domingo, 26 de julio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 17º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (26-7-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 44-52


“En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente:

- «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo.

El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.

El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes.

¿Entendéis bien todo esto?»

Ellos le contestaron:

- «Sí.»

Él les dijo:

- «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo».”



LA SABIDURÍA

“Te concedo un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni surgirá otro igual después de ti” (1Re 3,12). Así responde el Señor a la oración de Salomón. El joven rey, sucesor de David, solo le había pedido un corazón dócil para gobernar a su pueblo, para discernir el mal y el bien. Eso le bastaba.

Y al Señor le había agradado que Salomón no pidiera una larga vida para sí mismo ni una corta vida para sus enemigos. El rey había pedido sabiduría y discernimiento para poder reconocer el sentido profundo de la vida: la suya y la de su pueblo. Un corazón sabio equivale a una conciencia recta. Ese es un gran ideal humano y un gran don divino.

Haciendo nuestro el talante de Salomón, proclamamos con el salmista: “¡Cuánto amo tu voluntad, Señor!” (Sal 118). San Pablo nos dice que “a los que aman a Dios todo les sirve para el bien” (Rom 8,28). Y esa es también nuestra experiencia.


LA MEJOR OPCIÓN

Se podría decir que el lema de este domingo 17º del Tiempo Ordinario es que “la mejor opción es obrar según el plan de Dios”. La felicidad está en acertar en la opción fundamental de nuestra vida. Pues bien, esa gran verdad Jesús la expone en tres parábolas (Mt 13, 44-52).

• La primera nos presenta a un jornalero o tal vez un caminante. En un campo encuentra un tesoro oculto. Lo esconde de nuevo, y lleno de alegría vende todo lo que tiene y con el dinero conseguido compra el campo aquel. Su desprendimiento es una ganancia.

• La segunda imagina a un comerciante de perlas finas. Un día encuentra una de gran valor. También él vende todo lo que tiene para poder comprar aquella perla. No desprecia lo que tiene, sino que aprecia de verdad lo que siempre ha ido buscando.

• La tercera parábola evoca la red que los pescadores arrojan al mar. Es cierto que recoge toda clase de peces. Pero en un segundo momento, los pescadores los seleccionan cuidadosamente. Reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran.

Las tres imágenes representan el reino de Dios. Las tres subrayan su valor. Y sugieren la necesidad de establecer una recta jerarquía de valores. Hay que valorar lo que realmente vale.


LA ESCUCHA Y LA ACCIÓN

Todo el discurso de las parábolas se cierra con una pregunta que Jesús dirige a sus discípulos: “¿Habéis entendido todo esto?” (Mt 13,51). Como en tantas otras ocasiones, esta pregunta de Jesús nos interpela también a nosotros.

• “¿Habéis entendido todo esto?” Es preciso oír y escuchar atentamente la palabra del Señor. En ella encontramos no tanto la erudición como la sabiduría.

• “¿Habéis entendido todo esto?” No basta con escuchar. Es necesario entender y aceptar el mensaje de salvación que la palabra evangélica contiene para cada uno de nosotros.

• “¿Habéis entendido todo esto?” Y finalmente, es obligado reflexionar sobre el mensaje de Jesucristo para poder anunciarlo con verdad y dar testimonio de él con nuestra vida.

- Señor Jesús, tú sabes bien que muchas veces hemos preferido los bienes de este mundo antes que el bien de salvación que tú nos has presentado. Reconocemos que esa elección ha sido equivocada. Concédenos la sabiduría necesaria para descubrir el valor del reino de los cielos y para preferirlo de verdad a todos nuestros proyectos e intereses. Amén.

José-Román Flecha Andrés

viernes, 24 de julio de 2020

RESULTADO DE LOS CABILDOS CELEBRADOS EN EL DÍA DE AYER

Tras los cabildos celebrados en el día de ayer podemos informar que :

1. Se han aprobado la Memoria anual y la gestión económica de este curso 2019-2020.

2. Se ha aprobado igualmente la propuesta de venta de nuestro paso procesional actual presentada en Cabildo General Extraordinario.


Aprovechamos la ocasión para agradecer la alta participación de hermanos, teniendo en cuenta las fechas en la que nos encontramos y que muchos estén incluso de vacaciones.

Agradecer igualmente a la Hermandad del Transporte su fraternal acogida y todas las facilidades que nos han dado para celebrar estos dos Cabildos.


domingo, 19 de julio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 16º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (19-7-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 24-43


“En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola a la gente:

- «El reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras la gente dormía, su enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo:

"Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?"

Él les dijo:

"Un enemigo lo ha hecho."

Los criados le preguntaron:

"¿Quieres que vayamos a recogerla?

Pero él les respondió:

"No, que, al arrancar la cizaña, podríais arrancar también el trigo, dejadlos crecer juntos hasta la siega y, cuando llegue la siega, diré a los segadores: «Arrancad primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo almacenadlo en mi granero.»

Les propuso esta otra parábola:

- «El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno siembra en su huerta; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un arbusto más alto que las hortalizas, y vienen los pájaros a anidar en sus ramas.»

Les dijo otra parábola:

El reino de los cielos se parece a la levadura; una mujer la amasa con tres medidas de harina, y basta para que todo fermente.»

Jesús expuso todo esto a la gente en parábolas y sin parábolas no les exponía nada.

Así se cumplió el oráculo del profeta:

«Abriré mi boca diciendo parábolas, anunciaré lo secreto desde la fundación del mundo.»

Luego dejó a la gente y se fue a casa. Los discípulos se le acercaron a decirle:

- «Acláranos la parábola de la cizaña en el campo.»

Él les contestó:

- «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles.

Lo mismo que se arranca la cizaña y se quema, así será al fin del tiempo: el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y arrancarán de su reino a todos los corruptores y malvados y los arrojarán al horno encendido; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Entonces los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre. El que tenga oídos, que oiga».”



TRIGO Y CIZAÑA

“Tú, poderoso soberano, juzgas con moderación y nos gobiernas con gran indulgencia, porque puedes hacer cuanto quieres” (Sab 12,18). La historia y nuestra propia experiencia nos dicen que los poderosos no siempre son clementes. Muchos de los que prometen hacer justicia, terminan ajusticiando a los demás.

Pero este texto del libro de la Sabiduría que se lee en este domingo 16º del Tiempo Ordinario nos recuerda que el poder de Dios se manifiesta precisamente en su misericordia. Obrando así nos ofrece la esperanza de ser perdonados y, al mismo tiempo, nos enseña que el justo debe ser humano.

Eso es lo que proclamamos en el salmo responsorial: “Tú, Señor, eres bueno y clemente” (Sal 85). Como escribe san Pablo, “el Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque no sabemos pedir lo que nos conviene” (Rom 8,26).


EL SEMBRADOR Y SU ENEMIGO

De nuevo, el evangelio que hoy se proclama refleja el ámbito agrícola con un mensaje sobre la siembra y la cosecha (Mt 13,24-43). Y de nuevo el texto pone en boca de Jesús una parábola y le atribuye después una alegoría.

• La parábola refleja la paciencia de Dios. Él es el sembrador de la buena semilla. Trabaja a plena luz del día y permanece cerca del campo, acompañado por sus operarios que se muestran responsables y preocupados por la sementera. Pero se menciona también a un enemigo que actúa en la oscuridad, siembra una mala semilla y desaparece. A la prisa de los empleados por arrancar la cizaña, la parábola contrapone la gran paciencia del dueño.

• La explicación de Jesús se expresa en forma de alegoría. Los protagonistas son el Hijo del hombre que siembra buen trigo y el diablo que siembra cizaña. También las semillas tienen un significado. El trigo son los ciudadanos del Reino, mientras que la cizaña representa a los partidarios del Maligno. La alegoría anuncia que la cizaña será echada al fuego, suerte que espera a todos los malvados, que han nacido de la semilla sembrada por el Maligno.


LOS JUSTOS Y EL REINO

Llama la atención ver que la alegoría no se refiere al trigo, sino que pasa inmediatamente a mencionar a los que el trigo representa, que son los que han nacido de la semilla sembrada por el mismo Señor. ¿Y cuál es su suerte?

• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En primer lugar, es una alegría ver que los que han nacido de la iniciativa y de la semilla sembrada por el Hijo del hombre son calificados como “justos”.

• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En segundo lugar, se evoca el hecho de que la buena semilla fue sembrada a pleno día. Y se anuncia para los justos un futuro de luz semejante a la del sol.

• “Los justos brillarán como el sol en el reino de su Padre”. En tercer lugar, recordamos que la buena semilla son “los ciudadanos del reino”. No es extraño que su destino y la plenitud de su vocación se sitúe precisamente en el reino de su Padre.

- Señor Jesús, tú conoces la confusión del mundo en el que vivimos. Te agradecemos la presencia de los buenos sembradores, te rogamos que nos libres de la cizaña que siembra el Maligno y que nos ayudes a dar el fruto bueno que pacientemente esperas de nosotros.

José-Román Flecha Andrés.
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lunes, 13 de julio de 2020

CITACIÓN PARA CABILDO DE CIERRE DE CURSO Y CABILDO EXTRAORDINARIO

Estimado Hermano:

De orden del Señor Hermano Mayor, tengo el honor de convocarte al CABILDO GENERAL DE CIERRE DE CURSO Y CUENTAS que celebrará nuestra Hermandad el próximo Jueves 23 de julio del año de nuestro Señor de 2020 a las 20:45 horas en primera convocatoria y a las 21:15 horas en segunda y última,con arreglo al siguiente Orden del día:


1º Lectura y aprobación del acta del anterior Cabildo General Ordinario celebrado


2º Memoria de actividades del ejercicio 2019-2020


3º Presentación para su Aprobación de las cuentas del ejercicio 2019-2020


4º Ruegos y preguntas.



A la finalización de este Cabildo celebraremos CABILDO GENERAL EXTRAORDINARIO con un único punto en el Orden del día:


1º Aprobación para la venta del actual paso procesional.

De cara a cumplir la normativa en materia sanitaria, y como quiera que las dependencias de nuestra sede canónica no permiten asegurar la distancia mínima entre personas en un acto como éste, ambos Cabildos Generales tendrán lugar, de forma excepcional, en la CasaHermandad de la Real, Fervorosa, Piadosa y Mercedaria Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Ntro. Padre Jesús del Consuelo en el Desprecio de Herodes, Madre de Dios de la Misericordia, y San Cristóbal Mártir- Hermandad del Transporte- sita en el número 34 de la calle Merced de nuestra ciudad. Lo que comunico a los efectos de citación, recordándole que todos los hermanos mayores de 18 años, con al menos de un año de antigüedad en la Hermandad y que hayan realizado la Recepción Canónica tienen el derecho y el deber de asistir a los Cabildos Generales. 

Se despide su afectísimo en la Cruz y en la Soledad de Loreto.




Vº Bº HERMANO MAYOR                                        EL SECRETARIO

Fdo. Eusebio Castañeda Sánchez                                 Carlos Amarillo Andrades





viernes, 10 de julio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 15º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (12-7-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 13, 1-23 (lectura breve 13, 1-9)


“Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.

Les habló mucho rato en parábolas:

- «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron.

Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó.

Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron.

El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta.

El que tenga oídos que oiga.»

Se le acercaron los discípulos y le preguntaron:

- «¿Por qué les hablas en parábolas?»

Él les contestó:

- «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure."

¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron. Vosotros oíd lo que significa la parábola del sembrador:

Si uno escucha la palabra del reino sin entenderla, viene el Maligno y roba lo sembrado en su corazón. Esto significa lo sembrado al borde del camino.

Lo sembrado en terreno pedregoso significa el que la escucha y la acepta en seguida con alegría; pero no tiene raíces, es inconstante, y, en cuanto viene una dificultad o persecución por la palabra, sucumbe.

Lo sembrado en zarzas significa el que escucha la palabra; pero los afanes de la vida y la seducción de las riquezas la ahogan y se queda estéril. Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese dará fruto y producirá ciento o sesenta o treinta por uno.”



EL SEMBRADOR

“Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será la palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo” (Is 55,10-11).

Al principio de este capítulo se invitaba a recibir la palabra de Dios, presentada con las imágenes del trigo, el vino y la leche. Todos los demás alimentos no podían satisfacer al hombre (Is 55,1-2). Ahora la palabra de Dios se presenta con la imagen de la lluvia que fecunda los campos. Así que el alimento y la fecundidad son los grandes dones de Dios.

Como el labrador espera una buena cosecha, “también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo” (Rom 8,23).


LA PARÁBOLA

El evangelio que se proclama en este domingo 15º del tiempo ordinario nos ofrece el conocido mensaje sobre el sembrador y la semilla (Mt 13,1-23). La primera parte se presenta como una parábola que refleja la decisión de Dios. El sembrador sale al campo y arroja la semilla. Dios no es tacaño en la sementera. Esparce su semilla con generosidad.

Las aves del cielo, las piedras y los abrojos representan serios inconvenientes para que la semilla produzca fruto. Estos obstáculos no pueden ser ignorados, pero no constituyen toda la realidad de los campos. Y, sobre todo, no pueden frustrar las intenciones del sembrador. Siempre hay una porción de buena tierra que acoge la semilla y la ayuda a germinar.

A pesar de todas las dificultades, el sembrador desea que su palabra produzca un fruto abundante. Nada puede hacer fracasar sus proyectos y esperanzas. El ejemplo de Dios no puede quedar en el olvido. Como él, también nosotros “sembremos en los hombres el ejemplo de obras sinceramente buenas”, como dice san Bernardo.


LA ALEGORÍA

La segunda parte del texto evangélico se nos presenta como una alegoría que refleja las actitudes de los hombres que reciben la palabra de Dios.

• Algunos escuchan la palabra del reino, pero no la entienden. Viene el maligno y roba lo sembrado en su corazón. Les falta formación.

• Otros escuchan la palabra y la acogen con alegría en su corazón. Pero son inconstantes ante la dificultad o la persecución. Les falta perseverancia.

• Otros escuchan la palabra pero permiten que la ahoguen los afanes de la vida y la seducción de las riquezas. Les falta austeridad.

• Otros escuchan la palabra, la acogen, la meditan, la difunden, dan un testimonio vivo de lo que ha producido en su vida. Solo les falta agradecer a Dios esos mismos dones.

- Señor Jesús, tú has proclamado dichosos los ojos de los que te vieron y los oídos de los que te escucharon. Abre tú nuestros sentidos para que seamos conscientes del valor de tu palabra y demos el fruto que el Padre espera de nosotros. Amén.

José-Román Flecha Andrés.
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sábado, 4 de julio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 14º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (5-7-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 11, 25-30


“En aquel tiempo, exclamó Jesús:

- «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Si, Padre, así te ha parecido mejor.

Todo me lo, ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.

Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».”



MANSO Y HUMILDE

“Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso, modesto y cabalgando en un asno” (Zac 9,9). La modestia y humildad del futuro rey que anuncia el oráculo del Señor es evidente. Su asno se contrapone a los carros de Efraim, a los caballos de Jerusalén y a los arcos de los guerreros.

A la modestia del rey prometido se opone la soberbia y la violencia de los impostores. Los dictadores del pasado y del presente suelen imponer la paz de los cementerios. Según el profeta, ese rey del futuro dictará la paz a las naciones. Una paz basada en la justicia que respeta la vida, no en las armas que siembran la muerte.

Pero ese contraste no es solo político y social. No se da solo en nuestro ambiente: se reproduce también en nuestras opciones personales. Así que, escuchando el mensaje de San Pablo, tratamos de vivir según el Espíritu, para dar muerte a las obras de la carne (Rom 8,13).


TRES INVITACIONES

La primera parte del evangelio contiene una oración de Jesús que recuerda el cántico de María. Jesús da gracias al Padre. Reconoce que él se complace en los humildes y pequeños. Y confiesa su íntima vinculación con el Padre celestial (Mt 11,25-30).

En la segunda parte del texto hay una exhortación de Jesús a los discípulos y una invitación a los que admiramos sus gestos y sus palabras. Esta exhortación-invitación se expresa en tres verbos en imperativo: venid, cargad y aprended. Pero las acciones a las que se invita al discípulo incluyen también una promesa por parte de Jesús.

• “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviare”. La vida cristiana nace de esa invitación del que nos conoce y sabe de nuestra insatisfacción. Pero el cristiano sabe que su decisión de acercarse a Jesús no quedará defraudada. El Señor es alivio para nuestra fatiga. Es consuelo para nuestro desaliento. Es plenitud para nuestra carencia.

• “Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso”. Llevar el yugo es sentirse vinculados a él en la misma tarea. Esa solidaridad en la misión resume la actitud y el contenido mismo de la lección que el discípulo ha de aprender. Una lección de humildad que es prenda y garantía de descanso.


DOS REVELACIONES

Además, no podemos olvidar que el evangelio de hoy contiene dos revelaciones igualmente importantes. Jesús se muestra como el puente entre el Padre y los hombres.

• “Todo me lo ha entregado mi Padre”. La primera revelación tiene una orientación vertical. Cierra la oración de Jesús y nos muestra la razón de su confianza. En su unión con el Padre comparte con Él el mismo plan de salvación. Conoce el corazón amoroso del Padre y asume la misión de descubrirlo a los hombres.

• “Mi yugo es llevadero y mi carga ligera”. La segunda revelación nos abre a la dimensión horizontal de la misión de Jesús. Cierra la invitación que dirige a sus discípulos. Él no trata de oprimirlos. Quien sigue a Jesús no puede ignorar que se une a él en la misma tarea. Pero ha de saber que el Maestro no le impone una carga imposible de llevar.

- Señor Jesús, enséñanos a orar como orabas tú. Agradecemos sinceramente que comprendas nuestro cansancio y nos ofrezcas tu alivio. Tu vos nos llevas a acompañarte por el camino, sabiendo que encontraremos en ti el descanso que esperamos. Amén.

José-Román Flecha Andrés
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sábado, 27 de junio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 13º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (28-6-2020)

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,37-42


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «El que quiere a su padre o a su madre más que a mí no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí no es digno de mí; y el que no coge su cruz y me sigue no es digno de mí. El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí la encontrará.

El que os recibe a vosotros me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta tendrá paga de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo tendrá paga de justo. El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pobrecillos, sólo porque es mi discípulo, no perderá su paga, os lo aseguro».”


MISIÓN Y HOSPITALIDAD

“Un día pasaba Eliseo por Sunem y una mujer rica lo invitó con insistencia a comer. Y siempre que pasaba por allí iba a comer a su casa” (2Re 4,8). Así comienza la primera lectura que se proclama en este domingo decimotercero del tiempo ordinario. El texto continúa con la referencia a dos datos importantes.

• En primer lugar esta mujer de Sunem sugiere a su marido preparar en la casa una habitación, para que el profeta Eliseo pueda hospedarse allí cuando pase de camino.

• En segundo lugar, Eliseo recompensa aquel gesto de hospitalidad con una solemne promesa: “El año que viene, por estas mismas fechas abrazarás un hijo”.

La mujer practica la hospitalidad con un profeta y él profetiza que el premio será el don de la vida. Con razón podemos “cantar eternamente las misericordias del Señor” (Sal 88).

El cristiano sabe que su fidelidad al Señor no quedará sin recompensa: “Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él” (Rom 6,8). A la hora del premio, Jesucristo no puede ser menos generoso que el profeta Eliseo.


UNA FAMILIA UNIVERSAL

En el evangelio que hoy se proclama continúa el llamado “Discurso del envío” (Mt 10,37-42). Jesús no desprecia la familia humana. Pero, con un lenguaje interpelante establece una jerarquía de valores que incluye la radicalidad de la llamada.

La importancia de los lazos familiares pone de relieve esa mayor generosidad que exige el seguir al Maestro. Sin embargo, Jesús ofrece a sus discípulos la hospitalidad de una nueva familia universal que ni siquiera conocen todavía.

• “El que os recibe a vosotros, me recibe a mí y el que me recibe a mí, recibe al que me ha enviado”. He ahí una promesa que abre un espléndido horizonte a quien ofrece hospedaje al misionero, identificado con Jesús y con su Padre celestial.

• “El que recibe a un profeta… tendrá recompensa de profeta, y el que recibe a un justo tendrá recompensa de justo”. Es verdad que el amor auténtico florece en el terreno de la gratuidad. Pero Jesús no olvida pregonar la gratitud que alcanzará la hospitalidad.


LA PÉRDIDA Y EL HALLAZGO

Todo el texto evangélico juega con las paradojas y las contraposiciones. Evocar lo que se deja ayuda a subrayar el valor de lo que se encuentra. Los que tratan de seguir a Jesucristo no pueden olvidar ese contraste, esa trasmutación de los valores que proclaman sus palabras:

• “El que encuentre su vida la perderá”. Hay una avaricia que se manifiesta en abrazar con ansia todo lo que uno ha tratado de conseguir. Todo eso en lo que habitualmente se coloca la

comodidad o el prestigio. Pero a fin de cuentas se descubre que ni la codicia genera dignidad, ni la traición al ideal comporta la felicidad.

• El que pierda su vida por mí, la encontrará”. A veces hay que optar por un bien que no siempre parece razonable al observador. Si esa decisión acucia al investigador o al que entrega su vida por intentar defender a otra persona, mucho más relevante es para quien entrega su vida por Cristo y su mensaje.

- Señor Jesús, tú nos llamas a seguirte con generosa radicalidad. Bien sabemos que los bienes que dejamos no dejan de ser bienes. Pero tú nos ayudas a comprender el bien incomparable de vivir tu vida y de entregar la nuestra por ti. Bendito seas, Señor.

José-Román Flecha Andrés

viernes, 19 de junio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 12º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO A – (21-6-2020

Lectura del santo evangelio según san Mateo 10,26-33


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles: «No tengáis miedo a los hombres, porque nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse.

Lo que os digo de noche decidlo en pleno día, y lo que escuchéis al oído pregonadlo desde la azotea. No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones.

Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del cielo».



LA VIDA Y SU SENTIDO


“Cantad al Señor, alabad al Señor, que libró la vida del pobre de manos de los impíos” (Jer 20,13). Así termina la primera lectura que se proclama en este domingo duodécimo del tiempo ordinario. Antes hemos oído que Jeremías escuchaba los comentarios amenazadores de sus vecinos. Trataban de delatarlo, de atraparlo y de vengarse de él.

Esa situación no es exclusiva de Jeremías, La experiencia repetía en su pueblo que nadie es profeta en su tierra. También fuera de ella, quien anuncia la verdad y denuncia la mentira será acusado de no respetar el orden establecido. En algunos lugares el mensajero de la justicia es directamente asesinado. En otros, se comienza por declararlo “persona non grata”.

Muy oportunamente, en el salmo responsorial se nos invita a repetir una súplica cargada de confianza: “Que me escuche tu gran bondad, Señor” (Sal 68). Que nos alcance la gracia que Dios nos otorga por Jesucristo, como nos dice san Pablo (Rom 5,12-15).


EL MIEDO Y LA LIBERTAD

La persecución aparece también en el evangelio que hoy se proclama (Mt 10,26-33). El texto forma parte del llamado “Discurso de envío”. Los discípulos de Jesús han de saber que la misión no va a ser fácil. En las exhortaciones de Jesús hay una advertencia y un aviso

• Jesús advierte a sus discípulos que no han de tener miedo a los hombres, porque lo oculto y escondido llegará a saberse un día. Así que han de estar dispuestos a pregonar a la luz del día lo que Jesús les ha ido enseñando en privado.

• Jesús avisa a sus discípulos de que no han de temer a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. Así que han de saber valorar el tesoro de su libertad. La vida es importante, pero no deben ponerse en el peligro de perder el sentido último de la vida.

Las palabras de Jesús son una invitación a anunciar el mensaje con decisión y libertad. El mensajero podrá perder la vida en la misión, pero nadie puede arrebatarle el gozo de haber sido elegido para llevarla a cabo.


LA CONFIANZA Y LA FIDELIDAD

De todas formas, habrá ocasiones en las que los discípulos de Jesús se preguntarán si merece la pena arriesgar tanto por la misión que les ha sido encomendada. Jesús parece intuir ese titubeo y responde con una parábola y una promesa.

• Todos conocen el precio de los gorriones que se venden en la plaza por una moneda insignificante. Pero de todos ellos se cuida el Padre. Con más razón se cuidará de los que han

sido elegidos por Jesús. Hasta de sus cabellos lleva cuenta Dios. Así que han de caminar y vivir alimentando la confianza.

• A lo largo de la misión, los enviados tendrán ocasiones de dar testimonio de su Maestro y ocasiones para renegar de él. Tendrán que aprender a optar. Y recordar que un día el Señor los reconocerá o los ignorará según su comportamiento. Así que han de caminar y vivir manteniendo la fidelidad a la llamada.

- Señor Jesús, te agradecemos que nos hayas elegido para continuar tu misión en la tierra. Nos has recordado la atención que nos presta “nuestro Padre” y nos anuncias el premio que “tu Padre” concederá a nuestra lealtad. Ayúdanos a descubrir el sentido de la vida y a entregarla por ti si es preciso.

José-Román Flecha Andrés

viernes, 12 de junio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO – CICLO A – (14-6-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 6, 51-58

“En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos:

- «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Disputaban los judíos entre sí:

- «¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?»

Entonces Jesús les dijo:

- «Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida.

El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

El Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre; del mismo modo, el que me come vivirá por mí.

Éste es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».”



EL DON DE LA EUCARISTÍA

“Recuerda el camino que el Señor tu Dios te ha hecho recorrer esos cuarenta años por el desierto… Él te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no solo de pan vive el hombre, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios” (Dt 8,2-3).

En los discursos del Deuteronomio se invita a Israel a la fidelidad al Dios de la liberación. En este caso se le recuerda el maná que sostuvo su dura peregrinación por el desierto. Aquel alimento había de ser una prueba del amor y de la providencia de Dios hacia su pueblo. Aún así, lo invitaba a reconocer el valor de la palabra de Dios.

Ante la indiferencia de algunos cristianos de Corinto hacia las necesidades de sus hermanos, san Pablo les recuerda que el cuerpo y la sangre de Cristo son fuente y estímulo de unión: “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan” (1Cor 10,17).


ALIMENTO Y CAMBIO

El evangelio que se proclama en esta fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo recoge una parte del discurso que, después del reparto de los panes y los peces, Jesús pronunció en la sinagoga de Cafarnaúm (Jn 6, 51-58). En él sobresalen dos temas importantes.

• A la Samaritana, Jesús se revelaba como el que puede dar el agua de la vida. Ahora se revela como el pan vivo que da la vida. Sólo él puede calmar nuestra sed y saciar nuestra hambre. La carne y la sangre del Hijo del Hombre resumen su persona, su vida y su enseñanza. Son verdadera comida y verdadera bebida. Ahí está la verdadera vida y la promesa de la resurrección.

• Jesús revela que su Padre vive y él vive por el Padre. Del mismo modo, quien se alimenta de Cristo, vive de Cristo, por él y en él. Como escribió Benedicto XVI, “no es el alimento eucarístico el que se transforma en nosotros, sino que somos nosotros los que gracias a él acabamos por ser cambiados misteriosamente. Cristo nos alimenta uniéndonos a él; nos atrae hacia sí” (Sacramentum caritatis, 70).


RECUERDO Y ESPERANZA

En el discurso de Jesús hay una evocación del maná que alimentó a los hebreos. Y hay una promesa sobre la vida que comporta el alimento que Cristo es para el creyente.

• “Este es el pan que ha bajado del cielo”. Los creyentes en Jesucristo no despreciamos el pan que nos viene de la tierra y del trabajo humano. Pero recibimos y agradecemos como un don impensable el Pan que nos ha venido del cielo, es decir de la bondad divina.

• “No como el de vuestros padres que lo comieron y murieron”. Los seguidores de Jesús valoramos el camino de nuestros hermanos hebreos hacia la libertad. Pero sabemos y creemos que Cristo es el nuevo maná que alimenta nuestro camino de liberación.

• “El que come este pan vivirá para siempre”. Los cristianos estimamos los deseos de vida y de progreso integral de todos nuestros hermanos. Pero creemos que el cuerpo y la sangre de Cristo son semilla de una vida que no tiene fecha de caducidad.

- Señor Jesús, agradecemos y veneramos el don de tu Cuerpo y de tu Sangre. En ellos recordamos tu entrega, aprendemos a entregarnos por los demás y a vivir esperando tu manifestación gloriosa.

José-Román Flecha Andrés.

sábado, 6 de junio de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD – CICLO A – (7-6-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 16-18


“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.”



LOS DONES DE DIOS

“El Señor, el Señor: un Dios clemente y misericordioso, paciente, lleno de amor y fiel” (Ex 34,7). Así se presenta y se califica el mismo Dios en un momento especialmente dramático.

Adorando a un becerro de oro, el pueblo de Israel había quebrantado la alianza que Dios le había dispensado. Al darse cuenta de lo que estaba ocurriendo, Moisés lanzó contra las rocas las dos tablas de piedra en que estaban escritos los mandamientos.

Ahora Moisés vuelve a subir al monte Sinaí con las nuevas tablas de piedra, que sustituyen a las antiguas. El Señor se muestra benigno, compasivo y dispuesto a renovar la alianza. A Moisés solo le queda pedir al Señor que acompañe a su pueblo, aunque sea un pueblo obcecado.

Al final de la primera carta a los Corintios, san Pablo desea que el Dios Trinidad derrame sobre los fieles tres dones sagrados: la gracia de Jesucristo, el amor del Padre y la comunión del Espíritu Santo (2Cor 13,11-13).


LA CONDENA

El evangelio que se proclama en esta fiesta de la Santísima Trinidad recoge una parte de los comentarios que el evangelista añade a las palabras que Jesús dirige a Nicodemo (Jn 3,16-18). En este breve texto llaman la atención las alusiones a la condenación.

• “Dios no envió a su Hijo al mundo para condenarlo”. Es bueno comenzar con esa afirmación. La misión de Jesús no tiene por objeto la condenación de este mundo. Bastaría saber que Jesús pasó por el mundo haciendo el bien.

• “El que cree en él no será condenado”. La fe en Jesucristo no se reduce a la afirmación de algunas verdades abstractas. Tampoco se limita a regular algunos ritos o ceremonias. Creer en Jesús es aceptarlo como Salvador. ¿Cómo va a ser condenado quien se identifica con él?

• “El que no cree en él ya está condenado”. Nadie será condenado por no haber creído en Jesucristo. El mismo rechazo del Salvador ya es en sí mismo una lamentable condenación. Lo penoso de rechazar su Luz es haber elegido vivir en la tiniebla.


Y LA SALVACIÓN

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna” (Jn 3,16). La primera parte del texto evangélico de hoy es un maravilloso ventanal que nos abre al horizonte de los grandes dones de Dios:

• El amor de Dios al mundo.” ¿Es que Dios puede dejar de amar al mundo que ha creado para derramar sobre él su bondad? El amor de Dios sostiene el mundo material y, más aún, el mundo social en el que nos insertamos.

• La entrega de Jesús y la fe. Si el amor de Dios se muestra en la creación y en la providencia, se revela sobre todo en el envío de su Hijo. Creer es aceptarlo como Señor y Salvador de nuestra existencia.

• La vida eterna. La vida es el primero de los dones de Dios. La vida humana ha de ser acogida con gratitud y responsabilidad. Pero saber que nuestra vida puede ser eterna en Dios es el mayor premio a esa fe, que también nos ha sido dada.

- “Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén”.

José-Román Flecha Andrés.
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sábado, 30 de mayo de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS – CICLO A – (31-5-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-23


“Al anochecer de aquel día, el día primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

- «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

- «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

- «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos»”.




EL DON DEL ESPÍRITU

“Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en lenguas extrañas, según el Espíritu los movía a expresarse”. Ese parece ser el primer efecto de la efusión del Espíritu sobre los discípulos del Señor en el día de Pentecostés (Hech 2,4).

El orgullo de querer ser como dioses había llevado a los hombres a la confusión de las lenguas. La humildad de los que han pasado por la prueba de ver morir a su Maestro y por el trance del miedo, les lleva a unirse ahora en la misión de anunciar el mensaje del Señor.

El Espíritu se presenta con las imágenes del viento y del fuego. Arrastra las semillas y calienta los corazones. La efusión del Espíritu indica el ideal de la humanidad. Y representa también la plenitud de la Ley

El Espíritu es el motor y garante de la unidad, el maestro de la oración, el impulsor de la misión. Nos llena de alegría leer que, según el apóstol Pablo, todos nosotros, judíos o no judíos, esclavos o libres, hemos recibido un mismo Espíritu en el bautismo a fin de formar un solo cuerpo (1Cor 12,13).


LA PAZ

El texto evangélico que se proclama en esta solemnidad de Pentecostés (Jn 20,19-23) nos recuerda la primera manifestación del Resucitado a sus discípulos, reunidos en una casa, con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. La visita de Jesús les trajo la paz, los llenó de alegría y los preparó para el envío.

• La paz no era tan solo la tranquilidad en el orden como decían los filósofos, los políticos y los estrategas. La paz que anunciaba el Cristo era la certeza de que se cumplían las antiguas promesas. Era la plenitud de los dones de Dios.

• La alegría no era una simple superación de la angustia y del temor que había dispersado en huida a sus discípulos al ver a su Maestro apresado por la guardia de los sumos sacerdotes. La alegría era el fruto de la presencia del Señor resucitado.

• Y el envío no era sólo la huida para poder liberarse de la persecución a la que serían sometidos muy pronto. Era la participación en la misión de su Señor. Era la ocasión para ser testigos de la vida y del amor hasta los últimos confines de la tierra.


EL PERDÓN

Jesús se presenta de pronto ante sus discípulos, atemorizados y sorprendidos, y alienta sobre ellos. Pero el gesto es acompañado por unas palabras inolvidables:

• “Recibid el Espíritu Santo”. El soplo de Dios que se cernía sobre las aguas en el alba del mundo es ahora el soplo del Resucitado que crea una nueva tierra y una nueva historia.

• “A quienes les perdonéis los pecados, Dios se los perdonará”. Jesús no había venido a condenar, sino a salvar. En la nueva comunidad se hace presente el amor perdonador de Dios.

• “A quienes retengáis los pecados, Dios se los retendrá”. Ante la continua tentación de justificarnos a nosotros mismos, todos necesitamos aceptar un juicio más imparcial.

- Señor Jesús, sabemos que has entregado a tu Iglesia el don del Espíritu de la paz y del amor, de la gracia y del perdón. Te damos gracias. Y te pedimos que nos prepares para aceptar con diligencia el envío y la misión que tú nos confías. Amén. Aleluya.

José-Román Flecha Andrés.

viernes, 22 de mayo de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR – CICLO A – (24-5-2020)

Conclusión del santo evangelio según san Mateo 28, 16-20


“En aquel tiempo, los once discípulos se fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.

Al verlo, ellos se postraron, pero algunos vacilaban.

Acercándose a ellos, Jesús les dijo:

- «Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra.

Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».”



LOS CONFINES DEL MUNDO

“Seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines de la tierra”. He aquí el último mensaje de Jesús antes de ser elevado a la gloria de Dios, según se narra en la primera lectura de esta fiesta (Hech 1,1-11).

Sus apóstoles lo han visto siempre como un mesías nacional. Jesús les habla del Reino de Dios, pero ellos solo piensan en el reino de Israel. Siguen soñando en los puestos de poder que su Maestro puede confiarles. Pero él abre ante sus ojos un horizonte universal. Ellos mismos reciben el encargo de anunciar ese Reino de Dios “hasta los confines de la tierra”.

En la segunda lectura se nos recuerda que al Cristo resucitado Dios lo ha constituido como cabeza suprema de la Iglesia, que es su cuerpo. ¿Qué nos queda a nosotros? Pedimos confiadamente que Dios ilumine los ojos de nuestro corazón para que descubramos la esperanza a la que hemos sido llamados (Ef 1, 17-23).


ENVÍO Y LLAMADA

En el relato evangélico que se proclama en esta solemnidad de la Ascensión del Señor (Mt 28,16-20) podemos encontrar algunos detalles que se refieren a Jesús, a sus discípulos y también a nosotros mismos.

• En primer lugar, a Jesús se le ha dado autoridad plena sobre el cielo y sobre la tierra. Como sabemos, el demonio se había atribuido el poder y la posesión de todos los bienes de la tierra (Lc 4,6). Pero mentía. Sólo Jesús es el Señor del universo y de la historia.

• Los discípulos habían sido llamados un día allá en la Galilea de los gentiles. Es cierto que allí habían dudado de Jesús, pero precisamente ahí terminan adorándolo. Y desde ahí son enviados a hacer discípulos a todos los pueblos de la tierra.

• Y, por nuestra parte, nosotros agradecemos que el Señor haya pensado en nosotros y nos haya llamado a escuchar atentamente su evangelio, a recibir gozosamente el bautismo y a insertarnos finalmente en la realidad misma de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo.


EL GRAN MENSAJE

Muchas veces hemos meditado las últimas palabras de Jesús, tal como se recogen al final del Evangelio de Mateo: “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el final de este mundo”. Ese es el gran mensaje que resuena en la fiesta de su Ascensión a la gloria de Dios.

• “Yo estoy con vosotros”. El evangelio de Mateo comenzaba aplicando a Jesús el nombre de Emmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”. Y termina precisamente recogiendo su promesa de estar siempre con nosotros. Aquel nombre era el resumen y la clave de su misión.

• “Todos los días”. Jesús había enseñado a sus discípulos a pedir a Dios el pan de cada día (Mt 6,11; Lc 11,3). Pero bien sabemos que Jesús es el verdadero pan del cielo. Él será un guía permanente para sus seguidores. Él será su pan en el desierto un día tras otro.

• “Hasta el final del mundo”. Los discípulos soñaban un reino circunscrito a los límites de su pueblo. Pero ahora Jesús los envía a ensanchar los horizontes de la misión. Su palabra habrá de ser semilla de esperanza sembrada en todo el mundo.

- Señor Jesús, perdona tú nuestras dudas y acepta nuestra adoración humilde. Sabemos que no nos dejarás solos en esta misión que nos has confiado. Ayúdanos a hacer visible tu presencia en este mundo nuestro y en este tiempo nuestro y tuyo. Amén. Aleluya.

José-Román Flecha Andrés.

sábado, 16 de mayo de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 6º DE PASCUA – CICLO A – (17-5-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 15-21


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que os dé otro defensor, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque vive con vosotros y está con vosotros.

No os dejaré huérfanos, volveré. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy con mi Padre, y vosotros conmigo y yo con vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él».”



UNA TRIPLE RELACIÓN

“Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo” (Hech. 8,17). Esas palabras del libro de los Hechos de los Apóstoles cierran la primera lectura que se proclama en la celebración de la misa del sexto domingo de Pascua. Es sorprendente ver que el anuncio de Cristo en Samaría, por obra de Felipe, produce efectos admirables: la liberación del mal, la curación de las enfermedades y la difusión de la alegría.

A la vista de esos prodigios, la comunidad de Jerusalén envía allá a Pedro y a Juan. Su presencia garantiza la autenticidad de aquella misión. Y finalmente la completa con la imposición de las manos sobre los bautizados, que aún no han recibido el Espíritu Santo.

El salmo responsorial (Sal 65) nos sugiere que también hoy la comunidad cristiana ha de alabar al Señor de forma que todos los pueblos reconozcan su grandeza y su santidad.

Pero la alabanza verdadera es inseparable del ejercicio del amor mutuo, que es la auténtica revelación de ese Dios que es amor y padeció por nuestros pecados para llevarnos a Dios(1 Pe 3,17).


VER Y VIVIR

Al igual que el evangelio del 5º domingo de Pascua, también el que hoy se proclama recuerda las solemnes palabras de Jesús después de la última cena. Muchas ideas se agolpan en tan pocas líneas.

• Jesús dirige a sus discípulos una gran promesa. Pedirá al Padre que envíe sobre ellos “otro” Paráclito, es decir, otro Consolador o Abogado. Jesús manifiesta que esa tarea formaba parte de su misma misión. Tarea que ha de ser completada por el Espíritu de la verdad.

• Además Jesús establece una distinción entre sus discípulos y el mundo en el que viven. El mundo no conoce ni puede reconocer al Espíritu. Pero los discípulos lo conocen porque viven en sintonía y mutua habitación con el Espíritu. Por esa señal se caracterizan.

• Aún hay más. Jesús promete también a sus discípulos que nunca los dejará huérfanos. A pesar de las dificultades, ellos podrán verlo y en esa visión consistirá precisamente la vida de la comunidad. Los creyentes vivirán ya en el que vive para siempre.


EL CÍRCULO DEL AMOR

Todavía podemos escuchar y meditar otra promesa de Jesús: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Jn 14, 21). Meditemos esas palabras del Señor.

• “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama”. En las relaciones humanas la sintonía en los valores y los propósitos es signo de amor. De modo semejante, la prueba del discipulado no está en repetir las palabras del Maestro, sino en aceptar y cumplir sus mandatos.

• “El que me ama será amado por mi Padre”. En las relaciones humanas hay un lazo que une a las generaciones entre sí. También Jesús nos enseña que quien le ama de verdad será amado por el Padre, que nos ha entregado a su Hijo amado.

• “Yo también lo amaré y me manifestaré a él”. En las relaciones humanas, el amor no puede concebirse en una sola dirección. Quien ama espera ser correspondido. Pues bien, Jesús promete amar a aquellos que le han manifestado su amor cumpliendo sus mandatos.

- Señor Jesús, sabemos que tus promesas no son palabras vacías. En tu despedida nos has revelado el horizonte de una triple relación: contigo, con el Padre y con el Espíritu. Una relación que se fundamenta en el amor, en la verdad y en la vida que perdura para siempre. Bendito seas, Señor.

José-Román Flecha Andrés

sábado, 9 de mayo de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE PASCUA – CICLO A – (10-5-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 14, 1-12


“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

- «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.»

Tomás le dice:

- «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?»

Jesús le responde:

- «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre. Ahora ya lo conocéis y lo habéis visto.»

Felipe le dice:

- «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.»

Jesús le replica:

- «Hace tanto que estoy con vosotros, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Creedme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, creed a las obras. Os lo aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre».”



CREED

“La Palabra de Dios iba cundiendo y en Jerusalén crecía mucho el número de los discípulos; incluso muchos sacerdotes aceptaban la fe” (Hech 6,7). El libro de los Hechos de los Apóstoles da cuenta de la elección de los siete “diáconos” de lengua griega para que atiendan a los hermanos procedentes de esa cultura. Una apertura totalmente necesaria.

A continuación, se incluye esa nota sobre el crecimiento de la comunidad de Jerusalén. No solo aumenta gracias a los griegos. Entre los hebreos hay también muchos sacerdotes que han llegado a creer en Jesús como el Mesías de Dios.

El redactor del libro parece maravillado por lo que ha sucedido. Su narración suscita la acción de gracias por la misericordia de Dios, que se alaba en el salmo responsorial (Sal 32).

La primera carta de Pedro, que seguimos leyendo en este tiempo pascual, nos dice que todos los que reconozcan al Señor como la piedra angular, no quedarán defraudados. Para los creyentes es una piedra de gran precio (1Pe 2,4-9).


LA META Y EL CAMINO

El evangelio de este 5º domingo de Pascua nos sitúa en el cenáculo para recordarnos una solemne invitación de Jesús a sus discípulos: “No se turbe vuestro corazón, creed en Dios y creed también en mí” (Jn 14,1). Ante estas palabras dos discípulos se atreven a dirigirse a Jesús con unas palabras que bien podrían ser las nuestras.

• Tomás confiesa que no sabe adónde va Jesús y, por tanto, tampoco puede conocer el camino. También nosotros damos la impresión de haber olvidado el horizonte al que Cristo nos conduce. Demasiadas veces parecemos perdidos y descaminados. Ignoramos que solo él es el camino, la verdad y la vida.

• Felipe solo desea que Jesús les muestre al Padre. También en ese anhelo nos sentimos representados nosotros. Rezamos al Padre si nos vemos agobiados. Pero no reconocemos la

paternidad de Dios si las cosas nos van mal. No hemos descubierto aún la necesidad de arrepentirnos y regresar a su casa. No hemos visto en Jesús el rostro misericordioso del Padre.


LA FE Y LAS OBRAS

Así pues, la invitación a creer es el tema clave en este domingo. Es también la clave de toda nuestra vida cristiana. Esta es la promesa de Jesús: “En verdad en verdad os digo: el que cree en mí, también el hará las obras que yo hago, y aún mayores”.

• “Creer en Jesús”. Ese ideal de vida implica aceptarlo como nuestro Maestro y nuestro Salvador. Jesús es el Señor. Acogemos su palabra y damos gracias por su ejemplo. Creemos que él vive y camina con nosotros.

• “Hacer las obras de Jesús”. Esa es nuestra vocación y es también nuestro mejor deseo. Sabemos que, por brillantes y eficaces que parezcan a simple vista, nuestras obras son bien poca cosa si no coinciden con las suyas

• “Hacer obras mayores que las suyas”. Esa promesa nos parece poco probable. Y, en efecto, solo será posible gracias a la exaltación de Jesús (Jn 12,31), que, una vez levantado en alto, reunirá a los hijos de Dios dispersos (Jn 11,52).

- Señor Jesús, no queremos olvidar esa exhortación con la que tú nos invitas cada día a creer en Dios y a creer también en ti. Te rogamos que mantengas viva nuestra fe y nuestra confianza. Y que nos envíes tu Espíritu para que podamos suscitar esa fe en medio de nuestro mundo. Amén. Aleluya.

José-Román Flecha Andrés.

sábado, 2 de mayo de 2020

NUESTRA MADRE EN UNA FOTOGRAFÍA DE 1973

Agradecer a D. José Soto la cesión de esta fotografía realizada por él mismo un viernes santo del año 1973.

La imágen está tomada de recogida en plena calle Morenos y como hecho histórico el 11 de diciembre de dicho año nuestra parroquia de san Pedro cerraría sus puertas por amenaza de ruina.Como todos sabemos no sería hasta 1981 cuando volvería abrirse el templo al culto tras su intensa y larga obra de restauración.

En ese año 73 se estrenarían el libro de Reglas ,las cantoneras y el INRI de la cruz,aun llevábamos los faroles en la cruz de guía cedidos por la cofradía del Huerto y la Virgen luce una saya proveniente seguramente del traje de novia de una devota.

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE PASCUA – CICLO A – (3-5-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 10, 1-10


“En aquel tiempo, dijo Jesús:

- «Os aseguro que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.»

Jesús les puso esta comparación, pero ellos no entendieron de qué les hablaba. Por eso añadió Jesús:

- «Os aseguro que yo soy la puerta de las ovejas. Todos los que han venido antes de mí son ladrones y bandidos; pero las ovejas no los escucharon.

Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y, salir, Y encontrará pastos.

El ladrón no entra sino para robar y matar y hacer estrago; yo he venido para que tengan vida y la tengan abundante».”



EL SEÑOR ES MI PASTOR

“¿Qué tenemos que hacer, hermanos?” (Hech 2,37). Es el día de Pentecostés. Lleno de la fuerza del Espíritu, Simón Pedro dirige su palabra a la multitud. Anuncia a todos los oyentes que Dios ha glorificado a Jesús, al que ellos habían conducido a la muerte. Y esta es la pregunta que los oyentes dirigen a Pedro y a los demás apóstoles.

El texto resume en pocas palabras el itinerario de la iniciación cristiana: anuncio de la buena noticia sobre Cristo, atención a las preguntas de los que acogen la Palabra, exhortación a la conversión y celebración de los sacramentos. Sin olvidar una advertencia para escapar de esta generación perversa y para abrirse al don del Espíritu. ¡Todo un programa de vida!

El salmo 22 (ó 23 del texto hebreo) nos prepara a la escucha del evangelio, al proclamar la alegría de contar con el Señor como nuestro pastor.

La primera carta de Pedro, que nos instruye en estos domingos pascuales, nos recuerda que Jesús nos ha redimido subiendo al leño de la cruz: “Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas” (1Pe 2,25).


EL PASTOR

El domingo 4º de Pascua nos invita cada año a ver a Jesús como nuestro buen Pastor. En el texto que se proclama este año (Jn 10,1-10), sobresale la alusión al seguimiento:

• El pastor llama por su nombre a las ovejas y las saca fuera del redil. La imagen es muy sugerente. Los pastores de antes solían conocer a cada una de sus ovejas y hasta les daban un nombre propio. Con esa imagen del pastor se representa Jesús a sí mismo. Él conoce personalmente a los suyos y los saca para llevarlos a buenos pastos.

• El texto supone que, al llegar la noche, las ovejas de diversos rebaños se recogen en un redil común. Por eso el pastor llama precisamente a las suyas, las rescata de la indiferencia y sale al campo delante de ellas. Cuando ha sacado todas las suyas, el pastor camina delante de ellas y las ovejas lo siguen. Hay una relación especial entre Jesús y los suyos.

• Las ovejas siguen al pastor porque conocen su voz, pero no seguirían a un extraño. El texto sugiere que no es posible seguir al Señor si no se conoce su voz, y recuerda el afecto que él guarda para cada uno de nosotros. Los extraños no serán seguidos por las ovejas. Pero si alguien no sigue al Señor que le llama, ¿no será que no conoce su voz y le resulta extraño?


LA PUERTA

De todas formas, en este año, el texto evangélico subraya también la imagen de la puerta del redil donde se recogen las ovejas. También con ella se identifica Jesús:

• “Yo soy la puerta de las ovejas”. Él nos garantiza seguridad y abrigo en las noches de turbación y de tormenta. Él nos libra del miedo y de los enemigos.

• “Yo soy la puerta de las ovejas”. Él se abre cada mañana para que podamos “salir” de nuestros refugios. Él desea que podamos gozar de la luz.

• “Yo soy la puerta de las ovejas”. Él nos ofrece la salvación, la verdadera libertad y los buenos alimentos que sostienen nuestra vida.

• “Yo soy la puerta de las ovejas”. Él nos advierte para que no escuchemos a quienes no vienen por él hacia nosotros. Él nos recuerda que son ladrones y bandidos.

- Señor Jesús, te reconocemos como nuestro Buen Pastor. Queremos oír tu voz y reconocerla como tuya en medio de todas las voces que tratan de seducirnos. Queremos seguirte confiada y agradecidamente todos los días de nuestra vida. Amén. Aleluya.

José-Román Flecha Andrés
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viernes, 24 de abril de 2020

NUESTRA HERMANDAD EN LOS AÑOS 90

Extracto del vídeo https://www.youtube.com/watch?v=g6-IGhD9JDM&t=758s  subido a la plataforma You Tube por el usuario SEMANA SANTA JEREZ,correspondiente a salida de nuestra cofradía en los años 90 de nuestra sede de San Pedro.



NUESTRA HERMANDAD EN 2019 A SU PASO POR PLAZA DEL ARENAL

Extracto del vídeo https://youtu.be/yLdnS0cJJ2w subido a la plataforma You Tube por el usuario COFRADE TV ,correspondiente al paso de nuestra cofradía el pasado 2019 por plaza del arenal.

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE PASCUA – CICLO A – (26-4-2020)

Lectura del santo evangelio según san Lucas 24, 13-35


“Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

Él les dijo:

-«¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»

Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó:

-«¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»

El les preguntó:

-«¿Qué?»

Ellos le contestaron:

-«Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»

Entonces Jesús les dijo:

¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria? »

Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.

Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo:

-«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»

Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron:

-«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»

Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo:

-«Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»

Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”.



CAMINO DE EMAÚS

“Dios resucitó a Jesús y todos nosotros somos testigos” (Hech 2,32). Pedro acaba de referirse a los hechos que Jesús llevó a cabo. Ha recordado a los oyentes que ellos lo mataron en una cruz, por medio de paganos. Y en tercer lugar, proclama su resurrección: “No era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio

Nos llama la atención el contraste entre aquel Simón Pedro que negaba haber conocido a Jesús y este apóstol que, acompañado por los Once, se dirige con tanto valor a los judíos y vecinos todos de Jerusalén. He ahí el efecto de la efusión del Espíritu en Pentecostés.

El salmo 15 que hoy cantamos es uno de los primeros textos que expresan la esperanza de la resurrección: “Me enseñarás el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia, de alegría perpetua a tu derecha”.

Con razón en la segunda lectura de este día se vincula esa esperanza a la fe: “Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza” (1 Pe 1,21).


LA VIDA

El evangelio nos presenta a dos discípulos que dirigen a Emaús. Las mujeres habían inquietado a la comunidad, diciendo que no encontraban el cuerpo de Jesús. Pero ellos ya habían decidido alejarse de Jerusalén. Hoy muchos se parecen a Cleofás y el otro discípulo. Han perdido la fe. Y no buscan más razones ni más pruebas. Simplemente se alejan.

Los dos discípulos que caminan hacia Emaús son alcanzados por otro caminante que parece ignorar lo que ha ocurrido en Jerusalén. Los peregrinos le dicen: “Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel”. He ahí una de las claves del relato. El camino de Emaús es la confesión de una fe demasiado terrena y de una esperanza frustrada.

Pero los discípulos todavía conservan la capacidad para escuchar y aceptar una corrección. También hoy el peregrino acepta compartir con nosotros los alimentos que apenas pueden calmar nuestra hambre. Entre sus manos, el pan adquiere el significado de la vida que él nos ha dado con su palabra y que esperamos compartir con él para siempre.


EL PAN

Este hermoso relato culmina con el retorno de los dos discípulos a Jerusalén. Los otros cuentan que el Señor se ha aparecido a Simón Pedro y ellos confiesan que “lo reconocieron al partir el pan”. Ese es su testimonio Y ese es su testamento y su herencia para el futuro.

• “Lo reconocieron al partir el pan”. Los que habían seguido a Jesús por los caminos y habían visto como oraba antes de partir y compartir el pan no podían olvidar aquellos gestos. En ellos reconocieron al que se había entregado como pan.

• “Lo reconocieron al partir el pan”. Por ese gesto ha sido reconocida la Iglesia. Y por ese gesto habrá de ser reconocida en un mundo en el que no es habitual dar gracias a Dios y compartir con los demás los dones recibidos.

• “Lo reconocieron al partir el pan”. Realizado con verdad, ese gesto revela la sinceridad de la piedad hacia Dios y la generosidad de la entrega a los hermanos. Por ese gesto será reconocido cada uno de los cristianos como seguidor de Jesús.

- Señor Jesús, hoy queremos invitarte a quedarte con nosotros porque atardece. Agradecemos que hayas aceptado nuestra cena humilde. Te contemplamos sentado a la mesa con nosotros. Y te pedimos que nos des la luz y la fuerza para ser testigos de tu vida y de tu resurrección. Amén.

José-Román Flecha Andrés

sábado, 18 de abril de 2020

NUESTRA HERMANDAD EN LA DÉCADA DE LOS 90 EN IMÁGENES DE ONDA JEREZ TV

Fue el pasado día 13 cuando la Unión de Hermandades de Jerez anunciaba la suspensión de las salidas procesionales de las hermandades.Es la primera vez que Jerez no ha celebrado sus procesiones durante la semana de Pasión desde 1936.

Onda Jerez ha emitido una programación especial que ha ofrecido durante esta pasada Semana Santa ante la ausencia de salidas procesionales debido a la crisis sanitaria provocada por el coronavirus, consistentes en una serie de reposiciones de semanas santas de años precedentes aprovechando el extenso archivo gráfico que tiene la radiotelevisión municipal.

Para ello, entre el Domingo de Ramos y el Viernes Santo se ofrecieron recopilatorios de dos horas de duración sobre las salidas procesionales realizadas durante la década de los noventa por nuestras cofradías jerezanas..

Nosotros hemos recopilado todas estas imágenes históricas pertenecientes a nuestra corporación para deleite y disfrute de nuestros hermanos y seguidores en general.