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sábado, 1 de enero de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DOMINGO DE NAVIDAD – CICLO C – (2-1-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18

“En el principio ya existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo,

y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida,

y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla,

y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios,

que se llamaba Juan:

éste venía como testigo,

para dar testimonio de la luz,

para que por él todos vinieran a la fe.

No era él la luz,

sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera,

que alumbra a todo hombre.

Al mundo vino,

y en el mundo estaba;

el mundo se hizo por medio de ella,

y el mundo no la conoció.

Vino a su casa,

y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron,

les da poder para ser hijos de Dios,

si creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre,

ni de amor carnal,

ni de amor humano,

sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne

y acampó entre nosotros,

y hemos contemplado su gloria:

gloria propia del Hijo único del Padre,

lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:

- Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia, porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás.

El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.”


LA SABIDURÍA Y LA PALABRA

“La sabiduría hace su propio elogio, se gloría en medio de su pueblo”. Así comienza un hermoso poema que se encuentra en el libro del Eclesiástico, con referencia a la sabiduría de Dios (Eclo 24,1).

El texto continúa proclamando que la sabiduría ha brotado de la boca del Altísimo, actúa en sintonía con su voluntad y pone su morada entre los hijos de los hombres.

Evidentemente, esa sabiduría de origen divino, que preside la obra de la creación, no puede asimilarse a la simple erudición humana. Es la fuente viva. La fuente de la vida, que renueva todas las cosas de este mundo.

La sabiduría divina trasciende todos los planes humanos. Y no se limita a ofrecer a los hombres este o aquel saber. Más que el arte del saber, es el don del sabor.


LA VIDA Y LA LUZ

El evangelio que hoy se proclama ha sido leído también en la tercera misa de la fiesta de la Navidad, así como el día 31 de diciembre. Esa reiteración subraya la importancia de este texto con el que comienza el Evangelio de Juan (Jn 1, 1-18). Son ideas como dardos.

• “Al principio ya existía la Palabra”. Antes de los mundos y de nuestras historias, más o menos importantes, ya existía la Palabra de Dios, el proyecto de Dios, que, en realidad, coincide con su amor y su misericordia.

• “En la Palabra estaba la vida”. No son nuestras palabras las que generan la vida. No son ellas las que dan sentido a la vida. Nuestras palabras sólo tienen valía cuando son un reflejo de la Palabra eterna de Dios.

• “La vida era la luz de los hombres”. Es sorprendente esa identificación: palabra –vida- luz. Sin la Palabra de Dios, nuestra vida es mortecina y nuestro caminar es un deambular a tientas en medio de las tinieblas.


LA CARNE Y LA GLORIA

Con todo, el poema con que se abre el evangelio de Juan no nos remite solamente a la eternidad divina. En él se da cuenta del valor de la temporalidad humana.

• “La Palabra se hizo carne”. Siempre ha habido gentes y movimientos que han tratado de ignorar el valor del cuerpo y de la peripecia humana. Pero la Palabra de Dios no es un sonido vacío. Se ha hecho carne en Jesús de Nazaret.

• “La Palabra habitó entre nosotros”. Puso su tienda de campaña entre nosotros. Caminó por nuestras sendas. No sólo se dejó oír, sino que se dejó ver y tocar. Por eso puede ser aceptada o rechazada. Por eso puede guiar nuestros pasos.

• “Hemos visto su gloria”. En la Palabra que se ha hecho carne hemos descubierto la gloria de Dios y la humanidad de Dios. Pero en ella hemos podido descubrir también la gloria del hombre y la divinización del hombre por obra y gracia de la misericordia de Dios.

- Señor Jesús, sabemos que estás lleno de gracia y de verdad. No permitas que te ignoremos. Permítenos recibirte. Nuestra hospitalidad tendrá como premio tu presencia misericordiosa en nuestra vida. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

sábado, 4 de enero de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE NAVIDAD – CICLO A – (5-1-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18


“En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo: - Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia, porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás. El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.”



DESDE LA ETERNIDAD.

En el principio, antes de los siglos, me formó y existiré para siempre. Este principio al que se hace referencia en la 1ª lectura es la eternidad. La Sabiduría es una propiedad divina, es eterna y se identifica con Dios. El Prólogo del Evangelio de san Juan comienza con las mismas palabras: En el principio… para destacar la eternidad del Verbo de Dios, de esa Palabra que en el tiempo se encarna. La Palabra se hizo hombre y habitó entre nosotros. Aquí está expresado de manera concentrada el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.

El Catecismo de la Iglesia Católica habla de cuatro motivos para la Encarnación. El Verbo se encarnó: para salvarnos reconciliándonos con Dios; para ser nuestro modelo de santidad; para que nosotros conociésemos así el amor de Dios; y para hacernos partícipes de la naturaleza divina, concediéndonos la filiación divina. Como hemos leído en la 2ª lectura, Dios antes de la creación del mundo (…) nos predestinó a ser sus hijos adoptivos por Jesucristo.


FILIACIÓN DIVINA.

Vino a los suyos, y los suyos no le recibieron. Pero a cuantos le recibieron les dio poder para ser hijos de Dios. Recibamos a Cristo, abrámosle las puertas de nuestro corazón a Jesús, dejemos que Él ilumine con su luz -esa luz verdadera que ilumina a todo hombre– nuestra mente. Y seremos hijos de Dios. Cristo es Hijo de Dios por naturaleza; nosotros, por gracia. La gracia nos hace realmente hijos de Dios. El 29 de mayo de 1982, en el estadio de Wembley, con los graderíos lleno de gente joven, Juan Pablo II celebró la Santa Misa. En la homilía, dijo unas palabras que, por fuerza, debieron impresionar a los que allí estaban: Al mirar a esta gran asamblea, siento un respeto enorme por cada uno de vosotros. Sois hijas e hijos de Dios.


ORGULLO SANTO.

Cuando una hija del rey Luis XV de Francia, Luisa, fue reprendida por una de sus servidoras, replicó con enojo: ¿No soy acaso la hija de tu rey? La otra no se amilanó ante semejante impertinencia, sino que supo poner a la princesa en su lugar con esta respuesta: Y yo, ¿no soy acaso la hija de tu Dios? La princesa siempre recordó estas palabras. Pasados los años, siendo carmelita, guardaba gran reconocimiento a quien supo darle tan provechosa lección.

Agradezcamos a Dios el habernos concedido la filiación divina. Dios es Padre. No nos trata como simples criaturas, sino como hijos suyos. El mismo Jesucristo nos enseñó a llamar Padre a Dios. Tratemos a Dios como Padre, con sinceridad, con amor, con confianza. El saber que Dios es Padre nos da seguridad, paz y alegría. Somos hijos de un buen Padre, que piensa más en nosotros que nosotros en Él… Sólo debemos procurar estar bien con Dios, no tener pecados en el alma y amarle, y luego ningún temor: Dios nos está mirando y es imposible que nos olvide. Tengamos deseos de contentar a Dios.

José-Román Flecha Andrés.
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viernes, 1 de enero de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DOMINGO DE NAVIDAD – CICLO C - (3-1-2016)

Lectura del santo evangelio según san Juan 1,1-18


“En el principio ya existía la Palabra,

y la Palabra estaba junto a Dios,

y la Palabra era Dios.

La Palabra en el principio estaba junto a Dios.

Por medio de la Palabra se hizo todo,

y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho.

En la Palabra había vida,

y la vida era la luz de los hombres.

La luz brilla en la tiniebla,

y la tiniebla no la recibió.

Surgió un hombre enviado por Dios,

que se llamaba Juan:

éste venía como testigo,

para dar testimonio de la luz,

para que por él todos vinieran a la fe.

No era él la luz,

sino testigo de la luz.

La Palabra era la luz verdadera,

que alumbra a todo hombre.

Al mundo vino,

y en el mundo estaba;

el mundo se hizo por medio de ella,

y el mundo no la conoció.

Vino a su casa,

y los suyos no la recibieron.

Pero a cuantos la recibieron,

les da poder para ser hijos de Dios,

si creen en su nombre.

Éstos no han nacido de sangre,

ni de amor carnal,

ni de amor humano,

sino de Dios.

Y la Palabra se hizo carne

y acampó entre nosotros,

y hemos contemplado su gloria:

gloria propia del Hijo único del Padre,

lleno de gracia y de verdad.

Juan da testimonio de él y grita diciendo:

- Éste es de quien dije: «El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo».

Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia, porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

A Dios nadie lo ha visto jamás.

El Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.”


VINO AL MUNDO HECHO NIÑO


Es cierto que la Navidad es una fiesta muy estropeada en nuestros días. Sin embargo, también hoy es posible vivir su verdadero contenido. Para ello es necesario —eso sí— reaccionar ante tanta frivolidad y atreverse a vivir estos días de manera diferente.

Lo primero es recuperar el origen auténtico de estas fiestas. Disfruta, descansa, celebra..., pero recuerda lo que festejamos: Dios no es ese ser distante y temible que a veces te imaginas. El verdadero Dios nos muestra su rostro en ese niño débil y vulnerable que sólo irradia paz y ternura. Alégrate y mucho estos días porque Dios es más cercano, más bueno y más entrañable que todas las imágenes tristes que tienes de él.

Probablemente has enviado tus felicitaciones navideñas a los familiares, amigos y conocidos de siempre. Es bueno que quieras la felicidad de los que te rodean, pero puedes felicitar también a personas que no recibirán felicitación alguna o a alguien que este año vivirá una Navidad triste, pues recordará al ser querido ausente o perdido no hace mucho.

Las Navidades son días de buenos deseos e intercambio de regalos. Ten algún detalle con tus seres queridos, pero recuerda también a quienes estos días sentirán con más crudeza su soledad, su vejez, su enfermedad o su miseria. ¿Por qué este año no te sales de tu círculo de familiares y amigos y tienes un detalle con quienes realmente lo necesitan?

Es obligado estos días cuidar más el encuentro familiar y el clima hogareño de estas fiestas. No lo hagas por cumplimiento. Estrecha los lazos con los tuyos y busca el acercamiento y la reconciliación con aquellos de quienes te has distanciado.

Hemos comenzado el año con la mentira de siempre: «Año Nuevo, vida nueva». No es fácil renovar y cambiar nuestra trayectoria. Pero estrenas un año nuevo y siempre es posible el deseo de algo mejor. ¿Por qué no concretas estos días algo que puedes cambiar o mejorar este año?

Si tienes ya cierta edad, no te resultará fácil disfrutar del contenido entrañable de estas fiestas. Sólo lo conocerás si despiertas al niño que hay escondido en algún rincón de tu corazón. No te reprimas, acércate al portal de Belén y rézale al Niño Dios. No estás tan distanciado como parece.

José Antonio Pagola

viernes, 2 de enero de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: II DE NAVIDAD (4-1-2015)

El texto del evangelio es de Jn 1, 1-18 y dice lo siguiente:



“En el principio ya existía la Palabra, y las Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra n el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.”



* Después de recrearnos estos días ante María, José y el Niño, en el establo, con los pastores; viviendo la sorpresa de que Dios ha venido a visitarnos y se ha hecho uno de nosotros; de repente, las lecturas de hoy nos impulsan a lo más alto para recordarnos, con intensidad, que el mismo Jesús que contemplamos y adoramos en la tierra es el Hijo eterno de Dios. Sí, desde su pequeño corazón de niño el que nos ama es Dios.


* La Palabra se hizo carne, este es el misterio del amor de Dios al hombre.

Este amor de Dios por nosotros llega al límite haciéndose uno como nosotros. Lo que nadie había visto nunca, de repente, es visual. Los ojos humanos lo pueden contemplar, tocar y adorar.

¡Y acampó entre nosotros! Pero en un simple pesebre, lejos de cualquier palacio. Dios optó por el camino de la pobreza para hacernos tremendamente ricos. Para procurarnos un poco de paz y de esperanza. Para devolver, a los caminos de nuestro vivir, un rayo de luz en medio de tanta preocupación o llanto.

San Agustín nos dice: "El que tiene en lo más alto de los cielos una morada invisible posee también una tienda sobre la tierra". Esa tienda es la Iglesia, en la que podemos experimentar ya la dulzura de la vida eterna y disponernos para llegar a ella.

Gracias, Señor, por venir para hacernos Hijos de Dios.


* La Palabra “vino a los suyos y no la recibieron”. Y nosotros, ¿somos capaces de recibirla?

La Palabra, luz que brilla en la tiniebla, viene diariamente a iluminar nuestro caminar, pero a veces no la escuchamos, no le echamos cuenta, pasamos de ella y la ahogan nuestros agobios y quehaceres. La Palabra, amor eterno de Dios, se ha acercado y sale a nuestro encuentro; esta noticia nos debe de llenar de alegría e impulsarnos a desear crecer en la amistad con Cristo.

Señor, tú eres la luz verdadera. Perdona nuestra ceguera y nuestra ingratitud.


* Hoy en día las palabras se quedan cortas si no van acompañadas por una vida que las refrende. La Palabra de Jesús es una palabra que merece toda nuestra atención. Es una palabra que viene a nuestra vida para darle un sentido verdadero y de felicidad. Es una palabra que no sólo encontramos en los textos evangélicos, sino que también la encontramos hecha vida en tantas personas que son capaces de “encarnarla” en sus vidas, en sus ambientes, en sus familias, en sus trabajos, entre los suyos.

Señor, tú quieres habitar en medio de nosotros, nos traes la gracia y la verdad. Que encuentres siempre abierta la puerta de nuestros corazones. Que la alegría de estos días fortalezca nuestra fe para que tu luz ilumine toda nuestra existencia.


* Aprendamos a acoger la Palabra, a dejarnos iluminar por la Palabra, a irradiar a los demás la Palabra, y para ello pidámosle ayuda a María, ejemplo de escucha y aceptación de la Palabra.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 2 de enero de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: II DE NAVIDAD (5-1-2014)

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El texto del evangelio es de Jn 1, 1-18 y dice lo siguiente:


“En el principio ya existía la Palabra, y las Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra n el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.”



* La Palabra se hizo carne, este es el misterio del amor de Dios al hombre.

Este amor de Dios por nosotros llega al límite haciéndose uno como nosotros. Lo que nadie había visto nunca, de repente, es visual. Los ojos humanos lo pueden contemplar, tocar y adorar.

¡Y acampó entre nosotros! Pero en un simple pesebre, lejos de cualquier palacio. Dios optó por el camino de la pobreza para hacernos tremendamente ricos. Para procurarnos un poco de paz y de esperanza. Para devolver, a los caminos de nuestro vivir, un rayo de luz en medio de tanta preocupación o llanto.

San Agustín nos dice: "El que tiene en lo más alto de los cielos una morada invisible posee también una tienda sobre la tierra". Esa tienda es la Iglesia, en la que podemos experimentar ya la dulzura de la vida eterna y disponernos para llegar a ella.

Gracias, Señor, por venir para hacernos Hijos de Dios.


* La Palabra “vino a los suyos y no la recibieron”. Y nosotros, ¿somos capaces de recibirla?

La Palabra, luz que brilla en la tiniebla, viene diariamente a iluminar nuestro caminar, pero a veces no la escuchamos, no le echamos cuenta, pasamos de ella y la ahogan nuestros agobios y quehaceres. La Palabra, amor eterno de Dios, se ha acercado y sale a nuestro encuentro; esta noticia nos debe de llenar de alegría e impulsarnos a desear crecer en la amistad con Cristo.

Señor, tú eres la luz verdadera. Perdona nuestra ceguera y nuestra ingratitud.


* Hoy en día las palabras se quedan cortas si no van acompañadas por una vida que las refrende. La Palabra de Jesús es una palabra que merece toda nuestra atención. Es una palabra que viene a nuestra vida para darle un sentido verdadero y de felicidad. Es una palabra que no sólo encontramos en los textos evangélicos, sino que también la encontramos hecha vida en tantas personas que son capaces de “encarnarla” en sus vidas, en sus ambientes, en sus familias, en sus trabajos, entre los suyos.

Señor, tú quieres habitar en medio de nosotros, nos traes la gracia y la verdad. Que encuentres siempre abierta la puerta de nuestros corazones.


* Aprendamos a acoger la Palabra, a dejarnos iluminar por la Palabra, a irradiar a los demás la Palabra, y para ello pidámosle ayuda a María, ejemplo de escucha y aceptación de la Palabra.





Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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jueves, 30 de diciembre de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: II DE NAVIDAD (2-1-2011)

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El texto del evangelio es de Jn 1, 1-18 y dice lo siguiente:


    “En el principio ya existía la Palabra, y las Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra n el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se  hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.”


* La Palabra se hizo carne, este es el misterio del amor de Dios al hombre.
 Lo que nadie había visto nunca, de repente, es visual. Los ojos humanos lo pueden contemplar, tocar y adorar. ¡Acampó entre nosotros! Pero en un simple pesebre, lejos de cualquier palacio. Dios optó por el camino de la pobreza para hacernos tremendamente ricos. Para procurarnos un poco de paz y de esperanza. Para devolver, a los caminos de nuestro vivir, un rayo de luz en medio de tanta preocupación o llanto.
Gracias, Señor, por venir para hacernos Hijos de Dios.

* La Palabra  “vino a los suyos y no la recibieron”. Y nosotros, ¿somos capaces de recibirla?
La Palabra, luz que brilla en la tiniebla, viene diariamente a iluminar nuestro caminar, pero a veces no la escuchamos, no le echamos cuenta, pasamos de ella y la ahogan nuestros agobios y quehaceres.
Señor, tú eres la luz verdadera. Perdona nuestra ceguera y nuestra ingratitud.

* Hoy en día las palabras se quedan cortas si no van acompañadas por una vida que las refrende. La Palabra de Jesús es una palabra que merece toda nuestra atención. Es una palabra que viene a nuestra vida para darle un sentido verdadero y de felicidad. Es una palabra que no sólo encontramos en los textos evangélicos, sino que también la encontramos hecha vida en tantas personas que son capaces de “encarnarla” en sus vidas, en sus ambientes, en sus familias, en sus trabajos, entre los suyos.
Señor, tú quieres habitar en medio de nosotros, nos traes la gracia y la verdad. Que encuentres siempre abierta la puerta de nuestros corazones.

* Aprendamos a acoger la Palabra, a dejarnos iluminar por la Palabra, a irradiar a los demás la Palabra, y para ello pidámosle ayuda a María, ejemplo de escucha y aceptación de la Palabra.
Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.
Muchas gracias a todos por vuestra participación.

viernes, 1 de enero de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: DOMINGO II DE NAVIDAD (3-1-2010)

. El texto del evangelio es de Jn 1, 1-18 y dice lo siguiente: En el principio ya existía la Palabra, y las Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra n el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo”. Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la Ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie le ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. * La Palabra se hizo carne, este es el misterio del amor de Dios al hombre. Lo que nadie había visto nunca, de repente, es visual. Los ojos humanos lo pueden contemplar, tocar y adorar. ¡Acampó entre nosotros! Pero en un simple pesebre, lejos de cualquier palacio. Dios optó por el camino de la pobreza para hacernos tremendamente ricos. Para procurarnos un poco de paz y de esperanza. Para devolver, a los caminos de nuestro vivir, un rayo de luz en medio de tanta preocupación o llanto. * La Palabra “vino a los suyos y no la recibieron”. Y nosotros, ¿somos capaces de recibirla? La Palabra, luz que brilla en la tiniebla, viene diariamente a iluminar nuestro caminar, pero a veces no la escuchamos, no le echamos cuenta, pasamos de ella y la ahogan nuestros agobios y quehaceres. * Hoy en día las palabras se quedan cortas si no van acompañadas por una vida que las refrende. La Palabra de Jesús es una palabra que merece toda nuestra atención. Es una palabra que viene a nuestra vida para darle un sentido verdadero y de felicidad. Es una palabra que no sólo encontramos en los textos evangélicos, sino que también la encontramos hecha vida en tantas personas que son capaces de “encarnarla” en sus vidas, en sus ambientes, en sus familias, en sus trabajos, entre los suyos. * Aprendamos a acoger la Palabra, a dejarnos iluminar por la Palabra, a irradiar a los demás la Palabra, y para ello pidámosle ayuda a María, ejemplo de escucha y aceptación de la Palabra. Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra. Muchas gracias a todos por vuestra participación. .