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viernes, 9 de abril de 2021

EL EVANGELIO DEL DOMINGO : 2º DE PASCUA – CICLO B – (11-4-2021)

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31


“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

- «Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

«Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó:

- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

«Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás:

- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás:

«¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo:

«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.”



EL PERDÓN Y LA FE

“Los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma: nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía, pues lo poseían todo en común”. Así comienza la primera lectura de este segundo domingo de Pascua (Hech 4,32-35).

¡Qué hermoso este “sumario” incluido en el libro de los Hechos de los Apóstoles! En él se resumen las actitudes y la vida de la primera comunidad que se reunía en Jerusalén.

Con estas breves pinceladas se traza también el ideal de aquel grupo de seguidores de Jesús o discípulos de Cristo. Así se entendía la nueva vida. Así es como había que vivir.

En este domingo que Juan Pablo II quiso dedicar a la meditación de la misericordia de Dios, recordamos que todo el que cree que Jesús es el Cristo, ha nacido de Dios (1 Juan 5,1).

Como para agradecer ese don de Dios, el salmo 117 nos invita por tres veces a proclamar públicamente en la asamblea: “¡Eterna es su misericordia!”


EL MENSAJE

En el evangelio se nos recuerda una manifestación de Jesús a sus discípulos (Jn 20,19-31). Están atemorizados y encerrados en una casa, por miedo a los judíos. De pronto, se les muestra Jesús

resucitado. No viene a reprenderles su abandono. ¡Al contrario! Les dirige el saludo de la paz y les hace ministros del perdón.

• “Hemos visto al Señor”. Ese es el anuncio nervioso que dirigen a Tomás, que estaba ausente en el momento de la manifestación de Jesús. Eso era lo más importante que les había ocurrido. Y eso es precisamente lo que él tenía que saber.

• “Hemos visto al Señor”. En realidad ese era el mensaje que deberían proclamar por todo el mundo cuando el Espíritu les concediera el don de la fortaleza. Si escuchar su palabra había sido una gracia divina, más decisivo aún era verlo resucitado.

• “Hemos visto al Señor”. Y ese es el anuncio que todos los seguidores del Maestro hemos de repetir en todos los tiempos y en todos los lugares. Ese es el resumen del Evangelio. Y esa es la experiencia que fundamenta nuestra fe y nuestra misión.


LA DICHA

Solemos decir que Tomás tuvo dificultades para creer que el Señor había resucitado. Tal vez su actitud refleja más bien su desconcierto al ver el entusiasmo de sus compañeros. Los que se resistían a seguir a Jesús hasta su muerte se apresuran ahora a cantar su resurrección.

• “Dichosos los que crean sin haber visto”. Isabel había proclamado dichosa a María por haber creído lo que le había comunicado Dios. Ahora Jesús proclama dichosos a todos los que crean en él. La fe en el Cristo es la clave de la vida cristiana.

• “Dichosos los que crean sin haber visto”. Esa bienaventuranza afecta a todos los que a lo largo de los siglos han llegado a Jesús a través del testimonio de los apóstoles. Y dichosos ellos porque son un eslabón más en la transmisión de la palabra que salva.

• “Dichosos los que crean sin haber visto”. Esa felicitación se dirige a todos los que hoy logramos escuchar la voz del Señor y aceptarla como luz para nuestro camino. Es una dicha que se nos escapa del corazón. ¿Cómo no compartirla con todos nuestros vecinos?

- Señor Jesús, gracias por tu vida y por tu presencia, por tu perdón y por el don de la fe que has hecho llegar hasta nosotros. Bendito seas por siempre. Amén. ¡Aleluya!

José-Román Flecha Andrés .
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sábado, 18 de abril de 2020

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA – CICLO A – (19-4-2020

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31


“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-«Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

-«Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó:

-«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

-«Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás:

-«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás:

-¡Señor Mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

-¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creas que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.


COMUNIDAD

“Los hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones”. Este sumario nos evoca la vida de las primeras comunidades de los discípulos del Señor (Hech 2,42). Las unen la escucha de la Palabra, la celebración de los Misterios y el servicio de la caridad.

Esas actitudes no son unos ideales utópicos. Muchos datos nos aseguran que realmente se vivió así, al menos en la comunidad de Jerusalén. La memoria de Jesús no podía ser echada en el olvido. El Espíritu del Resucitado la mantenía en la fe, la esperanza y la caridad.

Con el salmo 117 damos gracias al Señor y proclamamos que Jesús, desechado por los hombres, ha sido glorificado por el Padre, como la piedra angular del nuevo edificio.

Ahora bien, si creemos que Jesús es el Cristo, es decir el Mesías, es que hemos nacido de Dios (1Jn 5,1). Sabemos que si no amamos al prójimo tampoco amamos a Dios. Pero hoy se nos dice también que es el amor a Dios lo que garantiza que nuestro amor a los demás es auténtico. No podemos amar a los hijos de Dios si no amamos a Dios.


LOS DONES DEL RESUCITADO

A estas lecciones y proclamaciones de lo que es y ha de ser la comunidad se añade el mensaje evangélico. Es en el seno de la comunidad donde los discípulos reciben la manifestación del Señor Resucitado (Jn 20,19-31).

• Con su presencia, el Señor trae otros preciosos dones. En primer lugar, llena a sus discípulos de alegría. Además, les desea la paz. Y los envía al mundo, como él mismo había sido enviado por el Padre. No podían esperar tanto aquellos discípulos que habían abandonado a su Maestro en el momento de su arresto y en la hora de su muerte

• Además de la alegría, la paz y el envío, Jesús les comunica un cuarto don, aún más sorprendente. No solo les perdona su abandono, ciertamente vergonzoso, sino que, por medio de su Espíritu, los convierte en mensajeros y agentes de su perdón: “A quienes perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”.


LA CONFESIÓN DE FE

Con razón el papa Juan Pablo II quiso que este fuera el Domingo de la Divina Misericordia. Ante tales dones del Resucitado hemos de dejar atrás nuestro resentimiento y dar el paso que lleva al apóstol Tomás a pronunciar su personal confesión de fe.

• “Señor mío y Dios mío”. Así reconocemos al que ha nos ha mostrado sus llagas y nos ha demostrado la seriedad de su amor y la gratuidad de su entrega por nosotros y por nuestra salvación.

• “Señor mío y Dios mío”. Así lo adoramos todos los que él ha querido proclamar como bienaventurados, es decir, dichosos y felices, por haber llegado a creer a pesar de no haber visto al Señor Resucitado.

• “Señor mío y Dios mío”. Así agradecemos la misericordia de Aquel que ha perdonado nuestra arrogancia, y nos ha hecho mensajeros y portadores de su perdón para todos los que vuelven a él sus ojos.

- Señor Jesús, agradecemos tus dones y tu misericordia. Ayúdanos a vivir con gozo y responsabilidad nuestra vida en esta comunidad, construida sobre la piedra angular de tu entrega. Bendito seas por siempre. Aleluya.

José-Román Flecha Andrés.
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viernes, 26 de abril de 2019

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA – CICLO C – (28-4-2019)

JUAN 20, 19-31.

“En aquel tiempo, al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envió yo». Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto». Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.


Este domingo cierra la celebración del día de Pascua, la Resurrección es una noticia tan extraordinaria que su celebración no puede durar un día solamente. Es verdad que el tiempo Pascual se extenderá hasta el domingo de Pentecostés con la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles, pero los ocho días después de la Resurrección tienen un significado especial, pues es como si cada uno de ellos fuera el propio día de la Resurrección. La alegría desbordante de la Pascua ha llevado a recoger los lutos negros y morados del Viernes Santo y a sustituirlos por el color blanco, los pasos de la pasión se sustituyen por las imágenes del Resucitado, aparecen las romerías y la fiesta. Es la Pascua de Jesús, el paso de la muerte a la vida.

El texto del evangelio que hemos leído, sitúa la acción en el mismo día de la Resurrección. Jesús con una nueva presencia, que supera lo meramente físico, se deja ver por los discípulos. Se coloca en el centro y les enseña las manos y el costado, y les desea la paz no una vez si no tres veces, lo que nos indica la importancia que da Jesús a esta palabra. La reacción de los discípulos no es de miedo o de temor, sino que se llenan de una inmensa alegría. Comienza ahora una nueva etapa, es el final de la actividad de Jesús y el comienzo de la actividad de los discípulos, ellos, por encargo de Jesús, serán sus testigos lo mismo que Él ha sido testimonio del Padre que lo envió, ellos si se atreven, que se atrevieron, tendrán que coger el testigo que les entrega Jesús y ser los trasmisores de su Buena Noticia.

Lo mismo que los discípulos fueron los continuadores de la acción de Jesús, nosotros los cristianos de hoy, si nos atrevemos, tendremos que ser los que sigamos esa línea de acción. La fe en Jesús resucitado nos une a esos primeros creyentes. De la misma manera que somos los continuadores de esos primeros grupos de cristianos, que comienzan a darse a conocer y que nos describe el libro de los Hechos de los Apóstoles, para ellos, también, lo mismo que para nosotros, la realidad de la Resurrección es la que nos empuja y el punto de arranque de nuestra fe.

Y tenemos el ejemplo de Tomás, este apóstol está ausente en la primera aparición, y tendría que haber creído por el testimonio de los otros discípulos. Pero sus ojos no miran con la mirada trascendente, apela a lo racional, a lo palpable, a lo material: “Si no lo veo no lo creo”, un razonamiento, por otro lado, bastante lógico. ¿Cuántas veces soy yo como Tomás? Por eso, una y mil veces, gracias Tomás, por ser uno más como nosotros. Gracias por adelantarte a nuestro tiempo y sentir anticipadamente la necesidad del ver para creer de tus descendientes en la fe. En nuestra fe somos muchas veces, hijos de la duda, de la indecisión, de la obstinación, y nos negamos a creer de verdad. En el fondo, al hombre de fe siempre le acompaña la tentación de la duda. Y Tomás tuvo la suerte de poder ver al Señor, cosa que yo no voy a poder hacer, y por la que el Señor dirá “bienaventurados los que crean sin haber visto”. La respuesta a la duda siempre será la confianza plena, el aquí estoy sin condiciones, pero, no siempre estoy en la disposición necesaria para poder decirlo de esa manera, no siempre me atrevo a ponerme en las manos de Dios sin exigir nada. El ejemplo de Tomás no es que nos sirva a nosotros de consuelo, pero si nos sirve para identificarnos con él, reconocer nuestras tentaciones, y estos quizá sean los primeros pasos para poder superarlas.

Le pedimos al Señor en este domingo, después de haber celebrado su Muerte y su Resurrección, que aumente nuestra fe, que haga de nuestra fe una fe más fuerte, más auténtica, más profunda, más comprometida. Que nos de la fuerza necesaria para reconocer nuestras carencias, nuestros errores, y nuestros fallos, para así poder decirle también como le dijo Tomás “Señor mío y Dios mío”.

Pedimos como siempre los unos por los otros, por lo que más lo necesitados de nosotros, los pobres, los enfermos, los que están solos, los que no tienen a nadie que les quiera.

D. Antonio Pariente, párroco de la Parroquia de San Blas de Cáceres.
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viernes, 6 de abril de 2018

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA – CICLO B – (8-4-18)

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31


“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-«Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

«Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó:

- «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

«Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás:

- «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás:

«¡Señor mío y Dios mío!»

Jesús le dijo:

«¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.”




VIVIR DE SU PRESENCIA


El relato de Juan no puede ser más sugerente e interpelador. Sólo cuando ven a Jesús resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre.

La crisis actual de la Iglesia, sus miedos y su falta de vigor espiritual tienen su origen a un nivel profundo. Con frecuencia, la idea de la resurrección de Jesús y de su presencia en medio de nosotros es más una doctrina pensada y predicada, que una experiencia vivida.

Cristo resucitado está en el centro de la Iglesia, pero su presencia viva no está arraigada en nosotros, no está incorporada a la sustancia de nuestras comunidades, no nutre de ordinario nuestros proyectos. Tras veinte siglos de cristianismo, Jesús no es conocido ni comprendido en su originalidad. No es amado ni seguido como lo fue por sus discípulos y discípulas.

Se nota enseguida cuando un grupo o una comunidad cristiana se siente como habitada por esa presencia invisible, pero real y activa de Cristo resucitado. No se contentan con seguir rutinariamente las directrices que regulan la vida eclesial. Poseen una sensibilidad especial para escuchar, buscar, recordar y aplicar el Evangelio de Jesús. Son los espacios más sanos y vivos de la Iglesia.

Nada ni nadie nos puede aportar hoy la fuerza, la alegría y la creatividad que necesitamos para enfrentarnos a una crisis sin precedentes, como puede hacerlo la presencia viva de Cristo resucitado. Privados de su vigor espiritual, no saldremos de nuestra pasividad casi innata, continuaremos con las puertas cerradas al mundo moderno, seguiremos haciendo «lo mandado», sin alegría ni convicción. ¿Dónde encontraremos la fuerza que necesitamos para recrear y reformar la Iglesia?

Hemos de reaccionar. Necesitamos de Jesús más que nunca. Necesitamos vivir de su presencia viva, recordar en toda ocasión sus criterios y su Espíritu, repensar constantemente su vida, dejarle ser el inspirador de nuestra acción. Él nos puede transmitir más luz y más fuerza que nadie. Él está en medio de nosotros comunicándonos su paz, su alegría y su Espíritu.

José Antonio Pagola.

viernes, 21 de abril de 2017

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA – CICLO A – (23/4/2017)

Lectura del santo evangelio según san Juan 20, 19-31


“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

-«Paz a vosotros.»

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

-«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

-«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

-«Hemos visto al Señor.»

Pero él les contestó:

-«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

-«Paz a vosotros.»

Luego dijo a Tomás:

-«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»

Contestó Tomás:

-¡Señor Mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

-¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Estos se han escrito para que creas que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre”.



JESÚS SALVARÁ A LA IGLESIA


Aterrados por la ejecución de Jesús, los discípulos se refugian en una casa conocida. De nuevo están reunidos, pero no está con ellos Jesús. En al comunidad hay un vacío que nadie puede llenar. Les falta Jesús. ¿A quién seguirán ahora? ¿Qué podrán hacer sin él? “Está anocheciendo” en Jerusalén y también en el corazón de los discípulos.

Dentro de la casa, están “con las puertas cerradas”. Es una comunidad sin misión y sin horizonte, encerrada en sí misma, sin capacidad de acogida. Nadie piensa ya en salir por los caminos a anunciar el reino de Dios y curar la vida. Con las puertas cerradas no es posible acercarse al sufrimiento de las gentes.

Los discípulos están llenos de “miedo a los judíos”. Es una comunidad paralizada por el miedo, en actitud defensiva. Solo ven hostilidad y rechazo por todas partes. Con miedo no es posible amar el mundo como lo amaba Jesús, ni infundir en nadie aliento y esperanza.

De pronto, Jesús resucitado toma la iniciativa. Viene a rescatar a sus seguidores. “Entra en la casa y se pone en medio de ellos”. La pequeña comunidad comienza a transformarse. Del miedo pasan a la paz que les infunde Jesús. De la oscuridad de la noche pasan a la alegría de

volver a verlo lleno de vida. De las puertas cerradas van a pasar pronto a la apertura de la misión.

Jesús les habla poniendo en aquellos pobres hombres toda su confianza: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. No les dice a quién se han de acercar, qué han de anunciar ni cómo han de actuar. Ya lo han podido aprender de él por los caminos de Galilea. Serán en el mundo lo que ha sido él.

Jesús conoce la fragilidad de sus discípulos. Muchas veces les ha criticado su fe pequeña y vacilante. Necesitan la fuerza de su Espíritu para cumplir su misión. Por eso hace con ellos un gesto especial. No les impone las manos ni los bendice como a los enfermos. Exhala su aliento sobre ellos y les dice: “Recibid el Espíritu Santo”.

Solo Jesús salvará a la Iglesia. Solo él nos liberará de los miedos que nos paralizan, romperá los esquemas aburridos en los que pretendemos encerrarlo, abrirá tantas puertas que hemos ido cerrando a lo largo de los siglos, enderezará tantos caminos que nos han desviado de él.

Lo que se nos pide es reavivar mucho más en toda la Iglesia la confianza en Jesús resucitado, movilizarnos para ponerlo sin miedo en el centro de nuestras parroquias y comunidades, y concentrar todas nuestras fuerzas en escuchar bien lo que su Espíritu nos está diciendo hoy a sus seguidores y seguidoras.

José Antonio Pagola

viernes, 1 de abril de 2016

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA – CICLO C – (3-4-2016)

Lectura del santo evangelio según san Juan 20,19-31


“Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:

- Paz a vosotros.

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

- Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

- Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían:

- Hemos visto al Señor.

Pero él les contestó:

- Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

- Paz a vosotros.

Luego dijo a Tomás:

- Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.

Contestó Tomás:

- ¡Señor mío y Dios mío!

Jesús le dijo:

- ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.”



DE LA DUDA A LA FE
El hombre moderno ha aprendido a dudar. Es propio del espíritu de nuestros tiempos cuestionarlo todo para progresar en conocimiento científico. En este clima la fe queda con frecuencia desacreditada. El ser humano va caminando por la vida lleno de incertidumbres y dudas.

Por eso, todos sintonizamos sin dificultad con la reacción de Tomás, cuando los otros discípulos le comunican que, estando él ausente, han tenido una experiencia sorprendente: "Hemos visto al Señor". Tomás podría ser un hombre de nuestros días. Su respuesta es clara: "Si no lo veo...no lo creo".

Su actitud es comprensible. Tomás no dice que sus compañeros están mintiendo o que están engañados. Solo afirma que su testimonio no le basta para adherirse a su fe. Él necesita vivir su propia experiencia. Y Jesús no se lo reprochará en ningún momento.

Tomás ha podido expresar sus dudas dentro de grupo de discípulos. Al parecer, no se han escandalizado. No lo han echado fuera del grupo. Tampoco ellos han creído a las mujeres cuando les han anunciado que han visto a Jesús resucitado. El episodio de Tomás deja entrever el largo camino que tuvieron que recorrer en el pequeño grupo de discípulos hasta llegar a la fe en Cristo resucitado.

Las comunidades cristianas deberían ser en nuestros días un espacio de diálogo donde pudiéramos compartir honestamente las dudas, los interrogantes y búsquedas de los creyentes de hoy. No todos vivimos en nuestro interior la misma experiencia. Para crecer en la fe necesitamos el estímulo y el diálogo con otros que comparten nuestra misma inquietud.

Pero nada puede remplazar a la experiencia de un contacto personal con Cristo en lo hondo de la propia conciencia. Según el relato evangélico, a los ocho días se presenta de nuevo Jesús. No critica a Tomás sus dudas. Su resistencia a creer revela su honestidad. Jesús le muestra sus heridas.

No son "pruebas" de la resurrección, sino "signos" de su amor y entrega hasta la muerte. Por eso, le invita a profundizar en sus dudas con confianza: "No seas incrédulo, sino creyente". Tomas renuncia a verificar nada. Ya no siente necesidad de pruebas. Solo sabe que Jesús lo ama y le invita a confiar: "Señor mío y Dios mío".

Un día los cristianos descubriremos que muchas de nuestras dudas, vividas de manera sana, sin perder el contacto con Jesús y la comunidad, nos pueden rescatar de una fe superficial que se contenta con repetir fórmulas, para estimularnos a crecer en amor y en confianza en Jesús, ese Misterio de Dios encarnado que constituye el núcleo de nuestra fe.

José Antonio Pagola

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jueves, 9 de abril de 2015

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA (12-4-2015)

DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA


El texto evangélico es de Jn 20, 19-31 y dice lo siguiente:


“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: -Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: -Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los mantengáis les quedan mantenidos. Tomás, que significa Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: -Hemos visto al Señor. Él replicó: -Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no meto el dedo por el agujero, si no meto la mano por su costado, no creeré. A los ocho días estaban de nuevo dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús a puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: -Paz con vosotros. Después dice a Tomás: -Mete aquí el dedo y mira mis manos; trae la mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, antes cree. Le contestó Tomás: -Señor mío y Dios mío. Le dice Jesús: -Porque me has visto, has creído; dichosos los que crean sin haber visto. Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están consignadas en este libro. Éstas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida por medio de él.”


* En este segundo domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Divina Misericordia. La misericordia de Dios hacia los hombres se manifiesta de muchas maneras. Podemos encontrarla en todos los acontecimientos de nuestra vida, pero sobre todo en un hecho fundamental: Jesús me ha salvado.

Jesús resucitado se aparece a sus discípulos, demostrando así su misericordia, porque no hace de la salvación algo lejano, sino al contrario, un encuentro personal.

El miedo a caer en manos de los judíos mantenía encerrados a sus discípulos. La presencia de Jesús los llena de alegría.

Vuelve a los ocho días para encontrarse con Tomás: Jesús se acerca a cada uno de nosotros, amándonos y eligiéndonos de forma personal.

Tomás nos representa a todos. Sobre todo, a esa multitud que quiere ver, tocar, comprobar, internarse en el mundo de lo sagrado, entendiéndolo y comprendiéndolo todo.

Debemos imitar a Tomás en su deseo de experimentar por sí mismo a Jesús resucitado, sin contentarse con el testimonio de los demás; y en su confesión de fe profunda y que emociona: "Señor mío y Dios mío", que sale de los labios de quien más ha dudado.

Tomás se encuentra con Jesús en la comunidad. Aunque Jesús se encuentra en todas partes, hay un lugar privilegiado para encontrarle: la comunidad cristiana, la Iglesia.


* Si a través de Jesús conocemos al Padre y su amor, mediante la Iglesia conocemos a Jesús. San Agustín dice que los apóstoles vieron al Señor, pero nosotros hemos visto su Iglesia. Ellos vieron al Resucitado, nosotros somos testigos de lo que ha sucedido en la historia en tantas personas que han creído en él; viéndolos a ellos podemos reconocer algún rasgo del rostro de Jesús, pues nos dejan la huella de la presencia de Jesús en el mundo.


* La misericordia del Señor se muestra en que sigue saliendo a nuestro encuentro y nos ofrece el perdón de los pecados. Jesús concede este poder a sus apóstoles, que lo ejercen en su nombre. La paz que nos llega por el perdón anticipa la del cielo y libera del temor a la muerte.

La misericordia del Señor le lleva a continuar presente en medio de nosotros llenándonos de paz. El resucitado con su sola presencia da la paz, la serenidad, el sosiego, la alegría, la valentía.

El perdón y la paz que Jesús nos ofrece, debemos de anunciarlo por todo el mundo con nuestras palabras y con nuestras obras.


* En el mundo hay desaliento, desesperanza, dolor...; si vivimos pensando sólo en las cosas de este mundo todo esto nos traerá gran angustia; si, a pesar de todos los males que trae el mundo, vivimos pensando en que Dios nos ama y nos salva, estos pesares los veremos como una cruz, pesada pero necesaria, que debemos cargar como Jesús para llegar con Él a la resurrección, y esto nos traerá paz.


*Señor, disipa nuestros miedos, el miedo de tu Iglesia a los ataques del exterior. Señor, aumenta nuestra fe, que te sintamos resucitado, vivo, amigo y cercano. Que nuestro grito sea el de Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!


* María, alegre por la resurrección de tu Hijo, transmite esa verdadera alegría a nuestras vidas.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 24 de abril de 2014

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA (27-4-2014)

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DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

El texto evangélico es de Jn 20, 19-31 y dice lo siguiente:

“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: -Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: -Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los mantengáis les quedan mantenidos. Tomás, que significa Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: -Hemos visto al Señor. Él replicó: -Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no meto el dedo por el agujero, si no meto la mano por su costado, no creeré. A los ocho días estaban de nuevo dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús a puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: -Paz con vosotros. Después dice a Tomás: -Mete aquí el dedo y mira mis manos; trae la mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, antes cree. Le contestó Tomás: -Señor mío y Dios mío. Le dice Jesús: -Porque me has visto, has creído; dichosos los que crean sin haber visto. Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están consignadas en este libro. Éstas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida por medio de él.”

* En este segundo domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Divina Misericordia. La misericordia de Dios hacia los hombres se manifiesta de muchas maneras. Podemos encontrarla en todos los acontecimientos de nuestra vida, pero sobre todo en un hecho fundamental: Jesús me ha salvado.

Jesús resucitado se aparece a sus discípulos, demostrando así su misericordia, porque no hace de la salvación algo lejano , sino al contrario, un encuentro personal.

El miedo a caer en manos de los judíos mantenía encerrados a sus discípulos. La presencia de Jesús los llena de alegría.

Vuelve a los ocho días para encontrarse con Tomás: Jesús se acerca a cada uno de nosotros, amándonos y eligiéndonos de forma personal.

Tomás se encuentra con Jesús en la comunidad. Aunque Jesús se encuentra en todas partes, hay un lugar privilegiado para encontrarle: la comunidad cristiana, la Iglesia.


* Si a través de Jesús conocemos al Padre y su amor, mediante la Iglesia conocemos a Jesús. San Agustín dice que los apóstoles vieron al Señor, pero nosotros hemos visto su Iglesia. Ellos vieron al Resucitado, nosotros somos testigos de lo que ha sucedido en la historia en tantas personas que han creído en él. Como por ejemplo en los dos beatos que son hoy canonizados: Juan XXIII y Juan Pablo II; viéndolos a ellos hemos podido reconocer algún rasgo del rostro de Jesús, nos han dejado la huella de la presencia de Jesús en el mundo.


* La misericordia del Señor se muestra en que sigue saliendo a nuestro encuentro y nos ofrece el perdón de los pecados. Jesús concede este poder a sus apóstoles, que lo ejercen en su nombre. La paz que nos llega por el perdón anticipa la del cielo y libera del temor a la muerte.

La misericordia del Señor le lleva a continuar presente en medio de nosotros llenándonos de paz. El resucitado con su sola presencia da la paz, la serenidad, el sosiego, la alegría, la valentía.

El perdón y la paz que Jesús nos ofrece, debemos de anunciarlo por todo el mundo con nuestras palabras y con nuestras obras.


*Señor, disipa nuestros miedos, el miedo de tu Iglesia a los ataques del exterior. Señor, aumenta nuestra fe, que te sintamos resucitado, vivo, amigo y cercano. Que nuestro grito sea el de Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!


* María, alegre por la resurrección de tu Hijo, transmite esa verdadera alegría a nuestras vidas.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 4 de abril de 2013

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA (7-4-2013)


DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA 
 
El texto evangélico es de Jn 20, 19-31 y dice lo siguiente:


“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: -Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: -Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: -Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los mantengáis les quedan mantenidos. Tomás, que significa Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: -Hemos visto al Señor. Él replicó: -Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no meto el dedo por el agujero, si no meto la mano por su costado, no creeré. A los ocho días estaban de nuevo dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús a puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: -Paz con vosotros. Después dice a Tomás: -Mete aquí el dedo y mira mis manos; trae la mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, antes cree. Le contestó Tomás: -Señor mío y Dios mío. Le dice Jesús: -Porque me has visto, has creído; dichosos los que crean sin haber visto. Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están consignadas en este libro. Éstas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida por medio de él.”

* En este segundo domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Divina Misericordia. La misericordia de Dios hacia los hombres se manifiesta de muchas maneras. Podemos encontrarla en todos los acontecimientos de nuestra vida, pero sobre todo en un hecho fundamental: Jesús me ha salvado.
Jesús resucitado se aparece a sus discípulos, demostrando así su misericordia, porque no hace de la salvación algo lejano , sino al contrario, un encuentro personal.
El miedo a caer en manos de los judíos mantenía encerrados a sus discípulos. La presencia de Jesús los llena de alegría.
Vuelve a los ocho días para encontrarse con Tomás: Jesús se acerca a cada uno de nosotros, amándonos y eligiéndonos de forma personal.
Tomás se encuentra con Jesús en la comunidad. Aunque Jesús se encuentra en todas partes, hay un lugar privilegiado para encontrarle: la comunidad cristiana, la Iglesia.

* La misericordia del Señor se muestra en que sigue saliendo a nuestro encuentro y nos ofrece el perdón de los pecados. Jesús concede este poder a sus apóstoles, que lo ejercen en su nombre. La paz que nos llega por el perdón anticipa la del cielo y libera del temor a la muerte.
La misericordia del Señor le lleva a continuar presente en medio de nosotros llenándonos de paz. El resucitado con su sola presencia da la paz, la serenidad, el sosiego, la alegría, la valentía.
El perdón y la paz que Jesús nos ofrece, debemos de anunciarlo por todo el mundo con nuestras palabras y con nuestras obras.

*Señor, disipa nuestros miedos, el miedo de tu Iglesia a los ataques del exterior. Señor, aumenta nuestra fe, que te sintamos resucitado, vivo, amigo y cercano. Que nuestro grito sea el de Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!

* María, alegre por la resurrección de tu Hijo, transmite esa verdadera alegría a nuestras vidas.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación. 


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jueves, 12 de abril de 2012

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA (15-4-2012)


DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

El texto evangélico es de Jn 20, 19-31 y dice lo siguiente:


“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: ---Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: ---Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: ---Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los mantengáis les quedan mantenidos. Tomás, que significa Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ---Hemos visto al Señor. Él replicó: ---Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no meto el dedo por el agujero, si no meto la mano por su costado, no creeré. A los ocho días estaban de nuevo dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús a puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: ---Paz con vosotros. Después dice a Tomás: ---Mete aquí el dedo y mira mis manos; trae la mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, antes cree. Le contestó Tomás: ---Señor mío y Dios mío. Le dice Jesús: ---Porque me has visto, has creído; dichosos los que crean sin haber visto. Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están consignadas en este libro. Éstas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida por medio de él.”


* En este segundo domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Divina Misericordia. La misericordia de Dios hacia los hombres se manifiesta de muchas maneras. Podemos encontrarla en todos los acontecimientos de nuestra vida, pero sobre todo en un hecho fundamental: Jesús me ha salvado.
Jesús resucitado se aparece a sus discípulos, demostrando así su misericordia, porque no hace de la salvación algo lejano , sino al contrario, un encuentro personal.
Vuelve a los ocho días para encontrarse con Tomás: Jesús se acerca a cada uno de nosotros, amándonos y eligiéndonos de forma personal.
Tomás se encuentra con Jesús en la comunidad. Aunque Jesús se encuentra en todas partes, hay un lugar privilegiado para encontrarle: la comunidad cristiana, la Iglesia.


* La misericordia del Señor se muestra en que sigue saliendo a nuestro encuentro y nos ofrece el perdón de los pecados. Jesús concede este poder a sus apóstoles, que lo ejercen en su nombre.
La misericordia del Señor le lleva a continuar presente en medio de nosotros llenándonos de paz. El resucitado con su sola presencia da la paz, la serenidad, el sosiego, la alegría, la valentía.
El perdón y la paz que Jesús nos ofrece, debemos de anunciarlo por todo el mundo con nuestras palabras y con nuestras obras.


*Señor, disipa nuestros miedos, el miedo de tu Iglesia a los ataques del exterior. Señor, aumenta nuestra fe, que te sintamos resucitado, vivo, amigo y cercano. Que nuestro grito sea el de Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!


* María, alegre por la resurrección de tu Hijo, transmite esa verdadera alegría a nuestras vidas.



Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.

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jueves, 28 de abril de 2011

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA (1-5-2011) - DOMINGO DE LA DIVINA MISERICORDIA

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El texto evangélico es de Jn 20, 19-31 y dice lo siguiente:

“Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: ---Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: ---Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: ---Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los mantengáis les quedan mantenidos. Tomás, que significa Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ---Hemos visto al Señor. Él replicó: ---Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no meto el dedo por el agujero, si no meto la mano por su costado, no creeré. A los ocho días estaban de nuevo dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús a puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: ---Paz con vosotros. Después dice a Tomás: ---Mete aquí el dedo y mira mis manos; trae la mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, antes cree. Le contestó Tomás: ---Señor mío y Dios mío. Le dice Jesús: ---Porque me has visto, has creído; dichosos los que crean sin haber visto. Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están consignadas en este libro. Éstas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida por medio de él.”


* En este segundo domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Divina Misericordia. La misericordia de Dios hacia los hombres se manifiesta de muchas maneras. Podemos encontrarla en todos los acontecimientos de nuestra vida, pero sobre todo en un hecho fundamental: Jesús me ha salvado.

Jesús resucitado se aparece a sus discípulos, demostrando así su misericordia, porque no hace de la salvación algo lejano , sino al contrario, un encuentro personal.

Vuelve a los ocho días para encontrarse con Tomás: Jesús se acerca a cada uno de nosotros, amándonos y eligiéndonos de forma personal.

Tomás se encuentra con Jesús en la comunidad. Aunque Jesús se encuentra en todas partes, hay un lugar privilegiado para encontrarle: la comunidad cristiana, la Iglesia.

* La misericordia del Señor se muestra en que sigue saliendo a nuestro encuentro y nos ofrece el perdón de los pecados. Jesús concede este poder a sus apóstoles, que lo ejercen en su nombre.

La misericordia del Señor le lleva a continuar presente en medio de nosotros llenándonos de paz. El resucitado con su sola presencia da la paz, la serenidad, el sosiego, la alegría, la valentía.

El perdón y la paz que Jesús nos ofrece, debemos de anunciarlo por todo el mundo con nuestras palabras y con nuestras obras.

*Señor, disipa nuestros miedos, el miedo de tu Iglesia a los ataques del exterior. Señor, aumenta nuestra fe, que te sintamos resucitado, vivo, amigo y cercano. Que nuestro grito sea el de Tomás: ¡Señor mío y Dios mío!

* María, alegre por la resurrección de tu Hijo, transmite esa verdadera alegría a nuestras vidas.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.
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miércoles, 27 de abril de 2011

LORETO VESTIDA PARA LA PASCUA

Agradecer estas geniales fotos enviadas por nuestro hermano Ale Pacheco,tomadas ayer tras el cambio de nuestra Madre para este tiempo de Pascua.





miércoles, 7 de abril de 2010

EL EVANGELIO DEL DOMINGO: 2º DE PASCUA


El texto evangélico es de Jn 20, 19-31 y dice lo siguiente:

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: ---Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: ---Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: ---Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los mantengáis les quedan mantenidos. Tomás, que significa Mellizo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: ---Hemos visto al Señor. Él replicó: ---Si no veo en sus manos la marca de los clavos y no meto el dedo por el agujero, si no meto la mano por su costado, no creeré. A los ocho días estaban de nuevo dentro los discípulos y Tomás con ellos. Vino Jesús a puertas cerradas, se colocó en medio y les dijo: ---Paz con vosotros. Después dice a Tomás: ---Mete aquí el dedo y mira mis manos; trae la mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, antes cree. Le contestó Tomás: ---Señor mío y Dios mío. Le dice Jesús: ---Porque me has visto, has creído; dichosos los que crean sin haber visto. Otras muchas señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos que no están consignadas en este libro. Éstas quedan escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida por medio de él.


* En el mundo hay desaliento, desesperanza, dolor...; si vivimos pensando sólo en las cosas de este mundo, todo esto nos traerá gran angustia; si, a pesar de todos los males que trae el mundo, vivimos pensando en que Dios nos ama y nos salva, estos pesares los veremos como una cruz, pesada pero necesaria, que debemos cargar como Cristo para llegar con Él a la resurrección, y esto nos traerá  paz.
Paz, que al igual que la misericordia de Dios, es uno de los frutos de la resurrección.
Paz, perdón que Dios nos ofrece cada vez que caemos, y que debemos anunciar por todo el mundo con nuestras palabras y nuestras obras.



* El miedo de los primeros discípulos que estaban con las puertas cerradas simboliza alguna de nuestras actitudes como creyentes. Las dudas de Tomás simbolizan nuestras propias dudas. Abramos nuestro corazón para que el Espíritu transforma nuestro ser miedoso y dudoso en un ser con fortaleza de fe y esperanza.
Encontrémonos con Jesús en el lugar privilegiado que es la Iglesia, fuera de ella no lo encontró Tomás. Y en cada eucaristía, en el momento de la consagración, renovemos nuestra fe en Él diciéndole: Jesús, no te he visto pero te siento vivo, amigo, cercano. ¡Señor mío y Dios mío!

* María, que nuestra vida entera sea una acción de gracias a Dios, un bendecir a Dios, un “bien decir” de Él a todo el que nos vea, y así estará como la tuya, llena de alegría, esperanza y paz.


Estos puntos ayudan a iniciar la reflexión, a partir de ahora esperamos vuestras aportaciones que nos abran nuevos horizontes y nos acerquen a una comprensión más completa de la Palabra.

Muchas gracias a todos por vuestra participación.