que no llegan a la mesa, debemos ser puentes.
A veces podemos hacer poco, pero menos pueden hacer unos perros y ayudaron a Lázaro lamiéndole las llagas.
¿Quién no tiene algo que compartir? Y no pensemos sólo en dinero.
No hay ninguna excusa para no ser puentes.
Identifiquemos los puentes que tendemos, reconozcamos los abismos que nos rodean; y aunque seamos poca cosa, siempre podemos aportar algo al mundo que sufre.
“Lo que yo tengo es porque Dios me lo ha regalado para compartir”.
jueves, 11 de marzo de 2010
SUSPENDIDO EL ENSAYO DE COSTALEROS PARA EL DIA DE HOY
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Una vez consultados los riesgos de lluvia para esta tarde-noche se ha decido, de acuerdo con el capataz del paso, suspender el ensayo costalero previsto para hoy jueves. La cita será tal como estaba programado el próximo lunes, ya que a partir del fin de semana parece ser se impone el buen tiempo.
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Una vez consultados los riesgos de lluvia para esta tarde-noche se ha decido, de acuerdo con el capataz del paso, suspender el ensayo costalero previsto para hoy jueves. La cita será tal como estaba programado el próximo lunes, ya que a partir del fin de semana parece ser se impone el buen tiempo.
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HOY ENSAYO DE NUESTROS COSTALEROS
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Hoy tras el fallido intento de entrenar este pasado lunes debido a la lluvia,tendremos ensayo nuevamente por parte de nuestros costaleros.La hora será una vez concluya el Quinario.Se ruega puntualidad.
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Hoy tras el fallido intento de entrenar este pasado lunes debido a la lluvia,tendremos ensayo nuevamente por parte de nuestros costaleros.La hora será una vez concluya el Quinario.Se ruega puntualidad.
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ALMUERZO DE HERMANDAD TRAS FUNCION PRINCIPAL ESTE DOMINGO
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Como es tradicional, el próximo domingo 14/03/2010 tras la Función Principal de Instituto,celebraremos un almuerzo de Hermandad, tendrá lugar en la Escuela Profesional de Hostelería de Jerez, situada en la calle Einstein nº 5, en el Parque Empresarial. En el siguiente enlace podréis ver el mapa de localización de la Escuela (¿Dónde está la Escuela de Hostelería de Jerez?) , y unas indicaciones para saber cómo llegar a la misma en coche (¿Cómo llegar desde San Pedro?) .Ni que decir tiene que todo aquel que esté interesado en asistir nada más tiene que comunicárselo a cualquier miembro de Junta o bien enviando un correo a este mismo blog.
Este es el Menú el cual se ha escogido para tan singular día:
Como es tradicional, el próximo domingo 14/03/2010 tras la Función Principal de Instituto,celebraremos un almuerzo de Hermandad, tendrá lugar en la Escuela Profesional de Hostelería de Jerez, situada en la calle Einstein nº 5, en el Parque Empresarial. En el siguiente enlace podréis ver el mapa de localización de la Escuela (¿Dónde está la Escuela de Hostelería de Jerez?) , y unas indicaciones para saber cómo llegar a la misma en coche (¿Cómo llegar desde San Pedro?) .Ni que decir tiene que todo aquel que esté interesado en asistir nada más tiene que comunicárselo a cualquier miembro de Junta o bien enviando un correo a este mismo blog.
Este es el Menú el cual se ha escogido para tan singular día:
APERITIVOS EN MESA
Tabla de Ibéricos y Queso Curado
Pintxo de Ahumados con Salsa Alioli
Croquetas de Pistacho Espinacas y Gambas – Salsa Tártara-
Bruchetta Boloñesa al Gorgonzola
Tortillitas de Camarones
MENU
Medallones de Solomillo de Cerdo con Patatas Ilustradas a la Casera
POSTRE
Mousse de Chocolate Blanco en Crema de Café
Cafe Moka
BODEGA
Vinos de Jerez
Cerveza · Refrescos · Agua Mineral
Vino Tinto Crianza
PRECIO POR PERSONA: 30.00 €, 7% DE IVA incluido
REFLEXIÓN DEL 2º DÍA DEL QUINARIO (10-3-2010)
La reflexión está basada en el texto evangélico del domingo 4º de cuaresma, relato de la parábola del hijo pródigo, de Lc 15,1-3.11-32 y dice lo siguiente:
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Éste acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padres: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido este hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”.
Cuando escuchamos esta escena del evangelio, se remueve en nosotros el deseo de volver a la casa del Padre, porque todos nos sentimos un poco lejos, porque también todos nos sentimos un poco derrochones.
El hijo pequeño le pide al padre la herencia, pero, en realidad, ¿qué es suyo?, ¿no es el fruto del trabajo de su padre?. Aún así, el padre se lo dio, a sabiendas de que no iba a aprovecharlo.
Esto hace que nos demos cuenta de nuestra identidad de derrochones.
Es tanto lo que Dios nos ha dado, y sin embargo, muchas veces derrochamos el regalo recibido. ¿Por qué lo derrochamos?, ¿por qué hacemos ese viaje de lejanía del Padre?.
El hijo pequeño, lo dijo, lo hizo y luego volvió.
El hijo mayor, en el fondo tenía el corazón como el del pequeño, aunque estaba en casa con el padre, se encontraba igual de lejos de él.
Las cosas buenas y malas no se hacen en un momento, el corazón las va pensando y preparando poco a poco.
A nosotros nos avergüenza identificarnos con el hijo mayor. Es soberbio, quiere llevar siempre la razón, no disfruta de las cosas buenas que pasan a su lado; y al final tiene que salir su padre a buscarle y decirle que se alegra por la gran noticia de la vuelta de su hermano.
Cuántas veces Dios sale a nuestro encuentro, se rebaja a nosotros y nos pregunta qué nos pasa, y nos dice que a ver si volvemos a casa algún día.
En el diálogo con el padre, el hijo mayor le dice que él nunca ha gastado nada y que ahora llega ese hijo perdido y el padre hace un gran banquete. ¡Qué manera de vivir la fraternidad!
También nosotros, en vez de pensar que cuantos más seamos los que nos encontremos con el Señor, mejor; nos convertimos en excluyentes. En lugar de buscar y acercar a los que faltan a su lado, nos acomodamos disfrutando de nuestra vida de piedad.
El hijo mayor es aquí el reflejo de lo que vivimos con los demás: si alguien se ha marchado de Dios, debemos respetar su decisión libre; pero si se ha marchado por un fallo nuestro, deberíamos estar buscándolo.
No disfrutamos de lo que somos, y lo que somos es: hijos de Dios. Si no vivimos una relación de hijo a padre no vamos a disfrutar de Él.
El hijo mayor vivía esa relación como un estorbo, sin disfrutarla.
Cuantas veces estamos delante de Dios y no lo disfrutamos. Cuántas veces estamos escuchando su palabra y no la disfrutamos.
El hijo mayor, expresa el mismo sentimiento de lejanía y extrañeza que el pequeño, aún en su propia casa.
Ante esto, la invitación de hoy es que nuestra reflexión esté orientada hacia Dios, que nos demos cuenta que ha salido a encontrarnos como Padre y nos pregunta: ¿por qué no me disfrutas como hijo de Dios que eres?.
Pedimos al Señor que no seamos torpes como el hijo mayor, que estemos dispuestos a escucharle y decirle que con Él lo tenemos todo.
Que seamos los primeros en gozar con el retorno y el encuentro del hijo perdido.
En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: “Éste acoge a los pecadores y come con ellos”. Jesús les dijo esta parábola: Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padres: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna”. El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces, se dijo: “Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros”. Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”. Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: “Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud”. Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: “Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido este hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. El padre le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”.
Cuando escuchamos esta escena del evangelio, se remueve en nosotros el deseo de volver a la casa del Padre, porque todos nos sentimos un poco lejos, porque también todos nos sentimos un poco derrochones.
El hijo pequeño le pide al padre la herencia, pero, en realidad, ¿qué es suyo?, ¿no es el fruto del trabajo de su padre?. Aún así, el padre se lo dio, a sabiendas de que no iba a aprovecharlo.
Esto hace que nos demos cuenta de nuestra identidad de derrochones.
Es tanto lo que Dios nos ha dado, y sin embargo, muchas veces derrochamos el regalo recibido. ¿Por qué lo derrochamos?, ¿por qué hacemos ese viaje de lejanía del Padre?.
El hijo pequeño, lo dijo, lo hizo y luego volvió.
El hijo mayor, en el fondo tenía el corazón como el del pequeño, aunque estaba en casa con el padre, se encontraba igual de lejos de él.
Las cosas buenas y malas no se hacen en un momento, el corazón las va pensando y preparando poco a poco.
A nosotros nos avergüenza identificarnos con el hijo mayor. Es soberbio, quiere llevar siempre la razón, no disfruta de las cosas buenas que pasan a su lado; y al final tiene que salir su padre a buscarle y decirle que se alegra por la gran noticia de la vuelta de su hermano.
Cuántas veces Dios sale a nuestro encuentro, se rebaja a nosotros y nos pregunta qué nos pasa, y nos dice que a ver si volvemos a casa algún día.
En el diálogo con el padre, el hijo mayor le dice que él nunca ha gastado nada y que ahora llega ese hijo perdido y el padre hace un gran banquete. ¡Qué manera de vivir la fraternidad!
También nosotros, en vez de pensar que cuantos más seamos los que nos encontremos con el Señor, mejor; nos convertimos en excluyentes. En lugar de buscar y acercar a los que faltan a su lado, nos acomodamos disfrutando de nuestra vida de piedad.
El hijo mayor es aquí el reflejo de lo que vivimos con los demás: si alguien se ha marchado de Dios, debemos respetar su decisión libre; pero si se ha marchado por un fallo nuestro, deberíamos estar buscándolo.
No disfrutamos de lo que somos, y lo que somos es: hijos de Dios. Si no vivimos una relación de hijo a padre no vamos a disfrutar de Él.
El hijo mayor vivía esa relación como un estorbo, sin disfrutarla.
Cuantas veces estamos delante de Dios y no lo disfrutamos. Cuántas veces estamos escuchando su palabra y no la disfrutamos.
El hijo mayor, expresa el mismo sentimiento de lejanía y extrañeza que el pequeño, aún en su propia casa.
Ante esto, la invitación de hoy es que nuestra reflexión esté orientada hacia Dios, que nos demos cuenta que ha salido a encontrarnos como Padre y nos pregunta: ¿por qué no me disfrutas como hijo de Dios que eres?.
Pedimos al Señor que no seamos torpes como el hijo mayor, que estemos dispuestos a escucharle y decirle que con Él lo tenemos todo.
Que seamos los primeros en gozar con el retorno y el encuentro del hijo perdido.
miércoles, 10 de marzo de 2010
REFLEXION DEL PRIMER DIA DEL QUINARIO (9-3-2010)
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La reflexión está basada en el evangelio del día, cuyo texto corresponde a Mt 18, 21-35 y dice lo siguiente:
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cuál no perdona de corazón a su hermano”.
¡Jesús, permítenos aprender de tus palabras, gestos, paciencia y misericordia!
Pedro, con un corazón débil como el nuestro, en este texto, le da a Jesús la queja de cuántas veces tiene que perdonar, de si hasta siete veces.
Nosotros también nos encontramos así a veces, cansados de perdonar o sin saber hacerlo.
Nosotros tropezamos muchas veces en la misma piedra, y deberíamos “destropezar”; pero esto si me lo aplico a mí, cuesta mucho más que si se lo aplico a los demás.
Pedro no pide ayuda para perdonar, intenta justificarse con la respuesta de hasta siete veces.
El perdón no es cuestión de veces sino de actitud: este es el esquema que debemos cambiar.
El cristiano no es un contable de lo bueno que hace. El cristiano debe ser un hambriento de hacer el bien, un reconciliador.
Esto no es fácil, por eso Jesús ayuda a Pedro, y en vez de darle un discurso, le lleva a que vea su propia debilidad, fijándose en cuántas veces ha sido perdonado: con todo lo que me han perdonado a mí, ya podría yo intentar perdonar a los demás.
Lo que Jesús hace con Pedro lo hace también con nosotros.
Debemos sentirnos: “pecadores y perdonados para perdonar”.
Si nos sentimos simplemente pecadores, esto nos lleva a un sentimiento de culpabilidad. Pero si nos sentimos perdonados, cuando recibimos el perdón y nos llenamos de misericordia, debo dejar correr esa misericordia, como si fuera un río, para que llegue a los demás.
En el texto evangélico nos encontramos a un siervo que debe mucho, y sólo cuando llega ante su señor se da cuenta de lo inmensa que es su deuda. A nosotros nos pasa igual, mientras no nos exigen nada, no nos damos cuenta de lo que debemos. Vamos acumulando fallos y no nos damos cuenta de que las cosas podríamos hacerlas mejor. Y nos acomodamos en esta actitud porque el Señor no está siempre pinchándonos y diciéndonos lo que hacemos mal. Por tanto, debemos tomar conciencia de que hay cosas que hacemos mal para ponerle solución.
El siervo le dice al señor que tenga paciencia, que se lo pagará todo. Ante la inmensidad de la deuda es imposible lo que le está pidiendo a su señor. Sin embargo, esta petición la cumple el señor con creces, va más allá de ella, le perdona la deuda. A veces adquirimos deudas impagables con Dios, pero Él nos da mucho más de lo que esperamos. Y si esto es así, ¿por qué nos resistimos a la misericordia y a la reconciliación con Dios?
El perdonarle el señor la gran deuda al siervo, tendría que haber sido suficiente para que le hubiera dado un vuelco el corazón, pero no, le pide una pequeña deuda a un compañero. Qué pronto se nos olvida la misericordia. Nos gusta mucho cuando es con nosotros, pero cuando tiene que llegar a los demás se nos acaba.
El perdón de Dios no acaba en mí; si no llega a los otros, no se cierra ese círculo del perdón.
Las cosas de Dios no son sólo para ti, sino en ti para el otro.
El Señor hoy nos invita a aprender lo que es el perdón de verdad.
En el Calvario nos da la prueba más grande perdonando a los que le matan. Y eso mismo, y en ese mismo momento le pide a su Madre, que sea la Madre de todos perdonando también a los demás.
“No administréis el perdón; regaladlo, como os ha sido regalado”.
La reflexión está basada en el evangelio del día, cuyo texto corresponde a Mt 18, 21-35 y dice lo siguiente:
En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: “Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?”. Jesús le contesta: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo. El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba diciendo: Págame lo que me debes. El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré. Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: ¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?. Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cuál no perdona de corazón a su hermano”.
¡Jesús, permítenos aprender de tus palabras, gestos, paciencia y misericordia!
Pedro, con un corazón débil como el nuestro, en este texto, le da a Jesús la queja de cuántas veces tiene que perdonar, de si hasta siete veces.
Nosotros también nos encontramos así a veces, cansados de perdonar o sin saber hacerlo.
Nosotros tropezamos muchas veces en la misma piedra, y deberíamos “destropezar”; pero esto si me lo aplico a mí, cuesta mucho más que si se lo aplico a los demás.
Pedro no pide ayuda para perdonar, intenta justificarse con la respuesta de hasta siete veces.
El perdón no es cuestión de veces sino de actitud: este es el esquema que debemos cambiar.
El cristiano no es un contable de lo bueno que hace. El cristiano debe ser un hambriento de hacer el bien, un reconciliador.
Esto no es fácil, por eso Jesús ayuda a Pedro, y en vez de darle un discurso, le lleva a que vea su propia debilidad, fijándose en cuántas veces ha sido perdonado: con todo lo que me han perdonado a mí, ya podría yo intentar perdonar a los demás.
Lo que Jesús hace con Pedro lo hace también con nosotros.
Debemos sentirnos: “pecadores y perdonados para perdonar”.
Si nos sentimos simplemente pecadores, esto nos lleva a un sentimiento de culpabilidad. Pero si nos sentimos perdonados, cuando recibimos el perdón y nos llenamos de misericordia, debo dejar correr esa misericordia, como si fuera un río, para que llegue a los demás.
En el texto evangélico nos encontramos a un siervo que debe mucho, y sólo cuando llega ante su señor se da cuenta de lo inmensa que es su deuda. A nosotros nos pasa igual, mientras no nos exigen nada, no nos damos cuenta de lo que debemos. Vamos acumulando fallos y no nos damos cuenta de que las cosas podríamos hacerlas mejor. Y nos acomodamos en esta actitud porque el Señor no está siempre pinchándonos y diciéndonos lo que hacemos mal. Por tanto, debemos tomar conciencia de que hay cosas que hacemos mal para ponerle solución.
El siervo le dice al señor que tenga paciencia, que se lo pagará todo. Ante la inmensidad de la deuda es imposible lo que le está pidiendo a su señor. Sin embargo, esta petición la cumple el señor con creces, va más allá de ella, le perdona la deuda. A veces adquirimos deudas impagables con Dios, pero Él nos da mucho más de lo que esperamos. Y si esto es así, ¿por qué nos resistimos a la misericordia y a la reconciliación con Dios?
El perdonarle el señor la gran deuda al siervo, tendría que haber sido suficiente para que le hubiera dado un vuelco el corazón, pero no, le pide una pequeña deuda a un compañero. Qué pronto se nos olvida la misericordia. Nos gusta mucho cuando es con nosotros, pero cuando tiene que llegar a los demás se nos acaba.
El perdón de Dios no acaba en mí; si no llega a los otros, no se cierra ese círculo del perdón.
Las cosas de Dios no son sólo para ti, sino en ti para el otro.
El Señor hoy nos invita a aprender lo que es el perdón de verdad.
En el Calvario nos da la prueba más grande perdonando a los que le matan. Y eso mismo, y en ese mismo momento le pide a su Madre, que sea la Madre de todos perdonando también a los demás.
“No administréis el perdón; regaladlo, como os ha sido regalado”.
martes, 9 de marzo de 2010
ALTAR DE CULTOS PARA EL QUINARIO CUARESMAL
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