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viernes, 1 de abril de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA – CICLO C – (3-4-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Juan 8,1-11


“En aquel tiempo, Jesús se retiró al monte de los Olivos. Al amanecer se presentó de nuevo en el templo, y todo el pueblo acudía a él, y, sentándose, les enseñaba.

Los escribas y los fariseos le traen una mujer sorprendida en adulterio y, colocándola en medio, le dijeron:

- Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. La ley de Moisés nos manda apedrear a las adúlteras; tú, ¿qué dices?

Le preguntaban esto para comprometerlo y poder acusarlo.

Pero Jesús, inclinándose, escribía con el dedo en el suelo.

Como insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo:

- El que esté sin pecado, que le tire la primera piedra.

E inclinándose otra vez, siguió escribiendo.

Ellos, al oírlo, se fueron escabullendo uno a uno, empezando por los más viejos.

Y quedó solo Jesús, con la mujer, que seguía allí delante.

Jesús se incorporó y le preguntó:

- Mujer, ¿dónde están tus acusadores?; ¿ninguno te ha condenado?

Ella contestó:

- Ninguno, Señor.

Jesús dijo:

- Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más.”


LIBERACIÓN Y PERDÓN

“No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?” Ese oráculo divino se encuentra en el texto del libo de Isaías que se proclama en este quinto domingo de Cuaresma (Is 43,16-21).

Lo antiguo era la esclavitud en Egipto y la asombrosa liberación que Dios había ofrecido a su Pueblo. Lo nuevo es el exilio que padece en Babilonia y la nueva liberación que Dios le promete. Si un día abrió a su pueblo un camino por el mar, ahora le abrirá un camino por el desierto.

La gratitud por el pasado ha de suscitar la esperanza de un futuro inmediato. La misericordia de Dios atraviesa los tiempos y da sentido a la historia. Con razón, el salmo da cuenta de la alegría de los liberados: “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (Sal 125).


UN DOBLE DESAFÍO

En el evangelio de este quinto domingo de Cuaresma se nos presenta el episodio de la mujer adúltera (Jn 8,1-11). Los escribas y fariseos traen ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio. No les importa la dignidad de la mujer. Sólo pretenden dirigir a Jesús un desafío. Ésta es la pregunta: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?” (Jn 8,6).

Si el Maestro dice que hay que apedrear a la mujer podrá ser acusado de despiadado y se hundirá para siempre su fama de profeta misericordioso. Si no la condena, no merece el nombre de profeta y será denunciado por contradecir la Ley de Moisés, que imponía la lapidación como pena por el adulterio (Lev 20,10; Dt 22, 22-24).

Como ajeno a la pregunta, Jesús se inclina y escribe en el suelo. De hecho, trata de hacer conscientes de su pecado a los hombres que la acusan de pecado para poder lapidarla: “Aquel

de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra” (Jn 8,7). En el contexto evangélico, estas palabras son una interpelación a los que presumen de limpios e inocentes y se arrogan el derecho de acusar a los demás. Ese es el desafío de Jesús.


EL MAL Y EL PERDÓN

En la respuesta de Jesús a la “mujer sorprendida en adulterio” hay dos partes igualmente importantes para nuestro tiempo y para nuestra conciencia personal:

• “Tampoco yo te condeno”. Jesús establece una distinción definitiva entre el mal moral y la responsabilidad. El primero no siempre implica la segunda. A ese binomio dramático, Jesús añade su propio veredicto: el del perdón. Jesús ha venido al mundo no a condenarlo, sino a salvarlo de su mal. Del mayor mal, que es el pecado. Jesús es el mensajero y el testigo de la misericordia de Dios.

• “Anda y en adelante no peques más”. Jesús no ignora la realidad hosca del pecado. Aceptar a la persona no significa negar su libertad, ni equiparar el valor moral de todas sus decisiones, ni cerrar los ojos ante el dramatismo de sus tropiezos. Jesús no trivializa el pecado. Nunca ha presentado el mal como un bien. Pero invita a los pecadores a la conversión, a la confianza, al cambio de vida, a emprender un nuevo comienzo.

- Señor Jesús, demasiadas veces nos fijamos en el pasado. En el nuestro y el de nuestros hermanos. Sólo tú nos exhortas a mirar confiadamente hacia delante. En lugar de reprocharnos nuestro pasado, tú nos invitas a recobrar la esperanza en el futuro. Bendito seas, Señor. Amén.


José-Román Flecha Andrés.

viernes, 25 de marzo de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE CUARESMA – CICLO C – (27-3-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 15,1-3. 11-32

“En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos:

- Ése acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús les dijo esta parábola:

- Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la fortuna».

El padre les repartió los bienes.

No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.

Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.

Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de saciarse de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer.

Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros».

Se puso en camino adonde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo.

Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo».

Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado».

Y empezaron el banquete.

Su hijo mayor estaba en el campo.

Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba.

Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud».

Él se indignó y se negaba a entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.

Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo, que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado».

El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado»”.


EL ALIMENTO Y LA FIESTA

“El día siguiente a la pascua, ese mismo día, comieron el fruto de la tierra: panes ácimos y espigas fritas” (Jos 5,11). El autor del libro de Josué señala así el final del periodo del largo peregrinaje de los hebreos a través del desierto.

Con razón el salmo responsorial (33,2-7) nos exhorta a aceptar los bienes del Señor: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”. La providencia que demostró a su pueblo es una prenda y promesa del amor con que vela por cada uno de nosotros.

El primer domingo de cuaresma, oíamos la respuesta de Jesús al tentador que le ofrecía fáciles panes por arte de magia: “No solo de pan vive el hombre”. La liturgia de hoy nos sugiere que el Señor nos alimenta con el maná de su palabra y de la eucaristía.

De hecho, nuestro Padre nos trata como hijos y nos exhorta a vivir como hermanos que participan del mismo alimento.


SER HIJOS

El evangelio de este cuarto domingo de cuaresma nos propone la lectura de la parábola del “Hijo pródigo”. Así solemos titularla, aunque bien sabemos que el centro de la parábola es el padre misericordioso.

También en este caso, el alimento ocupa un lugar importante. El hijo que se va de casa, se ve obligado a servir a unos amos que no se preocupan por él. En consecuencia, ha de padecer el hambre. Y el hambre le lleva a añorar la casa de su padre.

Cuando al fin se decide a retornar a casa, el padre lo recibe con los brazos abiertos. El relato parece subrayar el fin del hambre y de la miseria. El padre manda preparar un gran banquete para celebrar el regreso del hijo que se había perdido.

Así pues, también en este caso, se pone ante nuestros ojos la misericordia y la compasión de Dios, reflejada en el alimento, o mejor en el banquete de la fiesta. Dios no es indiferente a la suerte o la desgracia de sus hijos.


SER HERMANOS

La parábola incluye también la reacción del hermano mayor que se niega a participar en el banquete ordenado por su padre. Pero también para él hay una palabra que evoca la ternura de la convivencia y exhorta a la alegría:

• “Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo mío es tuyo”. Como ha dicho el papa Francisco, Dios no engendra “hijos únicos”. A todos ha de recordarnos la suerte de tenerlo por padre y de poder ser reconocidos como hijos suyos.

• “Deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido”. Pero Dios no olvida exhortarnos a reconocer al otro como nuestro hermano. Y nos invita a celebrar con él la alegría de la vida que triunfa sobre la muerte.

• “Estaba perdido y lo hemos encontrado”. En realidad, el padre había perdido al hijo menor. Y el hijo mayor se empeñaba en perder a su hermano. Pero el hallazgo es un motivo de alegría compartida.

- Padre nuestro, padre de todos, te damos gracias por tu providencia y por tu misericordia. Y te rogamos que nos ayudes a redescubrir la alegría de la fraternidad y a celebrarla con palabras y gestos de amor y sinceridad. Amén.

José-Román Flecha Andrés

lunes, 21 de marzo de 2022

SOLEMNE QUINARIO A NUESTRA SEÑORA DE LORETO EN SU SOLEDAD

Que se celebrará durante los días 22, 23, 24, 25 y 26 de Marzo de 2022 a las 20:15h en nuestra Sede Canónica de la Parroquia de San Pedro.
El Domingo 27 de Marzo a las 12:30 h. tendrá lugar la Solemne Función Principal de Instituto.



viernes, 18 de marzo de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE CUARESMA – CICLO C – (20-3-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 13,1-9

“En aquella ocasión se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos, cuya sangre vertió Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús les contestó:

- ¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos, porque acabaron así? Os digo que no; y si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no. Y si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.

Y les dijo esta parábola:

Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró.

Dijo entonces al viñador:

- Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?

Pero el viñador contestó:

- Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.”


CUANDO DIOS HABLA

“Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver cómo es que no se quema la zarza” (Ex 3,3). No son palabras tan solo. Moisés se acerca a la zarza que arde sin consumirse. Este texto que hoy se proclama encierra tres referencias personales.

• Dios, que no es indiferente a la suerte de los hombres. Su misericordia tiene en cuenta la miseria de los que se afanan y de los que sufren. Prestar atención a esos signos que Dios envía puede convertirnos en portavoces de su palabra y en agentes de la liberación.

• Moisés, que se ha habituado a la rutina de cada día. Pero está preparado para escuchar la voz de Dios que, de pronto, le habla en el escenario del pastoreo. Es preciso ver lo admirable y asombroso de la intervención de Dios en la peripecia de lo acostumbrado.

• El pueblo de Israel, que ya se ha habituado a la esclavitud. Pero Dios “ha visto” la opresión que sufre su pueblo. Él toma la iniciativa. La fe en Dios nos rescata de la esclavitud. También a nosotros Dios nos ofrece la libertad y nos restituye la dignidad perdida.


LA TORRE

En el tercer domingo de cuaresma se nos recuerdan dos hechos que debieron de llegar a los oídos de Jesús: una horrible matanza de peregrinos decidida por Pilato y el derrumbe de la torre de Siloé que aplastó a algunos obreros (Lc 13, 1-9). ¿Qué pensar de ello?

• A Moisés Dios le habló en la rutina de las tareas diarias del pastoreo. El evangelio nos dice que Dios nos habla también a través de los acontecimientos que a veces nos sobresaltan y que siempre nos plantean las grandes cuestiones sobre el bien y el mal.

• A la vista de aquellas desgracias, muchos se preguntaban qué mal habían cometido las víctimas. Según Jesús, la desgracia no siempre responde al pecado. Si así fuera, también merecerían la muerte algunos de sus oyentes, que sin duda eran pecadores.

• Así pues, más que hacerse preguntas teóricas sobre la naturaleza y las causas del mal, hay que adoptar una decisión práctica. Es urgente aprovechar el momento presente para abrir el corazón a la conversión.


LA HIGUERA

Pero en el relato evangélico que hoy se proclama se incluye, además, una breve parábola: la de la higuera que ha dejado de dar frutos. ¿Qué hacer ante ello? El texto incluye un breve diálogo entre el dueño de la viña y el viñador encargado de cultivarla.

• “Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?”. Esa parece ser la decisión del dueño de la viña en la que está plantada la higuera. Es una severa advertencia a esa esterilidad nuestra que ya se ha vuelto crónica. No podemos resignarnos. El papa Francisco ha dicho hace poco que la misericordia de Dios es muy grande, pero su justicia es perfecta.

• “Señor, déjala todavía este año”. Junto a la tentación de la desgana podemos caer también en la del pesimismo. La sugerencia del viñador nos exhorta a redoblar el esfuerzo y el trabajo. A mantener la esperanza y la paciencia. A interceder cada día por nuestros hermanos. Y, por último, a dejar el juicio y la última decisión al Señor, que es el único dueño de la viña.

- Señor Jesús, queremos escuchar tu palabra, que nos habla a través de los acontecimientos. Que esa escucha nos mueva a la conversión del corazón. Y que la conversión se manifieste en los frutos de vida que tú esperas de cada uno de nosotros. Amén.

José-Román Flecha Andrés

sábado, 12 de marzo de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 2º DE CUARESMA – CICLO C – (13-3-2022)

 Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,28b-36


“En aquel tiempo, Jesús cogió a Pedro, a Juan y a Santiago y subió a lo alto de la montaña para orar. Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos.

De repente, dos hombres conversaban con él: eran Moisés y Elías, que, apareciendo con gloria, hablaban de su muerte, que se iba a consumar en Jerusalén.

Pedro y sus compañeros se caían de sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con él. Mientras éstos se alejaban, dijo Pedro a Jesús:

- Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.

No sabía lo que decía.

Todavía estaba hablando, cuando llegó una nube que los cubrió. Se asustaron al entrar en la nube. Una voz desde la nube decía:

- Éste es mi Hijo, el escogido, escuchadle.

Cuando sonó la voz, se encontró Jesús solo. Ellos guardaron silencio y, por el momento, no contaron a nadie nada de lo que habían visto”.


UNA VOZ EN EL MONTE

“Dios sacó afuera a Abraham y le dijo: Mira al cielo, cuenta las estrellas si puedes. Y añadió: Así será tu descendencia... Aquel día el Señor hizo alianza con Abraham en estos términos: A tus descendientes les daré esta tierra, desde el río de Egipto al Gran Río”. Ese es el comienzo y el final de la primera lectura que se proclama en este segundo domingo de Cuaresma (Gén 15, 5.18).

• Como vemos, Dios se manifiesta a Abraham por medio del cielo estrellado. En el evangelio de hoy Dios se manifiesta a los discípulos por medio de su Hijo Jesús.

• Dios promete a Abraham la posesión de una tierra. En el evangelio de la transfiguración, la gran promesa de Dios es la presencia de su Hijo entre nosotros.

• En el texto del Génesis un sueño profundo invadió a Abraham y un terror intenso y oscuro cayó sobre él. También en el evangelio se menciona el sueño de los apóstoles, que, además, se asustaron al entrar en la nube, símbolo de la presencia de Dios.

Como vemos, la suerte del hombre no es indiferente a Dios. Las dos manifestaciones que hoy se recuerdan nos llevan a preguntarnos cómo se manifiesta Dios en la historia de la humanidad y en nuestra propia experiencia.


LOS SÍMBOLOS

En el segundo domingo de cuaresma se nos presenta la transfiguración de Jesús en lo alto de un monte. Quienes han peregrinado a Tierra Santa nunca podrán ya olvidar la experiencia religiosa vivida en aquel lugar. Ni los símbolos que salpican el texto evangélico que hoy se proclama (Lc 9, 28-36).

• “La montaña en la Biblia representa el lugar de la cercanía con Dios y del encuentro íntimo con él; el sitio de la oración, para estar en presencia del Señor”. Así nos lo ha recordado el papa Francisco.

• La nube representa la majestad de Dios que, al mismo tiempo, se nos muestra como cercano e invisible, amoroso pero inaferrable. La nube es la imagen de su misericordia, que nos ilumina y nos guía por el desierto de nuestra vida

• Moisés y Elías representan la Ley y los Profetas, es decir, los dos grandes pilares de la fe de Israel. Ellos dan testimonio de la verdad y de la misión de Jesús, que ha de culminar en su muerte y su entrega por nosotros.


LAS PALABRAS

Además de los signos, el relato evangélico de la transfiguración de Jesús nos presenta el cruce de dos palabras. La palabra humana y la palabra divina:

• “Maestro, qué hermoso es estar aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”. Esa es la voz de Pedro. Necesitamos descubrir que la belleza más auténtica radica en la verdad. Y que ambas se hacen oración en los que creen. Nos gustaría que toda la humanidad descubriera la belleza del mensaje y de la compañía del Señor.

• “Este es mi hijo, el escogido, escuchadle”. Esa es la voz que viene de la nube, es decir del mismo Dios. Él se nos revela como Padre de Jesús y Padre nuestro. Su voluntad es que escuchemos al que Pedro reconoce como Maestro. Su voz ha de prevalecer sobre todas las voces que tratan de seducirnos. En él está la vida.

- Señor Jesús, tu transfiguración en lo alto del monte nos recuerda que eres tan humano que necesitas acercarte a Dios. Y eres tan divino que en ti se cumplen las Escrituras y se manifiesta la gloria del Padre. Ayúdanos a ser testigos de tu misión. Amén.

José-Román Flecha Andrés

VENERACIÓN EN HONOR A NUESTRA MADRE

Mañana domingo tras misa de apertura de 11 de la mañana, en la parroquia de San Pedro, realizaremos el acto de veneración a Nuestra Señora de Loreto en su Soledad. El mismo quedará concluido a las 20 horas.

Es una oportunidad maravillosa de encontrarnos todos los hermanos alrededor de la Virgen, en un gran ambiente de hermandad.
¡Te esperamos!


sábado, 5 de marzo de 2022

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 1º DE CUARESMA – CICLO C – (6-3-2022)

 Lectura del santo evangelio según San Lucas 4, 1-13.


“En aquel tiempo, Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y durante cuarenta días, el Espíritu lo fue llevando por el desierto, mientras era tentado por el diablo. Todo aquel tiempo estuvo sin comer, y al final sintió hambre. Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, dile a esta piedra que se convierta en pan». Jesús le contestó: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre». Después, llevándole a lo alto, el diablo le mostró en un instante todos los reinos del mundo, y le dijo: «Te daré el poder y la gloria de todo eso, porque a mí me lo han dado y yo lo doy a quien quiero. Si tú te arrodillas delante de mí, todo será tuyo». Jesús le contestó: «Está escrito: Al Señor tu Dios adorarás y a él solo darás culto». Entonces lo llevó a Jerusalén y lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo, porque está escrito: Encargará a los ángeles que cuiden de ti, y también: Te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras». Jesús le contestó: «Está mandado: No tentarás al Señor tu Dios». Completadas las tentaciones, el demonio se marchó hasta otra ocasión.”


SOLO DIOS ES EL SEÑOR

“Traigo aquí las primicias de los frutos del suelo que tú, Señor, me has dado”. Con esta ofrenda concluye el llamado “credo” del Israelita, que se contiene en el libro del Deuteronomio (Dt 26,10). Un texto venerable, que une el pasado y el presente del pueblo elegido por Dios.

• Del pasado remoto, se recuerda la época del pastoreo, pero también el hambre que obligó a los antepasados a emigrar a Egipto. Buscaban allí los medios para sobrevivir, pero se vieron obligados a servir en una dura esclavitud.

• Un segundo momento estaba marcado por la súplica insistente ante el Señor. Y, sobre todo, por la intervención de Dios, que misericordiosamente abrió ante el pueblo los caminos de la liberación y le entregó una tierra que manaba leche y miel.

• El tercer momento es el presente. El israelita se acerca al templo a ofrecer al Señor las primicias de los frutos del campo. Con ese gesto no hace más que devolver a Dios una pequeña parte de lo que ha recibido de Él. Solo Dios es el Señor de su historia, de su vida y de sus bienes.


TRES OBRAS DE MISERICORDIA

El evangelio del primer domingo de cuaresma nos recuerda todos los años las tentaciones de Jesús. Este año se proclama el texto del evangelio de Lucas (Lc 4,1-13). Entre las numerosas aplicaciones de este pasaje, el año de la Misericordia puede sugerirnos estas tres.

• Ante la primera tentación, que nos ofrece panes, la primera obra de misericordia nos exhorta a “dar de comer al hambriento”. Pero el Señor nos recuerda que el hambre de nuestros hermanos no se satisface solo con alimentos de la tierra. Hay un Pan que da vida eterna.

• Ante la segunda tentación, que nos ofrece poder y gloria, pensamos en la obra de misericordia que nos lleva a “vestir al desnudo”. El vestido defiende la intimidad y subraya la dignidad de la persona. Pero la gloria verdadera sólo nos la da la escucha de la Palabra de Dios.

• Ante la tercera tentación, que nos sugiere poner a prueba al mismo Dios, evocamos la obra de misericordia que nos pide “dar buen consejo al que lo necesite”. Por imprudencia y orgullo atentamos contra el amor, la vida y la familia, para culpar cínicamente a Dios.


DE JESÚS A DIOS

Pero el relato evangélico que hoy se proclama no se limita a ofrecernos unas reflexiones sobre el buen comportamiento con nuestros semejantes. Como siempre, el evangelio nos habla sobre todo de Jesús. Y, en consecuencia, nos presenta al Dios de Jesús.

• De Jesús se nos dice que, en lugar de dialogar con Satanás, como había hecho Eva en el paraíso terrenal, el Hijo de Dios se refugia en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra. Esa es la sugerencia que nos ofrece el papa Francisco.

• De Dios se nos dice que es el verdadero y único Señor. Satanás afirma tener el poder sobre todo, pero miente. Pretende ser adorado para entregarnos ese poder, pero nos engaña. Solo podemos adorar a Dios. Y lo hacemos gratuitamente, sin aspirar al poder y al tener.

- Señor Jesús, sabemos que también hoy la humanidad se pregunta si eres el Hijo de Dios. Nuestra fe lo confiesa sin necesidad de someterte a prueba, como hizo el diablo. Apoyados en la Palabra de Dios, como tú, queremos proclamar tu vida y tu verdad. Amén.

José-Román Flecha Andrés.

sábado, 20 de marzo de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 5º DE CUARESMA – CICLO B – (21-3-2021)

Lectura del santo evangelio según san Juan 12,20-33


“En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la Fiesta, había algunos gentiles; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban:

- Señor, quisiéramos ver a Jesús.

Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.

Jesús les contestó:

- Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre.

Os aseguro, que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo, se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este mundo, se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre le premiará.

Ahora mi alma está agitada y, ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora, Padre, glorifica tu nombre.

Entonces vino una voz del cielo:

- Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.

La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.

Jesús tomó la palabra y dijo:

- Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.

Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir”.


EL GRANO DE TRIGO

“Ya llegan días –oráculo del Señor- en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva”. Así comienza el texto de Jeremías que hoy se lee en la misa (Jer 31,31-34). En los domingos anteriores la liturgia cuaresmal nos ha presentado las sucesivas alianzas de Dios con Noé, Abrahán, Moisés y el pueblo deportado a Babilonia.

Hoy se proclama la alianza que Dios promete tanto al reino del Norte como al reino del sur, separados a la muerte de Salomón y llevados ambos al destierro. Dios escribirá su ley en el corazón de las gentes. Será su Dios y será reconocido como tal por ese pueblo. Todos lo conocerán, desde el pequeño hasta el mayor.

Haciéndose eco de esta promesa, el famoso salmo “Miserere” nos invita a suplicar: “Oh Dios, crea en mi un corazón puro” (Sal 50). En el corazón de la cuaresma, la carta a los Hebreos nos recuerda que Cristo aprendió sufriendo a obedecer (Heb 5, 7-9).


LA HORA

En el evangelio se evoca un momento importante, en vísperas de la pasión y muerte de Jesús. El Maestro ha entrado ya en Jerusalén, acompañado por los que lo aclaman como “el que viene en nombre del Señor, el Rey de Israel” (Jn 12,13).

Entre los que llegaban a Jerusalén había siempre algunos paganos “temerosos de Dios”. Hablaban griego, como tantos otros ciudadanos del imperio romano. Algunos de ellos, llegados para la celebración de la Pascua, se acercaron a Felipe para decirle: “Señor, quisiéramos ver a Jesús”. Felipe consultó con Andrés y ambos se lo dijeron a Jesús

Para el evangelio de Juan esos peregrinos representan a toda la humanidad que busca al Mesías. Cuando Jesús supo de aquel interés pareció entrar en éxtasis. Era como si hubiera llegado para él la señal de su hora: la hora de la glorificación.

Es en ese momento cuando pronunció la alegoría del grano de trigo. Es preciso que muera en el surco para producir fruto abundante (Jn 12,20-33). Jesús conoce y acepta el destino que le espera. Su muerte será fuente de vida para los que crean en él.


VER A JESÚS

La frase de los paganos que pidieron la ayuda de Felipe no debería quedar en el olvido. De hecho, refleja nuestro mejor anhelo:

• “Queremos ver a Jesús”. Esa aspiración es la de los cristianos más comprometidos con su fe. Con ella indican a veces su displicencia ante las cosas del mundo. O, mejor, su deseo de participar en la gloria definitiva del Hijo de Dios.

• “Queremos ver a Jesús”. Esa expresión se encuentra también en labios de los no creyentes. Ruegan a la Iglesia que les facilite el acceso a Aquél en quien ella dice creer. Le reprochan que no viva de verdad su fe y oculte a su Señor a los ojos del mundo.

• “Queremos ver a Jesús”. Debería ser ésta la confesión sincera y humilde de una comunidad que se sabe llamada al encuentro con su Señor y, sin embargo, se encuentra torpe y enredada en mil asuntos que dificultan su camino de fe.

- Señor Jesús, la llegada de aquellos peregrinos que te buscaban te llevó a aceptar la llegada de la hora de tu entrega y a dirigirte al Padre celestial con una súplica decidida y confiada: “Padre, glorifica tu nombre”. Cómo tú, también nosotros queremos aceptar su voluntad. Bendito seas por siempre, Señor.

José-Román Flecha Andrés.
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sábado, 13 de marzo de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE CUARESMA – CICLO B – (14-3-2021)

Lectura del santo evangelio según san Juan 3, 14-21


“En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

- «Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna.

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios».”




EL JUICIO Y LA FE

“Se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo, a tal punto que ya no hubo remedio”. Resultan impresionantes estas palabras que se proclaman en la primera lectura de este domingo cuarto de Cuaresma (2 Cró 36,14-23).

La maldad y las infidelidades, tanto del pueblo como de sus dirigentes, llegaron a provocar la ira de Dios. La destrucción de Jerusalén y de su templo y el exilio de sus habitantes es la consecuencia de aquella depravación. Quienes no escucharon a los profetas serían reducidos a la esclavitud en Babilonia, hasta que Dios envió a Ciro como libertador.

El salmo responsorial canta la amargura de aquellos deportados, que a toda costa querían mantener la esperanza de volver a Jerusalén (Sal 136).

La segunda lectura nos recuerda que Dios es rico en misericordia y, a pesar de nuestros pecados, nos ama hasta el punto de hacernos vivir con Cristo (Ef 2,4-10).


LA FE Y LA SALVACIÓN

El evangelio de hoy nos lleva a revivir aquella visita nocturna de Nicodemo (Jn 3,14-21). Jesús le anuncia que, al igual que la serpiente de bronce que Moisés alzó en medio del campamento de los hebreos, así será elevado él para dar la vida a los que crean en él.

En aquella conversación sobresalen tres afirmaciones sobre Dios, que son también afirmaciones sobre Cristo y sobre el hombre:

• Dios ama a este mundo. Es decir ama al hombre que ha creado. Y lo ama hasta el punto de entregar a su Hijo. Lo entrega para que no perezca ninguno de los que creen en él.

• Dios no pretende juzgar al hombre. Es el hombre quien determina su propio juicio en virtud de su fe o su increencia en el Hijo de Dios.

• Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgarlo. El objeto del envío era y es que el mundo pueda salvarse por él. Eso es lo que Dios desea para toda la humanidad.


LA LUZ Y LA VERDAD

La larga conversación entre Jesús y Nicodemo resume los temas principales del evangelio de Juan. Entre ellos sobresalen los de la luz y la verdad.

• “El que obra el mal detesta la luz, y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras”. Es esta una observación habitual en cualquier sociedad. En este contexto, es la luz del Evangelio la que revela lo que el hombre es en el fondo de su alma.

• “El que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”. Generalmente se piensa que la verdad es algo que se ignora o se conoce. En este caso, la verdad es algo que se “hace”. La luz de Cristo revela si somos de la verdad,

- Señor, Jesús, sabemos y creemos que tú has sido enviado para nuestra salvación. Que esta fe nos ayude a vivir siempre a la luz de tu palabra y a producir en nuestra vida las obras que tú esperas de nosotros. Amén.

José-Román Flecha Andrés

 

sábado, 6 de marzo de 2021

QUINARIO CUARESMAL Y FUNCIÓN PRINCIPAL DE INSTITUTO

Este próximo martes día 9 de Marzo, comienza el Quinario a las 20:00 horas,consistente en rezo del Santo Rosario, Letanías Lauretanas, ejercicio del Quinario, Exposición de Su Divina Majestad, Ejercicio de Vísperas, Sermón, Adoración, Bendición y Reserva.

La Función Principal de Instituto no se celebrará como tradicionalmente se hace al finalizar el Quinario,sino que se trasladará al Tríduo de Gloria del próximo mes de Diciembre,dentro de loa actos solemnes de clausura del Año Jubilar Lauretano.

Nos acompañará el Rvdo. P. D. Francisco Holgado Ruiz, 

-Diácono permanente de la parroquia de San Rafael y San Gabriel y de la Real parroquia de San Salvador y San Dionisio de Jerez de la Frontera.
-Presidente del Consejo de Cádiz, vocal de la Comisión Permanente y coordinador de Juventud Nacional de la Sociedad de San Vicente de Paúl en España.
-Coordinador de la Pastoral de Exequias del Tanatorio de Jerez.
-Director del Economato Social Diocesano Padre Antonio Valdivieso. -Director de la Casa Hogar Beato Federico Ozanam de San Fernando.





EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 3º DE CUARESMA – CICLO B – (7-3-2021)

Lectura del santo evangelio según san Juan 2, 13-25


“Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo:

- «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»

Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»

Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: - «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»

Jesús contestó:

- «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.» Los judíos replicaron:

- «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?» pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.

Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre”.



LA ENTRADA EN EL TEMPLO

“No tendrás otros dioses frente a mí”. Así comienza la primera lectura de este domingo tercero de cuaresma (Éx 20,1-17). Después de la alianza de Dios con Noé y con Abraham, que hemos meditado en los dos domingos anteriores, hoy se nos recuerda la alianza que Dios hizo con Moisés y con su pueblo.

En ese contexto se sitúa el Decálogo. Dios había liberado a Israel de la esclavitud que sufría en Egipto. Dios había hecho su parte. Pero la liberación exigía algo de parte de aquel pueblo y de todos los pueblos de la tierra. Los mandamientos no son un peso en las alas. Reflejan la responsabilidad con la que se ha de alcanzar y vivir la liberación.

En la segunda lectura, san Pablo nos invita a anticipar ya el misterio de la muerte de Cristo. El Crucificado es escándalo para los judíos y necedad para los griegos. Pero para los que creen en él es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor 1, 22-25).


LOS VENDEDORES Y LA LIMPIEZA

La celebración de la Pascua se anticipa también en la primera frase del evangelio que hoy se proclama (Jn 2,13-25). Hemos meditado muchas veces este episodio de la limpieza que Jesús escenificó en los atrios del templo de Jerusalén. Claro que casi siempre nos ponemos en su lugar, dispuestos a repartir latigazos más que a recibirlos.

• Jesús decide limpiar el templo de traficantes. Desea que sea una casa de oración, no una plaza de negocios. También hoy quiere una Iglesia y unos ministerios limpios.

• Jesús quiere que la casa de Dios sea un lugar de oración. También hoy nos pide que nos acerquemos a Dios en todo tiempo y en todo lugar.

• Jesús se refiere a su propio cuerpo, identificándolo con el templo de Dios. También hoy nos exhorta a respetar nuestro cuerpo y el de los demás.

Leído en este tiempo de cuaresma, este episodio nos prepara para la celebración de la muerte y resurrección de Jesús. El templo de su cuerpo seria destruido, pero al tercer día sería restaurado y resucitado para nuestra salvación y nuestra esperanza.


LA VERDAD Y LOS VALORES

La lectura de este episodio evangélico es muy interesante. Pero casi siempre olvidamos el final del relato. En él se nos habla de los que escuchan a Jesús y se nos recuerda cómo los veía él.

• Muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía. El texto retoma algo que aparece varias veces en los evangelios. Las gentes piden signos y milagros para poder creer. Pero el evangelio nos dice que, al contrario, solo si creemos en el Señor veremos los signos y prodigios que él realiza en nosotros.

• Pero Jesús no se confiaba a ellos… porque sabía lo que hay dentro de cada hombre. También esta frase es fundamental. Nosotros juzgamos por las apariencias y vivimos de apariencias. El Señor nos invita a vivir en la verdad y a no juzgar a las personas solo por su figura. Nuestra fe no puede quedar en los gestos exteriores.

- Señor, Jesús, sabemos que tú no has venido a abolir los mandamientos. Purifícanos para que veamos en ellos los valores que apelan a nuestra responsabilidad y a la honda verdad de la existencia. Amén.

José-Román Flecha Andrés .

sábado, 27 de febrero de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE CUARESMA – CICLO B – (28-2-2021)

 Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 2-10


“En aquel tiempo, Jesús se llevó a Pedro, a Santiago y a Juan, subió con ellos solos a una montaña alta, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo.

Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y le dijo a Jesús: - «Maestro, ¡qué bien se está aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Ellas.»

Estaban asustados, y no sabía lo que decía.

Se formó una nube que los cubrió, y salió una voz de la nube:

- «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo.»

De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.

Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó:

- «No contéis a nadie lo que habéis visto, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Esto se les quedó grabado, y discutían qué querría decir aquello de «resucitar de entre los muertos».”


LA ENTREGA DEL HIJO

“Juro por mí mismo –oráculo del Señor-: por haber hecho esto, por no haberte reservado tu hijo, tu hijo único, te bendeciré, multiplicaré a tus descendientes como las estrellas del cielo y como la arena de la playa” (Gén 22,16-17). El domingo pasado recordábamos el pacto de Dios con Noé. La primera lectura de hoy nos presenta esta alianza de Dios con Abraham.

A muchos ha escandalizado la decisión de Abraham de sacrificar a su hijo Isaac. Seguramente, el texto trata de mostrar la diferencia entre los hebreos y los pueblos cananeos. Si estos sacrificaban sus hijos ante sus dioses de la fertilidad, el Dios de Israel solo desea el gesto de la fe y la obediencia de los creyentes.

Pero este texto tan rico subraya también la generosidad de Abraham que no dudaba en entregar a su hijo. Esa es la grandeza y la radicalidad de la fe. San Pablo atribuye esa generosidad al mismo Dios que entregó a su propio Hijo por nosotros (Rom 8,31-36).


LA VOZ DE LO ALTO

El evangelio de este segundo domingo de cuaresma retorna sobre la misma idea de la entrega del Hijo. Como todos los años, en este día se ofrece a nuestra meditación el misterio de la Transfiguración de Jesús en lo alto de un monte. Y, al igual que a sus discípulos predilectos, también a nosotros se nos invita a escuchar la voz que sale de la nube de su gloria: “Este es mi Hijo amado, escuchadlo” (Mc 9,7).

• Jesús es el Hijo de Dios. En el monte también nosotros descubrimos que Dios es Padre. En un mundo que desprecia la paternidad, sabemos que no estamos huérfanos. En Jesús se nos revela la gloria del mismo Dios, que se abaja hasta nuestra pobreza y nuestra miseria.

• Jesús es el Hijo amado por Dios. En el monte también nosotros descubrimos que Dios es amor. En un mundo que vive en la indiferencia, sabemos que nuestra causa le interesa. En Jesús se nos muestra la ternura de Dios, que nos comprende y nos perdona.

• Jesús es el Maestro y el Profeta enviado por Dios. En el monte también nosotros descubrimos que Dios nos habla. En un mundo que se ve invadido por los falsos profetas, como ha dicho el papa Francisco, sabemos que en Jesús podemos oír la palabra de la verdad.


EL TESTIMONIO

Con todo, no podemos permanecer siempre en el monte, en el que se nos revela la gloria y la cercanía de Dios. También nosotros tenemos que descender al valle de la cotidianidad y la rutina. Mientras bajamos al llano, Jesús nos da un aviso.

• En primer lugar, nos exhorta a la discreción. El llamado “secreto mesiánico”, tan característico del evangelio de Marcos, se traduce hoy en la necesidad de ese testimonio cristiano que se expresa en la coherencia de la vida.

• En segundo lugar, Jesús nos invita a meditar el misterio de su entrega a la muerte y a anunciar a todo el mundo su resurrección de entre los muertos.

- Padre de los cielos, Tú nos has entregado a tu hijo amado. En él hemos descubierto tu gloria y tu amor. Gracias a su vida, su muerte y su resurrección, queremos ser testigos de tu bondad y de tu gracia. Por el mismo Jesucristo nuestro Señor. Amén.


José-Román Flecha Andrés.

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sábado, 20 de febrero de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 1º DE CUARESMA – CICLO B – (21-2-2021)

Comienzo del santo evangelio según San Marcos 1,12-15


“En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.

Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar por Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.

Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:

- «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».”


EL DESIERTO Y EL MENSAJE

“Yo hago un pacto con vosotros y con vuestros descendientes, con todos los animales que os acompañaron: aves, ganado y fieras; con todos los que salieron del arca y ahora viven en la tierra”. He ahí el pacto que Dios establece con Noé después del diluvio (Gén 9,8). Es una alianza de paz. Dios quiere recuperar la armonía del paraíso.

El pecado rompió aquella armonía original con lo otro, con los otros y con el Absolutamente Otro. Y el pecado quebranta hoy la deseable armonía del ser humano con esta admirable creación que Dios le ha confiado. El viaje del papa Francisco a la zona amazónica peruana nos invitaba a repensar nuestra responsabilidad en el desastre.

Hemos de evocar aquel pacto al cantar hoy el salmo responsorial: “Tus sendas, Señor, son misericordia y lealtad para los que guardan tu alianza” (Sal 24).

En la primera lectura de cada domingo, esta cuaresma nos invitará a recordar la alianza de Dios con la humanidad y con su pueblo, por medio de Noé, Abraham, Moisés, el rey Ciro y el profeta Jeremías. Al primer paso se refiere también la primera carta de Pedro (1 Pe 3,18-22).


LA TENTACIÓN

El evangelio de este primer domingo de cuaresma es muy significativo. Es la obertura de ese concierto de voces que, durante este camino hacia la Pascua, nos ofrece una catequesis intensiva para ayudarnos a vivir el seguimiento de Jesús.

• En el primer domingo de cuaresma se menciona siempre el desierto. A él es guiado Jesús por el Espíritu antes de iniciar su misión. La imagen del desierto sugiere soledad y austeridad. Más que un lugar es la oportunidad para redescubrir la honda verdad de lo que somos.

• En el primer domingo de cuaresma se dice siempre que Jesús permaneció cuarenta días en el desierto. Además del lugar importa mencionar el tiempo, mencionando un número que implica la plenitud de una vida de interioridad, de meditación, de aceptación del plan de Dios.

• En el primer domingo de cuaresma se recuerdan siempre las tentaciones de Jesús. El evangelio de Marcos se limita a anotar que Jesús fue tentado por Satanás. Como el pueblo hebreo en su paso por el desierto y como el mismo Jesús, también nosotros vemos puesta a prueba nuestra fidelidad a Dios.


LA ARMONÍA

El evangelio de Marcos no menciona las tres tentaciones, en las que se trataba de esclarecer la identidad de Jesús como hijo de Dios. Pero nos ofrece tres detalles muy importantes sobre él.

• “Vivía con las fieras y los ángeles le servían”. Jesús era el nuevo Adán. Con él retornaba la armonía original. Jesús traía la paz a la creación. Ante su dignidad se inclinaban los mismos ángeles.

• Jesús salió del desierto para predicar el Evangelio de Dios. Jesús era el nuevo Elías. Como él, salía de la aspereza del desierto para proclamar la presencia del Dios único.

• Jesús resumía la obra divina y la respuesta humana que esperaba. Él era el Mesías esperado. Con él se cumplía el tiempo y Dios ofrecía su realeza. Con él llegaba la hora de la conversión y de la fe.

- Señor Jesús, también nosotros necesitamos un tiempo de desierto y de silencio. Necesitamos encontrarnos con Dios y con nosotros mismos. Hoy volvemos a ti nuestros ojos con el deseo de seguir tus pasos y de escuchar tu mensaje. Concédenos el don de la fe, que nos ayudará a convertirnos y a descubrir la belleza de la luz y de la vida. Amén.

José-Román Flecha Andrés .

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viernes, 3 de abril de 2020

CORONA DOLOROSA

Hoy Viernes de Dolores, te hacemos llegar la Corona Dolorosa que rezamos a Ntra. Sra. de Loreto ya en su paso procesional, como preparación a la inminente Semana Santa que está a punto de comenzar.

Te rogamos que hagas este ejercicio piadoso, de forma personal o en familia, para que todos los hermanos nos podamos unir en esta tarde en la oración conjunta.


V/. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Hijo y del Espíritu Santo.
R/. Amén 
V/. Dios mío, ven en mi auxilio.
R/. Señor date prisa en socorrerme. 
V/. Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
R/. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos, Amén. 


ACTO DE CONTRICIÓN: 

Señor mío, Jesucristo, Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. 

Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. 

Amén. 


ORACIÓN INICIAL: 

Oh, María Santísima, nos disponemos a contemplar los padecimientos que tuviste, deteniéndonos en cada dolor que sufriste unido a los de tu Hijo Jesús, y acompañándote en tu piadosa soledad. 

Abre Señor nuestros corazones a la oración para que, a través de ella, crezca nuestro sentimiento filial hacia Ti y nos sintamos hermanos de todos los hombres; y para que, al contemplar los momentos más difíciles de la vida de tu Madre la Bienaventurada Virgen María, encontremos consuelo en los nuestros y en los de nuestros hermanos. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. 


+ PRIMER DOLOR: 

María acoge en la fe la profecía de Simeón (Lc 2, 34-35). Virgen María, te acompañamos en el dolor que sentiste cuando Simeón te anunció que una espada de dolor atravesaría tu corazón por los sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo te manifestó que tu participación en nuestra redención sería a base de dolor... 

Reconociendo este dolor, te pedimos que seamos dignos hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes. 

- Padre nuestro 
- Siete Avemarías  


+ SEGUNDO DOLOR: 

María huye a Egipto con Jesús y José (Mt 2, 13-14). Virgen María, te acompañamos en el dolor que sentiste cuando tuviste que huir precipitadamente tan lejos, pasando grandes penalidades, sobre todo al ser tu Hijo tan pequeño. Al poco de nacer, ya era perseguido de muerte el que precisamente había venido a traernos vida eterna... 

Reconociendo este dolor, te pedimos que nos enseñes a huir siempre de las tentaciones del demonio. 

- Padre nuestro 
- Siete Avemarías 


+ TERCER DOLOR: 

María busca a Jesús perdido en Jerusalén (Lc 2, 42-45). Virgen María, te acompañamos en las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al perder a tu Hijo. Tras tres días buscándolo angustiada, pensarías qué le habría podido ocurrir en una edad en que todavía dependía de tu cuidado y de San José... 

Reconociendo este dolor, te pedimos que los jóvenes no se pierdan por malos caminos.

- Padre nuestro 
- Siete Avemarías 


+ CUARTO DOLOR: 

María encuentra a Jesús camino del Calvario (Lc 23, 25-27). Virgen María, te acompañamos en las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver a tu Hijo cargando con la cruz, como carga con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplicio de muerte. Él, que era creador de la vida, aceptó por nosotros sufrir este desprecio tan grande de ser condenado a muerte y precisamente muerte de cruz, después de haber sido azotado como si fuera un malhechor y, siendo verdadero Rey de reyes, coronado de espinas. Ni la mejor corona del mundo hubiera sido suficiente para honrarle y ceñírsela en su frente. En cambio, le dieron lo peor del mundo clavándole las espinas en la frente y, aunque le ocasionarían un gran dolor físico, aún mayor sería el dolor espiritual por ser una burla y una humillación tan grande. Sufrió y se humilló hasta lo indecible, para levantarnos a nosotros del pecado... 

Reconociendo este dolor, te pedimos que seamos dignos vasallos de tan gran Rey y sepamos ser humildes como Él lo fue. 

- Padre nuestro 
- Siete Avemarías 


+ QUINTO DOLOR: 

María está junto a la cruz de su Hijo (Jn 19, 25-27). Virgen María, te acompañamos en las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de tu amadísimo Hijo. Y luego al verle agonizando en la cruz. Para darnos vida a nosotros, llevó su pasión hasta la muerte, y éste fue el momento cumbre de su pasión. Tú misma también te sentirías morir de dolor en aquel momento…

Reconociendo este dolor, te pedimos que no permitas que jamás muramos por el pecado y haz que podamos recibir los frutos de la redención.

- Padre nuestro 
- Siete Avemarías 


+ SEXTO DOLOR: 

María recibe a Jesús bajado de la cruz (Mc 15, 42-45). Virgen María, te acompañamos en las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la lanzada que dieron en el corazón de tu Hijo. Sentirías como si la hubieran dado en tu propio corazón. El Corazón Divino, símbolo del gran amor que Jesús tuvo ya no solamente a Ti como Madre, sino también a nosotros por quienes dio la vida. Y Tú, que habías tenido en tus brazos a tu Hijo sonriente y lleno de bondad, ahora te lo devuelven muerto, víctima de la maldad de algunos hombres y también víctima de nuestros pecados... 

Reconociendo este dolor, te pedimos que sepamos amar a Jesús como Él nos amo. 

- Padre nuestro 
- Siete Avemarías 


+ SÉPTIMO DOLOR: 

María entrega al sepulcro el cuerpo de Jesús en espera de la resurrección (Jn 19, 40-42). Virgen María, te acompañamos en las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al enterrar a tu Hijo. Él, que era creador, dueño y señor de todo el universo, fue enterrado en tierra. Llevó su humillación hasta el último momento. Y aunque Tú supieras que al tercer día resucitaría, el trance de la muerte era real. Te quitaron a Jesús por la muerte más injusta que se haya podido dar en todo el mundo en todos los siglos. Siendo Él la suprema inocencia y la bondad infinita, fue torturado y muerto con la muerte más ignominiosa. Tan caro pagó nuestro rescate por nuestros pecados. Y Tú, Madre nuestra adoptiva le acompañaste en todos sus sufrimientos: y ahora te quedaste sola, llena de aflicción…

Reconociendo este dolor, te pedimos que nos concedas a cada uno de nosotros la gracia particular que te pedimos… (pídase la gracia que se desea obtener).

- Padre nuestro Venerable 

- Siete Avemarías 



ORACIÓN FINAL:

Dios nuestro, tú que quisiste que la vida de tu Madre la Virgen estuviera marcada por el misterio del dolor, haz que caminemos con Ella por el sendero de la fe y unamos nuestros sufrimientos a la pasión de Cristo, para que se transformen en motivo de gracia e instrumento de salvación. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. 


STABAT MATER: 

Estaba la Madre dolorosa 
junto a la Cruz, llorosa, 
en que pendía su Hijo. 

Su alma gimiente, 
contristada y doliente 
atravesó la espada. 

¡Oh cuán triste y afligida 
estuvo aquella bendita 
Madre del Unigénito! 

Languidecía y se dolía 
la piadosa Madre que veía 
las penas de su excelso Hijo. 

¿Qué hombre no lloraría 
si a la madre de Cristo
 viera en tanto suplicio? 

¿Quién no se entristecería 
a la Madre contemplando 
con su doliente Hijo? 

Por los pecados de su gente 
vio a Jesús en los tormentos 
y doblegado por los azotes. 

Vio a su dulce Hijo 
muriendo desolado 
al entregar su espíritu.

Ea, Madre, fuente de amor,
 hazme sentir tu dolor, 
contigo quiero llorar. 

Haz que mi corazón arda 
en el amor de mi Dios 
y en cumplir su voluntad. 

Santa Madre, yo te ruego 
que me traspases las llagas 
del Crucificado en el corazón. 

De tu Hijo malherido 
que por mí tanto sufrió 
reparte conmigo las penas. 

Déjame llorar contigo 
condolerme por tu Hijo 
mientras yo esté vivo. 

Junto a la Cruz contigo estar
 y contigo asociarme 
en el llanto es mi deseo. 

Virgen de Vírgenes preclara 
no te amargues ya conmigo, 
déjame llorar contigo. 

Haz que llore la muerte de Cristo, 
hazme socio de su pasión,
haz que me quede con sus llagas. 

Haz que me hieran sus llagas,
haz que con la Cruz me embriague, 
y con la Sangre de tu Hijo.

Para que no me queme en las llamas, 
defiéndeme tú, Virgen santa, 
en el día del juicio. 

Cuando, Cristo, haya de irme, 
concédeme que tu Madre me guíe 
a la palma de la victoria. 

Y cuando mi cuerpo muera, 
haz que a mi alma se conceda 
del Paraíso la gloria.


sábado, 28 de marzo de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 5º DE CUARESMA – CICLO A – (29-3-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 11, 1-45


“En aquel tiempo, un cierto Lázaro, de Betania, la aldea de María y de Marta, su hermana, había caído enfermo. María era la que ungió al Señor con perfume y le enjugó los pies con su cabellera; el enfermo era su hermano Lázaro. Las hermanas mandaron recado a Jesús, diciendo:

-«Señor, tu amigo está enfermo.»

Jesús, al oírlo, dijo:

-«Esta enfermedad no acabará en la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»

Jesús amaba a Marta, a su hermana y a Lázaro. Cuando se enteró de que estaba enfermo, se quedó todavía dos días en donde estaba. Sólo entonces dice a sus discípulos:

-«Vamos otra vez a Judea.»

Los discípulos le replican:

-«Maestro, hace poco intentaban apedrearte los judíos, ¿y vas a volver allí? » Jesús contestó:

-«¿No tiene el día doce horas? Si uno camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo; pero si camina de noche, tropieza, porque le falta la luz.» Dicho esto, añadió:

-«Lázaro, nuestro amigo, está dormido; voy a despertarlo.»

Entonces le dijeron sus discípulos:

-«Señor, si duerme, se salvará.»

Jesús se refería a su muerte; en cambio, ellos creyeron que hablaba del sueño natural. Entonces Jesús les replicó claramente:

-«Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de que no hayamos estado allí, para que creáis. Y ahora vamos a su casa.» Entonces Tomás, apodado el Mellizo, dijo a los demás discípulos:

-«Vamos también nosotros y muramos con él.»

Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Betania distaba poco de Jerusalén: unos tres kilómetros; y muchos judíos habían ido a ver a Marta y a María, para darles el pésame por su hermano. Cuando Marta se enteró de que llegaba Jesús, salió a su encuentro, mientras María se quedaba en casa. Y dijo Marta a Jesús:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano. Pero aún ahora sé que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo concederá.» Jesús le dijo:

-«Tu hermano resucitará.»

Marta respondió:

-«Sé que resucitará en la resurrección del último día.»

Jesús le dice:

-«Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó:

-«Sí, Señor: yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo.»

Y dicho esto, fue a llamar a su hermana María, diciéndole en voz baja: -«El Maestro está ahí y te llama.»

Apenas lo oyó, se levantó y salió adonde estaba él; porque Jesús no había entrado todavía en la aldea, sino que estaba aún donde Marta lo había encontrado. Los judíos que estaban con ella en casa consolándola, al ver que María se levantaba y salía deprisa, la siguieron, pensando que iba al sepulcro a llorar allí. Cuando llegó María adonde estaba Jesús, al verlo se echó a sus pies diciéndole:

-«Señor, si hubieras estado aquí no habría muerto mi hermano.» Jesús, viéndola llorar a ella y viendo llorar a los judíos que la acompañaban, sollozó y, muy conmovido, preguntó: -« ¿Dónde lo habéis enterrado?»

Le contestaron:

-«Señor, ven a verlo.»

Jesús se echó a llorar. Los judíos comentaban:

-«¡Cómo lo quería!»

Pero algunos dijeron:

-«Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que muriera éste?»

Jesús, sollozando de nuevo, llega al sepulcro. Era una cavidad cubierta con una losa.

Dice Jesús:

-«Quitad la losa.»

Marta, la hermana del muerto, le dice:

-«Señor, ya huele mal, porque lleva cuatro días.»

Jesús le dice:

-«¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?»

Entonces quitaron la losa.

Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo:

-«Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por la gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado.» Y dicho esto, gritó con voz potente:

-«Lázaro, ven afuera.»

El muerto salió, los pies y las manos atados con vendas, y la cara envuelta en un sudario. Jesús les dijo: -«Desatadlo y dejadlo andar.»

Y muchos judíos que habían venido a casa de María, al ver lo que había hecho Jesús, creyeron en él”.


RESURRECCIÓN Y VIDA

“Yo mismo abriré vuestros sepulcros, y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel”. Este mensaje de Ezequiel (Ez 37,12) iba dirigido al pueblo que había sido deportado a Babilonia. El profeta le anunciaba de parte de Dios la promesa de rescatarlo de la esclavitud y devolverlo a su tierra.

Aunque todavía no se había llegado a asumir y profesar la fe en la resurrección de los muertos, el lenguaje estaba preparado para admitir como una resurrección la intervención de Dios a favor de los oprimidos. Muchos creían ya que Dios es el Señor de la vida. Por eso puede infundir en ellos su espíritu para que vivan de verdad y para siempre.

El salmo responsorial del domingo 5º de Cuaresma evoca este poder de Dios sobre la historia y la peripecia humana: “Del Señor viene la misericordia, la redención copiosa”.

En la segunda lectura que hoy se proclama, san Pablo subraya el papel de Jesucristo en nuestra resurrección: “Si el Espíritu del que resucitó a Jesús de entre los muertos habita en vosotros, el que resucitó de entre los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales, por el mismo Espíritu que habita en vosotros” (Rom 8,11).


EL DIÁLOGO

Aunque este año se proclama el evangelio según san Mateo, durante tres domingos de cuaresma leemos unos relatos de Juan que recogen las imágenes del agua, la luz y la vida. Toda una catequesis prebautismal que nos invita a meditar sobre el don de una existencia iluminada por el misterio pascual de Jesucristo.

Al llegar a la casa de su amigo Lázaro, muerto recientemente, Jesús mantiene con Marta un diálogo tan profundo como esperanzado. Marta sabe que Dios concederá a Jesús lo que le pida. Jesús le asegura que su hermano resucitará. Y ella confiesa una fe que se iba abriendo camino en el pueblo: “Sé que resucitará en la resurrección en el último día.

Ahí se inserta la gran revelación de Jesús: “Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está muerto y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees

esto?” Esa es la pregunta definitiva, la que marca toda diferencia en el campo de las creencias. Pues bien, Marta cree que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, el esperado.


EL SEPULCRO

Pero el diálogo sobre la vida no ha llevado a Jesús a olvidar que la muerte ha llegado a la casa de sus amigos. Su pregunta por la sepultura de Lázaro no indica una simple curiosidad. Sus lágrimas revelan la sinceridad de su amor ante todos los presentes.

• “Lázaro, sal afuera”. Esa es la orden que el Señor de la vida grita con voz potente ante la entrada del lugar donde se ha helado la esperanza.

• “Lázaro, sal afuera”. Esa es la invitación que el Señor de la Iglesia le dirige para que ella abandone su cansancio y somnolencia y dé testimonio de la vida.

• “Lázaro, sal afuera”. Ese es el imperativo que Jesús nos dirige a todos los que vamos arrastrando una existencia mortecina que no puede suscitar el entusiasmo.

- Señor Jesús, tú nos has dicho que nadie tiene amor tan grande como el que da la vida por los amigos. Sabemos que el dar la vida al amigo determinó que tus enemigos adelantaran la hora de tu muerte. También hoy, tú que eres el camino, la verdad y la vida, nos rescatas del sepulcro. Bendito seas, Señor. Amén.

José-Román Flecha Andrés.
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sábado, 21 de marzo de 2020

EJERCICIO DE QUINARIO A NTRA. SRA. DE LORETO EN SU SOLEDAD. QUINTO DÍA

Sábado de la III Semana de Cuaresma


ORACIÓN PARA TODOS LOS DÍAS

Nuestra Señora de Loreto, llena de dolor en tu Soledad, te ruego me alcances fortaleza para sufrir por mis pecados como tú sufriste por los nuestros, a fin de que, crucificando mis pasiones en la Santa Cruz de Cristo, llevando la cruz de mi deber por el camino de mi vida, caminando en pos de mi Señor y perseverando constantemente a tu lado, oh Madre mía, al pie de la Cruz de tu Hijo, viva siempre y muera contigo, redimido y santificado por la Sangre preciosísima de nuestro Redentor. También te pido, Santísima Virgen de Loreto, por tu Soledad, que oigas mi petición de este día y, si conviene, me la concedas.

Pídase la gracia que se desea obtener, por mediación de Nuestra Señora de Loreto en su Soledad en este quinto día del Quinario.

Padre nuestro, Ave María y Gloria


ORACIÓN PARA EL QUINTO DÍA

Oh Virgen Santísima de Loreto, por el dolor que sufriste al acompañar a tu Hijo a la sepultura, concédeme que después de una vida mortificada con Cristo merezca vivir eternamente en su gloria. Concédeme vivir en la Cruz con paciencia, morir en la Cruz con esperanza y reinar por la Cruzcon gloria.


ORACIÓN FINAL

Acuérdate, Virgen Madre de Dios, cuando estés en la presencia del Señor, de hablar a favor nuestro y que aparte su indignación de nosotros.

Oh Santísima Madre de Loreto, hazme esta gracia: fija en mi corazón con eficacia las llagas de Jesús Crucificado.

Haz que de Cristo en mí lleve la muerte, que participe su Pasión y suerte y medite en sus llagas apenado.

Para que no arda en los eternos fuegos, defiéndeme Tú, oh Virgen, con tus ruegos en el día del juicio.

Y Tú, oh Cristo, al salir yo de esta vida, haz que llegue a la palma de la victoria y, cuando mi cuerpo muera, haz que mi alma adquieradel paraíso la gloria.

Amen.

V./ Nuestra Señora de Loreto en su Soledad

R./ Ruega por nosotros.


+ EJERCICIO DE VÍSPERAS + Oración de la tarde

SALUDO INICIAL: 

V./ Dios mío, ven en mi auxilio.

R./ Señor date prisa en socorrerme.

Gloria al Padre, al Hijo, y al Espíritu Santo como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


HIMNO: 

Dios es fiel guarda siempre su alianza,
libra al pueblo de toda esclavitud;
su palabra resuena en los profetas
reclamando el bien y la virtud.

Pueblo en marcha por el desierto ardiente,
horizontes de paz y libertad,
asamblea de Dios eterna fiesta:
tierra nueva, perenne heredad.

Si al mirar hacia atrás somos tentados
de volver al Egipto seductor,
el Espíritu empuja con su fuerza
a avanzar por la vía del amor.

El maná es un don que el cielo envía,
pero el pan hoy se cuece con sudor;
leche y miel nos dará la tierra nueva
si el trabajo es fecundo y redentor.

Y Jesús nos dará en el calvario
su lección “hágase tu voluntad”;
y su sangre vertida por nosotros
será el precio de nuestra libertad


SALMODIA:

Antífona 1: Vamos alegres a la casa del Señor.

+ Salmo 121

La ciudad santa de Jerusalén
¡Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del Señor»!
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.

Allá suben las tribus,
las tribus del Señor,
según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David.

Desead la paz a Jerusalén:

«Vivan seguros los que te aman,
haya paz dentro de tus muros,
seguridad en tus palacios.»

Por mis hermanos y compañeros,
voy a decir: «La paz contigo.»

Por la casa del Señor, nuestro Dios,
te deseo todo bien.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 1: Vamos alegres a la casa del Señor.

Antífona 2: Despierta, tú que duermes, levántate deentre los muertos, y Cristo será tu luz.

+ Salmo 129  

Desde lo hondo a ti grito, Señor 

Señor, tu nombre es eterno;

Desde lo hondo a ti grito, Señor;

Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica.

Si llevas cuenta de los delitos, Señor,
¿quién podrá resistir?

Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto.

Mi alma espera en el Señor,
espera en su palabra;
mi alma aguarda al Señor,
más que el centinela a la aurora.

Aguarde Israel al Señor,
como el centinela a la aurora;
porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre,por los siglos de los siglos. Amén.

Antífona 2: Despierta, tú que duermes, levántate deentre los muertos, y Cristo será tu luz.

Antífona 3: Dios, por el gran amor con que nos amó,estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.


+ Cántico: Flp 2,6-11

Cristo, siervo de Dios, en su misterio pascual
Cristo, a pesar de su condición divina,
no hizo alarde de su categoría de Dios;
al contrario, se despojó de su rango
y tomó la condición de esclavo,
pasando por uno de tantos.

Y así, actuando como un hombre cualquiera,
se rebajó hasta someterse incluso a la muerte,
y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo levantó sobre todo
y le concedió el «Nombre-sobre-todo-nombre»;
de modo que al nombre de Jesús toda rodilla se doble
en el cielo, en la tierra, en el abismo,
y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.


Antífona 3: Dios, por el gran amor con que nos amó,estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo.

LECTURA BREVE (2Co 6,1-4a):
Os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad: ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación. Para no poner en ridículo nuestro ministerio, nunca damos a nadie motivo de escándalo; al contrario, continuamente damos prueba de que somos ministros de Dios.

RESPONSORIO BREVE:

V./ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

R./ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti.

V./ Cristo, oye los ruegos de los que te suplican.

R./ Porque hemos pecado contra ti.

V./ Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

R./ Escúchanos, Señor, y ten piedad. Porque hemos pecado contra ti. 


CÁNTICO EVANGÉLICO:

Antífona Magníficat: En otro tiempo erais tinieblas; ahora sois luz en el Señor.

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.

Porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

Porque el todo poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es Santo,

Y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,

Derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,

A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de la misericordia.
Como lo había prometido a nuestros padres
en favor de Abrahán y su descendencia para siempre.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo como era en el principio ahora y siempre por los siglos de los siglos. Amén.


Antífona Magníficat: En otro tiempo erais tinieblas; ahora sois luz en el Señor.

PRECES:

Bendigamos a Dios, solícito y providente para con todos los hombres, e invoquémosle, diciendo:

Salva, Señor, a los que has redimido.

Oh Dios, fuente de todo bien y origen de toda verdad, llena con tus dones al Colegio de los obispos,

— y haz que aquellos que les han sido confiados se mantengan fieles a la doctrina de los apóstoles.

Infunde tu amor en aquellos que se nutren con el mismo pan de la vida,

— para que todos sean uno en el cuerpo de tu Hijo.

Que nos despojemos de nuestra vieja condición humana y de sus obras,

— y nos renovemos a imagen de Cristo, tu Hijo.

Concede a tu pueblo que, por la penitencia, obtenga el perdón de sus pecados

— y tenga parte en los méritos de Jesucristo.

Haz que nuestros hermanos difuntos puedan alabarte eternamente en el cielo,

— y que nosotros esperemos confiadamente unirnos a ellos en tu reino.

Porque Jesús ha resucitado, todos somos hijos de Dios; por eso nos atrevemos a decir:

PADRENUESTRO


+ PROCESIÓN CLAUSTRAL +
ORACIÓN:
V/. Señor, que reconcilias contigo a los hombres por tu Palabra hecha carne, haz que el pueblo cristiano se apresure, con fe viva y entrega generosa, a celebrar las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

R/. Amén.


Tantum ergo sacraméntum
venerémur cernui,
et antíquum documéntum
novo cedat ritui;
praestet fides supleméntum
sensuum deféctui.
Genitóri Genitóque
laus et iubilátio,
salus, honor, virtus quoque
sit et benedictio;
procedénti ab utróque
compar sit laudátio.

Amen.

V. Panem de cælo praestitísti eis.

R. Omne delectaméntum in se habéntem.

Orémus.
Deus, qui nobis sub sacraménto mirábili, passiónis tuae memóriam reliquisti;
tríbue, qaésumus, ita nos córporis et
Sánguinis tui sacra mystéria venerári,
ut redemptiónis tuae fructum in nobis
iúgiter sentiámus:Qui vivis et regnas in
saécula saeculórum.

R. Amen

TRADUCCIÓN DEL HIMNO
Veneremos, pues, prosternados,
tan gran Sacramento;
y la antigua figura
ceda el puesto al nuevo rito;
la fe supla
la incapacidad de los sentidos.
Al Padre y al Hijo
sean dadas alabanza y júbilo,
salud, honor, poder y bendición;
una gloria igual sea dada
al que de uno y de otro procede.

Amén

V. Les diste pan del cielo

R. Que contiene en sí todo deleite.

Oremos.

Oh Dios, que en este admirable sacramento nos dejaste el memorial de tu Pasión, te pedimos nos concedas venerar de tal modo los sagrados misterios de tu Cuerpo y de tu Sangre, que experimentemos constantemente el fruto de tu redención. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos.

R: Amén

Bendito sea Dios
Bendito sea su santo Nombre
Bendito sea Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Bendito sea el Nombre de Jesús.
Bendito sea su Sacratísimo Corazón.
Bendita sea su Preciosísima Sangre.
Bendito sea Jesús en el Santísimo Sacramento del Altar.
Bendito sea el Espíritu Santo Paráclito.
Bendita sea la excelsa Madre de Dios, María Santísima.
Bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción.
Bendita sea su gloriosa Asunción.
Bendito sea el nombre de María Virgen y Madre.
Bendito sea San José, su castísimo Esposo.
Bendito sea Dios en sus Ángeles y en sus Santos.


EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 4º DE CUARESMA – CICLO A – (22-3-2020)

Lectura del santo evangelio según san Juan 9, 1-41


“En aquel tiempo, al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento.

Y sus discípulos le preguntaron:

-«Maestro, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que naciera ciego?»

Jesús contestó:

-«Ni éste pecó ni sus padres, sino para que se manifiesten en él las obras de Dios. Mientras es de día, tenemos que hacer las obras del que me ha enviado; viene la noche, y nadie podrá hacerlas. Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo.»

Dicho esto, escupió en tierra, hizo barro con la saliva, se lo untó en los ojos al ciego y le dijo:

-«Ve a lavarte a la piscina de Siloé (que significa Enviado).»

Él fue, se lavó, y volvió con vista. Y los vecinos y los que antes solían verlo pedir limosna preguntaban:

-«¿No es ése el que se sentaba a pedir?»

Unos decían:

-«El mismo.»

Otros decían:

-«No es él, pero se le parece.»

Él respondía:

-«Soy yo.»

Y le preguntaban:

-«¿Y cómo se te han abierto los ojos?»

Él contestó:

-«Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me lo untó en los ojos y me dijo que fuese a Siloé y que me lavase. Entonces fui, me lavé, y empecé a ver. »

Le preguntaron:

-«¿Dónde está él?»

Contestó:

-«No sé.»

Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. Era sábado el día que Jesús hizo barro y le abrió los ojos. También los fariseos le preguntaban cómo había adquirido la vista.

Él les contestó:

-«Me puso barro en los ojos, me lavé, y veo.»

Algunos de los fariseos comentaban:

-«Este hombre no viene de Dios, porque no guarda el sábado.» Otros replicaban:

-«¿Cómo puede un pecador hacer semejantes signos?»

Y estaban divididos. Y volvieron a preguntarle al ciego:

-«Y tú, ¿qué dices del que te ha abierto los ojos?»

Él contestó:

-«Que es un profeta.»

Pero los judíos no se creyeron que aquél había sido ciego y había recibido la vista, hasta que llamaron a sus padres y les preguntaron:

-«¿Es éste vuestro hijo, de quien decís vosotros que nació ciego? ¿Cómo es que ahora ve?»

Sus padres contestaron:

-«Sabernos que éste es nuestro hijo y que nació ciego; pero cómo ve ahora, no lo sabemos nosotros, y quién le ha abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos. Preguntádselo a él, que es mayor y puede explicarse. »

Sus padres respondieron así porque tenían miedo a los judíos; porque los judíos ya habían acordado excluir de la sinagoga a quien reconociera a Jesús por Mesías. Por eso sus padres dijeron: «Ya es mayor, preguntádselo a él.»

Llamaron por segunda vez al que había sido ciego y le dijeron:

-«Confiésalo ante Dios: nosotros sabemos que ese hombre es un pecador. »

Contestó él:

-« Si es un pecador, no lo sé; sólo sé que yo era ciego y ahora veo.» Le preguntan de nuevo:

-¿«Qué te hizo, cómo te abrió los ojos?»

Les contestó:

-«Os lo he dicho ya, y no me habéis hecho caso; ¿para qué queréis oírlo otra vez?; ¿también vosotros queréis haceros discípulos suyos? »

Ellos lo llenaron de improperios y le dijeron:

-«Discípulo de ése lo serás tú; nosotros somos discípulos de Moisés. Nosotros sabemos que a Moisés le habló Dios, pero ése no sabemos de dónde viene.»

Replicó él:

-«Pues eso es lo raro: que vosotros no sabéis de dónde viene y, sin embargo, me ha abierto los ojos. Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, sino al que es religioso y hace su voluntad. Jamás se oyó decir que nadie le abriera los ojos a un ciego de nacimiento; si éste no viniera de Dios, no tendría ningún poder.»

Le replicaron:

-«Empecatado naciste tú de pies a cabeza, ¿y nos vas a dar lecciones a nosotros?»

Y lo expulsaron. Oyó Jesús que lo habían expulsado, lo encontró y le dijo:

-«¿Crees tú en el Hijo del hombre?»

Él contestó:

-«¿Y quién es, Señor, para que crea en él?»

Jesús le dijo:

-«Lo estás viendo: el que te está hablando, ése es.»

Él dijo:

-«Creo, Señor.»

Y se postró ante él.

Jesús añadió:

-«Para un juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven vean, y los que ven queden ciegos.»

Los fariseos que estaban con él oyeron esto y le preguntaron:

-« ¿También nosotros estamos ciegos?» Jesús les contestó: -«Si estuvierais ciegos, no tendríais pecado, pero como decís que veis, vuestro pecado persiste».”



EL AGUA Y LA FE

“Anda, úngelo porque es este” (1 Sam 16,12). Esa es la palabra de Dios que saca al profeta Samuel de sus cavilaciones. Enviado por Dios a ungir en Belén al futuro rey de Israel, piensa que el candidato se ha de distinguir por su apariencia y su estatura. Pero no es así. El elegido por Dios es precisamente el hijo menor, que está fuera, cuidando las ovejas de su padre Jesé.

La unción del joven David por el profeta Samuel revela las predilecciones de Dios por los pequeños. Pero la unción es además un rito por el que la persona queda consagrada y apartada de la profanidad. Finalmente, la unción tiene un importante significado social: la persona es llamada a una misión y ha de cumplir con una responsabilidad.

El salmo responsorial del domingo 4º de Cuaresma nos recuerda que el joven pastor David es, en realidad, la imagen del único Pastor, que es el Señor (Sal 22). Por otra parte, la carta a los Efesios nos exhorta a abandonar las tinieblas que nos hacían andar a tientas y a caminar por el mundo como hijos de la luz (Ef 5,8-14).

EL ENVIADO

Tanto en el domingo pasado como en este la clave es precisamente esa vinculación de la luz con el agua. La Samaritana se encontró con Jesús en la plenitud de la luz y aceptó pedirle el agua que da vida eterna. Ahora es un ciego de nacimiento el que, ungido por Jesús con una mezcla de tierra y de saliva, encuentra en el agua la luz para sus ojos y para su vida toda (Jn 9,1-38).

Al ver al ciego, los discípulos preguntan si la causa de la ceguera es su pecado o el de sus padres. Es un resto de la mentalidad que consideraba la enfermedad como un resultado de la culpa moral. Andando los siglos, no siempre hemos logrado superar aquella presunción. Ante la muerte de un niño, muchos se escandalizan al pensar que no merecían tal “castigo”.

Jesús rechaza aquella antigua idea. Ante la situación del ciego, se manifestarán en él las obras de Dios. Y añade: “Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Unge los ojos del ciego y lo envía a lavarse en las aguas de la piscina de Siloé. De pronto el nombre habitual del canal cobra un nuevo sentido para indicar al “Enviado” por Dios para traer la luz a nuestra humanidad enceguecida.


CREER PARA VER

El evangelio incluye una serie de preguntas y respuestas entre los fariseos y el ciego, que parecen marcar el ritmo de una catequesis de iniciación cristiana. Un proceso que culmina en el diálogo de Jesús con el ciego ya curado.

• “¿Crees tú en el Hijo del hombre?” Esa es la pregunta clave para todo catecúmeno que accede a la fuente bautismal. Pero es también una pregunta inesquivable para todo el que desea sinceramente acercarse a Jesús.

• “¿Y quién es, Señor, para que crea en él?” La pregunta por Jesús requiere siempre información, pero sobre todo necesita una seria formación. Nadie puede llegar por sí solo a reconocer la identidad del Señor.

• “Lo estás viendo: el que te está hablando, ese es”. La respuesta de Jesús incluye una referencia a los sentidos de la vista y el oído. La apertura sincera de la persona ha de conducir al que busca hasta el encuentro con el buscado.

• “Creo, Señor”. Según el evangelio, la fe ha curado a numerosos enfermos que se acercaban a Jesús. El padre del joven epiléptico que Jesús encontró al bajar del monte de la Transfiguración decía creer, pero todavía necesitaba crecer en la fe. El ciego curado cree simplemente.

- Señor Jesús, bien sabemos que no hay que ver para creer, sino que es totalmente necesario creer para ver. Es tu misericordia la que nos ha rescatado de nuestra ceguera. Pero ya que has querido curar nuestros ojos y nos has remitido al agua que los purifica, ayúdanos también a caminar siempre guiados por el resplandor de tu luz. Amén.

José-Román Flecha Andrés