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miércoles, 20 de octubre de 2010

SI A LA VIDA,NO AL ABORTO



Queridos hermanos y hermanas:

En las últimas semanas no pocos cristianos de la Archidiócesis me habéis manifestado vuestra preocupación por la celebración en Sevilla de un congreso de ámbito mundial sobre el aborto, con la finalidad de compartir información, experiencias y nuevas técnicas para mejorar la calidad de las prácticas abortivas. Tendrá lugar entre los días 21 y 23 de octubre y, según parece, será financiado por instituciones públicas de la capital y la región. Algunos me habéis pedido que haga cuanto esté a mi alcance por impedirlo. Como podéis imaginar, no tengo en mis manos la posibilidad evitar su celebración, pero si tengo el deber de iluminar la conciencia de nuestros fieles sobre este acontecimiento que, a mi juicio, no va a ser un hito glorioso en la historia de nuestra ciudad.

El pasado 4 de julio entró en vigor en España la llamada Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo, que en realidad no es otra cosa que una liberalización total del aborto, considerado como un derecho de la mujer, mientras se conculcan los más elementales derechos del hijo que lleva en sus entrañas. Su carácter legal no le confiere el marchamo de moralidad, pues no todo lo que es legal es moral. El aborto es siempre una inmoralidad, un mal objetivo; no es progreso sino regresión. En realidad es un “crimen abominable”, como lo calificó el Concilio Vaticano II (GS 51), por ser la eliminación voluntaria y querida de un ser humano a petición de sus progenitores, con el concurso de los médicos, los primeros, junto con los padres, que deberían tutelar esa vida naciente.

¿Y qué podemos hacer los cristianos ante el drama del aborto y ante la segura celebración del citado congreso? Una primera posibilidad es que nos sensibilicemos ante este tema auténticamente mayor, y que tratemos de sensibilizar a nuestros conciudadanos, muchos de los cuales aceptan casi sin pestañear la realidad del aborto en nombre del progreso y de la libertad de la mujer. La aceptación social del aborto es una realidad fatal, como reconociera el filósofo Julián Marías hace unos años, calificándola como uno de los acontecimientos más graves que han acaecido en el siglo XX. Algo parecido afirmó poco antes de su muerte el gran escritor Miguel Delibes.

En este sentido os invito a todos a difundir en vuestros ambientes, en vuestros hogares, en vuestros lugares de trabajo y en cualquier oportunidad, también en la catequesis y en la formación religiosa escolar, el Evangelio de la Vida, es decir, el valor sagrado de toda vida humana desde la fecundación hasta su ocaso natural, de modo que paulatinamente vayamos sustituyendo la mentalidad abortista y la “cultura de la muerte” por una cultura que acoja y promueva la vida.

En diciembre de 2007, la Asamblea General de la ONU adoptó una resolución por la que se invitaba a los Estados miembros a instituir una moratoria en la aplicación de la pena de muerte. Dios quiera que llegue también el día en que el aborto sea suprimido de nuestras leyes y todos reconozcamos con vergüenza el inmenso y trágico error cometido en los siglos XX y XXI por la humanidad.

¿Qué más podemos hacer? Una forma sencilla de implicarnos en la defensa de la vida humana es rezar. La oración privada y pública es el alma de toda pastoral. También lo es de la defensa de la vida, don de Dios, del que nadie arbitrariamente puede disponer. Así lo reconocía el Papa Juan Pablo II en 1995 en la encíclica Evangelium vitae al decirnos que "es urgente una gran oración por la vida, que abarque al mundo entero. Que desde cada comunidad cristiana, desde cada grupo o asociación, desde cada familia y desde el corazón de cada creyente, con iniciativas extraordinarias y con la oración habitual, se eleve una súplica apasionada a Dios, Creador y amante de la vida". Por ello, sugiero a los sacerdotes que en los días de la celebración del congreso tengan en cuenta esta intención en las preces de los fieles de la Santa Misa y en el rezo del Rosario en las parroquias, y que incluso programen algún acto especial de oración ante el Santísimo por esta causa. Lo pido también a las contemplativas, a las Hermandades en sus cultos y a los grupos y movimientos apostólicos. En todos los casos se puede concluir la oración con la bellísima plegaria a la Santísima Virgen que escribiera el Papa Juan Pablo II como colofón de la citada encíclica.

Termino mi carta semanal manifestando mi respaldo y aliento a las instituciones, confesionales o no, que promueven iniciativas a favor de la vida y que ayudan a las madres en circunstancias difíciles para que acojan generosamente el fruto de sus entrañas. Pocas formas de acción social y de apostolado son hoy tan hermosas y urgentes como ésta. Dios quiera que seamos muchos, también las instancias públicas, los que les secundemos y ayudemos.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

Juan José Asenjo Pelegrina, arzobispo de Sevilla.
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domingo, 15 de marzo de 2009

ARTICULO DE NUESTRO HERMANO MAYOR AYER EN INFORMACION JEREZ

Si nuestra vida fuese un camino de ida y vuelta, si al final de la vida tuviéramos la posibilidad de volver por nuestros pasos hacia atrás con el mismo nivel de conciencia, además de entender muchas cosas, tendríamos la ventaja de conocer el principio y,también, el final. Y el principio y el final no sería otro que aquel que nos descubre la ciencia, el momento de la fecundación cuando se crea un ser nuevo distinto del padre y de la madre, un ser humano con un código genético propio. El nuevo ser vivo diferente del padre y de la madre que está y vive dentro de la madre, depende de ella, pero no es de ella, la madre no es su dueña porque ese pequeño ser humano tiene la misma dignidad y el mismo derecho a la vida que tiene quienes son sus progenitores. Si pudiéramos volver hacia atrás con el mismo nivel de conciencia quizás muchas madres del mundo se darían cuenta la decisión tan importante que tomaron cuando optaron por no abortar, por no matar a su hijo y dejar que creciera a la vida. Cuantos abortos se evitarían con solo ver el rostro de un hijo. Se denunciaba hace unos días desde el prestigioso Foro de opinión Cardenal Niño de Guevara la incongruencia y la hipocrecía y a la vez el descaro más absoluto de la ministra Bibiana Aido, curiosamente la ministra para la igualdad, al afirmar que prepara la reforma de la ley del aborto con el fin de ampliar los derechos de la mujer a abortar protegiendo su impunidad y a la intimidad de las personas que participan en las prácticas abortivas. Conceder a la mujer licencia para matar, no olvidemos que hablando en castellano abortar es matar, es destruir, es eliminar a un ser humano, a un hijo que es lo que mas duele, a un ser inocente e indefenso, y que según el método que utilice el médico , es descuartizar, despedazar o abrazar y envenenar al mas débil y el más desprotegido, el aborto es violar y pisotear el derecho humano más importante y el más fundamental de todos el derecho a la vida. Por eso cuando estos días la Unión de Hermandades de Jerez, en nombre de todos los cofrades ha lanzado un comunicado manifestando su total rechazo al aborto, no ha hecho más que, con un gesto rotundo y valiente, actuar con coherencia con la fe que profesa el pueblo católico, cofrades o no cofrades. Una defensa del ser humano porque la defensa de la vida, por encima no solo de las creencias religiosas o de los intereses políticos, está muy por encima de los egoísmo personales, de esos egoísmo que para yo no perjudicarme me quito de encima, matándolo, lo que me estorba, lo que a mi no me beneficia, aunque lo que me estorbe o no me beneficie sea mi hijo. El si a la vida es la noticia más importante que ha surgido desde la sede de la calle Curtidores en todo lo que llevamos de Cuaresma, quizás algún día tengamos que hacer una Semana Santa, tal como dice el comunicado, con bebés perfectamente formados con sus pies, manos y ojos, torturados por las prácticas abortivas como los nuevos Crucificados del siglo XXI, quizás algún día se nos pase factura por tanta pena de muerte para tantos seres indefensos e inocentes, quizás algún día esta sociedad se de cuenta que el crimen es abominable se llame como se quiera llamar, se envuelva como se quiera envolver, se justifique como se quiera justificar, quizás algún día nos demos cuenta que no todo lo que es legal y aprobado por mayoría es lícito. Ya lo dijo el gran pensador Jualián Marías "la aceptación social del aborto es, sin duda alguna, lo más grave que ha acontecido en los últimos tiempos". Por eso el comunicado de la Unión de Hermandades en defensa de la vida define claramente la postura de quienes ven en la Verdad y en la Vida el único camino para la auténtica libertad de todos. El si a la vida de los cofrades es la noticia que debería haber acaparado portadas, algo mucho más importante incluso que la llegada de un nuevo Obispo,aunque desgraciadamente, venda más el hecho de si el Santo Entierro sigue siendo la primera o la última del Viernes Santo o las irregularidades municipales.

viernes, 13 de marzo de 2009

MANIFIESTO DE LA UNION DE HERMANDADES DE JEREZ

-SI A LA VIDA- Cuanto más civilizada es una sociedad mejor protege los derechos y defiende los intereses de los más débiles y necesitados aún cuando no sean racionales. Así por ejemplo el Código Penal español (art. 337) condena con penas de prisión que van de tres meses a un año conductas consistentes en el maltrato a animales domésticos que les provoque la muerte o grave menoscabo físico. La misma pena se le puede imponer al que corte o arranque alguna flor protegida (art. 332) y hasta dos años le pueden caer (art. 334) al que dificulte la reproducción de especies protegida de la fauna silvestre. Todo esto está muy bien porque habla de nuestro amor a la naturaleza, pero parece que la especie humana no es merecedora del mismo nivel de protección que, por ejemplo, un árbol raro o un insecto en vía de extinción. Nos anuncian una Ley en virtud de la cual el Estado, por medio del sistema sanitario, podrá cercenar la vida de los seres humanos con tal de que tengan menos de cinco meses de gestación. Una de las técnicas habituales en la práctica del aborto consiste en sustituir el líquido amniótico por una solución salina concentrada que se inyecta a la madre para envenenar al bebé al tiempo que se le achicharra la piel. Esto es ya perfectamente legal y dentro de poco se podrá practicar sobre bebés perfectamente formados con pies, manos, ojos, labios, corazón latiendo, etc…; pero si esto mismo lo hiciéramos con el huevo de un alimoche podríamos ir a la cárcel hasta dos años. Algo no funciona en esta sociedad actual que tiene la conciencia dormida y permite esta masacre silenciosa del aborto sin reaccionar. Algo falla. Todos estamos orgullosos de haber alcanzado un grado de civilización tal que nos permite haber superado esa lacra injustificable de la pena de muerte. En estos días estamos viendo a familiares de niños y niñas horrendamente asesinados que claman por el cumplimiento íntegro de las penas o, todo lo más, cadena perpetua. A nadie se le ocurre pedir la vuelta de la pena de muerte por muy horrendo, nefando o monstruoso que haya sido el acto del reo. En las páginas de la prensa diaria podemos ver la imagen de un famoso asesino múltiple disfrutando de su libertad en la calle aún cuando a todos nos consta que no se ha arrepentido. A nadie sensato se le ha ocurrido pedir para este individuo culpable la misma pena de muerte que él aplicó con bombas o pistola sobre inocentes padres de familia. Y si esto es así ¿por qué razón consentimos que bajo el título de “ley de plazos” se haya autorizado la pena de muerte para los seres más inocentes? ¿Qué delito han cometido? ¿Por qué no merece la vida de un ser humano en formación el mismo respeto que una flor escasa o un animal doméstico? Si consentimos que la ley del aborto llegue aún más lejos de donde ya ha llegado cometeremos todos un grave pecado, unos por activa y otros por omisión, pero todos pecaremos contra el quinto mandamiento. Es algo tan elemental, tan obvio, … Nadie que sea cristiano, nadie que crea en Dios, puede comulgar con la “ley de plazos” porque negar la vida a un ser humano es negar la existencia de Dios que es la fuente de toda Vida. El pueblo cristiano y en especial los cofrades celebraremos próximamente la muerte de Jesús que se sacrificó por nosotros, por nuestra salvación. Hagamos cuanto esté en nuestra mano por salvar la vida de tantos miles y miles de niños que quieren condenar a muerte. Durante nuestros recorridos procesionales pongamos, si no en los varales, sí en nuestro corazón un gran lazo negro por todos los inocentes muertos antes de abrir los ojos al mundo. Jesús murió y luego resucitó para donarnos la vida auténtica. De alguna forma la llama que ilumina el extremo de los cirios que portamos son señal de vida y hemos de comprometernos por que ni una sola llama de vida se apague. ¡Bendito sea el Fruto de Tu Vientre María!