viernes, 22 de noviembre de 2019

II MARCHA SOLIDARIA " HOGAR SAN JUAN "

La Bolsa de Caridad de nuestra Hermandad en la constante labor de trabajar por "los sin techos" ,os comparte y anima a que participéis en la II Marcha Solidaridad organizada por el Hogar San Juan.

La II Marcha Solidaria 'Hogar San Juan' se celebrará este domingo día 24 de noviembre, con salida desde la plaza del Arenal a las 10 horas y llegada al Hogar San Juan ubicado en la calle Manuel de Torre.

Las inscripciones se pueden realizar, al precio de 3 euros, en la página web oficial de la Federación Andaluza de Atletismo así como presencialmente desde las 09:30 horas hasta el comienzo de la carrera en el punto de salida.

El delegado de Deportes y Medio Rural, Jesús Alba, ha agradecido "la labor que realiza a diario, los 365 días del año, el Hogar San Juan con las personas necesitadas y el apoyo expreso que a nivel deportivo hace la Asociación Deportiva Maratón Jerez, que colabora en el fomento de participantes y en la propia marcha, que se realizará caminando y para todas las edades".

La actividad se enmarca en la II Semana Solidaria ‘Hogar San Juan’ que tiene como objetivo recaudar fondos para la función social que realiza tal hogar a lo largo del año. Igualmente, las personas participantes que así lo deseen podrán aportar productos de higiene personal y alimentos no perecederos, como ha explicado la representante de voluntarios de Hogar San Juan en la presentación del evento, Chari López.

El recorrido será, aproximadamente, de 4 kilómetros con el objetivo de que pueda ser accesible al mayor número de participantes “y teniendo en cuenta que habrá muchas personas mayores que salen a caminar queremos dejar claro que esta Marcha Solidaria no se hace corriendo, sino caminando y a ritmo de paseo tranquilo”, ha afirmado Amador Fernández, presidente de la Asociación Deportiva Maratón Jerez.

Los participantes iniciarán la marcha en la plaza del Arenal y a partir de ahí tomarán las siguientes calles: Consistorio, Plateros, Tornería, Casinos, Larga, Corredera, Angustias, Porvenir, Madre de Dios y calle Manuel de Torre (sede de Hogar San Juan).

En el Hogar San Juan “organizaremos una convivencia con una ‘berza jerezana’ y los participantes podrán conocer sus dependencias y el trabajo que allí realizamos”, ha añadido Chari López.


jueves, 21 de noviembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: SOLEMNIDAD DE CRISTO REY – CICLO C – (24-11-2019)

LUCAS 23, 35-43.

“En aquel tiempo, las autoridades hacían muecas a Jesús, diciendo: «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido». Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo: «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo». Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores crucificados lo insultaba, diciendo: «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros». Pero el otro lo increpaba: «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada». Y decía: «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino». Jesús le respondió: «Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso».”


Con la celebración de hoy terminamos el Año litúrgico, año en el que el evangelio de San Lucas nos ha acompañado todos los domingos, hemos ido desgranando la historia y la vida de Jesús y hemos tenido la ocasión de caminar con Él. Cuando el próximo domingo comencemos el nuevo año litúrgico lo haremos ya escuchando el evangelio de San Mateo.

En el recorrido de la obra de Lucas hemos visto, a lo largo del año, a aquél que se anunciaba a los pastores como el Mesías. Lo hemos contemplado manifestado en el Bautismo, en la transfiguración, tentado en el desierto, curando enfermos, llamando a sus discípulos. Le hemos oído hablar del ayuno, del sábado o del Templo. Hemos contemplado admirados sus enseñanzas sobre la misericordia y su llamada permanente a la conversión. Le hemos visto entrando en Jerusalén y predicando en el Templo, hemos escuchado sus enseñanzas sobre el final de los tiempos. Hemos asistido con Él a la cena de Pascua, a su pasión, muerte y resurrección. Nos hemos empapado de sus enseñanzas queriendo hacerlas nuestras e intentando llevarlas a la práctica en nuestro quehacer diario.

Y hoy como último domingo del evangelio de Lucas, miramos al Salvador en el momento de la Cruz. Ahí aparece el rey, burlado, azotado, soportando el dolor, entregando su vida; qué rey tan contradictorio y misterioso, ese rey que dice que no es más importante el que se sienta a la mesa, sino el que sirve la mesa, y que dice que Él está como el que sirve.

En el trance de la cruz Jesús se sigue comportando como transparencia de la misericordia divina, ejerciendo su oficio de salvador, rescatando a quien puede para el paraíso. Siempre perdonando y siempre acogiendo. La salvación de Jesús se nos muestra por lo tanto, no como algo restringido, reducido, sino abierto y universal, aunque en un principio haya sido rechazado, esa decisión no es considerada definitiva, sino que se puede rectificar y aceptar la salvación de Jesús, en cualquier momento. Es lo que ha sido la constante de este evangelio, la misericordia del Señor llevada hasta el extremo.

Las palabras del Jesús al buen ladrón que hemos leído y escuchado tienen una calidad única, porque forman parte del testamento del crucificado. Con su gesto de perdón confirma todo lo que intentó decir y hacer a lo largo de su vida, este Jesús que siempre comunicó amor por donde pasaba, este perdón de Jesús rey crucificado, nos encamina a todos por los senderos del perdón y la misericordia, desarrollando en nuestras conductas actitudes de acogida, de esperanza salvadora, de comprensión y de amor.

Acogiendo estas palabras y gestos de Jesús en nuestro interior, nos gustaría hacerlos nuestros, porque sabemos que Jesús con su ejemplo nos está marcando el camino por donde quiere que caminemos nosotros sus amigos de hoy. Pero reconocemos la dificultad de realización del mismo, porque cuando nosotros nos encontramos en situaciones parecidas no solemos actuar como Él. Cuando se nos pide un perdón, cuantas veces encontramos razones para no darlo, cuando se nos piden gestos de paz, de acogida o de servicio desinteresado, cuantas veces hacemos acepción de personas, diciendo a este no y al otro menos, es decir restringimos los gestos que Jesús nos pide que multipliquemos. No quiere esta reflexión llevarnos a una ingenuidad de nuestros actos, pero sí a que nuestro realismo no nos haga insensibles ante la necesidad ajena. Es algo que tenemos que saber conjugar.

Le pedimos al Señor que nos dé la fuerza necesaria para ser mejores imitadores de lo que Él nos pide, que no nos echemos para atrás, sino que intentemos vivir más en consonancia con lo que fue su testamento de amor. Se lo pedimos al tiempo que recordamos a todos los que sufren, a los que están solos o enfermos.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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martes, 19 de noviembre de 2019

MISA EN SUFRAGIO DE NUESTROS HERMANOS DIFUNTOS

Este viernes 22 de Noviembre, mes dedicado a la oración por los difuntos, a las 20,00 h. y en nuestra Sede de San Pedro, tendremos nuestra habitual Misa en sufragio por las almas de nuestros hermanos y miembros del Ejército del Aire fallecidos,en especial por los de este año.

La asistencia es obligatoria según marcan nuestras reglas, esperamos desde la Junta de Gobierno tu presencia en este acto,en sufragio de todos aquellos hermanos que nos precedieron en la noble tarea de servir a Dios por medio de su devoción a la Santa Cruz y a Nuestra Madre de Loreto.



domingo, 17 de noviembre de 2019

NUESTRO HERMANO MAYOR EN DIARIO DE JEREZ

Entrevista realizada a nuestro hermano Eusebio Castañeda con motivo de la toma de posición de este Domingo 17 de noviembre, donde Dios Mediante comenzará su andadura cono Hermano Mayor de nuestra Hermandad en estos próximos 5 años:

Pinchar en el enlace para acceder a la entrevista :

https://www.diariodejerez.es/semanasanta/hermandad-loreto-jerez-castaneda_0_1410459210.html


sábado, 16 de noviembre de 2019

RETOS DE ESTA NUEVA JUNTA DE GOBIERNO


I. Fomentar la participación de los hermanos y su implicación en la vida de Hermandad.

La participación de los hermanos es imprescindible para cumplir con nuestros fines como Hermandad, para poder ser el cauce que alimente la vida espiritual y apostólica de los hermanos, y un agente eficaz de evangelización en esta sociedad tan secularizada.

Para ello, estamos convencidos de que debemos promover la participación de los hermanos en los actos de culto, las actividades que la Hermandad organiza y, en definitiva, la vida de nuestra fraternidad.

Esa promoción debe partir de un mejor conocimiento y seguimiento de la situación de nuestros hermanos, a fin de que los actos y actividades que la Hermandad les propone, estén más ajustados a sus necesidades, sin menoscabo de lograr los fines esperados y siempre dentro de las posibilidades de la Hermandad.

De igual manera, creemos esencial la participación de nuestros hermanos más jóvenes y pequeños. Para ellos, la Hermandad debe convertirse en una oportunidad para vivir e ir creciendo y madurando su fe en comunidad, a través de un Grupo Joven y/o un Grupo Infantil.

La implicación de los hermanos supone una materialización de su sentido de pertenencia a nuestra corporación. Su mejora y aumento, pretende buscar un mayor compromiso comunitario y apostólico, desde su vida de fe católica, en la Hermandad y, por extensión, en la Iglesia, que aportaría una riqueza en el número y la diversidad de dones al servicio de la Comunidad.

Para fomentar ese necesario refuerzo de la implicación, creemos indispensable el incremento de la presencia de la Hermandad en la vida de los hermanos, especialmente en aquellos momentos importantes de la misma, como la preparación para la recepción de sacramentos o la propia celebración de los mismos.

Todo ello lo llevaríamos a cabo utilizando los medios a nuestro alcance, especialmente realizando un uso más intensivo de los cauces de comunicación más cercanos e inmediatos, como pueden ser los que nos ofrecen las nuevas tecnologías de la comunicación, sin menoscabo de mantener los cauces habituales de información y comunicación.

II. Avanzar en la promoción del culto público.

Nuestra Hermandad destaca entre las demás hermandades de la ciudad, por su ejemplaridad en cada acto de culto que organiza, como así nos lo han reconocido en múltiples ocasiones.

Sin embargo, como asociación de fieles cuya principal misión es la promoción del culto público, asumimos el reto de continuar avanzando en la mejora de nuestros actos de culto, para que se conviertan en aún más espirituales, más auténticos y sean capaces de ser el apoyo necesario en la vida de fe de nuestros hermanos.

Esta mejora la realizaremos con el apoyo y asesoramiento que nos ofrece nuestro Director Espiritual, velando siempre por el cumplimiento de lo que establecen nuestros Estatutos y Reglamento de Régimen Interno al respecto, promoviendo el culto sacramental, y sin perder ni renunciar en ningún momento a la finalidad de los actos de culto, su esencia, su fidelidad a la Liturgia, a la Tradición Católica, etc.

Asimismo, procuraremos que los actos de culto interno puedan llegar a convertirse en el apoyo espiritual necesario para los hermanos, de manera que se fomente en ellos una vida cristiana más auténtica y comprometida, centrada en la Eucaristía y en la necesidad de vivir en gracia de Dios.

También la salida procesional del Viernes Santo, como principal acto de culto externo, será objeto de un continuo esfuerzo para la mejora de los aspectos espirituales, organizativos, estéticos, de seguridad, etc., que redunde de manera positiva en la estación de penitencia.


III. Mejorar la presencia de la Hermandad en su contexto.

La Hermandad, como asociación perteneciente a la Iglesia, y como institución que se encuadra en el conglomerado cofrade de nuestra ciudad, está obligada a mantener una vinculación y una imagen adecuada ante el resto de hermandades, instituciones, parroquias, etc. de Jerez y su Diócesis, así como con otras entidades públicas y municipales.

Así pues, asumimos el compromiso de mantener una relación fluida con los interlocutores de dichas instituciones, defendiendo siempre nuestros principios, nuestros derechos, nuestros intereses…

Somos conscientes de la necesidad de mantener las excelentes relaciones corporativas con las hermandades de nuestro entorno que ya tenemos, ampliando en la medida de lo posible dichas relaciones a otras hermandades, así como otras instituciones eclesiales, con las que establecer nuevos lazos fraternales.

Además de estas instituciones, nuestra corporación conserva dos vinculaciones especiales. Por un lado, por la ubicación histórica de nuestra sede canónica con el Barrio de San Pedro y sus vecinos. Por otro lado, por la advocación de nuestra titular también mantenemos lazos de unión con el Ejército del Aire y la Aviación. Son relaciones históricas que pretendemos mantener y a ser posible impulsar, aumentando nuestra presencia en esas dos realidades tan diferentes y tan ligadas a nuestros orígenes y nuestra historia.


IV. Convertir la Hermandad en una referencia cofrade y católica en la ciudad.

Estamos convencidos de que ser hermano de una hermandad no puede limitarse exclusivamente a unas prácticas religiosas exigidas por unos Estatutos, o a unos simples actos devocionales asumidos con el tiempo. El pertenecer a una Hermandad se tiene que notar en la fidelidad al Señor y a la Iglesia, la celebración frecuente de los sacramentos, la vida de oración, la lectura de la Palabra de Dios, la práctica de la Caridad, el testimonio de fe, la participación en la acción apostólica… de los hermanos y cofrades.

Como tarea propia de todo fiel cristiano, por el mismo hecho de estar bautizado, los cofrades, junto al fin peculiar del culto público, debemos asumir las responsabilidades propias de toda la Iglesia, según las necesidades que en cada momento se vayan presentando dentro del pueblo de Dios y en el mundo donde vivimos. Y también, según nuestro carisma y nuestros talentos. Además, esta tarea y compromiso debe reflejarse en la actividad normal de la Hermandad y en la forma de preparar y celebrar nuestros actos de culto.

Al objeto de facilitar este compromiso en los hermanos, trabajaremos por mejorar su formación y preparación cristiana, organizando distintos programas formativos en función de sus necesidades.

Asimismo, apoyaremos la labor caritativa de todos los hermanos potenciando la participación de los mismos en la Bolsa de Caridad “Padre Anselmo Andrades”, de manera que se incremente el alcance y el volumen de los servicios que actualmente presta a los más necesitados.


V. Promover la eficiencia en la gestión de la Hermandad.

La Hermandad tiene que hacer frente al reto de lograr una mayor eficiencia en su gestión interna, que beneficie no sólo a los hermanos a los que va dirigida. También debe ayudar a los hermanos que asumen cualquier responsabilidad de gestión, de manera voluntaria y en actitud de servicio fraternal, ofreciendo su tiempo y lo mejor de sí mismos a sus hermanos.

Para conseguirlo, implantaremos nuevos sistemas de gestión que agilicen los trámites con los hermanos, los de la Tesorería, Secretaría, Mayordomía… y permitan mantener una comunicación y actualización más fluida de los datos necesarios para dichos trámites.

Por otro lado, las circunstancias económicas y la responsabilidad como gestores de los recursos nos obligan a ser extremadamente escrupulosos en los gastos, para lo que buscaremos la mejor gestión y la máxima transparencia en los mismos.

Además, mantendremos las distintas comisiones y grupos de trabajo existentes, como mejor instrumento para desarrollar los proyectos que tiene en marcha la Hermandad. Y organizaremos los grupos de trabajo que resulten necesarios para poder hacer frente a las nuevas necesidades que surjan en estos próximos años.


EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 33º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (17-11-2019)

LUCAS 21, 5-19.

“En aquel tiempo, algunos ponderaban la belleza del templo, por la calidad de la piedra y los exvotos. Jesús les dijo: «Esto que contempláis, llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra: todo será destruido». Ellos le preguntaron: «Maestro, ¿cuándo va a ser eso?, ¿y cuál será la señal de que todo eso está para suceder?» Él contestó: «Cuidado con que nadie os engañe. Porque muchos vendrán usurpando mi nombre, diciendo: “Yo soy”, o bien: “El momento está cerca”; no vayáis tras ellos. Cuando oigáis noticias de guerras y de revoluciones, no tengáis pánico. Porque eso tiene que ocurrir primero, pero el final no vendrá en seguida». Luego les dijo: «Se alzará pueblo contra pueblo y reino contra reino, habrá grandes terremotos, y en diversos países epidemias y hambre. Habrá también espantos y grandes signos en el cielo. Pero antes de todo eso os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores, por causa mía. Así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa mía. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».”


El evangelista Lucas concluye la predicación de Jesús en Jerusalén con un discurso acerca de lo que sucederá al final de los tiempos. Es claro que la liturgia nos sigue apuntando al término del año litúrgico, de lo que ya hablamos el domingo pasado, y a la preparación de la solemnidad de Cristo Rey que celebraremos el próximo. La escena sucede en el Templo de Jerusalén, del que Jesús habla de su próxima destrucción (cosa que históricamente sucedió en el año 70, destruido por los romanos) y lo hace relacionándolo con el fin.

Jesús aprovecha la ocasión para destacar algunas cosas que nos pueden valer para nuestra reflexión personal, que es como ya sabemos lo que debemos intentar hacer todos los domingos iluminados por la Palabra de Dios. Primero Jesús nos previene contra los falsos profetas. Estos llegarán incluso a usurpar su identidad haciéndose pasar por Él. Pero sólo serán embaucadores y embusteros. Jesús nos dice: no es dejéis engañar, no vayáis tras ellos. Cuando alguien nos hable en nombre de Jesús, si tenemos dudas sobre si es auténtico testigo o no, no lo dudemos, oigamos lo que dice, pero sobre todo veamos su vida: si no busca nada para su propio interés, si sus preferidos son los preferidos de Jesús, si no le interesa únicamente los primeros puestos, si su principal virtud es el servicio desinteresado, a ese es al que tenemos que escuchar y seguir. Es este un buen aviso de Jesús, creo que válido para siempre, pero más en estos tiempos en los que se nos presentan tantos queriéndonos vender alguna cosa, y es bueno para saber distinguir a los buenos de los malos profetas, y quizá también el consejo nos valga para calibrar la verdad o las mentiras de aquellos que nos quieren convencer de algo y que se presentan con un disfraz, que si no estamos atentos nos puede engañar.

El aviso de las dificultades del seguimiento, tampoco viene mal. Todos sabemos, analizando nuestra propia vida de creyentes, las dificultades de ser un buen seguidor de Jesús hoy. Gracias a Dios, en nuestra cultura, por lo menos, han pasado los tiempos en lo que el creyente en Jesús se jugaba la vida por serlo. Pero a lo largo de toda la Historia de la Iglesia, el creyente auténtico con manifestaciones muy diversas ha tenido sus dificultades, y las seguirá teniendo porque la cruz es algo consustancial a nuestra fe, la autenticidad a la hora de vivir algo, prácticamente siempre va acompañada de momentos de dolor.

¿Cuáles son las dificultades de nuestro tiempo?, salvando las que cada uno descubre en su vivencia personal, lo que son nuestros pecados, nuestros fallos, nuestras debilidades, nuestra falta de compromiso, que todos debemos saber reconocer. Esta sociedad que nos ha tocado vivir, a la que el sentimiento religioso cada vez le resulta más indiferente, intenta empujar al creyente al olvido, quiere reducir lo religioso al ámbito de la conciencia individual, sin que este sentimiento tenga nada que aportar en el ámbito de la convivencia. Lo religioso es considerado como antiguo, superado, que pone trabas a todo lo que signifique progreso y modernidad, incluso se etiqueta al hombre religioso como enemigo de la convivencia democracia. Es verdad que los creyentes tenemos que mirar hacia nosotros mismos y ver lo que tenemos que ir cambiando, para que sin perder nuestra identidad, sepamos responder a los retos del hombre de nuestro tiempo, del hombre del siglo XXI, pero creo que todos estamos convencidos, que la vivencia religiosa auténtica, puede aportar mucho a la felicidad y a la realización individual de las personas.

Fundamentados en la presencia de Jesús junto a nosotros que nos anima a no ver enemigos por todas partes, sino a mantenernos firmes en la fe y en la esperanza, a manifestar con alegría que ser creyente todavía sigue teniendo sentido, con esta disposición sin imponer nada a nadie, no tiene cabida el temor, ni la desilusión.

Le pedimos al Señor que nos dé fuerzas, para descubrir y sentir de verdad esto, porque sabemos que no es fácil, se lo pedimos para todos nosotros, al tiempo que recordamos a los que menos tienen, a los que sufren y están solos, a los enfermos, sobre todo a los que conocemos o tenemos más cerca.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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miércoles, 13 de noviembre de 2019

ESTE DOMINGO,TOMA DE POSESIÓN DE LA NUEVA JUNTA DE GOBIERNO

Este domingo 17 de noviembre, celebraremos el acto de la Toma de Posesión de la nueva Junta de Gobierno de nuestra Hermandad, en el transcurso de una eucaristía a las 12:30 en San Pedro.

Nos acompañará musicalmente el Coro capilla San Pedro Nolasco de Jerez .

Contamos como siempre con tu presencia.


Recordemos que la Junta de Gobierno ha quedado compuesta de la siguiente forma :

* Eusebio Castañeda Sánchez, Hermano Mayor

* Francisco José Merino Sánchez, Teniente Hermano Mayor

* Carlos J. Amarillo Andrades, Secretario

* José Julio Toro Sánchez, Mayordomo

* Francisco Antonio García Márquez, Tesorero

* Miguel Puyol Vargas, Vocal Vice – tesorero

* Eduardo Velo García, Vocal Promotor Sacramental y Diputado de Cultos y Formación

* Javier Mateos García de Veas, Vocal Vicesecretario y Diputado Mayor de Gobierno

* Carlos Gavira Medina, Vocal Vice – Mayordomo y Delegado de Comunicación

* Víctor Manuel Velo García, Auxiliar Delegado de Caridad

* José Manuel Prado Serrano, Auxiliar de Mayordomía y Prioste

* Inmaculada Calderón Padilla, Auxiliar Delegada de Hermanos

* David Delgado Brito, Auxiliar de Mayordomía

* Antonio Berro Narbona, Auxiliar de Secretaría

* Enrique Fernández García, Auxiliar de Comunicación

* María Milagrosa Sánchez Sánchez, Auxiliar Delegada de Juventud

* Irene García Márquez, Auxiliar Delegada del Grupo Infantil

* Daniel Castañeda Sánchez, Auxiliar de Tesorería y Delegado de Estrategia.




sábado, 9 de noviembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 32º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (10-11-2019)

LUCAS 20, 27-38.

“En aquel tiempo, se acercaron a Jesús unos saduceos, que niegan la resurrección, y le preguntaron: «Maestro, Moisés nos dejó escrito: Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer, pero sin hijos, cásese con la viuda y de descendencia a su hermano. Pues bien, había siete hermanos: el primero se casó y murió sin hijos. Y el segundo y el tercero se casaron con ella, y así los siete murieron sin dejar hijos. Por último murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque los siete han estado casados con ella». Jesús les contestó: «En esta vida, hombres y mujeres se casan; pero los que sean juzgados dignos de la vida futura y de la resurrección de entre los muertos no se casarán. Pues ya no pueden morir, son como ángeles; son hijos de Dios, porque participan en la resurrección. Y que resucitan los muertos, el mismo Moisés lo indica en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob.. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos».”


Una vez pasadas la solemnidad de Todos los Santos y la conmemoración de los Difuntos, podemos decir que se acerca una vez más el final del año litúrgico, como ya sabemos el año litúrgico no tiene las mismas fechas que el año natural, mientras que el año nuevo siempre es el uno de enero, el comienzo del año litúrgico es siempre el primer domingo de Adviento, que este año será el domingo 1 de diciembre, por lo tanto estamos a punto de terminar lo que en liturgia se llama tiempo ordinario, y comenzar el tiempo fuerte de adviento, que nos prepara para el nacimiento de Jesús. Y siempre por estas fechas la liturgia nos hace plantearnos unas preguntas serias sobre el final de los tiempos, la escatología, y como telón de fondo, sobre el sentido de la vida y de la muerte. Y la verdad es que más de una vez es oportuno plantearse este tipo de preguntas.

No suele ser el pensar sobre la muerte un tema fácil, es más bien molesto y lo intentamos aparcar siempre que podemos. Todos hemos vivido acontecimientos que nos han puesto ante esta realidad y sabemos lo duro y difícil que es la vivencia de la misma. La filosofía cuando reflexiona sobre este hecho, reconoce la existencia de muchos interrogantes, de muchas preguntas que pueden quedarse sin respuestas la mayoría de las veces.

Desde nuestra fe ¿qué podemos decir? Lo primero es recordar las palabras de la Escritura: no podéis afligiros como los hombres sin esperanza… nuestro pararnos ante la idea de la muerte tiene que llevarnos a una reflexión distinta. Hay que partir de un hecho que no podemos olvidar, que nuestra vida tiene fecha de caducidad, esto es una realidad que hay que asumir y aceptar, no somos eternos. Quien sabe colocarse ante la muerte sin cerrar los ojos, descubre la otra cara de la moneda: la vida. Es decir, cuanto más reconozco mi caducidad, tengo que amar más la vida que me queda por vivir, vivir cada día como si fuera el último de nuestra vida debe llevarme a la convicción de que cada día es una nueva oportunidad de hacer el bien, de trabajar por construir un mundo mejor, donde intentemos hacernos la vida un poco más feliz los unos a los otros.

Esta reflexión, que está muy bien, y que solemos aceptar sin muchas complicaciones va siempre acompañada de que ante la muerte y el dolor siempre nos quedará el ¿por qué?, sobre todo en determinadas circunstancias, pedimos explicaciones que no solemos encontrar, el misterio vuelve a desbordarnos, y muchas personas ante esta pregunta, sienten la lejanía de Dios, y les cuesta mucho reconocer su presencia cuando esa realidad se hace más dura. Seguro que conocemos ejemplos concretos. Posiblemente no encontremos una respuesta que nos convenza, y los interrogantes quedarán ahí presentes sin una solución definitiva. En el fondo, cuando no encontramos esa respuesta acertada, es porque nuestra fe es frágil, no es lo suficientemente profunda para saber reconocer a Dios en las situaciones límite. Nuestra comprensión ante estos casos debe ser tan generosa, como para comprender la debilidad humana ante esta problemática.

Cuando los cristianos confesamos nuestra fe en la resurrección, cuando confesamos nuestra fe en ese Dios bondadoso que nos acoge después de la muerte ¿sabemos lo que decimos, y a lo que nos compromete? Jesús en el evangelio de hoy rompe los esquemas de aquellos que intentaron pillarle. Hoy también quiere romper los nuestros y nos pide que vivamos nuestra vida con tal intensidad que no nos aflijamos ante la muerte como los hombres sin esperanza. Nos pide que miremos su cruz y que no olvidemos la resurrección que Él nos quiso regalar.

Señor aumenta nuestra fe también en esos momentos en los que nos cuesta más descubrirte, en los que nos cuesta tanto reconocerte, en los que nos cuesta más sentirte a nuestro lado, en los momentos de dolor, soledad y muerte. Se lo pedimos al Señor, y lo hacemos los unos para los otros, y lo hacemos sin olvidar a los que menos tienen, a los que sufren, están enfermos, a los que están solos o los que carecen de todo, incluso de sentirse queridos por alguien.


D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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sábado, 2 de noviembre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 31º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (3-11-2019)

LUCAS 19, 1-10.

“En aquel tiempo, entró Jesús en Jericó y atravesaba la ciudad. Un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico, trataba de distinguir quién era Jesús, pero la gente se lo impedía, porque era bajo de estatura. Corrió más adelante y se subió a una higuera, para verlo, porque tenía que pasar por allí. Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo: «Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que alojarme en tu casa». Él bajó en seguida y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban, diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador». Pero Zaqueo se puso en pie, y dijo al Señor: «Mira, la mitad de mis bienes, Señor, se la doy a los pobres; y si de alguno me he aprovechado, le restituiré cuatro veces más». Jesús le contestó: «Hoy ha sido la salvación de esta casa; también éste es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».”


Dios que se hace presente en la historia del mundo, se hace también en la historia personal de cada uno. Después de la encarnación de Jesús su presencia se hace realidad de mil maneras, y en mil momentos. A todos nos sale al encuentro en alguna ocasión. No lo hace con reservas, o solo para unos cuantos privilegiados, con Jesús, Dios pasa por la vida de aquellos que ni siquiera tienen una atención especial con Él. El Evangelio de hoy es un ejemplo claro de ello.

Lucas, es el evangelista más entusiasmado con los relatos que representan la cercanía de Dios hacia todos (hijo pródigo, fariseo y publicano del pasado domingo, Zaqueo) y en especial con los pecadores y los marginados a quienes libera de su marginación y les inyecta una gran dosis de libertad, alegría y cariño. Si queremos descubrir textos evangélicos en los que se destaque la misericordia de Dios sin dudarlo, debemos acudir al evangelista San Lucas.

Podemos considerar a Zaqueo como un buen reflejo del hombre de nuestro tiempo y de siempre, incluso de cada uno de nosotros, sin duda de cada uno de nosotros. Zaqueo era un hombre, al que el peso de su dinero no le había dejado crecer, y por lo tanto, no le dejaba ver más allá de sí mismo. Era un hombre al que la cultura de su tiempo le impedía mirar por encima de sus intereses materiales. Él se encontraba, como todos nosotros, atrapados en nuestros quehaceres ordinarios, sin tener tiempo para nada más, porque no nos sobra el tiempo para nada. Cuando un día empujado por su propia insatisfacción, quiso elevarse por encima de sí mismo y de sus ocupaciones, se encontró con Jesús y Él le ayudó a dar un vuelco a su vida. Subiéndose a la higuera supo superarse a sí mismo y superar las dificultades que le rodeaban. Zaqueo entendió que Dios hace cosas inmensas, pero que también está detrás de lo sencillo y lo pequeño, transformando el corazón de las personas para hacernos sensibles y sencillos como Él. El encuentro con Jesús, cambia a Zaqueo, lo transforma, le da la vuelta de arriba abajo. Nosotros que nos sentimos muy cerca de Él, posiblemente todavía no nos hayamos encontrado de verdad con el Señor, no nos hemos atrevido a aceptar la invitación de Jesús de comer en nuestra casa. Zaqueo hizo realidad el encuentro con Jesús no solo cambiando su forma de pensar, sino demostrándolo con hechos, “si de alguno me he aprovechado, le devolveré cuatro veces más”. Por eso podemos preguntarnos ¿Cómo demuestro yo mi cercanía con el Señor?

La suerte que tenemos, es que este Dios inmenso y misericordioso, no se cansa de esperarnos, porque nos conoce y sabe de nuestras debilidades, por eso continuará pasando a nuestro lado, se hará el encontradizo con nosotros para que de una vez por todas aceptemos su auto-invitación de venir a nuestra casa.

Le pedimos al señor constancia y sinceridad en su seguimiento, se lo pedimos los unos para los otros. Que el Señor nos haga ser como Zaqueo. Se lo pedimos al tiempo que recordamos a los que menos tienen, a los que están solos, a los enfermos, a los que son rechazos sin piedad por su propia gente, a los que les falta incluso el cariño imprescindible para vivir.


D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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viernes, 1 de noviembre de 2019

CONMEMORACIÓN DE LOS FIELES DIFUNTOS – CICLO C – (2-11-2019)

JUAN 14, 1-6.

“En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí».”


La conmemoración del día de los difuntos, es el día en el que de una forma especial los tenemos como más cerca, como para manifestar que la muerte no es el final definitivo, sino que todavía permanecen entre nosotros, que su recuerdo los hace estar a nuestro lado, y sobre todo porque ellos nos animan y nos estimulan en la vida que a nosotros nos queda por vivir.

La fe en la resurrección no logra que la pérdida de alguien, de una persona, con la que compartes los lazos de la sangre, de un padre, de una madre, de un esposo o esposa, de un hermano o una hermana, en definitiva de un ser querido, de una persona con la que has compartido cosas, proyectos tiempo, alegrías, penas, con la que has pasado buenos y malos momentos, una persona con la que te unían los lazos del afecto o de la amistad, no duela. Cuando tienes que separarte de esa persona, el corazón humano sufre, y las lágrimas afloran a nuestros ojos, no tengamos miedo de expresar con lágrimas nuestro sentimiento más íntimo por la pérdida física de alguien a quien queríamos, esto no es manifestación ni mucho menos de nuestra falta de fe, al contrario diría yo. Me gustaría convencerlos a todos de que nuestro Dios, ese Dios Padre en el que creemos, sufre con cada uno de nosotros cuando perdemos a un ser querido, que Él está a nuestro lado cuando sentimos profundamente la pérdida de nuestros seres queridos, como sufrió y estuvo al lado de su Hijo en la cruz. Que diferente es esta actitud a la de creer que Dios nos ha abandonado o que no ha hecho nada por nosotros cuando perdemos de una forma traumática a alguien. Sé que vivir esto es difícil pero la profundidad de la fe de una persona se mide en estos momentos.

La fe en la resurrección es sobre todo un canto a la vida, es la manifestación de que la muerte no es lo último que nos pasa, es la manifestación de que ante la muerte también cabe la esperanza, es la demostración de que la muerte no es el final del camino. Ya conocemos aquel dicho que una persona muere definitivamente sólo cuando no hay nadie que se acuerde de él. Por eso nosotros estamos aquí porque queremos manifestar públicamente nuestra fe en la resurrección que es lo mismo que decir que nuestros difuntos no han muerto del todo, sino que permanecen junto a nosotros.

Nuestra fe en la resurrección debe hacer que seamos gente que amemos la vida, y desterremos de nosotros, desterremos de nuestra conducta todo aquello que signifique o que lleve a la muerte, y que hagamos lo necesario para que la vida pueda ser vivida con eficacia, pero sobre todo con dignidad por las personas; la fe en la resurrección debe de hacer que yo ame la vida que a mí me queda por vivir, y trabaje para que cada día hacer la vida un poco más feliz a las personas con las que vivo a diario, mi familia, mis vecinos etc., no puedo ser una persona que crea en la resurrección y no sea capaz de transmitir vida a mi alrededor.

A esto, también tiene que ayudarnos el recuerdo de los difuntos, la mejor manera de honrar su memoria, es la que su recuerdo nos ayude a nosotros a afrontar con más fuerza la vida que nos queda por vivir. Esta es la mejor manera de honrarlos, esa es la mejor manera de que su memoria sea algo gratificante para nosotros. ¡De cuantas cosas buenas son ellos modelos para nosotros!,¡de cuantas cosas buenas pueden ellos darnos lecciones, aunque ya no estén aquí!, seguramente que de muchas.

Por eso hoy, al tiempo que recordamos a los difuntos que nos tocan más de cerca, padres, hijos, abuelos, familiares, vecinos o conocidos, y que hace más o menos tiempo, nos separamos de ellos, al tiempo que los recordamos y pedimos a Dios por todos ellos, redoblamos nuestra confianza en que Dios ya los ha acogido en su seno, y ellos desde allí interceden por todos nosotros; para que cada día seamos un poco mejores y perdamos esa mala costumbre de hablar bien de la gente, pero cuando ya no están, a las personas hay que quererlas, cuidarlas y hablar bien de ellas cuando están vivas.

En un momento de silencio cada uno reza una oración especialmente por sus difuntos, y por todos en general, esa oración en la que tiene más fe, esa oración en la que más confía.


D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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jueves, 31 de octubre de 2019

SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS – CICLO C – (1-11-2019)

MATEO 5, 1-12a.

“En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: -«Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».”


La Iglesia celebra hoy como solemnidad una fiesta dedicada a todos los santos. Muchos son reconocidos como tales, pues la Iglesia los ha declarado y los ha incluido en su lista de personas ejemplares que han seguido a Jesús en este mundo de un modo heroico. Pero hay otros que nos han precedido en la vida o que han vivido con nosotros y disfrutan de la gloria de Dios en el cielo y no están en la lista oficial de santos y beatos. Son cristianos anónimos que, desde los primeros tiempos de la Iglesia y hasta hoy han vivido la vida temporal en la santidad, con virtudes heroicas, con estrecha unión con Jesucristo, con Santa María, nuestra madre, y con los santos que han inspirado su vivir y su andar de cada día. A todos estos cristianos anónimos los celebra hoy la liturgia de la Iglesia con una misma celebración, con un mismo reconocimiento y con los mismos honores.

Pero me gustaría recordar hoy también a todos los santos vivos, a todos aquellos que día a día intentan hacer el bien, llevar a la paz allí por donde van, y ser solidarios con aquellos que los necesitan. A todos aquellos que antes de mirar por ellos, son capaces de echar una mirada a su alrededor y se sienten cercanos al que sufre o se encuentra solo. A todos los que tienen un corazón de carne que padece cuando alguno cerca o lejos de él es maltratado o agredido en su dignidad. Hoy recordamos a esos santos vivos que son ejemplo para nosotros.

Todos sabemos, que tanto los que no están ya con nosotros como nosotros mismos, que en este mundo y en la vida nadie se va sin su parte mayor o menor de sufrimiento, es la realidad, es la vida misma. Esos momentos duros y difíciles son aquellos en los que realmente nos manifestamos como somos. Hay quien los convierte en una oportunidad para crecer, para madurar, para manifestar su generosidad, su entrega, su humildad, su aceptación de la voluntad de Dios de la que ya hemos hablado. Son esos grandes maestros de la vida que no quieren ser modelo de nada pero su conducta es verdaderamente ejemplar. Otros, sin embargo, no nos comportamos así, nos rebelamos, rechazamos el problema, y eso aumento nuestro desasosiego y desesperación. El santo ha padecido y ha sufrido, pero no solo no se ha revelado, sino que lo ha llevado con amor y como una ofrenda a Dios.

Hoy recordamos a todos aquellos que intentaron e intentan hacer realidad en su vida las Bienaventuranzas que acabamos de leer y de escuchar. Las Bienaventuranzas son una demostración de cariño por parte de Dios para aquellos que las tienen como norma de vida. Cuando un corazón confiado de Dios vive alguna de las bienaventuranzas derrama a su alrededor una bendición que es sal y luz para los que lo rodean. Porque bienaventurados de éstos los conocemos todos, es nuestro barrio, en nuestro vecindario, en nuestro trabajo, en nuestra parroquia. Son todos los que viven con honradez, con dignidad, con generosidad y desde la conciencia de que lo que tienen les ha sido dado por la largueza de un Padre que cuida de cada uno de nosotros con mimo.

A esos que intentan vivir esto es a los que recordamos hoy, a todos esos santos que rompiendo con los esquemas poco claros intentan vivir el proyecto de Jesús. Su recuerdo nos anima a nosotros a hacer lo mismo. Bienaventurados los que trabajan por la paz, en este mundo violento, injusto y cruel sobre todo con los más débiles. Bienaventurados los limpios de corazón. Bienaventurados los misericordiosos, los que en principio aguantan la ofensa y son capaces de perdonar. Y así podríamos ir repasándolas una a una.

Le pedimos al Señor que nos dé fuerzas para llevar a nuestra vida lo que significan las Bienaventuranzas, e intentemos cumplirlas. Se lo pedimos al Señor, se los ofrecemos al Señor y nos sentimos un poco más cerca de ellos, recordamos hoy de forma especial a las personas que han perdido a sus seres queridos, para que encuentren consuelo y ayuda en su dolor, pedimos por todos los difuntos a los que hemos visitado y recordado, para que ellos desde el cielo también pidan por nosotros.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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domingo, 27 de octubre de 2019

JUBILEO LAURETANO CONCEDIDO POR EL PAPA FRANCISCO

Monseñor Fabio Dal Cin, arzobispo delegado de Loreto, anunció que el Santo Padre ha concedido “el Jubileo Lauretano para todos los viajeros aéreos, militares y civiles, y para todos aquellos que llegarán como peregrinos al Santuario de la Santa Casa desde todas las partes del mundo”.

Este jubileo se celebrará desde el 8 de diciembre de 2019 hasta el 10 de diciembre de 2020 en el consabido santuario de la Santa Casa (Loreto, Italia), dedicado a la Virgen de Loreto, patrona de los viajeros en avión.

Así informó la Delegación Pontificia para el santuario de la Santa Casa a través de un comunicado difundido el pasado 21 de junio de 2019.


ESTE MARTES,CABILDO DE APERTURA DE CURSO

CABILDO  GENERAL  DE  APERTURA  DE  CURSO  que se celebrará nuestra Hermandad el próximo día 29 de octubre, martes, del presente año, en nuestra sede canónica de la Parroquia del Apóstol San Pedro, a las 20.00 horas en primera convocatoria y 20.30 horas en segunda y última, con arreglo al siguiente Orden del día:


1.      Lectura del acta anterior y su aprobación si procede.
2.      Programa de actos y actividades para el curso 2019-2020.
3.      Lectura y aprobación del presupuesto económico 2019-2020.
4.      Ruegos y preguntas.


     
Nuestra Señora de Loreto en su Soledad le bendiga en todo momento.
                                                                                          
       Vicente Lozano González                                         Bella Calderón Padilla
              Hermano Mayor                                                          Secretaria

sábado, 26 de octubre de 2019

COMUNICADO OFICIAL

Una vez finalizado el recuento de votos y habiéndose superado el quórum exigido por la Delegación Diocesana de Hermandades y Cofradías es elegido nuevo Hermano Mayor de nuestra Hermandad D. Eusebio Castañeda Sánchez , quedando el escrutinio de votos de la siguiente manera:

Votos si: 86 votos
Votos en blanco: 0 votos
Total: 86 votos


Enhorabuena Eusebio.


EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 30º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (27-10-2019)

LUCAS 18, 9-14.

“En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola por algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos, y despreciaban a los demás: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era un fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior: ¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: ¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador. Os digo que éste bajó a su casa justificado y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado y el que se humilla será enaltecido».”


El evangelio de este domingo, es otro de esos relatos, que es necesario meditar despacio, para poder llegar a descubrir lo que nos dice; bueno, quizá mejor que para descubrir lo que nos dice, sería mejor decir para hacer nuestro lo que nos dice.

Dos hombres van al Templo, es decir se ponen delante de Dios, lo mismo que hacemos nosotros ahora. Vivían en el mismo pueblo. Uno era fariseo: rebosante de orgullo por lo bien que hacía todo. Convencido de estar en posesión de la verdad y sintiéndose ejemplo de vida para los demás. El otro era publicano. No conocía bien la ley, y carecía de lo necesario para evaluar su vida. No sabía de qué sentirse orgulloso, más bien todo lo contrario. El fariseo entró lleno de orgullo, salió lleno de orgullo; como no dejó en ningún momento que fuera Dios quién hablara, no pudo enterarse de lo que le pedía, y salió peor que entró. Al publicano le bastaba con estar en la presencia de Dios, no le importaba el sitio, lo único que deseaba era alcanzar su misericordia, porque reconocía que había cosas en él que no eran demasiado buenas.

Los dos personajes del evangelio, representan dos formas, dos estilos de presentarnos ante el Señor. El primero erguido; el segundo, con los ojos abajados. El primero, dando gracias por ser mejor que los demás, el segundo pidiendo perdón por sus pecados. El primero ha presentado en su oración su propia hoja de servicios, a recordarle a Dios que es merecedor de todas sus gracias, exigiendo el pago por lo cumplido y realizado. Su conducta no es el resultado de su amor a Dios, y ni mucho menos del amor que Dios nos tiene, ni de la búsqueda de la voluntad divina, el móvil auténtico y verdadero que le ha llevado a ayunar dos veces por semana, y a pagar el diezmo de todo lo que tiene es solo la recompensa que espera por ello. Hay una falta total de autenticidad, y una hipocresía evidente en lo que está diciendo.

El contrapunto lo pone, el segundo, el pecador. No pide nada; no exige nada. Su actitud es de humildad absoluta en la presencia del Señor. No se cree ante El, merecedor de ningún derecho obtenido por su conducta. Sabe, muy bien, que sus pecados pueden desmerecer cualquier mérito obtenido y tan sólo confía en una cosa, en la misericordia y en el amor que Dios le tiene y solicita la cancelación de sus pecados; pide a Dios compasión.

El erguido, el prepotente, el que se considera superior a los demás, el orgulloso, el que se tiene como justo, el que quiere hacer valer sus méritos, no agrada a Dios en su oración. El humilde, el que se sabe dependiente de la misericordia divina, el que reconoce en el favor de Dios un don, un regalo inmerecido de su bondad, ese ha agradado a Dios en su oración, ese es el que verdaderamente sale justificado, el otro no.

Si el domingo pasado reflexionábamos sobre nuestra condición de orantes, hoy el evangelio nos da pistas sobre cómo debe ser esa oración. Por eso, unas buenas preguntas para hoy y para toda la semana, pueden ser estas o parecidas, ¿Cómo es nuestra oración, cómo nos presentamos nosotros ante el Señor?, ¿con cuál de los dos modelos nos identificamos?, ¿nuestra oración es como la del fariseo, o como la del publicano?

Le pedimos al Señor que nos ayude en nuestra oración , y también le pedimos por todos los que sufren, los que están solos, los enfermos, especialmente a los que conocemos o son de nuestras familias, por todos los que necesitan de nosotros y nosotros les damos de lado.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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viernes, 18 de octubre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO:29º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (20-10-2019)

LUCAS 18, 1-8.

“En aquel tiempo, Jesús, para explicar a sus discípulos cómo tenían que orar siempre sin desanimarse, les propuso esta parábola: «Había un juez en una ciudad que ni temía a Dios ni le importaban los hombres. En la misma ciudad había una viuda que solía ir a decirle: “Hazme justicia frente a mi adversario”. Por algún tiempo se negó pero después se dijo: “Aunque ni temo a Dios ni me importan los hombres, como esta viuda me está fastidiando, le haré justicia, no vaya a acabar pegándome en la cara”». Y el Señor añadió: «fijaos en lo que dice el juez injusto pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que le gritan día u noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».”


Si hay algo que uno recuerda de los años de formación del Seminario, era la insistencia de los formadores en convencernos no de la importancia de la oración, cosa que ya se daba por sabido, sino del modo de hacerla, que si oración mental, que si oración vocal, que si había que estar tanto tiempo, que no hacía falta dedicar un tiempo concreto porque la oración era hacer bien lo que haces a diario, porque todo es oración, era un tema de constante debate, su preocupación era que cada uno encontrara el método que mejor le fuera a su espiritualidad y ponerlo en práctica. Quizá este sea el secreto, que cada uno descubra cuál es su mejor manera para ponerse en presencia del Señor y reconocer su cercanía. Esto lo puede hacer desde el monje que muy temprano comienza sus rezos, al trabajador que también desde muy temprano tiene que estar en su puesto de trabajo.

Porque en lo que estamos de acuerdo, es que el hombre de fe tiene que ser un hombre de oración, aunque el modo varíe de unos a otros. Es verdad que hace falta mucha fe para perseverar y ser constantes. La oración es el momento de la paz y del sosiego, el momento de la intensidad con el Señor, el momento de la acción de gracias, del ofrecimiento de nuestras preocupaciones, de nuestros éxitos y de nuestros fracasos, el momento de la petición en el que nuestro corazón pronuncia los nombres de todas esas personas que presentamos al Señor. Es el momento en el que hacemos más consciente nuestra relación con Dios, nuestra fraternidad con los demás, y nos sentimos miembros de la Iglesia.

Pero a pesar de lo dicho, ocurre muy frecuentemente que en nuestra oración se introducen elementos ajenos a ella, pensamientos, distracciones, preocupaciones, miedos, ganas de abandonarla, sensación de pérdida de tiempo, ¿para qué rezar tanto?, fantasmas diversos que nos invitan a alejarnos de ella. Y esta es la gran tentación ya que creemos que o que su eficacia depende de nosotros, o no le vemos sentido por ninguna parte.

Y es que, cuando la oración no parece eficaz, cuando nada sale como pedimos, cuando parece que Dios hace oídos sordos, cuando empezamos a compararnos con los que no rezan y como a ellos les van mejor las cosas, cuando nos duele que no se cumpla nada de lo que pedimos, entonces es cuando tenemos que ser más perseverantes. El Señor había contado ya con estas dificultades, por eso nos propone la lectura de hoy con la comparación que hemos escuchado. La parábola de la viuda y el juez está puesta para animarnos en la perseverancia. Dios siempre nos escucha, los resultados no nos toca a nosotros valorarlos. Por eso decía al principio que es necesaria mucha fe para perseverar en la oración, es necesario ejercitarse en ir renunciando a lo que es la propia voluntad y buscar la voluntad de Dios, pero esto es muy difícil, nos cuesta mucho, ya que estamos demasiado centrados en nosotros mismos.

Le pedimos al señor que nos haga personas orantes, es decir que se reconocen siempre en las manos de Dios, siendo ese Dios el que nos lanza a la construcción de un mundo más justo y más humano. Se lo pedimos al Señor, y se lo pedimos los unos para los otros, especialmente para los que estamos aquí en esta mañana. Señor enséñanos a orar.

Se lo pedimos al tiempo que recordamos primero a las personas que queremos y que nos quieren, y los presentamos al Señor, pedimos también por los que menos tienen, a los que están solos o enfermos, a los que no tienen a nadie que les quiera, nos acordamos de ellos de una forma especial y se los presentamos al Señor sintiéndonos un poco responsables de ellos.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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sábado, 12 de octubre de 2019

CABILDO GENERAL DE APERTURA DE CURSO


Nos es grato convocarle al CABILDO  GENERAL  DE  APERTURA  DE  CURSO  que celebrará nuestra Hermandad el próximo día 29 de octubre, martes, del presente año, en nuestra sede canónica de la Parroquia del Apóstol San Pedro, a las 20.00 horas en primera convocatoria y 20.30 horas en segunda y última, con arreglo al siguiente Orden del día:


1.      Lectura del acta anterior y su aprobación si procede.
2.      Programa de actos y actividades para el curso 2019-2020.
3.      Lectura y aprobación del presupuesto económico 2019-2020.
4.      Ruegos y preguntas.


     
Nuestra Señora de Loreto en su Soledad le bendiga en todo momento.
                                                                                          
       Vicente Lozano González                                         Bella Calderón Padilla
              Hermano Mayor                                                          Secretaria


CABILDO EXTRAORDINARIO DE ELECCIONES


Estimado/a hermano/a: 

Nos es grato convocarle al CABILDO EXTRAORDINARIO DE ELECCIONES  para designar al Hermano Mayor para los próximos cinco años,  que celebrará nuestra Hermandad el próximo día 26 de octubre  del presente año, en nuestra sede canónica de la Parroquia del Apóstol San Pedro, en horario de 20.00 a  23.00 horas con una única candidatura presentada, la de nuestro hermano D. Eusebio Castañeda Sánchez.

Según el Art. 63 de la Normativa Diocesana de Hermandades y Cofradías, los hermanos y hermanas con derecho a voto que vivan fuera de la Provincia Eclesiástica peninsular a la que pertenece nuestra Diócesis, o por enfermedad no puedan asistir al Cabildo de Elecciones, podrán ejercitar su derecho al voto por carta. Lo harán en un sobre dirigido a la Secretaria de la Hermandad debiendo estar en posesión de ésta al menos veinticuatro horas antes de la celebración de las elecciones, incluyendo además de la papeleta  de votación (Si, No, en Blanco) contenida en sobre cerrado, la fotocopia del DNI y Certificado de Empadronamiento en primer caso y fotocopia de DNI y Certificado Médico Oficial  para los que no puedan asistir por enfermedad.

     
Nuestra Señora de Loreto en su Soledad le bendiga en todo momento.




                                                                                          
       Vicente Lozano González                                         Bella Calderón Padilla
              Hermano Mayor                                                          Secretaria


EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 28º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (13-10-2019)

LUCAS 17, 11-19.

“En aquel tiempo, yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo, vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos le decía: «Jesús, maestro, ten compasión de nosotros». Al verlos, les dijo: «Id a presentados a los sacerdotes». Y, mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Éste era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo: «¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?». Y le dijo: «Levántate, vete; tu fe te ha salvado».”


El evangelio que acabamos de escuchar puede ser muy aprovechable en nuestra reflexión de hoy. La lepra era en aquella época, una enfermedad terrible, por su manifestación física (el cuerpo se llenaba de llagas) y sobre todo por la explicación de su origen, enfermar era resultado del pecado, si uno enfermaba era porque había hecho algo malo (esa expresión tan injusta “algo habrá hecho”); pero además esta enfermedad incurable llevaba consigo que el que la padecía no podía vivir con nadie ya que era contagiosa, y eran expulsados a las afueras de los pueblos y ciudades, hasta que les llegaba la muerte. Ser leproso, era pertenecer a una población marginal y condenada a la exclusión mientras su enfermedad no fuese curada. En la actualidad es una enfermedad considerada como erradicada, pero sigue existiendo en pequeños círculos, para la mayoría desconocidos.

La curación de los diez leprosos no es fruto de un rito mágico, o de un juego de manos que hace Jesús, la curación se debe a la confianza que los diez tienen en la capacidad de Jesús de hacer posible lo imposible. Sin embargo más importante que la curación es llegar a comprender lo que esa curación significa, y esto no lo llegaron a comprender todos los que fueron sanados.

Sólo uno (un samaritano, un extranjero hereje para los judíos) además de ser curado y ser devuelto a la vida normal, es capaz de ver en la curación un acto del poder de Dios. Los diez han compartido una misma experiencia: la de la curación, pero sólo uno experimentará la salvación, que es la auténtica y verdadera curación que necesita todo hombre, pues es la que lo capacita para volver y dar gracias a Dios de lo que le sucede. El definitivo milagro de Jesús, fue lograr que uno de ellos no solo se alegrara por ser curado, sino que fuera capaz de reconocer la presencia de Dios en todo lo que le había pasado.

La experiencia de la salvación es una experiencia que felizmente, siguen teniendo muchas personas, en nuestros días, pero son muchos más los que no sólo no llegan a tenerla, sino que ni siquiera sienten la necesidad de experimentarla, porque su salvación está puesta en otras cosas.

Nuestra reflexión podríamos encaminarla también por la línea de lo que significa ser personas agradecidas. El ser agradecidos, suele ser una actitud para la que se nos enseña desde pequeños, todos hemos aprendido a decir gracias cuando recibimos algo, más adelante cuando vamos creciendo aprendemos a descubrir que el agradecimiento es algo más que decir gracias, sino que es una actitud del corazón. El corazón agradecido es aquel que es capaz de actuar desde la premisa de que no lo tenemos todo, que necesitamos más cosas de las que creemos de los de los que nos rodean, y esa actitud nos lleva a ser agradecidos por lo que recibimos de forma gratuita. Y además, el agradecido suele ser él al mismo tiempo generoso, ya que si soy capaz de reconocer que necesito de los otros, aprendo que puede haber otros que necesiten de mí, y estaré dispuesto a dar lo que me pidan y a compartir lo que tengo.

Podríamos hoy examinarnos sobre nuestro ser o no ser agradecidos. En nuestra vida podremos descubrir muchas circunstancias en las que el otro nos hace el bien, pero no sé si solemos o sabemos estar a la altura. De los diez del evangelio sólo uno fue capaz de volver a dar gracias y demostrar con su presencia su disposición a hacer lo que fuera por aquel que lo había salvado. Sólo uno tenía el corazón agradecido como para expresar ese agradecimiento.

El agradecimiento del cristiano, el agradecimiento del hombre de fe, siempre va dirigido en última instancia hacía Dios, ese Dios que nos quiere, y al que le debemos tantas cosas. Por eso en la Eucaristía de hoy, que es también acción de gracias, le agradecemos al Señor, todo lo que hace por nosotros. Te damos gracias Señor, y te pedimos que nos des un corazón agradecido y generoso.

Se lo pedimos al Señor, al tiempo que recordamos a los que menos tienen, a los que están solos, a los enfermos especialmente a los que conocemos o son de nuestras familias.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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sábado, 5 de octubre de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 27º DEL TIEMPO ORDINARIO – CICLO C – (6-10-2019

LUCAS 17, 5-10.

“En aquel tiempo, los apóstoles dijeron al Señor: «Auméntanos la fe». El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”. Y os obedecería. Suponed que un criado vuestro trabaja como labrador o como pastor; cuando vuelve del campo, ¿quién de vosotros le dice: “En seguida, ven y ponte a la mesa”? ¿No le diréis: “Prepárame de cenar, cíñete y sírveme mientras como y bebo, y después comerás y beberás tú”? ¿Tenéis que estar agradecidos al criado porque ha hecho lo mandado? Lo mismo vosotros: Cuando hayáis hecho todo lo mandado, decid: “Somos unos pobres siervos, hemos hecho lo que teníamos que hacer”».”


Las lecturas de la Palabra de Dios de este Domingo nos invitan a volver a reflexionar en nuestro interior sobre la virtud central de toda persona religiosa, la virtud de la fe. El hombre religioso sabe de una u otra forma que el centro de su vida no es él, sino que la última palabra siempre la tiene Dios, pero no un Dios cualquiera, sino un Dios que nos quiere, que quiere lo mejor para nosotros, que desea nuestra felicidad, y nuestro bien. No un Dios caprichoso, arbitrario, lejano y desentendido de todo, escondido, misterioso, sino un Dios cercano, que quiere a todos, incluso a los que no creen El, y que desea la salvación de todos.

En esta perspectiva la fe que nos da vida, es la confianza en Dios. No una confianza que se confunde con una comodidad perezosa e inactiva, que espera que se lo den todo hecho, no, sino una confianza como el fruto del amor y de la esperanza que se fundamentan primeramente en Dios y después en nuestro esfuerzo personal. La confianza es compañera inseparable de toda persona. Confiamos en los que queremos, en los que nos quieren, familiares, amigos, aunque a veces suframos desengaños. Esta confianza que necesitamos tener en las personas, tenemos que tenerla también con Dios, ese Dios que permanece a nuestro lado y que nos empuja a hacer de nuestra vida algo con sentido y que merezca la pena.

Esta reflexión sobre la centralidad de la fe en la vida del creyente, nos viene perfectamente al comienzo del nuevo curso pastoral. Todo bautizado, todo cristiano, por el mero hecho de serlo está llamado de una u otra manera a construir el Reino de Dios en el mundo en el que vive. Cada uno tenemos nuestra misión. Cada uno en su sitio, en la oficina, en su lugar de trabajo, en la universidad, en la escuela, cada uno donde vive, en su familia, en su bloque, en el barrio; sin hacer quizá grandes cosas, pero si con la convicción y la seguridad de que lo que hacemos está bien, y esa certeza solo la puede dar la fe. Nuestra comunidad parroquial pretende ser ese grano de mostaza, pequeño por fuera pero grande por dentro. Quiere seguir viviendo su compromiso de fe en este mundo que nos ha tocado vivir y que queremos, aunque no nos gusten muchas de las cosas que vemos en él.

Pero estos comienzos, en una comunidad que se siente enviada, que lo que pretende es ser testigo de otro que le marca el camino, una comunidad que sabe que las fuerzas para conseguir lo que nos propongamos no depende de nosotros, esa comunidad lo primero que hace, y es lo que hacemos nosotros hoy, es ponernos en las manos del señor. Y ¿por qué nos ofrecemos al Señor? Porque sabemos que el que da el fruto es él, porque sabemos que con nuestras fuerzas no podemos nada, y que en el fondo somos pecadores, porque casi no podemos ni poner nuestro testimonio como modelo de nada porque también fallamos. Todo lo que consigamos, se lo deberemos a él, y no podremos presumir de nada.

Nos unimos a las Iglesia Diocesana representada en nuestro Obispo, y a la Iglesia universal con el Papa Francisco al frente, para que este curso nuestra fe y nuestro testimonio estén orientados a manifestar que la Buena Noticia de Jesús tiene que llegar a todos, incluso a los más alejados o a los que no quieren saben nada de ella.

Nuestra oración hoy va dirigida especialmente por todos nosotros los que formamos la comunidad parroquial, todas las personas que de una u otra manera viven su fe alrededor de la misma, hoy nos sentimos enviados a dar testimonio de Jesús en este nuevo curso y para que sepamos ser más fieles en su seguimiento, cayendo siempre en la cuenta de que esta fidelidad nos exige acordarnos de manera especial de todos los que sufren cerca o lejos de nosotros.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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