viernes, 8 de febrero de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (10-2-2019)

LUCAS 5, 1-11.

“En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente. Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar». Simón contesto: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos pescado nada; pero, por tu palabra, echaré las redes». Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a los socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían. Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador». Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían pescado; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón. Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres». Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.”

Mientras en el evangelio de Marcos, Jesús elige sus primeros discípulos antes de iniciar su actividad misionera. En el evangelio de Lucas que es el que estamos leyendo los domingos de este ciclo, Jesús presenta primero su proyecto, realiza los primeros signos y después elige a los apóstoles. Toda esta actividad se presenta junto al lago de Genesaret, un lago inmenso, rodeado de ciudades muy pobladas y de una gran importancia para la economía del país en tiempos de Jesús, junto a este marco geográfico se sitúa la escena evangélica que acabamos de leer.

En las tres lecturas de hoy nos encontramos con experiencias distintas de vocación, plasmadas en textos diversos y que corresponden a épocas diferentes: nos hablan, la primera de la vocación del profeta Isaías, la segunda de la vocación de Pablo y la tercera de la vocación o llamada a Simón Pedro. Todas ellas poseen unos elementos comunes y otros diferentes pero todas coinciden en una cosa, ni Isaías, ni Pablo ni Pedro son los que eligen sino que son llamados, es Dios el que llama, esto es muy importante en la vida del hombre de fe, es siempre Dios el que ha dado y da el primer paso.

Las lecturas quieren en este domingo hacernos reflexionar sobre uno de los problemas más preocupantes de la Iglesia en el siglo XXI. El problema de la escasez de vocaciones, un problema complicado, y con muchos matices. ¿Dios se ha olvidado de llamar en nuestro tiempo?, no, Dios sigue llamando, lo que sucede es que Dios no encuentra corazones lo suficientemente preparados como para que esa llamada sea escuchada, no hay personas dispuestas a seguir esa voz, como la escucharon y la siguieron los tres protagonistas de las lecturas de hoy. Dios ha llamado y sigue llamando, y lo hace teniendo en cuenta siempre las condiciones sociológicas de cada tiempo histórico, y esas condiciones sociológicas ofrecen en nuestro tiempo unos valores que no tienen nada que ver con lo que esa llamada exige. La llamada de Dios se produce, pero no encuentra el terreno lo suficientemente abonado como para que esa semilla prenda y se desarrolle. Si esa llamada de Dios exige: sacrificio,generosidad, renuncia, entrega a los demás, olvido de sÍ mismo, dar sin esperar recibir. Son estas, exigencias que no se encuentran valoradas en nuestro mundo.

Todos somos responsables de la promoción de las vocaciones a la vida consagrada, en realidad en el proceso de maduración como cristianos, en nuestro proceso de crecimiento como hombres y mujeres de fe, debería haber habido algún momento en el que todos tendríamos que habernos hecho esta pregunta, ¿y por qué no yo? ¿y por qué el Señor no me puede llamar a mí? Aunque después realicemos nuestra misión de cristianos siguiendo otros caminos, el reflexionar sobre nuestra posible vocación sacerdotal o religiosa debería haber ocupado su momento en nuestro proceso de maduración religiosa.

Por otra parte, muchas vocaciones surgen porque la persona observa modelos de conducta que le atraen y eso les hace interrogarse sobre cosas y situaciones. Quizá lo que nos haga falta hoy sean esos auténticos testigos, que con ilusión y alegría vivan su fe transmitiendo a los demás la riqueza de seguir a Jesús de una forma especial, quizá es que los cristianos no seamos lo suficientemente convincentes en nuestra de realidad de ser testigos. Nuestro comportamiento como hombres de fe no plantea a los que nos ven ningún interrogante especial sobre sus vidas.

Lo cierto es que aquella oración: “Cristo, no tiene manos, tiene solo nuestras manos; Cristo no tiene pies, tiene sólo nuestros pies….” Sigue siendo actual, y ahora y siempre el Señor necesita de personas que con un corazón limpio y desinteresado sepan ser sus testigos también en nuestro mundo, y aquí entramos nosotros.

Que estas reflexiones nos hagan intentar siempre ser testigos más convincentes de Jesús, como es difícil le pedimos que Él sea nuestra ayuda, lo hacemos los unos por los otros, y lo hacemos al tiempo que recordamos a todos los que sufren y a los que están solos o enfermos.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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