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jueves, 14 de abril de 2022

HOY ES JUEVES SANTO – CICLO C – (14-4-2022)

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

- «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó:

- «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo:

- «No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó:

- «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo:

- «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo:

- «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

- «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»


DÍA DEL AMOR FRATERNO

1. Este es uno de aquellos tres jueves que, según el verso popular, “relumbran más que el sol”. En la misa vespertina del jueves santo celebramos la cena del Señor.

En la primera lectura de la misa (Ex 12, 1-8.11-14), la evocación de la institución hebrea de la cena pascual nos invita a agradecer la liberación de Dios, que se ha hecho realidad definitiva en Jesús, el cordero de la nueva pascua.

En la segunda lectura San Pablo recuerda cómo Jesús entregó su propia vida en la entrega del pan y del vino (1 Cor 11, 23-26). Por eso, cada vez que comemos de ese pan y bebemos de ese cáliz, proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva. Con razón, en cada eucaristía, anunciamos, su muerte, proclamamos su resurrección y manifestamos nuestro deseo de que venga a juzgar a los vivos y los muertos, completando su obra de salvación.

2. La lectura del evangelio de Juan (13,1-15) nos presenta a Jesús, lavando los pies a sus discípulos, para darnos ejemplo de humildad y de mutuo servicio en el amor. Así dice Jesús: “Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.

El lavatorio de los pies es en el evangelio de Juan el equivalente a la institución de la Eucaristía que se recuerda en los tres evangelios sinópticos.

Ambos gestos nos revelan la entrega de Jesús. En uno se muestra como el Señor que se hace siervo, en el otro se muestra como el maestro que entrega su vida en alimento y en bebida. Como canta el prefacio de hoy, “su carne, inmolada por nosotros, es alimentos que nos fortalece; su sangre derramada por nosotros, es bebida que nos purifica”.

Así pues, la institución de la eucaristía, la misión del sacerdocio ministerial y el mandato supremo del amor mutuo, a ejemplo de Jesús, centran nuestra meditación en este día sagrado. Por esos tres dones damos gracias en la adoración eucarística de esta tarde-noche.

3. Con espíritu agradecido hacemos nuestra la oración colecta de la Iglesia, reunida este día ante el misterio de la eucaristía:

“Señor Dios nuestro, nos has convocado esta tarde para celebrar aquella misma memorable Cena en que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la Alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos misterios nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

José-Román Flecha Andrés.

jueves, 1 de abril de 2021

HOY ES JUEVES SANTO – CICLO A – (1-4-2021)

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

- «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó:

- «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo:

- «No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó:

- «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo:

- «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo:

- «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

- «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»




DÍA DEL AMOR FRATERNO


1. Este es uno de aquellos tres jueves que, según el verso popular, “relumbran más que el sol”. En la misa vespertina del jueves santo celebramos la cena del Señor.

En la primera lectura de la misa (Ex 12, 1-8.11-14), la evocación de la institución hebrea de la cena pascual nos invita a agradecer la liberación de Dios, que se ha hecho realidad definitiva en Jesús, el cordero de la nueva pascua.

En la segunda lectura San Pablo recuerda cómo Jesús entregó su propia vida en la entrega del pan y del vino (1 Cor 11, 23-26). Por eso, cada vez que comemos de ese pan y bebemos de ese cáliz, proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva. Con razón, en cada eucaristía, anunciamos, su muerte, proclamamos su resurrección y manifestamos nuestro deseo de que venga a juzgar a los vivos y los muertos, completando su obra de salvación.


2. La lectura del evangelio de Juan (13,1-15) nos presenta a Jesús, lavando los pies a sus discípulos, para darnos ejemplo de humildad y de mutuo servicio en el amor. Así dice Jesús: “Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.

El lavatorio de los pies es en el evangelio de Juan el equivalente a la institución de la Eucaristía que se recuerda en los tres evangelios sinópticos.

Ambos gestos nos revelan la entrega de Jesús. En uno se muestra como el Señor que se hace siervo, en el otro se muestra como el maestro que entrega su vida en alimento y en bebida. Como canta el prefacio de hoy, “su carne, inmolada por nosotros, es alimentos que nos fortalece; su sangre derramada por nosotros, es bebida que nos purifica”.

Así pues, la institución de la eucaristía, la misión del sacerdocio ministerial y el mandato supremo del amor mutuo, a ejemplo de Jesús, centran nuestra meditación en este día sagrado. Por esos tres dones damos gracias en la adoración eucarística de esta tarde-noche.


3. Con espíritu agradecido hacemos nuestra la oración colecta de la Iglesia, reunida este día ante el misterio de la eucaristía:

“Señor Dios nuestro, nos has convocado esta tarde para celebrar aquella misma memorable Cena en que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la Alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos misterios nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

José-Román Flecha Andrés.
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jueves, 9 de abril de 2020

HOY ES JUEVES SANTO – CICLO A – (9-4-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

-«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó:

-«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo:

-«No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó:

-«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo:

-«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo:

-«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

-«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»



DÍA DEL AMOR FRATERNO

+ 1. Este es uno de aquellos tres jueves que, según el verso popular, “relumbran más que el sol”. En la misa vespertina del jueves santo celebramos la cena del Señor.

En la primera lectura de la misa (Ex 12, 1-8.11-14), la evocación de la institución hebrea de la cena pascual nos invita a agradecer la liberación de Dios, que se ha hecho realidad definitiva en Jesús, el cordero de la nueva pascua.

En la segunda lectura San Pablo recuerda cómo Jesús entregó su propia vida en la entrega del pan y del vino (1 Cor 11, 23-26). Por eso, cada vez que comemos de ese pan y bebemos de ese cáliz, proclamamos la muerte del Señor, hasta que vuelva. Con razón, en cada eucaristía, anunciamos, su muerte, proclamamos su resurrección y manifestamos nuestro deseo de que venga a juzgar a los vivos y los muertos, completando su obra de salvación.


+ 2. La lectura del evangelio de Juan (13,1-15) nos presenta a Jesús, lavando los pies a sus discípulos, para darnos ejemplo de humildad y de mutuo servicio en el amor. Así dice Jesús: “Si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros: os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis”.

El lavatorio de los pies es en el evangelio de Juan el equivalente a la institución de la Eucaristía que se recuerda en los tres evangelios sinópticos.

Ambos gestos nos revelan la entrega de Jesús. En uno se muestra como el Señor que se hace siervo, en el otro se muestra como el maestro que entrega su vida en alimento y en bebida. Como canta el prefacio de hoy, “su carne, inmolada por nosotros, es alimentos que nos fortalece; su sangre derramada por nosotros, es bebida que nos purifica”.

Así pues, la institución de la eucaristía, la misión del sacerdocio ministerial y el mandato supremo del amor mutuo, a ejemplo de Jesús, centran nuestra meditación en este día sagrado. Por esos tres dones damos gracias en la adoración eucarística de esta tarde-noche.


+ 3. Con espíritu agradecido hacemos nuestra la oración colecta de la Iglesia, reunida este día ante el misterio de la eucaristía:

“Señor Dios nuestro, nos has convocado esta tarde para celebrar aquella misma memorable Cena en que tu Hijo, antes de entregarse a la muerte, confió a la Iglesia el banquete de su amor, el sacrificio nuevo de la Alianza eterna; te pedimos que la celebración de estos misterios nos lleve a alcanzar plenitud de amor y de vida. Por Jesucristo nuestro Señor. Amen”.

José-Román Flecha Andrés.
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jueves, 18 de abril de 2019

HOY ES JUEVES SANTO – CICLO C – (18-4-2019)

JUAN 13, 1-15.

“En aquel tiempo, antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?» Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde». Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás». Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo». Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza». Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos». Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios». Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».”


Una vez terminado el tiempo de Cuaresma, después de habernos preparado para celebrar los acontecimientos que se avecinan: con nuestra oración, nuestros sacrificios y practicado las obras de misericordia, después de haber reconocido a nuestro Dios como un Padre que siempre nos perdona, en la celebración penitencial, después de haber hecho todo esto, nos reunimos junto al altar del Señor, celebramos con Jesús su última cena con los discípulos antes de padecer su muerte en cruz. Lo que nosotros estamos haciendo hoy día de Jueves Santo es actualizar la Última Cena de Jesús y supone para nosotros el prepararnos para los días más importantes del año de nuestra fe cristiana. El atardecer del Jueves Santo es la puerta de entrada al Triduo Sacro. Es el momento en el que Jesús cena con sus discípulos antes de ser detenido en el huerto de Getsemaní. Es el comienzo de su pasión, muerte y resurrección por todos nosotros.

La lectura del libro del Éxodo ambienta la liturgia de hoy en la Pascua judía, la cual recordaba el acontecimiento de la liberación del pueblo escogido del poder de Egipto por la acción salvadora de Dios. El ritual del sacrificio del cordero traerá a la memoria aquel paso del Señor por medio de su pueblo. Y a su vez el nuevo cordero sacrificado en esta nueva pascua (nuevo paso de Dios) será el propio Jesús. La sangre del Cordero-Jesús, entregada voluntariamente como ofrenda única y universal, nos librará de la muerte definitiva, y nos abrirá las puertas de la resurrección, las puertas de la vida.

En la última cena, Jesús instituye la Eucaristía, el sacerdocio y nos entrega su legado más significativo el mandamiento del Amor. La lectura de la carta de Pablo a los Corintios recoge el relato de la institución de la Eucaristía. Pablo, que no fue uno de los doce y por lo tanto no estaba allí aquella noche, se refiere a ella como procedente directamente del Señor y que es transmitida por él. Ya entendemos por qué el Jueves Santo es el Día del Amor Fraterno, porque la entrega de Jesús en la Eucaristía, en la cruz, manifiestan el amor incondicional de Dios a los hombres. Quien come su sangre y bebe su sangre se hace uno con Él y con sus actitudes. No se puede recibir la Eucaristía sin estar dispuesto a encarnar en nosotros, su generosidad, su desprendimiento, su capacidad de perdonar, su entrega total, su amor sin condiciones. La Eucaristía es el centro de la vida del cristiano, de ahí la importancia de la participación en la celebración dominical, ¿qué lugar ocupa la Eucaristía en mi vida de creyente y seguidor de Jesús?

El evangelio de San Juan recoge otra escena que se da en la última cena: el lavatorio de los pies. Ser discípulo de Jesús significa servir, estar dispuesto preparado para ello. Jesús está en este mundo como el que sirve. No ha venido para ser servido, sino para dar la vida en rescate por todos. El que sigue a Jesús no es más que su Maestro. Debe dejarse servir por Él y debe hacer con los demás lo que Jesús hace con él. Seguir a Jesús es adoptar sus mismas actitudes, más aún es compartir con él su propio destino. El tono de la última cena es un tono solemne porque en el ambiente flota la despedida de Jesús y que, en ella, Jesús quiere ir a lo fundamental. Ya ha instituido la Eucaristía y el sacerdocio, ya ha dado ejemplo de servicio, ya ha hablado de la nueva alianza, ahora sólo le queda una última palabra y Jesús va a promulgar el mandamiento nuevo: Que os améis los unos a los otros como yo os he amado. De este amor, como el de Jesús los cristianos debemos hacer la señal que nos distinga.

Se juntan en esta celebración de la Cena del Señor un contenido denso y profundo, cada uno tenemos que fijarnos en aquel aspecto que es más importante para nosotros. Podemos continuar la oración y la meditación ante el Monumento a lo largo de la noche y mañana y que eso nos ayude a profundizar en estos misterios y a contemplar el amor de Jesús que es la expresión del amor del Padre hacia toda la humanidad.

Que la participación en el Triduo Pascual nos ayude a descubrir lo que Jesús quiere de cada uno de nosotros, y nos de fuerzas para saber estar cerca de los que nos necesitan, especialmente de los que sufren o están enfermos ya que en ellos se hace presente más fácilmente nuestro Dios. Terminamos pidiendo los unos, por los otros, especialmente por aquel que más lo necesite.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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jueves, 29 de marzo de 2018

HOY ES JUEVES SANTO – CICLO B – (29-3-2018)

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15


“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

-«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó:

-«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo:

-«No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó:

-«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo:

-«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo:

-«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

-«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis».”


DESPEDIDA INOLVIDABLE


También Jesús sabe que sus horas están contadas. Sin embargo no piensa en ocultarse o huir. Lo que hace es organizar una cena especial de despedida con sus amigos y amigas más cercanos. Es un momento grave y delicado para él y para sus discípulos: lo quiere vivir en toda su hondura. Es una decisión pensada.

Consciente de la inminencia de su muerte, necesita compartir con los suyos su confianza total en el Padre incluso en esta hora. Los quiere preparar para un golpe tan duro; su ejecución no les tiene que hundir en la tristeza o la desesperación. Tienen que compartir juntos los interrogantes que se despiertan en todos ellos: ¿qué va a ser del reino de Dios sin Jesús? ¿Qué deben hacer sus seguidores? ¿Dónde van a alimentar en adelante su esperanza en la venida del reino de Dios?

Al parecer, no se trata de una cena pascual. Es cierto que algunas fuentes indican que Jesús quiso celebrar con sus discípulos la cena de Pascua, en la que los judíos conmemoran la liberación de la esclavitud egipcia. Sin embargo, al describir el banquete, no se hace una sola alusión a la liturgia de la Pascua, nada se dice del cordero pascual ni de las hierbas amargas que se comen esa noche, no se recuerda ritualmente la salida de Egipto, tal como estaba prescrito.

Por otra parte es impensable que esa misma noche en la que todas las familias estaban celebrando la cena más importante del calendario judío, los sumos sacerdotes y sus ayudantes lo dejaran todo para ocuparse de la detención de Jesús y organizar una reunión nocturna con el fin de ir concretando las acusaciones más graves contra él. Parece más verosímil la información de otra fuente que sitúa la cena de Jesús antes de la fiesta de Pascua, pues nos dice que Jesús es ejecutado el 14 de nisán, la víspera de Pascua. Así pues, no parece posible establecer con seguridad el carácter pascual de la última cena. Probablemente, Jesús peregrinó hasta Jerusalén para celebrar la Pascua con sus discípulos, pero no pudo llevar a cabo su deseo, pues fue detenido y ajusticiado antes de que llegara esa noche. Sin embargo sí le dio tiempo para celebrar una cena de despedida.

En cualquier caso, no es una comida ordinaria, sino una cena solemne, la última de tantas otras que habían celebrado por las aldeas de Galilea. Bebieron vino, como se hacía en las grandes ocasiones; cenaron recostados para tener una sobremesa tranquila, no sentados, como lo hacían cada día.

Probablemente no es una cena de Pascua, pero en el ambiente se respira ya la excitación de las fiestas pascuales. Los peregrinos hacen sus últimos preparativos: adquieren pan ázimo y compran su cordero pascual. Todos buscan un lugar en los albergues o en los patios y terrazas de las casas. También el grupo de Jesús busca un lugar tranquilo. Esa noche Jesús no se retira a Betania como los días anteriores. Se queda en Jerusalén. Su despedida ha de celebrarse en la ciudad santa. Los relatos dicen que celebró la cena con los Doce, pero no hemos de excluir la presencia de otros discípulos y discípulas que han venido con él en peregrinación. Sería muy extraño que, en contra de su costumbre de compartir su mesa con toda clase de gentes, incluso pecadores, Jesús adoptara de pronto una actitud tan selectiva y restringida.

¿Podemos saber qué se vivió realmente en esa cena?

Jesús vivía las comidas y cenas que hacía en Galilea como símbolo y anticipación del banquete final en el reino de Dios. Todos conocen esas comidas animadas por la fe de Jesús en el reino definitivo del Padre.

Es uno de sus rasgos característicos mientras recorre las aldeas. También esta noche, aquella cena le hace pensar en el banquete final del reino. Dos sentimientos embargan a Jesús. Primero, la certeza de su muerte inminente; no lo puede evitar: aquella es la última copa que va a compartir con los suyos; todos lo saben: no hay que hacerse ilusiones. Al mismo tiempo, su confianza inquebrantable en el reino de Dios, al que ha dedicado su vida entera. Habla con claridad: «Os aseguro: ya no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que lo beba, nuevo, en el reino de Dios». La muerte está próxima. Jerusalén no quiere responder a su llamada.

Su actividad como profeta y portador del reino de Dios va a ser violentamente truncada, pero su ejecución no va a impedir la llegada del reino de Dios que ha estado anunciando a todos. Jesús mantiene inalterable su fe en esa intervención salvadora de Dios. Está seguro de la validez de su mensaje. Su muerte no ha de destruir la esperanza de nadie. Dios no se echará atrás. Un día Jesús se sentará a la mesa para celebrar, con una copa en sus manos, el banquete eterno de Dios con sus hijos e hijas. Beberán un vino «nuevo» y compartirán juntos la fiesta final del Padre. La cena de esta noche es un símbolo.

Movido por esta convicción, Jesús se dispone a animar la cena contagiando a sus discípulos su esperanza.

Comienza la comida siguiendo la costumbre judía: se pone en pie, toma en sus manos pan y pronuncia, en nombre de todos, una bendición a Dios, a la que todos responden diciendo «amén». Luego rompe el pan y va distribuyendo un trozo a cada uno. Todos conocen aquel gesto. Probablemente se lo han visto hacer a Jesús en más de una ocasión. Saben lo que significa aquel rito del que preside la mesa: al obsequiarles con este trozo de pan, Jesús les hace llegar la bendición de Dios. ¡Cómo les impresionaba cuando se lo daba a los pecadores, recaudadores y prostitutas! Al recibir aquel pan, todos se sentían unidos entre sí y con Dios. Pero aquella noche, Jesús añade unas palabras que le dan un contenido nuevo e insólito a su gesto. Mientras les distribuye el pan les va diciendo estas palabras: «Esto es mi cuerpo. Yo soy este pan. Vedme en estos trozos entregándome hasta el final, para haceros llegar la bendición del reino de Dios».

¿Qué sintieron aquellos hombres y mujeres cuando escucharon por vez primera estas palabras de Jesús?

Les sorprende mucho más lo que hace al acabar la cena. Todos conocen el rito que se acostumbra. Hacia el final de la comida, el que presidía la mesa, permaneciendo sentado, cogía en su mano derecha una copa de vino, la mantenía a un palmo de altura sobre la mesa y pronunciaba sobre ella una oración de acción de gracias por la comida, a la que todos respondían «amén». A continuación bebía de su copa, lo cual servía de señal a los demás para que cada uno bebiera de la suya. Sin embargo, aquella noche Jesús cambia el rito e invita a sus discípulos y discípulas a que todos beban de una única copa: ¡la suya! Todos comparten esa «copa de salvación» bendecida por Jesús. En esa copa que se va pasando y ofreciendo a todos, Jesús ve algo «nuevo» y peculiar que quiere explicar: «Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Mi muerte abrirá un futuro nuevo para vosotros y para todos». Jesús no piensa solo en sus discípulos más cercanos.

En este momento decisivo y crucial, el horizonte de su mirada se hace universal: la nueva Alianza, el reino definitivo de Dios será para muchos, «para todos».

Con estos gestos proféticos de la entrega del pan y del vino, compartidos por todos, Jesús convierte aquella cena de despedida en una gran acción sacramental, la más importante de su vida, la que mejor resume su servicio al reino de Dios, la que quiere dejar grabada para siempre en sus seguidores. Quiere que sigan vinculados a él y que alimenten en él su esperanza. Que lo recuerden siempre entregado a su servicio. Seguirá siendo «el que sirve», el que ha ofrecido su vida y su muerte por ellos, el servidor de todos. Así está ahora en medio de ellos en aquella cena y así quiere que lo recuerden siempre. El pan y la copa de vino les evocará antes que nada la fiesta final del reino de Dios; la entrega de ese pan a cada uno y la participación en la misma copa les traerá a la memoria la entrega total de Jesús. «Por vosotros»: estas palabras resumen bien lo que ha sido su vida al servicio de los pobres, los enfermos, los pecadores, los despreciados, las oprimidas, todos los necesitados... Estas palabras expresan lo que va a ser ahora su muerte: se ha «desvivido» por ofrecer a todos, en nombre de Dios, acogida, curación, esperanza y perdón.

Ahora entrega su vida hasta la muerte ofreciendo a todos la salvación del Padre.

Así fue la despedida de Jesús, que quedó grabada para siempre en las comunidades cristianas. Sus seguidores no quedarán huérfanos; la comunión con él no quedará rota por su muerte; se mantendrá hasta que un día beban todos juntos la copa de «vino nuevo» en el reino de Dios. No sentirán el vacío de su ausencia: repitiendo aquella cena podrán alimentarse de su recuerdo y su presencia. Él estará con los suyos sosteniendo su esperanza; ellos prolongarán y reproducirán su servicio al reino de Dios hasta el reencuentro final. De manera germinal, Jesús está diseñando en su despedida las líneas maestras de su movimiento de seguidores: una comunidad alimentada por él mismo y dedicada totalmente a abrir caminos al reino de Dios, en una actitud de servicio humilde y fraterno, con la esperanza puesta en el reencuentro de la fiesta final.

¿Hace además Jesús un nuevo signo invitando a sus discípulos al servicio fraterno? El evangelio de Juan dice que, en un momento determinado de la cena, se levantó de la mesa y «se puso a lavar los pies de los discípulos». Según el relato, lo hizo para dar ejemplo a todos y hacerles saber que sus seguidores deberían vivir en actitud de servicio mutuo: «Lavándoos los pies unos a otros». La escena es probablemente una creación del evangelista, pero recoge de manera admirable el pensamiento de Jesús. El gesto es insólito.

En una sociedad donde está tan perfectamente determinado el rol de las personas y los grupos, es impensable que el comensal de una comida festiva, y menos aún el que preside la mesa, se ponga a realizar esta tarea humilde reservada a siervos y esclavos. Según el relato, Jesús deja su puesto y, como un esclavo, comienza a lavar los pies a los discípulos. Difícilmente se puede trazar una imagen más expresiva de lo que ha sido su vida, y de lo que quiere dejar grabado para siempre en sus seguidores. Lo ha repetido muchas veces: «El que quiera ser grande entre vosotros, será vuestro servidor; y el que quiera ser el primero entre vosotros,será esclavo de todos». Jesús lo expresa ahora plásticamente en esta escena: limpiando los pies a sus discípulos está actuando como siervo y esclavo de todos; dentro de unas horas morirá crucificado, un castigo reservado sobre todo a esclavos.

José Antonio Pagola

jueves, 13 de abril de 2017

HOY ES JUEVES SANTO – CICLO A – (13/4/2017)

La Cena del Señor, la tarde del Jueves santo, es la primera celebración del triduo pascual. Según la tradición más antigua, recogida por san Pablo (1Co 11,23), «el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo», tomó primero pan y después el cáliz lleno de vino, y dijo: «Esto es mi cuerpo», «este es el cáliz de mi sangre», «haced esto en memoria mía». Por eso, cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva. La Cena del Señor se celebró en las comunidades cristianas desde los comienzos, como testimonia también el libro de los Hechos de los apóstoles (Hch 2,42).

La celebración de la Cena del Señor, que incluyó siempre el relato de lo que Jesús había hecho y dicho «cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada», seguido de la comunión en el pan y el vino, cuerpo y sangre de Cristo (2Co 11,27-28), fue evolucionando con el transcurso de los siglos. En un principio, el que presidía la «asamblea» litúrgica, llamada también synaxis, tenía un amplio margen de iniciativa. Pero esto no duró mucho. Muy pronto hubo que codificar la manera de actuar. Por una parte, sacar continuamente del propio fondo es algo que está al alcance de muy pocos; la mayoría necesita un soporte para «improvisar». Se difundieron entonces algunos formularios que destacaban por su calidad y que sirvieron de referencia. Por otra parte, sobre todo en periodos de controversia, había que velar por la ortodoxia de los textos litúrgicos. Tal es el origen de las «plegarias eucarísticas», llamadas también anáforas, es decir, «oblaciones». En la Iglesia latina, a partir del siglo IV, se impuso un modelo exclusivo, el «Canon romano», hasta que el misal posterior al Vaticano II reconoció varias «plegarias eucarísticas». Se ha recuperado así cierta flexibilidad, que permite adaptarse a las diversas asambleas. Pero hoy como ayer, en Oriente y en Occidente, es siempre la misma eucaristía la que se celebra «en memoria del Señor», repitiendo, como él pidió, lo mismo que hizo «la víspera de su pasión».

La celebración de «la Cena», el Jueves santo, no difiere de la eucaristía de los demás días del año. Pero tiene un valor ejemplar. Al recordar lo que el Señor hizo en la última Cena con sus discípulos, se añade «hoy». Mañana, en efecto, será el día dedicado a la Pasión. Pero esta manera de hablar tiene un sentido absolutamente general. Cada vez que la Iglesia celebra la eucaristía y los otros sacramentos, de los que es fuente, se renueva para nosotros, hoy, por obra del Espíritu, la obra de Dios, que Cristo realizó de una vez para siempre. Lo que Jesús hizo un día es siempre actual y nuevo, aunque se repita indefinidamente. Efectivamente, en cada celebración litúrgica, y especialmente en cada eucaristía, acontece para nosotros aquí y ahora la salvación que Dios realiza desde el principio. Cristo está presente. Actúa por medio de signos eficaces y por el poder del Espíritu. La lectura del libro del Éxodo recuerda que la eucaristía hunde sus raíces en la liturgia ancestral de la Pascua judía, lo que pone claramente de manifiesto su carácter tradicional al mismo tiempo que su absoluta novedad.

El evangelio según san Juan cuenta cómo Jesús, durante la última Cena con sus discípulos, «antes de la fiesta de la Pascua», se quitó el manto y les lavó los pies. Para que Pedro aceptara que el Señor se rebajara de este modo, este tuvo que decirle: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo»; añadiendo: «Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis». Este «mandato», semejante al que el Señor da a propósito del pan y del cáliz, se refiere a la misión y al comportamiento recíproco de los discípulos. Pero el evangelista introduce el relato diciendo: «Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». ¿Cómo no ver en este gesto insólito del Maestro una predicación práctica del amor, ley fundamental de la comunidad cristiana, del que la Cena del Señor es fuente y exigencia?

La liturgia del Jueves santo celebra de este modo la eucaristía, memorial de la Pascua de Cristo, sacramento de su amor infinito por nosotros y del que nosotros hemos de tenemos unos a otros, y la institución del ministerio sacerdotal, que debe entenderse y ejercerse, siguiendo el ejemplo del Señor, como servicio a los hermanos de la comunidad.


PRIMERA LECTURA

Jesús cumplió regularmente las prescripciones de la ley en relación con la Pascua, memorial de la noche en la que Dios hizo salir a su pueblo de Egipto. Fue durante la última Cena pascual celebrada con sus discípulos cuando, tomando primero el pan y luego el cáliz, dijo a los que estaban a la mesa con él: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre». Este contexto litúrgico ancestral de la Pascua es el que da el sentido de los gestos y palabras del Señor. Él, el primogénito, ha rescatado con su muerte a una multitud de hombres, dándoles acceso al nuevo Reino, por medio de su sangre derramada. El, el cordero sin defecto ofrecido una vez para siempre, ha liberado a toda la humanidad de la antigua esclavitud del pecado, y guarda «para todas las generaciones» a los que, en su vida y en la liturgia, hacen memoria de él hasta que vuelva.


Prescripciones sobre la cena pascual.

Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14


En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

-«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas.
Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor.

Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.

La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis; cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto.

Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones."»


SALMO

Salmo 115, 12-13. 15-16bc. 17-18 (R.: cf. ICo 10, 16)

R El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.


¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R


Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R


Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R


SEGUNDA LECTURA

Este relato de la institución eucarística, el más antiguo de los recogidos en el Nuevo Testamento, es aceptado ya en la época en que Pablo evangeliza Corinto (sin duda en el 50-51) como «tradición que procede del Señor». Se reconoce aquí, casi palabra por palabra, la forma como nosotros celebramos la eucaristía, que ero ya, por tanto, en lo esencial, idéntica a la de las primerísimas asambleas cristianas.

Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26

Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:
Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

-«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.»
Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:
-«Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»
Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 13,34

Os doy un mandamiento nuevo
- dice el Señor-:
que os améis unos a otros,
como yo os he amado.

EVANGELIO

Donde los otros evangelios colocan lo que se llama la «institución de la eucaristía», el evangelio según san Juan introduce la sorprendente e insólita escena de Jesús lavando los pies de sus discípulos. Fue durante la Cena celebrada con ellos «antes de la fiesta de Pascua» en la que iba a «pasar de este mundo al Padre». Es la manera de referirse normalmente a la última Cena. Pero aquí se insiste directamente en el amor infinito de Dios y en el amor fraterno, vinculados siempre a la eucaristía, y en el ministerio de los apóstoles, que han de considerarse y actuar como humildes servidores de todos. Por Otro lado, la referencia al baño purificador hace pensar en el bautismo, que es paso, con Cristo, de la muerte a la vida. La variedad de los temas abordados y de las alusiones hace de este evangelio un texto fundamental para la catequesis, no sólo de la liturgia del Jueves santo, sino del conjunto de las celebraciones del triduo pascual.

Los amó hasta el extremo.

Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe;
luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

-«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó:
-«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo:
-«No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó:
-«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo:
-«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo:
-«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»
Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:
-«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

miércoles, 23 de marzo de 2016

JUEVES SANTO – CICLO C – (24-3-2016)

La Cena del Señor, la tarde del Jueves santo, es la primera celebración del triduo pascual. Según la tradición más antigua, recogida por san Pablo (1Co 11,23), «el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo», tomó primero pan y después el cáliz lleno de vino, y dijo: «Esto es mi cuerpo», «este es el cáliz de mi sangre», «haced esto en memoria mía». Por eso, cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz proclamamos la muerte del Señor hasta que vuelva. La Cena del Señor se celebró en las comunidades cristianas desde los comienzos, como testimonia también el libro de los Hechos de los apóstoles (Hch 2,42).

La celebración de la Cena del Señor, que incluyó siempre el relato de lo que Jesús había hecho y dicho «cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada», seguido de la comunión en el pan y el vino, cuerpo y sangre de Cristo (2Co 11,27-28), fue evolucionando con el transcurso de los siglos. En un principio, el que presidía la «asamblea» litúrgica, tenía un amplio margen de iniciativa. Pero esto no duró mucho. Muy pronto hubo que codificar la manera de actuar. Se difundieron entonces algunos formularios que destacaban por su calidad y que sirvieron de referencia. En la Iglesia latina, a partir del siglo IV, se impuso un modelo exclusivo, el «Canon romano», hasta que el misal posterior al Vaticano II reconoció varias «plegarias eucarísticas». Se ha recuperado así cierta flexibilidad, que permite adaptarse a las diversas asambleas. Pero hoy como ayer, en Oriente y en Occidente, es siempre la misma eucaristía la que se celebra «en memoria del Señor», repitiendo, como él pidió, lo mismo que hizo «la víspera de su pasión».

La celebración de «la Cena», el Jueves santo, no difiere de la eucaristía de los demás días del año. Pero tiene un valor ejemplar. Al recordar lo que el Señor hizo en la última Cena con sus discípulos, se añade «hoy». Mañana, en efecto, será el día dedicado a la Pasión. Pero esta manera de hablar tiene un sentido absolutamente general. Cada vez que la Iglesia celebra la eucaristía y los otros sacramentos, de los que es fuente, se renueva para nosotros, hoy, por obra del Espíritu, la obra de Dios, que Cristo realizó de una vez para siempre. Lo que Jesús hizo un día es siempre actual y nuevo, aunque se repita indefinidamente. Efectivamente, en cada celebración litúrgica, y especialmente en cada eucaristía, acontece para nosotros aquí y ahora la salvación que Dios realiza desde el principio. Cristo está presente. Actúa por medio de signos eficaces y por el poder del Espíritu. La lectura del libro del Éxodo recuerda que la eucaristía hunde sus raíces en la liturgia ancestral de la Pascua judía, lo que pone claramente de manifiesto su carácter tradicional al mismo tiempo que su absoluta novedad.

El evangelio según san Juan cuenta cómo Jesús, durante la última Cena con sus discípulos, «antes de la fiesta de la Pascua», se quitó el manto y les lavó los pies. Para que Pedro aceptara que el Señor se rebajara de este modo, este tuvo que decirle: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo»; añadiendo: «Os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis». Este «mandato», semejante al que el Señor da a propósito del pan y del cáliz, se refiere a la misión y al comportamiento recíproco de los discípulos. Pero el evangelista introduce el relato diciendo: «Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo». ¿Cómo no ver en este gesto insólito del Maestro una predicación práctica del amor, ley fundamental de la comunidad cristiana, del que la Cena del Señor es fuente y exigencia?

La liturgia del Jueves santo celebra de este modo la eucaristía, memorial de la Pascua de Cristo, sacramento de su amor infinito por nosotros y del que nosotros hemos de tenemos unos a otros, y la institución del ministerio sacerdotal, que debe entenderse y ejercerse, siguiendo el ejemplo del Señor, como servicio a los hermanos de la comunidad.


PRIMERA LECTURA

Jesús cumplió regularmente las prescripciones de la ley en relación con la Pascua, memorial de la noche en la que Dios hizo salir a su pueblo de Egipto. Fue durante la última Cena pascual

celebrada con sus discípulos cuando, tomando primero el pan y luego el cáliz, dijo a los que estaban a la mesa con él: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre». Este contexto litúrgico ancestral de la Pascua es el que da el sentido de los gestos y palabras del Señor. Él, el primogénito, ha rescatado con su muerte a una multitud de hombres, dándoles acceso al nuevo Reino, por medio de su sangre derramada. El, el cordero sin defecto ofrecido una vez para siempre, ha liberado a toda la humanidad de la antigua esclavitud del pecado, y guarda «para todas las generaciones» a los que, en su vida y en la liturgia, hacen memoria de él hasta que vuelva.


Prescripciones sobre la cena pascual.


Lectura del libro del Éxodo 12, 1-8. 11-14


“En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto:

-«Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito.

Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido.

Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas.

Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor.

Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor.

La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis; cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto.

Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta del Señor, ley perpetua para todas las generaciones."»


SALMO

Salmo 115, 12-13. 15-16bc. 17-18 (R.: cf. ICo 10, 16)


R: El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo.


¿Cómo pagaré al Señor

todo el bien que me ha hecho?

Alzaré la copa de la salvación,

invocando su nombre. R



Mucho le cuesta al Señor

la muerte de sus fieles.

Señor, yo soy tu siervo,

hijo de tu esclava;

rompiste mis cadenas. R



Te ofreceré un sacrificio de alabanza,

invocando tu nombre, Señor.

Cumpliré al Señor mis votos

en presencia de todo el pueblo. R



SEGUNDA LECTURA


Este relato de la institución eucarística, el más antiguo de los recogidos en el Nuevo Testamento, es aceptado ya en la época en que Pablo evangeliza Corinto (sin duda en el 50-51) como «tradición que procede del Señor». Se reconoce aquí, casi palabra por palabra, la forma como nosotros celebramos la eucaristía, que ero ya, por tanto, en lo esencial, idéntica a la de las primerísimas asambleas cristianas.


Cada vez que coméis y bebéis, proclamáis la muerte del Señor.


Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 11, 23-26


“Hermanos:

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido:

Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo:

-«Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.»

Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo:

-«Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.»

Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.”




VERSÍCULO ANTES DEL EVANGELIO Jn 13,34


Os doy un mandamiento nuevo

- dice el Señor-:

que os améis unos a otros,

como yo os he amado.




EVANGELIO

Donde los otros evangelios colocan lo que se llama la «institución de la eucaristía», el evangelio según san Juan introduce la sorprendente e insólita escena de Jesús lavando los pies de sus discípulos. Fue durante la Cena celebrada con ellos «antes de la fiesta de Pascua» en la que iba a «pasar de este mundo al Padre». Es la manera de referirse normalmente a la última Cena. Pero aquí se insiste directamente en el amor infinito de Dios y en el amor fraterno, vinculados siempre a la eucaristía, y en el ministerio de los apóstoles, que han de considerarse y actuar como humildes servidores de todos. Por Otro lado, la referencia al baño purificador hace pensar en el bautismo, que es paso, con Cristo, de la muerte a la vida. La variedad de los temas abordados y de las alusiones hace de este evangelio un texto fundamental para la catequesis, no sólo de la liturgia del Jueves santo, sino del conjunto de las celebraciones del triduo pascual.


Los amó hasta el extremo.


Lectura del santo evangelio según san Juan 13, 1-15


“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.

Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo:

-«Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»

Jesús le replicó:

-«Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.» Pedro le dijo:

-«No me lavarás los pies jamás.»

Jesús le contestó:

-«Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»

Simón Pedro le dijo:

-«Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»

Jesús le dijo:

-«Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»

Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.»

Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo:

-«¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»”

jueves, 2 de abril de 2015

HOY ES JUEVES SANTO (2/4/2015)

El texto evangélico es de Jn 13, 1-15 y dice lo siguiente:


“Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando el Diablo había sugerido a Judas Iscariote que lo entregara sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó. Después echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida. Llegó, pues, a Simón Pedro, el cual le dijo: -Señor, ¿tú me lavas los pies? Jesús respondió: -Lo que yo hago no lo entiendes ahora, más tarde lo entenderás. Replicó Pedro: -No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: -Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Le dijo Simón Pedro: -Señor, si es así, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza. Le respondió Jesús: -El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, pues el resto está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos --conocía al que lo iba a entregar y por eso dijo que no todos estaban limpios--. Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: -¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho.”

* En la liturgia de hoy se nos recuerda la institución de la Eucaristía, signo del amor de Cristo, que da libremente su vida por nosotros, y que se nos da Él mismo como comida en la comunión.

También nos deja el mandamiento del amor, y es la Eucaristía el alimento que nos impulsa a cumplirlo.

Eucaristía: sacramento de la caridad. El mejor, el más auténtico para expresar al mismo tiempo el amor de Dios y el amor a los hombres. El amor de Cristo a nosotros, y el amor fraterno que une a los verdaderos discípulos de Jesús. Eucaristía: centro de la vida de la Iglesia, el más grande de todos los sacramentos; un verdadero banquete, pero no uno cualquiera, sino el del sacrificio de Jesús, a cuya participación están convocados todos sus hermanos. Eucaristía: sacramento por el que Jesús va a poder estar junto a nosotros y al mismo tiempo nos sirve para llegar donde está él, junto al Padre.

Y por último instituye el sacerdocio, el servicio y dedicación total a los hermanos, como hizo Jesús.


* Nos dice este texto que Jesús "los amó hasta el extremo". Su amor extremo consiste en que va a permanecer con nosotros en la Eucaristía, para que ese amor suyo transforme nuestras vidas y podamos dirigir continuamente una alabanza a Dios. Es en la Eucaristía donde encontramos la fuerza para amar como él nos ha amado y para amar y servir a los demás.


* Jesús nos enseña a amarle reconociéndole en el prójimo. Leemos en este evangelio "os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho". El amor de Jesús nos empuja a amar, ya no según nuestra medida, sino con la suya. Amor a la Eucaristía y amor al prójimo van unidos. La relación con Jesús en la Eucaristía nos prepara para la donación de nosotros mismos.


*En este relato evangélico vemos cómo Pedro no entiende el gesto de Jesús: su vida entera fue una entrega, la última cena es una entrega servicial y amorosa, la salvación se identifica con el

servicio. Jesús, siendo el Hijo, toma la condición de esclavo. Dios no salva desde el trono inaccesible, sino desde la palangana, la toalla y la postración. Pedro se resiste al lavatorio de pies porque prefiere anteponer su amor al Señor al que recibe de él; Jesús le corrige: sólo el amor de Dios nos permite el salto a la vida eterna. Hemos de dejarnos amar por Jesús; le queremos, pero Él nos quiere más; su amor es más grande y se adelanta al nuestro.


* Gracias por tu amor hasta el extremo y por el mandamiento nuevo del amor fraterno, como tú nos amas.

Gracias por el sacramento de la Eucaristía, que te hace realmente presente, vivo y vivificante en mi vida.

Gracias por el sacramento del ministerio sacerdotal, al que llamas a quiénes tú eliges. ¡Santifícalos en la verdad y mantenlos en la fidelidad!


* Hoy, Dios de la humildad, en la gran fiesta del amor en que te quedas con nosotros, no olvidándote del hombre, quiero pedirte por la humanidad entera, para que logremos alcanzar el don de la fraternidad.


* María, ayúdanos a tus hijos de esta Hermandad a que nos sintamos hermanados bajo la tutela del amor.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

.

sábado, 28 de marzo de 2015

HORARIO DE SEMANA SANTA EN NUESTRA PARROQUIA DE SAN PEDRO

*DOMINGO DE RAMOS

-Vísperas (Sábado) - 7:00 de la tarde
-Domingo - 12:00 de la mañana
-Por la tarde no hay Misa


*LUNES-MARTES-MIÉRCOLES SANTOS

-Misa a las 7:00 de la tarde
-Martes Santo - Misa Crismal a las 11:00 de la mañana en la Sta. Iglesia Catedral


*JUEVES SANTO

-Misa de la Cena de Jesús
-5:00 de la tarde
-Visitas al Monumento hasta las 9:00 de la noche


*VIERNES SANTO

-Oficios de la muerte de Jesús
-1:00 de la tarde


*SÁBADO SANTO

-Pésames a María
-Día de Luto riguroso por la muerte de JESÚS
-La Sagrada Imagen de Ntra. Sra. de LORETO estará expuesta a la veneración durante esta mañana,en su paso,con los siguientes HORARIOS Y ACTOS:

-10:00 -  Apertura del Templo
-10:30 - Rosario (Misterios Luminosos)
-11:00 - PRIMER PÉSAME a cargo de D.Salustiano J. Martínez Fierro
-11:30 - Rosario (Misterios Dolorosos)
-12:00 - SEGUNDO PÉSAME a cargo de M.Inmaculada Romero Rguez.Esclava del Sagrado Corazón.
-12:30 - Rosario (Misterios Gloriosos)
-13:00 - Cierre del Templo

-22:00 -Vigilia Pascual (a continuación Ágape Pascual)


*DOMINGO DE RESURRECCIÓN 

FELIZ PASCUA

ALELUYA


jueves, 17 de abril de 2014

HOY ES JUEVES SANTO

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El texto evangélico es de Jn 13, 1-15 y dice lo siguiente:


“Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando el Diablo había sugerido a Judas Iscariote que lo entregara sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó. Después echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida. Llegó, pues, a Simón Pedro, el cual le dijo: -Señor, ¿tú me lavas los pies? Jesús respondió: -Lo que yo hago no lo entiendes ahora, más tarde lo entenderás. Replicó Pedro: -No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: -Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Le dijo Simón Pedro: -Señor, si es así, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza. Le respondió Jesús: -El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, pues el resto está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos --conocía al que lo iba a entregar y por eso dijo que no todos estaban limpios--. Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: -¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho.”


* En la liturgia de hoy se nos recuerda la institución de la Eucaristía, signo del amor de Cristo, que da libremente su vida por nosotros, y que se nos da Él mismo como comida en la comunión.

También nos deja el mandamiento del amor, y es la Eucaristía el alimento que nos impulsa a cumplirlo.

Eucaristía: sacramento de la caridad. El mejor, el más auténtico para expresar al mismo tiempo el amor de Dios y el amor a los hombres. El amor de Cristo a nosotros, y el amor fraterno que une a los verdaderos discípulos de Jesús. Eucaristía: centro de la vida de la Iglesia, el más grande de todos los sacramentos; un verdadero banquete, pero no uno cualquiera, sino el del sacrificio de Jesús, a cuya participación están convocados todos sus hermanos. Eucaristía: sacramento por el que Jesús va a poder estar junto a nosotros y al mismo tiempo nos sirve para llegar donde está él, junto al Padre.

Y por último instituye el sacerdocio, el servicio y dedicación total a los hermanos, como hizo Jesús.


* Nos dice este texto que Jesús "los amó hasta el extremo". Su amor extremo consiste en que va a permanecer con nosotros en la eucaristía, para que ese amor suyo transforme nuestras vidas y podamos dirigir continuamente una alabanza a Dios. Es en la Eucaristía donde encontramos la fuerza para amar como él nos ha amado y para amar y servir a los demás.


*En este relato evangélico vemos cómo Pedro no entiende el gesto de Jesús: su vida entera fue una entrega, la última cena es una entrega servicial y amorosa, la salvación se identifica con el servicio. Jesús, siendo el Hijo, toma la condición de esclavo. Dios no salva desde el trono inaccesible, sino desde la palangana, la toalla y la postración. Pedro se resiste al lavatorio de pies porque prefiere anteponer su amor al Señor al que recibe de él; Jesús le corrige: sólo el amor de Dios nos permite el salto a la vida eterna.


* Gracias por tu amor hasta el extremo y por el mandamiento nuevo del amor fraterno, como tú nos amas.

Gracias por el sacramento de la Eucaristía, que te hace realmente presente, vivo y vivificante en mi vida.

Gracias por el sacramento del ministerio sacerdotal, al que llamas a quiénes tú eliges. ¡Santifícalos en la verdad y mantenlos en la fidelidad!


* Hoy, Dios de la humildad, en la gran fiesta del amor en que te quedas con nosotros, no olvidándote del hombre, quiero pedirte por la humanidad entera, para que logremos alcanzar el don de la fraternidad.


* María, ayúdanos a tus hijos de esta Hermandad a que nos sintamos hermanados bajo la tutela del amor.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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miércoles, 27 de marzo de 2013

EVANGELIO PARA EL JUEVES SANTO

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El texto evangélico es de Jn 13, 1-15 y dice lo siguiente:


“Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando el Diablo había sugerido a Judas Iscariote que lo entregara sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó. Después echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida. Llegó, pues, a Simón Pedro, el cual le dijo: ---Señor, ¿tú me lavas los pies? Jesús respondió: ---Lo que yo hago no lo entiendes ahora, más tarde lo entenderás. Replicó Pedro: ---No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: ---Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Le dijo Simón Pedro: ---Señor, si es así, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza. Le respondió Jesús: ---El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, pues el resto está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos --conocía al que lo iba a entregar y por eso dijo que no todos estaban limpios--. Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: ---¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho.” 

* En la liturgia de hoy se nos recuerda la institución de la Eucaristía, signo del amor de Cristo, que da libremente su vida por nosotros, y que se nos da Él mismo como comida en la comunión.
También nos deja el mandamiento del amor, y es la Eucaristía el alimento que nos da las fuerzas para cumplirlo.

Eucaristía: sacramento de la caridad. El mejor, el más auténtico para expresar al mismo tiempo el amor de Dios y el amor a los hombres. El amor de Cristo a nosotros, y el amor fraterno que une a los verdaderos discípulos de Jesús. Eucaristía: centro de la vida de la Iglesia, el más grande de todos los sacramentos; un verdadero banquete, pero no uno cualquiera, sino el del sacrificio de Jesús, a cuya participación están convocados todos sus hermanos. Eucaristía: sacramento por el que Jesús va a poder estar junto a nosotros y al mismo tiempo nos sirve para llegar donde está él, junto al Padre. 

Y por último instituye el sacerdocio, el servicio y dedicación total a los hermanos, como hizo Jesús.


*En este relato evangélico vemos cómo Pedro no entiende el gesto de Jesús: su vida entera fue una entrega, la última cena es una entrega servicial y amorosa, la salvación se identifica con el servicio. Jesús, siendo el Hijo, toma la condición de esclavo. Dios no salva desde el trono inaccesible, sino desde la palangana, la toalla y la postración. Pedro se resiste al lavatorio de pies porque prefiere anteponer su amor al Señor al que recibe de él; Jesús le corrige: sólo el amor de Dios nos permite el salto a la vida eterna.


* Gracias por tu amor hasta el extremo y por el mandamiento nuevo del amor fraterno, como tú nos amas.
Gracias por el sacramento de la Eucaristía, que te hace realmente presente, vivo y vivificante en mi vida.
Gracias por el sacramento del ministerio sacerdotal, al que llamas a quiénes tú eliges. ¡Santifícalos en la verdad y mantenlos en la fidelidad!


* Hoy, Dios de la humildad, en la gran fiesta del amor en que te quedas con nosotros, no olvidándote del hombre, quiero pedirte por la humanidad entera, para que logremos alcanzar el don de la fraternidad.


* María, ayúdanos a tus hijos de esta Hermandad a que nos sintamos hermanados bajo la tutela del amor.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.



Muchas gracias a todos por vuestra participación.




martes, 19 de marzo de 2013

HORARIO DE SEMANA SANTA EN LA PARROQUIA DE SAN PEDRO

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DOMINGO DE RAMOS
Vísperas (sábado)- 7 de la tarde
Domingo-Bendición de los ramos,a las 12 de la mañana.Por la tarde no hay misa

LUNES-MARTES Y MIÉRCOLES SANTO
Misa- a las 7 de la tarde

JUEVES SANTO
Misa de la Cena del Señor,a las 5 de la tarde.
Visitas al Monumento hasta las 9 de la noche

VIERNES SANTO
Oficios de la muerte del Señor,a las 1 de la tarde.

SÁBADO SANTO
Pésame a MARÍA DE LORETO por la muerte de JESÚS
De 10 de la mañana a 1 de la tarde

VIGILIA PASCUAL
A las 10 de la noche del Sábado Santo.Ágape Pascual

DOMINGO DE RESURRECCIÓN
Misas a las 11 de la mañana y 7 de la tarde

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jueves, 5 de abril de 2012

HOY ES JUEVES SANTO (5-4-2012)

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DÍA DEL AMOR FRATERNO

El texto evangélico es de Jn 13, 1-15 y dice lo siguiente:


“Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando el Diablo había sugerido a Judas Iscariote que lo entregara sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó. Después echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida. Llegó, pues, a Simón Pedro, el cual le dijo: ---Señor, ¿tú me lavas los pies? Jesús respondió: ---Lo que yo hago no lo entiendes ahora, más tarde lo entenderás. Replicó Pedro: ---No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: ---Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Le dijo Simón Pedro: ---Señor, si es así, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza. Le respondió Jesús: ---El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, pues el resto está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos --conocía al que lo iba a entregar y por eso dijo que no todos estaban limpios--. Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: ---¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho”.


* En la liturgia de hoy se nos recuerda la institución de la Eucaristía, signo del amor de Cristo, que da libremente su vida por nosotros, y que se nos da Él mismo como comida en la comunión.
También nos deja el mandamiento del amor, y es la Eucaristía el alimento que nos da las fuerzas para cumplirlo.
Eucaristía: sacramento de la caridad. El mejor, el más auténtico para expresar al mismo tiempo el amor de Dios y el amor a los hombres. El amor de Cristo a nosotros, y el amor fraterno que une a los verdaderos discípulos de Jesús. Eucaristía: centro de la vida de la Iglesia, el más grande de todos los sacramentos; un verdadero banquete, pero no uno cualquiera, sino el del sacrificio de Jesús, a cuya participación están convocados todos sus hermanos.
Y también instituye el sacerdocio, el servicio y dedicación total a los hermanos, como hizo Jesús.

*En este relato evangélico vemos cómo Pedro no entiende el gesto de Jesús: su vida entera fue una entrega, la última cena es una entrega servicial y amorosa, la salvación se identifica con el servicio. Jesús, siendo el Hijo, toma la condición de esclavo. Dios no salva desde el trono inaccesible, sino desde la palangana, la toalla y la postración.

* Gracias por tu amor hasta el extremo y por el mandamiento nuevo del amor fraterno, como tú nos amas.
Gracias por el sacramento de la Eucaristía, que te hace realmente presente, vivo y vivificante en mi vida.
Gracias por el sacramento del ministerio sacerdotal, al que llamas a quiénes tú eliges. ¡Santifícalos en la verdad y mantenlos en la fidelidad!

* Hoy, Dios de la humildad, en la gran fiesta del amor en que te quedas con nosotros, no olvidándote del hombre, quiero pedirte por la humanidad entera, para que logremos alcanzar el don de la fraternidad.

* María, ayúdanos a tus hijos de esta Hermandad a que nos sintamos hermanados bajo la tutela del amor.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.


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jueves, 21 de abril de 2011

HOY ES JUEVES SANTO

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El texto evangélico es de Jn 13, 1-15 y dice lo siguiente:

“Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que llegaba la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Durante la cena, cuando el Diablo había sugerido a Judas Iscariote que lo entregara sabiendo que todo lo había puesto el Padre en sus manos, que había salido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se quitó el manto, y tomando una toalla, se ciñó. Después echó agua en una jofaina y se puso a lavarles los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que llevaba ceñida. Llegó, pues, a Simón Pedro, el cual le dijo: ---Señor, ¿tú me lavas los pies? Jesús respondió: ---Lo que yo hago no lo entiendes ahora, más tarde lo entenderás. Replicó Pedro: ---No me lavarás los pies jamás. Le respondió Jesús: ---Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Le dijo Simón Pedro: ---Señor, si es así, no sólo los pies, sino las manos y la cabeza. Le respondió Jesús: ---El que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, pues el resto está limpio. Y vosotros estáis limpios, aunque no todos --conocía al que lo iba a entregar y por eso dijo que no todos estaban limpios--. Cuando les hubo lavado los pies, se puso el manto, se reclinó y dijo: ---¿Entendéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis maestro y señor, y decís bien. Pues si yo, que soy maestro y señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros mutuamente los pies. Os he dado ejemplo para que hagáis lo mismo que yo he hecho”.


* En la liturgia de hoy se nos recuerda la institución de la Eucaristía, signo del amor de Cristo, que da libremente su vida por nosotros, y que se nos da Él mismo como comida en la comunión.
También nos deja el mandamiento del amor, y es la Eucaristía el alimento que nos da las fuerzas para cumplirlo.
Eucaristía: sacramento de la caridad. El mejor, el más auténtico para expresar al mismo tiempo el amor de Dios y el amor a los hombres. El amor de Cristo a nosotros, y el amor fraterno que une a los verdaderos discípulos de Jesús. Eucaristía: centro de la vida de la Iglesia, el más grande de todos los sacramentos; un verdadero banquete, pero no uno cualquiera, sino el del sacrificio de Jesús, a cuya participación están convocados todos sus hermanos.
Y también instituye el sacerdocio, el servicio y dedicación total a los hermanos, como hizo Jesús.

* Gracias por tu amor hasta el extremo y por el mandamiento nuevo del amor fraterno, como tú nos amas.
Gracias por el sacramento de la Eucaristía, que te hace realmente presente, vivo y vivificante en mi vida.
Gracias por el sacramento del ministerio sacerdotal, al que llamas a quiénes tú eliges. ¡Santifícalos en la verdad y mantenlos en la fidelidad!

* Hoy, Dios de la humildad, en la gran fiesta del amor en que te quedas con nosotros, no olvidándote del hombre, quiero pedirte por la humanidad entera, para que logremos alcanzar el don de la fraternidad.

* María, ayúdanos a tus hijos de esta Hermandad a que nos sintamos hermanados bajo la tutela del amor.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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